Reiki

Reiki para tratar el cáncer en los hospitales públicos españoles. ¿Para cuándo los exorcismos?

Sería para reírse si no fuera porque las víctimas son enfermos. Resulta que algunos hospitales públicos españoles usan el reiki, una técnica oriental cuya efectividad nunca se ha demostrado, para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia en los pacientes oncológicos. El último centro en sumarse a esta moda ha sido el hospital de Jerez, donde un maestro de reiki llamado Pepelu Sánchez va a adiestrar a 150 profesionales sanitarios, según ha informado Diario de Cádiz y he sabido gracias a Eugenio Manuel Fernández Aguilar. El reiki es un toque terapéutico a la japonesa. Se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluye una energía (ki) vital universal (rei). Según sus practicantes, cuando esa energía se bloquea, se producen enfermedades y trastornos, de los cuales uno puede curarse si un experto en reiki elimina los bloqueos energéticos mediante imposición de manos. Como pasa con el toque terapéutico y la acupuntura, esa energía misteriosa resulta indetectable para las máquinas y todos aquellos humanos que no creen en ella.

John Curtin, presidente de la Federación Española de Reiki, expone en su web cuál es el origen del cáncer para él y sus colegas: “Rabia que te consume, un deseo de autodestrucción. La energía vital no nutre el chakra base al ser bloqueada por sentimientos de remordimientos, miedo y rabia interna proveniente de temas arraigados relacionados con el ego que no han sido perdonados. Cuando el perdón sea total, ocurrirá la sanación”. El resfriado y la gripe -no los distingue- se deben a que “un conflicto crónico esta subiendo a la superficie. Es una manera que tiene tu cuerpo de purificarse, liberándose de productos químicos de la comida, bebida, aire… que ingieres. Toma la oportunidad para descansar y dejar que tu cuerpo se regenere”. Y la diabetes “indica un deseo de ser amado, combinado con una inhabilidad para dejarse amar. El resultado es hiperacidez, o sea, los que no aman se vuelven ácidos. Te falta el dulzor de la vida y añoras el amor que no puedes dar. No esperes esa pareja ideal imaginaria, deja que el amor te llegue de todas partes. Suelta el pasado y reconoce que el amor, el disfrute y el afecto son elementos fundamentales de la vida”.

Bueno, pues este tipo da cursos de formación en reiki a personal sanitario en la Comunidad de Madrid, donde esta práctica se emplea para tratar a enfermos oncológicos en los hospitales 12 de Octubre y Ramón y Cajal. Según él, el reiki “es muy eficaz como complemento en tratamientos de quimioterapia y radiación. Aumenta las defensas del paciente y ayuda a soportar los efectos secundarios de los tratamientos. Para tratar el cáncer en sí, alivia las molestias causadas tanto por el tumor cómo los efectos que ese tumor tiene en el resto del organismo”. Es algo en lo que coincide la también experta Aurora López, quien puntualiza que “hoy en día no se ha demostrado que el reiki cure el cáncer”. Podía haber quitado el cáncer del final de la frase porque lo que no se ha demostrado es que sus magia cure o alivie nada, que sea efectiva más allá del placebo y la relajación.

Dicen los partidarios del reiki que carece de efectos secundarios. Lo que carece es de efectos, en general, siempre y cuando no conlleve el abandono de los tratamientos médicos convencionales. Los responsables politicos que han abierto las puertas de la Sanidad Pública al reiki están malgastando recursos económicos y humanos en la formacion de personal sanitario en una práctica curanderil. Y los colegios médicos y de enfermería están siendo cómplices con su silencio, y a veces apoyo expreso, de que se engañe a los pacientes hablándoles de energías magicas y otras paparruchas. Supongo que el siguiente paso será el reconocimiento del reiki como acto médico por parte de la Organización Médica Colegial (OMC), como ha hecho con la homeopatía, para asegurarse de que sus colegiados sean los únicos que puedan ganarse la vida imponiendo las manos.

El toque terapéutico

Ilustración: Iker Ayestarán.Emily Rosa se convirtió en 1998 en el autor más joven que ha firmado un artículo de investigación en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana, una publicación científica del más alto nivel. Tenía 11 años y su trabajo ponía contra las cuerdas una práctica de moda entre las enfermeras estadounidenses, el llamado toque terapéutico. Sus partidarios dicen ser capaces de curar enfermedades limpiando un supuesto campo energético humano cuya existencia la ciencia nunca ha constatado, mediante pases de manos a pocos centímetros del cuerpo.

A mediados de la pasada década, habían sido adiestrados en el toque terapéutico en Estados Unidos más de 43.000 sanitarios, la mitad de los cuales lo practicaba. Emily Rosa tenía 9 años cuando vio un vídeo en el que la enfermera Dolores Krieger, inventora de la terapia en los años 70, y otras colegas aseguraban sentir un campo energético humano cuyos desequilibrios causan enfermedades y poder restaurar el orden en él y, por consiguiente, devolver la salud al paciente. Impresionada, la pequeña decidió someter la primera afirmación a examen dentro de un proyecto científico escolar: “Quería ver si realmente podían sentir algo”.

La niña diseñó un sencillo experimento para comprobar el principio fundamental del toque terapéutico. Sólo necesitaba un trozo grande de cartón, un cuaderno, un lápiz y una moneda, además de la colaboración de practicantes de la terapia. Krieger se negó; pero otros veintiún tocadores terapéuticos, con entre 1 y 27 años de experiencia, aceptaron participar en la prueba, que era muy simple.

Un experimento escolar

El experimento de Emily Rosa. Dibujo: Pat Linse.La escolar y el sanador se sentaban a una mesa, enfrentados y separados por el cartón a modo de biombo. Dos agujeros en la base de éste permitían que las manos del terapeuta pasaran al otro lado, apoyadas sobre la mesa y con las palmas hacia arriba; pero el cartón impedía que viera nada. La niña echaba entonces una moneda al aire para decidir sobre qué mano del sujeto pondría una de las suyas, preguntaba al sanador cuál de sus manos percibía un campo energético humano y lo apuntaba todo en el cuaderno.

Emily Rosa repitió la prueba diez veces en catorce sujetos y veinte en otros siete. Los resultados fueron concluyentes. Teóricamente, los practicantes del toque terapéutico, que se basa en la captación de un supuesto campo energético humano, tenían que haber acertado la mano sobre la que la escolar ponía la suya en el 100% de los casos. Si no, ¿cómo iban a reequilibrar nada? Los aciertos, sin embargo, se redujeron a 123 (44%) de 280 intentos, lo esperado por azar, lo que puede hacer cualquiera. Una niña de 9 años había desmontado el principio básico de una práctica seguida por miles de sanitarios estadounidenses, al demostrar que son incapaces de detectar el campo energético que dicen alterar para curar enfermedades. En realidad, ese halo mágico existe sólo en su imaginación.

Publicado originalmente en el diario El Correo.