Reiki

Los estudiantes de medicina españoles tendrán una guía sobre terapias complementarias y pseudociencias

El Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM)  elaborará una guía sobre terapias complementarias y pseudociencias destinada a los futuros médicos, en la que pasará revista a prácticas como la homeopatía, las flores de Bach, el reiki, la hipnosis, la reflexología, los suplementos vitamínicos… con la intención de separar el grano de la paja. La metodología de trabajo seguirá, en gran parte, las líneas maestras de Edzard Ernst y Simon Singh en su libro Trick or treatment? Alternative medicine on trial (¿Truco o tratamiento? Juicio a la medicina alternativa).

Los autores del documento examinarán la bibliografía científica relativa a cada terapia para recopilar las pruebas, si las hubiera, que pudieran sustentar su uso y en qué casos. “El principal objetivo de la iniciativa es complementar la formación que recibimos, así como fomentar el pensamiento científico entre los estudiantes de medicina, evitando que las terapias anticientíficas ganen terreno en la profesión y clarificando sus usos basándonos en la evidencia”, ha explicado uno de los promotores del proyecto. Para garantizar la calidad de la guía, van a pedir la colaboración de las distintas sociedades científicas en las que se agrupan los médicos.

El CEEM ha tomado esta decisión cuatro meses después de que se le colara el reiki en el IV Congreso de Educación Médica, en el que participaron 800 estudiantes de medicina españoles. La inclusión de esa pseudoterapia en el encuentro provocó malestar dentro y fuera de la entidad.

Un chamán en el Gobierno vasco

Energía. Esta palabra sirve para explicarlo casi todo en el universo alternativo y paranormal: la enfermedad, la precognición, la comunicación con los muertos… En las últimas semanas, durante la grabación de la serie Escépticos, dirigida por Jose A. Pérez, me he enterado de que por mi cuerpo fluyen energías de las que no tenía noticia. No una; varias. Sólo hay un problema: esas energías las detectan únicamente quienes dicen que existen. Ninguno de mis interlocutores ha demostrado que realmente hace lo que dice ni yo he notado nada especial cuando me han dado masajes y pinchado para favorecer el desatascamiento de esos supuestos flujos energéticos.

Este preámbulo viene a cuento de una historia digna de las series británicas de humor Sí, ministro y Sí, primer ministro. “La detección casi simultánea de varios casos de cáncer entre funcionarios del departamento vasco de Industria, ubicado en la quinta planta del edificio Lakua I, ha llevado a un grupo de empleados a contratar los servicios de un zahorí”, contaba ayer María José Carrero en El Correo. Después de explorar las instalaciones péndulo en mano para captar presuntas emisiones electromagnéticas malignas, el experto “aconsejó llevar a cabo una serie de cambios en la disposición de las mesas para evitar consecuencias nocivas para la salud”. Y así se hizo, a pesar de que, como escribe mi compañera, el servicio médico de Lakua y el Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales (Osalan) descartan que las emisiones electromagnéticas estén en el origen los casos de cáncer.

Resulta inquietante que en el Departamento de Industria -que también lo es de Innovación- se dé pábulo al zahorismo, también llamado radiestesia o geobiología. ¿Qué será lo próximo? ¿Colocar los muebles según los principios del feng shui? ¿Organizar cursillos de reiki? ¿Pedir la inclusión de la homeopatía en la Sanidad pública vasca? Los zahorís, radiestesistas o geobiólogos detectan energías que nadie más capta y atribuyen a los móviles y la Wi-Fi efectos que la ciencia niega. Que quede claro: no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía y las redes inalámbricas causen cáncer.

“Podemos admitir y aplaudir a un científico bendecido con un título cuando dice que «todo es energía», y nos llevamos las manos a la cabeza cuando escuchamos que hay quien sabe cómo está actuando esa energía sobre la salud de algunas personas. Y simplemente, porque, todavía, no lo podemos medir de una manera contrastable y sometida a las exigencias del sistema”, ha escrito Óscar Terol. Se confunde. Quien debe probar que algo existe es quien dice que existe y, hasta el momento, los zahorís nunca han demostrado sus poderes: no son capaces de detectar, bajo control científico, ni agua ni flujos energéticos extraños con sus varillas y péndulos. ¿Qué pasa si digo que hay una energía chiripitifláutica que mantiene unido el Universo o que sentarse en una silla de plástico provoca cáncer? ¿Es que no se me pediría que lo demostrara? Pues eso es lo que exijo a los zahorís, radiestesistas o geobiólogos; hasta que no lo hagan, les daré el mismo crédito que a cualquier otro chamán, digan lo que digan en el Departamento de Industria del Gobierno vasco.

‘Chemtrails’, reiki y ‘conspiranoias’: la irracionalidad, a sus anchas en las acampadas de los ‘indignados’

Cartel con sentencia 'conspiranoica' sobre las estelas de los aviones que ha permanecido varios días en la concentración de los 'indignados' de Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

“Nos intoxican con chemtrails“, leí el jueves en uno de los carteles pegados al suelo en la plaza del Arriaga, en Bilbao, por los indignados. Cerca, se pedía la prohibición de los transgénicos y, al levantar la vista, vi a un miembro de una secta que predica la Segunda Venida colocando una pancarta. Más tarde, me enteré, a través de Xabi Sáez de Ocáriz, de que en la asamblea había tomado la palabra un individuo que anunciaba que el verdadero cambio planetario iba a tener lugar el 21 de diciembre de 2012 -ya saben, el día del fin del mundo predicho por los mayas, según algunos- y acusaba a la prensa vasca de ser poco fiable por estar en manos del Club Bildelberg. En Madrid, supe después a través de Pablo del Olmo y de Julio Gómez, respectivamente, que, en la acampada de la Puerta del Sol, se está tratando en la enfermería a la gente con reiki y se ha montado una comisión de espiritualidad. Sabido era que los políticos iban a intentar pescar en las aguas revueltas, y los acampados manifestaron desde el principio su rechazo a ello, pero, al parecer, nadie esperaba que los delirios de la Nueva Era se instalasen entre los manifestantes.

Enfermería de los acampados de la Puerta del Sol donde se trata a la gente con reiki entre sábanas del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y del Hospital de la Princesa de Madrid. Foto: Pablo del Olmo.Falta cabeza en las concentraciones de los indignados. En todos los sentidos. La ausencia de liderazgo ha hecho que un movimiento nacido del hartazgo ciudadano por la degeneración del sistema democrático se haya convertido en un totum revolutum con aspiraciones lógicas -que se reforme la ley de financiación de los partidos políticos y total transparencia en la gestión pública- y delirios propios del idealismo más pueril y pseudorrevolucionario: nacionalización de la banca, que todo el mundo tenga garantizado un empleo haya estudiado o no lo que haya estudiado o no… Estoy de acuerdo con quienes creen que el sistema necesita una regeneración profunda y que los gestores de la cosa pública son culpables, en parte, de la situación en la que vivimos. Pero los ciudadanos de a pie también lo somos porque, durante años, hemos consentido a los políticos hacer lo que quisieran, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y mirando para otro lado como si no hubiera un mañana. El mañana es hoy y ha llegado la hora de despertar, como ha escrito Antonio Muñoz Molina.

Pero el despertar tenía que ser a la racionalidad y lo que, lamentablemente, se está colando en las acampadas es todo lo contrario, chifladuras como el reiki, las sectas, las conspiranoias y los movimientos anticientíficos que llevan décadas apadrinados por la izquierda más desnortada y hundida. Adiós, Movimiento 15-M, no contéis conmigo para hacer el caldo gordo a todo tipo de zumbados, para darles altavoces que no merecen. Hubo gente que, el jueves en Bilbao, aplaudió cuando, micrófono en mano, un participante en la asamblea recordó a “aquel señor del bigote que murió en 1978”. Sentí vergüenza y pena. El futuro no puede cimentarse sobre la ignorancia, y no vale decir que todas las opiniones son respetables, porque no lo son: el reiki es una estupidez y la conspiranoia sobre los chemtrails, otra. Y quien no sabe ni cuando murió Franco debería volver a la escuela.

Un seguidor de Maitreya prepara una pancarta antes de la asamblea de los 'indignados' del jueves en Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

Que los congregados junto al teatro Arriaga en Bilbao se emocionen con discursos que abogan por dar la espalda a la razón es más de lo que puedo aguantar. “Os animo al proceso de descolonizarnos para vivir desde el compartir, que no competir. Una descolonización del poder y la razón para que puedan reemerger las sabidurías, para que esta semilla se convierta en la revolución de la conciencia, donde lo humano que somos, pueda reconectar con el espíritu salvaje que es la vida”, dijo uno de los participantes en la asamblea. Cuando alguien lamenta que “la razón occidental” se haya impuesto “como el saber único, deslegitimando cualquier otra perspectiva de la vida como algo venido del salvajismo, de la barbarie” y, según los organizadores, emociona al personal, lo tengo claro: esta fiesta no es la mía. La regeneración de la democracia no pasa por dejar el cerebro en casa, por renunciar a los principios de la Ilustración, por volver a las cavernas mentales. Al contrario. Abandonar la razón no es una opción. Bueno, si lo es; pero es la peor, la que nos ha llevado a donde estamos.

El reiki se cuela en el más importante congreso español de estudiantes de medicina

La brujería se ha colado en IV Congreso de Educación Médica, en el que participarán 800 estudiantes de medicina españoles. El encuentro, que se celebrará en Madrid del 27 al 30 de abril, acogerá un taller de reiki, práctica que se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluye una energía (ki) vital universal (rei) y, cuando esa energía se bloquea, se producen enfermedades y trastornos de los cuales uno puede curarse si un experto elimina esos bloqueos energéticos mediante la imposición de manos. Pura brujería, que atenta contra todo aquello que estudian y que los organizadores de IV Congreso de Educación Médica, el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (DAFMUAM), han incluido entre los talleres del encuentro.

“El principal objetivo de estas sesiones es acercar al colectivo estudiantil de medicina la importancia de su implicación en su formación como futuros profesionales de la salud, ofertando para ello diversos talleres prácticos, mesas redondas y charlas sobre temas de interés y relevancia médica actual”, se dice en la web del congreso. Es decir, los organizadores creen que el reiki es un tema de interés y de relevancia médica. Más adelante, explican que es “un método de sanación natural, que utiliza la energía vital universal para ayudar a sanar enfermedades físicas y mentales”, y “una terapia energética, que funciona aplicando las manos sobre las distintas zonas del cuerpo (puntos clave de acupuntura, órganos vitales, chakras…), aportando energía a las zonas más débiles y desbloqueando las más cargadas, equilibrando en resumen la energía del cuerpo y calmando el sistema nervioso”.

Una bruja, de profesora

Podría entender, a pesar de sus anticientíficos principios, que los organizadores del IV Congreso de Educación Médica consideraran el reiki un tema de interés. No en vano, hay pacientes y profesionales sanitarios que confían en él hasta el punto de que en hospitales como el 12 de Octubre y el Ramón y Cajal se usa en la creencia de que ayuda a los enfermos de cáncer a superar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia. Sólo por eso ya me parece que ésta y otras prácticas pseudocientíficas en boga en el mundo de la salud deberían ser objeto de análisis por parte de los futuros profesionales. Los organizadores del congreso madrileño sostienen que, con este taller, pretenden que “los estudiantes conozcan algunas de las medicinas alternativas o complementarias que se utilizan hoy en día y puedan sacar ellos mismos sus conclusiones”. El loable objetivo se frustra, sin embargo, al comprobar que el ponente no es un científico que vaya a analizar críticamente esa práctica, sino todo lo contrario, una “especialista en reiki y terapia energética” llamada Ana Gómez Gonzalo.

El currículo de la profesora tendría haber disparado todas las alarmas en el seno del CEEM y la DAFMUAM, ya que Ana Gómez Gonzalo es -copio de la web del centro en el que trabaja- terapeuta psicocorporal formada en masaje tradicional japonés shiatsu en la Escuela Japonesa de Shiatsu de Shigeru Onoda; formada en masaje energético terapia de la polaridad en el Centro de Equilibrio Energético; formada en reiki -nivel de maestría-; formada en terapia gestalt y bioenergética en el Instituto de Biogestalt y Movimiento Armónico; y formada en las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger. Pero no lo ha hecho y, si nadie lo remedia, a los asistentes al “congreso nacional de estudiantes de Medicina más grande de España” se les presentará lo que no es sino brujería como un tratamiento que pudiera tener validez científica. Una pena.

Los centros públicos de medicina alternativa de EE UU no han desarrollado ni una terapia en casi 20 años

Los dos grandes centros de investigación sobre la mal llamada medicina alternativa de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos no han desarrollado ninguna terapia efectiva contra ninguna enfermedad en sus casi 20 años de funcionamiento a pesar de haber gastado miles de millones de dólares. Y la situación no va a cambiar porque las terapias sobre las que investigan no tienen nada de científicas. Por eso, Steven Salzberg, director del Centro de Bioinformática y Biología Computacional de la Universidad de Maryland, propone en Forbes a Barack Obama que, en el recorte del 5% del presupuesto de todas las agencias federales a que se ha comprometido, incluya los 240 millones de dólares que cuestan al año el Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM) y la Oficina de Medicina Complementaria y Alternativa para el Cáncer (OCCAM). “Ambos existen principalmente para promocionar la pseudociencia”, sentencia.

Salzberg recuerda cómo el primer centro no ha demostrado la eficacia de ninguna terapia alternativa desde que nació en 1992 y al segundo le ha pasado lo mismo desde 1998. “Estas dos organizaciones usan dinero de nuestros impuestos -y lo quitan a la investigación biomédica real- para apoyar algunas de las más ridículas pseudociencias”, dice. Y pone como ejemplo que el NCCAM ha tirado a la basura 3,1 millones de dólares en un estudio sobre el reiki, que consiste en pases de manos mágicos para facilitar el flujo por el cuerpo de una energía vital universal que sólo existe en la mente de los practicantes de esta pseudomedicina y que ningún instrumento científico ha detectado. Esta pseudoterapia, por cierto, también se usa en algunos hospitales públicos españoles -como en el de Jerez, el 12 de Octubre, y el Ramón y Cajal- en el tratamiento a enfermos de cáncer para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia. ¿Cuánto dinero tiran a la basura José Antonio Griñán, Esperanza Aguirre y otros presidentes autonómicos en esta estupidez y en otras parecidas?

El NCCAM, añade el científico estadounidense, no tiene, además, el mínimo reparo en engañar a la opinión pública diciendo que la homeopatía se usa con fines preventivos en determinados casos y que, aunque hay pocas pruebas de su efectividad, algunos estudios han demostrado su efectividad. Lo cierto, sin embargo, es que ningún medicamento homeopático ha probado nunca ser efectivo contra nada más alla del placebo. En España, por ejemplo, ningún producto homeopático cuenta con la correspondiente autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), a pesar de lo cual las autoridades sanitarias no hacen nada por evitar su comercialización al margen de la Ley.

No es fácil que el presidente de Estados Unidos tome una decisión en la línea que reclama Salzberg porque vivimos en un mundo políticamente correcto en el cual, muchas veces, los políticos ignoran las pruebas científicas frente a los miedos y pasiones irracionales de una población desinformada y mayoritariamente ignorante de cómo funciona la ciencia. Fíjense, si no, en la política del Gobierno español respecto a los transgénicos.