Pseudomedicinas

Los ensayos clínicos de terapias alternativas son intentos de probar si la magia funciona, dicen dos expertos

Imagine que tiene una enfermedad no mortal, su médico le propone someterse a un innovador tratamiento y le dice: “Mira, esta terapia carece de base científica; es más, contradice cosas firmemente establecidas. Y no ha sido probada en cultivos celulares ni en animales de laboratorio. Pero creo que tendrías que someterte a ella”. ¿Qué le respondería? Yo le diría que ni loco, que con mi salud no se juega. Sin embargo, todos los días hay gente sometiéndose a pruebas de terapias que desafían el conocimiento científico y que no han demostrado efectividad alguna, y esos ensayos se hacen con el visto bueno de organizaciones médicas, centros sanitarios y autoridades.

“En los últimos veinte años, ha surgido un nuevo fenómeno en los ensayos clínicos. Modalidades de la medicina complementaria y alternativa (CAM) o medicina integrativa (IM) basadas en principios con una probabilidad infinitesimalmente baja de éxito, o que incluso violan leyes bien establecidas de la física y la química, se están probando en ensayos clínicos aleatorios (ECA). Los proponentes de la CAM justifican con frecuencia tales ECA con el argumento de que por fin van a resolver de una vez por todas qué modalidades de CAM o IM funcionan y cuáles no. Nuestra respuesta es que se trata de un punto de vista equivocado que ha llevado a la infiltración de la pseudociencia en la medicina académica”, escriben, en el último número de la revista Trends in Molecular Medicine, el oncólogo David Gorski y el neurólogo Steven Novella, de las universidades de Wayne y Yale, respectivamente, y responsables del sitio Science-Based Medicine.

En su artículo, titulado “Clinical trials of integrative medicine: testing whether magic works?” (Los ensayos clínicos de la medicina integrativa: ¿comprobar que la magia funciona?), citan como ejemplos de tratamientos mágicos la homeopatía y el reiki, y abogan porque se suspendan todas las pruebas en humanos de ese tipo de terapias. “La homeopatía consiste en diluir las sustancias hasta que no queda nada y más allá, mientras que el reiki es, en esencia, un tipo de curación por la fe que sustituye las creencias cristianas por el misticismo oriental, como queda demostrado por la sustitución de la palabra dios por una energía universal que los maestros de reiki dicen ser capaces de aprovechar para canalizar su energía curativa en los pacientes”, explica Gorski.

Los ensayos clínicos de terapias no validadas científicamente son, según los autores, intentos de probar si la magia funciona. Además, llaman la atención sobre el hecho de que esos experimentos violan los principios de la medicina científica, que establecen que las pruebas en humanos no deben hacerse hasta que no se haya acumulado la suficiente evidencia científica a favor del tratamiento en cuestión. En la acupuntura, la homeopatía, el reiki y otras prácticas, se salta directamente al ensayo clínico sin investigación básica ni pruebas de laboratorio que respalden la efectividad de la nueva terapia. Sumen a eso el malgasto de recursos públicos y no olviden que la buena imagen de las llamadas medicinas alternativas -alimentada también por la existencia de ensayos clínicos- hace que muchas veces los enfermos sufran graves consecuencias e incluso mueran al abandonar el tratamiento convencional que funciona por el remedio mágico.

“Indistinguibles del placebo”

Esquema simplificado del paradigma asumido en la investigación médica. Imagen: 'Trends in Molecular Medicine'.Los principios de la homeopatía, establecidos por Samuel Hahnemann hace dos siglos, son que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Estos presupuestos contradicen el conocimiento científico y han demostrado ser falsos. Hasta la fecha, todos los estudios científicos y dictámenes académicos han concluido que la homeopatía no tiene más efectividad que el placebo. El reiki, o su variante occidental el toque terapéutico, se basa en la existencia de una energia vital universal que sus practicantes aseguran canalizar, aunque, cuando se les ha sometido a pruebas experimentales, han sido incapaces de detectarla, como demostró una niña de 9 años en los años 90. Pero, en España, nada de eso importa. El Ministerio de Sanidad de Ana Mato ha anunciado una regularización de los productos homeopáticos en la que priman los intereses de las multinacionales del sector sobre los de los consumidores, y hospitales públicos usan el reiki con enfemos de cáncer en un intento de paliar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia.

Gorski y Novella sostienen, muy sensatamente, que no deberían de llevarse a cabo pruebas en humanos de terapias biológicamente no plausibles o basadas en prácticas, como la homeopatía, la acupuntura y el reiki, cuyos “efectos son indistinguibles del placebo”. “El estudio de tratamientos altamente inverosímiles es un caso perdido. Es poco probable que este tipo de estudios demuestre beneficios y es poco probable que los defensores [de estas terapias] dejen de practicar esos tratamientos cuando los resultados sean negativos . Ese tipo de investigación sólo sirve para dar legitimidad a prácticas cuestionables”, sostiene Novella. Unas prácticas que en España cuentan con el apoyo de los colegios de médicos y de entidades como la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB), que tiene una sección de homeopatía sobre la que no da explicaciones cuando se le piden con argumentos, como hice yo hace casi dos años.

“Si el sistema médico es actualmente demasiado impersonal, y los enfermos se amontonan en las consultas debido a que un médico tiene que ver más y más pacientes para cubrir su sueldo y los gastos, entonces la respuesta es encontrar una manera de arreglar esos problemas, no abrazar la charlatanería. Integrar la pseudociencia en la medicina basada en la ciencia no va a hacer que la medicina basada en la ciencia mejore. Uno de nuestros blogueros, Mark Crislip, tiene un fantástico dicho para esto: «Si mezclas estiércol con tarta de manzana, eso no hace que mejore el sabor del estiércol, sino peor la tarta de manzana». Con la CAM o medicina integrativa, eso es exactamente lo que estamos haciendo, y estos ensayos clínicos de magia son sólo ejemplos de ello”, sentencia Gorski.

Si mañana nos enteráramos de que una multinacional farmacéutica está probando en humanos un fármaco que no ha probado antes en cultivos y animales de laboratorio con buenos resultados, sería une scándalo, ¿no?. Entonces, ¿por qué asumimos como normal que se prueben en enfermos unas terapias, llamadas alternativas, que carecen de base científica y que no han demostrado ninguna efectividad en el laboratorio?

La Universidad del País Vasco sigue formando a enfermeros en reiki, homeopatía y otras pseudoterapias

Lo conté aquí hace un año con la esperanza de que alguien en la Universidad del País Vasco (UPV) tomara cartas en el asunto, pero, por lo visto, no hay nadie por la labor. Así que la Escuela de Enfermería de la UPV sigue incluyendo en su plan de estudios de grado una asignatura optativa, Enfermería en las Terapias Naturales, que promociona las mal llamadas medicinas alternativas. Se dan a los alumnos de tercero nociones de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro tanto el plan de estudios como las lecturas complementarias recomendadas.

Básicamente, el programa del curso 2014-2015 es el mismo que el del 2012-2013. Así, dice en el apartado de “Competencias, descripción y objetivos”:

“En la sociedad actual, las terapias naturales están siendo ampliamente utilizadas como tratamientos complementarios a la medicina convencional. El conocimiento sobre el enfoque holístico del ser humano, las bases y principios de la medicina tradicional, así como los diferentes tipos de terapias naturales existentes permiten al profesional de enfermería tener una visión más amplia de posibles actuaciones de los pacientes frente a su enfermedad. Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en que los futuros profesionales de enfermería adquieran conocimientos sobre los diferentes enfoques y usos de las denominadas terapias. A lo largo de la asignatura realizarán un trabajo y exposición sobre una terapia complementaria; con el objetivo de profundizar en las mismas de forma «abierta y crítica». La adquisición de estos conocimientos posibilita un mayor acercamiento a los pacientes durante su desarrollo profesional.”

Bibliografía especializada de la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales, de la Universidad del País Vasco.Hace un año, ese apartado concluía diciendo: “Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en conocer los diferentes enfoques y usos de las terapias naturales que se pueden aplicar en el ámbito de la enfermería con el objetivo de un mejor trato al paciente”. No había ninguna referencia a la profundización “abierta y crítica”, aunque vayan ustedes a saber lo que eso significa en el contexto de esta asignatura. ¿Es más tranquilizador el plan de estudios de este año? Para mí, no. Incluye las mismas nociones de cosas como la medicina ortomolecular, la medicina tradicional hindú, la colorterapia, el masaje energético… y está plagado de jerga pseudocientífica -meridianos energéticos, medicina natural, enfoque holístico…-; la bibliografía es un disparate -Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana…-; y no sé facilita ni una dirección de Internet útil.

En marzo de 2013, la bibliografía de la asignatura era igual de demencial, entre las revistas se incluían una de homeopatía y otra de acupuntura, y había un apartado de Internet plagado de webs como En Buenas Manos, Cuerpo Mente, Salud Alternativa y otras. En un año, los responsables de la asignatura, que eliminaron esa lista de webs a raíz de la anotación de este blog, parecen haber sido incapaces de encontrar un solo sitio en Internet de su confianza y tampoco han encontrado ni un libro que examine las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. No es tan complicado para alguien con interés. Ni siquiera para alguien de letras, como yo. Ahí están, por citar sólo tres webs, Neurologica, el blog de Steven Novella; Quackwatch, el sitio de Stephen Barrett; y la página de Edzard Ernst. Y tampoco hay que partirse la cabeza para dar con libros como Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial, de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); y La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz. Claro que ninguno de esos autores se traga tonterías como los meridianos energéticos y cosas parecidas.

Brujería en las aulas

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios”, me comentaba hace un año un estudiante de medicina. Y otro añadía que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Nada parece haber cambiado.

Sembrar en los profesionales de la salud la idea de que existen otras medicinas además de la científica es un disparate que puede resultar perjudicial para la salud de los ciudadanos porque ellos están en primera línea de la atención al paciente. Sólo hay una medicina, la que funciona. El resto viste su inutilidad con adjetivos como alternativa, complementaria y natural por mercadotecnia, como la crema antiarrugas se vende en un frasco de diseño o es anunciada por una modelo de 20 años.

Homeópatas, acupuntores y demás están dejando poco a poco de lado el adjetivo alternativa para su medicina para evitarse problemas: si califican así a sus prácticas, transmiten la idea de que pueden elegirse en vez de las científicamente probadas y eso, en casos extremos -de enfermos que mueren por renunciar a tratamientos que funcionan y abrazar los alternativos-, podría resultar perjuidicial para el negocio. Complementarias es un adjetivo tan acertado para estas pseudoterapias como para las bendiciones del sacerdote ortodoxo de turno a una nave espacial en Baikonur, que serían -en jerga holística- ingeniería aeroespacial complementaria. Lo mismo que ninguna nave espacial despegaría, ni ningún barco flotaría o avión volaría, si fuera un trozo de metal sin más por muchas bendicioens que le echaran, nadie se cura de una enfermedad grave por muchos médicos complementarios que le atiendan. La complementariedad para la salud de las pseudomedicinas es similar a la de las bendiciones en la ingeniería aeroespacial naval o aeronáutica. Y, respecto a natural, poco hay que decir: es un adjetivo que vende porque se equipara con bueno, como si el ébola, el cáncer, el sida, la lepra… no fueran naturales. Ah, y no hay terapias naturales como no hay cocina natural.

Lo mismo que las bendiciones del pope de Baikonur -¿para cuándo una asignatura optativa sobre su poder a los ingenieros vascos?-, las terapias que promociona este curso de la UPV son brujería.

La OMS alerta en Twitter de que “no hay ninguna prueba de que la homeopatía pueda curar el ébola”

Tuit en el que la OMS advierte de que la homeopatía no cura el ébola.No hay ninguna prueba de que la homeopatía pueda curar el ébola. Los pacientes graves necesitan cuidados intensivos”, alertaba en Twitter hace un rato la Organización Mundial de la Salud. El aviso es pertinente. Miembros de la comunidad homeopática están, como suele ser habitual ante alertas sanitarias, aprovechando el brote de fiebre hemorrágica de África Occidental, que ya se ha cobrado más de 670 vidas, para hacer publicidad de su pseudoterapia.

El tuit de la OMS puede considerarse, de hecho, una respuesta al homéopata indio Wilton Noronha. Hace dos días, éste decía en esa misma red social que el remedio homeopático contra el ébola es el Crotalus horridus, preparado a base de veneno de serpiente de cascabel. Diluido hasta el límite de que no quede ni una molécula en la pócima final, el Crotalus horridus tiene un enorme poder curativo, según los homeópatas y en contra de toda lógica.

homeopatia-ebolaLa OMS -y algunos usuarios de Twitter ya han llamado la atención sobre ello- se ha quedado corta en su puntualización porque, no es que la homeopatía no cure el ébola, es que no cura nada. Es sólo agua y azúcar. Los principios fundamentales de esta pseudoterapia, establecidos por Samuel Hahnemann hace dos siglos, son que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Esas falsedades se traducen en unos preparados tan diluidos que no queda en ellos ni una molécula de principio activo, como demostramos en Escépticos al analizar un supuesto somnífero homeopático con la tecnología más avanzada, y una muy rentable industria de venta de agua y pastillas de azúcar a precio de oro y a costa de la salud de la gente.

La homeopatía es nada y no ha demostrado curar nada más allá del placebo. No sirve ni para embarazadas, ni para bebés, ni para nadie. ¿Alguien puede creer que, con los enormes costes de la sanidad pública, si funcionara, se iba a dar la espalda a esta práctica cuando casi todo podría curarse con agua y azúcar? Que sea nada no significa que la homeopatía sea inocua. Puede tener efectos secundarios muy graves y hasta mortales, porque los usuarios de esta pseudomedicina muchas veces abandonan los tratamientos médicos efectivos por la esperanza de que la magia les sane.

Recuerden: la medicina científica no lo cura todo, pero la alternativa no cura nada.

Jimmy Wales, cofundador de la ‘Wikipedia’, llama “charlatanes lunáticos” a los médicos alternativos

Jimmy Wales. Foto: Manuel Archain.Jimmy Wales, cofundador de la Wikipedia, no está por la labor de que la enciclopedia libre alimente la creencia en terapias cuya efectividad no ha sido demostrada científicamente. Ante una petición en la plataforma Change.org de grupos que consideran que “gran parte de la información [de la Wikipedia] relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala” debido a la censura de los “autodenominados escépticos“, Wales ha replicado que lo que valen son las pruebas y las publicaciones en revistas científicas, y ha calificado de “charlatanes lunáticos” a los practicantes de las mal llamadas medicinas alternativas.

La petición de la Asociación para la Psicología Energética Comprensiva, que ha sido firmada por unas 8.000 personas, dice:

Jimmy Wales, fundador de la Wikipedia: cree y aplique nuevas políticas que permitan una verdadera discusión científica sobre los enfoques holísticos de curación

La Wikipedia es ampliamente utilizada y de confianza. Por desgracia, gran parte de la información relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala. Durante cinco años, los repetidos esfuerzos para corregir esa desinformación han sido bloqueados, y la organización Wikipedia no ha tomado cartas en el asunto. Como resultado de esto, las personas interesadas en los beneficios de la medicina energética, la psicología energética y enfoques específicos como las técnicas de liberación emocional, la terapia del campo del pensamiento y la técnica de acupresión Tapas van a sus páginas, confían en lo que leen y no hacen nada por recibir ayuda a partir de estos enfoques que la investigación, de hecho, ha demostrado que son muy beneficiosos para muchos. Esto tiene consecuencias graves, pues la gente sigue sufriendo problemas físicos y emocionales que bien podrían aliviarse con estos enfoques.

Larry Sanger, cofundador de Wikipedia, dejó la organización debido a dudas sobre su integridad. Declaró: “En algunos campos y en algunos temas, hay grupos que ocupan artículos e insisten en hacer que reflejen sus propios puntos de vista. No hay un mecanismo creíble para aprobar versiones de artículos”.

Éste es exactamente el caso de las páginas de Wikipedia de la psicología energética, la medicina energética, la acupuntura y otras formas de medicina complementaria y alternativa (CAM ), que actualmente están escoradas hacia un punto de vista negativo y anticientífico de estos enfoques a pesar de los numerosos estudios rigurosos que en los últimos años han demostrando su eficacia. Estas páginas las controlan unos autoproclamados escépticos que actúan como censores de facto de la Wikipedia. Visten sus objeciones con el lenguaje de la visión más estrecha posible de la ciencia para reprimir la discusión abierta sobre la innovación en la asistencia sanitaria. Como vigilantes del statu quo, se niegan a debatir con los investigadores y médicos de vanguardia y con cualquier persona con un punto de vista diferente. Revisores imparciales deberían ser los responsables de controlar estas importantes áreas.

La respuesta de Wales, colgada el domingo pasado, dice:

No, tenéis que estar bromeando. Cada persona que ha firmado esta petición tiene que volver a revisar sus premisas y pensar más sobre lo que significa ser honesto, los hechos y la verdad.

La política de la Wikipedia sobre este tipo de cosas es clara y correcta. Si usted consigue publicar su trabajo en revistas científicas respetables -es decir, si puede presentar pruebas a través de experimentos científicos repetibnles-, entonces la Wikipedia lo cubrirá adecuadamente.

Lo que no haremos es pretender que la obra de charlatanes lunáticos es equiparable al “verdadero discurso científico”. No lo es.

No hay escépticos malvados que boicoteen debates sobre asuntos científicos de vanguardia en la Wikipedia en inglés -la Wikipedia en español es altavoz de todo tipo de supercherías-; lo que faltan son pruebas que apoyen lo que sostienen los defensores de las denominadas medicinas alternativas. En contra de los que sostienen los impulsores de esta petición, prácticas como la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica -por citar sólo tres- ponen en riesgo la vida de mucha gente, bebés incluidos.

Quimiofobia y antenofobia, en el telemaratón solidario de TVE sobre las enfermedades raras

El telemaratón solidario Todos somos raros, todos somos únicos, que emitió La Primera el 2 de marzo, recaudó casi 1,2 millones de euros para la investigación de enfermedades que afectan a muy pocas personas, patologías que, por eso, se califican de raras. Es algo encomiable que una televisión pública haga visibles a los invisibles. Sin embargo, el programa presentado por Isabel Gemio echó un borrón al incluir entre esas enfermedades dos que no existen: la hipersensibilidad electromagnética, o alergia a las ondas de radiofrecuencia, y la sensibilidad química múltiple (SQM), o alergia a los productos químicos de síntesis. Me alertó de ello un amigo escéptico, indignado al ver equiparadas esas muestras de tecnofobia con patologías reales, como la que él sufre.

Hay enfermedades raras en cuyo tratamiento el coste “se dispara y prácticamente todo lo que tiene una familia se destina a intentar arreglar esa situación. Hablamos de la sensibilidad electromagnética o química múltiple”, comenzó diciendo Alfredo Menéndez, conductor de Las Mañanas de RNE, identificando como una lo que son, en principio, dos dolencias. Y, antes de seguir, planteó a la audiencia tres inquietantes preguntas: “¿Se imaginan vivir sin hablar por teléfono móvil? ¿Se imaginan tener que vivir sin ver la televisión? ¿Se imaginan no poder abrazar a un familiar porque ha usado un jabón o un detergente en su ropa?”.

Tras esa introducción, el periodista entrevistó por teléfono a dos afectadas por ambas patologías, Marisa Sánchez y Angélica Gato. Contaron el calvario que viven, que les ha separado de sus seres queridos. La primera explicó que ver a su hijo, que trabaja en una peluquería, es “muy difícil” porque, para que “se limpie totalmente de químicos”, tiene que lavarse durante una semana entera con bicarbonato. “El mundo no está preparado para estas enfermedades”, lamentó la segunda. Y el presentador añadió que, por si eso fuera poco, los médicos consideran a estos enfermos locos, les acusan “de estar fingiendo unos síntomas que a ellos les abrasan en el día a día”.

“Vamos a estar todos afectados”

La cumbre de los 8 minutos de disparate tecnófobo la coronó Ángel Martín, hijo de Ángela Jaén, que se suicidó en su casa de Pinto (Madrid) el 28 de noviembre de 2012, a los 65 años, porque no podía aguantar más el sufrimiento que, según ella, le causaban las ondas de radiofrecuencia. Presentó a su madre como la mujer “más feliz del mundo” hasta que, “debido a una antena de telefonía móvil, cogió el síndrome de hipersensibilidad y se desbarató su vida”. Dijo que, huyendo de las ondas, sus padres se mudaron de casa nueve veces en año y medio, y que los médicos se reían de la mujer. “Nadie sabe lo que significa huir del aire. Pero no son gente especial. En este tema, estamos todos incluidos… Vamos a estar todos afectados”.

La Wi-Fi, los teléfonos móviles y “los químicos” están “desestabilizando el sistema nervioso inmunitario (sic) de la gente. A esta gente le llaman los canarios de la mina. Están avisando de lo que ya nos viene a todos”, según Martín. Parecía un mensajero del Apocalipsis de película de serie B. “Esta gente se está cociendo en sus casas por la Wi-FI del vecino, por una antena, por el [teléfono] inalámbrico. Una vez que se ha desarrollado esta patología, no pueden vivir y tienen que huir”. Antes, el hombre había recurrido falazmente al principio de precaución, que viene a decir que, si no estás seguro de la inocuidad algo, lo mejor es ser prudente. Parece lógico.

El principio de precaución puede invocarse “cuando la información científica es insuficiente, poco concluyente o incierta, y cuando hay indicios de que los posibles efectos sobre el medioambiente y la salud humana, animal o vegetal pueden ser potencialmente peligrosos e incompatibles con el nivel de protección elegido”, según una comunicación de la Comisión Europea de febrero de 2000. Después de décadas de investigación, sin embargo, no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia ni de que las sustancias químicas de síntesis -así, todas- provoquen un síndrome como la denominada SQM. Así que no ha lugar a reclamar el principio de precaución.

Martín también recordó que la resolución 1815 del Consejo de Europa, de 27 de mayo de 2011, admite que hay electrosensibles. Ese acuerdo establece que, “si bien los campos eléctricos y electromagnéticos de determinadas bandas de frecuencias tienen efectos plenamente beneficiosos que se utilizan en medicina, otras frecuencias no ionizantes, ya sea de frecuencia extremadamente baja, líneas eléctricas o de ciertas ondas de alta frecuencia utilizadas en los ámbitos del radar, las telecomunicaciones y la telefonía móvil, parecen tener efectos biológicos no térmicos potencialmente más o menos nocivos para las plantas, los insectos y los animales, así como para el cuerpo humano incluso cuando la exposición es a niveles que están por debajo de los valores de los umbrales oficiales”. Nadie le rebatió diciendo que esa resolución es una decisión política que parte de un supuesto falso, porque no hay ninguna prueba de efectos nocivos de las ondas de radiofrecuencia ni de que existan personas con una sensibilidad especial, y, por consiguiente, ese texto del Consejo de Europa tiene la misma validez que si los miembros de esa organización internacional hubieran acordado que la Tierra es plana.

Personas que sufren

Reportaje sobre afectadas de 'hipersensibilidad electromagnética' publicado por 'El Mundo'.Pero, entonces, ¿qué les pasa a quienes padecen esos males inexistentes? ¿Están locos? ¿Fingen? No, están enfermos, sufren mucho y son víctimas de desaprensivos. Que esas enfermedades no existan como tales, que no haya una causa orgánica, no implica que quienes creen padecerlas estén engañando a nadie. La hipersensibilidad electromagnética y la SQM existen, pero únicamente en la medida en que hay personas que creen sufrirlas y se aprovechan de ellas pseudocientíficos y vendedores de artilugios y terapias inútiles que hacen su agosto gracias al periodismo irresponsable y alarmista que, ante una afirmación extraordinaria, nunca consulta con científicos de verdad porque la historia se puede ir abajo. Permítanme que repita lo que ya he escrito otras veces respecto a este asunto.

Un metaanálisis titulado “Electromagnetic hypersensitivity: a systematic review of provocation studies” (Hipersensibilidad electromagnética: una revisión sistemática de los estudios de provocación), realizado por James Rubin, Jayati Das-Munshi y Simon Wessely, investigadores del Instituto de Psiquiatría de la Universidad del Rey, de Londres, y publicado en 2005 en Psychosomatic Medicine, examinó 31 estudios hechos a 725 afectados de hipersensibilidad electromagnética y descubrió que 24 de los estudios no dieron con ninguna prueba de la existencia de la patología y que, de los 7 aparentemente favorables a su existencia, los resultados de 3 se debían a errores estadísticos, los de otros 2 eran mutuamente incompatibles y los de 2 no habían podido ser replicados por sus autores, algo básico en ciencia. Así que los autores concluyeron que esa presunta enfermedad “no está relacionada con la presencia de campos electromagnéticos”, aunque quienes dicen padecerla sufran efectos muy reales cuyas causas tendrían un origen psicosomático. Desde entonces, nada ha cambiado. Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene, en un documento de junio de 2011, que la hipersensibilidad electromagnética no se debe a las ondas de radiocomunicación.

Los estudios científicamente controlados han revelado, por otra parte, que quienes creen padecer SQM presentan los mismos síntomas ante sustancias químicas sintetizadas en el laboratorio que ante placebos. Así, tras revisar 37 estudios, los mismos Das-Munshi, Rubin y Wessely concluyeron en 2006 que los pacientes reaccionan ante las sustancias químicas “cuando pueden discernir las diferencias entre las sustancias activas y simuladas, lo que sugiere que el mecanismo de acción no es específico de la propia química y podría estar relacionado con las expectativas y creencias previas”. El origen de la enfermedad también estaría en la mente. “El fenómeno de la sensibilidad química múltiple es una manifestación peculiar de nuestra tecnófoba y quimiófoba sociedad. La han rechazado como enfermedad orgánica la Academia Estadounidense de Alergia e Inmunología, la Asociación Médica Estadounidense, la Asociación Médica de California, el Colegio Estadounidense de Médicos y la Sociedad Internacional de Toxicología y Farmacología”, escribió el químico, toxicólogo y farmacólogo Ronald E. Gots en la revista Clinical Toxicology en 1995. Tampoco la OMS la reconoce como una enfermedad. Para Gots, quien ha examinado las historias clínicas de decenas de afectados, la SQM es “una etiqueta para las personas que no se sienten bien por una variedad de razones y que comparten la creencia de que la culpable de su mal es la sensibilidad química”. Y añade: “Existe [la enfermedad] porque el paciente lo cree y un médico valida esa creencia”.

No crea y no enfermará

Si usted no cree en la hipersensilidad electromagnética y en la SQM -una especie de alergias mentales al mundo artificial que nos permite vivir más y mejor que nuestros antepasados-, no las sufrirá. Y, si conoce a alguien convencido de padecer alguna de ellas, antes de que caiga en manos de charlatanes que refuercen su infundada creencia para sacarle el dinero, anímele a que consulte a expertos en salud mental. No pasa nada malo por acudir a psiquiatras o psicólogos y, por el contrario, las consecuencias de confiar en supuestos especialistas en electrosensibilidad y SQM pueden resultar devastadoras para el enfermo y su entorno.

“Me disgustó ver equiparada la sensibilidad electromagnética y la SQM a otros trastornos reales y graves, completamente demostrables, que también fueron mostrados en el programa. Dedicaron un tiempo y un espacio que podía haber ocupado cualquier otra de las 7.000 enfermedades minoritarias registradas”, me comentaba el amigo escéptico que me alertó de la inclusión de estas falsas patologías en Todos somos raros, todos somos únicos. Tiene toda la razón del mundo. El fragmento en cuestión es una apología de la quimiofobia y la antenofobia. Es inexplicable que un medio de comunicación público dé pábulo a la superstición y a la tecnobofia, y apueste por el alarmismo sensacionalista, como ocurrió en ese segmento del telemaratón solidario de TVE.