Proyecto Apollo

Las pruebas de los alunizajes, mañana en el vigesimocuarto ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao

Cartel anunciador del vigesimocuarto ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao, dedicado a las pruebas de la llegada a la Luna.“La llegada a la Luna: algo más que un puñado de fotos” es el título de la charla que dará Unai Macías, ingeniero y un apasionado de la ciencia y la ciencia ficción, en el vigesimocuarto encuentro Enigmas y Birras de Bilbao, que se celebrará mañana en el restaurante KZ (Alameda San Mamés, 6) a partir de las 18 horas.

En los últimos años, ha ganado terreno entre una parte importante de la ciudadanía de los países desarrollados la idea de que los alunizajes fueron montajes, nacida en un ridículo libro y cebada por autores y medios sensacionalistas. “La llegada a la Luna fue una de las aventuras científicas y tecnológicas más apasionantes del siglo XX. Sin embargo, 44 años después de que Neil Armstrong pusiera el pie en el Mar de la Tranquilidad, hay quien duda del hecho, algo incomprensible, si tenemos en cuenta que fue uno de los acontecimientos más seguidos y mejor documentados de la Historia”, indica Macías, miembro del Círculo Escéptico .

Cada dos por tres, me encuentro con gente -personas, a veces, instruidas- que duda de los alunizajes y a la que no siempre logro sacar de su error. Si a usted les pasa lo mismo, le será útil la exposición de Macías, que no se va a centrar tanto en la conspiración como en lo que fue y significó la conquista de la Luna, su génesis, desarrollo y clímax. “En la charla, daré un repaso a la Historia y a las pruebas que demuestran que, efectivamente, fuimos a la Luna“, adelanta el conferenciante.

Dense por invitados al vigesimocuarto Enigmas y Birras de Bilbao organizado por el Círculo Escéptico y programado por Luis Miguel Ortega. La entrada es gratis, aunque cada asistente se compromete a hacer, al menos, una consumición como agradecimiento a los propietarios del establecimiento por la cesión de local.

La conspiración lunar, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la conspiración lunar, en la tercera de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

El deterioro de los espejos dejados en la Luna le da a ‘Pravda’ para inventarse un par de misterios

El reflector dejado en la Luna por los astronautas del 'Apollo 11'. Foto: NASA.“La NASA busca desesperadamente un todoterreno lunar soviético”, titulaba Pravda el lunes una información. El texto contaba cómo los cuatro reflectores láser en servicio dejados en la Luna por tres misiones tripuladas estadounidenses y una automática soviética se están deteriorando y reflejan cada vez menos fotones, y cómo la NASA intenta “desesperadamente” dar con una segunda sonda soviética que portaba otro espejo y se dio por perdida en 1971. “Los estadounidenses están tratando de encontrarla por alguna razón, buscando en la superficie lunar con un rayo láser”. Además, el autor alertaba de que el deterioro de los cuatro reflectores en funcionamiento “hará pronto imposible [usarlos para] hacer mediciones” y que la única explicación para su deficiente rendimiento es que estén cubiertos por polvo lunar o hayan sufrido rayones. “Pero ¿qué puede hacer que el polvo lunar se mueva en cuatro lugares diferentes al mismo tiempo? No puede ser el viento”, señalaba el periodista, quien añadía que el deterioro de los espejos “no explica por qué los estadounidenses buscan el robot soviético. Podrían pensar que su reflector todavía funciona”.

La información de Pravda contiene el caldo de cultivo ideal para una de esas conspiraciones lunares que tanto gustan a algunos y que se sumaría a las de que los alunizajes fueron un montaje, que los astronautas encontraron ruinas en el satélite terrestre y que las grandes potencias tienen una base secreta en la cara oculta desde hace décadas. Todas ellas excluyentes entre sí; pero compatibles si se tiene la suficiente caradura. Lo que viene a decir el periódico ruso es que no hay explicación lógica a los daños que sufren los reflectores láser que están en la Luna desde hace unos 40 años -“Pero ¿qué puede hacer que el polvo lunar se mueva en cuatro lugares diferentes al mismo tiempo? No puede ser el viento”- y que la NASA busca “desesperadamente” un quinto espejo llevado por una sonda soviética perdida. Estamos, una vez más, ante la mezcla de verdades, medias verdades y mentiras descaradas que alimenta el pensamiento conspiranoico. Vayamos por partes.

Hay en nuestro satélite cinco reflectores láser dejados por tres misiones tripuladas estadounidenses y dos automáticas soviéticas. Cuatro están localizados en el Mar de la Tranquilidad (Apollo 11), en el cráter Fra Mauro (Apollo 14), en la fisura de Hadley (Apollo 15) y en el cráter Le Monnier (Lunokhod 2); el quinto lo llevaba el todoterreno soviético Lunokhod 1, que desde hace 39 años no se sabe exactamente dónde está en el Mar de las Lluvias. Estos espejos han servido a los científicos, por ejemplo, para medir al milímetro la distancia que separa la Tierra de la Luna por el método de emitir hacia ellos un rayo láser y cronometrar lo que tardan en regresar a la Tierra los fotones reflejados. Así, sabemos que la distancia que nos separa del satélite es de 384.403 kilometros y aumenta 38 milímetros al año. Pero no sólo eso. “Los reflectores han proporcionado algunas de las mejores pruebas de la relatividad general y la gravedad, en general, incluyendo las mejores pruebas del principio de equivalencia fuerte, la tasa de variación de la constante de gravitación; la veracidad de la ley del inverso del cuadrado de la gravitación; el gravitomagnetismo; y la precesión geodésica. Además, nos han servido para aprender sobre el interior lunar y determinar la tasa de precesión del eje de la Tierra, y han contribuido al conocimiento de la orientación de la Tierra”, me ha explicado Tom Murphy, astrónomo de la Universidad de California que dirige la Operación de Medidas de Distancia a la Luna por Telemetría Láser desde el Observatorio de Apache Point (APOLLO, por sus siglas en inglés).

Un puñado de fotones

Rayo láser enviado hacia la Luna desde el Observatorio McDonald. Foto: NASA.Los 300.000 billones de fotones de cada disparo láser desde el Observatorio de Apache Point (Nuevo México) cubren un área de más de 2 kilómetros cuadrados cuando llegan a la Luna, por lo que se calcula que sólo uno de cada 30 millones da en el reflector al que apuntaban originalmente y emprende viaje de regreso a la Tierra. El rayo de fotones reflejado en la Luna abarca de vuelta a nuestro planeta unos 15 kilómetros cuadrados y sólo uno de cada 30 millones de fotones reflejados llega al detector terrestre de 3,5 metros de diámetro. Si se restan, además, los que absorbe la atmósfera, al final quedan un puñado: 30 detectaron en el Observatorio de Apache Point el 19 de octubre de 2005 de un pulso mandado al espejo dejado por el Apollo 11. No fue hasta hace dos años que Murphy sospechó que algo pasaba con los espejos, porque su equipo detectaba menos fotones que los previstos.

¿A cuándo se remonta el deterioro? “Hemos descubierto algunos problemas en los datos históricos de finales de 1970, unos diez años después de la colocación de los reflectores en la Luna. Creo que serán útiles durante décadas, pero no está claro si la degradación va a continuar o ha alcanzado un valor estable: no tenemos datos suficientes para decir”, explica el astrónomo. Así pues, en contra de lo que dice Pravda, los científicos no temen quedarse pronto sin esos valiosos equipos y, también en contra de lo que sostiene el diario ruso, saben a qué puede deberse su deterioro: al polvo levantado no por el viento -que no lo hay en la Luna-, sino por los impactos de micrometeoritos. Ese polvo se habría depositado sobre la superficie reflectante o la habría rayado, o habría hecho ambas cosas. Claro que otra explicación, sin duda más del gusto de los vendedores de misterios, es que los extraterrestres cuyas ruinas encontraron Neil Armstrong y Buzz Aldrin están desescombrando sus instalaciones y levantando grandes cantidades de polvo.

Tampoco hay nada misterioso en la búsqueda del todoterreno soviético Lunokhod 1 por la NASA, que no está intentando desesperadamente dar con él. “De vez en cuando dedicamos algún tiempo a buscar el Lunokhod 1, pero la incertidumbre sobre el lugar en el que puede estar implica que debemos buscar en un espacio de parámetros dolorosamente grandes y aún así cabe la posibilidad de que no lo veamos incluso si estamos mirando al lugar correcto porque puede no estar en condiciones para que se le vea”, indica Murphy.

Los destellos que ven los astronautas con los ojos cerrados

Los astronautas del proyecto Apollo vieron en el espacio destellos, incluso con los ojos cerrados. Buzz Aldrin recuerda cómo, encerrado en el módulo de mando, con las ventanas cerradas y la luz apagada, percibió algunos flashes y Neil Armstrong, cerca de un centenar durante su primera noche a bordo del Apollo 11. Ese misterio, uno de los reales de las misiones que llevaron al hombre a la Luna, fue resuelto hace años. Los causantes de las visiones eran los rayos cósmicos, partículas subatómicas de muy alta energía originadas fuera del Sistema Solar que bombardean constantemente nuestro planeta y pueden causar fallos en aparatos electrónicos.

“No es necesario llamar a los agentes Mulder y Scully, de Expediente X: lo que los astronautas están experimentando es la radiación espacial que penetra rápidamente en sus ojos como si fueran balas subatómicas. Cuando una bala choca contra la retina, dispara una falsa señal, que el cerebro interpreta como si fuera un destello de luz”, explicaba hace cinco años la NASA. La agencia espacial estadounidense indicaba que esa exposición a la radiación cósmica parece favorecer el desarrollo de cataratas, según un estudio realizado en 2001. Esta semana, un equipo internacional de astrónomos ha anuncido en la revista Science que los rayos cósmicos son acelerados por las explosiones estelares y, como la nota de prensa incluía una referencia a los destellos visto por los astronautas de las misiones Apollo -también los han percibido los de vuelos posteriores-, algunos medios han interpretado erróneamente que por fin se ha resuelto ese misterio. Lo que ahora han confirmado los astrónomos es que las explosiones estelares aceleran esas partículas cargadas energéticamente, algo que no tiene nada que ver con que se haya aclarado el misterio de lo que vieron los astronautas. ¡No!, ese enigma se resolvió hace mucho, mucho tiempo.

Ruinas lunares

Miles de espectadores de TVE vieron el 11 de enero de 2004 a Neil Armstrong y Buzz Aldrin explorando edificios en ruinas en el Mar de la Tranquilidad, en la Luna. Imágenes inéditas, se leía sobreimpresionado. Y Juan José Benítez decía: “Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA”. Numerosas copias del fragmento de la filmación emitido por TVE pueden verse en la actualidad en YouTube, bajo títulos como Vídeo censurado del viaje a la Luna y Construcciones en la Luna ocultadas por la NASA.

El ufólogo navarro sostiene que hace 39 años “el mundo, una vez más, fue engañado”, que nos ocultaron el hallazgo de ruinas alienígenas en el satélite terrestre. A él se lo contó “un alto militar norteamericano”, ya fallecido, cuya identidad nunca ha revelado y que consiguió hacerse con una copia de la película rodada en el Mar de la Tranquilidad, la que muchos creen todavía que se vio en TVE hace cuatro años. Un documento único porque los vestigios extraterrestres ya no existen: Washington los destruyó con bombas atómicas. Pero el militar desconocido no es el único que afirma que los astronautas encontraron construcciones en la Luna.

Un espía inexistente

Quien primero habló a Benítez de las ruinas lunares fue Carlos Paz Wells, un peruano que en los años 70 decía estar en contacto con seres de otros mundos. “Tenemos constancia de que los norteamericanos también conocen la existencia de las antiguas instalaciones de la Confederación (una unión planetaria al estilo de Star trek). Y, según los guías, los lanzamientos realizados por los distintos Apollos de pequeñas bombas nucleares contra la superficie de la Luna no tenían la única finalidad de medir los posibles movimientos telúricos del satélite. Muy al contrario. La verdadera intención de los norteamericanos era destruir dichas instalaciones, cuyas posiciones conocían de antemano”, afirmaba Paz en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), la obra de Benítez dedicada a las andanzas del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI).

Otra fuente, terrestre, confirmó poco después a Benítez la pasada presencia alienígena en la Luna. En 1979 llegó a las librerías españolas la obra Bases de ovnis en la Tierra. Su autor, Douglas O’Brien, decía ser un espía de la CIA arrepentido afincado en nuestro país. El libro era en realidad una novela firmada con pseudónimo por Javier Esteban, entonces un joven de veintiún años. “Para escribir la novela era preciso crear historias con fechas, lugares, etcétera. Para evitar la tarea de inventar miles de datos, acudí a las hemerotecas y tomé nota de miles de diversas fuentes: periódicos, revistas… De esta forma, incluía datos auténticos de sucesos ocurridos, tales como accidentes de aviones militares, expulsiones de diplomáticos, detenciones de espías, etcétera”.

Esteban salpicó su relato del espía arrepentido de accidentes de ovnis y asesinatos. Varios ufólogos contactaron con él creyendo que hablaban con un ex agente de la CIA, y el joven les siguió el juego. Algunas de sus historias acabaron publicadas en periódicos, revistas esotéricas y libros de platillos volantes como hechos reales. Revelaba en su libro, entre otras cosas, que, tras descubrirse “cinco bases o lugares de estacionamiento distintos de ovnis en la Luna”, EE UU las había destruido con bombas atómicas. “Lo gracioso del asunto es imaginar a personas en su sano juicio investigando la verosimilitud de tales disparates”, recuerda el autor de Bases de ovnis en la Tierra.

De Guipúzcoa a la Luna

Como en toda conspiración que se precie, en ésta también hay de por medio un presunto empleado de la NASA. Se llamaba Alan Davis y murió en Sevilla hace unos años. Decía ser ingeniero de telecomunicaciones y que, en la noche de la llegada del hombre a la Luna, había visto en la estación de la NASA de isla de Antigua unas imágenes que ocultó al resto del mundo. Según varios ufólogos, era el encargado en la base caribeña de cortar la señal de televisión si sucedía algo inconveniente, y es lo que hizo cuando los astronautas del Apollo 11 se dieron de bruces con los edificios extraterrestres. “Es mentira. Nadie podía cortar la señal. Todo eso de las ruinas en la Luna no son nada más que tonterías”, sentencia Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo.

La instalación madrileña era una de las tres estaciones claves en las comunicaciones con los astronautas, junto con las de California (EE UU) y Canberra (Australia). “En el momento del alunizaje, correspondió a Fresnedillas estar en contacto con la nave. Cuando Armstrong y Aldrin abandonaron el módulo lunar, era California”, indica Ruiz de Gopegui. Los conspiranoicos argumentan que la NASA ocultó -¿para qué?- la existencia de los edificios y que hay que creer a Alan Davis. “¿Por qué se va a dudar de una persona que tiene esa valentía?”, dice uno de sus amigos. Por una razón muy simple, porque ni él ni nadie ha presentado nunca una sola prueba que respalde sus extraordinarias afirmaciones, equiparables a las de quienes sostienen que ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11-S.

Y es que la película que mostró Benítez en la penúltima entrega de la serie Planeta encantado no es una documento grabado en la Luna, a pesar de que apareciera sobreimpresionada la leyenda Imágenes inéditas. La filmación es una recreación, un encargo del ufólogo a Dibulitoon Studio, una firma de animación radicada en Irún. Los astronautas que recorrían edificios en la Luna eran guipuzcoanos. Ésa es la verdad, la única y pública verdad.


El libro

Bad astronomy (2002): El astrónomo Phil Plait habla sobre algunas falsas ideas populares vinculadas con las astronomía y la astronáutica. Es una obra viva que se actualiza en su blog.

Publicado originalmente en el diario El Correo.