La Infanta es Escorpio, ¿y qué?

Leonor de Borbón y Ortiz es Escorpio, y la siempre atenta agencia Efe dedicó ayer a este notición un despacho largo y firmado. La longitud del texto y que estuviera firmado apuntan a que tanto el autor, Carlos del Amo, como la principal agencia de prensa en español dan trascendencia a que la hija de los Príncipes de Asturias sea Escorpio, cuando lo cierto es que es una tontería, una memez, una chorrada propia de esos espacios del corazón que han infectado toda la parrilla televisiva; pero que no debería merecer ni una línea, ni un segundo, en un medio de comunicación serio.

Que la Infanta sea Escorpio no la hace diferente a ningún otro bebé. Ni la hace especial. Por lo único que esa niña es especial es por haber nacido con unos derechos adquiridos por ser hija de quien es, no por su signo del Zodiaco, que comparte con una doceava parte de sus paisanos, no lo olvidemos. La astrología no funciona, nunca ha funcionado, ni para reyes ni para plebeyos. Es una superstición que subsiste hoy en día cebada por la ignorancia y por un mercado del que vive una multitud de engañabobos. Flaco favor hace a la civilización y a la cultura la agencia Efe dando trascendencia al signo del Zodiaco de la primogénita de los Príncipes de Asturias.

“Tenaces, vitales, enérgicos, activos, calculadores, prudentes, vanidosos, envidiosos, grandes amantes, aunque infieles en potencia, así son los nacidos bajo el signo de Escorpio, figura astral a la que desde hoy esta ligada la infanta doña Leonor”, escribe Del Amo, quien añade que “suelen tener un físico imponente y son capaces de cautivar con su presencia”. Luego, nos explica que, “si doña Leonor tiene hermanitos, les defenderá a capa y espada; eso sí, ella será la dueña y señora de la casa”. Y añade: “El hecho de haber nacido el 31 de octubre sitúa a doña Leonor en el decanato de Libra, de ahí que pueda heredar algunas de las características de este signo, como son el equilibrio, la armonía, la sociabilidad y la intuición, aunque también el pesimismo y la melancolía”.

Los brujos de la Corte coinciden con la astrológica agencia Efe. Aramís Fuster dice en El Mundo que será feminista y “sabia”; Leonor Alazraki, que “será una persona fuerte, sociable e independiente y con mucha personalidad”, además de que vivirá en el extranjero una temporada -¡qué clarividencia!-; y Octavio Aceves adelanta que será “muy inteligente”. En general, la nueva Infanta sale bastante bien parada, como no podía ser de otro modo, tratándose de quien es. Como ven, tanto el horóscopo -con el que debería encajar uno de cada doce humanos, aunque yo conozca escorpios cuya presencia física no impone o que son humildes o imprudentes- como los videntes dicen generalidades. Nada más. ¿Cuándo vamos los periodistas a ser un poco críticos y a poner tonterías como la astrología donde tienen que estar: en la papelera?

La astrología -repito- no funciona y el horóscopo es una estupidez que puede hacer cualquiera. Sólo hace falta hilar frases llenas de generalidades: “Es una persona tenaz y, a veces, tiene que hacer frente a la incomprensión de los demás para sacar adelante sus proyectos”; “Su sensibilidad le predispone a sufrir desengaños personales, por lo que debería ser más cerebral en sus relaciones”. Éstas me las acabo de inventar, como hacían hasta hace poco los periodistas en las redacciones cuando se traspapelaba la columna astrológica del día y había que llenar los huecos de los doce signos. Ésa era una alternativa; la otra, recuperar un horóscopo de unos meses antes. Ambas cosas se hacían y no me consta que ningún lector se diera cuenta alguna vez de que la predicción no la había hecho el astrólogo de turno o no correspondía a la fecha, y se quejara.

Puede comprobarlo usted mismo en la próxima reunión de amigos. Coja un periódico, ábralo por la página del horóscopo y pida a sus amigos, uno a uno, que le digan cuál es su signo del Zodiaco. Luego, lea a cada uno de ellos una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo… Ya verá cómo nadie se queja, ya que cada predicción es tan general que funciona como una prenda elástica, vale a cualquiera independientemente de la personalidad.

Efe destaca en su supersticiosa aportación al nacimiento real que “Escorpio es un signo de agua”, pretexto que sirvió ayer a la agencia Colpisa para titular un despacho: “Don Felipe y doña Letizia, una pareja bendecida por el agua”. La razón es que “jarros de agua cayeron el día de su boda y jarros de agua saludaron, en plena época de sequía, la llegada al mundo de su primogénita”. Y, después de dedicar la mayoría de la nota a otros asuntos, concluye: “La llegada de Leonor, nacida bajo un signo astrológico de agua, ha completado la felicidad de la pareja”. El autor de este texto argumenta que el agua es “símbolo de buenos augurios”. Tiene razón, como bien saben en Nueva Orleans, en el Caribe azotado por huracanes, en el Índico cubierto de muertos por el tsunami de hace un año…

Vale, la Infanta es Escorpio, ¿y qué? No importa nada. Podía haber sido de cualquier otro signo del Zodiaco que seguro que algunos periodistas habrían dicho las mismas tonterías.