Periodismo gilipollas

Un análisis grafológico de la escritura de Rodríguez Zapatero saca a relucir la ignorancia de César Vidal

Portada de `Epoca' dedicada a la caligrafía de Rodríguez Zapatero.La caligrafía del presidente del Gobierno sirve de excusa al prolífico César Vidal, en el último número de Época, para decir que José Luis Rodríguez Zapatero es un “acomplejado”, un “torpe para relacionar ideas”, un “autoritario”, un “materialista descarnado”, un “receloso -e incluso envidioso- de la gente de talla”… Cinco páginas de insultos y descalificaciones gratuitas a la que el director de la revista, Carlos Dávila, intenta otorgar una inmerecida credibilidad presentando a Vidal como “el segundo autor español que más vende” y su reportaje como “una interpretación grafológica de la personalidad del presidente”.

El estudio grafológico de Vidal revela, en realidad, la ignorancia supina de quien lo ha hecho y de quien lo ha publicado. Que un autor venda muchos libros no implica que lo que escriba y diga sea cierto, como muy bien saben los lectores de los traficantes de misterios paranormales. El escritor y locutor de la cadena radiofónica de los obispos es un creacionista declarado, un individuo convencido de que el Diluvio Universal, el Éxodo y otros episodios ficticios del Antiguo Testamento son hechos históricos. Su saber grafológico tiene el mismo fundamento real que la historia bíblica de Adán y Eva, porque la interpretación de la personalidad por la caligrafía es una patraña equiparable a la astrología. Y que Vidal sea “un experto grafólogo” -desconocía esta faceta- es lo mismo que decir que es un experto lector de las arrugas del culoo de los posos del café.

Los grafólogos aseguran que pueden deducir la personalidad de alguien a partir de los rasgos de su escritura, pero lo cierto es que no lo hacen. Los estudios controlados han demostrado que, si no cuentan con más información que la letra impresa, los grafólogos no aciertan sobre el autor de un texto más que los legos. Es decir, lo obvio. La grafología es una pseudociencia que, lamentablemente, se utiliza en ocasiones para la selección personal y que suele salir en los periódicos en épocas electorales a través de la comparación de los rasgos de las firmas de los contendientes, como sucedió en mayo de 2008 durante la carrera hacia la Casa Blanca.

Carta de Rodríguez Zapatero al poeta Antonio Gamoneda.El análisis de la letra del presidente que publica Época resulta insultante para cualquiera con dos dedos de frente porque el fundamento es una superchería equiparable a la lectura de las líneas de la mano. Tiene, además, el texto de Vidal fragmentos dignos de incluirse en una antología del disparate. Mi preferido es cuando dice respecto al “notable autoritarismo que se refleja, por ejemplo, en algunas de las tes” del jefe del Ejecutivo: “Se suele denominar a esta te específica la “te del brazo en alto”, porque de manera muy peculiar recuerda el saludo fascista y, a la vez, es un signo de autoritarismo”. ¡Ahí queda eso!

Considera el grafólogo al sujeto de su infundio -lo sería también si el blanco hubiera sido Mariano Rajoy, Juan José Ibarretxe, Cayo Lara o cualquier otro político- un tonto irrecuperable, un incapaz. A juicio de Vidal, “la enorme dificultad que sufre el autor del texto (Rodríguez Zapatero) para ligar unas letras con otras” lleva a pensar que para él “supone un enorme esfuerzo -esfuerzo que no garantiza el éxito- ver la relación que pueda existir entre dos ideas distintas, por muy cercanas y próximas que le parezcan a la mayoría de las personas”. Y concluye el multititulado firmante de libros de éxito: “Sin grandes dotes intelectuales, aunque tampoco pueda decirse que sea un estúpido, el sujeto analizado no parece que pueda aspirar a compensar esa carencia con la constancia del trabajo -a decir verdad, es muy irregular en el cumplimiento de sus tareas- ni tampoco con asesores de valía que le dispensen su ayuda”.

Que una tontería así sea el tema de portada de una revista de información política da que pensar, ¿no?

La Infanta es Tauro, y Efe da importancia a la bobada

¡Manda narices! La principal agencia de noticias en español considera relevante informar de la características que se atribuyen al signo del Zodiaco de la segunda hija de los Príncipes de Asturias, nacida ayer. El teletipo, titulado “Segunda hija Príncipes nace, como Alfonso XIII, bajo el signo de Tauro”, es una prueba de la supina ignorancia de quien lo ha escrito y de quienes han autorizado su difusión al mundo de habla hispana. Demuestra que en Efe siguen sin tener clara la diferencia entre superchería y realidad, como no la tuvieron cuando nació Leonor de Borbón y Ortiz. Entonces, también dieron importancia a que la primogénita de don Felipe y doña Letizia sea Escorpio.

La constelación de Tauro, en la 'Uranographia' de Johannes Hevelius.Dice el sorprendente texto zodiacal difundido ayer que los Tauro son personas “persistentes, de buen corazón y a quienes no les gustan las prisas”. Y añade: “La pequeña hija de los Príncipes de Asturias ha dado muestras de esa última inclinación porque, al contrario que su hermana mayor que nació con tres semanas de adelanto, ha esperado a que su madre saliera de cuentas para abandonar su refugio durante nueve meses”. ¡Impresionante! “A los Tauro, aseguran los expertos en horóscopos, les encanta sentirse seguros y son muy cariñosos y fieles. En contrapartida, a veces pecan de ser celosos, posesivos y algo codiciosos”, continúa la delirante nota. Y sigue: “Tienen buen gusto y son amantes de la música, materia en la que la nueva Infanta de España tendrá como gran maestra a su abuela materna, la reina Sofía. Tampoco son ajenos a todo aquello que suene a comodidad, a estabilidad o a placer, y las cosas naturales presentan para ellos un atractivo irresistible. No soportan las presiones y lo de estar mucho tiempo en casa no es lo suyo, aunque disfrutan con la reflexión y no les convencen los cambios”.

La colección de topicazos y generalidades en las que puede casar cualquiera continúa hasta el final del despacho, que se cierra con una lista parcial de famosos Tauro –Salvador Dalí, Juan Pablo II, William Shakespeare y Leonardo da Vinci– muy bien elegida. Porque, bajo ese signo también nacieron, entre otros, el pedófilo y caníbal Albert Hamilton Fish y Herman Webster Mudgett, autor confeso de veintisiete asesinatos. Menos mal que los Tauro, según Efe, son “tranquilos por naturaleza”. Por cierto, la infanta Leonor comparte signo zodiacal con Charles Manson, el asesino de Sharon Tate, y Coral Eugene Watts, que mató a decenas de mujeres en Estados Unidos.

¡Que nadie se asuste y encierre a las niñas bajo siete llaves! A pesar de los famosos criminales con los que comparten signo del Zodiaco, no hay que ponerlas bajo vigilancia. Más o menos, una duodécima parte de los criminales es Tauro, otra Escorpio, otra Cáncer… Y pasa lo mismo con los futbolistas, los médicos, los periodistas, los cantantes, los informáticos… Por eso, es una tontería destacar a Dalí, Juan Pablo II, Shakespeare y Leonardo como ejemplos de lo que puede llegar a ser Sofía de Borbón y Ortiz, una niña privilegiada, pero no por ser Tauro, sino por ser hija de quien es.

Sospechaba antes de dar con el despacho de Efe que, entre tanto almíbar real como desprendían ayer los medios de comunicación -¿manda regalos la Casa real a los periodistas pelotas?-, algún colega haría gala de su ignorancia dando importancia al Zodiaco de la recién nacida, como había ocurrido con su hermana mayor. ¡Acerté! Y eso que no soy vidente. Ahora queda por ver cuántos diarios, radios, televisiones y webs repiten hoy la memez, para vergüenza y mayor descrédito de la profesión periodística.

Porque la astrología no funciona y el horóscopo es una estupidez, lo haga quien lo haga y crea en él quien crea. Como dije hace año y medio, puede comprobar su nula fiabilidad usted mismo en la próxima reunión de amigos. Coja un periódico, ábralo por la página del horóscopo y pida a sus amigos, uno a uno, que le digan cuál es su signo del Zodiaco. Luego, lea a cada uno de ellos una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo… Ya verá cómo nadie se queja, ya que cada predicción es tan general que funciona como una prenda elástica, vale a cualquiera independientemente de la personalidad. Si es educador, le propongo que someta a sus alumnos a un experimento clarificador al que igual Efe debería someter a algunos de sus periodistas. Más que nada para evitar que la agencia vuelva a hacer el ridículo la próxima vez que nazca un bebé real.

La Infanta es Escorpio, ¿y qué?

Leonor de Borbón y Ortiz es Escorpio, y la siempre atenta agencia Efe dedicó ayer a este notición un despacho largo y firmado. La longitud del texto y que estuviera firmado apuntan a que tanto el autor, Carlos del Amo, como la principal agencia de prensa en español dan trascendencia a que la hija de los Príncipes de Asturias sea Escorpio, cuando lo cierto es que es una tontería, una memez, una chorrada propia de esos espacios del corazón que han infectado toda la parrilla televisiva; pero que no debería merecer ni una línea, ni un segundo, en un medio de comunicación serio.

Que la Infanta sea Escorpio no la hace diferente a ningún otro bebé. Ni la hace especial. Por lo único que esa niña es especial es por haber nacido con unos derechos adquiridos por ser hija de quien es, no por su signo del Zodiaco, que comparte con una doceava parte de sus paisanos, no lo olvidemos. La astrología no funciona, nunca ha funcionado, ni para reyes ni para plebeyos. Es una superstición que subsiste hoy en día cebada por la ignorancia y por un mercado del que vive una multitud de engañabobos. Flaco favor hace a la civilización y a la cultura la agencia Efe dando trascendencia al signo del Zodiaco de la primogénita de los Príncipes de Asturias.

“Tenaces, vitales, enérgicos, activos, calculadores, prudentes, vanidosos, envidiosos, grandes amantes, aunque infieles en potencia, así son los nacidos bajo el signo de Escorpio, figura astral a la que desde hoy esta ligada la infanta doña Leonor”, escribe Del Amo, quien añade que “suelen tener un físico imponente y son capaces de cautivar con su presencia”. Luego, nos explica que, “si doña Leonor tiene hermanitos, les defenderá a capa y espada; eso sí, ella será la dueña y señora de la casa”. Y añade: “El hecho de haber nacido el 31 de octubre sitúa a doña Leonor en el decanato de Libra, de ahí que pueda heredar algunas de las características de este signo, como son el equilibrio, la armonía, la sociabilidad y la intuición, aunque también el pesimismo y la melancolía”.

Los brujos de la Corte coinciden con la astrológica agencia Efe. Aramís Fuster dice en El Mundo que será feminista y “sabia”; Leonor Alazraki, que “será una persona fuerte, sociable e independiente y con mucha personalidad”, además de que vivirá en el extranjero una temporada -¡qué clarividencia!-; y Octavio Aceves adelanta que será “muy inteligente”. En general, la nueva Infanta sale bastante bien parada, como no podía ser de otro modo, tratándose de quien es. Como ven, tanto el horóscopo -con el que debería encajar uno de cada doce humanos, aunque yo conozca escorpios cuya presencia física no impone o que son humildes o imprudentes- como los videntes dicen generalidades. Nada más. ¿Cuándo vamos los periodistas a ser un poco críticos y a poner tonterías como la astrología donde tienen que estar: en la papelera?

La astrología -repito- no funciona y el horóscopo es una estupidez que puede hacer cualquiera. Sólo hace falta hilar frases llenas de generalidades: “Es una persona tenaz y, a veces, tiene que hacer frente a la incomprensión de los demás para sacar adelante sus proyectos”; “Su sensibilidad le predispone a sufrir desengaños personales, por lo que debería ser más cerebral en sus relaciones”. Éstas me las acabo de inventar, como hacían hasta hace poco los periodistas en las redacciones cuando se traspapelaba la columna astrológica del día y había que llenar los huecos de los doce signos. Ésa era una alternativa; la otra, recuperar un horóscopo de unos meses antes. Ambas cosas se hacían y no me consta que ningún lector se diera cuenta alguna vez de que la predicción no la había hecho el astrólogo de turno o no correspondía a la fecha, y se quejara.

Puede comprobarlo usted mismo en la próxima reunión de amigos. Coja un periódico, ábralo por la página del horóscopo y pida a sus amigos, uno a uno, que le digan cuál es su signo del Zodiaco. Luego, lea a cada uno de ellos una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo… Ya verá cómo nadie se queja, ya que cada predicción es tan general que funciona como una prenda elástica, vale a cualquiera independientemente de la personalidad.

Efe destaca en su supersticiosa aportación al nacimiento real que “Escorpio es un signo de agua”, pretexto que sirvió ayer a la agencia Colpisa para titular un despacho: “Don Felipe y doña Letizia, una pareja bendecida por el agua”. La razón es que “jarros de agua cayeron el día de su boda y jarros de agua saludaron, en plena época de sequía, la llegada al mundo de su primogénita”. Y, después de dedicar la mayoría de la nota a otros asuntos, concluye: “La llegada de Leonor, nacida bajo un signo astrológico de agua, ha completado la felicidad de la pareja”. El autor de este texto argumenta que el agua es “símbolo de buenos augurios”. Tiene razón, como bien saben en Nueva Orleans, en el Caribe azotado por huracanes, en el Índico cubierto de muertos por el tsunami de hace un año…

Vale, la Infanta es Escorpio, ¿y qué? No importa nada. Podía haber sido de cualquier otro signo del Zodiaco que seguro que algunos periodistas habrían dicho las mismas tonterías.