Oscillococcinum

Recetar productos homeopáticos no es un acto médico, según la Organización Médica Colegial

Recetar remedios homeopáticos no es un acto médico, según se desprende de la declaración aprobada el sábado en Granada por la asamblea general de la Organización Médica Colegial (OMC) “ante la publicación del borrador de la orden del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para regular los medicamentos homeopáticos“. Hace cuatro años, la entidad acordó el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”. Ahora, dice que “no forman parte del acto médico aquellas acciones u omisiones que, al margen del ejercicio de la medicina, un ciudadano con la condición de licenciado o especialista en medicina pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia”. Dado que el documento define el ejercicio de la medicina como “un servicio basado en el conocimiento científico aplicado, en la destreza técnica y en actitudes y comportamientos éticos”, y la homeopatía carece de base científica y de pruebas que la avalen, ¿significa eso que dejan de considerar lo que hace un médico homeópata no es un acto médico? No y sí.

“Es un acto médico toda actividad lícita, desarrollada por un profesional médico, legítimamente capacitado, sea en su aspecto asistencial, docente, investigador, pericial u otros, orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud. Se incluyen actos diagnósticos, terapéuticos o de alivio del sufrimiento, así como la preservación y promoción de la salud, por medios directos e indirectos”, recuerda el texto de la OMC. Desde ese punto de vista, si un médico homeópata le examina a usted y concluye que tiene gripe, estamos ante un acto médico. Sin embargo, si después le receta Oscillococcinum, un remedio homeopático contra la gripe que carece de principio activo y cuya eficacia nunca se ha probado, está actuando según sus creencias y esa acción no se consideraría, por tanto, acto médico. “Si [lo que se receta] es un producto no basado en la evidencia científica, no es un acto médico”, me ha confirmado un portavoz de la institución colegial. ¿Maquiavélico? Por supuesto, porque lo lógico sería desautorizar la práctica de la homeopatía por profesionales de la medicina, pero aún así estamos ante un avance en el arrinconamiento de esta forma curanderismo.

Los médicos “están obligados por la normas del Código de Deontología Médica a emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente”, dice la declaración de la OMC. Y añade que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”. El texto no cita la homeopatía expresamente, pero, como ésta carece de base científica y su efectividad nunca ha sido demostrada, es lícito concluir que su práctica no es ética desde el punto de vista médico.

La ingenuidad de la OMC

La organización colegial advierte de que “cada una de las técnicas y terapias no convencionales deberá demostrar / avalar científicamente su eficacia, efectividad, eficiencia, calidad y seguridad para que puedan ser reconocidas por la comunidad médica”, algo que ninguna ha hecho porque, si no, no serían “no convencionales”. Esa falta de pruebas las sitúa entre las prácticas no éticas, por lo cual lo lógico sería que la institución profesional, que “agrupa, coordina y representa a los 52 colegios oficiales de médicos a nivel nacional e internacional”, las erradicara de la profesión. No se anuncia nada parecido. Sin embargo, la declaración -como ya hemos visto- apunta a un esperanzador cambio de rumbo en la OMC en cuanto a la consideración de la práctica homeopática, aunque también adolece de ingenuidad.

“En tanto las denominadas técnicas y terapias no convencionales no hayan conseguido dotarse de una base científica suficiente, los médicos que las aplican están obligados a informar a los pacientes de forma clara e inteligible, con rigor y minuciosidad, tanto del posible beneficio y riesgo que las mismas conllevan como de las alternativas terapéuticas existentes y fundamentadas científicamente así como de la eventualidad de un mal resultado”, reclama la OMC. ¿De verdad cree alguien que un homeópata o acupuntor va a informar con “rigor y minuciosidad” a sus pacientes sobre la ausencia de efectividad demostrada de su práctica? Basta escuchar a estos profesionales en la radio y la televisión para comprobar que hacen todo lo contrario, llegando incluso a recomendar homeopatía para sustituir a las vacunas.

Cabe destacar, por último, que la OMC hace una llamada a la responsabilidad de las Administraciones, que “debe estar fundamentada en la necesaria regulación de estas técnicas y terapias no convencionales, así como en las repercusiones sobre el uso y la aplicación de estas prácticas en el ámbito de la salud pública, los riesgos derivados de su mala utilización o utilización inadecuada, y la regulación y observancia de los centros donde debe aplicarse e identificar a quienes lo hacen, como lo hacen y la veracidad de la publicidad al respecto”. también aquí hubiera sido de desear una mayor claridad por parte de la organización profesional y en aras de la protección de los pacientes.

La homeopatía es placebo

Recordemos que un comité de expertos, designado por Sanidad, dictaminó en diciembre de 2011 que la homeopatía “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta” y que sus resultados en ensayos clínicos son indistinguibles del placebo. No es una opinión aislada. La Asociación Médica Británica ha dicho que la homeopatía “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; y Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón considera que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”. Hasta quienes hacen negocio con ella saben que no sirve para nada. Así, en 2009, Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende remedios homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, dijo ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes.

Por todo eso, y teniendo en cuenta la evidencia científica acumulada durante dos siglos en contra de la homeopatía, el Círculo Escéptico ha pedido al Gobierno de España que, entre otras cosas, “cumpla lo dispuesto en la Directiva 2001/83/CE para proteger al consumidor y prohíba que los productos homeopáticos que no demuestren su efectividad incluyan cualquier indicación terapéutica en el etiquetado, prospecto, publicidad e información relativa a los mismos, y exija a aquellos remedios que pretendan sanar alguna enfermedad o dolencia pruebas clínicas y científicas similares a las de cualquier medicamento”.

Además, el borrador de proyecto de orden ministerial rebaja las tasas que tendría que pagar la poderosa industria homeopática para regularizar la situación de sus productos de 350 millones de euros a poco más de un millón, un trato de favor indignante para una sociedad española que está sufriendo numerosos y drásticos recortes.

La homeopática Boiron paga 12 millones de dólares para frenar las demandas por publicidad engañosa en EE UU

Laboratorios Boiron pagará 12 millones de dólares en Estados Unidos para frenar las denuncias por publicidad engañosa en sus productos, informa The Quackometer. La compañía francesa, principal fabricante mundial de homeopatía,  indemnizará con un total de 5 millones -con un límite máximo de 100 dólares por persona- a aquellos clientes insatisfechos con sus productos para cerrar una demanda por haber violado las leyes californianas de publicidad engañosa, ya que cuatro de sus supuestos remedios no funcionan como dice, no curan lo que prometen. Entre estos falsos medicamentos,  destacan  Oscillococcinum -contra la gripe- y Arnicare -contra el dolor-, dos de los superventas de la firma francesa.

Además, a partir de ahora, el etiquetado de los productos de Boiron deberá incluir en EE UU la advertencia de que la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) no ha verificado su efectividad y una explicación del disparatado método de dilución del principio activo. Según The Quackometer, los cambios en el etiquetado de los productos le costarán a la multinacional homeopática unos 7 millones.

Los dos principios de la homeopatía son que lo similar cura lo similar -un preparado homeopático de cafeína, que provoca insomnio, sería somnífero- y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Estos presupuestos van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico. La homeopatía no ha demostrado nunca su efectividad, más allá del placebo, a pesar de lo cual se vende en farmacias y los colegios de médicos protegen a los facultativos que la practican, aunque el anticonocimiento ponga en peligro la vida de los pacientes.

Por si eso fuera poco, todos los productos homeopáticos de venta en las farmacias de nuestro país carecen de la autorización correspondiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), como explicó en su día el abogado Fernando L. Frías, miembro del Círculo Escéptico. Y, a finales del año pasado, un informe sobre las mal llamadas terapias alternativas elaborado por un grupo de expertos para el Ministerio de Sanidad español concluyó que la homeopatía es nada, un timo. Pero no se preocupen, ¡esto es España y, aquí, atamos los perros con longanizas y la homeopatía funciona!

Los homeópatas se refugian en la física cuántica: crónica de una larga conversación con gente de Boiron

Una hora hemos estado reunidos hoy Fermín Apezteguia, especialista en información sanitaria de El Correo y vecino de Pasamos Consulta, y yo con una portavoz de Laboratorios Boiron, Cristina Mendizábal, y dos médicos homeópatas, María Ángeles Municio y Guillermo Basauri. Han venido al periódico a presentarnos los resultados del Primer estudio sobre conocimiento y uso de homeopatía hecho en España por la multinacional francesa y, sobre todo, a pedirnos una mayor sensibilidad hacia su práctica y que consideremos todas las pruebas que hay a su favor. Da la casualidad de que Municio es la médico a la que la semana pasada, en la entrega de los Coloquios Escépticos dedicada a la homeopatía y protagonizada por Fernando L. Frías, ofrecí 6.000 euros si demostraba que esa pseudoterapia funciona más allá del placebo.

El sondeo sociológico de Boiron está basado en 3.344 entrevistas. Revela, entre otras cosas, que cerca de un tercio de los españoles ha usado alguna vez homeopatía; que al 90% de la población le suena la palabra homeopatía y que, ¡agárrense!, el 75% de los consultados la asocia con un tratamiento médico natural. Es decir, que la homeopatía, siendo tan artificial como es, se apropia de esa falsa buena imagen popular de lo natural. Los resultados del estudio son interesantes porque, a mi juicio, demuestran que queda mucho por hacer en el campo educativo: así, el 55% de los conocedores de esta práctica (2.024 individuos) cree que los tratamientos homeopáticos son preventivos; el 53%, que funcionan; el 48%, que están indicados para “cualquier tipo de enfermedad”; y el 39%, que no tienen efectos secundarios. Éstas son algunas pinceladas del sondeo, que pueden consultar en la web de Boiron. Pero lo importante no son para mí los resultados del estudio, sino el diálogo que hemos mantenido en torno a la efectividad de la homeopatía.

Lo que dice la ciencia

'Oscillococcinum', un producto homeopático contra la gripe totalmente inútil.Había dos visiones opuestas alrededor de la mesa: nuestros visitantes defendían que la homeopatía funciona más allá del placebo; Fermín y yo, que todas las pruebas acumuladas demuestran lo contrario. No he podido evitar recordar a nuestros interlocutores los resultados del metaanálisis publicado el 27 de agosto de 2005 por la The Lancet, según el cual la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo, y cómo esa prestigiosa revista médica sentenciaba en su editorial que había llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más estudios para validarla: “Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”.

Además, les he recordado el informe del Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes que urgió en febrero de 2010 al Servicio Nacional de Salud (NHS) a que no financie la homeopatía, por considerar que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”, y que, por la misma razón, la Asociación Médica Británica (BMA) acordó en junio del año pasado exigir al NHS que deje de financiar los remedios y cuatro hospitales homeopáticos. Por último, he añadido que Edzard Ernst, primer catedrático de Medicina Complementaria del mundo, sostiene que la homeopatía es un timo. Mi compañero les ha comentado que nuestra primera obligación como periodistas es ofrecer información fiable a nuestros lectores y, por ello, no podemos dar crédito a terapias “no avaladas científicamente”.

Municio, pediatra, y Basauri, médico y profesor del Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía (CEDH), han basado su argumentación en que los pacientes dicen que la homeopatía funciona -les he indicado que también la Power balance y otros amuletos funcionan– y en que hay multitud de estudios que así lo demuestran. La réplica por nuestra parte a esta segunda afirmación ha sido que todos los estudios que conocemos, así como el consenso científico, apuntan al placebo como origen del éxito del invento de Samuel Hahnemann.

Homeopatía cuántica

Basauri ha lamentado, además, que a la homeopatía se la mida con diferente rasero que a otras terapias y se la desacredite por “cada tratamiento particular fallido”. El problema, he respondido, es que las bases de la homeopatía van contra lo que sabemos de química y fisiología, y que no hay ningún mecanismo por el que una sustancia diluida infinitesimalmente hasta que no queda una molécula pueda tener efecto alguno. La respuesta de mi interlocutor ha superado mi capacidad de asombro. Yo me esperaba que hablara de la memoria del agua o algo así; pero Basauri ha ido mucho más lejos.

“No tenemos la última respuesta de cómo funciona la homeopatía; pero sí sabemos cómo no: a través de los mecanismos clásicos de molécula-receptor. Los que decís que la homeopatía no es científica os apoyáis en conceptos y argumentos del siglo XIX. Hoy, la ciencia que explica cómo funciona el Universo es la física cuántica”. Entonces, le he preguntado: “¿Me estás diciendo que los mecanismos de la homeopatía se encuentran en la física cuántica?”. “¡Claro!”, me ha respondido. En ese momento, he tirado mentalmente la toalla y me he acordado del manopuntor coreano y de la reikióloga que, en el episodio de Escépticos sobre terapias alternativas, decían detectar una energía indetectable todavía para la ciencia porque no estamos lo suficientemente adelantados. La de Basauri es la justificación perfecta. Pero ya lo decía hace unos días Juan Ignacio Cirac: “La física cuántica no puede servir para venderlo todo ni explicar ocurrencias”.

La conversación ha terminado como ha empezado: cordialmente y con cada uno en su sitio. Mendizábal, Municio y Basauri nos han preguntado si estaríamos dispuestos a cambiar de opinión a partir de pruebas. Les hemos dicho que sí y han quedado en enviarnos estudios que apoyan su punto de vista, a lo que hemos puesto dos condiciones: que estén publicados en revistas de prestigio con revisión por pares y que los someteremos al escrutinio de científicos de nuestra confianza antes de escribir nada.

Por el reconocimiento de la terapia ferroviaria por el Sistema Nacional de Salud

Vecinos de Rawa Buaya, en Indonesia, tumbados en la vías del tren para curarse de sus males. Foto: Reuters.

Imagine que se populariza la creencia, por ahora limitada al pueblo indonesio de Rawa Buaya, de que la electricidad estática de las vías del tren tiene poderes curativos contra algunas enfermedades. No es algo más disparatado que creer que, cuanto más disuelta está una sustancia, más potente es, uno de los principios básicos de la homeopatía. Así que considere la posibilidad de que se extienda por el mundo el hábito sanitario de tumbarse en las vías, que haya médicos especialistas en ese campo que lo recomienden a pesar de la ausencia de pruebas sobre su efectividad, que muchos enfermos realicen esa práctica de modo complementario -sin renunciar a otros tratamientos realmente curativos- y que llegue un momento en que los terapeutas ferroviarios pidan su rconocimiento por las autoridades sanitarias. ¿Qué deberían hacer las autoridades?

Yo lo tengo claro: reconocer como tales sólo aquellas terapias demostradas científicamente y, si llega el caso, proteger a los ciudadanos ante quienes vendan remedios y tratamientos fraudulentos. Añado a eso que el dinero de todos únicamente ha de financiar tratamientos médicos de efectividad probada. Si alguien quiere que le hagan una limpieza de aura o tumbarse en las vías del tren, que se lo pague de su bolsillo y que tenga cuidado. Obviamente, siempre habrá grupos de presión, sean médicos acupuntores, terapeutas ferroviarios o multinacionales de la homeopatía que vendan nada a precio de oro. Y siempre habrá políticos dispuestos a plegarse a los intereses de esos grupos y agradar a los colectivos de afectados que quieren que el reiki, las flores de Bach y la reflexoterapia se las paguemos entre todos. ¿Qué creen ustedes que deben hacer los científicos cuando pasa algo así?

También lo tengo claro: dictaminar lo que está científicamente demostrado y lo que no. Luego, los políticos harán lo que más convenga a sus intereses -que no tienen necesariamente que coincidir con la consecución del bienestar general-, como ha sucedido en Reino Unido, donde la Asociación Médica Británica (BMA) y una comisión parlamentaria determinaron que la homeopatía es un timo y el Gobierno ha decidido ignorar el punto de vista científico. La decisión política no debe, sin embargo, acallar a los científicos, sino que ha de animarles a gritar más alto, a denunciar públicamente el disparate cuantas veces haga falta y mediante todos los medios posibles. Porque quienes saben no pueden permanecer callados cuando lo que se hace desde las instituciones es amparar a timadores de la salud que podrían acabar recibiendo dinero de todos para paracticar terapias no más efectivas que el “cura, cura, sana, culito de rana”.

Sanidad amparará timos

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.¿A qué viene todo esto? A que el ministerio español de Sanidad, dirigido por Leire Pajín, la ministra Power Balance, va a regular la práctica de terapias cuyas efectividad no ha sido demostrada después de décadas de investigación. Pajín anunció en julio que la lista de medicinas alternativas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud se conocerá este mes y que, entre ellas, estará la quiropráctica, cuyos practicantes sostienen que la mayoría de las enfermedades se deben a subluxaciones de la columna vertebral que presionan los nervios y dicen que pueden sanar o aliviar a los enfermos corrigiendo esas subluxaciones, de cuya existencia, por cierto, hay tantas pruebas científicas como de la de los espíritus.

La decisión gubernamental va a tomarse a partir de un documento elaborado por responsables del Ministerio de Sanidad y Consumo y las comunidades autónomas, que dice, entre otras cosas, que “en términos generales, pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos. Sin embargo, esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia”. El razonamiento, digno de Groucho Marx, serviría para ampliar sin problemas el campo de las terapias alternativas al vudú y la regresión a vidas pasadas, que en el fondo tienen tanto fundamento como la homeopatía, la quiropráctica, la reflexología y demás pseudomedicinas.

Seguidamente, los autores del informe argumentan que “muchos pacientes refieren cierto grado de satisfacción asociado a una percepción de mejoría de los síntomas o en su bienestar o en calidad de vida, aunque en muchas ocasiones no se dispone de estudios que permitan determinar si esta mejoría es debida al efecto específico causado por el tratamiento administrado o a un efecto placebo” y que, “además, muchas veces las terapias naturales son utilizadas como segunda o tercera opción de tratamiento, o con carácter meramente complementario, por lo que los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. Resumiendo: las llamadas terapias naturales no funcionan, pero hay quienes dicen que les van bien -aunque puede ser que se deba al efecto placebo- y las usan como complemento, por lo que no importa que no funcionen. Por si eso fuera poco, el periodista científico Mauricio-José Schwarz destaca que, “en el colmo de la exhibición de ignorancia, [los expertos de Sanidad y las comunidades autónomas] comentan un supuesto estudio sobre el oscillococcinum que dice usar la homeopatía y que, simplemente, no existe“.

Con esos mimbres tan quebradizos, el departamento que dirige la ministra Power Balance va a fabricar un cesto legal para amparar pseudomedicinas que en nada se diferencian de la brujería y va a darles credibilidad, jugando con la salud de los ciudadanos. Ya, de paso, podía incluir la terapia ferroviaria entre las prácticas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud en previsión de su importanción desde Oriente, vista la satisfacción que muestran los vecinos del pueblo de Rawa Buaya después de tumbarse en las vías. A fin de cuentas, los expertos Sanidad y las comunidades autónomas creen que, aunque no haya pruebas de que una terapia funcione, si la gente cree en ello y la usa como práctica complementaria, “los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. ¿Cabe mayor desfachatez? Por mucha gente que crea en algo y se sienta mejor por creer en ese algo, eso no implica que ese algo exista. ¿O es que los millones de pulseras Power Balance que se han vendido en todo el mundo a convencidos de su poder significan algo más que que hay millones de ingenuos como Leire Pajín?

Si la homeopatía, el reiki, las flores de Bach y otras muchas terapias alternativas no han demostrado su eficacia científicamente, es que no funcionan más allá del placebo. El resto son fuegos de artificio para contentar a los grupos de presión formados por los profesionales de esas prácticas y la industria alternativa en detrimento de los pacientes, las víctimas, los timados.

¡Señores de Boiron, demanden a todos los que decimos que Oscillococcinum no tiene principio activo o cállense!

Oscillococcinum, un producto homeopático contra la gripe totalmente inútil.Me he suicidado varias veces ingiriendo grandes dosis de Sedatif PC, un supuesto somnífero de Laboratorios Boiron. Si estoy aquí contándoselo, es porque ese producto no contiene principio activo alguno y sus efectos se limitan a los propios del placebo. De haber hecho lo mismo con un sedante de verdad, posiblemente no estaría vivo. Pero, con un remedio homeopático, un producto en el que el principio activo está diluido hasta dosis infinitesimales, no hay ningún riesgo más allá de que te suba el azúcar. Porque Sedatif PC no tiene ni una molécula de principio activo; sólo azúcares. Y lo mismo pasa con otros productos de esa multinacional francesa.

El  escéptico italiano Samuele Riva escribió el mes pasado en su blog dos anotaciones en las que decía que Oscillococcinum, un remedio de Boiron contra la gripe, no tiene  ningún principio activo y se mofaba de ello, y de la homeopatía en general. Al día siguiente de la publicación del segundo texto, Boiron mandó una carta al proveedor de Internet de Riva amenazando con acciones legales si no se retiraba toda mención al producto y a la empresa fabricante. ¿Pero qué es Oscillococcinum? Según Boiron, un fármaco contra la gripe. El problema es que, si es verdad lo que dice el prospecto, carece de principio activo. Es decir, no es nada y, por tanto, es tan útil para luchar contra esa enfermedad como una gominola.

La preparación de un producto homeopático empieza con un ingrediente que se disuelve en 99 partes de agua, alcohol o lactosa (1 CH o centesimal hahnemaniano, llamado así por el inventor de la homeopatía). Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así, sucesivamente. Cada una de esas mezclas va seguida de una sacudida mágica y hay productos de venta en farmacias con diluciones de cientos de CH. A los homeópatas no les importa que, según las leyes de la química, por encima de los 12 CH ya no pueda haber ni una molécula de sustancia activa en un preparado. Para ellos, eso no es problema.

 Pato diluido infinitesimalmente

Pues, bien, Oscillococcinum contiene extracto de corazón e hígado de pato diluido a 200 CK. ¿Qué significa eso? El CK hace referencia a una variante del método tradicional inventada por Semion Korsakov. “En lugar de la tediosa tarea de sacar una centésima parte de una mezcla para mezclarla en otras 99 partes de agua, una y otra vez, Korsakov pensó que se podrían obtener resultados similares simplemente tirando la mezcla por el desagüe y rellenando el frasco con agua pura: los residuos de la mezcla anterior que hubiesen quedado en las paredes y el fondo del frasco serían suficientes para dinamizar la nueva mezcla. Como es un método evidentemente ojimétrico, los homeópatas no se ponen de acuerdo sobre si un grado korsakoviano equivale a un centesimal hahnemaniano o más bien a 1,5, pero, la verdad, tampoco es que importe demasiado”, explica el abogado Fernando L. Frías, miembro del Círculo Escéptico. Da igual que la dilución 200 CK del Oscillococcinum equivalga a 100 CH o 150 CH: en ningún caso contendrá una molécula de pato, así que los ecologistas pueden estar tranquilos. “Para encontrar una sola molécula de la tintura madre original en una dilución a 200 CK, tendríamos que transformar toda la materia del Universo en agua dinamizada y bebérnosla. Y, luego, encontrar otros cien universos iguales y bebérnoslos también”, indica Frías.

Etiquetado de Oscillococcinum, un producto homeopático contra la gripe totalmente inútil.Con su carta, la multinacional francesa pretende silenciar por la brava a un crítico de la homeopatía, una práctica cuyos principios -que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarla y que, cuanto más pequeña es la dosis, mayores son sus efectos- son pura charlatanería pseudocientífica. Por eso, Ronald A. Lindsay, presidente del Centro para la Investigación (CfI), entidad con la que colaboro desde hace años, ha lanzado un reto que hago mío: “Boiron, por favor, demándenos”. Demanden a todos aquéllos que decimos que productos como Oscillococcinum es nada. “Si creen sinceramente que su producto tiene un principio activo como dice el etiquetado, demuéstrenlo. No elijan como objetivo un bloguero. Demándennos a todos aquéllos en la comunidad científica que sabemos, y afirmamos, que lo que ustedes dicen es falso. Señores de Boiron, hagan eso o cállense”, ha dicho el máximo responsable del CfI. Obviamente, es más fácil intentar intimidar a un humilde bloguero que dice la verdad que demostrar en el laboratorio -el terreno de juego de la ciencia- lo que todavía ningún homeópata ha hecho en más de 200 años: que la homeopatía funciona más allá del placebo.