Organización Médica Colegial

El presidente de la OMC dice que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” sin base científica

Juan José Rodríguez Sendín. Foto: OMC.El presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, considera que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” que no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” a su favor y pertenece “al mundo de las creencias”, según informa Europa Press. “No sólo es el máster de la Universidad de Barcelona [suspendido la semana pasada],  sino que también hay otros e, incluso, secciones de homeopatía dentro de los propios colegios de médicos. Se trata de ir convenciéndolos de que no tiene ningún sentido tener una estrategia que es engañosa y que no tiene ninguna evidencia científica”, ha añadido.

Rodríguez Sendín asegura que no se puede sancionar a los médicos que practican la homeopatía porque la ley la permite, y ha indicado que es necesario ir convenciendo a esos médicos homéopatas “con absoluto respeto”, puesto que están convencidos de que esa pseudoterapia “funciona”. Además, ha mostrado su satisfacción porque España no haya desarrollado la directiva europea que regula el uso de la homeopatía, ya que, en su opinión, esta normativa es un “disparate” porque sólo está “movida” por intereses económicos.

Es de agradecer que el presidente de la organización que regula la práctica médica en España se desmarque de la ambigüedad que hasta ahora ha caracterizado a los máximos responsables de la profesión. Sólo falta que todos los colegios de médicos eliminen sus correspondientes secciones de homeopatía; la UNED, la Universidad Camilo José Cela y la Universidad Católica de Murcia, entre otras, supriman sus cursos sobre esta práctica; y la OMC haga cumplir su código deontológico, que establece, en su artículo 26, que “el médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente” y que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”.

La OMC viola su código ético al no hacer nada contra el charlatanismo médico

Artículo del código deontológico médico contra el uso de prácticas pseudocientíficas.La Organización Médica Colegial (OMC) de España, que regula la práctica de la medicina, establece en el artículo 26 del código deontológico de la profesión que “el médico debe emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente” y que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”.

La OMC tiene entre sus fines estatutarios “la salvaguardia y observancia de los principios deontológicos y ético-sociales de la profesión médica y de su dignidad y prestigio”. Y su Código de Deontología Médica recoge unas normas que “obligan a todos los médicos en el ejercicio de su profesión, cualquiera que sea la modalidad en la que la practiquen”, y cuyo incumplimiento en algunos casos -ignoro cuáles porque no se especifica- “supone incurrir en falta disciplinaria tipificada en los Estatutos Generales de la Organización Médica Colegial, cuya corrección se hará a través del procedimiento normativo en ellos establecido”.

Visto lo que dicen sus propias normas éticas, ¿por qué la OMC que los colegios de médicos amparen a homeópatas, acupuntores y otros practicantes de terapias sin base científica? ¿Cómo casan esos elevados principios éticos con que, por ejemplo, el Colegio de Médicos de Barcelona promocione desde hace años la enseñanza de pseudoterapias a través de másteres como el de homeopatía que esta misma semana ha suprimido de su oferta la Universidad de Barcelona por la falta de evidencia científica a favor de esa práctica? ¿Hará alguna vez la OMC algo para impedir que un sector de sus colegiados siga jugando con la salud de los ciudadanos, vendiéndoles remedios mágicos como si fueran ciencia ciencia?

Soy muy escéptico respecto a que la OMC vaya a hacer cumplir alguna vez el código deontológico de la profesión médica en lo que se refiere a las mal llamadas terapias alternativas. Ojalá me confunda.

La Organización Médica Colegial denuncia ante Sanidad un anuncio de tratamientos milagrosos contra el cáncer

Anuncio del libro 'Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo', de José Antonio Campoy y Antonio Muro, publicado en la revista 'Discovery DSalud'.La Organización Médica Colegial (OMC) ha denunciado ante el Ministerio de Sanida un anuncio sobre el cáncer publicado por la revista Discovery DSalud según el cual “millones de personas de personas mueren cada año a causa del cáncer porque ¡la quimioterapia y la radioterapia no funcionan!”, mientras “hay terapias mucho más eficaces que se ocultan”. Así se publicita en esa revista desde hace años la obra en dos tomos Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo, en la cual los periodistas José Antonio Campoy y Antonio Muro exponen “los tratamientos más eficaces del mundo” contra esa enfermedad y facilitan “nombres, direcciones, teléfonos de contacto y webs” de sus practicantes.

Campoy, exdirector de la revista Más Allá y defensor de que el VIH no es la causa del sida, y Muro sostienen que “hoy día es indefendible que la radioterapia y la quimioterapia sean los tratamientos de referencia” contra el cáncer. “No sólo no curan el cáncer, sino que pueden provocarlo y extenderlo”, dicen. En su opinión, “lo más sangrante es que se está ocultando que existen tratamientos alternativos que han demostrado su eficacia”, de los cuales ellos dan a conoce en su libro “los más importantes”. ¿Cuáles? Sin ánimo de ser exhaustivo, en la tercera edición de la obra -entonces era un único volumen- proponían:

-la nueva medicina germánica de Ryke Gerd Hamer, “según la cual la inmensa mayoría de los cánceres tiene su origen en un fuerte shock traumático inesperado que pilla a uno a contrapie y se vive en soledad”;

-la anatheóresis, o regresión hipnótica al estado fetal y a la infancia, de Joaquín Grau, para quien “la mayor parte de las enfermedades, si no todas”, se deben a “hechos emocionalmente dolorosos que todos, en mayor o menor medida, sufrimos durante nuestra gestación en el seno materno, durante el nacimiento y a lo largo de los primeros años de infancia, y cuya energía retenemos y embalsamos”;

-una dieta especial creada por el español Francisco Martín Acrís, que “tiene la virtud de desintoxicar nuestro organismo, mejorar su metabolismo, incrementar las defensas del sistema inmune y, consecuentemente, permitir que nuestro propio cuerpo encuentre la solución al cáncer… y a cualquier otra patología que podamos padecer”;

-“la depuración del hígado y el riñón” a base de Calcarea carbonica, Licopodium y otros preparados homeopáticos;

-la vitamina C a altas dosis, el Bio-Bac…

Entre los factores de riesgo para el cáncer, Campoy y Muro destacan las radiaciones electromagnéticas. Para ellos, “son potencialmente  peligrosas tanto las naturales como las artificiales, las ionizantes como las no ionizantes”. Admiten que hay muchos factores de riesgo cancerígeno, pero afirman que “en la gran mayoría de los casos detrás del comienzo de la enfermedad se encuentra un factor ignorado por la oncología oficial: el factor psicoemocional. Tras el 80% u 85% de los cánceres podemos encontrar casos acaecidos durante la gestación o la infancia”, o siendo ya adultos. “Obviamente, cuando el cáncer lo provoca un shock traumático, centrar el tratamiento terapéutico exclusivamente en el ámbito físico es un gigantesco error. La biología es importante, pero no lo es menos la biología del alma”. Mariló Montero llorará de alegría.

La queja de la OMC

Portada del número 162 de 'Discovery DSalud'.El 12 de septiembre, Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la OMC, informó al Ministerio de Sanidad de la existencia del anuncio, publicado en el número 174 (septiembre 2014) de Discovery DSalud, “por si pudiera constituir algún tipo de ilícito, tanto penal (delito contra la salud pública), como administrativo (publicidad ilícita y sin autorización) y, en su caso y sin perjuicio de formalizarla este organismo, se eleve la oportuna denuncia ante la Fiscalía General del Estado u organismo que se considere competente, y se reitere la misma ante los órganos competentes de la Administración sanitaria de la comunidad autónoma que corresponda, a los efectos de tomar las medidas que procedan”. La OMC considera que “dicha publicidad, además, podría ser catalogada como engañosa, según el régimen jurídico de la publicidad sanitaria”, y se basa para ello en que:

-la Ley General de Sanidad de 1986 ordena “que las Administraciones públicas, en el ámbito de sus competencias, realicen «un control de la publicidad y propaganda comerciales para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que puede constituir un perjuicio para la misma» (artículo 27). Asimismo, recuerda que prevé la inspección y control de la promoción y publicidad de los centros y establecimientos sanitarios (artículo 30.1), la autorización previa de la publicidad de los medicamentos y productos sanitarios (artículo 102), y que encomienda «a la Administración sanitaria del Estado valorar la seguridad, eficacia y eficiencia de las tecnologías relevantes para la salud y la asistencia sanitaria» (artículo 110)”;

-la Ley General de Publicidad de 1988 permite regular la publicidad de los productos, bienes, actividades y servicios susceptibles de generar riesgos para la salud o seguridad de las personas y concretamente “la forma y condiciones de difusión de los mensajes publicitarios” (artículo 8);

-el Decreto 1907/1996 sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, que en su artículo 1 dispone que las Autoridades sanitarias y demás órganos competentes “controlarán la publicidad y promoción comercial de los productos, materiales, sustancias, energías o métodos que se anuncian o presentan como útiles para el diagnóstico, prevención o tratamiento de enfermedades o desarrollos fisiológicos, adelgazamiento, modificación del estado físico o psicológico, restauración, corrección o modificación de funciones orgánicas u otras pretendidas finalidades sanitarias, para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que pueda constituir un perjuicio para la misma”; y que

-el artículo 4 del Decreto 1904/1996 establece que “queda prohibida cualquier clase de publicidad o promoción directa o indirecta, masiva o individualizada, de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria” si éstos se destinan “a la prevención, tratamiento o curación de enfermedades transmisibles, cáncer y otras enfermedades tumorales, insomnio, diabetes y otras enfermedades del metabolismo”, si pretenden “una utilidad terapéutica para una o más enfermedades, sin ajustarse a los requisitos y exigencias previstos en la Ley del Medicamento y disposiciones que la desarrollan”, si proporcionan “seguridades de alivio o curación cierta”, si aportan “testimonios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo”, y si, en general, se atribuyen “efectos preventivos o terapéuticos específicos que no estén respaldados por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas y expresamente reconocidas por la Administración sanitaria del Estado”.

No soy abogado, pero, a mi juicio, no es sólo el libro de Campoy y Muro incurre en esos supuestos de publicidad ilícita o prohibida. También la revista Discovery DSalud, que dirige el primero, lo hace sistemáticamente desde su nacimiento, tanto en su contenido informativo como en el publicitario. Desde 1999, esa publicación es el altavoz de los colectivos más paranoicos, extravagantes y peligrosos del sector sanitario español. No hay terapia loca, producto milagro e idea estrafalaria sin hueco en Discovery DSalud.

Así, en enero de 2008, Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria, alertaba en sus páginas de que “es muy posible que el cáncer no sea una enfermedad causada por un error genético, sino que se trate de un proceso biológico de desintoxicación” y, pode eso, su curación “puede lograrse si el paciente cambia completamente el chip de quién es, cuenta con apoyo psicológico, hace una alimentación natural, elimina todas las fuentes que contaminan su organismo, no vuelve a introducir ninguna toxina en su cuerpo y, finalmente, deja que el organismo funciones de forma natural”. ¿Se imaginan los efectos que pueden tener estas patrañas en un enfermo desesperado? No duden de que habrá pacientes que hayan abandonado los tratamientos de efectividad científicamente demostrada para seguir los consejos milagreros de Campoy, Muro y compañía.

Discovery DSalud está llena de publicidad de complementos alimenticios, sistemas de “protección total contra los campos electromagnéticos”, aparatos milagrosos que trabajan la “energía vital y oxigenación”, productos adelgazantes, regeneradores de los “patrones de información y energía articular”, cursos de pseudoterapias y otros timos. En sus editoriales, el director de la revista sostiene cosas como que hay genes implicados en el desarrollo del cáncer “que se ignoran de forma desinteresada” y, con motivo de la doble mastectomía de Angelina Jolie, dijo que la actriz “no ha sido sino la tonta útil que se ha usado para poner en marcha el enésimo negocio de una gente insaciable”.

Habrá que esperar a lo que dictamine el Ministerio de Sanidad, si es que hace algo. Y es que la historia no es nueva. Según me ha contado el médico Adrian Hugo Llorente Aginagalde, representante de la plataforma Con la Salud no se Juega, “el anuncio de Discovery DSalud llevaba meses siendo denunciando en las redes sociales por distintos profesionales sanitarios. El primero, si no me equivoco, fue el nutricionista Àlex Pérez Caballero, sin que las autoridades se interesaran por ello, aunque al Ministerio se le había preguntado si no iba a tomar medidas”. Ante la pasividad del Gobierno, Llorente Aginagalde y sus colegas dieron un paso adelante. “Trasladamos la queja a Serafín Romero, secretario general de la OMC, entidad que nos representa, en última instancia vela por el cumplimiento del código deontológico entre los profesionales de la medicina y tiene entre sus fines fundacionales colaborar con los poderes públicos para la consecución del derecho a la protección de la salud de los ciudadanos. Romero nos informó de que remitiría el anuncio a los servicios jurídicos y hace unos pocos días supimos que habían decidido hacer llegar la denuncia al Ministerio de Sanidad, Igualdad y Políticas Sociales para que se investigara, ante lo cual sólo podemos felicitar a la OMC por la decisión tomada”. Si Sanidad no hace nada, la OMC seguirá adelante y pondrá los hechos en conocimiento de la Fiscalía, según me han confirmado fuentes de la organización colegial.

El consultorio del extraterrestre Geenom que José Antonio Campoy llevaba en 'Más Allá'.

Denuncia “esperpéntica”

Campoy, por su parte, ha enviado a la ministra Ana Mato una carta de réplica, publicada en Facebook, en la que califica la queja de la OMC de “esperpéntica”. Habla de esperpento el autor del libro Entrevista a un extraterrestre: Geenom (1997), que recoge sus presuntas conversaciones con un alienígena. Geenom -como pueden ver en el consultorio que aquí reproduzco, que se publicaba mensualmente en la revista Más Allá-, era partidario de la urinoterapia y consideraba que la mayoría de las enfermedades tienen un origen emocional.

En opinión de Campoy, la denuncia se debe a que “a los actuales responsables la Organización Médica Colegial no les ha gustado nada que en el anuncio se diga que «millones de personas mueren cada año a causa del cáncer porque la quimioterapia y la radioterapia no funcionan». Sin embargo ninguna de las normas legales citadas es de aplicación en el caso que nos ocupa. Un libro no es ni un fármaco, ni una especialidad farmacéutica, ni un alimento, ni un producto dietético o fitoterápico, ni un suplemento ortomolecular, ni un dispositivo médico o sanitario, ni un protocolo de tratamiento. Y encima los autores somos periodistas y no profesionales sanitarios a los que poder llevar a sus comités de ética a fin de echarles de la profesión si disienten de las verdades oficiales y no acatan obedientemente lo que se les ordena. Periodistas que lo que hacen es recoger en dos tomos -y en numerosos artículos posteriores a éstos- lo que cada vez más médicos, farmacéuticos, biólogos, bioquímicos y otros muchos especialistas en salud de muy diferentes disciplinas afirman: que el actual paradigma oncológico está obsoleto y los tratamientos y productos utilizados en cáncer no funcionan. Es decir, el libro refleja la opinión de expertos perfectamente identificados cuyos trabajos y artículos se citan. Luego la frase que aparece en el anuncio denunciado -que, por cierto, aparece en la revista casi todos los meses desde 2006, es decir, desde hace 8 años- es el resumen implícito de lo que muchos de ellos afirman”.

Tiene razón el exdirector de Más Allá en que un libro no es un fármaco ni nada parecido, pero el suyo es una guía repleta de peligrosas falsedades que pueden llevar a enfermos de cáncer a sufrir un calvario añadido a la propia enfermedad. Desde mi punto de vista, la obra  Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo promociona “productos, materiales, sustancias, energías o métodos” que pretenden curar esa patología y nunca han sido probados científicamente, y ofrece una lista de nombres, teléfonos y direcciones de los que presenta en la contraportada como “los tratamientos más eficaces del mundo contra la enfermedad”. Dice Campoy en su carta que lo que la OMC “intenta es un vergonzoso atentado contra la libertad de expresión, la libertad de información y la libertad de prensa, impropio de un Estado de Derecho”. No es así: la OMC trata de defender a los enfermos frente a los vendedores de milagros como él.

Recetar productos homeopáticos no es un acto médico, según la Organización Médica Colegial

Recetar remedios homeopáticos no es un acto médico, según se desprende de la declaración aprobada el sábado en Granada por la asamblea general de la Organización Médica Colegial (OMC) “ante la publicación del borrador de la orden del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para regular los medicamentos homeopáticos“. Hace cuatro años, la entidad acordó el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”. Ahora, dice que “no forman parte del acto médico aquellas acciones u omisiones que, al margen del ejercicio de la medicina, un ciudadano con la condición de licenciado o especialista en medicina pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia”. Dado que el documento define el ejercicio de la medicina como “un servicio basado en el conocimiento científico aplicado, en la destreza técnica y en actitudes y comportamientos éticos”, y la homeopatía carece de base científica y de pruebas que la avalen, ¿significa eso que dejan de considerar lo que hace un médico homeópata no es un acto médico? No y sí.

“Es un acto médico toda actividad lícita, desarrollada por un profesional médico, legítimamente capacitado, sea en su aspecto asistencial, docente, investigador, pericial u otros, orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud. Se incluyen actos diagnósticos, terapéuticos o de alivio del sufrimiento, así como la preservación y promoción de la salud, por medios directos e indirectos”, recuerda el texto de la OMC. Desde ese punto de vista, si un médico homeópata le examina a usted y concluye que tiene gripe, estamos ante un acto médico. Sin embargo, si después le receta Oscillococcinum, un remedio homeopático contra la gripe que carece de principio activo y cuya eficacia nunca se ha probado, está actuando según sus creencias y esa acción no se consideraría, por tanto, acto médico. “Si [lo que se receta] es un producto no basado en la evidencia científica, no es un acto médico”, me ha confirmado un portavoz de la institución colegial. ¿Maquiavélico? Por supuesto, porque lo lógico sería desautorizar la práctica de la homeopatía por profesionales de la medicina, pero aún así estamos ante un avance en el arrinconamiento de esta forma curanderismo.

Los médicos “están obligados por la normas del Código de Deontología Médica a emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente”, dice la declaración de la OMC. Y añade que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”. El texto no cita la homeopatía expresamente, pero, como ésta carece de base científica y su efectividad nunca ha sido demostrada, es lícito concluir que su práctica no es ética desde el punto de vista médico.

La ingenuidad de la OMC

La organización colegial advierte de que “cada una de las técnicas y terapias no convencionales deberá demostrar / avalar científicamente su eficacia, efectividad, eficiencia, calidad y seguridad para que puedan ser reconocidas por la comunidad médica”, algo que ninguna ha hecho porque, si no, no serían “no convencionales”. Esa falta de pruebas las sitúa entre las prácticas no éticas, por lo cual lo lógico sería que la institución profesional, que “agrupa, coordina y representa a los 52 colegios oficiales de médicos a nivel nacional e internacional”, las erradicara de la profesión. No se anuncia nada parecido. Sin embargo, la declaración -como ya hemos visto- apunta a un esperanzador cambio de rumbo en la OMC en cuanto a la consideración de la práctica homeopática, aunque también adolece de ingenuidad.

“En tanto las denominadas técnicas y terapias no convencionales no hayan conseguido dotarse de una base científica suficiente, los médicos que las aplican están obligados a informar a los pacientes de forma clara e inteligible, con rigor y minuciosidad, tanto del posible beneficio y riesgo que las mismas conllevan como de las alternativas terapéuticas existentes y fundamentadas científicamente así como de la eventualidad de un mal resultado”, reclama la OMC. ¿De verdad cree alguien que un homeópata o acupuntor va a informar con “rigor y minuciosidad” a sus pacientes sobre la ausencia de efectividad demostrada de su práctica? Basta escuchar a estos profesionales en la radio y la televisión para comprobar que hacen todo lo contrario, llegando incluso a recomendar homeopatía para sustituir a las vacunas.

Cabe destacar, por último, que la OMC hace una llamada a la responsabilidad de las Administraciones, que “debe estar fundamentada en la necesaria regulación de estas técnicas y terapias no convencionales, así como en las repercusiones sobre el uso y la aplicación de estas prácticas en el ámbito de la salud pública, los riesgos derivados de su mala utilización o utilización inadecuada, y la regulación y observancia de los centros donde debe aplicarse e identificar a quienes lo hacen, como lo hacen y la veracidad de la publicidad al respecto”. también aquí hubiera sido de desear una mayor claridad por parte de la organización profesional y en aras de la protección de los pacientes.

La homeopatía es placebo

Recordemos que un comité de expertos, designado por Sanidad, dictaminó en diciembre de 2011 que la homeopatía “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta” y que sus resultados en ensayos clínicos son indistinguibles del placebo. No es una opinión aislada. La Asociación Médica Británica ha dicho que la homeopatía “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; y Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón considera que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”. Hasta quienes hacen negocio con ella saben que no sirve para nada. Así, en 2009, Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende remedios homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, dijo ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes.

Por todo eso, y teniendo en cuenta la evidencia científica acumulada durante dos siglos en contra de la homeopatía, el Círculo Escéptico ha pedido al Gobierno de España que, entre otras cosas, “cumpla lo dispuesto en la Directiva 2001/83/CE para proteger al consumidor y prohíba que los productos homeopáticos que no demuestren su efectividad incluyan cualquier indicación terapéutica en el etiquetado, prospecto, publicidad e información relativa a los mismos, y exija a aquellos remedios que pretendan sanar alguna enfermedad o dolencia pruebas clínicas y científicas similares a las de cualquier medicamento”.

Además, el borrador de proyecto de orden ministerial rebaja las tasas que tendría que pagar la poderosa industria homeopática para regularizar la situación de sus productos de 350 millones de euros a poco más de un millón, un trato de favor indignante para una sociedad española que está sufriendo numerosos y drásticos recortes.

La Organización Médica Colegial reconoce el curanderismo homeopático como acto médico

“Los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía“, reclamaba The Lancet hace cuatro años, después de que la comparación de los resultados de 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales demostrara que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente. La Organización Médica Colegial (OMC) española ha decidido ignorar el consejo de la prestigiosa revista y ha acordado en asamblea el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”, noticia de la que me he enterado gracias a Aitor Guitarte.

A pesar de que no hay más pruebas de la efectividad de la homeopatía que de la de los pases de manos y el “cura, cura, sana, culito de rana”, el gremio médico español apuesta por perpetuar el engaño y continuar disfrazando de práctica científica algo que no es más que hechicería. Los homeópatas sostienen, en contra de los principios de la química y la bioquímica que se enseñan en las facultades de Medicina, que un remedio es más potente cuanto más diluido está y que la máxima potencia se logra con remedios en los cuales no queda ni una molécula de principio activo. Según eso, sería más potente desde el punto de vista alcohólico un vaso de agua con una gota de vino que un vaso de vino con una gota de agua.

La homeopatía va contra toda lógica; pero eso no importa a entidades como la OMC, que no están para defender a los pacientes, sino a sus asociados. Como hay médicos que se ganan la vida, y muy bien, practicando una pseudociencia, el colectivo defiende que lo hagan y pide que se impida que ejerzan de homeópatas aquéllos no titulados en Medicina para evitar que hagan la competencia a sus colegiados que optan por el curanderismo. Evidentemente, un homeópata con formación médica no pedirá a un paciente que suspenda un tratamiento convencional efectivo: sólo en ese sentido, la homeopatía practicada por titulados en Medicina es más segura que la realizada por gente sin conocimientos médicos. Pero la cuestión de fondo es que la homeopatía no es efectiva independientemente de quién la ejerza y, por eso mismo, no debería nunca ser considerada un acto médico.

En perjuicio de los pacientes

Si los homeópatas están tan seguros de que sus productos curan, ¿por qué no piden que se sometan a las mismas pruebas que cualquier otro medicamento?, ¿por qué lo único que han de demostrar los preparados homeopáticos es que son inocuos? Hace unas semanas Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende remedios homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, declaró ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes, que investiga los fundamentos científicos de la homeopatía.

“Lo que persigue la OMC con este reconocimiento de la homeopatía como acto médico no es más que proteger la salud de la población. Con ello se va a conseguir, además, impedir que esas actividades que se practican con ciudadanos las lleven a cabo personas sin la formación adecuada, puesto que muchas veces dicha formación es, incluso, nula”, ha dicho Cosme Naveda, coordinador del Área Para las Relaciones Con las Terapias Médicas No Convencionales de la OMC. Esa lógica debería llevar a la OMC a reconocer como actos médicos todo tipo de curanderismos porque también en ellos está en juego la salud de ciudadanos. Pero, repito, no se confundan, no estamos ante una decisión tomada por los médicos en beneficio de la población, sino ante un acuerdo gremial cuyos únicos beneficiarios serán los homeópatas y los farmacéuticos, y cuyos perjudicados serán unos pacientes que seguirán pagando por un acto médico que no lo es y por un fármaco que tampoco.

Naveda me dijo en 2005 respecto a la homeopatía: “A pesar de la realidad social, de la popularidad de este tipo de prácticas, ¿qué pasa si no hay pruebas científicas de su efectividad? ¿Las proscribimos? Si no funcionan, no podremos defenderlas. De hecho, no están incluidas en la medicina pública porque no han demostrado ser efectivas”. Nada ha cambiado en los últimos cuatro años, la homepatía sigue siendo una pseudomedicina, pero la OMC ha decidido defenderla.