Milagros

Por qué no hay que creer en los milagros, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre por qué no hay que creer en los milagros, en la trigésima novena y última entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo aquí.

Milagros y apariciones marianas, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre milagros y apariciones marianas, en la trigésima segunda entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Inundaciones en el santuario de Lourdes: ¡no hay milagros que valgan!

Una caseta pasa flotando por delante de la entrada de la gruta de Lourdes, con la figura de la Virgen María a la derecha y un detalle del Cristo de la cueva al que casi alcanza el agua. Foto: Laurent Dard (AFP).

Parece como si la estatua de la Virgen María -a la derecha, entre las rocas- quisiera esconderse. La foto, de Laurent Dard (AFP), es de la entrada de la gruta del santuario francés de Lourdes, cerrado por tercer día consecutivo por la crecida del río Gave de Pau. En el recuadro, de otra imagen de la misma serie, se ve cómo el agua llega casi hasta la base de un Cristo que hay dentro de la cueva. Si yo fuera un ser con poderes sobrenaturales y me hubieran erigido ahí una estatua, también me escondería. De vergüenza. ¿Qué es eso de que una divinidad no pueda evitar unas simples inundaciones cuando 6 millones de personas visitan cada año su santuario buscando, muchos de ellos, curas milagrosas a males incurables? Ya ven, cuando se necesitan, ¡no hay milagros que valgan! Y la gruta donde, según la leyenda, la Virgen María se apareció en 1858 a la pastorcilla Bernadette de Soubirous, bajo el agua.

La escena de ‘Luces rojas’ que Rodrigo Cortés copió de una investigación de James Randi sin citarle

“Hola, Petey. ¿Puedes oírme? ¡Si no puedes, tienes un problema!”, decía Elizabeth Popoff por radio a su marido el 23 de febrero de 1986. El telepredicador Peter Popoff estaba a punto de hacer una de sus demostraciones de sanación por mediación divina en un abarrotado Auditorio Cívico de San Francisco. Poco después, empezaba a caminar entre la multitud curando a gente a partir de la información que le daba su esposa a través de un diminuto auricular y que antes ella había recopilado de los invitados. Aquel día, James Randi interceptó los mensajes de radio entre la mujer y el reverendo, y luego los presentó en The Tonight Show, el programa de Johnny Carson en la NBC, insertados como banda sonora oculta en los momentos correspondientes de la actuación de Popoff.

Veintiséis años después, el cineasta español Rodrigo Cortés se ha apropiado en Luces rojas de esa investigación de Randi y del diálogo de esa escena, que pueden ver a partir de los 2 minutos y 16 segundos del vídeo insertado aquí abajo. De hecho, las alusiones a las investigaciones y demostraciones de Randi son continuas en la película. Cortés camufla a los protagonistas -Popoff es rebautizado como Leonardo Palladino, Randi como Margaret Matheson y Uri Geller como Simon Silver-, pero es todo tan descarado que resulta indignante que no haya en los créditos ni una mención al trabajo del cazacharlatanes norteamericano, con el que el director español ni siquiera contactó.

Hablo de todo esto en “Sigourney Randi”, la séptima entrega de ¡Paparruchas!, mi columna en español en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).

Vampiros, poseídos, literalistas bíblicos, encomiendas a la Virgen y ‘alertas ovni’: la Edad Media está aquí

El esqueleto de uno de los 'vampiros' de Sozopol, con el trozo de hierro que le clavaron en el pecho. Foto: AFP.Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Bulgaria dos esqueletos con el pecho atravesado por sendas barras de hierro para que no pudieran levantarse de entre los muertos. Fueron enterrados hace unos 800 años en un monastario de Sozopol, a orillas del mar Negro. Sus vecinos creían que los individuos habían sido tan malvados en vida que, una vez muertos, podían convertirse en vampiros. Bozhidar Dimitrov, director del Museo Nacional de Historia de Sofía, ha asegurado que ese antivampirismo preventivo era habitual en el país hasta la primera década del siglo pasado. De hecho, los arqueólogos han desenterrado en Bulgaria en los últimos años más de cien cuerpos de vampiros.

Nada más leer la noticia, me he sentido afortunado de vivir en una época en la que la creencia en esos monstruos chupansangres se limita a locos de atar; pero, minutos después, me he dado cuenta de que, desgraciadamente, muchos coetáneos nuestros no están mentalmente tan lejos de los campesinos que perforaron el pecho de los cadáveres de Sozopol. Me he acordado del pobre niño mexicano de 5 años al que sus padres sacaron los ojos durante un ritual para expulsar de él al demonio; del predicador evangélico Mack Wolford, que murió el 27 de mayo después de que le mordiera una víbora porque, en vez de salir corriendo al hospital más próximo, confío en que Dios le curaría por ser un auténtico creyente, tal como dice la Biblia; de la ministra española de Empleo, Fátima Báñez, encomendándose a la Virgen del Rocío para “salir de la crisis y volver al crecimiento”; y de los miles de ingenuos que en la noche de mañana buscarán en los cielos de España naves de visitantes de otros mundos durante una Alerta ovni organizada por la más importante emisora privada de radio del país.

Es posible que mucha gente ya no crea en vampiros, pero la hay que está convencida de que la divinidad que toque puede hacer milagros, de que hay personas capaces de comunicarse con los muertos y otras que ven el futuro, de que hay individuos que emiten energías curativas, de que nos visitan seres casi todopoderosos de otros mundos… La Edad Media está aquí; y no es para reírse. A mí, por lo menos, me preocupa y avergüenza que un político delegue su responsabilidad en una divinidad, la califique de “aliada privilegiada” y confíe en ella la solución de problemas. ¿Qué será lo próximo? ¿Echar la culpa de la crisis al Diablo?