Medicina alternativa

La Universidad del País Vasco sigue formando a enfermeros en reiki, homeopatía y otras pseudoterapias

Lo conté aquí hace un año con la esperanza de que alguien en la Universidad del País Vasco (UPV) tomara cartas en el asunto, pero, por lo visto, no hay nadie por la labor. Así que la Escuela de Enfermería de la UPV sigue incluyendo en su plan de estudios de grado una asignatura optativa, Enfermería en las Terapias Naturales, que promociona las mal llamadas medicinas alternativas. Se dan a los alumnos de tercero nociones de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro tanto el plan de estudios como las lecturas complementarias recomendadas.

Básicamente, el programa del curso 2014-2015 es el mismo que el del 2012-2013. Así, dice en el apartado de “Competencias, descripción y objetivos”:

“En la sociedad actual, las terapias naturales están siendo ampliamente utilizadas como tratamientos complementarios a la medicina convencional. El conocimiento sobre el enfoque holístico del ser humano, las bases y principios de la medicina tradicional, así como los diferentes tipos de terapias naturales existentes permiten al profesional de enfermería tener una visión más amplia de posibles actuaciones de los pacientes frente a su enfermedad. Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en que los futuros profesionales de enfermería adquieran conocimientos sobre los diferentes enfoques y usos de las denominadas terapias. A lo largo de la asignatura realizarán un trabajo y exposición sobre una terapia complementaria; con el objetivo de profundizar en las mismas de forma «abierta y crítica». La adquisición de estos conocimientos posibilita un mayor acercamiento a los pacientes durante su desarrollo profesional.”

Bibliografía especializada de la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales, de la Universidad del País Vasco.Hace un año, ese apartado concluía diciendo: “Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en conocer los diferentes enfoques y usos de las terapias naturales que se pueden aplicar en el ámbito de la enfermería con el objetivo de un mejor trato al paciente”. No había ninguna referencia a la profundización “abierta y crítica”, aunque vayan ustedes a saber lo que eso significa en el contexto de esta asignatura. ¿Es más tranquilizador el plan de estudios de este año? Para mí, no. Incluye las mismas nociones de cosas como la medicina ortomolecular, la medicina tradicional hindú, la colorterapia, el masaje energético… y está plagado de jerga pseudocientífica -meridianos energéticos, medicina natural, enfoque holístico…-; la bibliografía es un disparate -Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana…-; y no sé facilita ni una dirección de Internet útil.

En marzo de 2013, la bibliografía de la asignatura era igual de demencial, entre las revistas se incluían una de homeopatía y otra de acupuntura, y había un apartado de Internet plagado de webs como En Buenas Manos, Cuerpo Mente, Salud Alternativa y otras. En un año, los responsables de la asignatura, que eliminaron esa lista de webs a raíz de la anotación de este blog, parecen haber sido incapaces de encontrar un solo sitio en Internet de su confianza y tampoco han encontrado ni un libro que examine las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. No es tan complicado para alguien con interés. Ni siquiera para alguien de letras, como yo. Ahí están, por citar sólo tres webs, Neurologica, el blog de Steven Novella; Quackwatch, el sitio de Stephen Barrett; y la página de Edzard Ernst. Y tampoco hay que partirse la cabeza para dar con libros como Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial, de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); y La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz. Claro que ninguno de esos autores se traga tonterías como los meridianos energéticos y cosas parecidas.

Brujería en las aulas

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios”, me comentaba hace un año un estudiante de medicina. Y otro añadía que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Nada parece haber cambiado.

Sembrar en los profesionales de la salud la idea de que existen otras medicinas además de la científica es un disparate que puede resultar perjudicial para la salud de los ciudadanos porque ellos están en primera línea de la atención al paciente. Sólo hay una medicina, la que funciona. El resto viste su inutilidad con adjetivos como alternativa, complementaria y natural por mercadotecnia, como la crema antiarrugas se vende en un frasco de diseño o es anunciada por una modelo de 20 años.

Homeópatas, acupuntores y demás están dejando poco a poco de lado el adjetivo alternativa para su medicina para evitarse problemas: si califican así a sus prácticas, transmiten la idea de que pueden elegirse en vez de las científicamente probadas y eso, en casos extremos -de enfermos que mueren por renunciar a tratamientos que funcionan y abrazar los alternativos-, podría resultar perjuidicial para el negocio. Complementarias es un adjetivo tan acertado para estas pseudoterapias como para las bendiciones del sacerdote ortodoxo de turno a una nave espacial en Baikonur, que serían -en jerga holística- ingeniería aeroespacial complementaria. Lo mismo que ninguna nave espacial despegaría, ni ningún barco flotaría o avión volaría, si fuera un trozo de metal sin más por muchas bendicioens que le echaran, nadie se cura de una enfermedad grave por muchos médicos complementarios que le atiendan. La complementariedad para la salud de las pseudomedicinas es similar a la de las bendiciones en la ingeniería aeroespacial naval o aeronáutica. Y, respecto a natural, poco hay que decir: es un adjetivo que vende porque se equipara con bueno, como si el ébola, el cáncer, el sida, la lepra… no fueran naturales. Ah, y no hay terapias naturales como no hay cocina natural.

Lo mismo que las bendiciones del pope de Baikonur -¿para cuándo una asignatura optativa sobre su poder a los ingenieros vascos?-, las terapias que promociona este curso de la UPV son brujería.

Por qué voy a suicidarme homeopáticamente cuantas veces haga falta… y más

“¡Eso del suicidio homeopático que haces es una payasada!”. Algo parecido a esto me soltó la homeópata y pediatra vizcaína María Ángeles Municio  al término del debate sobre esa pseudomedicina celebrado como parte de los coloquios organizados por la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (UPV), en colaboración con el Círculo Escéptico y EITB, en torno a los temas de la serie de televisión Escépticos, dirigida por José A. Pérez y conducida por mí. La frase igual no es literal, pero ése era el espíritu e incluía -de eso estoy seguro- suicidio homeopático y payasada. Era el 23 de noviembre de 2011. Jose se rio y yo ofrecí a la homeópata 6.000 euros de mi bolsillo si demostraba que su pseudoterapia funciona más allá del placebo. Han pasado dos años largos y sigo sin haber tenido que soltar el dinero.

Abriendo, con torpeza infinita, un tubo de granulado de Setadif PC. La mitad de los gránulos salieron por los aires, como puede verse. El resto me los comí y añadí otras 40 pastillas por si acaso. Foto: Laura Esteban.Una semana después, el 1 de diciembre de 2011, volví a encontrarme con Municio. Formaba parte de una delegación de Laboratorios Boiron que visitó la redacción de El Correo para pedirnos a Fermín Apezteguia, periodista especializado en información sanitaria, y a mí una mayor sensibilidad hacia la homeopatía. La encabezaba Cristina Mendizábal, portavoz de la multinacional francesa, y su tercer integrante era Guillermo Basauri, médico y profesor del Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía (CEDH). Fue un encuentro  muy interesante, aunque no nos convencieron de las bondades de la homeopatía, cuyos principios -que lo similar cura lo similar y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos- van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico, y, por supuesto, nunca han sido demostrados. Y Municio volvió a quejarse de mi payasada, aunque no recuerdo si esta vez la calificó así o de simple tontería.

Desde febrero de 2011, cada vez que he ingerido una caja de Sedatif PC, supuesto sedante de Boiron compuesto de nada más que azúcar, o he hecho alarde de ello, me he encontrado con reacciones de homeópatas más airadas que cuando digo que su pseudoterapia no funciona. Así que, cuando el 7 de enero pasado se pusieron en contacto conmigo desde el programa Equipo de Investigación de La Sexta para hacerme una entrevista para el reportaje “El milagro de la homeopatía”, les ofrecí la posibilidad de suicidarme homeopáticamente ante las cámaras. Aceptaron y, además de grabar una larga entrevista, me tomé una caja entera de Sedatif PC con los efectos por todos conocidos y previsibles: ninguno.

Objetivo: llegar al público

¿Por qué lo hice? Porque tomar una caja de cualquier producto homeopático es la mejor manera de demostrar que no son nada, que carecen de efectos secundarios porque tampoco los tienen primarios, a no ser que creas en esa pseudoterapia. Y a eso se le llama placebo. De niños, por la cuenta que nos tiene, aprendemos a tener cuidado con los medicamentos y que, si ingieres demasiadas pastillas por accidente o intencionadamente, las consecuencias pueden llegar a ser fatales. Es algo grabado en nuestra memoria y que lleva a que, cuando un niño te ve tomar 40 pastillas como si nada, concluya que no son medicamentos de verdad y que, por tanto, la homeopatía es un timo. Es algo automático. Por eso, a los homeópatas les molesta tanto que se dé cancha al imposible suicidio con sobredosis de sus inútiles pastillas. Por eso, voy a suicidarme homeopáticamente cuantas veces haga falta… y más.

“Una carcajada vale por diez mil silogismos. No sólo es más eficaz, sino también mucho más inteligente”, escribió el periodista Henry Louis Mencken en The American Mercury en 1924. Un suicidio homeopático es mucho más efectivo a la hora de inmunizar al lego contra esa pseudomedicina que diez mil alusiones al número de Avogadro. El objetivo es llegar al público; no parecer más listos que nadie. A la hora de denunciar el engaño de la homeopatía, huya del número de Avogrado como de la peste y ponga ejemplos que pueda entender su abuela o el más pequeño de la casa. No es tan difícil y, acompañado de un buen suicidio, este cóctel resulta letal para los intereses homeópatas.

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, alerta una gurú de la autoayuda en ‘La Vanguardia’

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, sentenciaba Maria Àngels Farreny ayer en La Vanguardia. Vivimos en una sociedad en la cual proliferan los gurús, y Farreny es uno de ellos. Experiodista, se gana la vida como entrenadora personal de respiración, meditación y liderazgo. Su negocio consiste en vender cursos, entre ellos uno de 70 horas en el que dice que enseña a respirar, titulado La ciencia del control del ritmo respiratorio/cardiaco y postural. Cuesta 650 euros, se publicita como “homologado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña” y lo imparten ella y la actriz Miriam Marcet, su socia en Natura Respira 3.0: Escuela Europea de Respiración. ¿Que usted ya sabe respirar?, ¿que lo hace inconscientemente? Es lo que se cree, pero no es verdad y no sabe lo que se está jugando.

“Con una buena respiración y una buena postura corporal, porque tienen que ir ambos ligados, puedes prevenirlo prácticamente todo. La mayoría de enfermedades vienen provocadas por una falta de oxígeno, y hay que recordar que el cuerpo humano está formado por un 85% de agua. Si coges agua, la estancas durante tres o cuatro días y no está oxigenada, ¿qué sucede? Se pudre. Respirar quiere decir vivir, lo repetiré las veces que haga falta”, dice Farreny en la entrevista que le hacen en el diario barcelonés. Vale, todos sabemos que, si no respiras, te mueres. Para ser conscientes de eso, no hace falta ningún gurú. Pero respirar bien no previene “prácticamente todo”, la mayoría de las enfermedades no están provocadas por una falta de oxígeno y comparar el cuerpo humano con un estanque de agua es de un charlatanesco que da miedo.

“Lo del estancamiento del agua podrida supera mis capacidades de comprensión -reconoce José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco-. En cualquier caso, habría que recordar a estos señores que lo que todos entendemos por agua oxigenada, el peróxido de hidrógeno, es un tóxico potentísimo. Y, si se refieren al oxígeno disuelto en el agua, la cantidad es muy pequeña e irrelevante en condiciones normales: respirando aire atmosférico y con el cuerpo a los 37º C de rigor. Porque el oxígeno no viaja en la sangre unido al agua del plasma sanguíneo, sino unido a la hemoglobina en el interior de los eritrocitos -o hematíes o glóbulos rojos-, y la hemoglobina, cuando la sangre abandona los pulmones, está saturada de oxígeno. En reposo, la cantidad de oxígeno en la sangre varía entre una saturación de casi el 100% cuando deja los pulmones a una saturación de alrededor del 75%-80% cuando vuelve a ellos (la famosa sangre sin oxígeno que nos venden los gurús). Aumentar en reposo la intensidad respiratoria no consigue aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre, porque ya está saturada. Todo esto, claro, en condiciones fisiológicas normales. En caso de enfermedad, los valores pueden variar mucho, pero por causa del mal”.

Nobel inventado

Parte de la entrevista a Maria Àngels Farreny publicada en 'La Vanguardia'.Farreny acaba de publicar con su socia el libro Dime cómo respiras y te diré cómo vives. Explican en él “cómo transformar una situación negativa en una situación positiva a partir de una buena praxis respiratoria y postural”. “Respirar conscientemente es vivir conscientemente. No habría tantos accidentes ni enfermedades, ni cosas raras; iríamos más felices por la vida, ofreciendo sonrisas a desconocidos”, asegura en La Vanguardia. E intenta convencer al periodista: “Te daré un dato: sólo utilizamos un 10% de nuestra capacidad pulmonar. ¡Un 10%!”. No siempre ha sido así, explica. “Si te fijas en la barriga de un bebé verás que sube y baja, esto quiere decir que hace las inspiraciones completas. A medida que nos vamos haciendo mayores, nos van bombardeando con el «esto no se dice», «esto no se hace» y «esto no se toca», y nos vamos conteniendo”.  ¿Hay que sumar el mito del 10% de la capacidad pulmonar al de que usamos sólo el 10% del cerebro?

“Curiosamente, es verdad en cierta manera -advierte el fisiólogo y miembro del Círculo Escéptico-. En cada ciclo respiratorio en reposo, se sustituye con la atmósfera aproximadamente el 10% de la capacidad pulmonar total (una tercera parte de ese 10%, a su vez, se queda en el espacio muerto anatómico, donde no se produce intercambio de gases con la sangre). La razón de esto es que permanezcan constantes las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los alveolos (en el gas alveolar), un factor fundamental para el mantenimiento de las concentraciones de estos gases en la sangre. Pero los pulmones están siempre llenos de gas (el caso contrario, se debe a un neumotórax, que es siempre patológico). Con las inspiraciones forzadas, seguidas de espiraciones forzadas, consigues intercambiar más cantidad de aire del interior de los pulmones, cosa que haces durante el ejercicio intenso porque las demandas de oxígeno aumentan. Si en reposo haces inspiraciones y espiraciones forzadas continuadas, vas a ver que muy pronto no puedes continuar, porque, si bien aumentas la concentración de oxígeno en el gas alveolar (algo irrelevante, como puedes deducir de lo dicho más arriba), reduces sustancialmente la concentración de dióxido de carbono y esto frena de inmediato la respiración forzada. Además, algunas personas, si hacen una serie larga de respiraciones forzadas, pueden sufrir un ataque epiléptico”. Ah, y los bebés no son diferentes a los adultos en lo que a la respiración se refiere.

En su afán por rodearse de un halo científico, la experiodista saca a relucir a un Nobel. “Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, están relacionadas con la falta de oxígeno. Otto Warburg, recibió dos premios Nobel en los años 30 por descubrir la relación que hay entre cáncer y oxígeno”. Ni lo uno ni lo otro. El fisiólogo alemán no ganó dos veces el Nobel, sino una, en 1931. Y no le premiaron por hallar “la relación que hay entre cáncer y oxígeno”, sino “por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria” . Es cierto que Warburg sostuvo hasta su muerte en 1970 que “la sustitución de la respiración de oxígeno [por parte de la célula] por la fermentación es la causa del cáncer”, pero ni le premiaron por plantearlo ni concuerda con lo que sabe la ciencia del siglo XXI. “Todo Nobel que se precie ha dicho más tonterías de las necesarias. Pero confundir la respiración celular -las reacciones bioquímicas en las mitocondrias de las que se obtiene energía con la unión final del oxígeno al hidrógeno para formar agua- con la ventilación pulmonar -nombre fisiológico de lo que vulgarmente se llama respiración- es un error de aficionado”, indica Pérez Cobo.

“¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”

“No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede”, declaraba Farreny hace un año a El Periódico. Autoayuda pura y dura que la experiodista ha conseguido que respalde la Generalitat, al homologar su curso. “Pretendemos que las sencillas y poderosas técnicas de La ciencia del control del ritmo respiratorio se incluyan en los planes de estudio, desde Primaria hasta Formación Profesional. Y la aportación final es la creación de un posgrado para una nueva profesión: entrenador personal de respiración y consciencia”. ¿Y quién formará a esos especialistas? Su organización, claro, previa superación, y pago, de su curso y después de estudiar otros dos años más a un precio que no se revela.

Farreny vio la luz hace años en un viaje a Poona (India), donde dice que se formó “en técnicas corporales como cráneo-sacral, tantra y respiración consciente”, a través de las cuales aprendió “a re-conocer su cuerpo y a tener conciencia de su respiración, reconectando, a partir de sus propias experiencias vitales y sensoriales, cuerpo, mente y espíritu”. Mística oriental para sacar los cuartos a los occidentales a quienes sobra el dinero. “No hay mejor manera de respirar de forma inadecuada que empeñarse en pensar en cómo respiras -advierte Pérez Cobo-. ¡Déjate llevar, que el cuerpo es muy sano! ¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”.

Elevar a titular la idea de que “no respirar bien nos puede provocar cáncer” es, además de dar pábulo a la anticiencia, trasladar a los enfermos oncológicos la culpa de su enfermedad, algo muy propio de ciertos practicantes de la medicina alternativa y una indecencia. “Si sufres un cáncer de pulmón, no se debe a que has respirado mal toda la vida”, concluye el científico y divulgador vasco.

Pediatras de la Sanidad pública recetan homeopatía a bebés

Pediatras del Sistema Sanitario Público de Andalucía recetan remedios homeopáticos para el tratamiento de bebés que sufren el llamado cólico del lactante. Este trastorno se caracteriza por largos episodios de llanto desconsolado tras las tomas, afecta a un tercio de los bebés y sus causas son desconocidas. Los expertos creen que el cólico del lactante, que empieza a remitir a partir de los tres meses, puede deberse a causas psicológicas o gastrointestinales. “No hay ningún remedio, más allá de placebos para los padres, como nos dijo una matrona. Cosas que recomiendan a los padres para que tengan la sensación de estar haciendo algo por su hijo, cuando lo único que pueden hacer es tener paciencia”, indica Andrés Peña, analista acústico y editor en Xataka Android. Sabe de lo que habla.

“Nuestro hijo Oliver nació el 20 de noviembre y, como es habitual a su edad, está con cólicos del lactante”, me ha explicado este padre primerizo. Entre sus amigos, “circula, con éxito, el Colikind,  de DHU”. Es un producto a base de bajas diluciones de varias cepas homeopáticas -puede quedar algo de los principios activos, entre los cuales está la tila- que el fabricante publicita como “indicado en el alivio del cólico del lactante”, a pesar de que no hay pruebas científicas de ello. “Cuando la pediatra nos recomendó Colikind, le dijimos educadamente que a nosotros no nos funcionaba, y nos propuso la alternativa de la manzanilla o el Aerored infantil en gotas. Éste no hace mucho, pero, al menos, está sometido a controles. En una segunda visita, le dijimos que seguía con cólicos. Volvió a proponer Colikind, y volvimos a mentir diciendo que no nos funcionaba. Pasó al Aerored, y le dijimos que con eso estábamos. Nos respondió: «Probad, entonces, con Nux vomica. No sé cuál es la dosis de memoria, pero vendrá en el prospecto. No lo receta la Seguridad Social»”. Y les extendió la siguiente receta:

Receta de un preparado homeopático emitida por una pediatra del Servicio Sanitario Público de Andalucía.

Peña no cayó al principio, pero en casa, delante del ordenador, descubrió que Nux vomica era otro preparado homeopático a partir de la planta de la que se extrae la estricnina. “En la farmacia, me lo terminaron de confirmar. Así se llama el mejunje de Boiron. Dilución 30CH. Glucosa y lactosa en pastillas”. Una dilución 30CH equivale a una molécula de principio activo en un volumen de agua del tamaño de una esfera de 150 millones de kilómetros de diámetro, la distancia de la Tierra al Sol. Es decir, en ese frasquito de Nux vomica que venden en la farmacia no hay nada, a pesar de la cual una pediatra de la Sanidad pública lo recomienda para tratar a un bebé.

No es la primera vez que pasa algo así. Ni será la última. Y tampoco sé si servirá de algo poner la queja oportuna ante las autoridades sanitarias, aunque yo haría eso y pediría, además, un cambio de especialista por su ignorancia manifiesta. Casos así demuestran la urgencia de que, como exige el Círculo Escéptico en la campaña 100% agua,  el Ministerio de Sanidad y las Administraciones Públicas se comprometan a, entre otras cosas, “evitar que médicos y profesionales sanitarios adscritos al Sistema Público de Salud prescriban o recomienden homeopatía a sus pacientes”. Un país desarrollado no debe  confiar la salud de sus ciudadanos en manos de ninguna forma de brujería.

Recetar productos homeopáticos no es un acto médico, según la Organización Médica Colegial

Recetar remedios homeopáticos no es un acto médico, según se desprende de la declaración aprobada el sábado en Granada por la asamblea general de la Organización Médica Colegial (OMC) “ante la publicación del borrador de la orden del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para regular los medicamentos homeopáticos“. Hace cuatro años, la entidad acordó el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”. Ahora, dice que “no forman parte del acto médico aquellas acciones u omisiones que, al margen del ejercicio de la medicina, un ciudadano con la condición de licenciado o especialista en medicina pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia”. Dado que el documento define el ejercicio de la medicina como “un servicio basado en el conocimiento científico aplicado, en la destreza técnica y en actitudes y comportamientos éticos”, y la homeopatía carece de base científica y de pruebas que la avalen, ¿significa eso que dejan de considerar lo que hace un médico homeópata no es un acto médico? No y sí.

“Es un acto médico toda actividad lícita, desarrollada por un profesional médico, legítimamente capacitado, sea en su aspecto asistencial, docente, investigador, pericial u otros, orientado a la curación de una enfermedad, al alivio de un padecimiento o a la promoción integral de la salud. Se incluyen actos diagnósticos, terapéuticos o de alivio del sufrimiento, así como la preservación y promoción de la salud, por medios directos e indirectos”, recuerda el texto de la OMC. Desde ese punto de vista, si un médico homeópata le examina a usted y concluye que tiene gripe, estamos ante un acto médico. Sin embargo, si después le receta Oscillococcinum, un remedio homeopático contra la gripe que carece de principio activo y cuya eficacia nunca se ha probado, está actuando según sus creencias y esa acción no se consideraría, por tanto, acto médico. “Si [lo que se receta] es un producto no basado en la evidencia científica, no es un acto médico”, me ha confirmado un portavoz de la institución colegial. ¿Maquiavélico? Por supuesto, porque lo lógico sería desautorizar la práctica de la homeopatía por profesionales de la medicina, pero aún así estamos ante un avance en el arrinconamiento de esta forma curanderismo.

Los médicos “están obligados por la normas del Código de Deontología Médica a emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente”, dice la declaración de la OMC. Y añade que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”. El texto no cita la homeopatía expresamente, pero, como ésta carece de base científica y su efectividad nunca ha sido demostrada, es lícito concluir que su práctica no es ética desde el punto de vista médico.

La ingenuidad de la OMC

La organización colegial advierte de que “cada una de las técnicas y terapias no convencionales deberá demostrar / avalar científicamente su eficacia, efectividad, eficiencia, calidad y seguridad para que puedan ser reconocidas por la comunidad médica”, algo que ninguna ha hecho porque, si no, no serían “no convencionales”. Esa falta de pruebas las sitúa entre las prácticas no éticas, por lo cual lo lógico sería que la institución profesional, que “agrupa, coordina y representa a los 52 colegios oficiales de médicos a nivel nacional e internacional”, las erradicara de la profesión. No se anuncia nada parecido. Sin embargo, la declaración- como ya hemos visto- apunta a un esperanzador cambio de rumbo en la OMC en cuanto a la consideración de la práctica homeopática, aunque también adolece de ingenuidad.

“En tanto las denominadas técnicas y terapias no convencionales no hayan conseguido dotarse de una base científica suficiente, los médicos que las aplican están obligados a informar a los pacientes de forma clara e inteligible, con rigor y minuciosidad, tanto del posible beneficio y riesgo que las mismas conllevan como de las alternativas terapéuticas existentes y fundamentadas científicamente así como de la eventualidad de un mal resultado”, reclama la OMC. ¿De verdad cree alguien que un homeópata o acupuntor va a informar con “rigor y minuciosidad” a sus pacientes sobre la ausencia de efectividad demostrada de su práctica? Basta escuchar a estos profesionales en la radio y la televisión para comprobar que hacen todo lo contrario, llegando incluso a recomendar homeopatía para sustituir a las vacunas.

Cabe destacar, por último, que la OMC hace una llamada a la responsabilidad de las Administraciones, que “debe estar fundamentada en la necesaria regulación de estas técnicas y terapias no convencionales, así como en las repercusiones sobre el uso y la aplicación de estas prácticas en el ámbito de la salud pública, los riesgos derivados de su mala utilización o utilización inadecuada, y la regulación y observancia de los centros donde debe aplicarse e identificar a quienes lo hacen, como lo hacen y la veracidad de la publicidad al respecto”. también aquí hubiera sido de desear una mayor claridad por parte de la organización profesional y en aras de la protección de los pacientes.

La homeopatía es placebo

Recordemos que un propio comité de expertos, designado por Sanidad, dictaminó en diciembre de 2011 que la homeopatía «no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta» y que sus resultados en ensayos clínicos son indistinguibles del placebo. No es una opinión aislada. La Asociación Médica Británica ha dicho que la homeopatía “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; y Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón considera que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”. Hasta quienes hacen negocio con ella saben que no sirve para nada. Así, en 2009, Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, dijo ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes.

Por todo eso, y teniendo en cuenta la evidencia científica acumulada durante dos siglos en contra de la homeopatía, el Círculo Escéptico ha pedido al Gobierno de España que, entre otras cosas, “cumpla lo dispuesto en la Directiva 2001/83/CE para proteger al consumidor y prohíba que los productos homeopáticos que no demuestren su efectividad incluyan cualquier indicación terapéutica en el etiquetado, prospecto, publicidad e información relativa a los mismos, y exija a aquellos remedios que pretendan sanar alguna enfermedad o dolencia pruebas clínicas y científicas similares a las de cualquier medicamento”.

Además, el borrador de proyecto de orden ministerial rebaja las tasas que tendría que pagar la poderosa industria homeopática para regularizar la situación de sus productos de 350 millones de euros a poco más de un millón, un trato de favor indignante para una sociedad española que está sufriendo numerosos y drásticos recortes.