Martin Gardner

Martin Gardner, el escéptico incansable, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 26 de mayo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de Martín Gardner, el escéptico incansable, en la trigésima entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Martin Gardner, el escéptico incansable

Martin Gardner, en una imagen de mediados de los años 90. Foto: Prometheus Books.

“Más allá del cálculo, estoy perdido”. Martin Gardner aseguraba que el éxito de la columna sobre juegos matemáticos que firmó en la revista Scientific American entre 1957 y 1981 se debía a sus escasos conocimientos de esa disciplina. “Me llevaba tanto tiempo entender aquello sobre lo que escribía que aprendía cómo escribirlo para que la mayoría de los lectores lo entendieran. Si hubiera sido mejor matemático, no podría haberlo hecho”. Su muerte hace una semana, a los 95 años, ha dejado a las matemáticas sin el hombre que las hizo atractivas para decenas de miles de personas en todo el mundo y a la ciencia sin su principal defensor ante los embates de la sinrazón.

Martin Gardner nació en 1914 en el seno de una familia acomodada en Tulsa, Oklahoma (EE UU). “Cuando crecí en Tulsa, se la llamaba la capital petrolera del mundo. Ahora, se la conoce por ser el hogar de Oral Roberts (un teleevangelista). Eso demuestra hasta qué punto Tulsa ha ido cuesta abajo”. Su padre era un geólogo petrolero panteísta; su madre, una devota metodista; y la escuela dominical echó al niño Martin en brazos del fundamentalismo creacionista de George McCready Price, quien postulaba que todos los fósiles databan de tiempos del Diluvio. “Esto causó a mi padre una gran angustia”, recordaba hace nueve años.

Fascinado desde la infancia por el ajedrez, el ilusionismo y el mundo de Oz, creyó que la Biblia era la palabra de Dios y dudó de la validez de la teoría de la evolución hasta la adolescencia. “Los cursos de Geología y Biología en la Universidad de Chicago abrieron mis ojos a las evidentes falacias de los libros de Price”. Entonces, decidió no volver a aceptar ninguna afirmación extraordinaria sin saber lo suficiente de la disciplina científica implicada.

Crítica de lo paranormal

Se licenció en Filosofía y optó por convertirse en escritor profesional porque no se veía dando clases. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, pasó de la oficina de prensa de la Universidad de Chicago a servir en el US Pope, un destructor que hacía labores de escolta en el Atlántico. De vuelta a casa, vendió sus primeros textos y en 1950 The Antioch Review publicó su artículo “Científicos ermitaños”, centrado en el análisis de chifladuras como la recién nacida dianética de L. Ron Hubbard. Fue su primer ensayo sobre pseudociencia y llevó a un agente literario a animarle a escribir un libro. Así nació In the name of science (1952), rebautizado en 1957 como Fad and fallacies in the name of science (Modas y falacias en el nombre de la ciencia).

'La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso' , de Martin Gardner.“Martin Gardner es el faro más brillante en defensa de la racionalidad y la ciencia contra el misticismo y el anti-intelectualismo que nos rodean”, escribió en 1982 el paleontólogo Stephen Jay Gould. Fad and fallacies fue el primer libro de crítica científica de lo paranormal, algo en lo que fue un pionero. No en vano, creía que “una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados”.  Él lo hizo hasta el final desmontando mitos como la Atlántida, la percepción extrasensorial, los platillos volantes, la homeopatía… Diez días antes de morir, envió su último articulo sobre lo paranormal a The Skeptical Inquirer, la revista del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).

Junto con sus amigos Isaac Asimov y Carl Sagan, fundó en 1976 el CSI -entonces CSICOP-, una organización dedicada a la denuncia de la pseudociencia en la que se volcó una vez que abandonó su columna sobre matemáticas en Scientific American. “Los científicos y los que escriben sobre ciencia tienen la obligación de denunciar los errores de la falsa ciencia, sobre todo en el campo de la medicina”, decía. Buena parte de sus textos sobre pseudociencia pueden leerse en español en sus libros La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso, La nueva era, Extravagancias y disparates y ¿Tenían ombligo Adán y Eva?.

Teísta como Unamuno

Cuando en 1956 recibió una oferta para escribir una columna mensual sobre juegos matemáticos en Scientific American, vivía en Nueva York, donde trabajaba para un revista infantil, y no sabía de esa disciplina nada más allá de lo que había aprendido en la escuela. Así que salió inmediatamente de librerías a la caza de obras de segunda mano sobre matemática recreativa. Publicó su primera columna en enero de 1957 y la última en 1981. “Si las lees en orden cronológico, verás que las primeras tienen un nivel muy elemental frente a las últimas”.

Su libro más vendido es Alicia anotada. En él, descubre los conceptos matemáticos, mensajes codificados y jugadas de ajedrez ocultas en la obra de Lewis Carroll. Y su libro más  querido, de los más de setenta -muchos sobre juegos matemáticos- que publicó, Los porqués de un escriba filósofo, en el que se define como teísta filosófico, sin afiliarse a ninguna religión. “Estoy muy satisfecho de confesar con Unamuno que no tengo fundamentos de ninguna clase para mi fe en Dios, aparte de un deseo vehemente de que Dios exista y de que yo, y otros, no dejemos de existir”.


“Un tesoro nacional”

“Martin Gardner es uno de los grandes intelectuales que ha producido Estados Unidos en el siglo XX”, según el científico cognitivo Douglas Hofstadter. No es una opinión aislada. El lingüista Noam Chomsky mantiene que “su contribución a la alta cultura contemporánea es única en su alcance, penetración y comprensión de las preguntas difíciles que realmente importan”, y el escritor de ciencia ficción  Arthur C. Clarke creía que era “un tesoro nacional americano” y sus libros tenían que ser de lectura obligatoria en los institutos.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios del diario El Correo.

Las cinco claves para identificar a un científico chiflado

Jerry Lewis, como el científico loco de 'El profesor chiflado' (1963).

El fallecido Martin Gardner retrata, en su obra Fad and fallacies in the name of science (Modas y falacias en el nombre de la ciencia. 1952), a “los modernos pseudocientíficos” como personajes que suelen permanecer al margen de los canales en los que se presentan y se someten a prueba las nuevas ideas, no mandan sus trabajos a revistas con revisión por pares, son ignorados por los científicos y sus sociedades, y, por eso, montan sus propias organizaciones y revistas. Y ofrece cinco claves que permiten identificar sin esfuerzo a un auténtico científico chiflado, a alguien que se cree su locura:

1. Se considera a sí mismo un genio.

2. Ve a sus colegas, sin excepción, como zopencos ignorantes. Todo el mundo está desfasado excepto él. Insulta frecuentemente a sus oponentes acusándoles de estupidez, deshonestidad y otros infames motivos. Si le ignoran, interpreta que lo hacen porque no pueden rebatir sus argumentos. Si sufre alguna represalia, ésta refuerza su ilusión de que está luchando contra sinvergüenzas. (…)

3. Cree que está siendo injustamente perseguido y discriminado. Las sociedades científicas no permiten que dé conferencias en ellas. Las revistas rechazan sus artículos e ignoran sus libros o encargan las recensiones a enemigos. Es todo parte de un miserable complot. Al chiflado nunca se le ocurre pensar que esa oposición puede deberse a errores en su trabajo. Está convencido de que la razón es el prejuicio ciego de la jerarquía establecida, los sumos sacerdotes de la ciencia que temen que se derrumbe la ortodoxia.

Se considera una víctima constante de graves calumnias y ataques no provocados. Se compara a sí mismo con Bruno, Galileo, Copérnico, Pasteur y otros grandes hombres perseguidos por sus herejías. (…) Llama repetidamente la atención sobre importantes descubrimientos científicos hechos por legos.

4. Suele centrar sus ataques en los científicos más importantes y las teorías más firmemente establecidas. Cuando Newton era el nombre de referencia en la física, los trabajos excéntricos de esa disciplina eran violentamente antinewtonianos. (…)

5. Tiene tendencia a escribir en una jerga compleja, en muchos casos usando términos y expresiones que él mismo ha acuñado. (…)

Adiós a Martin Gardner, el hombre que nos enseñó ciencia descubriendo en qué yerran los chiflados

Martin Gardner.Martin Gardner, uno de los maestros de la divulgación científica y del escepticismo, acaba de morir a los 95 años. Fundador en 1976 de lo que ahora es el Comité para la Investigación Escéptica (CSI) junto con sus amigos Paul Kurtz y James Randi, entre otros, hace unos años se jubiló tras una prolífica vida como ensayista y articulista, y se trasladó a vivir a una residencia. El retiro no fue, por fortuna, total y Gardner, que entre 1983 y 2002 mantuvo una columna dedicada al mundo del misterio en The Skeptical Inquirer, volvió en 2006 a la actividad para dar su visión de la polémica recuperación de recuerdos reprimidos que hizo, a finales de los años 80 y principios de los 90, que salieran a la luz numerosos falsos casos de abusos sexuales infantiles en Estados Unidos. Fue entre 1956 y 1981 columnista de juegos matemático de Scientific American y es autor de más de setenta libros, muchos de ellos dedicados a desenmascarar charlatanes. Dejó dicho, en Extravagancias y disparates -y yo humildemente lo suscribo-, que “una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados”.Léanle porque ése es, como bien dice Fernando L. Frías, el mejor homenaje a un brillante y comprometido intelectual como Martin Gardner.

Aquí tienen mi particular lista de obras recomendadas vinculadas a los temas que toca este blog:

Gardner, Martin [1952]: Fad and fallacies in the name of science. Dover Publications. Londres 1957. 363 páginas.

Gardner, Martin [1981]: La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso [Science. Good, bad and bogus]. Traducción de Natividad Sánchez Sáinz de Trapaga. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.365). Madrid 1988. 636 páginas.

Gardner, Martin [1983]: Orden y sorpresa [Order and surprise]. Traducción de Néstor Míguez. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.255). Madrid 1987. 272 páginas.

Gardner, Martin [1988]: La nueva era. Notas de un observador de lo marginal [The New Age. Notes of a fringe watcher]. Traducción de Juan Pedro Campos Gómez. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.463). Madrid 1990. 396 páginas.

Gardner, Martin [1992]: Extravagancias y tonterías [On the wild side]. Prologado por Vladimir de Semir. Traducción de Jordi Fibla. Ediciones Alcor (Col. “Campo de Agramante”). Barcelona 1993. 284 páginas.

Gardner, Martin [1995]: Urantia. ¿Revelación divina o negocio editorial? [Urantia: the great cult mystery]. Traducción de Pilar Tutor. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona. xv + 348 páginas.

Gardner, Martin [2000]: ¿Tenían ombligo Adán y Eva? La falsedad de la pseudociencia al descubierto [Did Adam and Eve have navels?]. Traducción de Juan Manuel Bas. Editorial Debate (Col. “Temas de Debate”). Madrid 2001. 395 páginas.

Martin Gardner sigue al pie del cañón a los 91 años

Martin Gardner.Martin Gardner (Tulsa, 1914) sigue en la brecha. A los 91 años, ha abandonado su retiro para ofrecer a los lectores de The Skeptical Inquirer su visión de la polémica recuperación de recuerdos reprimidos que hizo, a finales de los años 80 y principios de los 90, que salieran a la luz numerosos falsos casos de abusos sexuales infantiles en Estados Unidos. “Las guerras de la memoria”, como titula su artículo, se saldaron con multitud de familias rotas y de padres inocentes en la cárcel. “Recientes investigaciones han demostrado cómo un terapéuta incompetente puede llevar fácilmente a un niño a imaginar hechos que nunca sucedieron”, escribe Gardner en la primera entrega de un trabajo que ha dividido en tres partes. Nadie niega que, por desgracia, los abusos sexuales infantiles existan. Lo que han demostrado en los últimos años científicos como la psicóloga Elizabeth Loftus es que es falso que haya recuerdos traumáticos que puedan reprimirse para, años después, recuperarse mediante hipnosis.

El escritor no olvida otros episodios vinculados a la recuperación de falsos recuerdos que sólo se diferencian del fenómeno de los abusos sexuales infantiles en las creencias previas el protagonista y en lo que va buscando el terapéuta. Variaciones del mismo tema son los casos de abducciones, los de rituales satánicos en los que se sacrifican bebés y los de narraciones de vidas pasadas. En todos estos casos, lo único que tenemos son testimonios y lo que nos faltan son pruebas: miles de secuestrados por los extraterrestres no han sido capaces de sustraer de la nave de turno ni un simple clip, nadie ha encontrado rastro de los cientos de niños sacrificados al Maligno y ningún reencarnado ha proporcionado información nueva de la época en la que presuntamente vivió antes. La conclusión es obvia: estamos ante fenómenos que no suceden en el mundo real, sino en la mente de sus protagonistas, víctimas de los manejos de terapéutas sin escrúpulos que muchas veces han hecho de lo extraordinario su modo de vida.

El regreso de Gardner a la actividad escéptica, aunque sea temporalmente, es de agradecer. No esperaba que lo hiciera después de lo que me comentó en Bruselas hace unos meses Barry Karr, director ejecutivo del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP). Karr me dijo que los achaques propios de su avanzada edad habían obligado al veterano ensayista a retirarse a una residencia y jubilarse definitivamente. Sin embargo, Gardner, que entre 1983 y 2002 mantuvo una columna dedicada al mundo del misterio en The Skeptical Inquirer, la revista del CSICOP, ha vuelto y con la misma agudeza demostrada entre 1956 y 1981 como columnista de juegos matemáticos de Scientific American y en sus más de cien libros, muchos de ellos dedicados al desenmascaramiento de charlatanes.