Mapa de Vinlandia

El descubrimiento vikingo de América, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes del descubrimiento vikingo de América, en la séptima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Reliquias de pegolete

Juan Carlos Aparicio toma en su manos la espada en el Museo de Burgos. Foto: Efe.Juan Carlos Aparicio, alcalde de Burgos, posó para la Prensa con Tizona el 24 de mayo de 2007. La Junta de Castilla y León acababa de pagar 1,6 millones de euros por la espada, presentada a los medios como la del Cid y depositada en el Museo de Burgos. Sin embargo, no se trata del arma con la que Rodrigo Díaz de Vivar luchó para moros y cristianos en el siglo XI. Cuatro informes de Patrimonio Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Real Academia de Historia y el medievalista José Godoy coincidieron en 2004 en que fue forjada en el siglo XV ó XVI, y tiene añadidos del XIX.

La falsa Tizona burgalesa es, no obstante, una reliquia valiosa. Los mismos expertos que niegan que pudiera empuñarla el Cid calculan su valor entre 200.000 y 300.000 euros. No como los grabados sobre cerámica más espectaculares del yacimiento romano alavés de Iruña-Veleia. Fechados en los siglos III y IV, el arqueólogo Eliseo Gil los presentó en junio de 2006 como las más antiguas inscripciones en euskera y el primer Calvario de la Historia. Casi nada. Hace un año, una comisión de expertos dictaminó, sin embargo, que esas piezas son falsas y, aunque todavía no se ha determinado su autoría, fueron realizadas por alguien con acceso a las excavaciones.

El unicornio de Leibniz

El falso unicornio de Leibniz.Falsificaciones como las de Iruña-Veleia se han sucedido desde que la arqueología y la paleontología existen, pero no siempre han sido intencionadas. En Protogaea (1693), Leibniz describe, por ejemplo, el “esqueleto de un unicornio” encontrado en 1663 en una cantera de las montañas Harz por el físico Otto von Guericke. Sólo se recuperaron las extremidades anteriores de la bestia, cuya columna vertebral caía en la reconstrucción en un ángulo de 45%. “Debido a la ignorancia y la negligencia de los excavadores, el esqueleto se rompió y se extrajo en pedazos”, lamenta el filósofo y matemático en el tratado. El unicornio era en realidad fruto del montaje de una mezcla de huesos de mamut un colmillo era el cuerno y rinoceronte.

Siglo y medio después, el empresario del espectáculo P.T. Barnum exhibía en su museo de Nueva York un ser no menos sorprendente: la sirena de Fiji. Un capitán mercante de Boston había vendido su barco y su carga años antes para adquirirla a comerciantes holandeses que, a su vez, se la habían comprado a un pescador japonés. Momificada, media un metro, tenía cabeza y torso de mujer, y cola de pez. Barnum la compró en 1842 y recaudó miles de dólares semanales con un montaje en el que participaba un falso naturalista y exponía otras criaturas extrañas, pero reales, como un pez espada y un ornitorrinco. Hecha con un torso y una cabeza de papel maché, cola de salmón, dientes de tiburón y aletas de carpa, la sirena de Fiji forma ahora parte de la colección del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard.

Otra prestigiosa universidad estadounidense, la de Yale, guarda en su colección de libros raros un mapa que valora en más de 20 millones de euros porque está fechado en 1440 e incluye una isla llamada Vinlandia al oeste de Groenlandia, y una leyenda que atribuye el descubrimiento de América al vikingo Leiff Eriksson hacia el año 1000. Los análisis realizados en los últimos años han concluido, sin embargo, que, aunque el pergamino es de 1434 ±11 años, de antes del Descubrimiento, la tinta contiene anatasa, una sustancia que no se sintetizó hasta 1917 y no empezó a usarse en tintas hasta 1923. La historiadora noruega Kirsten A. Seaver cree que el falsificador fue el jesuita y cartógrafo alemán Josef Fischer, y que su objetivo era ridiculizar el uso propagandístico que los nazis hacían de los vikingos, ya que la inscripción del mapa dice que el descubrimiento de América se hizo en nombre de Dios.

Calaveras y pirámides

Un brujo maya oficia un ritual con una calavera de cristal en Palenque. Foto: AP.El Museo Británico exhibió hasta mediados de los años 90 una calavera de cuarzo como “probablemente azteca, de entre 1300 y 1500″. La pieza es uno de los cráneos de cristal repartidos por prestigiosas instituciones de Europa y América que, para los creyentes en lo paranormal, son de origen desconocido y poseen poderes extraordinarios. Sin embargo, análisis hechos en los últimos años han demostrado que son de manufactura reciente, entre finales del siglo XIX y principios del XX, incluida la famosa Calavera del Destino o de Mitchell-Hedges de la que habla Indiana Jones en su última aventura. La del Británico está etiquetada ahora como “probablemente europea, del siglo XIX”. A pesar de ello, el brujo maya Kin García oficia, en las ruinas de Palenque de vez en cuando, rituales con una calavera de cristal para deleite de los turistas.

El naviero Fred Olsen, cuyos ferries conectan las Canarias, financió en 1991 unas excavaciones en el entorno de las llamadas pirámides de Güímar, en Tenerife. Ahora, el lugar acoge un parque etnográfico en el que se habla de esas estructuras aterrazadas de pocos metros de altura como prueba del paso de egipcios en viaje a América, idea que sostuvo hasta su muerte en 2002 el explorador noruego Thor Heyerdahl. Las pirámides de Güímar fueron, en realidad, levantadas en el siglo XIX como amontonamientos de piedras para liberar terreno para el cultivo de la cochinilla.

El empresario bosnio Semir Osmanagic anunció hace tres años la creación de un parque como el canario en la localidad de Visoko, al noroeste de Sarajevo, donde asegura haber descubierto también varias pirámides. Osmanagic carece de formación arqueológica, sostiene que las pirámides bosnias tienen poderes curativos y cree que los mayas descendían de los atlantes, quienes lo hacían de extraterrestres de las Pléyades. A pesar de este esotérico currículo, ha dirigido excavaciones que han alarmado a los historiadores de verdad y a la Comisión Europea, que temen que, dada la pasividad de las autoridades locales, destroce no unas pirámides que existen sólo en su imaginación, sino auténtico patrimonio arqueológico.

Antigüedades bíblicas

La embarcación en la que se dice que navegó Jesús. Foto: Efe.La lista de falsas antigüedades bíblicas resulta interminable, aunque se excluyan las atribuidas Jesús de Nazaret incluidas la sábana santa de Turín y el Grial de Valencia, los apóstoles y otros personajes del Nuevo Testamento. Una gruta con una piscina descubierta en 2004 en Israel se presentó como el lugar en el que El Bautista oficiaba sus ritos, aunque los grabados eran de época bizantina, del siglo IV ó V. Y, el año pasado, arqueólogos alemanes anunciaron el hallazgo en Axum, Etiopía, del palacio de la reina de Saba, un personaje tan legendario como Ulises.

En el Kibutz de Ginosar, en Israel, se expone una embarcación de madera sacada del fango a orillas del mar de Galilea en 1986. Como data del siglo I, algunos medios de comunicación anunciaron en su día que se trata de la barca en la que, según los Evangelios, navegó Jesús con los apóstoles. ¿Es que era la única embarcación en la Galilea de la época?


Sirenas y centauros

Fósil. Una de las sirenas del Tormes. Foto: Joan Fontcuberta.Todavía hay quienes creen en sirenas. Por lo menos, en España. Hace tres años, varios diarios castellanoleoneses publicaron el hallazgo de fósiles de estas criaturas en el Tormes, con fotos incluidas. Coincidían las crónicas en que el descubrimiento había “conmocionado a los medios científicos” y en que el Hidropithecus o mono de agua era “un vertebrado homínido que podría corresponderse, según los expertos, con un momento evolutivo muy próximo antes de la bifurcación entre el australopiteco y los homínidos”. En realidad, se trataba de uno de las instalaciones en las cuales el fotógrafo Joan Fontcuberta, con quien habían hablado todos los medios, juega a presentar una ficción como real.

Una exposición sobre la excavación de un enterramiento de otro animal mitológico, el centauro de Volos, ocupa el primer piso de la Biblioteca John C. Hodges de la Universidad de Tennessee. Incluye el esqueleto de la criatura medio incrustado en arenisca, tabletas de arcilla, fragmentos de cerámica y otros artefactos de la cultura centáurida. El microbiólogo William Willers realizó en 1980 el montaje del centauro de Volos creado a partir de un torso y un cráneo humanos y huesos de un póney para instruir a sus alumnos sobre la conveniencia de no creer lo que se ve o lee sólo porque tenga la apariencia de ser cierto.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios del diario El Correo.

América vikinga

Cristóbal Colón no descubrió América. Ni siquiera fue el primer europeo en pisarla. El continente fue descubierto por los cazadores recolectores siberianos que cruzaron el estrecho de Bering hace 22.000 años. Por eso había indios en América en 1492. Y un grupo de vikingos fueron los primeros en llegar desde Europa cinco siglos antes que el Almirante, aunque su logro no tuvo ninguna repercusión histórica. Al contrario de lo que ocurrió con la llegada de Colón y sus naves, a partir de la cual se vivió un choque de culturas, España creó un imperio en el cual no se ponía el Sol y las potencias europeas se lanzaron a la conquista del Nuevo Mundo.

La presencia vikinga en América desde el siglo X está documentada por la arqueología y por la Saga de Groenlandia y la Saga de Erik el Rojo. Cuentan estas obras literarias que Erik Thorvaldson, llamado El Rojo, fue desterrado de Islandia en 982 por el asesinato de dos hombres, la misma razón por la que su padre había sido expulsado años antes de Noruega. Erik el Rojo navegó entonces hacia el oeste y llegó a un territorio que, para atraer a sus compatriotas, bautizó como Groenlandia (tierra verde). Una exageración, ya que la isla estaba helada y sólo había un par de valles verdes al sur. “Constituye el primer caso de propaganda engañosa”, ironiza el arqueólogo Kenneth Feder, de la Universidad Central del Estado de Connecticut, en su libro Fraudes, mitos y misterios (1990).

La tierra del vino

Los vikingos desembarcaron en Groenlandia en una época de temperaturas superiores a las actuales, conocida como Óptimo Climático Medieval. La colonia prosperó hasta contar con 5.000 habitantes repartidos en 250 granjas. “La de la Groenlandia noruega era una población con un marcado carácter comunitario en la que una persona no podía marcharse y vivir apartado con esperanza de sobrevivir”, indica el geógrafo Jared Diamond en su libro Colapso (2005). La aventura acabó cuando, hacia 1300, un cambio climático marcó el inicio de la Pequeña Edad del Hielo, un periodo frío que duró hasta el siglo XIX. Los vikingos groenlandeses fueron incapaces de adaptarse a las nuevas y duras condiciones ambientales y se extinguieron. Pero antes pisaron más territorios desconocidos.

Poco después de llegar a Groenlandia, Leif Erikson, hijo de Erik el Rojo , se perdió cuando navegaba hacia el oeste. Fue así a parar a un lugar que llamó Vinlandia (tierra del vino), donde los vikingos establecieron un asentamiento hacia 1022. Vinlandia era rica en recursos inexistentes en Groenlandia; pero los indígenas hicieron que nórdicos duraran poco allí. “La expedición descubrió entonces que, a pesar de todo lo que aquella tierra podía ofrecerles, sufrirían la constante amenaza de los ataques de sus antiguos habitantes”, cuenta la Saga de Erik el Rojo. Y los colonos volvieron a Groenlandia desde una Vinlandia que debía de encontrarse entre la isla de Terranova, al norte, y Cape Cod, al sur. Siglos después, los arqueólogos han excavado restos de un campamento vikingo de la época en la costa septentrional de Terranova, demasiado al norte para el vino y las nueces de Vinlandia, cuya búsqueda continúa.

¿ANTERIOR A COLÓN? El mapa de Vinlandia, con parte de la costa atlántica norteamericana en su extremo izquierdo. Foto: Universidad de Yale.

La Universidad de Yale anunció el 12 de octubre de 1965, aniversario del Descubrimiento, la existencia de un mapa fechado en 1440 en el que aparecía una isla llamada Vinlandia al oeste de Groenlandia. Se presentó como la primera cartografía del Nuevo Mundo, un documento al que habría tenido acceso Colón. Era una donación del magnate Paul Mellon, quien lo había comprado en Génova en 1957. El mapa incluía una leyenda según la cual, hacia el año 1000, Leif Erikson había descubierto “una nueva tierra”, Vinlandia. Encajaba con las sagas nórdicas, y el documento pasó a formar parte de la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de Yale a pesar de que muchos expertos dudaban de su autenticidad.

Venganza de un jesuita

El carbono 14 dictaminó en 2002 que el pergamino sobre el que está dibujado el mapa de Yale data de 1434 ±11 años. La prueba no zanjó, sin embargo, la polémica sobre la antigüedad del manuscrito por una razón obvia: el soporte puede ser anterior a Colón, pero la inscripción no tiene por qué. Es lo que indica otro estudio publicado el mismo año por los químicos Robin Clark y Katherine Brown, de la Universidad de Londres, que confirma lo que el microanalista forense Walter McCrone ya dijo en 1973. Según sus análisis, la tinta contiene anatasa, sustancia que no se sintetizó hasta 1917 y que no se da en tintas anteriores a 1923. “Es la prueba definitiva de que el mapa se dibujó después de 1923″, sentencia Clark, y coinciden la mayoría de los expertos.

Una hipótesis plausible es la de la historiadora noruega Kirsten A. Seaver, para quien el autor de la falsificación fue el jesuita y cartógrafo alemán Josef Fischer. El clérigo era un estudioso convencido de que los vikingos habían llegado a América antes que Colón -publicó un libro sobre el tema en 1902- y llegó a escribir un artículo sobre mapas falsos del Renacimiento. Seaver mantiene que el mapa de Vinlandia se debe a que Fischer no pudo aguantar el uso propagandístico que hacían los nazis de la historia vikinga y decidió vengarse de ellos.

Para ello, explica la historiadora, el jesuita compró en una subasta a principios de la década de 1930 dos libros del siglo XV y desmontó parte de uno. Así consiguió el lienzo, el pergamino antiguo sobre el que dibujar un mapa que dejaría claro que el descubrimiento de América había sido, en última instancia, una empresa cristiana. Porque en el texto del mapa de Vinlandia se lee: “Eric, legado del Observador Apostólico y obispo de Groenlandia y las regiones vecinas, llegó a esta verdaderamente inmensa y muy fértil tierra, en el nombre de Dios Omnipotente…”. “Parece muy plausible. Pudo ser arrogancia intelectual o simplemente un juego, pero él (Fischer) estaba en el lugar idóneo, en el momento idóneo y disponía de la información necesaria. Todo cuadra”, piensa Robert W. Karrow, conservador de colecciones especiales y mapas de la Biblioteca Newberry, de Chicago.


El libro

Maps, myths, and men: the story of the Vinland map (2004): La historiadora Kirsten A. Seaver examina las pruebas existentes a favor de la autenticidad del mapa de Vinlandia y, tras concluir que es un fraude, apunta a un posible autor y a las motivaciones que le pudieron llevar a hacerlo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

A vueltas con el mapa de Vinlandia

Los científicos que lo han examinado en los últimos años no han dado un veredicto definitivo sobre el mapa de Vinlandia: para algunos, se trata de la única cartografía anterior a Cristóbal Colón en la que aparece América; para la mayoría, de una falsificación del siglo XX. Jacqueline S. Olin, de la Institución Smithsoniana, ha publicado un artículo en Analytical Chemistry, revista de la Sociedad Americana de Química, en el que defiende que la tinta del manuscrito es medieval, en oposición al trabajo de dos químicos de la Universidad de Londres que llegaron hace poco más de un año a la conclusión de que es posterior a 1923.

La polémica sobre la autenticidad del mapa de Vinlandia se remonta a mediados de la década de 1950, cuando apareció en Europa de la noche a la mañana -nada se sabe de su historia anterior- y fue adquirido por un millón de dólares por el magnate estadounidense Paul A. Mellon, quien lo donó a la Universidad de Yale, su actual propietaria. El manuscrito está valorado, si no es una falsificación, en más de 20 millones de euros. En el mapa, están representadas Europa, África, Asia y lo que parece la península del Labrador o la isla de Baffin o Terranova. El manuscrito incluye una leyenda en la que se dice que, hacia el año 1000, Leif Eriksson, hijo de Eric el Rojo, descubrió “una nueva tierra” a la que llamó Vinlandia en honor a su fertilidad y a sus vinos. De ser auténtico -algo que mantiene una minoría de expertos, supondría que los navegantes escandinavos cartografiaron América siglos antes de Colón, quien supuestamente habría conocido el manuscrito y se habría guiado por él en su búsqueda de las Indias Occidentales.

¿ANTERIOR A COLÓN? El mapa de Vinlandia, con parte de la costa atlántica norteamericana en su extremo izquierdo. Foto: Universidad de Yale.

Investigadores de la Universidad de Arizona, el Laboratorio Nacional Brookhaven y la Institución Smithsoniana cortaron, en febrero de 1995, un pequeño trozo de un margen del pergamino para someterlo a la prueba del carbono 14. Este método de datación, inventado por Willard F. Libby (1908-1980), sirve para establecer la antigüedad de objetos arqueológicos de materia orgánica. Dado que el mapa de Vinlandia -de 27,8 por 41 centímetros- tiene un valor de unos 20 millones de euros, el fragmento empleado en el estudio -una tira de 7,5 centímetros de longitud y 28,8 miligramos de peso- podría costar unos 40.000 euros.

De su análisis, los científicos concluyeron, en el artículo que publicó en agosto de 2002 la revista Radiocarbon, que el pergamino data de 1434 ±11 años, antes de la llegada de Colón a América. “A pesar de que estos resultados por sí mismos no demuestran que el mapa sea auténtico, sí son una importante nueva prueba que han de tener en cuenta aquéllos que mantienen que es un fraude y carece de valor cartográfico”, indicaba entonces uno de los autores, el químico Garman Harbottle, para quien, si se trata de un engaño, quien lo perpetró fue sumamente hábil. “Muchos estudiosos están de acuerdo en que el mapa de Vinlandia es auténtico, en que es la primera representación cartográfica de Norteamérica y su antigüedad, clave para determinar el conocimiento que tenían los europeos de la épocas de las tierras que bañaban el Atlántico occidental”, añadía Olin, una de las coautoras del trabajo.

Si bien el pergamino puede datar de la primera mitad del siglo XV, los autores de otro estudio que vio la luz también en agosto de 2002, en Analytical Chemistry, sentenciaban que el mapa en sí no tiene ni siquiera un siglo. Las conclusiones de los químicos Robin Clark y Katherine Brown, de la Universidad de Londres, son las mismas a las que llegó en 1987 el prestigioso microanalista forense Walter McCrone, fallecido el 10 de julio de 2002: la tinta contiene anatasa, una forma de dióxido de titanio que no se sintetizó hasta 1917, que no se da en tintas anteriores a 1923 y que es muy rara en la naturaleza. “Es la prueba definitiva de que el mapa se dibujó después de 1923″, dijo Clark. Olin afirma ahora, en Analytical Chemistry, que no, que la anatasa del mapa de Vinlandia tiene un origen medieval, algo que sólo ella mantiene.

Una hipótesis que se baraja desde hace un par de años es que el autor de la cartografía fuera el jesuita alemán Josef Fischer. Promueve esta idea la historiadora noruega Kirtsen A. Seaver. “Parece muy plausible. Pudo ser arrogancia intelectual o simplemente un juego, pero él estaba en el lugar idóneo, en él momento idóneo y disponía de la información necesaria. Todo cuadra”, decía Robert W. Karrow, conservador de colecciones especiales y mapas de la Biblioteca Newberry, de Chicago, en The New York Times el 14 septiembre de 2002. Fischer era un estudioso convencido de que los vikingos habían llegado a América antes que Colón -publicó un libro sobre el tema en 1902- y que llegó a escribir un artículo sobre mapas falsos del Renacimiento.

La apasionante historia del jesuita incluye a los nazis -Seaver mantiene que Fischer no pudo aguantar el uso propagandístico que hacían de la historia vikinga-, una subasta de principios de la década de 1930 en la que salieron a la venta dos libros del siglo XV -comprados por Mellon junto al mapa en 1957, uno de ellos ha llegado incompleto hasta nosotros y sería el origen del pergamino- y el texto de la esquina izquierda superior del manuscrito, en el que queda claro que el descubrimiento del Nuevo Mundo es cristiano: “Eric, legado del Observador Apostólico y obispo de Groenlandia y las regiones vecinas, llegó a esta verdaderamente inmensa y muy fértil tierra, en el nombre Dios Omnipotente…”. Seaver sostiene que el jesuita consiguió los dos libros del siglo XV hace setenta años y desmontó parte de uno para conseguir la materia prima. “Si está en lo correcto, está cerca de la pistola humeante”, ha sentenciado Peter Barber, responsable de la colección de mapas de la Biblioteca Británica.