Luna

George Adamski, los extraterrestres y la cara oculta de la Luna

George Adamski, uno de los mayores trapaceros que ha dado el mundo de los ovnis -y ha dado muchos entre visionarios y ufólogos-, alardeaba en los años 50 del siglo pasado de haber sido el primer humano que viajó a otros mundos. Lo había hecho a bordo de naves exraterrestres y en la cara oculta de la Luna había visto montañas, bosques, lagos, ciudades y animales. “Mientras miraba (la Luna), un pequeño animal cruzó la zona que observaba. Pude ver que tenía cuatro patas y piel, pero su velocidad me impidió identificarlo”, cuenta en su libro Inside the space ships (Dentro de las naves espaciales, 1955).

El platillo tapa de aspiradora de George Adamski.Adamski fue el primer contactado. En ufología se llama así a quienes dicen tener relaciones personales con seres de otros mundos. Tuvo su primer encuentro cara a cara con un tripulante de un platillo volante en el desierto de California el 20 de noviembre de 1952, cuando todavía se ganaba la vida como cocinero de un local de comida rápida en la carretera del observatorio de monte Palomar. Porque ésa era la cualificación del profesor George Adamski, como solía firmar sus cartas. El visitante era un venusiano alto, rubio y atractivo llamado Orthon, que hoy en día podría pasar por un componente de Locomía sin abanico. Después, Adamski conocería a marcianos y saturnianos con los que haría turismo por el Sistema Solar. Todos nuestros vecinos estaban preocupados porque usáramos la energía atómica con fines bélicos. Lo mismo que Klaatu, el visitante de Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise de 1951 que está en el origen de la moda de los extraterrestres salvadores.

Me acordé de Adamski y sus historias de marcianos hace unos días cuando vi las fotos de la Luna en tránsito sobre la Tierra tomadas por el Observatorio de Clima del Espacio Profundo (DSCOVR) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense desde 1,5 millones de kilómetros. En la iluminada cara oculta del terrestre, no se ve, lógicamente, ni rastro de lo que decía haber visto el contactado. Ya en 1959, cuando la sonda soviética Luna 3 sólo fotografió rocas, polvo y cráteres en ese hermisferio lunar, el primer amigo de los extraterrestres adujo que Moscú había retocado las imágenes para engañar a los estadounidenses.

Tránsito de la Luna sobre la Tierra a partir de fotos del satélite 'DSCOVR'. Montaje: NASA.

Con el paso del tiempo y el avance de la exploración espacial, las fantasías de Adamski, en las cuales -todo hay que decirlo- sólo llegó a creer el sector más chiflado de la ufología, se fueron yendo abajo. No había mundos habitables en nuestro vecindario ni nada artificial en la cara oculta de la Luna, como comprobaron los primeros humanos que la vieron directamente, los astronautas Frank Borman, James Lovell y William Anders a bordo del Apollo 8 en diciembre de 1968. El periodista Frank Edwards, por su parte, identificó el platillo volante en el que Adamski hizo su primer viaje a Venus. “Tras ocho años de pacientes investigaciones, llegué, finalmente, a la conclusión de que su nave espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora”, escribió en Platillos volantes.. aquí y ahora (1968).

Adamski vendió decenas de miles de libros y llegó a ser recibido en audiencia privada por la reina Juliana de Holanda en 1959; pero el tiempo le puso en su sitio, como a todos los contactados. Así, los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI) aseguraban a mediados de los años 70 a Juan José Benítez que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era “adecuada para el desenvolvimiento de la vida” y Calisto, Io, Europa y Ganímedes acogían colonias alienígenas. Benítez lo contó, con el rigor y escepticismo que siempre le han caracterizado, en su libro Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), donde también narró su primera visión de lo que para él era una nave extraterrestre. Como todo el mundo sabe, Marte, Venus, Calisto, Io, Europa y Ganímedes son mundos rebosantes de vida… en un Universo alternativo. Ah, Benítez vio su platillo volante en el desierto peruano sólo en compañía de los miembros del IPRI y, por supuesto, no hay ninguna foto de la nave a pesar del anuncio previo.

La conspiración lunar, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la conspiración lunar, en la tercera de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

La ‘superluna’ del 19 de marzo y el terremoto de Japón

La Luna, vista desde la Tierra en su perigeo y apogeo.

El sábado de la próxima semana, la Luna estará llena y a 356.577 kilómetros de la Tierra. En algunas webs dedicadas a la divulgación científica, dicen que estará más cerca que nunca desde hace 18 años y que, a ese fenómeno, los astrónomos le llaman superluna. Según el astrólogo estadounidense Richard Nolle, las superlunas provocan el caos en nuestro planeta: grandes tormentas, terremotos, erupciones volcánicas y otros desastres naturales. Así que cabe suponer que pronto algunos vincularán la superluna del 19 de marzo con el terremoto de Japón de la pasada madrugada.

La órbita de la Luna alrededor de la Tierra es ligeramente elíptica y sus dos extremos se llaman apogeo y perigeo, cuando el satélite está más lejos y más cerca de nuestro planeta, respectivamente. Aunque la distancia media entre los dos mundos se sitúa en los 384.400 kilómetros, en determinados momentos puede superar los 406.000 y reducirse hasta casi los 356.000. El domingo, por ejemplo, la Luna estaba a 406.582 kilómetros de nosotros y, el sábado de la semana que viene, estará a sólo 356.577, cuando el perigeo suele estar comprendido entre los 356.000 y 370.000 kilómetros.

Preguntas y respuestas

¿Tienen los perigeos extremos, como el de dentro de ocho días, algún nombre especial? No. En contra de lo que se está contando por ahí, los astrónomos no los llaman superlunas, según me han confirmado astrónomos. El nombre, en realidad, es un invento del astrólogo Richard Nolle.

¿Estará, el sábado de la semana próxima, la Luna más cerca de la Tierra que nunca en los últimos 18 años? No. El 12 de diciembre de 2008 estuvo a 356.567 kilómetros; el 10 de enero de 2005, a 356.571; y el 4 de noviembre de 1998, a 356.614. Puede comprobarlo usted mismo con la calculadora de perigeos y apogeos lunares de John Walker.

¿La última superluna extrema ocurrió el 10 de enero de 2005, poco después del terremoto del Índico? No. Desde enero de 2005 hasta hoy, ha habido cuatro perigeos en los que la Luna ha estado a menos de 357.000 kilómetros y en unos de ellos, el de diciembre de 2008, llegó a acercarse más que en el inmediatamente posterior al terremoto del Índico. Además, la catástrofe ocurrió el 26 de diciembre de 2004, cuando la Luna estaba casi en su apogeo, registrado al día siguiente cuando se encontraba a 406.487 kilómetros.

¿Están las superlunas vinculadas con desastres naturales? Quienes defienden esta idea dicen que las superlunas de 1955, 1974 y 1992 estuvieron acompañadas de fenómenos meteorológicos extremos. Todos los años hay fenómenos meteorológicos extremos en alguna parte del mundo y, además, las superlunas de esos años no han sido las únicas. Gracias a la herramienta de John Walker, cualquiera puede comprobar que los acercamientos lunares a menos de 357.000 kilómetros son bastante habituales.

Perigeos y terremotos

El perigeo lunar no está vinculado con un aumento de la actividad sísmica, según explican en Space.com el geofísico John Bellini, del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), y el sismólogo John Vidale, de la Universidad de Washington y de la Red Sísmica del Noroeste del Pacífico. “Científicos del USGS y otros que no lo son han hecho una gran cantidad de estudios sobre este tipo de cosas y no han encontrado nada importante en absoluto”, ha dicho Bellini. Según Vidale, “nunca verás ningún efecto del perigeo lunar. Está en algún lugar entre «no tiene ningún efecto» y «es tan pequeño que no ves ningún efecto»”.

La gravedad lunar causa las subidas y bajadas de mareas en los océanos terrestres, y también movimientos equiparables, aunque a menor escala, en las masas continentales que los expertos llaman mareas de tierra. Éstas son mayores cuando hay luna nueva y llena, que es cuando nuestro satélite y el Sol están alineados al mismo lado o en lados opuestos de la Tierra. “La Luna y el Sol someten a la Tierra a una ligera tensión y, si miras bien, puedes ver un pequeño aumento de la actividad tectónica cuando están alineados. Ves menos de un 1% de aumento de los terremotos y una ligeramente mayor respuesta volcánica”.

Misteriosos fenómenos lunares

Representación de los cerca de 2.000 TLP registrados en los últimos 1.500 años. El grosor de cada punto es proporcional a la frecuencia de fenómenos registrados en cada lugar.Los astrofísicos Arlin Crotts, de la Universidad de Columbia, y Peter Schultz, de la Universidad de Brown, quieren desentrañar uno de los grandes misterios lunares, el de los cientos de destellos y oscurecimientos de origen inexplicable que los astrónomos han creído ver en la superficie del satélite y que se conocen como Fenómenos Transitorios Lunares (TLP). “Se ha informado de unos 1.500”, indica Crotts, quien cree que se trata de algo real, frente a otros astrónomos que sospechan que son ilusiones ópticas.Los TLP son resplandores u oscurecimientos en la superficie lunar que duran entre segundos y horas. Los han visto astrónomos y astronautas de las misiones Apollo, y no se sabe a qué se deben. La mayoría de ellos ha ocurrido en unos pocos sitios de la Luna, con el cráter Aristarco acaparando casi la mitad y el Platón, el 20%. Los científicos escépticos sobre los TLP no consideran que esa localización concentrada sea una prueba a favor de su realidad física. Chuck Wood, de la Universidad Jesuita de Wheeling, cree que se debe simplemente a que son los accidentes lunares que, por sus dimensiones, más atraen la atención de la gente y que los fenómenos transitorios podrían deberse a que el Sol ilumina periódicamente zonas que están normalmente en sombra.

Crotts y Schultz coordinan un proyecto, financiado en parte por la Sociedad Geográfica Nacional, en el que van a utilizar dos telescopios robot de 25 centímetros, uno en Nueva York y otro en el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo (Chile), para fotografiar la Luna cada 20 segundos durante este año y el próximo. “Queremos empezar cogiendo esas cosas en el acto”. Si detectan un TLP auténtico -no debido a las fluctuaciones atmosféricas que hacen titilar las estrellas, por ejemplo-, los ordenadores conectados a los telescopios alertarán a los satélites en órbita lunar para que apunten sus instrumentos de observación al lugar. Los dos científicos creen que los TLP se deben a explosiones causadas por gas radón que escapa del interior del satélite, lo que, de confirmarse, significaría que la Luna está geológicamente viva.

En Paranormalandia se han sugerido, ¡cómo no!, otras razones. “La conclusión más directa que puede deducirse de estos extraños fenómenos -suponiendo que los científicos tengan razón en la no existencia de vida nativa en la Luna- es la de que la Luna está siendo utilizada como base espacial por extraterrestres”, escribía Don wilson en La Luna, una misteriosa nave espacial (1975). Y citaba a Robert Charroux, quien consideraba los TLP una prueba de que los cráteres lunares podían estar siendo “frecuentados por astronautas extraterrestres”.

Aluniza como puedas

Millones de personas no se creen que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y otros diez hombres pisaron la Luna entre 1969 y 1972. El ingeniero espacial y escritor James E. Oberg calcula que en Estados Unidos hay un 10% de incrédulos y, hace dos años, una encuesta entre universitarios del país revelaba que el 27% duda seriamente de que las cosas ocurrieran como las cuenta la NASA. Para toda esa gente, los alunizajes se rodaron en un estudio de cine porque las imágenes son demasiado nítidas, no se ven las estrellas, las banderas ondean y, si de verdad el hombre hubiera llegado a la Luna, habría seguido viajando al satélite.

Resulta chocante, ciertamente, que hoy tengamos problemas para que un puñado de hombres vuelvan sanos y salvos de la Estación Espacial Internacional, cuando se encuentra a sólo 400 kilómetros de altura, una milésima parte de la distancia de la Tierra a la Luna. ¿Cómo se explica que el transbordador espacial corra peligro de desintegrarse durante la reentrada en la atmósfera y que con ninguna cápsula Apollo pasara algo parecido? Muy sencillamente, responden los incrédulos: el proyecto Apollo fue un montaje, y las naves caían al Pacífico, en realidad, desde un avión.

Cielo sin estrellas

La teoría de la conspiración fue formulada en 1974 por Bill Kaysing en su libro We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna). Empleado de Rocketdyne, la firma que desarrolló los motores del cohete Saturno 5, decía que la farsa empezó a urdirse cuando la NASA se convenció de que no iba a poder poner a un hombre en el satélite antes de que acabara la década de los 60, en contra de lo anunciado por John F. Kennedy ante el Congreso de EE UU el 25 de mayo de 1961. El engaño había culminado con la simulación de los seis alunizajes en unas instalaciones cercanas a Las Vegas. El autor de We never went to the Moon sostiene que hubo quien intentó contar la verdad y lo pagó con la vida, como Virgil Grissom.

La bandera no ondea; cuelga de una varilla bajo la Tierra. Las estrellas, al igual que en una noche terrestre, no brillan lo suficiente como para impresionar el negativo.Cuando el astronauta a quien debe su nombre el más popular de los forenses descubrió lo que se tramaba en los pasillos de Washington, decidió hacerlo público. Por eso murió, junto a Edward White y Roger Chaffee, en el incendio del Apollo 1 en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Otros siete astronautas que fallecieron en accidentes de tráfico y aviación entran también dentro del grupo de víctimas mortales de la conspiración. Para Kaysing y sus partidarios, las pruebas de que todo fue un montaje están en los miles de fotos tomadas en el satélite, en cuyo cielo no se ve ni una estrella -“¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?”, se pregunta en su libro una y otra vez- y en donde la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera.

Santiago Camacho, uno de los miembros del equipo de Cuarto milenio, ha sido uno de los principales promotores en España del fraude de los alunizajes. En su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), sostiene que Maria Blyzinsky, del Observatorio de Greenwich (Reino Unido), no se traga la historia de la NASA por la falta de estrellas en las fotos. En Greenwich dicen lo contrario. “La cita es falsa. Maria no sabe de dónde ha salido; pero no representa de ningún modo la postura oficial del observatorio ni su punto de vista personal. El personal del Real Observatorio de Greenwich dedica mucho tiempo a refutar afirmaciones de los promotores del fraude lunar y de otros pseudocientíficos”, indicó a este periódico hace tres años Robert Massey, astrónomo jefe del centro.

Silencio en masa

La conspiración lunar es fácil de desmontar. Para empezar, hay un par de argumentos demoledores que nada tienen que ver con la ciencia: el del silencio ruso y el de la falta de pruebas. ¿Cómo es que los soviéticos no denunciaron el engaño? ¿Es posible que el departamento de efectos especiales de la Casa Blanca engañara al Kremlin y en Moscú optaran por callarse y no denunciar las malas artes de los capitalistas? Además, en pleno apogeo del programa Apollo, la NASA tuvo en nómina a 35.000 personas, y otras 400.000 trabajaban en empresas y universidades contratadas, demasiada gente a mantener callada en un país donde sale a la luz hasta lo que el presidente hace con una becaria en el Despacho Oval.

Armstrong y Aldrin, en el momento de poner la bandera. Foto: NASA.Aunque en las fotos parezca lo contrario, ninguna bandera ondea en la Luna: todas cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Que el cielo no esté salpicado de estrellas se debe a lo mismo por lo cual no se ven durante la transmisión nocturna de un partido de fútbol. Las cámaras estaban programadas con un tiempo de exposición muy corto para que las fotos no se velaran debido a la intensa luz del Sol y su reflejo en la superficie lunar; el brillo de las estrellas era, por el contrario, demasiado débil para impresionar la película. No se ven, de hecho, estrellas en las imágenes de ninguna misión tripulada de la Historia.

Los astronautas trajeron 382 kilos de piedras lunares que geólogos de todo el mundo han autentificado como tales, y dejaron en el satélite espejos láser que se han utilizado para medir la distancia entre los dos mundos mediante rayos láser. Por si eso no fuera bastante, a pesar de cómo lo presentan algunos autores, Kaysing no sólo nunca fue empleado de la NASA, sino que tampoco tuvo nada que ver con el proyecto Apollo. Es cierto que trabajó en la compañía Rocketdyne, pero como bibliotecario, porque era licenciado en Filología Inglesa. Además, dejó la empresa en 1963, antes de que se implicara en la conquista de la Luna, que fue una costosa carrera militar que se abandonó una vez que hubo un ganador y el perdedor admitió el resultado. Las cápsulas Apollo eran de un solo uso y por eso, aunque más primitivas, eran más seguras a la hora de la reentrada que los actuales transbordadores, y algunos astronautas murieron en los años 60 en accidentes de aviación porque eran pilotos de pruebas.


El docudrama

Operation Lune (2002): Película con formato de documental en la que Henry Kissinger, Christiane Kubrick -viuda del cineasta- y Donald Rumsfeld afirman que los alunizajes fueron un montaje. Es una broma del canal Arte francés. A la venta, en inglés y francés.

Publicado originalmente en el diario El Correo.