Leire Pajín

La muerte es lo más natural de lo natural, ministra Mato

No hay nada más natural que la muerte. Todos los seres vivos estamos condenados a ella desde que nacemos y, a pesar de ser tan natural, los conscientes no tenemos ninguna prisa porque llegue. Al contrario. Sin embargo, algunos de nuestros congéneres han sacralizado lo natural frente al mundo artificial en el que vivimos. Parece que creen que, en un feliz pasado, el ser humano vivió en sintonía con la naturaleza como en una vieja película de Disney. No; nunca ha sido así.

Las diez primeras causas de muerte por cada 100.000 personas en Estados Unidos, en 1900 y 2010. Fuente: 'The New England Journal of Medicine'¿Saben lo que nos mataba hace un siglo en el mundo desarrollado? Según recordaba hace unos días The New England Journal of Medicine, en Estados Unidos en 1900, la neumonía, la gripe y las infecciones gastrointestinales estaban detrás de cerca de la mitad de los fallecimientos debidos a las diez principales causas de muerte. La otra mitad correspondía a patologías cardiacas, cerebrovasculares, nefropatías, cáncer… Fallecían anualmente por esas diez causas unas 1.100 personas por cada 100.000. Hoy en día -son datos de 2010-, mueren al año en EE UU unas 600 personas de cada 100.000, y las principales causas son las enfermedades cardiacas (193) y el cáncer (187). La neumonía y la gripe siguen entre los males mortales, pero han descendido del primer al noveno lugar, de matar a 202 personas de cada 100.000 al año a cobrarse la vida de 16; y han desaparecido del top ten la tuberculosis, las infecciones gastrointestinales y la difteria. Ah, la esperanza de vida media en España en 1900 era de 34,7 años, menos que la mitad que en la actualidad.

¿A qué viene todo esto? A que, evidentemente, la mejora en la calidad de vida en Occidente, y la consiguiente mayor esperanza de vida, no ha sido fruto de la casualidad ni de la bondad de la naturaleza, sino de los avances en la medicina y la higiene. Nada -y subrayen este nada cuantas veces quieran- de esa mejora se la debemos a una vuelta a lo natural ni, por supuesto, a alguna de las mal llamadas medicinas alternativas (en China, paraíso de todo tipo de curanderismos, la esperanza de vida casi se ha duplicado desde la llegada de la medicina occidental). Ha sido la medicina de verdad -las alternativas a la medicina no son medicinas- la que ha plantado batalla a enfermedades que han sido erradicadas, como la viruela, la que ha convertido en crónicas otras mortales, como el sida, y la que cura cada vez más cánceres, por poner el ejemplo de un tipo de patología cuya sola mención aterra a mucha gente. No hay ni una sola enfermedad a la que venzan homeópatas, acupuntores y otros curanderos.

No me cansaré de repetirlo: la medicina científica no lo cura todo, pero la alternativa no cura nada. Así, los dos grandes centros de investigación sobre la mal llamada medicina alternativa de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE UU no han desarrollado ninguna terapia efectiva contra ninguna enfermedad en sus casi 20 años de funcionamiento a pesar de haber gastado miles de millones de dólares. El Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM) y la Oficina de Medicina Complementaria y Alternativa para el Cáncer (OCCAM) cuestan anualmente 240 millones de dólares que van a la basura.

“Alguna cosa natural”

“Sacaremos del vademécum medicamentos de escaso valor terapéutico que se pueden sustituir con alguna cosa natural”, anunciaba la ministra Ana Mato la semana pasada. ¿Qué narices quiere decir con “alguna cosa natural”? “Alguien debería escribir una tesis sobre cómo cada presidente español hace bueno al anterior”, recordaba hace unos días Jose A. Pérez en Twitter cuando Mariano Rajoy intentó convencernos de que, al aceptar 100.000 millones de euros para rescatar nuestro sistema bancario, estábamos haciéndole un favor a Europa. De esos jefes vienen estos subalternos. Después de Leire Pajín, la ministra Power Balance, llega Ana Mato, la ministra de lo natural, ignorante de que aquellos remedios naturales que funcionan acaban convirtiéndose en medicinas y el resto son, en el mejor de los casos, placebos.

El dúo Pajín-Mato personifica el matrimonio entre la política de carrera y el principio de Peter. Es terrible. No sé lo que hemos hecho los españoles. ¿De verdad nos merecemos tanta ineptitud al frente de un departamento tan importante como el de sanidad? No digo que no pueda y deba ahorrarse, sino que es un auténtico despropósito dejar de subvencionar 425 medicamentos que funcionan -si no funcionan, ¿por qué autorizaron en su día su subvención?- en favor de “alguna cosa natural” para ahorrar 458 millones de euros anuales. Como ha escrito Carlos Fonseca, “la decisión es económica y no terapéutica; no pretende mejorar nuestra salud, sino gastar menos”.

En coincidencia con las declaraciones de la ministra, he tenido que recurrir a antibióticos, antitusivos y analgésicos para hacer frente a una infección de las vías respiratorias, y me he curado en un tiempo razonable. No quiero ni pensar lo que habría sufrido de apostar por los remedios naturales de Mato, o por la homeopatía tan querida por la Universidad de Zaragoza y la Universidad Pública de Navarra. Recuerden de qué moría mucha gente hace sólo un siglo, cuando vivíamos en mayor sintonía con la naturaleza que hoy. Recuerden que las mal llamadas medicinas alternativas no curan nada. Y recuerden que no hay nada más natural que la muerte. Claro que igual, en el fondo, de lo que se trata es de acelerar el proceso natural para ahorrar dinero público y que sólo puedan retrasar lo inevitable quienes puedan pagarlo.

Por el reconocimiento de la terapia ferroviaria por el Sistema Nacional de Salud

Vecinos de Rawa Buaya, en Indonesia, tumbados en la vías del tren para curarse de sus males. Foto: Reuters.

Imagine que se populariza la creencia, por ahora limitada al pueblo indonesio de Rawa Buaya, de que la electricidad estática de las vías del tren tiene poderes curativos contra algunas enfermedades. No es algo más disparatado que creer que, cuanto más disuelta está una sustancia, más potente es, uno de los principios básicos de la homeopatía. Así que considere la posibilidad de que se extienda por el mundo el hábito sanitario de tumbarse en las vías, que haya médicos especialistas en ese campo que lo recomienden a pesar de la ausencia de pruebas sobre su efectividad, que muchos enfermos realicen esa práctica de modo complementario -sin renunciar a otros tratamientos realmente curativos- y que llegue un momento en que los terapeutas ferroviarios pidan su rconocimiento por las autoridades sanitarias. ¿Qué deberían hacer las autoridades?

Yo lo tengo claro: reconocer como tales sólo aquellas terapias demostradas científicamente y, si llega el caso, proteger a los ciudadanos ante quienes vendan remedios y tratamientos fraudulentos. Añado a eso que el dinero de todos únicamente ha de financiar tratamientos médicos de efectividad probada. Si alguien quiere que le hagan una limpieza de aura o tumbarse en las vías del tren, que se lo pague de su bolsillo y que tenga cuidado. Obviamente, siempre habrá grupos de presión, sean médicos acupuntores, terapeutas ferroviarios o multinacionales de la homeopatía que vendan nada a precio de oro. Y siempre habrá políticos dispuestos a plegarse a los intereses de esos grupos y agradar a los colectivos de afectados que quieren que el reiki, las flores de Bach y la reflexoterapia se las paguemos entre todos. ¿Qué creen ustedes que deben hacer los científicos cuando pasa algo así?

También lo tengo claro: dictaminar lo que está científicamente demostrado y lo que no. Luego, los políticos harán lo que más convenga a sus intereses -que no tienen necesariamente que coincidir con la consecución del bienestar general-, como ha sucedido en Reino Unido, donde la Asociación Médica Británica (BMA) y una comisión parlamentaria determinaron que la homeopatía es un timo y el Gobierno ha decidido ignorar el punto de vista científico. La decisión política no debe, sin embargo, acallar a los científicos, sino que ha de animarles a gritar más alto, a denunciar públicamente el disparate cuantas veces haga falta y mediante todos los medios posibles. Porque quienes saben no pueden permanecer callados cuando lo que se hace desde las instituciones es amparar a timadores de la salud que podrían acabar recibiendo dinero de todos para paracticar terapias no más efectivas que el “cura, cura, sana, culito de rana”.

Sanidad amparará timos

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.¿A qué viene todo esto? A que el ministerio español de Sanidad, dirigido por Leire Pajín, la ministra Power Balance, va a regular la práctica de terapias cuyas efectividad no ha sido demostrada después de décadas de investigación. Pajín anunció en julio que la lista de medicinas alternativas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud se conocerá este mes y que, entre ellas, estará la quiropráctica, cuyos practicantes sostienen que la mayoría de las enfermedades se deben a subluxaciones de la columna vertebral que presionan los nervios y dicen que pueden sanar o aliviar a los enfermos corrigiendo esas subluxaciones, de cuya existencia, por cierto, hay tantas pruebas científicas como de la de los espíritus.

La decisión gubernamental va a tomarse a partir de un documento elaborado por responsables del Ministerio de Sanidad y Consumo y las comunidades autónomas, que dice, entre otras cosas, que “en términos generales, pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos. Sin embargo, esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia”. El razonamiento, digno de Groucho Marx, serviría para ampliar sin problemas el campo de las terapias alternativas al vudú y la regresión a vidas pasadas, que en el fondo tienen tanto fundamento como la homeopatía, la quiropráctica, la reflexología y demás pseudomedicinas.

Seguidamente, los autores del informe argumentan que “muchos pacientes refieren cierto grado de satisfacción asociado a una percepción de mejoría de los síntomas o en su bienestar o en calidad de vida, aunque en muchas ocasiones no se dispone de estudios que permitan determinar si esta mejoría es debida al efecto específico causado por el tratamiento administrado o a un efecto placebo” y que, “además, muchas veces las terapias naturales son utilizadas como segunda o tercera opción de tratamiento, o con carácter meramente complementario, por lo que los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. Resumiendo: las llamadas terapias naturales no funcionan, pero hay quienes dicen que les van bien -aunque puede ser que se deba al efecto placebo- y las usan como complemento, por lo que no importa que no funcionen. Por si eso fuera poco, el periodista científico Mauricio-José Schwarz destaca que, “en el colmo de la exhibición de ignorancia, [los expertos de Sanidad y las comunidades autónomas] comentan un supuesto estudio sobre el oscillococcinum que dice usar la homeopatía y que, simplemente, no existe“.

Con esos mimbres tan quebradizos, el departamento que dirige la ministra Power Balance va a fabricar un cesto legal para amparar pseudomedicinas que en nada se diferencian de la brujería y va a darles credibilidad, jugando con la salud de los ciudadanos. Ya, de paso, podía incluir la terapia ferroviaria entre las prácticas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud en previsión de su importanción desde Oriente, vista la satisfacción que muestran los vecinos del pueblo de Rawa Buaya después de tumbarse en las vías. A fin de cuentas, los expertos Sanidad y las comunidades autónomas creen que, aunque no haya pruebas de que una terapia funcione, si la gente cree en ello y la usa como práctica complementaria, “los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. ¿Cabe mayor desfachatez? Por mucha gente que crea en algo y se sienta mejor por creer en ese algo, eso no implica que ese algo exista. ¿O es que los millones de pulseras Power Balance que se han vendido en todo el mundo a convencidos de su poder significan algo más que que hay millones de ingenuos como Leire Pajín?

Si la homeopatía, el reiki, las flores de Bach y otras muchas terapias alternativas no han demostrado su eficacia científicamente, es que no funcionan más allá del placebo. El resto son fuegos de artificio para contentar a los grupos de presión formados por los profesionales de esas prácticas y la industria alternativa en detrimento de los pacientes, las víctimas, los timados.

José María García usa la misma Power Balance que Leire Pajín

José María García conversa con Alfredo Pérez Rubalcaba, en un homenaje a Luis del Olmo. Foto: Efe.

El periodista deportivo José María García lleva desde hace meses en la muñeca derecha el mismo modelo de pulsera Power Balance que usaba Leire Pajín hasta que fue nombrada la ministra de Sanidad. Vi ayer en La 10 que García lucía la pulsera mágica y hoy he encontrado esta imagen del 25 de marzo en la que conversa con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, durante un homenaje a Luis del Olmo con la Power Balance en la muñeca derecha. Naturalmente, él creerá que le funciona a pesar de que todas las pruebas indican lo contrario. Que un periodista confíe en un producto milagro resta credibilidad a su trabajo porque demuestra que no tiene muy claro lo que es y lo que no es una prueba de algo, y que es fácil engañarle.

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.

La condena a Fernando Cuartero por llamar “vulgares estafadores” a unos espiritistas, en Radio 3

Ángel Carmona y yo hemos hablado hoy de la viajera del tiempo de la película de Chaplin, la pulsera Power Balance de Leire Pajín y de Fernando Cuartero, multado por llamar “vulgares estafadores” a unos espiritistas, en Hoy Empieza Todo, en Radio 3. ¡Pensamiento crítico a mil por hora a primera hora de la mañana!

Fotos de Leire Pajín, la nueva ministra de Sanidad, con la pulsera Power Balance

Leire Pajín, nueva flamante ministra de Sanidad, ha llevado durante meses en la muñeca izquierda una pulsera Power Balance, un producto milagro que también han lucido políticos de la oposición como Gustavo de Arístegui y presidentes de comunidades autónomas como Esperanza Aguirre y Patxi López. Lo dije en su día: el auge de la Power Balance es un síntoma de que la ignorancia no entiende ni de profesiones ni de inclinaciones políticas, pero resulta especialmente grave que quienes aspiran, tienen o han tenido responsabilidades de gobierno demuestren tanta incultura.

Leire Pajín saluda a Iñigo Urkullu en los pasillos del Senado el 10 de febrero. Foto: José Ramón Ladra.

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.

Leire Pajín sale de un coche en Montevideo el 26 de marzo. Foto: Efe.

Leire Pajín, con el ministro José Blanco en el Senado el 13 de abril. Foto: Efe.

Leire Pajín, con el ministro Francisco Caamaño en el Senado el 13 de abril. Foto: Efe.