Josep Pámies

Barcelona cede locales para la difusión de disparates como que podemos alimentarnos del Sol y el agua de mar

Cartel del II Congreso Alimentacion Consciente.Barcelona acogerá este fin de semana el II Congreso y Feria Alimentación Consciente, un encuentro en el que se fomentarán la alimentación ayurvédica y cuántica, las propiedades alimenticias del agua de mar y que miremos al Sol para nutrirnos de su energía directamente, como si fuéramos geranios. Lo organiza Miguel Celades, quien cree, entre otras muchas tonterías, que los seres humanos fuimos creados por alienígenas mediante ingeniería genética. En los últimos años, ha montado congresos en los que, previo paso por taquilla, uno puede asistir a charlas de individuos que niegan que el VIH cause el sida, que se oponen a las vacunas, que están convencidos de que hay extraterrestres reptilianos entre nosotros y de que la Tierra es hueca, o cualquier otra chifladura.

Celades solía celebrar habitualmente estos saraos en hoteles con grandes salas para convenciones, pero últimamente ha echado el ojo a centros públicos. No sé la causa, aunque supongo que puede ser que le salga más barato alquilar un local municipal que un gran salón de un hotel. En octubre pasado, organizó su IX Congreso Ciencia y Espíritu en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Santander, aunque al final lo suspendió sin dar explicaciones ni al Ayuntamiento, titular de las instalaciones, desde donde me indicaron que la razón de la anulación pudo ser que no había vendido las suficientes entradas. Cuando le pregunté a Celades por qué había cancelado el encuentro cántabro, me dijo que lo explicaría en su siguiente congreso. Cinco meses después, la cesión de un local público para difundir anticonocimiento se repite; está vez en Barcelona.

El II Congreso y Feria Alimentación Consciente se celebrará mañana y el domingo en el centro cívico barcelonés de La Sedeta. Contará con la participación, entre otros, de Josep Pamiés,  que en 2006 fue condenado en España por arrasar un campo de maíz transgénico; de Guillermo Cazenave, profeta de la Nueva Era que defiende que “nuestra naturaleza debería ser la de alimentarnos únicamente de frutas, frutos y verdura” ; y de Antonio Martínez, profesor de yoga, quien dice: “Usted mismo, como los vegetales podrá incorporar directamente la energía del Sol. Sin necesidad de hacerse dependiente de ningún gurú o maestro, el Sol directamente le nutrirá y le dará cuanto necesite”. Y, por supuesto, habrá que pagar. “No cobramos. Sólo pedimos la compra mínima del pack de DVD del I Congreso y Feria de Alimentación Consciente del 2011″, dicen los organizadores. Eso se traduce en 22 euros por la entrada de un día y el doble por la de los dos.

Dos congresos a la vez

Según me ha indicado la responsable del centro cívico La Sedeta, la Asociación 7.000 millones ha pagado 239,98 euros diarios por el alquiler de un salón de actos con 300 butacas y varias salas más pequeñas para reuniones. Como es lógico, consideran que la compra de DVD para acceder al acto es una suerte de venta de entradas porque, si no, hubieran aplicado una tarifa de alquiler menor: 119,94 euros diarios. Al igual que sucedió en Santander, los responsables públicos barceloneses comprobaron que la entidad organizadora cumple la legalidad y que la actividad no va “contra los principios constitucionales ni los derechos humanos” ni contra los principios de la convivencia, pero no entraron a examinar a fondo los temas del encuentro. Se han enterado por mí de que la alimentación consciente consiste, entre otras cosas, en vivir de la luz solar o el agua de mar, algo imposible. Además, les he informado del tipo de jornadas que suele montar Celades, incluidas las de exopolítica.

Me parece un grave error de gestión que se cedan o alquilen locales públicos para difundir la irracionalidad, la conspiranoia e ideas tan peligrosas como la de mirar directamente al Sol -que puede provocar graves lesiones oculares e incluso ceguera-, la antivacunación y la negación del sida. Entiendo que las autoridades no pueden saberlo todo ni investigar a fondo de qué va todo aquello para lo que se pide el uso de locales públicos, pero casos como éste demuestran que hace falta un mayor control de los contenidos.

Curiosamente, este fin de semana se celebra en Barcelona otro encuentro de nombre idéntico al de Celades, el 2º Congreso y Feria Alimentación Consciente, montado por VíaDimensión en el auditorio Axa del centro comercial L’illa Diagonal, al precio de 25 euros un día y 50 los dos. Esta duplicidad de encuentros pseudocientíficos sobre el mismo tema parece consecuencia de una guerra entre los organizadores, que, sin embargo, comparten como ponente a Segu Krishna Ramesh, experto en alimentación cuántica, sea eso lo que sea. Si hay competencia por celebrar actos así, es porque hay mercado para estas chifladuras. Lamentablemente.

Cuatro presenta como un héroe a quien arrasa cultivos transgénicos y vende plantas medicinales venenosas

¿Se imaginan a algún medio de comunicación presentando como un héroe a alguien que haya quemado intencionadamente un bosque porque no le gustan los árboles que crecen en él y que vende productos tóxicos porque cree que curan el cáncer? ¿A qué no? Pues algo así hicieron ayer Noticias Cuatro al mediodía y CNN+ durante toda la jornada con una pieza dedicada a Josep Pamiés, seguidor del activista francés antiglobalización José Bové.

“Josep Pamiés siempre ha apostado por los cultivos ecológicos. En 2006 fue el primer agricultor condenado en España por segar un campo de maíz transgénico”, explicaban en el reportaje. El protagonista se lamentaba de lo “mal visto” que está lo que había hecho y de que la táctica de Bové de segar campos de transgénicos es factible en Francia “porque hay sólo pequeños campos experimentales, pero aquí, en Cataluña, es todo transgénico”. Vamos, que, si no fuera porque no daría abasto, seguiría arrasando los cultivos de otros porque lo que crece en ellos no le gusta.Para coronar la pieza, nos ofrecieron el testimonio de un enfermo de cáncer, Ramón Vidal, que va todos los días a la granja de nuestro héroe para hacerse con hojas de Kalanchoe daigremontiana con las que tratarse contra la enfermedad y de una mujer -¿su esposa?- que indicaba que, “dado que él tiene un cáncer muy malo, lo que no podemos hacer es tomar sólo las plantas: tenemos que también hacer la quimioterapia”. ¡Menos mal!

Ojalá le vaya bien y se cure; aunque entonces atribuya falazmente su sanación al remedio mágico y no a la medicina, como hizo otro cliente de Pamiés, según él mismo cuenta en su blog, poco después de que nuestro agricultor ecologista tuviera noticia de los supuestos poderes anticancerígenos del Kalanchoe. “Unos dos meses más tarde, casualidades de la vida, vino otra persona, Carles, de Lleida, interesado por la Stevia y, al observar la planta colombiana un poco crecida, un poco sorprendido me da la grata noticia de que su mujer con un cáncer de mama con un tumor calificado de grande, al combinar la quimioterapia previa a la cirugía con la colombiana, redujo el tumor más de la mitad de su tamaño y los ganglios linfáticos aparecieron limpios. Me comentó que estos resultados tan positivos los atribuye en buena parte a la planta”.

Paladas de anticiencia

La realidad es que el Kalanchoe daigremontiana es una planta venenosa que contiene un glucósido cardíaco, la daigremontianina, que puede llegar a causar la muerte. Tras el testimonio del paciente de cáncer y su allegada, la reportera de Cuatro recordaba que la venta de algunas llamadas plantas medicinales está prohibida en Cataluña, a lo que Pamiés replicaba que él seguirá vendiendo el Kalanchoe y otras plantas, y regalándolas. ¡Sí, señor! ¿O es que nadie quiere acabar de una vez con la conspiración de las autoridades sanitarias y las farmacéuticas para evitar que enfermos como Ramón Vidal se envenenen con una planta tóxica? “De forma más pacífica, su lucha contra lo químico continúa”, sentenciaba la reportera respecto a Pamiés.

En un vídeo de menos de dos minutos, se alababa la actitud de quienes arrasan campos de transgénicos; se fomentaba un remedio contra el cáncer no sólo no demostrado científicamente, sino que además conlleva la ingesta de una planta venenosa; se daba cobertura a alguien que anunciaba que va a saltarse la ley y seguir comercializando esa planta, aunque eso suponga un riesgo para la salud; y se rubricaba todo ello con la estupidez de que en la agricultura natural no hay química cuando hay química en todo. Ni un palabra de ciencia y paladas de anticiencia en un reportaje a mayor gloria del movimiento antitransgénicos, una iniciativa que cuenta con buena prensa en la misma medida que carece de pruebas científicas en respaldo de lo que sostiene.

Digan lo que digan los profetas de lo natural, lo que ellos llaman productos ecológicos son el fruto de milenios de manipulación de genes, porque el hombre lleva practicando la modificación genética de plantas y animales desde que empezó a domesticarlos, si bien ahora puede hacerlo en el laboratorio con mucha más precisión y seguridad. Como me dijo hace ya ocho años Félix Goñi, director de la Unidad de Biofísica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad del País Vasco (UPV), “los que hoy se oponen a las cosechas transgénicas son los que se oponían al ferrocarril, a la luz eléctrica…”.