José Carlos Pérez Cobo

300 euros para el mejor artículo sobre pensamiento crítico

El biólogo y divulgador José Carlos Pérez Cobo. Foto: ETB.El Círculo Escéptico ha convocado la primera edición del premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico. Dotado con 300 euros, está destinado a artículos de prensa escritos en español que fomenten el pensamiento crítico y el escepticismo científico. Los trabajos deberán tener un máximo de 2.000 palabras y haber sido publicados en un medio impreso o digital entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2015. Las bases de la convocatoria establecen que las candidaturas habrán de enviarse a premio@circuloesceptico.org en formato digital antes del 21 de octubre, y el jurado emitirá el fallo en los 30 días siguientes.

José Carlos Pérez Cobo murió a consecuencia de un cáncer el 21 de octubre de 2015. Biólogo y divulgador, posiblemente muchos de ustedes no supieran de él, pero deberían. Como recuerdan sus compañeros de la UPV en la necrológica, “su imponente estatura, su barba, su voz poderosa y su aparente severidad escondían un espíritu amable y bondadoso”. Era un tipo tan grande físicamente como afable, tan inteligente como divertido, y con una gran capacidad de explicar al lego las cosas más complejas. Lo sé porque a mí me explicó algunas. Amante de la ópera y del jazz, siempre respondió a mis llamadas profesionales de socorro.

Se desenvolvía de maravilla no sólo en clase -era profesor de Fisiología Humana en la Universidad del País Vasco (UPV)-, sino también en charlas ante todo tipo de público y en la televisión, como puede comprobarse en el episodio de la serie Escépticos (ETB) en el que explicó por qué usa la industria cosmética tanta palabrería científica. Aquí tienen, por ejemplo, la charla Agua depurativa que dio en 2007 en la segunda edición de las jornadas Misterios, a la luz de la ciencia:

Además de biólogo, José Carlos practicó el periodismo y era socio activo del Círculo Escéptico, entidad que apoyó desde su nacimiento. Por eso, nada más enterarnos de su muerte, en la asociación pensamos en crear un premio periodístico que llevara su nombre. Creíamos que era la mejor manera de recordar su figura y trabajo por nuestra parte. Lo consultamos con la familia y les gustó la idea. La intención de todos es que la dotación económica aumente en sucesivas ediciones y que se sumen nuevas categorías al premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico, además de la inicial de artículos de prensa.

Hay muchos premios de periodismo en España, pero no hay ninguno que reconozca el fomento del escepticismo. De hecho, hasta hace poco tiempo el periodismo científico no ha tenido un especial interés en nuestro país en denunciar fraudes como las pseudomedicinas y la charlatanería paranormal. Sin embargo, como indica el Circulo Escéptico en el anuncio de la convocatoria, “el pensamiento crítico y el escepticismo científico son fundamentales para que en las sociedades democráticas la ciudadanía tome decisiones con conocimiento de causa, tal y como demuestra que aún exista debate sobre la necesidad de vacunar a los niños, la petición de prohibir el wifi en lugares públicos y la denuncia, por 109 premios Nobel, de la anticientífica actitud de Greenpeace contra los transgénicos“.

Sólo me queda decirles una cosa: ¡anímense y participen! Yo, en su lugar, lo haría.

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, alerta una gurú de la autoayuda en ‘La Vanguardia’

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, sentenciaba Maria Àngels Farreny ayer en La Vanguardia. Vivimos en una sociedad en la cual proliferan los gurús, y Farreny es uno de ellos. Experiodista, se gana la vida como entrenadora personal de respiración, meditación y liderazgo. Su negocio consiste en vender cursos, entre ellos uno de 70 horas en el que dice que enseña a respirar, titulado La ciencia del control del ritmo respiratorio/cardiaco y postural. Cuesta 650 euros, se publicita como “homologado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña” y lo imparten ella y la actriz Miriam Marcet, su socia en Natura Respira 3.0: Escuela Europea de Respiración. ¿Que usted ya sabe respirar?, ¿que lo hace inconscientemente? Es lo que se cree, pero no es verdad y no sabe lo que se está jugando.

“Con una buena respiración y una buena postura corporal, porque tienen que ir ambos ligados, puedes prevenirlo prácticamente todo. La mayoría de enfermedades vienen provocadas por una falta de oxígeno, y hay que recordar que el cuerpo humano está formado por un 85% de agua. Si coges agua, la estancas durante tres o cuatro días y no está oxigenada, ¿qué sucede? Se pudre. Respirar quiere decir vivir, lo repetiré las veces que haga falta”, dice Farreny en la entrevista que le hacen en el diario barcelonés. Vale, todos sabemos que, si no respiras, te mueres. Para ser conscientes de eso, no hace falta ningún gurú. Pero respirar bien no previene “prácticamente todo”, la mayoría de las enfermedades no están provocadas por una falta de oxígeno y comparar el cuerpo humano con un estanque de agua es de un charlatanesco que da miedo.

“Lo del estancamiento del agua podrida supera mis capacidades de comprensión -reconoce José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco-. En cualquier caso, habría que recordar a estos señores que lo que todos entendemos por agua oxigenada, el peróxido de hidrógeno, es un tóxico potentísimo. Y, si se refieren al oxígeno disuelto en el agua, la cantidad es muy pequeña e irrelevante en condiciones normales: respirando aire atmosférico y con el cuerpo a los 37º C de rigor. Porque el oxígeno no viaja en la sangre unido al agua del plasma sanguíneo, sino unido a la hemoglobina en el interior de los eritrocitos -o hematíes o glóbulos rojos-, y la hemoglobina, cuando la sangre abandona los pulmones, está saturada de oxígeno. En reposo, la cantidad de oxígeno en la sangre varía entre una saturación de casi el 100% cuando deja los pulmones a una saturación de alrededor del 75%-80% cuando vuelve a ellos (la famosa sangre sin oxígeno que nos venden los gurús). Aumentar en reposo la intensidad respiratoria no consigue aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre, porque ya está saturada. Todo esto, claro, en condiciones fisiológicas normales. En caso de enfermedad, los valores pueden variar mucho, pero por causa del mal”.

Nobel inventado

Parte de la entrevista a Maria Àngels Farreny publicada en 'La Vanguardia'.Farreny acaba de publicar con su socia el libro Dime cómo respiras y te diré cómo vives. Explican en él “cómo transformar una situación negativa en una situación positiva a partir de una buena praxis respiratoria y postural”. “Respirar conscientemente es vivir conscientemente. No habría tantos accidentes ni enfermedades, ni cosas raras; iríamos más felices por la vida, ofreciendo sonrisas a desconocidos”, asegura en La Vanguardia. E intenta convencer al periodista: “Te daré un dato: sólo utilizamos un 10% de nuestra capacidad pulmonar. ¡Un 10%!”. No siempre ha sido así, explica. “Si te fijas en la barriga de un bebé verás que sube y baja, esto quiere decir que hace las inspiraciones completas. A medida que nos vamos haciendo mayores, nos van bombardeando con el «esto no se dice», «esto no se hace» y «esto no se toca», y nos vamos conteniendo”.  ¿Hay que sumar el mito del 10% de la capacidad pulmonar al de que usamos sólo el 10% del cerebro?

“Curiosamente, es verdad en cierta manera -advierte el fisiólogo y miembro del Círculo Escéptico-. En cada ciclo respiratorio en reposo, se sustituye con la atmósfera aproximadamente el 10% de la capacidad pulmonar total (una tercera parte de ese 10%, a su vez, se queda en el espacio muerto anatómico, donde no se produce intercambio de gases con la sangre). La razón de esto es que permanezcan constantes las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los alveolos (en el gas alveolar), un factor fundamental para el mantenimiento de las concentraciones de estos gases en la sangre. Pero los pulmones están siempre llenos de gas (el caso contrario, se debe a un neumotórax, que es siempre patológico). Con las inspiraciones forzadas, seguidas de espiraciones forzadas, consigues intercambiar más cantidad de aire del interior de los pulmones, cosa que haces durante el ejercicio intenso porque las demandas de oxígeno aumentan. Si en reposo haces inspiraciones y espiraciones forzadas continuadas, vas a ver que muy pronto no puedes continuar, porque, si bien aumentas la concentración de oxígeno en el gas alveolar (algo irrelevante, como puedes deducir de lo dicho más arriba), reduces sustancialmente la concentración de dióxido de carbono y esto frena de inmediato la respiración forzada. Además, algunas personas, si hacen una serie larga de respiraciones forzadas, pueden sufrir un ataque epiléptico”. Ah, y los bebés no son diferentes a los adultos en lo que a la respiración se refiere.

En su afán por rodearse de un halo científico, la experiodista saca a relucir a un Nobel. “Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, están relacionadas con la falta de oxígeno. Otto Warburg, recibió dos premios Nobel en los años 30 por descubrir la relación que hay entre cáncer y oxígeno”. Ni lo uno ni lo otro. El fisiólogo alemán no ganó dos veces el Nobel, sino una, en 1931. Y no le premiaron por hallar “la relación que hay entre cáncer y oxígeno”, sino “por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria” . Es cierto que Warburg sostuvo hasta su muerte en 1970 que “la sustitución de la respiración de oxígeno [por parte de la célula] por la fermentación es la causa del cáncer”, pero ni le premiaron por plantearlo ni concuerda con lo que sabe la ciencia del siglo XXI. “Todo Nobel que se precie ha dicho más tonterías de las necesarias. Pero confundir la respiración celular -las reacciones bioquímicas en las mitocondrias de las que se obtiene energía con la unión final del oxígeno al hidrógeno para formar agua- con la ventilación pulmonar -nombre fisiológico de lo que vulgarmente se llama respiración- es un error de aficionado”, indica Pérez Cobo.

“¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”

“No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede”, declaraba Farreny hace un año a El Periódico. Autoayuda pura y dura que la experiodista ha conseguido que respalde la Generalitat, al homologar su curso. “Pretendemos que las sencillas y poderosas técnicas de La ciencia del control del ritmo respiratorio se incluyan en los planes de estudio, desde Primaria hasta Formación Profesional. Y la aportación final es la creación de un posgrado para una nueva profesión: entrenador personal de respiración y consciencia”. ¿Y quién formará a esos especialistas? Su organización, claro, previa superación, y pago, de su curso y después de estudiar otros dos años más a un precio que no se revela.

Farreny vio la luz hace años en un viaje a Poona (India), donde dice que se formó “en técnicas corporales como cráneo-sacral, tantra y respiración consciente”, a través de las cuales aprendió “a re-conocer su cuerpo y a tener conciencia de su respiración, reconectando, a partir de sus propias experiencias vitales y sensoriales, cuerpo, mente y espíritu”. Mística oriental para sacar los cuartos a los occidentales a quienes sobra el dinero. “No hay mejor manera de respirar de forma inadecuada que empeñarse en pensar en cómo respiras -advierte Pérez Cobo-. ¡Déjate llevar, que el cuerpo es muy sano! ¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”.

Elevar a titular la idea de que “no respirar bien nos puede provocar cáncer” es, además de dar pábulo a la anticiencia, trasladar a los enfermos oncológicos la culpa de su enfermedad, algo muy propio de ciertos practicantes de la medicina alternativa y una indecencia. “Si sufres un cáncer de pulmón, no se debe a que has respirado mal toda la vida”, concluye el científico y divulgador vasco.

El semen es la esencia del hombre y ser una bala loca sexual propicia enfermedades degenerativas

Si le sobran 15,9 euros, puede comprarse “el secreto del elixir de la eterna juventud”. Así define la periodista Raquel Quelart en La Vanguardia el libro Alimentos que curan, de Jorge Pérez-Calvo y Pilar Benítez, un médico y una economista con ideas estrafalarias. ¿Cómo cuáles? Como la que da título a la entrevista publicada el jueves en la web del diario barcelonés: “Los hombres pierden la esencia a través de la eyaculación”. Aquí la tienen en su contexto:

“-¿Cómo se puede gestionar la energía sexual?

-P.B.: Los hombres pierden la esencia a través de la eyaculación. Estas técnicas orientales enseñan a cómo no emitir el semen en la relación sexual, sino a aspirarlo, convertirlo en energía vital, hacerlo circular a través de los meridianos para que llegue a los órganos.

-J.P.C.: Pero eso es una técnica que no es fácil.

-Entonces, ¿eyacular no es bueno para el hombre?

-J.P.C.: La sexualidad es muy saludable, pero el hombre tiene que tener en cuenta que cuando emite, pierde; eyacular no es banal, tiene un peso biológico; el hombre debe saber que la emisión no es la parte principal de la relación, por lo que debe darle más importancia a todos los prolegómenos. La mujer necesita un calentamiento mucho más lento y progresivo para que entre en un estado importante de excitación y de disfrute. La mujer también pierde energía con la regla.”

Imbecilidades rancias

Si lo que sostiene Pilar Benítez de los hombres lo dijera un hombre de las mujeres, la teníamos montada. Supongan que voy y sentencio en un periódico o en la tele algo del estilo de: “Las mujeres pierden la esencia con el flujo menstrual”. No me cuesta nada imaginarme a algunos colectivos saltándome -con razón- al cuello por cosificar a la mujer como un mero depósito de óvulos. Porque esencia es, según las dos primeras acepciones del Diccionario de la RAE, “aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”, o “lo más importante y característico de una cosa”. Decir que el semen es lo esencial del hombre equivale a decir que los óvulos son lo esencial de la mujer. Una imbecilidad como la copa de un pino que parece sacada de un manual nacionalcatólico para reprimir la sexualidad, aunque, según nuestros protagonistas, la idea proceda de Oriente.

Pérez-Calvo y Benítez añaden a esa tontería otras dos en lo que respecta al sexo: la idea de que “para cambiar tu manera de hacer el sexo tienes que cambiar tu alimentación” -¿varían tus inclinaciones si pasas de degustar ostras a disfrutar con los caracoles, por usar la imagen utilizada por Craso en Espartaco?- y la de que ser “una bala loca” sexual en la juventud se acaba pagando caro. Sorprendentemente, de la versión de la entrevista ahora colgada en la web de La Vanguardia se han eliminado las tres preguntas sobre alimentación y balas locas que iban inmediatamente después de las dos anteriores. Las transcribo de la copia que imprimí en su momento:

-¿Y cómo se modifica ese chip?

-J.P.C.: Para cambiar tu manera de hacer el sexo, tienes que cambiar tu alimentación. Un estudio de la Universidad de Arizona concluía que los gusanos utilizados en la investigación vivían sólo ocho días porque estaban siempre copulando. Desapareando a los gusanos, se demostró que podían vivir once días; luego, les hizo una vasectomía -ya no podían emitir- y los dejó aparearse: la vida de los animales se alargó hasta los catorce días.

-Sorprendente.

-¿Qué quiero decir con esto? A menudo las personas con una enfermedad degenerativa importante, aunque no siempre se cumple, han sido un poco bala loca.

-O sea, ser “una bala loca” sexualmente puede acarrear problemas de salud.

-Sí, a la larga. Claro, hay personas que tienen constituciones muy fuertes y tardan más. En la juventud parece que eso nunca va a llegar.”

Es un discurso rancio, propio de una mentalidad para la cual disfrutar de algo tiene que conllevar un castigo. Por supuesto, no hay ni una prueba que avale una afirmación tan aventurada e irresponsable como que, habitualmente, “las personas con una enfermedad degenerativa importante, aunque no siempre se cumple, han sido un poco bala loca”. Y Pérez-Calvo hace trampas cuando, nada más sentenciar que variando la alimentación cambias tu vida sexual, cita un estudio con gusanos que no tiene nada que ver con el asunto y a partir del cual, si es cierto y llevándolo a la parodia, debería ponerse en marcha un programa para hacer vasectomías a toda la población masculina para alargar su esperanza de vida. ¿Y los gusanos hembras?, ¿qué pasa con los gusanos hembras?, ¿qué pasa con las mujeres?

Reportaje sobre la nutrición energética publicado en 'La Vanguardia'.No es menos disparatado lo que los dos expertos dicen respecto a la dieta, “una sarta de chorradas”, en palabras del biólogo José Carlos Pérez Cobo, experto en fisiología humana. En opinión de este doctor en biología y divulgador científico, miembro del Círculo Escéptico, Pérez-Calvo y Benítez “no se privan de ninguno de los tópicos charlatanescos: los conocimientos perdidos, el aumento de las enfermedades, las sandeces de la energía y el mito-timo ecológico, por no hablar de lo del semen reabsorbido”. Y, claro, no falta la emoción, tan querida por los gurús de la autoayuda y que nos deja melonada como ésta de Pérez Calvo: “La emoción es la manera cómo vibran nuestros órganos internos; si tenemos órganos saludables, tendremos emociones positivas”. Ay, las vibraciones… La autora de la entrevista, que ya firmó en La Vanguardia hace tres meses un texto propagandístico de la histeria electromagnética, se limita a dejar hablar al médico y la economista para que vendan su libro, sin poner en ningún momento en tela de juicio sus estrambóticas afirmaciones.

La nutrición energética

Pérez-Calvo practica la medicina integrativa, que es como llaman ahora los defensores de las terapias alternativas a la aplicación conjunta de éstas y la medicina científica. Además, es experto en nutrición energética, una pseudodisciplina que parte de la ficción de que tenemos tres cuerpos -el físico, el emocional y el mental- y de que “cada alimento posee unas propiedades inherentes a sí mismo -en función de su color, de su forma, de su sabor, de la forma en la que crece en la naturaleza de su lugar de origen…- que pueden usarse de forma terapéutica. Este médico divide los alimentos en dos grandes grupos, yin y yang: “Todo en el Universo está sujeto a una bipolaridad. La vida y el movimiento existen porque se da esta polaridad, y lo mismo ocurre en los alimentos. Hay alimentos que inducen más a la contracción y otros a la expansión; al frío o al calor; a lo ácido o a lo alcalino; yin o yang. En general los alimentos yang son más contractivos y producen más calor y tono en el cuerpo (es el caso de las carnes y pescados, cereales o legumbres), mientras los alimentos yin son más expansivos y fríos e inducen a estados de relajación (como las frutas, algunas hortalizas y lácteos)”. Benítez es, por su parte, autora de un recetario energético, y dice en La Vanguardia:

-Y esto nos lleva hablar del yin y del yang, que también están presentes en lo que comemos.

-P.B.: Cualquier alimento produce un efecto en el cuerpo de expansión -yin- o de contracción -yang-. La dieta moderna juega con los extremos. Por ejemplo, los zumos tropicales son extremadamente yin porque proceden del Trópico, la zona de la Tierra más expansiva. Pero los que vivimos en otras latitudes no necesitamos expandir tanto los tejidos; sin embargo, comemos cosas que no son del lugar ni del momento.

-¿Cuál es la consecuencia de esto?

-P.B.: Compensamos este desequilibrio con alimentos del otro extremo, es decir, si tomamos un helado muy dulce, al cabo de un rato nos apetecerá algo salado. Esta compensación constante produce un gran estrés en el organismo.

“Lo más terrible es que la sarta de tonterías que sueltan la dicen en un tono asertivo”, advierte Pérez Cobo. Así, para empezar, Pérez-calvo explica a la periodista que, “si has desayunado de una manera adecuada, tendrás suficiente energía y un pH lo suficientemente alcalino para que no te sientas tan estresada cuando tengas una exigencia importante en tu trabajo” y que tomar dos galletas de chocolate con un café con leche es malísimo, porque nos “acidificará la sangre, robará de tu sistema vitaminas y minerales, y te impedirá responder con lucidez y reserva; te sentirás presionada y estresada”. “El pH es uno de los factores fisiológicos más cuidadosamente regulados del organismo: pregunta a cualquier estudiante de fisiología sobre los problemas y el tiempo que han dedicado a entender su control. El valor normal del pH sanguíneo es de alrededor de 7,4 con una oscilación máxima fisiológica entre 7,3 y 7,5. Por debajo de 7,2, uno está ya muy enfermo, así como por encima de 7,6, y se puede morir. Si la ingesta o no de un determinado alimento alterara el equilibrio ácido-básico, estaríamos dados. Pero queda muy bonito esto de decir que, si desayunas poco o mucho o sólo jamón, te vuelves alcalino y tu pH variará: como no significa nada, pero el lenguaje parece serio, vende mucho”, sentencia el biólogo.

“Si consumes una riqueza de nutrientes que permita a tu cerebro funcionar bien, ante un problema se te ocurrirán cinco soluciones. Pero, si estás cansado y con un bajo nivel de ácido docosahexaenoico -DHA-, que representa el 30% del peso del cerebro, un problema banal se convierte en un verdadero trauma”, dice el médico integrativo. Otro bonito disparate. “Si el 30% del peso del cerebro fuera de DHA, evidentemente el cerebro sería una balsa de aceite en la que nadarían unas escasas neuronas… Además, aunque hay algunos estudios no replicados -destaca Pérez Cobo- de los efectos de la dieta, y concretamente del DHA, en la prevención de la enfermedad de Alzheimer, se trata de un ácido graso insaturado que somos perfectamente capaces de sintetizar. O sea, que nuevamente se puede decir lo habitual en estos casos: es bueno comer pescado -que es donde abunda el DHA-, pero como siempre”.

¿Vivimos más, pero peor?

Como apóstol de los mal llamados alimentos ecológicos -dice que “tienen más nutrientes” cuando no es así-, Pérez-Calvo es un tecnófobo que falsea la realidad: “Se ha perdido control sobre el propio cuerpo y su naturaleza, y se han asumido muchos estándares comerciales que nada tienen que ver con la realidad biológica de nuestro organismo, que nos alejan cada vez más de nuestra manera de sentir, de nuestro instinto y la intuición de lo que nos conviene y lo que no. Por eso, hay tanta patología hoy en día. La esperanza de vida ha aumentado gracias a los avances tecnológicos, pero no la calidad de vida. Antes una persona llegaba a los 90 años conservando bastante bien la cabeza; hoy en día a partir de los 60 años la gente empieza a tener problemas cognitivos, como alzhéimer, demencia senil, depresión, ansiedad… Algunas de estas enfermedades son fácilmente prevenibles con la alimentación”. Una falacia tras otra. La mayor incidencia de las enfermedades neurodegenerativas se debe a que ahora vivimos más. Antes, era menor porque menos gente llegaba a edades avanzadas. Así de claro. Decir que los avances tecnológicos no han propiciado un aumento de la calidad de vida, además de una mayor esperanza de vida, es negar la realidad. Y afirmar, como hace el médico integrativo, que esas enfermedades pueden curarse en algunos casos con la alimentación es irresponsable.

La entrevista es una sucesión de estupideces: dicen los expertos que el plátano va bien para “bajar la temperatura interna”; que “el curry, la pimienta, el ajo, la cebolla cruda, el pollo, los cárnicos, el exceso de sal, el café o el alcohol aumentan la ansiedad”, mientras que “el zumo de uva roja, de manzana, los espárragos, el membrillo, la alcachofa, tonifican la sangre del corazón y los fluidos de la zona”; que “la ansiedad se produce por un exceso de calor y sequedad en la zona precordial -corazón y pulmones-“; que “somos lo que comemos”; que “pensamos como comemos y sentimos como comemos”; y, por supuesto, lo de reabsorber el semen para “hacerlo circular a través de los meridianos para que llegue a los órganos”. Que algo así se publique en la web de un gran diario bajo la etiqueta de Sanidad da miedo. ¿Con qué nos sorprenderá la autora la próxima vez, con un alegato contra los chemtrails o los virus reptilianos?

¿Avala la revista ‘Anales de Pediatría’ que sea posible emborracharse con tampones de vodka? No

Algunos periodistas se han hecho eco de que cuatro médicos españoles escribieron en diciembre en la revista Anales de Pediatría un texto alertando de los peligros del tampodka, como si ese texto fuera una prueba de que es posible emborracharse metiéndose en la vagina, o el ano, tampones empapados en vodka. “Los peligros que pueden entrañar estas nuevas formas de ingesta etílica llevaron a [Benjamín] Climent [jefe de la Unidad de Toxicología Clínica del Hospital General de Valencia] y a otros colegas de los servicios de Urgencias de hospitales de Navarra, Canarias y Galicia a elaborar en diciembre de 2012 un escrito en la revista Anales de Pediatría dirigido a la comunidad médica”, dice un teletipo de Efe que da por hechas las borracheras por tampodka.

Carta al director publicada en ‘Anales de Pediatría’ en al que se habla del ‘tampodka’.

Lo que uno se encuentra cuando consulta el número de diciembre pasado (Vol. 77, Nº 6) de Anales de Pediatría no es un artículo científico, sino una carta al director cuyo contenido, por lo que al tampodka se refiere, se basa en evidencia anecdótica. El texto de G. Burillo-Putze, M.J. Hernández, B. Climent y M.A. Pinillos pretende llamar la atención sobre “nuevas formas de consumo de alcohol en las que se utilizan las cavidades y superficies mucosas del organismo diferentes a la vía digestiva”. Los autores admiten que no hay publicaciones científicas sobre esas prácticas, no ofrecen ninguna prueba que respalde la idea de que el tampodka sea más que un bulo y aluden en dos ocasiones a vídeos de YouTube como fuentes de información de prácticas alcohólicas raras entre adolescentes. Supone para mí un enigma cómo, a partir de esos mimbres,  son capaces de concluir que quienes realizan esas prácticas no convencionales son “generalmente jóvenes y de nivel sociocultural alto”.

Afirman que el tampodka “produce una absorción muy rápida [del alcohol] y evita, inicialmente, el fetor enólico, por lo que parece ser popular en adolescentes para sortear el control paterno” y, aunque no llegan a decir que ésta sea una vía rápida para emborracharse, tampoco descartan tal extremo, muy improbable si se tienen en cuenta los efectos inmediatos y nada placenteros de la práctica. La periodista Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post,  experimentó consigo misma y, al introducirse en la vagina un tampón empapado en vodka, sintió “como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí”. Minutos después, lo extrajo porque no podía aguantar más. Sobria y dolorida. ¿Se imagina alguien a una adolescente aguantando una tortura así repetidamente en vez de meterse varios tragos por la vía tradicional?

Ni un caso demostrado

Si sorprende que cuatro médicos ignoren el escozor “insoportable” que pueden sufrir vagina y ano al contacto con el vodka y cómo eso retraería a cualquier joven después de una primera prueba, no lo hace menos que crean que con el tampodka se evita que el consumo de alcohol se detecte en el aliento, lo que ellos llaman fetor enólico. “Dando por supuesto que el alcohol se absorbiera en cantidad suficiente en la vagina o en el recto, también se detectaría en el aliento y daría positivo en una prueba de alcoholemia. El alcohol, una molécula pequeña y, en consecuencia, volátil, pasa al aire espirado: al aliento, en definitiva”, sentencia José Carlos Pérez Cobo, miembro del Círculo Escéptico y profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco.

En conclusión, lo que dicen los autores sobre el tampodka en Anales de Pediatría se basa en rumores y vídeos de YouTube, pasa por alto hechos demostrados y da por buenos otros nunca probados. Pueden haberse dado casos de jóvenes con lesiones vaginales por jugar con tampones empapados en alcohol, pero hasta el momento no se ha registrado en ningún país un ingreso en un centro sanitario en estado de embriaguez  por la combinación de tampones y vodka. Y, por supuesto, no hay ninguna prueba de que esa presunta práctica sea una moda entre los jóvenes. Los cuatro casos de Gijón que han desatado la histeria en España han sido desmentidos por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) y me temo que no es accidental que quien los haya dado a conocer en los medios, el médico Eduardo Carreño, sea el dueño de una clínica especializada en el tratamiento de adicciones. Este experto ha  llegado a decir que “el uso prolongado del tampax on the rocks” ha hecho que una paciente suya se convirtiera en alcohólica. ¿Pruebas? Ninguna, claro.

Por cierto, si es usted periodista, cuando oiga hablar de cosas raras como las borracheras mediante tampones empapados en vodka o que mirar los pechos femeninos alarga la vida del hombre, consulte antes que nada en Snopes, la mejor web dedicada a la caza de leyendas urbanas. También puede ser una buena historia periodística contar cómo se ha generado un bulo.

¿Es posible emborracharse metiéndose tampones empapados en vodka por la vagina? Más bien, no

La última moda alcohólica entre las adolescentes españolas consiste, según algunos medios, en meterse en la vagina tampones empapados en vodka para emborracharse rápidamente. A principios de semana, saltaba la noticia -desmentida después por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa)- de que hospitales gijoneses habían atendido cuatro casos de intoxicación etílica por tampodka en los últimos nueve meses. Varios expertos confirmaban la existencia de esa práctica y alertaban de su peligrosidad. “No es ninguna broma”, advertía el médico Eduardo Carreño, que dirige en Gijón una clínica para el tratamiento de adicciones  y decía que este método “provoca serios daños en la zona vaginal”. Sin embargo, a pesar de las alertas de éste y otros presuntos expertos, estamos ante una leyenda urbana equiparable a la de la chica de la curva o la de los gatos bonsái. Para comprobarlo, basta con visitar alguna web especializada en estos rumores o consultar con algún científico.

Empecemos por analizar la verosimilitud de los hechos, guiados por José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico. ¿Es posible emborracharse insertándose en la vagina tampones empapados en vodka?, le pregunté ayer. “El alcohol etílico es una molécula muy pequeña, hidrosoluble y liposoluble. Se absorbe muy bien por cualquier mucosa y con gran rapidez: es una de las poquísimas cosas que absorbemos en el estómago. Por esto, beber con el estómago vacío emborracha antes que hacerlo con el estómago lleno. Vacío, el estómago absorbe y éste pasa de inmediato al intestino, donde se absorbe en su totalidad. Acompañado de alimentos, el alcohol se disuelve en el contenido estomacal y viaja con mayor lentitud hacia el intestino”, explica Pérez Cobo. Con ese punto de partida, el lego -yo, por ejemplo- podría suponer que el contacto directo de alcohol de alta graduación con la mucosa vaginal, o anal, favorecería la embriaguez inmediata. Antes de seguir adelante, conviene que los hombres seamos conscientes de para qué sirven los tampones (ellas ya lo saben).

Un tampón es un cilindro de algodón que se mete en la vagina para absorber el flujo menstrual. Su finalidad no es introducirlo en la cavidad empapado en nada; sino más bien la contraria. Así pues, el primer problema a la hora de recurrir al tampodka es cómo meter en la vagina un cilindro de algodón inflado. Fácil no tiene que ser. Hace año y medio, tras enterarse de esta presunta moda adolescente, Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post, decidió probar por sí misma, a pesar de no ser precisamente una amante del vodka, que le parece que “sabe como algo que deberías usar para esterilizar una herida”. Utilizó un tampón de tamaño grande, variedad que había comprobado que absorbe unos 44 mililitros de vodka (cantidad que puede llevar un combinado). Cuando llegó el momento, lo colocó “donde se supone que tiene que ir”, no sin antes derramar un tercio del líquido. “¡Chicas, no lo hagáis con vuestros mejores vestidos de fiesta!”, avisa en un divertidísimo artículo titulado “Bartender, a Dirty Martini with a tampon!” (¿Camarero, un Martini Sucio con un tampón!). Y entonces llegó lo peor.

Un escozor “insoportable”

“Sentía como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí. Empecé a dar saltos y respirar a bocanadas rápidas y cortas como había aprendido en las clases de parto, hace mucho tiempo, antes de que me diera cuenta que no necesitaba respirar así si me ponían la epidural”, recuerda la periodista. Tanto de pie como sentada, el escozor era “insoportable”. Crittenden aguantó 10 minutos antes de extraer el tampodka. “Me sentí mejor inmediatamente”. Al día siguiente, probó el método tradicional, y placentero, de tomarse una copa de vodka. Y concluyó que “cualquiera que intente emborracharse mediante un tampón merece el castigo”. Para ella, la mejor manera de acabar con esta leyenda urbana es que las madres animen a sus hijas adolescentes a experimentar, les den una tampón, les faciliten vodka para que lo empapen, se sientan y rían.

“El alcohol es una molécula muy reactiva y, en consecuencia, irritante. Cualquier persona poco acostumbrada a los licores de alta graduación alcohólica notará que le queman en la garganta y el habituado notará lo mismo si el grado de alcohol es elevado. Y estamos hablando de la mucosa laríngea, fuerte para resistir la erosión provocada por el paso de los alimentos y, digámoslo así, acostumbrada a que pasen por ella irritantes diversos: picantes, el vinagre de la ensalada, mostazas…”, ilustra Pérez Cobo. El fisiólogo añade que, en un caso como el de Critteden, “la irritación de la mucosa vaginal tuvo que ser insoportable. Aunque no lo comenta, me imagino, además, que se produciría un flujo vaginal abundantísimo, por lo que parecería que la chica se habría hecho pis encima (el tampón está mojado y ya no absorbe)”. ¿Alguien se cree que una adolescente va a aguantar tal suplicio repetidamente cuando puede, simplemente, beber un trago de vodka? Además, el tampodka sale más caro -hay que sumar el coste de los tampones- y no evitaría, de funcionar, que el alcohol se detectara en el aliento.

El Sespa indicó ayer en un comunicado que “no tiene constancia de que los servicios de urgencias de los hospitales de la red pública asturiana hayan atendido a pacientes por intoxicación etílica, cuyo origen esté en la utilización de tampones impregnados de alcohol, una supuesta práctica de la que se han hecho eco en los últimos días diversos medios de comunicación. “En la actualidad existen muchos problemas reales relacionados con las drogas como para preocuparnos de mitos y leyendas urbanas que no tenemos acreditadas y que, de existir, no serían en ningún caso una moda, sino que corresponderían a comportamientos aislados”, ha dicho el director general de Salud Pública, Julio Bruno.

Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a 1999, según las webs Snopes y Urban Legends, y todos los casos registrados corresponden a rumores de ingresos hospitalarios como los asturianos, nunca confirmados. En España, tal como recuerda el Sespa, la Asociación Bienestar y Desarrollo, una ONG que trabaja con drogodependientes y otras personas en riesgo de exclusión social, considera que “el tampodka no es ninguna moda. Ni tan siquiera existe como práctica. Es totalmente falso. No hemos detectado su presencia en entornos festivos ni ninguna referencia en los más de quince años de trabajo”.