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James Randi

Barry Sonnenfeld rodará una película sobre el proyecto Alfa

Steve Shaw, Michael Edwards y James Randi, en pleno proyecto Alfa. Foto: Dana Feinman.Barry Sonnenfeld quiere rodar una película basada en la historia del proyecto Alfa, la iniciativa con la cual el mago y escéptico James Randi demostró en los años 80 el nulo rigor experimental de los parapsicológicos. El director estadounidense vio An honest liar (Un honesto mentiroso), el documental sobre la vida del veterano ilusionista dirigido por Justin Weinstein y Tyler Measom, en mayo en el festival de Mountfilm (Telluride, Colorado). “Le encantó”, me ha comentado Weinstein.

Después de la proyección, Sonnenfeld invitó a su casa a los responsables del filme y a Randi y su marido, Deyvi Peña. “Lo pasamos muy bien con él y su esposa”, recuerda. En el transcurso de la reunión, el director de Men in black les dijo que le gustaría hacer una película sobre cómo el mago y dos jóvenes colaboradores, Steve Shaw y Michael Edwards, volvieron loca durante tres añoscon simples trucos a la flor y nata de la investigación psíquica. “Le fascinaba la historia del Proyecto Alfa y pensó, de inmediato, que haría una gran película. A Barry le gustó mucho cómo Tyler y yo habíamos hecho el documental, y nos dijo que quería trabajar con nosotros en la película, así que estamos en el proyecto como productores. Esto es mucho más interesante para nosotros que simplemente entregarlo a alguien y no tener participación”, reconoce el cineasta neoyorquino.

Yana Zeltser y Justin Weinstein graban a James Randi delante del Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: L.A. Gámez.Ya existe un esbozo de lo que será el largometraje, aunque el proyecto está todavía en sus primeras fases, incluida la búsqueda de guionistas. “Es demasiado pronto para decir cuándo empezaremos a rodar o qué actores participarán. Por supuesto, estamos emocionados porque Barry es un gran director, perfecto para esta historia, y también un tipo estupendo”, dice Weinstein. Sonnenfeld declaró ayer a Variety que desde el primer momento supo que el proyecto Alfa era una historia excelente para llevar a la pantalla grande.

James Randi se jubila de su fundación a los 86 años

James Randi.James Randi se jubila. A los 86 años, el heredero intelectual de John Nevil Maskelyne y Harry Houdini, se retira de las tareas de gestión de la Fundación Educativa James Randi (JREF), que creó en 1996 y es uno de los baluartes mundiales del pensamiento crítico. No se entristezcan. Seguirá ahí. “Esto no significa que me retire de la batalla contra los videntes, curanderos, activistas de lo paranormal y la gran variedad de fraudes que he encontrado en mis viajes alrededor del mundo. No voy a relajar, de ningún modo, la atención crítica que he dedicado a ellos en los últimos 73 años; lo prometo. Voy a seguir dando conferencias y escribiendo, aquí y en el extranjero, pero ahora en mi tiempo libre, no con la agotadora agenda que he tenido en estos últimos años”, ha anunciado The Amazing Randi en un comunicado.

El mago que desenmascaró a Uri Geller, Peter Popoff y tantos otros charlatanes continuará al pie del cañón, combatiendo la pseudociencia y siempre merecedor del respeto y el cariño de sus miles de admiradores y colegas. De esos amigos “de todos los colores, lenguas, tamaños y filosofías” que ha ido haciendo a lo largo de décadas y con los que ha colaborado en libros y conferencias. Esa historia está recogida en el documental An honest liar (Un honesto mentiroso), con escenas grabadas en todo el mundo, Bilbao -para mi orgullo- incluida. Ahora, quizás disponga Randi de tiempo para acabar una obra que muchos esperamos: sus memorias.

Los responsables de la JREF han lamentado la decisión del mago y le han agradecido públicamente que haya animado a tanta gente “a pensar críticamente” no sólo sobre lo paranormal, sino también sobre los asuntos de la vida cotidiana. “¡Que su ferocidad, su ingenio y su incesante demanda de buenas evidencias sigan haciendo de nuestro mundo un lugar mejor”, desean. Poco más puede decirse. El próximo The Amazing Meeting (TAM), que tendrá lugar entre el 16 y el 19 de julio en Las Vegas, celebrará “la larga y productiva carrera de Randi”, que será el invitado especial.

Gracias, Randi.

Banachek, un mago entre parapsicólogos

Banachek, con dos cubiertos doblados delante del fotógrafo durante su reciente visita a Bilbao. Foto: Borja Agudo.

“No hay nada paranormal en lo que hago”, dice Banachek. En la mesa, una cuchara retorcida, un tenedor doblado y otro con un diente separado del resto unos 40 grados. Inutilizados por arte de magia. Estaban como nuevos cuando los ha cogido de una mesa del NH Deusto, el hotel donde se aloja durante su fugaz visita a Bilbao dentro de una gira por clubes de ilusionistas españoles. Es martes. Ayer estuvo en Oviedo; mañana viaja a Valladolid. Esta noche actúa a puerta cerrada para sus colegas vascos, a los que asombrará y enseñará trucos en el cuartel general del Mago Oliver.

Steve Shaw -su nombre real- nació en Middlesex (Reino Unido) en noviembre de 1960, se crió entre Sudáfrica y Australia, y en 1976 se estableció en Estados Unidos. Es mentalista. Simula habilidades fantásticas como la adivinación, la telepatía, la telequinesis y la mediumnidad. Considerado uno de los mejores en su especialidad, diseña ilusiones para Penn & Teller, Criss Angel y David Blaine, entre otros. Además, es el director del reto paranormal de la Fundación Educativa James Randi, que ofrece desde 1996 un millón de dólares a quien demuestre poderes sobrenaturales en condiciones controladas, sin trampas ni trucos de magia.

“Recibimos muchas solicitudes, pero muy pocas pasan los filtros preliminares”, admite. Hay personas que creen tener poderes extraordinarios y no entienden que les pongamos condiciones para que la demostración sea científicamente admisible; otros proponen auténticas locuras. “Un tipo me aseguró una vez: «Puedo impedir un terremoto antes de que ocurra». Le respondí: «Vale. ¿Cómo podemos probarlo?». Me dijo: «Predeciré cuándo va a haber un terremoto. Tú consultas con un auténtico adivino que valide mi predicción y, seis meses antes de la fecha, me concentro e impido el terremoto». Le expliqué que, si existiera algún auténtico adivino, ya se habría llevado el millón”.

Shaw vivía en Sudáfrica cuando entró en contacto con la magia. Su madre se había divorciado de su padre, un ingeniero eléctrico que trabajaba para el Ejército estadounidense, antes de cumplir él un año. Se había vuelto a casar, había tenido otros dos niños, y los cinco se habían mudado de Reino Unido a Sudáfrica. Y un día la mujer desapareció. Abandonó a Steve y sus dos hermanos pequeños, que se quedaron a cargo de su padrastro. Cuando Uri Geller visitó el país en 1974 con su número de doblar cucharas y parar relojes, Steve tenía 14 años. “Recuerdo estar escuchando a Geller por la radio, coger una aguja entre mis dedos y que él decía: «¡Concentraos! ¡Concentraos! ¡Podéis doblarla!». Creí que había doblado la aguja. No mucho; sólo un poquito. Pero lo creí”.

Su fe en el israelí duró poco. Después de una breve estancia con su padre biológico en Australia, adonde viajó animado por sus abuelos paternos, con quienes siempre había tenido contacto, se trasladó a Estados Unidos con su familia americana. Entró en el instituto, compaginó los estudios con varios empleos y cayó en sus manos The magic of Uri Geller (La magia de Uri Geller, 1975), un libro del ilusionista James Randi, ya entonces un popular cazacharlatanes. “Entonces supe que Geller usaba trucos de magia. Me puse a inventar mis propias maneras de doblar cosas y, en el instituto, mis compañeros acabaron robando cubiertos de la cafetería para que se los doblara”. Creían que tenía poderes.

El proyecto Alfa

Steve Shaw, Michael Edwards y James Randi, en pleno proyecto Alfa. Foto: Dana Feinman.Poco después, escribía una carta a Randi en la que le aseguraba que, si se presentaba la oportunidad, podía hacerse pasar por psíquico y convencer a parapsicólogos de que tenía poderes. “No esperaba que me respondiera; pero lo hizo y me invitó a visitarle si pasaba alguna vez por Nueva Jersey, donde vivía entonces. Ahorré dinero y fui a visitarle. Resultó decepcionante. Randi no me pidió que doblara una cuchara ni que hiciera nada. Sólo quería conocerme, saber cómo era. Si se presentaba la oportunidad de engañar a parapsicólogos, él no me iba a enseñar nada y así luego podría decir: «Miren, este chico es autodidacta. ¿Se imaginan lo que hubiera sido capaz de hacer si yo le hubiera adiestrado?». Además, me pidió que no dijera a nadie que era mago para no quedar al descubierto si investigaban mi pasado”. Shaw guardó el secreto en el instituto y pronto se presentó la oportunidad de demostrar sus habilidades en el laboratorio.

James S. McDonnell, presidente de la McDonnell-Douglas, era un creyente en lo paranormal. En 1979, donó medio millón de dólares a la Universidad Washington de San Luis (Misuri) para que pusiera en marcha el Laboratorio McDonnell de Investigación Psíquica. Su director, el físico Peter Phillips, anunció en los medios que querían investigar las capacidades psicoquinéticas, de alterar la materia con el poder de la mente. Recibieron 300 solicitudes de posibles candidatos. “Les escribí una carta diciéndoles que podía hacer lo que querían y me pidieron que les visitara -recuerda Banachek-. Días después, Randi me llamó para decirme que se iba a poner en marcha el Laboratorio McDonnell. Le conté que me habían aceptado en el proyecto. Y me dijo: «Me ha telefoneado otro joven mago al que también han aceptado. Se llama Michael Edwards». Cuando conocí a Mike en un aeropuerto, camino del Laboratorio McDonnell, conectamos inmediatamente”.

Randi se ofreció a Phillips para asesorar a su equipo y, de paso, le recomendó una serie de medidas de control para las pruebas. Recibió la callada por respuesta. Entonces, puso en marcha con Shaw y Edwards, de 18 y 17 años, respectivamente, el proyecto Alfa. Su objetivo era demostrar que, por mucho dinero del que los parapsicólogos dispusieran, la calidad de sus investigaciones no mejoraría y que, además, no aceptarían la ayuda de magos y, por eso, serían engañados con simples trucos de ilusionismo.

Los jóvenes participaron en experimentos en el Laboratorio McDonnell durante unas 180 horas en tres años. “Al principio, hacíamos efectos con cosas muy pequeñas porque no sabíamos si había cámaras o nos estaban viendo de algún modo”, recuerda Banachek. Pronto comprobaron que los controles eran casi inexistentes. “Nos dimos cuenta de que podíamos engañar a los científicos”. Lo hicieron a lo grande. “Cada vez que les engañábamos, se lo contábamos a Randi con todo lujo de detalles. Dos o tres semanas después, él escribía una carta a Phillips explicándole que, si tuviera que hacer una cosa determinada -la que nos habían pedido a nosotros-, podría hacerla así, así y así. Describía exactamente cómo lo habíamos hecho Mike y yo, pero los parapsicólogos nunca cayeron en la cuenta del engaño”.

Prodigios sin fin

Una vez le pidieron a Shaw que probara a alterar una cinta de vídeo con el poder de la mente. Se puso frente a la videocámara, se concentró mirando al objetivo y, de repente, los investigadores vieron en sus monitores un destello al que poco después siguió otro. “No me miraban. Miraban a sus pantallas. Mientras simulaba concentrarme, había deslizado una mano hasta el lateral de la cámara y jugado con el control de brillo”. En otra ocasión, pusieron una serie de objetos metálicos en una mesa, los cubrieron con un acuario boca abajo y sellaron todo. Iban a dejarlos así una noche, vigilados por una cámara de fotos, para ver si Edwards y Shaw eran capaces de alterarlos con sus superpoderes. La cerradura de la puerta era buena, y Phillips llevaba la llave al cuello. “Dejamos una ventana abierta y, por la noche, Mike y yo entramos por ella, apagamos la cámara, levantamos el acuario, doblamos y revolvimos todo, encendimos la cámara y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, Phillips me preguntó si había dormido bien. Le dije que no mucho, que había soñado que iba al laboratorio y todo se doblaba. Se fue y volvió gritando: «¡Ha ocurrido! ¡Ha ocurrido! ¡Has soñado con ello y todo se ha doblado!»”.

Durante un experimento telepático, Edwards y Shaw fueron retados a adivinar los dibujos metidos en unos sobres cerrados. A cada uno de ellos le daban un sobre, le dejaban tenerlo un rato en las manos y después lo inspeccionaba un investigador para descartar cualquier manipulación. Entonces, el joven anunciaba su predicción. Acertaron muchas veces, aunque no el 100% porque hubiera resultado sospechoso. ¿Cómo lo hacían? Los sobres estaban cerrados con grapas. Las quitaban con las uñas con cuidado, echaban una ojeada dentro y las volvían a poner en su sitio. En una ocasión, a Edwards se le cayeron las grapas y, para evitar que le cazaran, abrió el sobre delante del experimentador para comprobar su predicción sin que el científico le llamara la atención por saltarse el protocolo. Hacían lo que querían.

Sus poderes fueron refrendados por otros parapsicólogos a los que visitaron durante aquellos tres años. “Berthold Schwarz fue más fácil de engañar que los científicos del Laboratorio McDonnell. Creía en cualquier cosa”. Un día les contó que conocía a una mujer que sacaba fotos del cielo normales y corrientes, pero, cuando las revelaba, aparecían en ellas ovnis que eran invisibles al ojo humano. “«¿Podríais hacerlo?». Dije que sí. Siempre decía que sí a todo. No tenía nada que perder. Cogí la cámara y fotografié el cielo, unos coches, el aparcamiento… Cuando revelaron las fotos, Berthold vio en ellas a una mujer dando a luz, a Jesucristo y cosas así. Todo lo que yo había hecho era escupir en el objetivo sin que él se diera cuenta. Cuando Berthold me enseñó las fotos, yo también veía esas cosas. Era como buscar formas en las nubes”.

El mentalista estadounidense, en una actuación. Foto: Banachek.Otro parapsicólogo, Otto Schmit, de la Universidad de Minnesota, compró unos relojes digitales baratos y les preguntó si podían alterarlos paranormalmente. Edwards sacó uno del laboratorio a hurtadillas a la hora de comer, lo metió dentro de un sándwich, pidió que se lo calentaran en el microondas, y el reloj se volvió loco. Schmitt lo consideró una prueba de los extraordinarios poderes de Edwards y Shaw.

Al descubierto

En julio de 1981, Randi lanzó dos rumores en una convención de magos en Pittsburgh. “Según uno, Mike, Randi y yo estábamos engañando a la gente del Laboratorio McDonnell; según el otro, Mike, Randi, la gente del Laboratorio McDonnell y yo queríamos engañar a toda la comunidad científica”. Días después, los parapsicólogos se lo contaron, entre risas, a los dos jóvenes. “En ningún momento nos preguntaron si había algo de verdad en los rumores, lo que nos habría obligado a confesar”.

Semanas más tarde, Randi se encontró con Phillips en la reunión anual de la Asociación Parapsicológica en Siracusa (Nueva York) y le pidió un vídeo con los prodigios de Edwards y Shaw que había entusiasmado a los asistentes al congreso. El mago envió al físico un detallado informe de los trucos que veía en la cinta. Phillips estrechó los controles sobre los jóvenes, se acabaron los milagros, y Randi destapó el pastel del proyecto Alfa en la revista Discover. Dos aprendices de mago habían engañado a la flor y nata de la investigación psíquica. “¡Randi ha hecho retroceder la parapsicología cien años!”, lamentó Berthold Schwarz.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El documental biográfico de James Randi se estrenará en abril en el Festival de Tribeca

Yana Zeltser y Justin Weinstein graban a James Randi delante del Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: L.A. Gámez.An honest liar (Un honesto mentiroso), el documental biográfico de James Randi, se estrenará en abril en el Festival de Cine de Tribeca (Nueva York). “Hemos trabajado casi tres años en la película, una producción más grande que la mayoría de los documentales. Randi tiene ahora 85 años y ha pasado casi toda su vida en el ojo público, así que había una gran cantidad de material que cribar para encontrar la mejor manera de contar su historia”, me ha explicado Justin Weinstein, codirector de la cinta junto con Tyler Measom. No ha sido una tarea fácil. “Además de filmar cientos de horas con Randi y Deyvi [Pena, su pareja] y entrevistar a docenas de personas, hemos tenido que examinar cientos de horas de vídeo y miles de artículos de revistas y periódicos y libros, así como programas de radio y fotos”.

El resultado es una película de una vida en la cual participan, como invitados de excepción, Adam Savage, Penn & Teller, Bill Nye, Alice Cooper, Neil deGrasse Tyson y otros. Weinstein recuerda que se lo pasó especialmente bien durante el viaje que hizo con Randi por España e Italia en la primavera de 2012. “La recepción en España fue excepcional -hay un movimiento escéptico activo y vital-, y sus charlas de Madrid y Bilbao fueron sendos llenos. La sesión de Escépticos en el Pub de Madrid fue una gran oportunidad para la conversación y tomar algo, y la comunidad de Bilbao fue increíblemente acogedora. Fue emocionante poder hacer una visita privada al Museo Guggenheim con Randi, ¡pero la mayor diversión fue la fantástica comida y bebida con nuestros anfitriones!”.

James Randi, en el centro, y D.J. Grothe, a la derecha, tras la cena en la que fueron nombrados socios de honor del Círculo Escéptico, en Bilbao. Foto: Justin Weinstein.Bilbao acogió, por iniciativa del Círculo Escéptico, la principal conferencia de la gira española del veterano mago, un acto que congregó a más de 300 personas y que otras 600 siguieron por streaming. Durante los más de dos días que Randi permaneció en la capital vizcaína, mantuvo, además, una reunión de trabajo con el grupo de la Helena Matute, directora del Laboratorio de Psicología Experimental (Labpsico) de la Universidad de Deusto. Su equipo investiga los mecanismos mentales del pensamiento mágico y cuenta entre sus colaboradores con el ilusionista David Blanco.

Los actos celebrados en España tienen su hueco en An honest liar, porque, según Weinstein, “ofrecen la oportunidad de enseñar cómo Randi sigue viajando por el mundo en su misión por la verdad. Por eso, al final de la película hemos incluido unas cuantas fotos y fragmentos de audio de Escépticos en el Pub y de la conferencia de Randi en la Universidad de Deusto, así como imágenes de él en Madrid posando para fotos y firmando libros a los fans. Es la manera perfecta de demostrar que Randi tiene un gran número de seguidores en todo el mundo”.

Les dejo, como aperitivo hasta la llegada de An honest liar, con la charla que dio Randi en Bilbao, titulada “La ciencia y lo paranormal: un mago en el laboratorio” y que fue posible gracias al Círculo Escéptico, la Universidad de Deusto, i2basque,  El Correo y otras instituciones.

La ‘Baraja Asombrosa’

James Randi es el comodín; el rey de picas, Harry Houdini; el de corazones, Carl Sagan; el de tréboles, Martin Gardner; y el de diamantes, Isaac Asimov. Es la Baraja Asombrosa, un mazo de cartas de póquer en el que las figuras son doce personas a las que ama y admira el mago que desenmascaró a Uri Geller. ¿Quiénes? Además de los citados, Harriet Hall, Angela Easton -hermana del ilusionista-, Margaret Hamilton y Marie Curie son las reinas; y las sotas, Deyvi Peña -la pareja de Randi-, Harry Blackstone Sr., Penn & Teller y Johnny Thompson. Estaba previsto que también estuviera Johnny Carson, a quien Randi reconoce que le debe parte de su éxito y que siempre le apoyó, pero los herederos del periodista no han dado permiso para el uso de su imagen. “Mi vida ha sido mejor gracias a esta realeza que me ha rodeado”, dice el mago.

Hace dos días, me llegó un mazo de regalo autografiado. ¡Fue una gran sorpresa! Como muchos otros, hice en su día una humilde aportación al rodaje y producción de An honest liar (Un honesto mentiroso), el documental sobre la vida del cazacharlatanes que dirige Justin Weinstein, y no veo el momento en disfrutar de la película. Weinstein está en pleno montaje, con la esperanza de que se estrene a comienzos del próximo año. Espero con ganas de An honest liar porque sé que va a merecer la pena. Si, además, sale Bilbao, donde se rodaron varias escenas durante la visita de Randi a la ciudad en mayo de 2012, lo celebraré con los compañeros del Círculo Escéptico -¿a qué esperan para hacerse socios?- por todo lo alto.

¿Les gustaría tener una Baraja Asombrosa? Pues, es fácil. Pueden comprarla en la web oficial de la película, donde también está a la venta un posavasos con Pigasus, el cerdo volador, y pueden reservar su futura copia de An honest liar. Como saben quienes me conocen, este mazo de cartas tiene ya un lugar destacado en mi despacho, junto a reproducciones de monstruos y extraterrestres, algún que otro tarot, cucharas que se doblan solas, fotos con amigos escépticos, pósteres variados y una siempre creciente colección de libros y revistas sobre pseudociencia y pensamiento crítico, además de varias décadas de recortes de prensa y grabaciones de televisión.

Los reyes -Carl Sagan, Harry Houdini, Martin Gardner e Isaac Asimov- y el comodín -James Randi- de la 'Baraja Asombrosa'.