Irracionalidad

‘Chemtrails’, reiki y ‘conspiranoias’: la irracionalidad, a sus anchas en las acampadas de los ‘indignados’

Cartel con sentencia 'conspiranoica' sobre las estelas de los aviones que ha permanecido varios días en la concentración de los 'indignados' de Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

“Nos intoxican con chemtrails“, leí el jueves en uno de los carteles pegados al suelo en la plaza del Arriaga, en Bilbao, por los indignados. Cerca, se pedía la prohibición de los transgénicos y, al levantar la vista, vi a un miembro de una secta que predica la Segunda Venida colocando una pancarta. Más tarde, me enteré, a través de Xabi Sáez de Ocáriz, de que en la asamblea había tomado la palabra un individuo que anunciaba que el verdadero cambio planetario iba a tener lugar el 21 de diciembre de 2012 -ya saben, el día del fin del mundo predicho por los mayas, según algunos- y acusaba a la prensa vasca de ser poco fiable por estar en manos del Club Bildelberg. En Madrid, supe después a través de Pablo del Olmo y de Julio Gómez, respectivamente, que, en la acampada de la Puerta del Sol, se está tratando en la enfermería a la gente con reiki y se ha montado una comisión de espiritualidad. Sabido era que los políticos iban a intentar pescar en las aguas revueltas, y los acampados manifestaron desde el principio su rechazo a ello, pero, al parecer, nadie esperaba que los delirios de la Nueva Era se instalasen entre los manifestantes.

Enfermería de los acampados de la Puerta del Sol donde se trata a la gente con reiki entre sábanas del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y del Hospital de la Princesa de Madrid. Foto: Pablo del Olmo.Falta cabeza en las concentraciones de los indignados. En todos los sentidos. La ausencia de liderazgo ha hecho que un movimiento nacido del hartazgo ciudadano por la degeneración del sistema democrático se haya convertido en un totum revolutum con aspiraciones lógicas -que se reforme la ley de financiación de los partidos políticos y total transparencia en la gestión pública- y delirios propios del idealismo más pueril y pseudorrevolucionario: nacionalización de la banca, que todo el mundo tenga garantizado un empleo haya estudiado o no lo que haya estudiado o no… Estoy de acuerdo con quienes creen que el sistema necesita una regeneración profunda y que los gestores de la cosa pública son culpables, en parte, de la situación en la que vivimos. Pero los ciudadanos de a pie también lo somos porque, durante años, hemos consentido a los políticos hacer lo que quisieran, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y mirando para otro lado como si no hubiera un mañana. El mañana es hoy y ha llegado la hora de despertar, como ha escrito Antonio Muñoz Molina.

Pero el despertar tenía que ser a la racionalidad y lo que, lamentablemente, se está colando en las acampadas es todo lo contrario, chifladuras como el reiki, las sectas, las conspiranoias y los movimientos anticientíficos que llevan décadas apadrinados por la izquierda más desnortada y hundida. Adiós, Movimiento 15-M, no contéis conmigo para hacer el caldo gordo a todo tipo de zumbados, para darles altavoces que no merecen. Hubo gente que, el jueves en Bilbao, aplaudió cuando, micrófono en mano, un participante en la asamblea recordó a “aquel señor del bigote que murió en 1978”. Sentí vergüenza y pena. El futuro no puede cimentarse sobre la ignorancia, y no vale decir que todas las opiniones son respetables, porque no lo son: el reiki es una estupidez y la conspiranoia sobre los chemtrails, otra. Y quien no sabe ni cuando murió Franco debería volver a la escuela.

Un seguidor de Maitreya prepara una pancarta antes de la asamblea de los 'indignados' del jueves en Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

Que los congregados junto al teatro Arriaga en Bilbao se emocionen con discursos que abogan por dar la espalda a la razón es más de lo que puedo aguantar. “Os animo al proceso de descolonizarnos para vivir desde el compartir, que no competir. Una descolonización del poder y la razón para que puedan reemerger las sabidurías, para que esta semilla se convierta en la revolución de la conciencia, donde lo humano que somos, pueda reconectar con el espíritu salvaje que es la vida”, dijo uno de los participantes en la asamblea. Cuando alguien lamenta que “la razón occidental” se haya impuesto “como el saber único, deslegitimando cualquier otra perspectiva de la vida como algo venido del salvajismo, de la barbarie” y, según los organizadores, emociona al personal, lo tengo claro: esta fiesta no es la mía. La regeneración de la democracia no pasa por dejar el cerebro en casa, por renunciar a los principios de la Ilustración, por volver a las cavernas mentales. Al contrario. Abandonar la razón no es una opción. Bueno, si lo es; pero es la peor, la que nos ha llevado a donde estamos.

‘2012. ¿Y después qué?’ Pues, 2013

Portada de '2012. ¿Y después qué?', de Diana Cooper.Hay libros ridículos desde el título. 2012. ¿Y después qué?, de Diana Cooper, me lo pareció nada más verlo en una librería hace unas semanas. “Pues, 2013; luego, 2014; después, 2015…”, pensé. Y, al mismo tiempo, tuve claro que esa obra se venderá y nadie pedirá cuentas a su autora cuando el mundo de después de 2012 sea igual que el del supuesto año fatídico. Tampoco pasó factura a Boris Cristoff su libro La gran catástrofe de 1983 (1979) ni a Charles Berlitz su obra Fin del mundo, año 1999 (1981), por citar sólo a los apocalípticos, que, si recordáramos a cuanto ufólogo y parapsicólogo ha puesto en algún momento fecha al reconocimiento de su disciplina, la lista sería prácticamente inabarcable.

“Espero que este libro te proporcione información sobre más cosas que las predicciones basadas en la actual concienciación sobre los cambios climáticos, económicos y políticos en todo el mundo; información sobre más cosas que los cambios espirituales que se producirán cuando los portales se abran y entren en masa las nuevas energías; más cosas que las claves para iniciar tu propia iluminación y ascensión. Creo que este libro te brindará valor e inspiración para afrontar la limpieza del planeta y la transformación de la consciencia planetaria para cocrear la nueva edad de oro que empieza en el 2032”, escribe Cooper en la introducción de 2012. ¿Y después qué?, posponiendo cualquier juicio sobre su estúpido libro a cuando nadie se acuerde de él.

Y que esta obra es una estupidez no es un juicio apriorístico. No hace falta leerla para llegar a esa conclusión lógica. ¿Qué otra cosa puede decirse de un escrito basado en la información dada por un guía alienígena y un arcángel, Metatron, con nombre de transformer? Esos dos seres incitaron a Cooper, según cuenta, a buscar otras fuentes de información. Que nadie piense en científicos o algo parecido. “Más tarde [el extraterrestre y el arcángel] me dijeron también que hablara con los seres elementales en el jardín y que les dejase descargar información para mí. Tengo varios elementales pentadimensionales viviendo en los árboles que hay al final de mi huerto, así como cientos de hadas, de modo que traté de equilibrar mis días pasando unas pocas horas con mis hortalizas y el resto del tiempo escribiendo”. Y, más adelante, recuerda que, “una tarde, mientras charlaba con una amiga, el arcángel Gabriel entró en la habitación con semblante muy serio. Nos dijo que debíamos dejar de pensar en el pasado y de preocuparnos por el futuro”.

¿Callejón sin salida?

Para Cooper, autora de obras como Respuestas de los ángeles y Las 36 leyes espirituales de la vida, el 21 de diciembre de 2012 “señala el final de la era atlante” y marca el inicio de un periodo e 20 años que desembocará en “una nueva edad de oro”. Sostiene que no sólo los mayas profetizaron el fin del mundo, sino que también lo hicieron otros pueblos. Sobre la supuesta profecía maya del fin del mundo, conviene recordar que el ciclo largo del calendario maya, que dura 5.125 de nuestros años y empezó el 11 de agosto de 3114 antes de Cristo, acabará y volverá a ponerse a cero el 21 de diciembre de 2012. Eso no significaba para los mayas el final del mundo, sino que se terminaba un ciclo y había que volver a empezar, una especie de Nochevieja a la que sigue su correspondiente día de Año Nuevo. Y el resto de las predicciones no merecen más crédito.

¿Se creerá Diana Cooper lo que cuenta de sus encuentros con ángeles, alienígenas, hadas…? Sea así -en cuyo caso debería ir urgentemente al psiquiatra- o estemos ante una caradura que sólo busca aprovecharse de la credulidad del público -y que acierta, porque sus libros se convierten en superventas-, quienes, sin duda, demuestran su falta de escrúpulos son sus editores de todo el mundo, para quienes todo vale con tal de tener beneficios. Venden basura destinada a un público incapaz de diferenciar ficción de realidad y que, cuanto más embrutecen, más bazofia mística y paranormal consume. En nada se diferencian de la cadenas de televisión que llenan su programación con miserias de personajes del llamado corazón y cotillas disfrazados de periodistas, ofrecen horóscopos telefónicos y estafan a la audiencia con programas que en cada entrega se inventan algún misterio.

La situación mediática y editorial no tiene arreglo porque siempre habrá quien vea en la explotación de la estupidez ajena una vía de enriquecimiento. Y me da miedo, mucho, la carencia de espíritu crítico de los lectores de autores como Cooper y oyentes y espectadores de cualquier programa esotérico. Porque está claro que esas personas son incapaces de emitir juicios racionales, y la democracia necesita ciudadanos que tomen decisiones basadas en la lógica y las pruebas, no en delirios místicos o siguiendo acríticamente al líder de turno. Temo que el éxito social del pensamiento mágico y de sus apóstoles -muchos de los cuales tienen un discurso marcadamente reaccionario- llegue en algún momento a poner en riesgo la libertad y el bienestar de todos, como, de hecho, ya sucede con movimientos como el antitransgénicos, el antiantenas y el antivacunas. Esta situación quizá pudiera paliarla un firme y prolongado en el tiempo compromiso para fomentar el pensamiento crítico por parte de educadores, científicos y periodistas, que llamen tonterías a lo que no son otra cosa, que disecciones las creencias pseudocientíficas más elaboradas y que denuncien abiertamente en los medios convencionales e Internet a quienes las explotan. Lamentablemente, no creo que eso vaya a pasar; así que es difícil que la situación mejore y fácil que empeore.