Homeopatía

El consejero vasco de Salud “aceptó estar en el comité de honor” del VII Congreso Nacional de Homeopatía

Jon Darpón, consejero vasco de Salud.¿Qué hace un consejero de Salud en un congreso de homeopatía?, se preguntaba ayer Rafael Olalde Quintana en Osakidetza.info. El médico de familia vizcaíno no podía creerse que la primera autoridad sanitaria de Euskadi encabezara el comité de honor del VII Congreso Nacional de Homeopatía, que se celebra en San Sebastián desde hoy hasta el domingo. “Estoy totalmente seguro de que (el consejero) no es consciente de este hecho. A buen seguro que la petición se habrá tramitado como tantas otras de tipo administrativo. El personal de la Consejería seguro que es ajeno a la polémica que esta aceptación puede desatar, al tiempo que le han hecho un flaco favor. A él y a todos nosotros”, concluía.

Esta mañana me he puesto en contacto con el Departamento de Salud del Gobierno vasco para saber si la presencia del consejero en el comité de honor contaba con su visto bueno o si los organizadores del encuentro se habían tomado la libertad de incluirle sin consultarle. A media tarde, un portavoz de la Consejería me ha confirmado que Darpón “aceptó estar en el comité de honor”. Nada más. Aunque he pedido aclaraciones a mi interlocutor, a la hora de escribir estas líneas no me las ha dado, así que no sé si se trató de un error administrativo -si el equipo de Darpón acepta todas las invitaciones de ese tipo de congresos médicos, se les coló ésta y no están dispuestos a rectificar- o si el consejero cree en la homeopatía, cosa que dudo.

El consejero vasco de Salud encabeza el comité de honor del VII Congreso nacional de homeopatía.De lo que no tengo ninguna duda es de que la presencia del consejero vasco de Salud en el comité de honor de ese congreso se percibirá como un espaldarazo a una práctica que puede tener terribles consecuencias en algunos casos. Para que se hagan a la idea de hasta dónde llega la desfachatez, uno de los ponentes habla mañana sobre el “Tratamiento homeopático en metástasis pulmonares de carcinoma de células claras renales” y otro sobre “El manejo homeopático de casos oncológicos en el País Vasco”.  Ambos se presentan como médicos homeópatas. ¿No le preocupa al consejero que haya enfermos de cáncer que crean que la homeopatía puede curarles y abandonen los tratamientos científicos para confiar en preparados mágicos que nunca han demostrado efectividad? Supongo que sí.

Si el titular vasco de Salud figura en el comité de honor del VII Congreso Nacional de Homeopatía por una decisión errónea de él o su equipo, todavía puede rectificar. Si lo hace, tendrá el apoyo de muchos. Si no lo hace, se situará al margen de la comunidad científica, que considera la homeopatía una pseudociencia, y de la médica, cuyo presidente en España, Juan José Rodríguez Sendín, dijo hace dos meses que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” que no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” a su favor y pertenece “al mundo de las creencias”. El artículo 43 de la Constitución establece que “se reconoce el derecho a la protección de la salud” y que “compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”. No creo que se vele por la salud pública dando pábulo a tratamientos milagrosos.

Hay mucha gente trabajando duro por arrinconar la charlatanería pseudomédica en beneficio de la salud de todos. Lamentablemente, noticias como ésta pueden suponer un retroceso en la batalla contra la superstición homeopática y las multinacionales que ganan millones con ese fraude.

Un médico vasco dice que la homeopatía cura el cáncer

Xabier Ibarburu, presidente de la Asociación de Médicos Homeópatas de Guipúzcoa, aseguraba el 13 de marzo en El Diario Vasco que sus colegas indios curan el cáncer y que él ha logrado que enfermos oncológicos “puedan vivir más años de lo previsto”. Decía:

Nunca lo he conseguido [curar el cáncer], otros homeópatas en India parece que sí. Pero estamos hablando de una enfermedad muy compleja. Me podrían acusar de algo si voy diciendo que curo el cáncer, pero no lo hago. Lo que sí he logrado es mejorar la calidad de vida de muchos pacientes con cáncer, he ayudado a que no sufran y a que puedan vivir más años de lo previsto.

No es la primera vez que Ibarburu, que también es acupuntor, sostiene algo así. “Siempre he dicho que nunca he conseguido curar un cáncer, pero he contribuido a alargar la vida de muchos pacientes y mejorar su calidad de vida”, declaraba en noviembre de 2012 al mismo periódico. Ahora, añade que con la homeopatía él puede “curar la bronquiolitis, el asma infantil, las amigdalitis de repetición, otitis, sinusitis, eccemas, migrañas, artritis reumautoideas, alergias… He curado psoriasis en algunas personas”. Lo siento, pero no me fío de su palabra: ¿dónde están las pruebas de que homeópatas indios curan el cáncer, de que él alarga con esa práctica la vida de pacientes oncológicos y de que cura la larga lista de males que dice curar?

La homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” sin base científica, ha sentenciado el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín. O, lo que es lo mismo, un timo. “Brujería”, dice la Asociación Médica Británica. Y los médicos que la practican violan el código deontológico de la profesión, según el cual “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida”.

El máster en homeopatía de la Universidad de Barcelona, en Radio Vitoria

Pilar Ruiz de Larrea y yo hablamos el lunes del máster en homeopatía de la Universidad de Barcelona, en la vigesimosegunda entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

Boiron diluye su credibilidad y la de la homeopatía

Así dio la noticia 'Redacción Médica'.La credibilidad de la homeopatía sufrió ayer en España un golpe de impredecibles consecuencias a manos de Boiron, el mayor fabricante de productos homeopáticos del mundo. Tras la suspensión del máster en homeopatía de la Universidad de Barcelona porque “no hay una evidencia científica clara” sobre la efectividad de esa práctica y la posterior polémica abierta en los medios de comunicación, la multinacional francesa convocó el martes una rueda de prensa ante “una campaña de comunicación sin precedente [que] ataca a la homeopatía en España”, “revela un desconocimiento profundo de la realidad de la homeopatía en España y en el mundo”, y “testimonia una falta de respeto a los millares de médicos y a los millones de españoles que han escogido las medicinas homeopáticas”. La encargada de poner las cosas en su sitio iba a ser Valérie Poinsot, directora general delegada del Grupo Boiron.

Cuando me enteré de la convocatoria, me sorprendió. No era posible que la multinacional respondiera satisfactoriamente a quienes sostenemos, entre otras cosas, que no existe ninguna prueba de que la homeopatía funcione más allá del placebo; que muchos, si no todos, de sus productos no contienen principio activo alguno; que, debido a eso, no existe ningún mecanismo por el que puedan tener ningún efecto; que ninguno de sus preparados cura nada; que el uso de la homeopatía pone en peligro vidas humanas; y que los médicos y farmacéuticos que los recetan y venden están jugando con la salud de los consumidores. Así que pensé que lo más probable era que se pegaran un tiro en el pie. No fui el único que llegó a esa conclusión. Fernando L. Frías, compañero del Círculo Escéptico, sospechó lo mismo. El tiempo nos ha dado la razón.

Los titulares de los medios tras la rueda de prensa lo dicen todo: “Ridículo de Boiron en su defensa de la homeopatía” (Redacción Médica); “Boiron defiende el uso de la homeopatía y admite que no sabe cómo actúa” (Diario Médico); “El gigante francés de la homeopatía dice que no sabe cómo funcionan sus productos” (El Correo); “La homeopatía se pone seria y el público se ríe” (El Español)… Y es que Poinsot reconoció ayer en Madrid que ellos no saben por qué funcionan sus productos, a pesar de lo cual achacó las críticas de los últimos días al “desconocimiento que hay al respecto [de la homeopatía] en España”, país donde, añadió, una de cada tres personas consume este tipo de preparados. Lamentablemente para ella, cuando le preguntaron por la fuente de ese último dato, la directora general de la multinacional no dio ninguna respuesta a los periodistas. La alta ejecutiva de Boiron dijo también, según Redacción Médica, que “los pacientes no necesitan la evidencia científica de un medicamento, sólo que funcione”, y que no hacen falta pruebas científicas que demuestren unos beneficios evidentes desde que Samuel Hahnemann inventó esta práctica. Además, ella y su director de comunicación, Jean-François Lurol, coincidieron en que “hay muchos intereses para que la homeopatía no esté considerada una opción terapéutica válida en muchos casos”, aunque no identificaron a los malvados. El recurso a la conspiración habitual entre los pseudocientíficos.

La estrategia de Boiron a la hora de hacer frente a la crisis abierta por la suspensión del máster de la Universidad de Barcelona ha sido de una torpeza tal que me sorprendería que no hubiera pronto cambios en su departamento de comunicación. Dado que la compañía no había descubierto de la noche a la mañana el santo grial de la homeopatía y sólo podía recurrir al manido “hay mucha gente que consume homeopatía” -también la hay que lleva amuletos, que cree en el horóscopo y que piensa que los homosexuales son unos enfermos-, ¿quién fue el genio que decidió sacar nada menos que a la directora general a justificar lo injustificable con un discurso victimista? ¿No hubiera sido menos malo esperar a que escampara y luego actuar como si no hubiera pasado nada?  Por si eso fuera poco, al ridículo de la rueda de prensa se sumó durante toda la jornada el que hicieron en Twitter, donde el gestor de la cuenta de la multinacional dio una lección de lo que nunca hay que hacer y  arrastró aún más por los suelos la reputación de la compañía.

#preguntaaBoiron

Los seis primeros tuits etiquetados #preguntaaBoiron, de arriba abajo.Me hubiera gustado asistir al encuentro de Boiron con los medios, pero vivo en Bilbao y la rueda de prensa era en Madrid. En cuanto llegó a mis manos la convocatoria, sopesé la posibilidad de lanzar preguntas a la multinacional a través de Twitter con un hashtag alusivo. Sin embargo, el martes después de cenar, estaba demasiado cansado como para hacer nada, así que me metí en la cama. Ayer me levanté y, tras el café, la idea me volvió a la cabeza. Me parecía que no hacerlo era dejar pasar una oportunidad: no iba a estar en Madrid, pero dejaría algunas preguntas y comentarios en Twitter. Así que, a las 9.18 horas, escribí: “¿Tienen algún estudio publicado en revista científica de prestigio que avale que la homeopatía funcione? Fin de la cita. #preguntaaBoiron”. Lancé otros cinco tuits con el mismo hashtag hasta las 9.31 horas. Tienen los seis a la derecha de arriba abajo, con erratas incluidas. Después, me tomé unos minutos de descanso. Seguí en Twitter, pero ni siquiera abrí una columna en mi cliente para ver cómo iba la etiqueta. Pensé que se diluiría, como es habitual. No fue así.

Poco después, la gente adoptó el hashtag como propio y empezó la fiesta. La tortura para el responsable de redes sociales de Boiron. #preguntaaBoiron fue pronto trending topic y comía con un amigo cuando me enteré de que Redacción Médica se hacía eco de la etiqueta y el cachondeo correspondiente. Porque mis tuits iniciales habían desaparecido bajo un tsunami de mensajes ingeniosos -yo no soy nada gracioso, lo sé- que habían hecho que las críticas a la homeopatía y a Boiron fueran el segundo tema del día en Twitter en España. Para colmo de males, el responsable de comunidades de la firma homeopática se pasó el día bloqueando a muchos de los que le incomodaban con la etiqueta #preguntaaBoiron, con lo que las burlas fueron todavía a más. Por supuesto, Boiron ayer no respondió satisfactoriamente a ninguna pregunta ni en la reunión con periodistas ni en las redes sociales.

El efecto Streisand que se marcó ayer la multinacional francesa por sus actuaciones en el mundo físico y en el digital es un ejemplo a enseñar en las facultades de comunicación. Ni en nuestros mejores sueños, quienes denunciamos la homeopatía como un timo pensamos alguna vez que la principal compañía del sector fuera a actuar tan torpemente. Gracias, Boiron, por dejar tan claro que no hay ni una prueba de la efectividad de la homeopatía. Por hacer el ridículo presentándoos como víctimas de una conspiración digna de revista esotérica. Hoy es un día para celebrar, pero no hay que dormirse en los laureles. Queda todavía muchísimo trabajo por delante. Hay que conseguir sacar a la homeopatía de todas las universidades españolas, de los colegios de médicos y de las farmacias. Ése tiene que ser el objetivo de quienes defendemos el escepticismo científico, el pensamiento crítico y el conocimiento frente a la superstición. Somos muchos y juntos podemos conseguir muchas cosas. Ayer lo demostramos.

El día terminó, para mí, de la mejor forma posible: con la admisión por el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, de que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” que no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” a su favor y pertenece “al mundo de las creencias”. El máximo representante de los médicos españoles dijo, además, que la directiva europea que regula el uso de la homeopatía es un “disparate” porque sólo está “movida” por intereses económicos. Estaría bien que, consecuente con sus ideas, la OMC formara un frente común con otras entidades similares -como la Asociación Médica Británica, para la cual la homeopatía “es brujería”– y organizaciones científicas para acabar con el trato de favor en Europa a esta práctica pseudocientífica.