Homeopatía

Dan Brown cree que el cáncer puede curarse “con la fuerza de tu pensamiento”

Dan Brown, multimillonario autor de El código Da Vinci, está como una cabra, con perdón del cuadrúpedo. Lo deja claro en la entrevista que hoy puede leerse en el XL Semanal con motivo de la publicación de El símbolo perdido. El novelista estadounidense parece que ha sufrido un vaciado cerebral equivalente al llenado de sus bolsillos. “Fui escéptico durante mucho tiempo. Ciencia noética… suena a New Age. Dediqué años a la investigación y ¿sabe qué?, la ciencia noética funciona”, dice Brown en la entrevsta que firma Jan Christoph Wiechmann en el colorín de Vocento. Es sólo el principio de un diálogo increíble:

“-¿En serio? Pónganos un ejemplo.

-Coja un vaso de agua y congélelo. Luego coloque a un grupo de personas alrededor del vaso, todas con pensamientos hermosos, puros, y verá que empiezan a formarse los más bellos cristales.

-¿Lo dice en serio?

-Completamente.

-¿No ha perdido el juicio?

-No he perdido el juicio. Haga el mismo experimento con personas que tengan pensamientos oscuros, malvados. El hielo se llenará de grietas y cristales horribles. He investigado el tema y he encontrado pruebas. La idea de que el ser humano pueda ejercer control sobre la materia me desconcierta.

-¡A mí también! ¿Se ha convertido en un científico aficionado?

– Sí, tengo que pensar, hasta cierto punto, como un científico. Si te concentras el tiempo suficiente mientras observas una célula cancerígena, puedes hacerla sanar.”

A quien primero escuché la tontería del agua sensible fue a Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), en septiembre de 2005. Me explicó que un médico alternativo japonés, Masaru Emoto, había publicado un libro con fotos en las que se veía cómo el agua helada de un charco a la puerta de una floristería de una ciudad normal y corriente cristaliza de una forma bella, mientras que, si la imagen procede de Hiroshima, las formas de los cristales son tortuosas, retorcidas, porque el agua recuerda la tragedía de la bomba atómica de 1945. Romero me quería convencer de que el agua tienen memoria. La historia me pareció tan ridícula que la dejé fuera del reportaje que estaba escribiendo sobre la homeopatía para que no me tacharan de tendencioso. Miren por dónde, cuatro años después compruebo que un periodista considera que alguien que le cuenta eso se ha convertido en un científico aficionado y le deja que diga peligrosas estupideces, como la de que puedes curar el cáncer medante con el poder de la mente, sin desautorizarle.

No me interesa Dan Brown como literato. El código Da Vinci me pareció una novela muy mala y previsible, al igual que La hermandad de la sábana santa, de la periodista Julia Navarro, por citar un éxito de ventas español tan flojo como el estadounidense. Lo que me preocupa es que porque Brown venda muchos libros haya quien tenga en consideración su opinión respecto a asuntos tan graves como el cáncer, de los cuales sabe tanto como del interior de la Giralda de Sevilla y del Priorato de Sión. Es posible que en el pasado el novelista estadounidense fuera escéptico -cosas más raras se han visto-, pero ahora está como un cencerro y nada justifica hacer publicidad gratuita a sus locuras. Dice que, en cinco años, mucha gente le dará la razón en que podemos “cambiar el mundo con la fuerza de tu pensamiento”, “crear una nueva realidad si unimos nuestros pensamientos y nos concentramos en ello”. Es el mismo tipo de augurio que llevan repitiendo todos los charlatanes esotéricos desde hace décadas, y pasan los años, y pasan los años, y pasan los años…

El Gobierno canario y el Colegio de Médicos de Tenerife avalan el timo de la homeopatía

“Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad”, advertía el 27 de agosto de 2005 en su editorial la prestigiosa revista médica The Lancet, que animaba a los médicos a “ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”. Un estudio de 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales había demostrado que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente en el producto y en quien se lo ha prescrito.

La homeopatía se basa en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, para sus practicantes, el medicamento es “energéticamente más potente” cuanto más diluido esté el principio activo. Los productos homeopáticos, ésos de venta en farmacias, no contienen principio activo alguno, así que no pueden tener ningún efecto farmacológico. Vamos, que su efectividad es equiparable a la de la pata de conejo, el agua de Lourdes, el cordón de san Blas… Sin embargo, los colegios de médicos y los poderes públicos españoles respaldan cada dos por tres esta práctica anticientífica.

El último ejemplo de irresponsabilidad pública y profesional lo darán la semana que viene el Gobierno Canario, el Parlamento de Canarias el Cabildo de Tenerife, Caja canarias y el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife, al avalar las II Jornadas Científicas de Homeopatía. El encuentro cuenta con el interesado apoyo de los homéopatas Laboratorios Boiron, Laboratorios Biótica, Laboratorios IberHome, Laboratorios Heel, Laboratorios Lehning y Dr. Reckeweg & Co España. Se celebrará el 2 y 3 de octubre en el edificio de Tenerife de la Presidencia del Gobierno canario y, según el programa, “contará con la presencia de las primeras autoridades institucionales”.

Suicidio homeopático

Sobra decir que será un acto a mayor gloria del negocio homeopático, que permite a esos laboratorios vender agua a precio de oro y a muchos médicos obtener unos ingresos que de otro modo igual nunca lograrían. “El objetivo de la jornadas es darles a conocer a los científicos de Canarias en general, a los docentes universitarios, la realidad científica de la homeopatía”, ha declarado Rodolfo de la Torre, presidente de la Sociedad Canaria de Homeopatía, a El Día. Como si los científicos no supieran ya, gracias a revistas como The Lancet, que esta medicina alternativa ni es medicina ni es nada. ¿Expondrán los resultados del estudio publicado en The Lancet y de todos los demás que demuestran que la homeopatía es un timo? ¿Explicarán por qué los productos homeopáticos no han de demostrar su efectividad, sino sólo su inocuidad? ¿Admitirán que toda la historia de la memoria del agua es un cuento chino?

Resulta lamentable que las instituciones respalden actos anticientíficos como el de Tenerife, cuyo único objetivo es impulsar un negocio basado en el abuso de la credulidad y la ignorancia del público. Los partidarios de la ciencia y la razón no lo tienen fácil para que los medios se hagan eco de sus argumentos, por eso les propongo que recurran al efectismo, que el 2 de octubre organicen un suicidio homeopático colectivo ante la sede del encuentro. En 2002, una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal -y, por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos- de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente… No les pasó nada y, además, recibieron gran atención de los medios.

La Sanidad catalana empieza a costear tratamientos de acupuntura, homeopatía y flores de Bach

La Sanidad catalana ha incluido ya en el catálogo de prestaciones sanitarias la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach, prácticas cuya efectividad nunca ha sido demostrada científicamente. Según me informa Francisco Manuel Crespo Romero y publica El Periódico, el Centro de Atención Primaria de Sagrada Familia (Barcelona) será el primero en ofrecer este mes esos tratamientos, que se basan en mágicos equilibrios energéticos (acupuntura y flores de Bach) y en la inexistente memoria del agua (homeopatía). Alguien debería explicar a los contribuyentes catalanes desde la Generalitat cuál es el criterio que se sigue para malgastar dinero público en unos remedios que, aunque los practiquen profesionales sanitarios, son hechicería, y no medicina. Una vergüenza, y más en tiempos de crisis y en un sistema de salud, el catalán, del que se dice que está en quiebra técnica. Ya puestos, podían ahorrar dinero -con la misma efectividad sanitaria que la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach- sustituyendo estos tratamientos por plegarias. Tendrían que ser oraciones dirigidas por profesionales sanitarios, claro, para que no se queje luego la Organización Médica Colegial (OMC), siempre tan atenta a los intereses de sus asociados.

Científicos tramposos

Ciencia y verdad no siempre caminan juntas. Los espectaculares hallazgos de Iruña-Veleia, donde se anunció en junio de 2006 el descubrimiento de las primeras inscripciones en euskera y el primer calvario de la Historia, son una muestra de lo que, en su libro Las mentiras de la ciencia (1993), Federico di Trocchio denomina engañología, “la ciencia que enseña a los científicos cómo engañar a otros científicos. Éstos, a su vez, convencen a los periodistas, quienes finalmente se encargan de seducir a las masas”.

Los fraudes en ciencia acaban siempre saliendo a la luz por la propia naturaleza del método científico, que, para validar un avance, exige que otros investigadores lleguen de forma independiente a las mismas conclusiones que el autor del descubrimiento. Pero el engaño causa siempre daños colaterales: el proceder del biólogo Hwang Woo-Suk, quien falsificó datos en sus experimentos, salpicó en 2005 a toda la investigación honrada en el campo de la clonación terapéutica y el de Iruña-Veleia -que aquí ya predijimos hace dos años– vuelve a poner en la cuerda floja a la arqueología alavesa tras el fraude de las pinturas rupestres de Zubialde, que a principios de los años 90 recibieron el visto bueno de lo más granado de la antropología vasca. No es algo nuevo en la historia de la ciencia, pero el rigor la arqueología vasca queda en evidencia por segunda vez en menos de veinte años.

EL HOMBRE DE PILTDOWN
La falsificación más sonada

El fraude científico por antonomasia es el del hombre del Piltdown, que sobrevivió durante cuarenta años con el nombre científico de Eoanthropus dawsoni. El fósil, encontrado en Sussex, fue presentado en 1912 por el paleontólogo aficionado Charles Dawson a Arthur Smith Woodward, paleontólogo del Museo Británico, quien le otorgó carta de autenticidad. Los restos tenían unos 500.000 años y proporcionaban a los prehistoriadores ingleses un homínido propio y, además, no uno cualquiera. Porque el hombre de Piltdown era el deseado eslabón perdido: su bóveda craneal era humana, pero su mandíbula tenía aspecto simiesco.

El nuevo homínido -orgullo del nacionalismo inglés- sobrevivió cuatro décadas como antepasado del hombre moderno, hasta que en 1953 un grupo de investigadores del Museo Británico reveló que se trataba de una falsificación. La bóveda craneal era humana, aunque no tenía más de 50.000 años, y la mandíbula correspondía a un orangután y había sido teñida para que pareciera antigua y los colores encajaran. Lo que todavía no se sabe es quién perpetró un fraude alrededor del cual hubo personajes tan ilustres como el novelista Arthur Conan Doyle y el jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Uno de los principales sospechosos es Martin A.C. Hinton, conservador del departamento de Zoología del Museo Británico, que odiaba a Woodward, quien acabó siendo la víctima científica del engaño.

LA PRIMERA AVE
Un dinosaurio con alas

La búsqueda de la conexión definitiva entre dinosaurios y aves dio lugar hace seis años a un fraude parecido al de Piltdown. En las últimas décadas, la paleontología ha reunido un número creciente de pruebas que demuestran que por nuestros cielos vuelan descendientes de los dinosaurios. Así que un fósil de un dinosaurio con alas sería un hallazgo impresionante. Fue la imagen de portada de la National Geographic Magazine en noviembre de 1999, “un auténtico eslabón perdido en la compleja cadena que conecta dinosaurios y aves”. Se llamaba Archaeoraptor liaoningensis y había sido encontrado en China en los años 90.

El nuevo fósil duró poco en el cielo paleontológico. A finales de enero de 2000, la National Geographic Society admitió que el bicho con alas emplumadas y cola de dinosaurio era un engaño, una pieza fraudulenta. El escáner demostró que el dinosaurio original era un pequeño carnívoro, Microraptor zhaoianus, al que se habían trasplantado partes de un ave, Yanornis martini. ¿Lo bueno? Que ambas especies eran desconocidas antes del falso Archaeoraptor.

LA MEMORIA DEL AGUA
La homeopatía, demostrada

Un poder mágico del agua es la base de la homeopatía, práctica para la que se encontró en 1988 un fundamento científico. Hace diecisiete años, el biólogo francés Jacques Benveniste publicó en la revista Nature un trabajo en el que probaba aparentemente la capacidad del agua para recordar cualquier elemento que hubiera estado disuelto en ella. La homeopatía se basa en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, para sus practicantes, el medicamento es “energéticamente más potente” cuanto más diluido esté el principio activo.

Esta idea, que choca contra la lógica y contra la química, tenía en el trabajo de Benveniste un soporte científico que se derrumbó en cuanto un grupo de expertos elegido por Nature viajó hasta el laboratorio del investigador y detectó graves fallos metodológicos que invalidaban los sorprendentes resultados. Por si eso fuera poco, varios colaboradores de Benveniste estaban a sueldo de los laboratorios Boiron, la multinacional francesa de la homeopatía. Nadie ha vuelto a conseguir los resultados de Benveniste, que se disolvieron ante investigadores imparciales sin dejar rastro.

LA FUSIÓN FRÍA
Energía barata y abundante

Dos químicos, Martin Fleischmann y Stanley Pons, anunciaron el 23 de marzo de 1989 en la Universidad de Utah, en Salt Lake City, el final de las penurias energéticas de la Humanidad. La panacea respondía al nombre de fusión fría y replicaba la fusión atómica que tiene lugar en el interior del Sol, en donde al unirse los núcleos de dos átomos se libera una gran cantidad de energía. “Teníamos una oportunidad sobre un millón de conseguirlo. Pero lo hicimos: hemos logrado aprisionar el Sol en una probeta”, dijeron Pons y Fleischmann hace dieciséis años.

Iba a ser un momento histórico. Los científicos habían dado con la fuente de la energía eterna a temperatura ambiente, con un desembolso mínimo y con un instrumental que está al alcance de cualquier laboratorio. El combustible (hidrógeno) era barato y abundante y el proceso no generaba residuos radiactivos. ¿Demasiado bonito para ser cierto? Sí. El tiempo y otros científicos demostraron que la fusión fría de Pons y Fleischmann era un bluff. Ahora, un consorcio internacional persigue la fusión a altas temperaturas con el proyecto ITER, que exigirá inversiones de 4.500 millones de euros durante los próximos veinte años.

El físico Jan Hendrik Schön fue despedido de los laboratorios Bell en 2002, después de que un comité científico descubriera que quien era una estrella naciente de la física -con cinco artículos sobre nanotecnología en Nature y siete en Science entre 1998 y 2001- había amañado los resultados de sus trabajos. Lo mismo le ha ocurrido a Hwang Woo-Suk, cuya producción fue toda puesta en duda tras detectar sus trampas. Habrá más episodios de fraudes en ciencia, y serán destapados por colegas de los tramposos porque el avance del conocimiento científico exige poner siempre en duda los hallazgos, no hacer caso de lo que digan las celebridades y guiarse por lo que dicen las pruebas. Como en CSI.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Cataluña legaliza la hechicería sanitaria

Brujo.Ya tienen los hechiceros sanitarios una bonita ley catalana que les ampara en sus desmanes, y sus colegas del resto de España una norma cuya aprobación exigir hasta en la última de las comunidades autónomas. Lo lógico en un país desarrollado y serio es que los poderes públicos velen por la salud de los ciudadanos, dejando la Sanidad en manos de profesionales debidamente cualificados, impidiendo la venta de pócimas milagrosas y limitando las prácticas sanitarias a aquéllas cuya validez haya sido demostrada.

Lamentablemente, este país ni es desarrollado ni serio, y el Consejo Ejecutivo de la Generalitat catalana acaba de aprobar un decreto que regula como práctica sanitaria lo que no lo es. Porque da igual lo que argumenten los espabilados -licenciados en Medicina o no- que practican las terapias alternativas, da igual lo que digan sus clientes y que sean muchos, da igual lo que sostenga el gremio médico, la homeopatía, la acupuntura, la iridología y todo el batiburrillo de saberes que forma la denominaba medicina alternativa no son ninguna alternativa a la medicina, porque no son medicina. Como la astrología no puede ser nunca alternativa a la astronomía; la brujería, a la física; la criptozoología, a la zoología; y la astroarqueología, a la historia.

Los dos primeros párrafos del decreto son un auténtico disparate:

“La existencia de diversas maneras de entender la persona, el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento, relacionadas con la tradición de las diferentes culturas, condiciona los criterios o las opciones médicas y terapéuticas distintas. Estas concepciones diversas se encuentran tanto en la medicina oficial, convencional o alopática, como en el resto de criterios llamados no convencionales, complementarios, alternativos, naturales u holísticos. Cada uno de estos criterios utiliza remedios o técnicas diferentes.

Los criterios en que se basan las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática y aplican procesos de diagnóstico y terapéuticos propios.”

La norma parte de un pernicioso relativismo -“la existencia de diversas maneras de entender la persona”, “las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática”- que permite casi todo. Desde ese punto de vista, ¿acaso no es un tratamiento sanitario el del adivino que reconforta a su cliente, poner bolas de cristal bajo la almohada para curar el cáncer o tomarse la pócima que hace, según el curandero de turno, desaparecer el sida?, ¿por qué esos depositarios de un saber diferente tienen que demostrar que lo que hacen es más que estafar al personal y no se le exige lo mismo a un osteópata, reflexólogo o lo que sea, esté o no titulado en Medicina? La norma catalana libera a los terapeutas naturales de demostrar que lo que hacen es algo más que hechicería, algo más que echar agua bendita en unas instalaciones recién inauguradas. La superstición y el fraude reciben así cobertura legal y sus practicantes podrán exhibir en las consultas una acreditación oficial.

La Generalitat destaca, en el anuncio de su decisión, que Cataluña ha aprobado un decreto “pionero en Europa”, como si hubiera un motivo para la alegría y no para la vergüenza. Mañana, esos sabios gobernantes podrían decidir -¡por qué no!- que a los astrólogos les hicieran sitio en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, por ejemplo, y sería igual de loable. Lo que ha hecho la Generalitat con las terapias naturales es una muestra de populismo alejado de cualquier criterio científico y racional, y de toda lógica. ¿Por qué hay que exigir efectividad a los tratamientos convencionales y no a la acupuntura o a la -¡agárrense!- liberación holística de estrés con técnicas de kinesiología?

La Organización Médica Colegial (OMC) considera que el decreto catalán “pone en riesgo la salud de los ciudadanos” y “puede representar un riesgo sanitario de primera magnitud”. No se hagan ilusiones. No es que el gremio médico haya entrado en razón y decidido que no han de fomentarse prácticas sanitarias sin base científica. No. Lo que hace es recordar que “toda terapia, convencional o no, es en sí misma un acto sanitario que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y de una aplicación de la misma que debe ser realizada, necesaria y obligatoriamente por un profesional cualificado y legalmente autorizado”. No estamos, por tanto, ante una defensa de los ciudadanos frente el avance de la pseudomedicina, sino del gremialismo más feroz, el que defiende que quienes practiquen la hechicería sanitaria sean titulados en Medicina.

El Gobierno catalán hace que esa comunidad retroceda a tiempos precientíficos y pone la salud de los ciudadanos en manos de hechiceros. Mal empieza 2007, el Año de la Ciencia.