Homeopatía

La Organización Médica Colegial reconoce el curanderismo homeopático como acto médico

“Los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía“, reclamaba The Lancet hace cuatro años, después de que la comparación de los resultados de 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales demostrara que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente. La Organización Médica Colegial (OMC) española ha decidido ignorar el consejo de la prestigiosa revista y ha acordado en asamblea el reconocimiento de la homeopatía “como acto médico, que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centro sanitarios debidamente autorizados”, noticia de la que me he enterado gracias a Aitor Guitarte.

A pesar de que no hay más pruebas de la efectividad de la homeopatía que de la de los pases de manos y el “cura, cura, sana, culito de rana”, el gremio médico español apuesta por perpetuar el engaño y continuar disfrazando de práctica científica algo que no es más que hechicería. Los homeópatas sostienen, en contra de los principios de la química y la bioquímica que se enseñan en las facultades de Medicina, que un remedio es más potente cuanto más diluido está y que la máxima potencia se logra con remedios en los cuales no queda ni una molécula de principio activo. Según eso, sería más potente desde el punto de vista alcohólico un vaso de agua con una gota de vino que un vaso de vino con una gota de agua.

La homeopatía va contra toda lógica; pero eso no importa a entidades como la OMC, que no están para defender a los pacientes, sino a sus asociados. Como hay médicos que se ganan la vida, y muy bien, practicando una pseudociencia, el colectivo defiende que lo hagan y pide que se impida que ejerzan de homeópatas aquéllos no titulados en Medicina para evitar que hagan la competencia a sus colegiados que optan por el curanderismo. Evidentemente, un homeópata con formación médica no pedirá a un paciente que suspenda un tratamiento convencional efectivo: sólo en ese sentido, la homeopatía practicada por titulados en Medicina es más segura que la realizada por gente sin conocimientos médicos. Pero la cuestión de fondo es que la homeopatía no es efectiva independientemente de quién la ejerza y, por eso mismo, no debería nunca ser considerada un acto médico.

En perjuicio de los pacientes

Si los homeópatas están tan seguros de que sus productos curan, ¿por qué no piden que se sometan a las mismas pruebas que cualquier otro medicamento?, ¿por qué lo único que han de demostrar los preparados homeopáticos es que son inocuos? Hace unas semanas Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió que su compañía vende remedios homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, declaró ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes, que investiga los fundamentos científicos de la homeopatía.

“Lo que persigue la OMC con este reconocimiento de la homeopatía como acto médico no es más que proteger la salud de la población. Con ello se va a conseguir, además, impedir que esas actividades que se practican con ciudadanos las lleven a cabo personas sin la formación adecuada, puesto que muchas veces dicha formación es, incluso, nula”, ha dicho Cosme Naveda, coordinador del Área Para las Relaciones Con las Terapias Médicas No Convencionales de la OMC. Esa lógica debería llevar a la OMC a reconocer como actos médicos todo tipo de curanderismos porque también en ellos está en juego la salud de ciudadanos. Pero, repito, no se confundan, no estamos ante una decisión tomada por los médicos en beneficio de la población, sino ante un acuerdo gremial cuyos únicos beneficiarios serán los homeópatas y los farmacéuticos, y cuyos perjudicados serán unos pacientes que seguirán pagando por un acto médico que no lo es y por un fármaco que tampoco.

Naveda me dijo en 2005 respecto a la homeopatía: “A pesar de la realidad social, de la popularidad de este tipo de prácticas, ¿qué pasa si no hay pruebas científicas de su efectividad? ¿Las proscribimos? Si no funcionan, no podremos defenderlas. De hecho, no están incluidas en la medicina pública porque no han demostrado ser efectivas”. Nada ha cambiado en los últimos cuatro años, la homepatía sigue siendo una pseudomedicina, pero la OMC ha decidido defenderla.

La cadena de farmacias Boots reconoce que los productos homeopáticos que vende no curan nada

Logotipo de la cadena de farmacias Boots.Paul Bennett, máximo responsable de la cadena británica de farmacias Boots, admitió ayer que la compañía vende homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, declaró ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes, que investiga los fundamentos científicos de la homeopatía. Al igual que en España, en Reino Unido los remedios homeopáticos no tienen que demostrar su efectividad, como pasa con otros fármacos, sino que basta con que no sean perjudiciales para la salud. “En la base de todo está que se trata de productos regulados que son seguros”, se defendió ayer Bennett. La industria homeopática es un negocio de 40 millones de libras anuales en Reino Unido, donde se venden remedios de ese tipo hasta para la malaria y la leucemia.

Organizaciones científicas como la Real Sociedad Farmacéutica piden desde hace tiempo a los laboratorios homeopáticos que retiren de sus productos cualquier afirmación sobre su efectividad, a no ser que la demuestren en ensayos clínicos similares a los que se someten el resto de los fármacos. La revista The Lancet publicó hace cuatro años un trabajo que demostraba, más allá de toda duda, que la homeopatía no funciona y recomendaba en un editorial: “Los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”. El estudio constataba, después de comparar 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales, que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente en el producto y en quien se lo ha prescrito.

Dan Brown y sus desvaríos y el espiritismo universitario, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 28 de octubre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre Dan Brown y sus desvaríos pseudocientíficos y el seminario espiritista de la Universidad de Castilla-La Mancha, en la tercera entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Dan Brown cree que el cáncer puede curarse “con la fuerza de tu pensamiento”

Dan Brown, multimillonario autor de El código Da Vinci, está como una cabra, con perdón del cuadrúpedo. Lo deja claro en la entrevista que hoy puede leerse en el XL Semanal con motivo de la publicación de El símbolo perdido. El novelista estadounidense parece que ha sufrido un vaciado cerebral equivalente al llenado de sus bolsillos. “Fui escéptico durante mucho tiempo. Ciencia noética… suena a New Age. Dediqué años a la investigación y ¿sabe qué?, la ciencia noética funciona”, dice Brown en la entrevsta que firma Jan Christoph Wiechmann en el colorín de Vocento. Es sólo el principio de un diálogo increíble:

“-¿En serio? Pónganos un ejemplo.

-Coja un vaso de agua y congélelo. Luego coloque a un grupo de personas alrededor del vaso, todas con pensamientos hermosos, puros, y verá que empiezan a formarse los más bellos cristales.

-¿Lo dice en serio?

-Completamente.

-¿No ha perdido el juicio?

-No he perdido el juicio. Haga el mismo experimento con personas que tengan pensamientos oscuros, malvados. El hielo se llenará de grietas y cristales horribles. He investigado el tema y he encontrado pruebas. La idea de que el ser humano pueda ejercer control sobre la materia me desconcierta.

-¡A mí también! ¿Se ha convertido en un científico aficionado?

– Sí, tengo que pensar, hasta cierto punto, como un científico. Si te concentras el tiempo suficiente mientras observas una célula cancerígena, puedes hacerla sanar.”

A quien primero escuché la tontería del agua sensible fue a Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), en septiembre de 2005. Me explicó que un médico alternativo japonés, Masaru Emoto, había publicado un libro con fotos en las que se veía cómo el agua helada de un charco a la puerta de una floristería de una ciudad normal y corriente cristaliza de una forma bella, mientras que, si la imagen procede de Hiroshima, las formas de los cristales son tortuosas, retorcidas, porque el agua recuerda la tragedía de la bomba atómica de 1945. Romero me quería convencer de que el agua tienen memoria. La historia me pareció tan ridícula que la dejé fuera del reportaje que estaba escribiendo sobre la homeopatía para que no me tacharan de tendencioso. Miren por dónde, cuatro años después compruebo que un periodista considera que alguien que le cuenta eso se ha convertido en un científico aficionado y le deja que diga peligrosas estupideces, como la de que puedes curar el cáncer medante con el poder de la mente, sin desautorizarle.

No me interesa Dan Brown como literato. El código Da Vinci me pareció una novela muy mala y previsible, al igual que La hermandad de la sábana santa, de la periodista Julia Navarro, por citar un éxito de ventas español tan flojo como el estadounidense. Lo que me preocupa es que porque Brown venda muchos libros haya quien tenga en consideración su opinión respecto a asuntos tan graves como el cáncer, de los cuales sabe tanto como del interior de la Giralda de Sevilla y del Priorato de Sión. Es posible que en el pasado el novelista estadounidense fuera escéptico -cosas más raras se han visto-, pero ahora está como un cencerro y nada justifica hacer publicidad gratuita a sus locuras. Dice que, en cinco años, mucha gente le dará la razón en que podemos “cambiar el mundo con la fuerza de tu pensamiento”, “crear una nueva realidad si unimos nuestros pensamientos y nos concentramos en ello”. Es el mismo tipo de augurio que llevan repitiendo todos los charlatanes esotéricos desde hace décadas, y pasan los años, y pasan los años, y pasan los años…

El Gobierno canario y el Colegio de Médicos de Tenerife avalan el timo de la homeopatía

“Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad”, advertía el 27 de agosto de 2005 en su editorial la prestigiosa revista médica The Lancet, que animaba a los médicos a “ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”. Un estudio de 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales había demostrado que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente en el producto y en quien se lo ha prescrito.

La homeopatía se basa en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, para sus practicantes, el medicamento es “energéticamente más potente” cuanto más diluido esté el principio activo. Los productos homeopáticos, ésos de venta en farmacias, no contienen principio activo alguno, así que no pueden tener ningún efecto farmacológico. Vamos, que su efectividad es equiparable a la de la pata de conejo, el agua de Lourdes, el cordón de san Blas… Sin embargo, los colegios de médicos y los poderes públicos españoles respaldan cada dos por tres esta práctica anticientífica.

El último ejemplo de irresponsabilidad pública y profesional lo darán la semana que viene el Gobierno Canario, el Parlamento de Canarias el Cabildo de Tenerife, Caja canarias y el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife, al avalar las II Jornadas Científicas de Homeopatía. El encuentro cuenta con el interesado apoyo de los homéopatas Laboratorios Boiron, Laboratorios Biótica, Laboratorios IberHome, Laboratorios Heel, Laboratorios Lehning y Dr. Reckeweg & Co España. Se celebrará el 2 y 3 de octubre en el edificio de Tenerife de la Presidencia del Gobierno canario y, según el programa, “contará con la presencia de las primeras autoridades institucionales”.

Suicidio homeopático

Sobra decir que será un acto a mayor gloria del negocio homeopático, que permite a esos laboratorios vender agua a precio de oro y a muchos médicos obtener unos ingresos que de otro modo igual nunca lograrían. “El objetivo de la jornadas es darles a conocer a los científicos de Canarias en general, a los docentes universitarios, la realidad científica de la homeopatía”, ha declarado Rodolfo de la Torre, presidente de la Sociedad Canaria de Homeopatía, a El Día. Como si los científicos no supieran ya, gracias a revistas como The Lancet, que esta medicina alternativa ni es medicina ni es nada. ¿Expondrán los resultados del estudio publicado en The Lancet y de todos los demás que demuestran que la homeopatía es un timo? ¿Explicarán por qué los productos homeopáticos no han de demostrar su efectividad, sino sólo su inocuidad? ¿Admitirán que toda la historia de la memoria del agua es un cuento chino?

Resulta lamentable que las instituciones respalden actos anticientíficos como el de Tenerife, cuyo único objetivo es impulsar un negocio basado en el abuso de la credulidad y la ignorancia del público. Los partidarios de la ciencia y la razón no lo tienen fácil para que los medios se hagan eco de sus argumentos, por eso les propongo que recurran al efectismo, que el 2 de octubre organicen un suicidio homeopático colectivo ante la sede del encuentro. En 2002, una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país incluyeran la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal -y, por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos- de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente… No les pasó nada y, además, recibieron gran atención de los medios.