Homeopatía

En España no está autorizado ningún producto homeopático, según el abogado Fernando L. Frías

Todos los productos homeopáticos de venta en las farmacias de nuestro país carecen de la autorización correspondiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), explica el abogado Fernando L. Frías en la última entrada de su blog. A raíz de la publicación en el diario El País de un reportaje a favor de la homeopatía, Frías, miembro del Círculo Escéptico, pasa revista a la situación legal de estos productos en España, donde, al parecer, las autoridades sanitarias han decidido hacer la vista gorda ante las violaciones de la ley por parte de la industria homeopática.

Recuerda este abogado que el Real Decreto 2208/1994 regula la autorización de los productos homeopáticos, con una Disposición Transitoria Segunda para aquéllos que salieron al mercado antes de su entrada en vigor, el 29 de noviembre de 1994. Ese decreto establecía en su artículo 3 que “la autorización de los medicamentos homeopáticos de uso humano es condición previa a su comercialización”, obligación que sigue vigente conforme al artículo 4 del Real Decreto 1345/2007. Así que hay que presuponer que todos los productos de ese tipo a la venta en nuestro país la tienen. Pues, no es así. Y no es que no la tengan algunos; es que no la tiene ninguno: la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios, explica Frías, no ha concedido en dieciséis años ni una autorización a un preparado homeopático.

Los que estaban a la venta antes de noviembre de 1994 tenían seis meses desde la entrada en vigor del Real Decreto 2208/1994 para solicitar la autorización. La Administración debía, por su parte, resolver cada expediente en un máximo de 210 días. “De modo que, apurando al máximo los plazos, los fabricantes tenían hasta el 28 de mayo de 1995 para presentar las solicitudes, y la Administración hasta el 28 de febrero de 1996 para dictar resolución. Y, al no haber dictado ninguna, el 29 de febrero de ese año (que fue bisiesto) los productos homeopáticos en el mercado se quedaron automáticamente sin autorización. Por otro lado, y teniendo en cuenta que tampoco parece haberse concedido ninguna autorización posterior, los productos homeopáticos que entraron en el mercado después del 29 de noviembre de 1994 tampoco cuentan con autorización para su venta”, indica Frías.

¡Impresionante! Los productos homeopáticos no sólo no tienen en España que demostrar efectividad terapéutica alguna, sino que, además, pueden comercializarse sin la autorización que establece la Ley sin que la Administración los retire del mercado. ¿Para qué se elaboran leyes si luego nadie vela por su cumplimiento? ¿Alguien lo entiende? Yo no, desde luego. Y parece que Fernando L. Frías tampoco. En su nombre y en el del Círculo Escéptico, se ha dirigido a la AEMPS pidiendo explicaciones por la situación ilegal de estos productos y por la declaración hecha a El País por un portavoz de la agencia según la cual, en el caso de los preparados homeopáticos de venta en farmacias, “estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada con estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos”.

‘El País’ pasa de la ciencia y se alinea a favor de la homeopatía

‘La homeopatía, ¿quimera o ciencia?’, se pregunta hoy El País en un extenso reportaje que intenta aparentar imparcialidad, pero da como buenas las afirmaciones de los homeópatas y, sin embargo, se olvida de todas las pruebas científicas que han demostrado que la efectividad de esta pseudomedicina no es mayor que la del placebo. Porque, aunque aparecen como fuentes creyentes y críticos, hay una desproporción evidente a favor de los primeros de 5 a 2 y el resultado final es indudablemente favorable a la práctica homeopática. Si no, lean el último párrafo:

“Pero, convenza o no, la homeopatía cuenta cada día con mayor número de adeptos, no sólo entre los pacientes, sino también entre los médicos. El número de pediatras que optan por estos tratamientos se ha disparado en los últimos años, sobre todo por el perfil de seguridad de los medicamentos y la facilidad de administrarlos. Y sí, son medicamentos, no chuches, según todas las directivas europeas y la Agencia Española del Medicamento. Como tal, se venden en las farmacias. “Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada con estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos”, comentan representantes de la Agencia Española del Medicamento. Si no, no estarían en el mercado.”

El reportaje es tramposo de principio a fin. Al inicio, el autor, Josep Garriga, intenta mantenerse en la línea del medio y escribe que la homeopatía cura poniendo el verbo en cursiva, diciendo que hay científicos y médicos a quienes “les parece una patraña” y que nadie ha demostrado cómo interaccionan los productos homeopáticos en el organismo. Y sentencia que “la homeopatía despierta filias y fobias, y suscita maniqueas opiniones”. Luego, explica brevemente cuáles son los principios de esta terapia y empieza el desfile de opiniones, claramente sesgado a favor de los prohomeopatía (5) frente a los escépticos (2).

Joan Ramon Laporte, jefe del servicio de farmacología del hospital de Vall d’Hebron de Barcelona, es de los segundos y deja claro por qué la homeopatía no puede funcionar: “Para comenzar, [los productos homeopáticos] no contienen nada porque la concentración del supuesto principio activo es infinitesimal. Y si dividimos por infinito, el resultado es nada. No hay un principio activo que desencadene una respuesta fisiológica en el organismo que mejore su estado de salud”. Sin embargo, tan concluyente argumentación es desactivada recurriendo a Luc Montagnier, creyente en la homeopatía, de quien se recuerda su premio Nobel por el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y que sostiene que se ha demostrado el agua tiene memoria en forma de “vibraciones electromagnéticas”. El periodista no nos dice dónde se ha publicado tan extraordinario hallazgo por el que Jacques Benveniste ganó su primer premio Ig Nobel, lo da por cierto sin más a pesar de lo disparatado de la idea, que puesta en boca de un Nobel puede parece a algunos digna de crédito.

Olvidos y trampas

Como me recordaba en 2005 el biólogo marino Vicente Prieto, miembro del Círculo Escéptico, el agua no surge de la nada, sino que tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias… Los homeópatas, Montagnier incluido, sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones, y Prieto se pregunta: “¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado? Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo”. De ser real la memoria del agua, todos los controles de calidad carecerían de sentido, tanto en lo que se refiere a la potable como al agua de mar en la que se crían moluscos y peces. El líquido conservaría el recuerdo de las sustancias tóxicas empleadas en su potabilización y de todo tipo de microorganismos y metales pesados.

El reportaje de El País se olvida de todo esto y no sólo asume que el funcionamiento de la homeopatía está demostrado -poco importa que toda la literatura científica diga lo contrario-, sino que, además, recurre al juego sucio para hacer creer al lector que estamos ante algo más que hechicería disfrazada de ciencia: dice que la practican 10.000 médicos, que cada uno de ellos viene a dedicar a sus pacientes una media de 60 minutos por visita, que la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria la recomienda para algunas patologías, que la Organización Médica Colegial (OMC) la ha reconocido como acto médico y que los productos se venden en farmacias como medicamentos. Nada de esto demuestra, sin embargo, que la homeopatía tenga base científica alguna: que muchos profesionales practiquen algo no implica que ese algo sea válido, sólo que lo practican; que organizaciones gremiales respalden las prácticas de sus asociados no otorga a éstas automáticamente una bendición universal; y todos sabemos que en las farmacias se vende casi cualquier cosa.

El autor no sólo no exige a los partidarios de la homeopatía las pruebas de lo que dicen -habría bastado un simple: ¿dónde se ha publicado eso?-, sino que, además, pasa por alto todas las publicaciones científicas que demuestran lo contrario, que son las que han llevado al Parlamento británico a pedir que la sanidad pública deje de financiar esta pseudomedicina. No menciona, por supuesto, al metaanálisis publicado hace cinco años por The Lancet, cuyos resultados llevaban a la prestigiosa revista a pedir a los médicos que fueran “valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”. Y, por si eso fuera poco, el reportaje concluye con una falsedad. Asume como cierto que los productos homeopáticos tienen que demostrar su efectividad para recibir la autorización de la Agencia Española del Medicamento, cuando no es así; les basta con demostrar su inocuidad. ¿Y qué hay algo más inocuo que un poco de agua o una pastillita de azúcar?

El Parlamento británico pide al Servicio Nacional de Salud que no financie la homeopatía por inefectiva

El Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes urge, en un informe publicado hoy tras varios meses de investigación, al Servicio Nacional de Salud (NHS) británico a que deje de financiar la homeopatía porque “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo“. La comisión parlamentaria pide, además, a la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) que impida que las etiquetas de los productos homeopáticos incluyan afirmaciones sobre su uso médico sin que su eficacia haya sido demostrada. “Como no son medicinas, los productos homeopáticos no deberían tener licencia de la MHRA”, dice la nota de prensa.

Los diputados advierten del contrasentido de la política gubernamental respecto a la homeopatía, dado que, aunque el Ejecutivo reconoce que no existen pruebas de su efectividad más allá del placebo y que sus principios resultan implausibles desde el punto de vista científico, no tiene intención de que el NHS deje de financiarla, como ocurre desde 1948. Según el comité, la homeopatía es un placebo y el Gobierno debería tomar medidas en ese sentido.

“El Gobierno se muestra renuente a la hora de abordar la idoneidad y la ética de la prescripción de placebo a los pacientes, algo que generalmente se basa en algún grado de engaño al paciente. La prescripción de placebo no es compatible con una elección informada por parte del paciente -algo que el Gobierno considera es muy importante-, ya que implica que los pacientes no tienen toda la información necesaria para hacer una elección consciente. Más allá de cuestiones éticas y de la integridad de la relación médico-paciente, la prescripción de placebo es mala medicina. Su efecto es poco fiable e impredecible, y no puede constituir la única base de cualquier tratamiento en el NHS”, sentencia el comité. Los parlamentarios consideran “inaceptable que la MHRA otorgue licencias a productos placebo -en este caso, azúcar en pastillas- porque les concede así un cierto estatus de medicamento. Incluso si las afirmaciones médicas en las etiquetas se prohíben, la licencia de la MHRA por sí sola da credibilidad a un producto”.

Suicidio masivo fallido demuestra la falsedad de la homeopatía

La ingesta de dosis letales de remedios homeopáticos por parte de centenares de británicos hoy a las 11.23 horas ha probado una vez más que la homeopatía no funciona. La demostración, organizada por la Sociedad de Escépticos de Merseyside (MSS), pretendía alertar a la opinión pública de la inutilidad de esa pseudomedicina. “Creemos que no deberían vender pastillas de azúcar a gente enferma. La homeopatía nunca funciona mejor que el placebo. Los remedios se diluyen tanto que nunca queda nada [de principio activo] en ellos”, ha declarado a la prensa Michael Marshall, de la MSS.

La homeopatía propugna que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarla y que, cuanto más pequeña es la dosis, mayores son sus efectos. En esta pseudomedicina, los principios activos se disuelven tanto en agua, alcohol o lactosa que en los remedios que se venden en farmacias no queda de ellos ni una molécula, por lo cual no pueden provocar efecto alguno. Si los principios de la homeopatía fueran ciertos, beberse un bote de un remedio homeopático tenía que ser letal en muchos casos; pero, como no lo son, es algo tan inocuo como beber un vaso de agua. Hoy, lo han vuelto a demostrar cientos de escépticos británicos que se han envenenado homeopáticamente sin consecuencias.

El fallido suicidio masivo, convocado en Reino Unido frente a locales la cadena de farmacias Boots, pretendía, además, presionar a esa firma para que deje de vender productos homeopáticos. Hace dos meses Paul Bennett, máximo responsable de Boots, admitió que la compañía los comercializa porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología. “No tengo ninguna prueba de que estos productos funcionen. Se trata de la libre elección del consumidor, y un gran número de nuestros clientes creen que son eficaces”, declaró ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes.