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Hipersensibilidad electromagnética

El ‘Telediario’ fomenta la quimiofobia y la histeria electromagnética

Es algo tristemente habitual: se reúnen para promocionar su negocio los expertos en una pseudociencia, y un gran medio los trata como si fueran científicos y lo que dicen mereciera algún crédito. Ha ocurrido en el pasado con ufólogos, parapsicólogos, sindonólogos y practicantes de todo tipo de pseudoterapias, y ayer les tocó a los autodenominados medicos ambientales, a quienes el Telediario de La 1 dedicó una sonrojante pieza calcada de una de La Sexta de 2012. El motivo, como hace tres años, era la celebración en Madrid de un congreso de medicina ambiental, destinado, según la entidad organizadora -la Fundación Alborada-, a “aquellas personas interesadas en cómo el entorno afecta al desarrollo de patologías como la sensibilidad química múltiple, fibromialgia, fatiga crónica, electrosensibilidad, trastornos hormonales, autismo y un amplio conjunto de enfermedades cada vez más comunes”.

La autora de la información comenzaba diciendo que hay entre nosotros personas que no soportan el cóctel compuesto por la polución, los pesticidas en los alimentos y las sustancias tóxicas “en comida, productos de limpieza, cosmética, perfumes…”. Dejando a un lado los productos de limpieza, sería de agradecer que la periodista se hubiera dejado de generalidades y hubiera  precisado en qué alimentos, cosméticos y perfumes hay “sustancias tóxicas” para que las autoridades sanitarias tomaran cartas en el asunto. No lo hizo porque ese preámbulo era el gancho alarmista e infundado para vender dos males inexistentes: la sensiblidad química múltiple (SQM) y la hipersensiblidad electromagnética.

La SQM fue identificada en los años 50 por el alergólogo estadounidense Theron G. Randolph, quien en 1965 fundó lo que hoy es la Academia Estadounidense de Medicina Ambiental. Según él, hay personas a las que ponen enfermas las sustancias químicas sintéticas. No las tóxicas, sino cualquier sustancia a un nivel muy por debajo del considerado seguro. Sufren tanto que llegan a tener que aislarse del plástico, de los colorantes, de las fibras sintéticas… Del mundo artificial. Quienes, por su parte, dicen padecer hipersensbilidad electromagnética creen que las ondas de radiofrecuencia están detrás de numerosos síntomas -dolores de cabeza, insomnio, cansancio, malestar general…- e incluso de enfermedades graves como el cáncer. Lo cierto es que ninguna de estas dos patologias existe como tal. Los enfermos son personas que sufren, aunque la causa de su mal no sean las ondas o las sustancias químicas de síntesis, sino la creencia en que aquéllas o éstas son peligrosas. Como hay gente que cree estar enferma, hay desaprensivos que hacen negocio de esa creencia: geobiólogos -antes llamados zahorís-, médicos ambientalistas, asesores legales y vendedores de remedios para males imaginarios.

Composición química de una manzana.Detrás del denominado VIII Congreso Internacional de Medicina Ambiental, celebrado en Madrid el pasado fin de semana, no hay instituciones científicas, sino organizaciones que se dedican al negocio de asesorar a presuntos afectados, defenderles legalmente, hacer auditorias medioambientales y venderles todo tipo de cachivaches frente a una amenaza inexistente, además de clínicas alternativas con sus correspondientes tratamientos mágicos. Al médico estadounidense William Rea, a quien TVE presentaba ayer como “el primer catedrático de medicina ambiental del mundo” y que pinta un panorama apocalíptico causado por las sustancias químicas de síntesis, la Junta Médica de Texas le acusó de utilizar test pseudocientíficos, hacer diagnósticos erróneos, practicar tratamientos “irracionales”, no informar a sus pacientes de que lo que hace no está probado y ejercer especialidades para las que no está preparado, tal como indica Stephen Barrett. ¡Ah!, por cierto, la medicina ambiental es una especialidad tan reconocida científicamente como la ufología, la parapsicología y la lectura de las líneas de la mano.

“La solución es volver a recuperar alimentos más naturales y alejarnos de los productos elaborados con excesivos químicos”, concluye la reportera. No sé lo que son “excesivos químicos” -¿los que tiene una manzana?-, pero sí que ahora vivimos más y mejor que cuando estábamos más integrados en la naturaleza, como pueden estar en algunos países del mundo subdesarrollado. Si mi colega quiere volver a lo natural y jugarse la vida, que lo haga, pero un medio de comunicación público no debe fomentar histerias ni dar cabida a tonterías pseudocientíficas y la quimifobia. TVE tendría que cuidar más la información científica para que nadie colara con esa etiqueta lo que no son sino supercherías.

La Cadena SER aprovecha el Mobile World Congress para dar cancha a la histeria antiantenas

La SER da cancha a los antiantenas con motivo del Mobile World Congress.“El MWC ignora los efectos perjudiciales de los móviles”, titula la Cadena SER en su web una información sobre el Mobile World Congress, que estos días se celebra en Barcelona. Y añade en el subtítulo: “Expertos en radiaciones consideran que el Mobile World Congress debería difundir consejos sobre cómo hacer un uso saludable de móviles, tabletas y otros aparatos”. ¿De verdad? No. Estamos ante otro caso más de expertos que no lo son más que a ojos de periodistas ingenuos a los que cuelan trolas a diestro y siniestro. Me ha alertado de ello el músico y programador web Jose Nogueira.

Los expertos a los que la SER se refiere son uno. O, por lo menos, la cadena cita sólo a uno. Se llama Pere León, es arquitecto, geobiólogo y autor de La buena onda, un libro con el cual intenta rentabilizar la histeria antiantenas y atraer clientes a su negocio, un despacho que busca solución a las “radiaciones perjudiciales para la salud de casas y oficinas”. La geobiología de León y sus socios no es ninguna ciencia, sino el viejo zahorismo o radiestesia rebautizado para venderse mejor. De hecho, él dice haberse formado en la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), cuyos miembros abogan por el uso de la radiestesia -con varillas o péndulo- para “evaluar fenómenos como la calidad biótica de un lugar o la influencia de alteraciones de origen físico como las corrientes de agua, las redes telúricas, las fallas, etcétera” y “otras alteraciones menos conocidas, como las llamadas memorias de las paredes, susceptibles igualmente de afectar a la salud”.

“A medida que aumenta el tiempo de exposición a las radiaciones, el cuerpo reacciona y el efecto no es de hoy para mañana”, cuenta León a la SER. Según él, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó -no dice cuándo- de que “los campos electromagnéticos podían estar relacionados con el cáncer en humanos” y ya hay médicos que “recomiendan, como mínimo y por precaución, no dejar el móvil u otros aparatos encendidos en la mesita de noche cuando dormimos, apagar el wifi, o usar auriculares inalámbricos si hacemos llamadas de más de cinco minutos”. Todo mentiras o, como mucho, medias verdades.

El arquitecto y zahorí Pere León.La primera afirmación de León es totalmente gratuita: no hay ninguna prueba de que la exposición a las radiaciones de los móviles tengan efecto alguno en la salud.  La OMS tampoco se ha pronunciado en la línea que dice el experto. Sí es cierto que, en mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos” en el grupo 2B, el mismo que el café, pero nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. Así se explica que, sólo un mes después, la OMS dijera que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”. Claro que la verdad fastidiaría el negocio. También es cierto que hay médicos que diagnostican la sensibilidad a las ondas -enfermedad tan científicamente probada como la posesión demoniaca-, aunque mejor sería emplear el singular porque, que yo sepa, en España hay sólo un facultativo que lo hace y está vinculado al movimiento antiantenas. El único peligro demostrado de los móviles es usarlos al volante. Lo demás son cuentos chinos.

Hay cosas que todo periodista debería tener claras al hablar de emisiones electromagnéticas y sus efectos, y la primera es que no hay que dar ningún crédito a una información cuya fuente sean Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, o un geobiólogo cualquiera. Por cierto, colegas de la SER, ¿por qué son malas las ondas de telefonía y no las de la radio?

El abogado antiantenas Agustín Bocos, ‘La Vanguardia’ y el periodismo de clic

“No se olvide de apagar el wifi por la noche”, alertaba el abogado Agustín Bocos el 10 de octubre de 2011 en “La Contra” de La Vanguardia. Su discurso era la habitual mezcla de mentiras y medias verdades con las que se alimenta la histeria electromagnética. “Ya hay estudios que relacionan la hiperactividad, las cefaleas y el mal dormir infantil con estas ondas”, decía Bocos. Falso. Tras décadas de investigación, no se ha encontrado ninguna prueba que relacione las ondas de radiofrecuencia con enfermedad alguna, cáncer incluido. Sin embargo, el letrado vendía la idea de que los casos de leucemia infantil detectados hace años en un colegio de Valladolid se debían a unas antenas de telefonía próximas al centro cuando lo descartaron dos informes científicos, uno en 2002 y otro al año siguiente. Tres años y medio después, el periódico catalán se reafirma en su apoyo al letrado antiantenas y sus disparates.

Agustín Bocos es abogado de la Fundación Vivo Sano, entidad que forma parte de un entramado de organizaciones que camuflan su marginalidad con una multiplicidad de nombres tras los cuales siempre están las mismas personas. Fomentan la venta de asesorías legales, tratamientos médicos mágicos y soluciones domésticas inútiles para enfermedades inexistentes, como la hipersensibilidad electromagnética y la sensibilidad química múltiple. Sus víctimas son personas que sufren, aunque la causa de su mal no sean las ondas o las sustancias químicas de síntesis, y que a ellos les importan un bledo: su objetivo es hacer negocio a toda costa. Y La Vanguardia les hizo hace casi cuatro años una publicidad impagable.

Anuncio del encuentro digital del abogado antiantenas Agustín Bocos con los lectores de 'La Vanguardia'.“Ima Sanchís le realizó una entrevista [a Bocos] en “La Contra” en el año 2011 y desde entonces no ha dejado de acumular visitas, situándose entre lo más visto de la web cada día desde entonces. En redes sociales, el enlace ha sido compartido más de 5.000 veces en Twitter y suma más de 210.000 Me gusta en Facebook”, aseguraba el diario ayer en su edición digital. Y anunciaba un encuentro virtual de sus lectores con el personaje: “La Vanguardia vuelve a entrevistar al abogado y ofrece a sus lectores la posibilidad de hacerle llegar sus propias consultas a través del correo participación@lavanguardia.es, mediante Twitter con la etiqueta #ApagaElWifi o en los comentarios al pie de esta noticia. Tienes tiempo hasta el martes 27 de febrero”.

Es cierto. La entrevista a Bocos ha sido en Internet un éxito de larga duración. No hay semana en la que no resucite en las redes sociales. Pero eso no es óbice para volver a servir de altavoz de las afirmaciones anticientíficas del personaje. En todo caso, justificaría que un científico respondiera a las dudas de los lectores y acabara con los temores infundados. Con los miedos inventados por Bocos y sus colegas. Lástima de ocasión perdida: con su renovado apoyo al abogado antiantenas y sus disparetes, La Vanguardia vuelve a sacrificar la verdad científica a la superstición en el altar del periodismo de clic.

“Pánico en las ondas”, en la revista ‘Muy Interesante’

Arraque del reportaje sobre la histeria electromagnética publicado en 'Muy Interesante'.No pasa semana sin que algún medio de comunicación alerte sobre el peligro para la salud de las ondas de radiofrecuencia. Basándose en estudios científicos mal entendidos o información falsa facilitada por individuos que hacen negocio del pánico electromagnético, dicen que causan desde alteraciones del sueño e hipertensión hasta cánceres y esterilidad. Lo divertido es que, en muchas ocasiones, esas ideas sin fundamento se propagan desde la radio y la televisión, medios que usan las ondas electromagnéticas para llegar a su público. He hablado muchas veces sobre la histeria antiondas en este blog y siempre me he quedado con la sensación de que debería hacer una especie de resumen del estado de la cuestión. Así que, cuando a finales de septiembre Enrique Coperías, director de Muy Interesante, me propuso escribir “un artículo crítico” sobre emisiones de radiofrecuencia y salud, lo consideré la oportunidad que había esperado y me puse a ello. El resultado ha llegado a los quioscos con el número de enero de Muy Interesante, que dedica al tema cinco páginas. He intentado dos cosas: que el texto lo entienda cualquiera y dejar claro que no hay ninguna prueba de la nocividad de las ondas de telefonía y wifi, ni de que la llamada hipersensilidad electromagnética exista fuera de la cabeza de quienes la sufren. Espero que les guste.

‘Informativos Telecinco’ propaga la histeria electromagnética

La web de Telecinco, dando por buenas las ficciones de los antiantenas.Uno de cada diez españoles sufre sensibilidad electromagnética. Lo dijeron el sábado en Informativos Telecinco y así puede leerse en su web. No he podido ver la pieza hasta hace unas horas, pero es para enmarcar, un ejemplo de periodismo gilipollas de manual. Una vez más, el entramado de entidades que explotan el pánico electromagnético en España se la ha colado a un medio de comunicación mediante la argucia de sacar a José Miguel Rodríguez, director de la Fundación para la Salud Geoambiental, en una vivienda con una máquina de hace ping, que dirían los geniales Monty Python. No es algo nuevo. Ya se tragaron el cuento en su día TVELa SextaLa Vanguardia, la revista SModa de El País, El Mundo, La Voz de Galicia y otros muchos. Algunos medios siguen sin enterarse de que Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, entre otras entidades, son la misma cosa, comparten sede en el 6º derecha del número 36 de la madrileña calle Príncipe de Vergara, y su objetivo es fomentar el miedo electromagnético para hacer negocio de él: vender artilugios para frenar las ondas y ofrecer asesorías legales y medioambientales a quienes se consideran afectados por patologías como la hipersensibilidad electromagnética, tan real como las posesiones demoniacas.

Permítanme que les transcriba lo que dicen en la pieza informativa de Telecinco:

Locutor: Rastreamos ondas electromagnéticas…

José Miguel Rodríguez: Es lo que cualquier electrodoméstico emite, estando conectado, aunque no esté encendido.

L.: Sólo en la cabecera de la cama encontramos tres elementos que las provocan. El que más, el teléfono inalámbrico.

J.M.R.: No deberíamos pasar de 0,01 y estamos en 10, 12…

L.: Al desenchufarlo, cesan las emisiones.

J.M.R.: Y ésta sería la situación óptima para un descanso adecuado.

L.: Lo mismo, con el móvil. ¿Dónde lo carga por las noches?

Viandante 1: El móvil lo tengo cargando en la mesilla.

Viandante 2: ¡En la mesilla de noche!

J.M.R.: Bueno, pues eso no es saludable. Podemos tener el móvil ya cargado, en modo avión, para usarlo como despertador.

L.: Si el router está cerca de la zona de descanso…

Viandante 3: ¡Encendido siempre!

Viandante 4: ¡El wifi, encendido!

J.M.R.: Este traqueteo que oyes (se escucha) es el ’router’ wifi. Lo vamos a desconectar y el cuerpo, pues, lo que nota es menor cansancio.

L.: El 10% de la población es electrosensible.

Afectada: ¡Muchísimos dolores de cabeza…!

L.: La enfermedad no está reconocida en España. Por ello, Pilar fue diagnosticada en Francia.

A.: Lo que es fundamental es que huyas de cualquier fuente de radiación.

L.: Aprender a vivir en la onda.

Todo, desde el principio hasta la gracieta final del periodista, resulta lamentable. Que un electrodoméstico emita ondas no implica que éstas sean perjudiciales para la salud, aunque en el caso de la tele depende del canal sintonizado, dada la especialidad de algunos en emitir basura. Además, no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía o de la wifi provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Ninguna dolencia y ninguna prueba. Ése es el consenso científico basado en la evidencia. Las afirmaciones sobre límites y bienestar que hace José Miguel Rodríguez, director de la Fundación para la Salud Geoambiental, en el vídeo -pueden verlo abajo- merecen la misma credibilidad que unas de la Bruja Lola. Nada de lo que sostiene tiene fundamento científico. ¿Y qué decir del 10% de electrosensibles que habría en España? Pues, para empezar, que la electrosensilidad no existe y, para teminar, que esa cifra es inventada. ¿Su objetivo? Meter miedo. Es cierto, no obstante, que esa enfermedad no está reconocida en nuestro país, pero es que ¡no lo está en ningún lugar del mundo! Otra cosa es que haya médicos sin escrúpulos que la diagnostiquen y vendan remedios y tratamientos inútiles, como ocurre con la sensibilidad química múltiple. Por favor, sigan los enlaces de este texto si quieren más información y no se crean nada que provenga del entramado de organizaciones citado.

Llevo unos días sin televisor por una avería. No he notado un mejor descanso por el descenso de radiaciones electromagnéticas, pero he oído y visto menos estupideces que las habituales. Y eso que hay ciertos canales que nunca sintonizo.