Hipersensibilidad electromagnética

Ondas electromagnéticas, médicos incompetentes y jueces que no se enteran

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha concedido a un ingeniero de telecomunicaciones de 47 años que dice sufrir electrosensibilidad la incapacidad permanente total para su profesión y el derecho a percibir una pensión equivalente al 55% de su base reguladora, que ascendía a 2.812 euros. “Es la primera vez que dan la invalidez a una persona porque sufre hipersensibilidad y no puede estar expuesta a las ondas electromagnéticas”, me ha dicho Jaume Cortés, abogado del afectado.

Ricardo de francisco. Foto: TVE.Ricardo de Francisco, de 47 años, trabajaba para Ericsson cuando en 2010 empezó a sufrir depresión, ansiedad, falta de concentración y otros síntomas. Le dieron la baja y estuvo en tratamiento psicológico y psiquiátrico un año, tras el que volvió al trabajo. Pero la cosa fue a peor y, aunque “al principio pensaba que tenía una enfermedad psiquiátrica”, una médica le diagnosticó electrosensibilidad. Ella también la sufría. Al final, la compañía le despidió e indemnizó. Entonces, solicitó una pensión de invalidez que le denegó primero el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y luego el Juzgado de lo Social número 11 de Madrid, y que ahora le concede el TSJM porque “se halla en situación de incapacidad permanente total para su profesión habitual de ingeniero de telecomunicaciones” derivada de la enfermedad que padece. A lo largo del proceso, el hombre encontró otros dos médicos que confirmaron el diagnóstico y forman parte del reducidísimo grupo de profesionales de la salud que, en contra de todas las pruebas, consieran que la electrosensibilidad y la SQM no son patologías de origen psicosomático.

Los afectados de electrosensibilidad o hipersensibilidad electromagnética presentan dolores de cabeza, mareos, fallos de memoria, insomnio y otros síntomas que achacan a las ondas de telefonía y de wifi, las líneas de alta tensión… La patología, sin embargo, no está reconocida como enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) adimite que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y presentan síntomas no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…) que pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, añade que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos”. “Es una patologia de origen psicosomático. Esta gente sufre de verdad, pero no por las ondas”, advierte Alberto Nájera, especialista en radiología y medicina física de la Universidad de Castilla-La Mancha, que estudia el fenómeno desde hace años. Es la opinión, basada en las pruebas, de la comunidad científica.

Los estudios han demostrado que, cuando un presunto hipersensible ve una antena de telefonía, sufre síntomas aunque la instalación no esté en funcionamiento y, a la inversa, que, cuando la presencia de una antena no es evidente, el paciente se siente perfectamente aunque el dispositivo esté funcionando. La sentencia del TSJM dice que el afectado podría trabajar en lugares libres de ondas electromagnéticas. “Eso es imposible en este Universo. Eso sí, si cree que está libre en algún sitio, va a sentirse bien ahí”, dice el abogado Fernando Frías, miembro del Círculo Escéptico.

Despropósito de principio a fin

La de Ricardo de Francisco es una victoria judicial, sin duda, pero nada cambia desde el punto de vista de la ciencia. Los hechos no están supeditados a sentencias judiciales ni votaciones parlamentarias. Si mañana todos los jueces de España deciden indemnizar a afectados de hipersensibilidad electromagnética y de sensibilidad química múltiple (SQM) -otra enfermedad fantasma-, no por eso estas patologías existirán fuera de la mente de los afectados. El problema con esta sentencia es que no entra a establecer si la enfermedad que dice sufrir el demandante existe porque eso no se cuestiona. Lo que es objeto de litigio es su derecho a pensión. De locos y consecuencia del pésimo trabajo de los profesionales del INSS que evaluaron la situación del afectado -cuya patología no tiene un origen en las ondas, sino en su psique- y de los abogados del Estado.

Tal como recoge la sentencia, del 6 de julio, un informe médico de mayo de 2014 del equipo evaluador del INSS admite que no hay pruebas de que la electrosensibilidad y la SQM existan. Sin embargo, un mes después el INSS determina que el hombre padece “trastorno ansioso-depresivo con predominio de irritabilidad para control de impulsos, síndrome de electrosensibilidad (EHS), síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM), de intestino irritable, seco de mucosas”, a pesar de lo cual le niegan la prestación por no considerar ese cuadro invalidante. Es contra esto último contra lo que Ricardo de Francisco actuó legalmente. Por eso, según me ha explicado Frías, el TSJM no tenía que dilucidar si la electrosensibilidad existe, sino si un afectado por esa enfermedad tiene derecho a pensión cuando resulta que esa patología le incapacita para hacer su trabajo. Los representantes legales de la Administración podían haber argumentado que la electrosensibilidad no existe, pero habrían llevado entonces la contraria a los profesionales de la INSS que, en su incompetencia, dictaminaron que el hombre padecía una enfermedad que no está reconocida como tal en ningún sitio.

Los jueces del TSJM tampoco tienen las ideas muy claras. Dicen en la sentencia que “queda razonablemente acreditada la incapacidad permanente total del demandante para su profesión de ingeniero de telecomunicaciones a causa del síndrome de sensibilidad química que padece o hipersensibilidad electromagnética que el Ministerio de Sanidad español lo ha calificado en su versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-9-MC dentro del grupo de alergias no específicas (código 995.3)”. Sí, han leído bien, los magistrados confunden la electrosensibilidad con la SQM, según la cual hay personas a quienes las sustancias químicas sintéticas les ponen enfermas. No las tóxicas, sino cualquier sustancia a un nivel muy por debajo del considerado seguro. Sufren tanto que llegan a tener que aislarse del plástico, de los colorantes, de las fibras sintéticas… Del mundo artificial. Las pruebas científicas han demostrado, sin embargo, que esa dolencia es psicosomática, como la electrosensibilidad. ¿Pero reconoce Sanidad la hipersensibilidad electromagnética como enfermedad?

No. Y da igual lo que digan los jueces. He buscado en la versión española de la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-9-MC y no he encontrado referencia alguna a la electrosensibilidad o hipersensibilidad electromagnetica. Lo más que hay es una referencia a hipersensibilidad sin más. Por cierto, que la hubiera  a la electrosensibilidad tampoco sería un argumento a favor del demandante. De hecho, en la versión española de esa clasificación está incluida la SQM sin que eso signifique que se reconoce como enfermedad.

Enfermedad inexistente

La electrosensibilidad no está reconocida como enfermedad ni en España ni en ningún otro país, ni está previsto que la OMS -la única entidad que tiene capacidad para reconocerla como tal- vaya a hacerlo. Tal como me explicaron en su momento desde Sanidad, la CIE la elabora la OMS y “la estructura de la clasificación no puede ser modificada por ningún país ni organización”. Lo más que hacen algunos países, como España, es atribuir un código a una “posible dolencia” para conocer “su posible incidencia” entre la población, “aun cuando no sea una enfermedad reconocida”. Los casos de electrosensibilidad se podrían incluir en la categoría de “alergias no especificadas”, un cajón de sastre en el que ya figura la SQM, presunta dolencia tampoco reconocida como enfermedad en ningún país. Por cierto, Sanidad es en esta historia el único actor al que no se puede culpar de nada: es falso que haya reconocido la electrosensibilidad como enfermedad, como sostienen algunos.

En resumen, un hombre sufre una dolencia que cree psiquiátrica; un médico le convence de que padece una enfermedad que le impide hacer su trabajo; los evaluadores médicos del INSS aseguran que la patología no existe, pero aún así se la diagnostican; el INSS le niega la pensión a pesar de que la presunta dolencia sería invalidante para su trabajo; va a los tribunales; le deniegan la pensión en primera instancia; cuando recurre, los abogados del Estado no entran a cuestionar si la enfermedad existe y los jueces concluyen que, si sufre ese mal -cosa que se da por hecho- y está incapacitado para su trabajo, tiene derecho a pensión. Parece una tomadura de pelo, pero no lo es. Además de ser todo una chapuza, la lectura de la sentencia demuestra una vez más que los jueces españoles no saben escribir, pero ésa es otra historia.

Vivimos rodeados de radiación electromagnética, desde la luz de una bombilla y del Sol hasta los muy nocivos rayos X y gamma, que pueden provocar en el ADN mutaciones que desemboquen en tumores. Las ondas de telefonía y wifi son lo que se conoce como no ionizantes porque no pueden alterar el ADN. Tampoco pueden tener los efectos que dicen los electrosensibles. “La radiación media de una antena de telefonía es inferior a la que recibiríamos de una bombilla de 100 W a un kilómetro. La electrosensibilidad es imposible desde el punto de vista físico”, afirma Nájera. Él y Frías lamentan que, en vez de recibir el tratamiento psiquiátrico que les pudiera ayudar a sobrellevar la situación, esas personas caigan en manos de desaprensivos que agravan su mal al convencerles de que padecen enfermedades que no sufren porque no existen.

Ricardo de Francisco puede tener derecho a una pensión de invalidez, pero otorgársela por padecer una enfermedad que no existe es el colmo del disparate. Es el equivalente a que yo pida la invalidez porque me ha poseído el Diablo y me la den porque la Iglesia católica dice que eso es posible. Sería recomendable que el INSS y los abogados del Estado tomaran nota, de cara a futuras demandas por electrosensibilidad y SQM, de que esas supuestas enfermedades no existen, como no existen las posesiones demoniacas, y son en realidad manifestaciones de trastornos mentales. Sería recomendable que, cuando se dirimen asuntos que tienen que ver con la ciencia, la ley permitiera a los jueces de todas las instancias contar con peritos que pongan los puntos sobre las íes y les guíen a la hora de tomar decisiones.

La alergia a la wifi, en Radio Vitoria

Alejandra Eguiluz y yo hablamos el lunes de la alergia a la wifi, en la novena entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

El suicidio de Jenny Fry, una niña ‘alérgica a la wifi’, y el sensacionalismo periodístico

Así han titulado la noticia sobr el suicidio de Jenny Fry 'The Daily Mail' y Telecinco.Un suicidio es siempre un hecho terrible y más si lo protagoniza un menor. Pero algunos medios parecen no tener bastante con eso y no dudan en ocasiones en echar más leña al fuego sensacionalista. Es lo que ha hecho The Daily Mail en el caso de Jenny Fry, un niña de 15 años que se ahorcó en un bosque cercano a su casa de Oxfordshire (Reino Unido) en junio después de “desarrollar una reacción alérgica a la wifi de su escuela”, según el diario. Telecinco ha titulado en su web: “Una joven de 15 años se suicida por su alergia a las ondas del wifi de su instituto”. ¿Fuentes? El tabloide británico, que a su vez tenía como única fuente a los padres de la escolar.

Una de las lacras del periodismo actual es que muchas veces toma las declaraciones de afectados o expertos en cualquier cosa como si fueran palabra de Dios. Se coge a alguien que sostiene algo impactante, se le hace una entrevista y se presenta como una realidad científicamente demostrada. Puede decir que cura con las manos, que saca demonios de la gente, que detecta agua con la mente, que modifica tu personalidad modificando tu caligrafía, que vio extraterrestres en Roswell… Da igual, siempre hay un medio dispuesto a darle cancha en la lucha por la audiencia. Larry King entrevistó, 21 de enero de 1993 en su programa de la CNN, a David Reynard, un viudo convencido de que la radiación de un móvil había sido la causante del tumor cerebral que había matado a su esposa, y se desató la histeria antiondas que todavía hoy sufrimos. Más recientemente, el 21 de mayo de 2007 la BBC emitió Wi-Fi: a warning signal (Wifi: una señal de alarma), un documental sensacionalista que vinculaba las emisiones de las redes inalámbricas con una presunta dolencia denominada hipersensibilidad electromagnética. Fue este documental de la prestigiosa televisión pública británica el que dio el impulso definitivo a la ideas de que la wifi puede resultar peligrosa y de que hay personas sensibles a las ondas de radiofrecuencia. Días después, la BBC reconoció que “no hay pruebas sobre los efectos de la exposición a largo plazo a las conexiones wifi”, pero el mal ya estaba hecho.

Enfermedad inexistente

La información del caso de Jenny Fry proporcionada por The Daily Mail y otros medios es, además de sensacionalista, irresponsable. Una muestra del periodismo que ha hecho que la sociedad desconfíe cada vez más de los medios. Dicen que, según su madre, la chica padecía de hipersensibilidad electromagnética y que por eso se quitó la vida. Pero es que la hipersensibilidad electromagnética no existe. Ya en 2005 la Organización Mundial de la Salud advertía de que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…) con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

Nada ha cambiado desde entonces, aunque haya quienes se lucren diagnósticando la supuesta enfermedad y vendiendo a los llamados electrosensibles remedios milagrosos. Piénselo: tambén hay quien se cree poseído por el Diablo y quien practica exorcismos, pero eso no prueba ni que exista el Demonio ni que posea a personas. The Daily Mail incluye en su información una breve nota advirtiendo de que la hipersensibilidad electromagnética no está reconocida como  enfermedad y que la OMS dice que no existe, pero añade: “Sin embargo, varios renombrados médicos han hecho campaña para que eso cambiar. En Suecia, la electrohipersensibilidad se considera una discapacidad”. ¿Dónde están las pruebas científicas que apoyen tales pretensiones? Se lo digo yo: no existen.

Los enfermos -como la pobre Jenny Fry- sí existen. Son personas que creen que las ondas de radiofrecuencia afectan a su organismo, que sufren de verdad, personas que necesitan de tratamiento psicológico o psiquiátrico y que, por desgracia, frecuentemente suelen acabar en las garras de desaprensivos que se lucran convenciéndoles de que la hipersensiblidad electromagnética es una patología tan real como el sida. El último culpable de la muerte de Jenny Fry es quien la convenció de que sufría alergia a las ondas. Los medios que alimentan esa idea publicando la noticia acríticamente están haciendo periodismo basura y arriesgándose a provocar más casos similares, a que otras personas con problemas mentales no vayan al psiquiatra o al psicólogo, y sean víctimas de los charlatanes sin escrúpulos que dianostican enfermedades que no existen, como la alergia a las ondas.

EH Bildu frena la wifi en Plentzia para “proteger” a la población, ¿cerrará bares, asadores y cafeterías?

Los hijos del personaje interpretado por Mel Gibson se protegen de los alienígenas con cascos de papel de aluminio, en 'Señales', la película de M. Night Shyamalan.El Ayuntamiento de Plentzia ha rechazado una subvención de 3.000 euros de la Diputación de Vizcaya para instalar redes wifi en las proximidades de la Casa Consistorial, en la playa y en el puerto porque la ciudadanía “no ha elegido someterse a la exposición de campos electromagnéticos, que, según declaraciones de organismos internacionales, pueden presentar un riesgo para la salud”. Cuenta Virginia Urieta en El Correo que la ayuda había sido pedida por el anterior equipo de gobierno, pero el actual, de EH Bildu, ha renunciado a ella basándose en pronunciamientos de la Organización Mundial de la Salud y el Parlamento Europeo a favor de “proteger” a niños, enfermos y personas mayores de los efectos de los campos electromagnéticos artificiales.

Me encanta la referencia a los campos electromagnéticos artificiales y espero que, por coherencia, EH Bildu corte inmediatamente la electricidad en el municipio, prohíba el uso de teléfonos móviles y apantalle la localidad para impedir el paso de ondas de radio y televisión. Se van a tener que gastar mucho dinero, pero así estarán velando por la salud de los vecinos desde su punto de vista, aunque a cambio harán un ridículo mundial. Ardo en deseos de ver la reacción de los vecinos cuando, para su bien -según el Ayuntamiento- nadie pueda ver un partido del Athletic por la tele.

Tanta preocupación por la salud de los ciudadanos sería de admirar si tuviera alguna base científica, pero es que no la tiene. Ignorancia o populismo -o una combinación de ambas- están en el origen de la decisión del Ayuntamiento de Plentzia, como lo estuvieron en la del de Vitoria cuando acordó, a finales de septiembre, señalizar y delimitar la wifi en los edificios municipales porque “representa una amenaza o un daño para la salud humana”. Repito lo que dije entonces: miles de estudios y experimentos no han encontrado ninguna prueba de efectos perniciosos para la salud en las ondas de radiofrecuencia, no se conoce ningún mecanismo por el que pudieran resultar peligrosas, y los epidemiólogos no han detectado ningún aumento en los males que se achacan a este tipo de emisiones, a pesar del espectacular incremento registrado en el uso de móviles y redes inalámbricas en los últimos años.

Lo que dice la ciencia

Asegura el Ayuntamiento de Plentzia que basa su postura en lo acordado por el Parlamento Europeo y la OMS. Lo siento, pero el Parlamento Europeo no es una institución científica, sino política, como la corporaciones vitoriana y la plentziarra. Si sus integrantes acuerdan algo, no significa nada desde un punto de vista científico. Mañana podrían decidir que el hombre convivió con los dinosaurios o que Adán era vasco, pero eso no cambiaría la historia no haría a unos homínidos contemporáneos de los lagartos terribles y tampoco demostraría que Adán existió. Lo de la OMS es, ciertamente, harina de otro costa.

La OMS reconocía en 2005, en una nota informativa sobre emisiones de radiofrecuencia y salud, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

No creo que el alcalde de Plentzia, David Crestelo, se refiera a ese pronunciamiento de la OMS de hace diez años ni a otros posteriores en la misma línea, sino al de mayo de 2011 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, que incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos”. ¿Preocupante? Para nada. El grupo 2B de carcinogenicidad de la clasificación de la IARC, en el que están las ondas de radiofrecuencia (móviles, wifi…), es el tercero en peligrosidad, por debajo del 1 y del 2A. El grupo 2B incluye agentes o mezclas “posiblemente carcinógenos para el ser humano”, sustancias sobre las que “existen pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos y pruebas insuficientes de carcinogenicidad en experimentación animal”. El café está en este grupo, por ejemplo.

Chuletón. Foto: Javier Lastras.El grupo 2A de la IARC -que conlleva mayor riesgo- comprende los agentes “probablemente carcinógenos”. Se trata de aquéllos sobre los que “existen pruebas limitadas de la carcinogenicidad en humanos y pruebas suficientes de la carcinogenicidad en experimentación animal”. Incluye los gases de los motores de combustión, las lámparas bronceadoras y, desde hace unas semanas, la carne roja. Y el grupo 1 se refiere a sustancias que son carcinógenos demostrados, es decir, sobre las que existen “pruebas suficientes de carcinogenicidad en humano”. Ahí están el tabaco, tomar el sol, las bebidas alcohólicas y, desde finales de octubre, las carnes procesadas (embutidos, salchichas, jamones…).

Si David Crestelo y su equipo quieren proteger de verdad a sus vecinos, deben empezar por prohibir la venta y el consumo de alcohol y tabaco, cerrar la playa a quienes quieran tomar baños de sol, clausurar los asadores… Ridículo, ¿verdad? Pues todas esas actividades o sustancias relacionadas son, según la OMS y la ciencia, peores para la salud que las ondas de wifi, cuya peligrosidad nadie ha demostrado hasta el momento. Si hace algo de lo anteriormente indicado, es muy posible que EH Bildu se descalabre en Plentzia en las próximas elecciones, pero por lo menos habrán sido coherentes.

Hay cosas que todo político debería saber respecto a este tema, sobre todo para no hacer el ridículo.

Vitoria y la wifi: un pleno municipal analfabeto

Los hijos del personaje interpretado por Mel Gibson se protegen de los alienígenas con cascos de papel de aluminio, en 'Señales', la película de M. Night Shyamalan.El pleno del Ayuntamiento de Vitoria acordó ayer por unanimidad “delimitar la señal wifi en centros cívicos y edificios municipales, señalizando las zonas en las que exista”; “dejar libre de wifi los espacios propiamente infantiles, como ludotecas y bibliotecas familiares, y procurar la disminución de su incidencia y, en su caso, establecer zonas libres en canchas de juego y entradas”; además de “señalizar los espacios infantiles como zonas libres de wifi”. La medida tiene su origen en una moción de Sumando-Podemos que luego modificó y propuso el PNV añadiendo que esos pasos se darán “de forma paulatina y de acuerdo con las posibilidades técnicas”. Según informaba El Correo, “el Ayuntamiento invoca «el principio de precaución» y sostiene que, cuando una actividad «representa una amenaza o un daño para la salud humana, hay que tomar medidas incluso cuando la relación causa-efecto no haya podido demostrarse científicamente de forma concluyente»”.

El objetivo, decía la propuesta de la formación afín a Pablo Iglesias, es proteger a los vitorianos “más vulnerables” de “la polución electromagnética” generada por las instalaciones de wifi. Hace un mes, Pablo Iglesias y Estefanía Torres, eurodiputados de Podemos, pidieron a la Comisión Europea en el Parlamento Europeo el “reconocimiento integral de la electrohipersensibilidad” o hipersensibilidad electromagnética, una presunta dolencia de cuya existencia no hay ninguna prueba fuera de la cabeza de los enfermos y más allá los intereses de quienes hacen negocio del miedo. Como ha establecido la Organización Mundial de la Salud (OMS), “no hay bases científicas para vincular la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos”. Todo indica que estamos ante un mal de origen psicosomático: el enfermo sufre cuando se cree expuesto a la radiación que, según él, resulta nociva. Nada más.

El principio de precaución

Es descorazonador ver cómo una corporación en pleno -PNV, PP, Bildu, PSE, Podemos e Irabazi- abraza la pseudociencia de este modo. Quienes ayer votaron en Vitoria a favor de la delimitación de los espacios con wifi en los centros cívicos y edificios municipales, y de su señalización como si fueran zonas peligrosas, no son dignos de la confianza de los vecinos de la capital alavesa porque legislan desde el desconocimiento. Ignoran el conocimiento y la evidencia experimental acumulados durante décadas, presentan como una amenaza para la salud algo que no lo es e invocan torticeramente el principio de precaución, que se ha convertido en una especie de mantra para los antitransgénicos y los antiondas.

Según una comunicación de la Comisión Europea de febrero de 2000, el principio de precaución puede invocarse “cuando la información científica es insuficiente, poco concluyente o incierta, y cuando hay indicios de que los posibles efectos sobre el medioambiente y la salud humana, animal o vegetal pueden ser potencialmente peligrosos e incompatibles con el nivel de protección elegido”. El mismo documento comunitario añade que “el recurso al principio de precaución presupone que se han identificado los efectos potencialmente peligrosos derivados de un fenómeno, un producto o un proceso, y que la evaluación científica no permite determinar el riesgo con la certeza suficiente”.

En el caso que nos ocupa, la evidencia es concluyente: miles de estudios y experimentos no han encontrado ninguna prueba de efectos perniciosos para la salud en las ondas de radiofrecuencia, no se conoce ningún mecanismo por el que pudieran resultar peligrosas, y los epidemiólogos no han detectado ningún aumento en los males que se achacan a este tipo de emisiones. Si fuera cierto lo que sostienen los antiondas, se habría registrado hace años un aumento de los tumores cerebrales y otros males que ellos atribuyen a la wifi y los móviles, de los que sólo había 91 millones de líneas en 1993 y ahora hay más de 7.300 millones. ¿Ha habido un incremento de las patologías que algunos achacan a las ondas de radiofrecuencia? No.

Lo que hizo ayer el Ayuntamiento de Vitoria es impulsar el analfabetismo científico y a quienes hacen negocio inventándose enfermedades y vendiendo remedios inútiles contra ellas a los más incautos. Con su consenso desde la ignorancia, PNV, PP, Bildu, PSE, Podemos e Irabazi siembran en muchos padres el miedo a que las ondas de radiofrecuencia afecten a sus hijos, aunque tampoco ningún estudio ha probado que el uso del móvil o de la wifi sea más peligroso para un niño que para un adulto. ¿Cabe una política más irresponsable? ¿Todos los grupos municipales vitorianos comulgan con la peligrosidad de la wifi o algunos se han sumado alegremente a esa idea sólo para no ser señalados?

Todo por los votos

Padres antiantenas de la ikastola Ibaiondo de Vitoria con cascos de papel de aluminio.No es la primera vez ni será la última que dirigentes políticos vascos ignoran la ciencia para evitar el enfrentamiento con el bullicioso colectivo antiondas, que en ocasiones ha llegado a amenazar directamente a los científicos que les llevan la contraria. En enero del año pasado, el Departamento de Educación del Gobierno vasco decidió blindar la ikastola Ibaiondo, en Vitoria, y el instituto de Solokoetxe, en Bilbao, frente a las emisiones de unas antenas de telefonía próximas para atender la preocupación de algunos padres. Lo más triste es que ese departamento lo dirige una química de la Universidad del País Vasco (UPV), la consejera Cristina Uriarte, quien daba así la espalda a la ciencia a la hora de tomar una decisión política que tenía que basarse en ella. Un mes después, los socialistas conseguían que todos los partidos del Parlamento vasco se sumaran a la histeria antiantenas.

Para decidir en el futuro con un mínimo conocimiento de causa, lo menos que deberían hacer los corporativos vitorianos es ver el episodio de Escépticos dedicado a las ondas de radiofrecuencia, avalado -como toda la serie- por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV. Como alternativa, les recomiendo un decálogo de lo que todo político debería tener claro a la hora de hablar de emisiones de telefonía, wifi y salud, y, en última instancia, les animo a leer mi libro El peligro de creer, que incluye un largo capítulo sobre el miedo a las ondas de radiofrecuencia y la hipersensibilidad electromagnética desde sus orígenes en Estados Unidos a principios de los años 90.

La primera vez que escribí aquí sobre este asunto, en el lejano 2007, no sospechaba que pudiéramos llegar tan lejos. Ocho años después, no sé a qué espera la comunidad científica para dar la cara sin titubeos y, por ejemplo, desautorizar con contundencia a los corporativos vitorianos en pleno. Estos lodos son consecuencia, no lo duden, de la irresponsable actitud de algunos periodistas y medios de comunicación que durante años han alimentado la histeria electromagnética y también del pasotismo de muchos científicos a la hora de responder a los miedos y dudas de los ciudadanos, dejando el campo libre a los charlatanes y al populismo. Porque las medidas tomadas por el Ayuntamiento de Vitoria para frenar los inexistentes efectos nocivos de la wifi son tan útiles y serias como los crucifijos para impedir las posesiones demoniacas.