Hermanas Fox

El espiritismo nació como una broma infantil del 1 de abril

El herrero John Fox, su esposa Margaret y sus dos hijas pequeñas, Kate y Maggie, de 11 y 14 años, se mudaron a Hydesville, un pueblo próximo a Rochester (Nueva York, Estados Unidos), a mediados de diciembre 1847. Tres meses después, se empezaron a escuchar extraños golpes en la habitación donde dormían todos, la pareja buscó su origen por la casa y no encontró nada.

“El 30 de marzo nos molestaron toda la noche. Los ruidos se oían en toda la casa. Mi marido salió del cuarto y se puso al otro lado de la puertas mientras que yo me quedaba dentro, y los golpes se produjeron en la puerta que había entre nosotros. Oímos pasos en la despensa y bajando las escaleras. No podíamos descansar y llegué a la conclusión de que la casa estaba encantada por algún espíritu infeliz e inquieto. Había oído hablar muchas veces de esas cosas, pero nunca había visto nada parecido”, escribió días después la mujer en una declaración.

Al día siguiente, 31 de marzo, decidieron acostarse pronto con la intención de ignorar los ruidos y descansar. John Fox no estaba todavía en el cuarto cuando comenzaron los golpes. Las pequeñas, según su madre, “trataban de hacer ruidos similares con los dedos”. “Mi hija menor, Kate, dijo mientras daba palmadas: «Señor Splitfoot [nombre coloquial dado al Diablo], haz lo que haga». El sonido inmediatamente le respondió con el mismo número de golpes. Cuando se detuvo, el sonido cesó por un corto espacio de tiempo y, entonces, Margaretta dijo dando palmadas: «Ahora, como hago yo. Cuenta uno, dos, tres, cuatro». Y los golpes volvieron a sonar como antes. [A Maggie] Le daba miedo repetirlo. Kate dijo entonces en su simplicidad infantil: «¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day (el Día de los Inocentes anglosajón, que se celebra el 1 de abril) y alguien intenta tomarnos el pelo»”.

Los espíritus, puestos a prueba

Maggie, Kate y Leah, las hermanas Fox.Margaret Fox no creyó a su hija de 11 años y se le ocurrió un modo de “poner una prueba” el origen de los golpes. “Le pregunté al ruido las edades de mis hijos, sucesivamente. Al instante, me dio cada una de las edades de mis hijos correctamente, haciendo una pausa entre cada uno de ellos el tiempo suficiente para individualizar hasta el séptimo, cuando hizo una pausa más larga y luego dio tres más golpes contundentes correspondientes a la edad del pequeño que murió, mi hijo menor”. Y Margaret preguntó: “¿Es un ser humano el que responde a mis preguntas tan correctamente?” Al no recibir ninguna respuesta, lanzó la siguiente pregunta: “¿Eres un espíritu? Si lo eres, da dos golpes”. Y se escucharon dos golpes.

Así nació el espiritismo. Poco después, los Fox idearon un sencillo sistema de comunicación: tres golpes significaban ; uno, no. Y, más tarde, uno de los hijos mayores, David, ideó un método que permitía a los espíritus construir frases: recitaba el alfabeto y pedía que se señalara con un golpe la letra apropiada. Fue así como desde el Más Allá indicaron a las pequeñas Kate y Maggie que debían dedicarse a la mediumnidad. Lo hicieron, ganaron muchísimo dinero y crearon escuela. Todos los médiums, desde el más humilde hasta John Edward y Anne Germain, se aprovechan del dolor ajeno y del miedo a la muerte para timar a incautos, tal como hacían las hermanas Fox, la fundadoras del espiritismo, ya en el siglo XIX.

Desde el principio hubo quien sospechó que todo era un engaño y, al final, así lo reconoció Maggie en la Academia de Música de Nueva York el 21 de octubre de 1888. “Estoy aquí esta noche, como una de las fundadoras del espiritismo, para denunciarlo como un fraude de principio a fin, como la más enfermiza de las supersticiones y la blasfemia más malvada que ha conocido el mundo”, dijo en un repleto auditorio antes de hacer una demostración pública de sus trucos, el primero de los cuales era hacer crujir los huesos de los dedos de los pies. “Queríamos aterrorizar a nuestra querida madre, que era una mujer muy buena y muy impresionable”, añadió. Kate lo había advertido. “¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day y alguien intenta tomarnos el pelo”, había dicho a su madre la noche que nació el espiritismo. La mujer no le creyó y una broma infantil dio lugar a uno de los grandes negocios del engaño, el de la comunicación con los muertos.

Ni Anne Germain ni ningún otro médium ha hablado nunca con un muerto: son unos timadores

En la primera entrega de Más Allá de la Vida, allá por agosto de 2010, Jordi González dijo ante las cámaras de Telecinco que la médium británica Anne Germain y su equipo podían haber buscado información de los invitados famosos buceando en la hemeroteca para devolvérsela luego como facilitada por los espíritus, pero que no lo habían hecho. Aquel día, estaban en el plató el humorista Jorge Cadaval, el escritor Antonio Gala y Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco. Durante dos años, han pasado por Más Allá de la Vida numerosos famosos para exhibir su duelo, real o fingido, previo pago. Al parecer, hay mucho ingenuo que creyó al presentador y en los poderes de la vidente. Si no, no me explico el revuelo montado por la publicación ayer, en el diario El Mundo, de un reportaje en el cual se presentan documentos que demuestran que los asesores de la médium recopilan información de los famosos que van al programa. ¡Como si hiciera falta probarlo! ¿Qué creían?, ¿que Anne Germain se comunica con los muertos? Si es así, numérense y, si son muchos, algunos deberíamos optar por emigrar y abandonarles a su suerte.

Anne Germain.“Desmontando a la médium farsante”, titulaba el periódico madrileño ayer en su primera página. ¿Cómo que médium farsante? ¿Es que hay algún médium, vidente o adivino auténtico? ¿Es por eso que han tenido que pasar más de dos años antes de que un gran diario revelara lo obvio, que el espectáculo televisivo y el show teatral de gira por España son un fraude? Ya en el verano de 2010 denunciamos el engaño Mauricio-José Schwarz, Javier Cavanilles y yo. “Anne Germain utiliza el bien conocido truco de la lectura en frío y la pesca de datos“, escribía Schwarz. “La verdad es que sólo se me ocurren dos explicaciones posibles (para lo que hace Anne Germain). La primera: Anne tiene unos poderes que nadie entiende, pero permiten zanjar la polémica sobre si hay vida después de la muerte. La segunda: los guionistas se han leído un par de revistas del corazón, le pasan los datos, y ella simula que los va descubriendo”, apuntaba el incrédulo Cavanilles. “Los trucos son tan burdos, el fraude es tan evidente, que hasta han sido revelados recientemente en una serie de ficción, Leverage, durante un episodio, “The future job” (El trabajo del futuro), que se centra en el desenmascaramiento de un médium”, añadía yo.

Cuando Anne Germain desembarcó en España, las tretas de los espiritistas televisivos eran ya de sobra conocidas: hacer creer a un individuo que uno sabe de él algo que en realidad no sabe a partir de lo que el sujeto dice, de su aspecto y de generalizaciones que encajan como anillo al dedo en el 99% de la gente y, en algunos casos, documentarse previamente acerca del sujeto, bien con topos mezclados entre el público, bien en la hemeroteca si se trata de un famoso. La primera técnica es la que emplea Anne Germain en su gira teatral y cuando habla con el público de Más Allá de la Vida. Al primero que vi practicarla en la televisión fue a John Edward, un espiritista estadounidense cuyos trucos reveló Michael Shermer hace más de diez años en la revista Scientific American. Tengo grabados varios programas de su serie Cruzando al Más Allá y empleo fragmentos en charlas para que público de todas las edades detecte por su cuenta el burdo engaño. Anne Germain es una versión femenina de John Edward.

Información previa y generalidades

Que la vidente de Telecinco usaba documentación estaba claro desde el primer momento, por mucho que el presentador intentara convencernos de lo contrario. Los documentos filtrados ahora por un extrabajador despechado a El Mundo -en los que se recoge información de los famosos recopilada durante entrevistas previas- no hacen más que confirmarlo; pero no les quepa duda de que la investigación del equipo de la médium no se limita a esas entrevistas personales, sino que incluye también todo lo publicado en la llamada prensa del corazón. Por lo demás, Anne Germain no precisa que nadie le diga nada al oído sobre cada una de sus víctimas, como parece apuntar el reportaje de El Mundo. Antes de ir a su espectáculo en Bilbao, yo también creía que podía recurrir en los teatros a ese tipo de ayuda y hasta me pregunté si iba a ser capaz de detectar el engaño. Porque una cosa es saber la teoría y otra, ponerla en práctica. Tras escuchar y ver en directo a la médium, además de sentir sonrojo por algunos de mis congéneres, concluí que no necesita que le chiven nada por un pinganillo porque tampoco hace nada extraordinario.

Como contaba en mayo aquí mismo, los mensajes son todos del estilo de: “Mamá te quiere mucho”; “Eras la niña de los ojos de papá”; “Tu abuelo dice que cada vez te pareces más a tu madre”… Y se repiten en diferentes variantes. Así, Anne Germain informa a un par de mujeres jóvenes de que a sus respectivos abuelos les parece que visten faldas demasiado cortas. ¿A qué abuelo le parece recatada la vestimenta de alguna de sus nietas? Pero la gente traga. La médium acierta con generalidades o cuando pregunta y, si mete la pata hasta el fondo, cambia de tercio. Esta técnica -unida a una cuidada edición- la usa en el plató de Telecinco para impresionar al público y al famoso de turno.

Anne Germain y César Heintirch, en el escenario del palacio Euskalduna de Bilbao al final de su actuación. Foto: L.A. Gámez

“La polémica y la veracidad sobre los poderes de la médium Anne Germain, vuelven a estar en entredicho”, escribían ayer en Fórmula TV. No, los poderes de le médium nunca han estado en entredicho. Jamás. No hay duda alguna de que no se comunica con los muertos. Como todos los médiums desde las hermanas Kate y Maggie Fox, nunca ha demostrado ser más que una embaucadora, alguien con tan pocos escrúpulos que hace negocio del dolor ajeno. No hacía falta contar con documentos que lo confirmaran. Al revés, quien tiene que demostrar algo es quien dice que lo hace. La vidente británica nunca ha probado que se comunica con ningún Más Allá. Si lo hace, ¿por qué Anne Germain no opta al premio Sísifo de un millón de euros a quien demuestre tener poderes paranormales? Si yo digo que soy capaz de correr cien metros en un tiempo determinado y me ofrecen un millón si lo demuestro, ¿qué creen que haría? Que ni Anne Germain ni ninguno de sus colegas aspire a ganar el premio, que en España coordina el Círculo Escéptico, confirma lo que son.

¡Pruébelo o cállese!

La médium de Telecinco ha respondido al reportaje de El Mundo con un breve comunicado en su página de Facebook. Dice:

“Nunca he ocultado que recibo un perfil de los invitados, incluso lo he comentado aquí, en Facebook. No los conozco y mi equipo me prepara unas notas que me entrega poco antes de entrar al programa. No es información secreta ni confidencial. Es más, lo habitual es que luego me deje los papeles olvidados porque no son importantes.

Si realmente basara todo el programa en esa breve información, sería más sencillo aprendérmela de memoria en mi casa que recibirla impresa en el camerino poco antes de empezar. Además, no llevo pinganillo, ni en el programa ni en la gira.

Siempre lo he dicho, no pretendo convencer a los escépticos. Trato de transmitir lo más claramente posible los mensajes que percibo de sus seres queridos a las personas que acuden a mí.”

Pues, pruébelo y no desvíe la atención sobre una documentación que es sólo el último clavo en el ataúd de su credibilidad y que a algunos nos sobraba, como dejamos claro en las redes sociales desde el primer momento. Hasta que no demuestre sus presuntos poderes, figurará en la misma categoría de embaucadores que el resto de los médiums, adivinos, tarotistas… A fin de cuentas, cualquiera puede aprender los cuatro trucos que ese gremio utiliza para simular tener poderes extraordinarios.

Si no sabe con los muertos de quién contactar para demostrar que usted no es un fraude, hágalo con los míos; pero no me diga que me quieren ni que están orgullososo de mí, que ese cuento ya me lo sé. También podría contactar con las víctimas de crímenes para que denunciaran a sus asesinos y proporcionaran pruebas que posibilitaran su condena. Mientras no haga algo así y siga dedicándose al circo de la telebasura paranormal rosa -como acertadamente calificó Schwarz su programa-, merecerá el mismo crédito que Carlos Jesús, Tristanbraker y otros monstruos televisivos; con la ventaja para ellos de que sus espectáculos no daban asco. Más Allá de la Vida, tanto en su versión televisiva como teatral, es algo obsceno, repugnante.

‘Más Allá de la Vida’: los trucos de los médiums de la tele para simular que se comunican con los muertos

Un médium es un timador que saca dinero a ingenuos haciéndoles creer que es capaz de comunicarse con sus parientes muertos. Existen desde que en 1848 Kate y Maggie Fox -de 11 y 14 años, respectivamente- inventaron la versión moderna del espiritismo en Hydesville, un pueblo del Estado de Nueva York. Las niñas estaban bromeando -era la noche del April Fools Day-, su madre se tragó la broma y una hermana mayor la convirtió en negocio. Poco después, abrieron consulta y recaudaban en cada sesión de espiritismo entre 100 y 180 dólares, el equivalente a entre 2.370 y 4.266 dólares actuales cada noche. Maggie confesó el fraude en 1888; pero nada podía ya parar la bola espiritista, con miles de timadores haciendo negocio -a mediados de la década de 1850, había más de 40.000 médiums sólo en Estados Unidos- y una masa creciente de devotos que llegaba en el país a los 8 millones a finales del siglo XIX. Con el programa Más Allá de la Vida, Telecinco recogerá mañana el testigo de la mayor de las hermanas Fox.

Más Allá de la Vida explota una fórmula vieja en Estados Unidos, la del médium que contacta con los espíritus bajo los focos de la televisión. La protagonista es una dotada británica, Anne Germain, de la escuela de John Edward y James Van Praagh, de quienes ya he hablado aquí con anterioridad. Estos sujetos escenifican sesiones de espiritismo ante auditorios compuestos por decenas de creyentes, personas impresionables que van a un plató porque esperan contactar con algún pariente muerto. El médium se pasea por el escenario y se dirige de vez en cuando a un miembro del público que, invariablemente, acaba creyendo en los poderes del timador y, muchas veces, llorando de emoción. Los trucos son tan burdos, el fraude es tan evidente, que hasta han sido revelados recientemente en una serie de ficción, Leverage, durante un episodio, The future job (El trabajo del futuro), que se centra en el desenmascaramiento de un médium. (No digo falso médium porque no hay ninguno auténtico: sólo hay timadores -en esta categoría entran los más famosos- o personas con problemas psiquiátricos que creen que pueden hablar con los muertos y hasta verlos.) En un momento del episodio, uno de los protagonistas está hundido porque un médium ha adivinado una tragedia que vivió en la infancia -el atropello mortal de un hermano pequeño cuando andaba en bicicleta- y cree, erróneamente, que eso demuestra que no es un charlatán. Sus compañeros le explican que no, que es muy fácil hacer creer a alguien en lo increíble si no está en guardia.

Así engañan a la gente

El médium televisivo parte de la ventaja de que el público que va a sus programas es creyente: todos están allí porque quieren comunicarse con un ser querido fallecido. El presunto dotado, la Anne Germain de turno, dispone de varios trucos para convencer a sus víctimas de que realmente hace lo que dice que hace. El primero es recopilar previamente información de sus interlocutores para devolvérsela como si se la contaran desde el Más Allá. Es algo relativamente fácil en el caso de los famosos, que en la primera entrega de Más Allá de la Vida son el humorista Jorge Cadaval, el escritor Antonio Gala y Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco elevada a los altares catódicos en la desmemoriada España del siglo XXI. En el caso de los ciudadanos de a pie, el médium televisivo recurre a espías entre el público que antes de la grabación del programa recogen información de los asistentes -escuchando sus conversaciones o pidiéndosela directamente- y luego se la transmiten por un auricular.

Esos sistemas de obtención de información se completan con la facilitada directamente por la víctima al charlatán, que éste le devuelve como si se la hubieran transmitido los espíritus. A través de preguntas y comentarios, guiándose por las respuestas conscientes e inconscientes del sujeto, el médium presenta como una revelación desde el Más Allá aquello que, en realidad, sus clientes han contado sin ser totalmente conscientes de ello. Como pueden comprobar en el vídeo de arriba, Edward pregunta y repregunta, dice una cosa y la contraria, no sabe si está hablando con el padre o la tía segunda del interlocutor hasta que éste no se lo confirma… Y, por supuesto, dice obviedades, lo que todo el mundo que va a su consulta o programa quiere oír: que sus difuntos velan por él, que están a su alrededor permanentemente, que saben que les recuerda y les quiere, que quieren sea feliz… Cuando pongo éste y otros vídeos de médiums en mis charlas, siempre hay alguien entre el público -sean escolares o jubilados- que descubre al resto alguno de los trucos del presunto dotados.

Anne Germain aprovecha la parte más vulnerable del ser humano, la que desea que nuestros seres queridos que han muerto sigan existiendo de algún modo, para engañar a sus víctimas y sacarles el dinero. Ahora, en España, con la complicidad de Telecinco. La cadena amiga programó en la madrugada del domingo, en La Noria, una caricatura de debate sobre el asunto como promoción de Más Allá de la Vida. Fue un esperpento porque, entre los participantes, sólo había un escéptico, a pesar de que se vendía desde el punto de vista escenográfico que había tres. No voy a hablar de los participantes que creen en el Más Allá y hasta en el Ratoncito Pérez -uno de ellos debería estar bajo tratamiento psiquiátrico-; pero sí de los que supuestamente defendía el pensamiento crítico. Al lado de la razón, estaban: Fernando L. Frías, Rosa Llopis y José Miguel Gaona, psiquiatra. Ni Llopis ni Gaona demostraron estar a la altura de las circunstancias, lo que era de esperar en ambos. Ella, porque es de profesión polemista -sea eso lo que sea- y, al margen de alguna obviedad, no aportó nada al debate; él porque, aunque es psiquiatra, es colaborador de Iker Jiménez en sus espacios de radio y televisión. De hecho, Gaona es el individuo que se fue a grabar psicofonías a Dachau para la factoría Jiménez-Porter y que vendió en abril en Cuarto Milenio que había captado un lamento en la cámara de gas del campo de exterminio, mientras que ayer dijo en La Noria que su experimento no obtuvo ningún resultado.

En la guerra por las audiencias, no entiendo que ninguna cadena de televisión haya preparado un programa de denuncia sobre el timo de los médiums para sacar los colores a la competencia. Aunque, claro, me imagino que, con la cobertura cañí de la visita de Michelle Obama y el seguimiento rosa al portero de la selección de fútbol y su novia, los equipos de investigación de los canales de televisión españoles no habrán tenido tiempo para tonterías.

“Si eres un espíritu, da dos golpes”

Una madre de familia inventó hace 160 años un código para comunicarse con los muertos. Se llamaba Margaret Fox y en diciembre de 1847 se había mudado con su esposo y sus dos hijas pequeñas, Kate y Maggie, desde Canadá a una casa de Hydesville, un pueblo del Estado de Nueva York. A mediados de marzo, ella y su marido empezaron a escuchar extraños ruidos que sólo se oían cuando las niñas estaban en la casa y que en la noche del día 30 llegaron a ser insoportables. “No pudimos descansar y concluí que la casa estaba encantada por un espíritu atormentado”, dejó escrito la mujer en una declaración el 11 de abril de 1848.

A la noche siguiente, el fenómeno se repitió y las niñas intentaron interactuar con lo que fuera que lo ocasionaba. “Señor Splitfoot (nombre dado al Diablo en algunas zonas de Nueva Inglaterra), haz lo que hago”, pidió Kate, de 11 años, mientras daba tres palmadas. Como respuesta, sonaron tres golpes. “Ahora, haz lo que hago yo”, dijo Maggie, de 14 años, contando hasta cuatro al tiempo que daba otras tantas palmadas. Se escucharon cuatro golpes. Pasado el susto, la madre preguntó al ente las edades de sus hijas y, tras recibir las respuestas correctas, se interesó por la naturaleza de su interlocutor. “¿Eres un espíritu? Si lo eres, da dos golpes”. Lo era.

Ruidoso diálogo

Maggie, Kate y Leah, las hermanas Fox.La familia contó a sus vecinos lo que pasaba, y el hogar de los Fox se llenó inmediatamente de gente que, siempre en presencia de Kate y Maggie, interrogaba al fantasma según un simple código: tres golpes significaban ; uno, no. Averiguaron que quien les hablaba de ese modo era un buhonero asesinado en la casa años antes, a quien pronto siquieron otras parlanchinas almas atormentadas. Los diálogos ganaron en contenido cuando David, uno de los dos hermanos mayores de las niñas que ya no vivían en el domicilio paterno, ideó un nuevo método de comunicación: recitaba el alfabeto y pedía al espíritu de turno que señalara con un golpe la letra apropiada, con lo que los espectros podían transmitir palabras y frases. Así fue como indicaron a Kate y Maggie que debían compartir su don y actuar como mediadoras entre vivos y muertos.

En cuanto supo del revuelo montado, Leah, treintañera hermana de las niñas que vivía en Rochester, se las llevó a su casa y empezó a organizar sesiones espiritistas abiertas al público, previo pago. Se celebraban en una habitación mal iluminada y el repertorio fantasmal incluía ya movimientos de la mesa alrededor de la que se sentaban los asistentes, materializaciones de objetos, apariciones de manos blancas… La recaudación oscilaba entre los 100 y 180 dólares por noche; traducido a dinero actual, entre 2.370 y 4.266 dólares por sesión. Las niñas tenían tanto tirón que se alquiló el salón de actos más grande de la ciudad, con capacidad para 400 personas, para tres sesiones de espiritismo en noviembre de 1849: la entrada costaba 25 centavos -5,9 dólares de hoy-, y el lleno fue total los tres días.

Los creyentes crecían rápidamente, y uno de ellos acabó de impulsar la carrera de Kate, Maggie y Leah. Horace Greeley dirigía el diario New York Tribune, el más influyente de Estados Unidos entre 1840 y 1870. Era uno de los periodistas más respetados del país cuando, en la primavera de 1850, invitó a las hermanas a trasladarse a Nueva York. Se instalaron en un hotel y por sus sesiones pasó lo más granado de la sociedad: novelistas, historiadores, jueces, físicos, senadores… Frente a quienes sospechaban que en el espiritismo había gato encerrado, Greeley confiaba en la “total integridad y buena fe” de las hermanas, destaca el filósofo Paul Kurtz en su artículo Spiritualists, mediums, and psychics: some evidence of fraud (Espiritistas, médiums y psíquicos: algunas pruebas de fraude. 1985).

Millones de fieles

La casa en la que nació el espiritismo.Las Fox hicieron escuela y, a mediados de la década de 1850, había ya 40.000 médiums en EE UU. Satisfacían las necesidades de millones de creyentes a quienes, como Greeley, no cabía en la cabeza que todo fuera un engaño. Era lo que pensaba, sin embargo, el médico E.P. Langworthy, quien denunció en 1850 que los ruidos procedían de los pies de las niñas o de objetos con los que éstas estaban en contacto. A la misma conclusión llegó el reverendo John Austin, para quien los golpes eran crujidos de las articulaciones de los dedos de los pies de las pequeñas. Tres médicos de la Universidad de Buffalo, Austin Flint, Charles A. Lee y C.B. Coventry, coincidieron en el diagnóstico en febrero de 1851, tras ver a las niñas en acción y someterlas a una prueba controlada para que no pudieran hacer ningún ruido. Y una comisión de expertos de la Universidad de Harvard y otra de la de Pensilvania también apuntaron, en 1857 y 1884, al origen podal de los ruidos.

La bomba estalló en la Academia de Música de Nueva York el 21 de octubre de 1888. “Estoy aquí esta noche, como una de las fundadoras del espiritismo, para denunciarlo como un fraude de principio a fin, como la más enfermiza de las supersticiones y la blasfemia más malvada que ha conocido el mundo”, confesó Maggie Fox en un repleto auditorio, antes de hacer una demostración pública de sus trucos. “Queríamos aterrorizar a nuestra querida madre, que era una mujer muy buena y muy impresionable”. Todo había sido una broma infantil, convertida en negocio luego por Leah.

“¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day (el Día de los Inocentes anglosajón; se celebra el 1 de abril) y alguien nos intenta engañar”, había advertido Kate la noche del 31 de marzo de 1848. Su madre, quien recoge la infantil advertencia en su escrito de abril, no la creyó y nació una nueva religión. Las niñas llegaron a actuar en la Casa Blanca y ante la reina Victoria, en Londres, antes de caer en descrédito. Y la confesión de su engaño no desalentó a los fieles del espiritismo, que en 1897 eran 8 millones en EE UU.


El libro

Hablando con fantasmas (1998): Miguel Ángel Sabadell explora críticamente la historia de la comunicación con el Más Allá desde la época de las hermanas Fox.

Publicado originalmente en el diario El Correo.