Así eran los marcianos en 1906

Así se creía en 1906 que eran los marcianos. Ilustración: 'Alrededor del Mundo'.

Marte era hace cien años un mundo vivo. Estaba habitado por seres inteligentes que habían construido unos canales para llevar agua desde los polos hasta las sedientas latitudes ecuatoriales. Unas conducciones gigantescas que había visto el astrónomo estadounidense Percival Lowell desde su observatorio de Flagstaff (Arizona). El tiempo confirmó que los canales marcianos eran obra de una inteligencia, pero que estaba a este lado del telescopio, como apunta Carl Sagan en Cosmos (1980). Sin embargo, en 1904 se daba por hecha la existencia de una civilización avanzada en el planeta rojo y, por eso, el premio Guzman para quien primero contactase con extraterrestres, convocado por la Academia Francesa de Ciencias y dotado con 100.000 francos, excluía expresamente a los marcianos. Y, dos años después, Guglielmo Marconi aseguraba que antes de diez se hablaría con ellos a través del telégrafo.

“Tan posible parece ahora la comunicación interplanetaria que ya se piensa en la dificultad que podrán tener los habitantes de Marte en aprender nuestro código de señales. En opinión del mismo [Nikola] Tesla, esta dificultad no será muy grande, pues, aunque no hay dos hombres de ciencia que se figuren del mismo modo a estas misteriosas gentes, todos convienen en que deben disfrutar de un intelecto muy superior al nuestro”, indicaba la revista  española Alrededor del Mundo el 19 de abril de 1906. La publicación madrileña añadía que el inventor serbio se proponía “emplear una de sus torres de telegrafía sin hilos para enviar mensajes no ya a Marte, sino cien veces más lejos, hasta Neptuno si necesario fuese”. Ya en 1899 Tesla creía haber captado señales procedentes de Marte en su laboratorio de Colorado Springs.

Cuando hace 110 años Alrededor del Mundo informaba sobre el inminente contacto con los marcianos, incluía la ilustración sobre “cómo suponen los hombres de ciencia a los habitantes de Marte” que acompaña a estas líneas, de cuya existencia he sabido gracias al periodista Mario Tascón.