Grafología

El profesor geocentrista de la UPV, y el peritaje caligráfico y la grafología, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del profesor geocentrista de la Universidad del País Vasco, y del peritaje caligráfico y la grafología, en la decimoctava entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

El peritaje caligráfico es una técnica; la grafología, una arte adivinatoria, un timo

Las anotaciones hológrafas de presuntos pagos en negro de Luis Bárcenas, extesorero del PP, a altos cargos de ese partido son de su puño y letra, según han dictaminado varios peritos calígrafos en diferentes medios. No estamos hablando de grafología. Confundir a un perito calígrafo con un grafólogo es un grave error equivalente a llamar astrólogo a un astrónomo. El peritaje caligráfico es una técnica de validez reconocida, y la grafología es una arte adivinatoria, como la astrología, la morfopsicología, la lectura de las huellas dactilares y la culomancia. Voy a intentar explicarlo.

Un perito calígrafo es un profesional capaz de determinar falsificaciones y autorías de documentos mediante el análisis de la caligrafía -cuando hablamos de  manuscritos y firmas-, de las tintas, del papel… Sus servicios suelen ser requeridos por la Policía y los tribunales para certificar la autenticidad o falsedad de documentos. En el caso que nos ocupa, el de la supuesta contabilidad B del PP, lo primero a establecer era si Bárcenas es el autor de las anotaciones contables hechas a mano que se han filtrado a la prensa. Para ello, los peritos calígrafos tenían que hacer algo muy parecido a lo que hacen los protagonistas de CSI cuando encuentran una huella dactilar en el escenario de un crimen. ¿Cómo identifican los forenses televisivos al autor de la huella? Comparando la muestra tomada en el escenario con las de referencia de los diferentes archivos policiales y de seguridad. Si coincide con alguna, ya tienen un sospechoso con nombre y apellidos. Si el sujeto no está en ninguna base de datos,  no podrán saber quién es hasta que den con él por otras circunstancias y le tomen las huellas dactilares.

Parte de un peritaje de la caligrafía de Luis Bárcenas. Ilustración: 'El Correo'.
En el caso de la contabilidad B del PP, los peritos calígrafos han comparado la letra de las anotaciones con la de documentos manuscritos de Bárcenas que han usado como muestras de referencia, ya que no hay dudas de su autoría. Podía haber ocurrido que las letras fueran totalmente diferentes o que estuviéramos ante una elaborada falsificación. Ninguno de los expertos cree eso. Así, Enrique Juan Madruga, presidente de la Asociación Profesional de Peritos Calígrafos y Documentólogos de España (Procade), asegura hoy en El Correo que hay un 80% de probabilidades de que los apuntes contables sean obra de Bárcenas, basándose en coincidencias recurrentes como letras idénticas, crestas, inclinación de la escritura… Y descarta una posible falsificación. “La escritura en ambas muestras es ágil, con cuerpo central pequeño, sin reenganches, ni retoques, sin entintamientos ni torsiones, producto todo ello de posibles alteraciones con ánimo fraudulento”. Y lo mismo viene a decir Tomás Alonso, presidente de la Asociación Profesional de Peritos Calígrafos y Técnicos en el Análisis de la Escritura (APPTAE), en el diario El Mundo.

El timo de la grafología

La Cadena SER y Telecinco han recurrido, por su parte, a “la división de pericia caligráfica de la Sociedad Española de Grafología” y a la grafóloga Begoña Slockers, respectivamente. Aunque en este caso se han limitado a hacer peritajes caligráficos, llamar a un grafólogo para algo así es como llamar a Rappel u Octavio Aceves para hablar de la última erupción solar. Porque un grafólogo es algo muy diferente a un perito calígrafo. Un grafólogo no es un técnico, sino un adivino. “La grafología es simplemente un rama del grupo de prácticas pseudocientíficas conocido como lectura de caracteres“, explican los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010). E incluyen esta práctica en el mismo grupo que la quiromancia, la frenología, la lectura de la uñas y otras técnicas supuestamente adivinatorias.

Los practicantes de la grafología dicen que pueden deducir la personalidad de alguien a partir de cómo escribe, de si las mayúsculas son muy grandes, las letras van separadas, las líneas se inclinan hacia uno u otro lado… La grafología se utiliza en el sector de la selección de personal -para eso se piden los currículos escritos a mano en algunas ofertas de trabajo- para evaluar la idoneidad de candidatos, a pesar de que todas las pruebas controladas han dejado claro que sus practicantes son incapaces de deducir la personalidad y el rendimiento laboral de alguien a partir de su escritura. Los grafólogos aciertan como usted o yo si les presentan un manuscrito y les dicen: “Es un texto de Adolf Hitler -o Belén Esteban, o Luis Bárcenas, o Barack Obama…-, ¿qué ve en él?”. Entonces, dicen lo que diría cualquiera del famoso de turno. Cuando se enfrentan a una letra sin pistas sobre su autoría, las cosas cambian y no dan una, como otros brujos en circunstancia similares.

“Buena parte de la inmerecida reputación positivas de la grafología se basa en la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados (EDC). Un EDC es un investigador científicamente preparado para hacer un peritaje, del que se sirven luego historiadores, coleccionistas o tribunales, acerca de sus orígenes y la autenticidad de un documento escrito. Los EDC  determinan la probabilidad de que un individuo determinado haya escrito el documento en cuestión; no hacen ningún juicio acerca de la personalidad”, explican Lilienfield, Lynn, Ruscio y Beyerstein.

La Real Academia Española define la grafología como el “arte que pretende averiguar, por las particularidades de la letra, cualidades psicológicas de quien la escribe”. No dice ciencia, sino arte y a la definición sólo le falta el adjetivo advinatoria para ser perfecta.

Bobada grafológica con la ‘B’ de Barack Obama

Llegará el día en que un adivino examine para un medio de comunicación las entrañas de un animal para explicar un resultado electoral. Todo es cuestión de tiempo. Hasta entonces, siempre nos quedará la grafología, según la cual la caligrafía de Barack Obama revela que “es un diplomático nato, una persona decidida, de gran nivel intelectual y a la vez una persona de acción, que la compagina con la reflexión”.

La firma de Barack Obama.Es lo que sostiene Nuria Pereira, del Área de Grafología del Instituto Europeo Campus Stellae, que ha analizado la firma del reelegido presidente de Estados Unidos para Abc. Dice, por ejemplo, que la B inicial revela que el inquilino de la Casa Blanca “es adaptable, amoldable, poco intransigente”, y que, “conforme al modo en que encadena la B a la siguiente letra y cómo escribe la O, se presenta como alguien audaz, con ánimo, decisión y gran capacidad de seducción, ademas de capaz de relacionarse con el entorno y controlar sus emociones”. Añade, a partir de su letra, que se trata de “un hombre de principios al que le gusta respetar las tradiciones y donde el apoyo de su familia es crucial y le ayuda para proyectarse en su trabajo”.

He topado con esta sarta de perogrulladas gracias a un aviso del periodista Abel España Carrera, y todavía no me he repuesto. La grafología o grafopsicología -no confundir con el peritaje caligráfico- pretende que la personalidad se refleja en su escritura. No es así. La personalidad, salvo casos patológicos, no se refleja en la letra y tampoco es posible cambiarla modificando la caligrafía. Esto último es lo que se conoce como grafoterapia, un timo al cuadrado para cualquiera con dos dedos de frente. Si la grafología y la grafoterapia tuvieran algún fundamento, bastaría con poner a los encerrados en reformatorios y cárceles profesores de caligrafía y que aprendieran a escribir como es debido para hacer de ellos ciudadanos modelo.

Los grafólogos únicamente aciertan cuando saben previamente quién es el autor de la letra y, entonces, dicen obviedades, como en el caso de Obama. Por el contrario, cuando examinan un manuscrito de alguien no identificado, no aciertan más que un lego. Es decir, lo suyo es pura especulación. La grafología forma parte de la misma familia que la astrología, el tarot, la quiromancia, la morfopsicología y la lectura de vísceras. Por eso, incurren en mala praxis los psicólogos, psiquiatras, médicos y empresas de selección de personal que recurren a ella, y dar algún crédito periodístico a un grafólogo es como dárselo a Octavio Aceves o Sandro Rey.

Un manual de filosofía de 2º de Bachillerato sobre Nietzsche incluye un análisis grafológico de su escritura

Análisis grafólogico de la caligrafía de Nietzsche publicado en un libro de 2º de Bachillerato de la Editorial Ibaizabal.“El estudio grafológico de la caligrafía de Nietzsche demuestra lo siguiente: introversión, soledad y aislamiento (letra pequeña y espacios largos entre líneas y palabras); emotividad extrema (espacios irregulares entre palabras y espacios cortos entre letras; autocrítica (espacios muy largos entre palabras)”. Es lo que se dice en la página 11 de Friedrich Nietzsche. Filosofía del siglo XIX, un libro de texto para 2º de Bachillerato firmado por Martin Aurrekoetxea, Alfredo Olarra y María Lourdes Villar, y publicado por la Editorial Ibaizabal, perteneciente al Grupo Editorial Luis Vives.

La inclusión de la grafología, una práctica adivinatoria como la astrología y la quiromancia, en un manual escolar es algo que nunca habría esperado y de lo que me he enterado gracias a un mensaje de correo electrónico de un bachiller vasco dirigido a La Lista de la Vergüenza, el sitio de Fernando L. Frías dedicado a la denuncia de la pseudociencia en institucioens académicas y científicas. “Seguramente, si se tratase de un horóscopo del día en que nació, todos sabríamos que se trata de una superchería, pero en este caso queda muy poco claro, además de estar en un libro de texto”, apuntaba acertadamente el joven.

He preguntado a Agustín Oiarzabal, gerente de la Editorial Ibaizabal, acerca de esta sorprendente muestra de pseudociencia en un libro de texto y de si otros manuales -dedicados a Ortega y Gasset, Marx y Kant- incluyen también los correspondientes análisis grafológicos. Me ha dicho que se trata de un caso aislado y que seguramente los autores, profesores de filosofía, “lo han puesto como una curiosidad”. Oiarzabal ha añadido que, “como editorial”, ellos no tienen “el mínimo conocimiento” de lo que es la grafología ni cree que lo tengan los redactores del manual, y ha calificado el análisis de la caligrafía de Nietzsche de “curiosidad sin más trascendencia”.

Para mí, no lo es -y así se lo he dicho al responsable de la Editorial Ibaizabal- porque los escolares pueden deducir de su inclusión en un libro de texto que la grafología funciona, ya que la deducción de la personalidad de Friedrich Nietzsche a partir de su letra se presenta como un dato más sobre el pensador alemán. Puede ser que los autores del texto, filósofos y educadores, no sepan que la grafología es una superchería, pero eso tampoco les deja precisamente en buen lugar porque significa que han insertado ese apartado en el libro sin molestarse en verificar que lo que se dice sea cierto.

La grafología, la morfopsicología y la dactilopsicología, en Radio Nacional de España

Toni Garrido y yo hemos hablado hoy de la grafología, la morfopsicología y la dactilopsicología, en la decimotercera de mis colaboraciones semanales en Asuntos propios, en Radio Nacional de España.