Fundamentalismo

Pat Robertson achaca el terremoto de Haití a un pacto de sus habitantes con el Diablo para liberarse de los franceses

El telepredicador estadounidense Pat Robertson ha vuelto a demostrar ante las cámaras de la Cadena Cristina de Difusión (CBN), su televisión, que no hay límites a su indecencia. Ha culpado a los propios haitianos del terremoto que ha arrasado Puerto Príncipe y ha causado decenas de miles de muertos y millones de damnificados. Me he enterado a través de P.Z. Myers. Robertson achaca la tragedia, la pobreza y todos los desastres naturales que han azotado Haití desde 1804, a que sus habitantes llegaron a un pacto con el Diablo para independizarse de Francia. “Te serviremos si nos liberas de los franceses”, asegura que propusieron a Satanás. Y El Maligno, según él, aceptó y expulsó a los franceses. Ésa es para este fanático, ex candidato a la Presidencia de Estados Unidos, la causa de todos sus males. Pongan ustedes los adjetivos, yo les dejo con mi indignación y con el vídeo protagonizado por este buen cristiano que hace cinco años ya sugirió que EE UU debía asesinar a Hugo Chávez. Y, por favor, hagan lo que puedan por ayudar a los haitianos.

La necesaria ética laica frente a los desmanes de los clérigos

'Una ética para laicos', de Richard Rorty.“Los hombres necesitan que se los haga más felices, no que se los redima, porque no son seres degradados, almas inmateriales apresadas en cuerpos materiales, almas inocentes corrompidas por el pecado original”, sostenía Richard Rorty, cuyos principios de Una ética para laicos acaban de publicarse en España. El breve texto toma como punto de partida un lamento del papa Ratzinger porque la opinión pública pueda llevar en un futuro próximo a la Iglesia católica a tener que dejar de tratar a los homosexuales como monstruos, ante lo cual el filósofo estadounidense reivindica una ética liberada de los dioses. La guía de esa ética laica, explica, es una espiritualidad desvinculada de todo afán de trascendencia, que persigue hacer de este mundo uno “donde los seres humanos lleven vidas largamente más felices que aquéllas que viven en la actualidad”.

Es posible que algún día confluyan la ética laica y la católica -entendida ésta como la vaticana-, pero en la actualidad la búsqueda de la máxima felicidad y el máximo bienestar humanos choca frontalmente con los principios de la jerarquía, que no con los de muchos católicos. Ocurrió en el pasado cuando la Iglesia hizo la vista gorda ante la esclavitud, estigmatizó a las madres solteras, jaleó a dictadores como Franco y Pinochet… y sucede ahora cuando condena la homosexualidad, la manipulación genética para evitar o curar enfermedades y a millones de africanos a contraer el sida por mentir sobre la utilidad del condón para impedir el contagio de la enfermedad, como hizo Benedicto XVI recientemente. Hace unos días, se ha solicitado en el Parlamento español la reprobación del Papa por tan peligroso disparate. Sería un buen primer paso de la sociedad civil española ante los desmanes de los clérigos, que deberían asumir de una vez que las directrices que ellos marcan sólo tienen validez para sus adeptos, que pueden exigir a los suyos que cumplan con la indisolubilidad matrimonial, por ejemplo, pero no les atañe lo que hagamos quienes no comulgamos con sus creencias porque carecen de toda autoridad moral sobre nosotros. Y sobra decir que esa limitación a intentar imponer al conjunto de la sociedad sus principios es extensible a cualquier religión.

Al igual que hacia los esclavos, las madres solteras y, esperemos que pronto, los homosexuales, la opinión de la Iglesia sobre el condón y el uso del sida cambiará en el futuro . Es sólo cuestión de tiempo, pero el reloj vaticano es muy lento -que se lo pregunten al pobre Galileo, perdonado cuatro siglos después de ser perseguido por la Iglesia-, y la intolerancia clerical respecto al uso del preservativo puede cobrarse hasta entonces millones de vidas y hacer infelices a muchos otros millones de personas, al perder padres, hijos, hermanos, amigos… por creer esa falsedad de que la distribución masiva de condones no sólo no ayuda a luchar contra el sida, sino que además “aumenta el problema”. Por acabar con Rorty, tengan presente frente a la caverna ideológica cuál es el objetivo de la ética laica, que no es inmutable: “En épocas pasadas teníamos otras ideas de que podría habr llevado a la máxima felicidad humana. Hoy sabemos que es la democracia; mañana podría ser algún otro medio. El único absoluto en circulación sigue siendo la felicidad humana”.

Richard Rorty [2008]: Una ética para laicos [Un’etica per i laici]. Traducido por Luciano Padilla López. Prologado por Gianni Vattimo. Katz Editores. Madrid 2009. 41 páginas.

“Debemos vivir nuestras vidas sin los beneficios que nos prometen los dioses”, dice Salman Rushie

“Creo que ha llegado el momento de que intentemos vivir nuestras vidas sin los beneficios que nos prometen los dioses si los seguimos, o si seguimos a quienes dicen hablar en su nombre”, afirma Salman Rushdie en una entrevista que hoy publica El Correo y firma César Coca. El novelista angloindio, condenado a muerte durante diaños por el fundamentalismo islámico, reconoce el carácter terapéutico de la religión para aquéllos que necesitan de una mano que les guíe en tiempos de incertidumbre, pero cree que nos iría mejor sin ella, si el ser humano fuera lo suficientemente adulto como para independizarse de las divinidades. “A mí me gustaría que los dioses me dejaran en paz”, confiesa en una entrevista repleta de reflexiones interesantes, una de esas conversaciones a las cuales a uno le hubiera gustado asistir, aunque fuera como convidado de piedra. En un momento en el que el periodismo serio es cada vez más frívolo, presta cada vez más atención a personajes y hechos que nunca debían haber merecido una línea, como si quisiera desprenderse del público inteligente, leer diálogos como el de Salman Rushdie y César Coca es un lujo y un motivo para mantener la esperanza en esta bendita profesión.

Ya no habrá que marcar el ‘número de la Bestia’ para llamar a Reeves

Reeves, un pueblo de Louisiana (EE UU) de sólo 209 habitantes, se despedirá el martes del 666, su prefijo telefónico desde hace 40 años. El nuevo será el 749. El cambio es consecuencia de la presión de los vecinos cristianos molestos porque los tres primeros dígitos de sus teléfonos correspondan al bíblico número de la Bestia, identificada por ellos con Satanás. El alcalde de Reeves, Scott Walker, ha dicho que el cambio revela que su pueblo es “una comunidad muy, muy religiosa”. Más acertado hubiera sido decir que se trata de un pueblo muy, muy supersticioso y muy, muy analfabeto. Porque, además de que creer en números malditos es algo bastante tonto, el 666 bíblico no se refiere al Diablo. “¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666″, dice el versículo 18 del capítulo 13 del Apocalipsis. Según los estudiosos de la Biblia, el autor quiso con el triple 666 que sus lectores identificaran al enemigo, pero que éste no se diera cuenta y no tomara represalias porque era el emperador romano Domiciano.