Fundamentalismo

Richard Dawkins y el populismo, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre Richard Dawkins y el populismo, en la decimoséptima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

“Me preocupa la tendencia siniestra hacia el populismo ignorante y fanático”, dice Richard Dawkins

Richard Dawkins, en la Conferencia de Ateos Estadounidenses de 2008. Foto: Mike Cornwell.“En Bruselas, el corazón de la Europa ilustrada, me avergüenzo de ser inglés después de la catástrofe del Brexit“, dijo el biólogo y divulgador científico Richard Dawkins (Nairobi, 1941) hace unas semanas en la biblioteca del Parlamento Europeo. Azote de la religión desde la publicación de su libro El espejismo de Dios (2006) -traducido a 35 idiomas y del que se han vendido más de 3 millones de ejemplares-, visitó la capital belga para intervenir en Euromind, un foro sobre ciencia y humanismo creado por la europarlamentaria Teresa Giménez Barbat. “Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo”, ha escrito este científico educado en la fe anglicana que recuerda que “todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la Humanidad ha creído alguna vez. Algunos simplemente vamos un dios más allá”.

Dawkins tiene una extraordinaria capacidad para contagiar su pasión por la ciencia a través de sus libros, vídeos y conferencias, y aborrece las respuestas falsas a la curiosidad humana. Por eso lucha desde hace décadas contra la pseudociencia y la superstición, como en su día hicieron su admirado Carl Sagan -de cuya muerte acaban de cumplirse 20 años-, Isaac Asimov y Martin Gardner, miembros como él del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), una organización que promueve el pensamiento crítico. La Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia, que nació en 2006, acaba de fusionarse con el Centro para la Investigación (CfI), del que depende el CSI y que promueve “la ciencia, la razón, la libertad de investigación y los valores humanistas”. “No saber es bueno; es algo con lo que podemos trabajar”, dice el biólogo en alusión al objetivo último de la ciencia: explicar la realidad. Recuperado de un ictus que sufrió en febrero en su casa de Oxford y recientemente separado de su tercera esposa, el pensador inglés habla en esta entrevista de algunos de los temas que más le preocupan.

– ¿Las victorias del Brexit y de Donald Trump son accidentales o nos indican por dónde van a ir las cosas en el futuro?

– Son representativas de una tendencia siniestra, que me preocupa, hacia el populismo y la desconfianza en los expertos. Uno de los líderes del Brexit, Michael Gove, dijo a la gente: “No confíen en los expertos; ustedes son los expertos”. No es así. El pueblo británico no es experto. Y en Estados Unidos ha pasado lo mismo. Me preocupa esta tendencia siniestra hacia el populismo ignorante y fanático, un problema que espero que sea temporal.

– Pero puede extenderse a otros países europeos.

– Sí. A Francia, Holanda… Espero que no pase.

– Al día siguiente del referéndum sobre el Brexit y de las elecciones estadounidenses, muchos no nos podíamos creer los resultados.

– Yo tampoco.

– Es increíble que EE UU vaya  a ser gobernado por antievolucionistas, negacionistas del cambio climático y supremacistas blancos.

– Sí. Trump parece ser tan voluble que no es posible saber hacia dónde va a saltar. Lo veo como una especie de delincuente juvenil, un narcisista irresponsable, una broma como presidente… No es posible saber qué políticas va a seguir. Puede cambiar de opinión en cualquier momento.

– ¿No está perdiendo la razón demasiado terreno en Occidente?

– Creo que es algo temporal. Hay que mirar al largo plazo, en el que nos movemos en la dirección correcta, aunque ahora hayamos dado  un paso en la errónea. El problema del cambio climático es especialmente preocupante porque es a largo plazo y podría ser muy tarde cuando se corrigieran las cosas. En Estados Unidos, el otro problema a largo plazo es el Tribunal Supremo porque sus miembros no se jubilan y, por eso, cubrir una vacante (algo que Trump tiene ahora en sus manos) tendrá efectos durante muchos años.

La pseudociencia

– ¿Cómo explica que ahora que disfrutamos de más esperanza de vida que nunca gracias a la ciencia y la tecnología haya mucha gente en las sociedades desarrolladas que confíe en la medicinas alternativa y los remedios mágicos?

– Entiendo su preocupación, pero no soy psicólogo ni sociólogo, ni soy un experto en por qué la gente cree en disparates.

– ¿Qué le parece que la legislación europea permita que los productos homeopáticos se vendan como medicamentos sin tener que demostrar que curan nada?

– Los fármacos de verdad tienen que demostrar que funcionan, deben someterse a rigurosos test antes de recibir el visto bueno de las agencias nacionales de medicamentos, mientras que la medicina alternativa no tiene que hacerlo. Es evidente la doble vara de medir. Los efectos de la homeopatía y otras prácticas similares pueden explicarse por el placebo. Además, los médicos de verdad están sobrecargados de trabajo, deben atender a un paciente cada pocos minutos y carecen de tiempo para sentarse con él y decirle cosas reconfortantes, como hacen los homeópatas.

Las tres sociedades científicas de farmacéuticos españolas han reconocido hace poco que la homeopatía no funciona. ¿La comunidad científica no tarda demasiado en reaccionar ante la anticiencia?

– Sí. En el caso de los productos homeopáticos, no es que no funcionen, es que no pueden funcionar porque no tienen nada. La única posibilidad de que funcionaran sería que el agua tuviera memoria, algo que es un disparate y nadie ha demostrado. Si alguien lo demostrara, ganaría el premio Nobel de Física.

– Pero sería muy, muy peligroso que el agua tuviera memoria, ¿no?

– Jajajaja… Sí. Este vaso de agua -dice apuntando el que tiene en la mesa- contiene al menos una molécula que pasó a través de la vejiga de Julio César o de Oliver Cromwell.

– Divulgadores como Carl Sagan, Martin Gardner y usted han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a la lucha contra la pseudociencia. Alguien puede pensar que no hay nada malo en creer en el espiritismo, los platillos volantes y los poderes paranormales.

– Algunas personas han destacado que creer en esas cosas puede tener efectos perjudiciales directos. Yo soy más partidario de la aproximación al problema de Carl Sagan: esa gente se está perdiendo muchas cosas porque la realidad es tan maravillosa y fascinante que creer en tonterías resulta empobrecedor. Como educador, creo que es terrible que haya gente que malgaste su tiempo así cuando podría estar estudiando ciencia de verdad.

– ¿Explicar por qué creemos en cosas increíbles sirve para saber más sobre nosotros mismos?

– Supongo que sí. No soy psicólogo, pero me gustaría saber por qué a la gente le seducen esas cosas. La respuesta podría estar en la educación. Necesitamos más educación.

 Ariane Sherine, creadora de la campaña del autobús ateo, con Richard Dawkins en su lanzamiento en Londres en 2009. Foto: Zoe Margolis.

Ciencia y religión

– Usted considera que ciencia y religión no pueden ser compatibles.

– Muchos científicos piensan que sí. Yo no. Es importante distinguir entre creencias evidentemente ridículas como el creacionismo, en las que podemos ver una incompatibilidad clara, y la incompatibilidad más sutil que para mí existe entre la ciencia y la religión más respetable. Hasta cuando no se trata de un creacionismo ingenuo, cuando la creencia es solo en un dios que creó el Universo, hay incompatibilidad.

– Hay quien cree en un dios que puso en marcha el Universo y no hizo nada más. Ese dios no explica nada, ¿no?

– No, no es necesario. La evolución explica cómo la ilusión compleja de un diseño es producto de mecanismos naturales. El darwinismo explica la vida, que es el gran ejemplo de ilusión compleja de diseño. Llevarse al creador al origen del Universo no solo resulta innecesario, sino que además socava la tarea científica, cuyo objetivo es explicar cómo se produce la ilusión de diseño.

– Si hay un dios, no hay por qué buscar explicaciones a nada.

– Exactamente.

– ¿Cree que todo en la realidad se va a poder explicar desde un punto de vista naturalista, científico?

– No lo sé. Es una pregunta abierta. Puede haber preguntas que nunca podamos responder. Lo que sí podemos decir es que, si hay algo que la ciencia no puede explicar, no se podrá explicar de otro modo. Es totalmente ilógico pensar que, si la ciencia no puede explicar algo, lo podrá explicar la religión. Yo creo que algún día la física lo explicará todo, pero, incluso si no lo hace, la religión nunca lo hará.

– ¿La religión es siempre el camino equivocado para explicar las cosas?

– Sí.

– Europa es un crisol de gente de diferentes orígenes, culturas y creencias. ¿Cómo puede protegerse frente a los fundamentalismos sin violar los principios de igualdad y libertad que están en su esencia?

– En general, somos personas buenas y tolerantes que no quieren ser elitistas. ¿Cómo podemos protegernos de la locura sin convertirnos en exclusivistas y elitistas? Yo he empezado a pensar que no me importa que me llamen elitista. La gente necesita educación.

– Con gente mejor educada, ¿Trump no sería presidente y el Brexit habría fracasado?

– Sí.

– Si un fundamentalista musulmán potencialmente peligroso estuviera a las puertas de Europa, ¿deberíamos dejarle entrar?

– Somos personas buenas y tolerantes; no debemos discriminar a nadie por su credo. Para mí es importante distinguir entre los musulmanes, la mayoría buenas personas, y el islam en sí, que creo que es una doctrina perniciosa y malvada.

– ¿Y el cristianismo?

– También, pero menos peligrosa.

– Incluso en Occidente, ser ateo en Europa no es lo mismo que serlo en EE UU. ¿Veremos pronto a un ateo en la Casa Blanca?

– Hoy es algo imposible. Ningún miembro del Congreso de EE UU, y son 535, admite abiertamente ser ateo, cuando obviamente muchos lo son. En este sentido, las estadísticas en EE UU se están moviendo en la dirección correcta. Más del 20% de la población no abraza ninguna religión. Eso no significa que todos sean ateos, pero muchos lo son. Sospecho que puede haber habido ya un presidente ateo en EE UU, pero no lo ha podido admitir. Creo que eso llegará, pero ahora es imposible. En EE UU mi fundación apoya una campaña, llamada Abiertamente laico, para animar a los no creyentes a que salgan del armario y se muestren públicamente orgullosos de su ateísmo con el objetivo de que eso lleve a otros -especialmente, a los políticos- a seguir sus pasos.

– Ahora mismo, ¿es más fácil en EE UU ser un homosexual declarado que un ateo declarado?

– Sí, lo es.

Si existen, los extraterrestres irán al Infierno, dice el fundamentalista cristiano Ken Ham

Cabecera del blog de Ken Ham.

Estamos perdiendo el tiempo buscando extraterrestres. No existen y, si existieran, estarían condenados al Infierno. Lo dice Ken Ham, presidente de Respuestas en el Génesis, el ministerio fundamentalista que gestiona el Museo de la Creación de Petersburg (Kentucky). Nacido en Australia como Kenneth Alfred Ham en 1951, es un creacionista de la Tierra joven: cree que el Universo tiene 6.000 años -tal como estableció el arzobispo irlandés James Ussher en el siglo XVII a partir de la Biblia-, fecha el Diluvio Universal hace unos 4.500 años, está convencido de que el Hombre convivió con los dinosaurios y pone en duda todos los sistemas científicos de datación, así como las bases de la biología. Al parecer, su dios pierde parte de su infinito tiempo sembrando el Cosmos de pruebas falsas que apunten a que el Universo es mucho más antiguo de lo que en realidad es.

Con estos antecedentes, que Ham diga tonterías es lo previsible. Aún así, lo que escribió el 20 de julio en su blog Around the world with Ken Ham es tan gracioso que no puedo resistirme a comentarlo. Aunque admite que la Biblia no se pronuncia sobre la existencia de plantas o animales fuera de la Tierra, él está convencido de que no existen. La razón es muy simple: “La Tierra fue creada para el ser humano”. Además, no puede haber seres inteligentes por ahí fuera porque “la Biblia deja claro que el pecado de Adán afecta a todo el Universo. Eso significa que los extraterrestres también resultarían afectados por el pecado de Adán, pero, como no serían descendientes de Adán, no habría salvación para ellos”. Vamos, que les esperarían las llamas del Infierno. “¡Jesús no fue el Klingon Dios o el Marciano Dios! Sólo los descendientes de Adán pueden salvarse”, sentencia.

“La Biblia, en contraste con la visión laica del mundo, enseña que la Tierra fue creada especialmente, que es única y el centro de la atención de Dios (Isaías 66, 1 y Salmos 115, 16). La vida no evolucionó, sino que fue creada especialmente por Dios, como claramente enseña el Génesis. Los cristianos no deberían esperar que la vida extraterrestre existiera”, dice en “We’ll find a new Earth within 20 years”, donde toma como pretexto de sus delirios la esperanza de los científicos de contar en los próximos años con tecnología que permita descubrir otras Tierras. “¡Los laicistas están desesperados por encontrar vida en el espacio exterior, ya que creen que proporcionaría evidencia de que la vida puede evolucionar en diferentes lugares y dadas las condiciones adecuadas! ¡La búsqueda de vida extraterrestre está realmente impulsada por la rebelión del hombre contra Dios, en un intento desesperado por demostrar la evolución!”, advierte un Ham tan confundido como siempre. Porque la teoría de la evolución por selección natural  no necesita de la vida extraterrestres, ya que está más que demostrada por el registro fósil, la genética y la experimentación humana.

Hace seis años, el director del Observatorio Astronómico del Vaticano, el jesuita argentino José Gabriel Funes, aseguró que Jesús murió en la cruz en el Gólgota para redimirnos no sólo a nosotros, sino también a los “hermanos extraterrestres”. Ahora, Ken Ham dice que nones. Las pruebas de ambos en apoyo de sus tesis son igual de consistentes. Sólo espero que, si hay alienígenas ahí fuera escuchando, no se enteren de este debate. Es como para exterminarnos.

Nuestros talibanes y su casilla en el IRPF

Quieren imponer el matrimonio hasta la muerte y sólo heterosexual, por supuesto; que los fetos con malformaciones graves nazcan a toda costa, aunque sea para morir poco después o tener una vida llena de sufrimiento; y que no podamos optar por una muerte digna si así lo deseamos. El cardenal Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares y presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la CEE, Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia, y el Foro Español de la Familia (FEF) han dejado claro en los últimos días que quieren someternos a todos a leyes impuestas desde el ultracatolicismo. Son nuestros talibanes, los integristas religiosos de la España del siglo XXI. Si les dejaran, recuperarían la Inquisición y a quienes no seguimos sus dictados -ni lo haremos nunca, por mucho que les pese- nos condenarían a la hoguera o a cosas peores. Siempre, en su infinita misericordia.

Antonio María Rouco Varela, Alberto Ruiz-Gallardón y Juan Antonio Reig Pla. Fotos: Reuters y Efe.

“Es urgente la reforma de nuestra legislación sobre el matrimonio. No se trata de privar a nadie de sus derechos, ni tampoco de ninguna invasión legal del ámbito de las opciones íntimas personales. Se trata de restituir a todos los españoles el derecho de ser expresamente reconocidos por la ley como esposo o esposa”, dijo Rouco Varela hace unos días. Hay personas y partidos, como el que sustenta el Gobierno español, que se toman en serio esta estupidez cardenalicia, evidente para cualquiera con dos dedos de frente, además de ser un intento de reescribir las leyes civiles desde el púlpito. Que yo sepa, nadie ha arrebatado a los españoles “el derecho de ser expresamente reconocidos por la ley como esposo o esposa”, algo que, por cierto, si hace la Iglesia con sus curas y monjas.

Nadie obliga a nadie

Los sectores más integristas de la Iglesia católica arremeten sistemáticamente contra el matrimonio homosexual diciendo que ataca a la familia tradicional, entendida por la casada cristianamente. Lo que se ha hecho en España es reconocer el derecho del individuo a casarse con quien quiera, independientemente del sexo de los contrayentes. Nadie obliga a nadie a unirse en matrimonio con alguien del mismo sexo. Imagínense que no me gusta el té, que a otros 3 o 4 millones de españoles tampoco y que decidimos exigir al Gobierno que prohíba su venta, distribución y consumo para restituir a todos nuestros conciudadanos el derecho a beber café, por ejemplo. Estúpido, ¿verdad? Pues es lo que ha venido a decir Rouco Varela. A la Iglesia española y a sus feligreses más fanáticos no les gusta el matrimonio homosexual (el té) y, entonces, exigen que se prohíba para proteger a la familia tradicional (el café). Lo lógico es que, si no me gusta el té, yo no lo beba, pero aquél que quiera pueda seguir haciéndolo.

El argumento de que pone en peligro la familia tradicional también lo han usado la jerarquía y los ultracatólicos contra el divorcio. Ahora, el FEF quiere que se modifique el Codigo Civil para incluir dos tipos de matrimonio hechos a su medida, uno “totalmente indisoluble” y otro, “disoluble”, pero “que tenga más exigencias para hacerlo que la del divorcio exprés”. Otra vez estamos con la misma monserga: nadie obliga a nadie a divorciarse. Si el presidente del FEF, Benigno Blanco, y los suyos quieren un matrimonio indisoluble, nada les impide cumplir su sueño: que no se separen, divorcien ni, en caso de necesidad, recurran al Tribunal de la Rota para que les haga un apañito. Así de fácil. Que a ellos les parezca más humano y cristiano condenar a una pareja malavenida a convivir hasta la muerte o a una mujer maltratada a ser la esposa de su torturador hasta que la mate, es su problema. El matrimonio civil está regulado, el divorcio exprés es necesario y modificar cualquier legislación al albur de la religión -de una, de varias o de todas- es algo propio de tiranías.

Una encuesta publicada ayer por El País revela que la mayoría de los españoles respalda la actual ley del aborto, que alcanza un apoyo del 38% entre los católicos. Sin embargo, Alberto Ruiz-Gallardón ha anunciado que su ministerio está trabajando en una modificación legislativa que supondrá un retroceso a los años 70, cuando el aborto estaba al alcance sólo de quienes pudieran pagárselo fuera de nuestras frontera. El ministro de Justicia quiere acabar con los plazos, poner muchísimas trabas a las interrupciones del embarazo por daño psicológico de la madre y no permitirlas por malformaciones graves del feto, algo con lo que no están de acuerdo ni la mayoría de los votantes del PP ni la mayoría de los católicos. El 65% de los votantes populares y de los católicos españoles estaba hace menos de un año en contra de la reforma impulsada por Ruiz-Gallardón, según un sondeo de Metroscopia. En su delirio, el obispo de Alcalá de Henares ha llegado a decir que el aborto responde a una conspiración mundial para reducir la población. Lo de Reig Pla es puro folclorismo ultra, aunque su fin último sea el mismo que el de Rouco Varela, Blanco y Ruiz-Gallardón: imponer a la sociedad civil el fundamentalismo cristiano.

El dinero es lo que importa

¿Qué puede hacerse ante esta ofensiva integrista que incomoda también a muchos católicos, además de denunciarla allá donde se pueda? Dado que estamos en plena campaña del IRPF, les recuerdo que tienen en su mano no marcar la X en la casilla de asignación a la Iglesia católica en su declaración de impuestos, para que no se destine a esa confesión un 0,7% de su aportación fiscal. La financiación de la Iglesia a través de la declaración de la renta es injusta para la mayoría: otorga a esa organización un dinero que se detrae del fondo común cuando lo lógico sería que los católicos pagaran sus impuestos íntegros al Estado más un plus para su iglesia. Tal como explica la asociación Europa Laica, “el culto y el clero de cualquier organización religiosa y de las organizaciones a su servicio, deberían estar financiadas, exclusivamente y de forma voluntaria, por las personas que son fieles o se sienten atraídas por esa doctrina religiosa”.

Además, les recomiendo que tampoco pongan nada en la casilla de fines sociales porque, como indica la organización laicista, “una parte importante de la asignación a fines de interés social va a entidades de la propia Iglesia católica, recibiendo asignación por las dos casillas; porque no podemos decidir a qué organización social concreta vaya nuestro apoyo (como si ocurre con la de la Iglesia católica), hecho irregular e injusto; porque es una sutil y estudiada coartada para mantener esta forma de financiación de la Iglesia católica; y porque, en todo caso,  los fines de interés social que así se consideren no deben depender de la voluntad anual de los contribuyentes, sino de un plan de financiación estatal, adecuado y aprobado en el Parlamento y en el ámbito de las comunidades autónomas y los municipios, en su caso”.

La única opción acorde con la aconfesionalidad del Estado y la justicia social es marcar la casilla Sin asignación porque, como recuerda Europa Laica, “en este caso, la parte correspondiente de tu declaración se imputa a los Presupuestos Generales del Estado para asuntos sociales de la Administración pública. No es obligatorio marcar las casillas de la asignación tributaria”. Ya saben qué hacer si no están de acuerdo con el actual sistema de financión de las iniciativas de asistencia social y con pagar los gastos de aquéllos que pretenden que sus creencias religiosas sean ley para todos, como el jefe de la Iglesia española. Y, si desean que algún día sea real la separación entre iglesias y Estado, háganse socios de Europa Laica y trabajen por ello.

Marquen en la casilla 'Sin Asignación' de la declaración de IRPF.

El niño que ‘visitó’ el Cielo y la curandera de la Universidad de Cádiz, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de Colton Burpo, el niño que dice visitó el Cielo, y de la curandera de la Universidad de Cádiz, en la decimoséptima entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.