Fenómenos paranormales

Cierra el laboratorio de parapsicología de Princeton

Lo comentaba ayer por la noche Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, en una cena familiar. “¿Ya sabéis que se cierra el laboratorio universitario de parapsicología más importante?”, dijo. “¿El de Princeton?”, le pregunté. “Sí”, respondió. A ninguno de los comensales nos sorprendió. Y ahí quedó la cosa, porque había asuntos más interesantes de los que hablar, como la situación política internacional, la divulgación de la ciencia y los orígenes de la vida, entre otras cosas. Hoy, he recurrido a esa maravillosa herramienta que es Google News y he visto que la noticia la dio The New York Times el sábado. El laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de Princeton (PEAR) cierra sus puertas a fin de mes porque su fundador, Robert G. Jahn, asegura que, después de 28 años y más de 10 millones de dólares gastados, han hecho todo lo que podían hacer. “Si la gente no nos cree ya, después de los resultados que hemos producido, nunca nos creerá”, ha dicho el que fue decano de la Escuela de Ingenieros de Princeton.

La prestigiosa universidad no ha emitido ningún comunicado, aunque sabido es que sus gestores han vivido con sonrojo la existencia del centro desde su puesta en marcha en 1979. Algunos científicos sí han dicho, ahora y antes, lo que piensan del laboratorio parapsicológico. “Ha sido una vergüenza para la ciencia, y creo que una vergüenza para Princeton”, ha declarado Robert L. Park, físico de la Universidad de Maryland y autor del libro Ciencia o vudú (2000), a The New York Times. Los trabajos sobre la percepción extrasensorial de Jahn y su equipo no han superado en todos estos años los filtros de ninguna revista científica, nadie ha podido replicarlos y no han supuesto ningún avance en el conocimiento. Es la misma historia parapsicológica de siempre.

Einstein y la telepatía

¿Por qué Albert Einstein o Carl Jung creían en fenómenos como la telepatía, y hoy universidades tan prestigiosas como Princeton los investigan desde un punto científico?”. Me encontré está pregunta hace unos días en el dossier de prensa de 666. Todo es Infierno (Plaza & Janés), el nuevo libro de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, autores de Sindonem (2000), rebautizado después como El último secreto de Da Vinci (2004) para aprovechar el tirón de la obra de Dan Brown. La interrogante da por hecho que Einstein creía, al menos, en la telepatía. No sé si es uno de los hechos reales en los que se apoya la novela de Zurdo y Gutiérrez; lo que sé es que es falso.

La idea de que Einstein creía en la telepatía se basa en el prólogo que escribió para el libro Mental radio, de su amigo Upton Sinclair. El texto de Einstein, tomado de la obra de Martin Gardner La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso (1981), dice:

“He leído el libro de Upton Sinclair con gran interés y estoy convencido de que merece la más atenta consideración no sólo por parte de los legos, sino también de los psicólogos profesionales. Los resultados de los experimentos telepáticos minuciosa y exhaustivamente expuestos en este libro, desde luego van mucho más allá de lo que considera imaginable un investigador de la naturaleza. Por otra parte, en el caso de un observador y escritor tan meticuloso como Upton Sinclair, está absolutamente descartada la posibilidad del ejercicio de fraude consciente del mundo sometido a estudio; su buena fe y confiabilidad no admiten ninguna duda. así pues, si de alguna manera los hechos que aquí se exponen carecen de base telepática, pero tienen su origen en cierta influencia hipnótica inconsciente entre dos personas, eso también sería de un gran interés psicológico. En ningún caso, los círculos interesados en materia de psicología deben ignorar este libro.”

Esta cita suele ser usada por los partidarios de lo paranormal para destacar el apoyo de Einstein a la parapsicología. Sin embargo, ignoran otra carta posterior en la que explica por qué dice en esas líneas lo que dice. La misiva se la escribió al psicoanalista Jan Ehrenwald -que falleció el 5 de febrero-, tras haber recibido de él un ejemplar de su libro Telepathy and medical psychology (1946) para ver si se lo prologaba, está tomada de la misma obra de Gardner y dice así:

Estimado Dr. Ehrenwald:

He leído con gran interés la introducción a su libro, así como el relato de todas las experiencias desagradables que ha padecido, como tantos otros de los nuestros. me alegra mucho que haya conseguido emigrar a este país, y espero que encuentre aquí las posibilidades de realizar una labor fructífera. Hace varios años leí el libro del D. Rhine. No he conseguido encontrar explicaicón a los hechos que él enumeraba. Considero muy extraño que la distancia espacial entre dos sujetos (telepáticos) carezca de relevancia de cara al éxito de los experimentos estadísticos. Esto me sugiere un indicio muy firme de la posibilidad de implicación de una fuente nol identificada de errores sistemáticos.

Elaboré la introducción al libro de Upton Sinclair debido a mi amistad personal con el autor, y lo hice sin revelar mi falta de convicción, pero también sin ser deshonesto. Admito francamente mi escepticismo con respecto a todas estas creencias y teorías, escepticismo que no es producto de un conocimiento adecuado de los hechos experimentales relevantes, sino más bien de toda una vida dedicada a la física. Más aún, debo admitir que jamás he tenido una experiencia que arroje luz alguna sobre la posibilidad de comunicación entre dos seres humanos que no estuviera basada en procesos mentales normales. Me gustaría añadir que, dado que el público tiende a conceder más peso a mis afirmaciones de lo que está justificado, debido a mi ignorancia en tantas y tantas áreas de conocimiento, me siento en la necesidad de prácticar la máxima cautela y limitación en el campo que nos ocupa. Sin embargo, me alegraría mucho recibir un ejemplar de su publicación.

Un amistoso saludo,

Albert Einstein

Einstein lo deja claro: “Admito francamente mi escepticismo con respecto a todas estas creencias y teorías, escepticismo que nos es producto de un conocimiento adecuado de los hechos experimentales relevantes, sino más bien de toda una vida dedicada a la física”. En otra carta posterior, del 8 de julio, explica que ha leído el libro de Ehrenwald “con gran interés” y que no puede llegar, como lego, a ninguna posición respecto al tema. Reconoce que negar a priori la telepatía no sería lógico, pero añade que sigue encontrando “sospechoso” que los efectos de los poderes paranormales no disminuyan con la distancia. Al final, rehúsa escribir el prólogo porque no se siente “lo suficientemente competente para hacerlo”. No sé a ustedes, pero a mí la publicidad del nuevo libro de Zurdo y Gutiérrez me parece en lo que se refiere a Einstein, como poco, engañosa.

¿Uri Geller? No, Juan Soler, el terror de las cuberterías

Juan Soler dobla una cuchara con el poder de la mente. Foto: L.A. Gámez.No es Uri Geller, a pesar de que las cucharas se doblan entre sus dedos como entre los del autoproclamado psíquico israelí. Ayer, en una restaurante de Bilbao, volvió a hacerlo y a asombrarnos a quienes compartíamos mesa con él. Juan Soler, maquinista de Renfe y uno de los veteranos del escepticismo científico español, sacó a los postres un estuche de cubiertos y se puso a doblarlos. No había crédulos entre los comensales. Allí estaban Fernando L. Frías, Mauricio-José Schwarz, Marta Menéndez, Lola Cárdenas y Pedro Gimeno, además de una nutrida representación de escépticos vascos.

Todo comenzó cuando Gabriel Naranjo, compadre de Soler y buen amigo de quien escribe estas líneas, rompió una cuchara después de los típicos pases mágicos. La cazoleta cayó ruidosamente sobre la mesa y empezó el espectáculo. Soler tomó el relevo y demostró, durante más de media hora, cómo con habilidad puede hacerse creer a la gente que existen los poderes paranormales. Hizo lo mismo por lo que es famoso Uri Geller desde que abandonó los cabarés de Israel en años 70 para embaucar a periodistas incautos de todo el mundo, aunque no al estadounidense Johnny Carson, ilusionista aficionado. Y es que los que desde el principio le fallaron a Geller fueron los magos, que en seguida se dieron cuenta de que estaban ante uno de los suyos que vendía como poderes mentales trucos de ilusionismo.

Soler tiene un repertorio de doblacucharas que amplía de representación en representación. Lo que vimos ayer en Bilbao miembros y simpatizantes del Círculo Escéptico, como cierre de la primera asamblea anual de la asociación, es un show mucho más completo y trabajado que el de hace años. Es un espectáculo que atrapa a quienes lo ven, como ocurrió con el jefe de sala del restaurante, para quien Soler tuvo que hacer una demostración en exclusiva antes de que abandonáramos el local. Si alguna vez tienen a un mago profesional o aficionado a tiro, no desperdicien la oportunidad: pídanle que duplique las habilidades de Uri Geller. La ilusión persistirá; pero no habrá poderes paranormales de por medio. Como no los hay en nada de lo que hacen el israelí y sus imitadores.

Adiós al fantasma de Catalina Howard

¿FENÓMENOS EXTRAÑOS? El psicólogo Richard Wiseman pasea, alumbrado por una vela, por las criptas de South Bridge, en Edimburgo. Foto: Richard Wiseman.

Cuenta la leyenda que un día, mientras Enrique VIII asistía a misa en el palacio de Hampton Court, su quinta esposa, Catalina Howard, logró escapar de sus aposentos, donde había sido encerrada hasta que el rey, quien la acusaba de adulterio, decidiera su destino. La joven llegó a la carrera hasta la puerta de la capilla; pero no tuvo oportunidad de pedir clemencia al monarca. Los guardias la detuvieron y la arrastraron de vuelta a sus dependencias mientras imploraba a gritos el perdón de su marido. Fue decapitada el 13 de febrero de 1542 y reemplazada en el lecho de Enrique VIII por Catalina Parr. Sin embargo, para muchos, Catalina Howard nunca abandonó Hampton Court.

Desde que en 1870 la reina Victoria abrió el palacio al público, el pasillo por el que fue arrastrada la joven ha sido escenario de fenómenos extraños, hasta tal punto que es conocido como la Galería Encantada. Ya a principios del siglo XX, el pasaje “había sido asociado a experiencias inusuales que incluían visiones de ‘una mujer vestida de blanco’ y alaridos inexplicables”, indican Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, y sus colaboradores en el último número del British Journal of Psychology. Diecisiete páginas dedica la revista de la Sociedad Británica de Psicología a “Una investigación sobre supuestos lugares encantados” hecha por cinco psicólogos en el palacio de Hampton Court, en Surrey, y en las criptas de South Bridge, uno de los principales lugares encantados de Edimburgo.

Espectros, a escena

Wiseman y sus colegas firman el primer estudio científicamente controlado sobre actividad fantasmal. Querían averiguar por qué quienes dicen haber vivido experiencias extrañas las localizan en las zonas tradicionalmente consideradas encantadas, y no en otras, de ciertos edificios: si se debe a que saben con anterioridad de la existencia de esos lugares especiales o si hay algo más. Lo que han descubierto es que hay algo más. “Aunque no podemos descartar la influencia de las expectativas y creencias en lo paranormal a la hora de explicar los fenómenos, los resultados indican que el conocimiento previo no justifica la concentración de experiencias en determinados puntos”.

Tanto en el palacio como en las criptas, un guarda identificó las zonas encantadas antes de las pruebas, aunque no informó de su situación a los experimentadores hasta después de la recogida de datos. Es lo que se llama procedimiento de doble ciego: ni el investigador ni el sujeto objeto de estudio conocen aspectos del experimento que podrían influir en los resultados. Además, los investigadores entrevistaron previamente a los voluntarios para saber qué conocimiento tenían de las zonas encantadas de los inmuebles.

Los 462 participantes en el experimento en Hampton Court, elegidos entre quienes habían visitado el palacio en mayo y junio de 2000, recorrieron la Galería Encantada y las Habitaciones Jorgianas. 215 individuos vivieron al menos una experiencia extraña en el palacio, donde la media de apariciones fantasmales por cada uno que notó algo raro fue de dos. Dos terceras partes de las vivencias correspondieron a cambios en la temperatura ambiental; el resto, a una mezla de mareos, dolores de cabeza, olores asquerosos, dificultad para respirar… Los autores consideran “sorprendente que tantos participantes vivieran sucesos extraños”, cuando las pruebas se hicieron con las dependencias bien iluminadas y llenas de ruidosos turistas. Un 13,9% de los sujetos que percibió algo raro creía que se trataba de fantasmas, un 48,8% estaba convencido de que no era algo paranormal y un 37,2% no sabía qué decir.

Cada uno de los 218 sujetos que participó en el experimento en las criptas de South Bridge -donde se dice que hay un espíritu que empuja a la gente y susurra obscenidades- pasó diez minutos en una cámara. Después, los investigadores fueron informados de 172 experiencias extrañas, vividas por 95 individuos en unas dependencias silenciosas, húmedas y tenuemente iluminadas. Al igual que en el palacio de Enrique VIII, la mayoría consistió en cambios de temperatura; pero muchos también escucharon ruidos, tuvieron la sensación de ser observados… El 3,3% se mostró convencido de que había espectros de por medio, el 58% dijo que no y el 43,3% no se pronunció.

Los resultados de los dos experimentos “son coherentes, con alrededor del 45% de los participantes en cada uno de ellos que ha informado de, al menos, una experiencia inusual”, dicen los psicólogos, quienes añaden que “algunas de las vivencias resultaron tan impactantes para los sujetos que las han interpretado como originadas por fantasmas”. Los fenómenos denunciados fueron del mismo tipo que los que históricamente se habían registrado en los inmuebles.

El ‘más acá’

En Hampton Court, los participantes vivieron “un número desproporcionadamente mayor de experiencias extrañas en las zonas encantadas” que en aquellas clasificadas como normales y, en las criptas de la capital escocesa, se dio una “importante correlación” entre las cámaras fantasmales y los fenómenos inusuales. Los resultados demuestran, además, que la idea de que la gente ve y siente cosas raras en determinadas zonas de algunos edificios porque sabe que se trata de sitios ‘encantado carece de fundamento.

¿A qué se debe entonces la actividad fantasmal en ciertos lugares? ¿A almas en pena? Los psicólogos británicos no se limitaron a recopilar los testimonios de los participantes: también midieron una serie de factores ambientales, de algunos de los cuales los testigos no llegan a ser conscientes. Así, en el palacio de Hampton Court, descubrieron que los fenómenos extraños se concentran en zonas donde hay pequeñas variaciones del campo magnético, mientras que en las criptas se da una correlación entre cambios de iluminación y vivencias paranormales.

“Estos hallazgos indican claramente que los supuestos lugares encantados no son en sí una prueba de actividad fantasmal, sino más bien de la respuesta de las personas a factores ambientales normales“, concluye Richard Wiseman. El psicólogo, quien no cree en los espíritus, quiere ahora construir la primera casa encantada de la historia -con variaciones de iluminación, temperatura y campo magnético controladas- para saber cómo se crean los fantasmas.


Un ‘broker’, un adivino y una niña de 4 años juegan a la bolsa

Tia Laverne Roberts tenía cuatro años cuando demostró que, para inversiones a corto plazo, es mejor seguir el consejo de un niño que el de un analista bursátil o un adivino. El experimento, diseñado por Richard Wiseman, se hizo en Londres en marzo de 2001. La niña, el broker Mark Goodson y la astróloga Christeen Skinner recibieron, cada uno, 5.000 libras virtuales para invertir en acciones del FTSE 100, el índice que reúne a las cien compañías más fuertes del parqué londinense. Tenían una semana para incrementar su capital.

Tia Laverne Roberts, con 'The Financial Times'. Foto: Richard Wiseman.La astróloga eligió los títulos orientada por las estrellas, el experto financiero se guió por su olfato y, en el caso de la niña, lanzaron al aire billetes de dinero de juguete con los nombres de las compañías y ella “agarró cuatro”, explica Wiseman. A media semana, cambiaron las composiciones de las carteras de acuerdo con los mismos criterios. Al final, Tía había acumulado pérdidas por 231 libras; el analista, por 360; y la adivina, por 498. Quedó claro que, a corto plazo, la bolsa es un juego de azar y que el dictamen de los astros deja mucho que desear.

Meses antes, en diciembre de 2000, Wiseman había organizado la última prueba telepática del siglo XX. Participaron diez supuestos dotados de percepción extrasensorial a los que decenas de personas intentaron transmitir mentalmente determinadas imágenes. Todo ello controlado por el psicólogo para evitar trampas. El resultado fue el mismo que en otros experimentos científicos realizados sobre adivinación, movimiento de objetos a distancia y otros poderes paranormales. De las diez intentonas, sólo en dos los presuntos telépatas identificaron la imagen recibida con la emitida, al seleccionarla de entre cuatro posibles. Era lo esperado por azar, para tranquilidad de las compañías de telecomunicaciones y frustración de los parapsicólogos.


Experimentos ‘fantasmales’

Objetivo: Estudiar los mecanismos psicológicos por los que personas creíbles viven aparentes experiencias fantasmales en algunos sitios.

Participantes: 896, de los que se descartó a 216 en la selección.

Lugares: El palacio de Hampton Court (462 personas) y las criptas de South Bridge (218), considerados dos de los sitios del Reino Unido con mayor actividad fantasmal.

Fenómenos registrados: 431 en el palacio y 172 en las criptas.

Localización: Se dieron en mayor proporción en las zonas encantadas. No influyó el conocimiento previo de la existencia de esas áreas.

Explicación: Las zonas encantadas se corresponden con puntos en los que hay variaciones en factores medioambientales (iluminación, temperatura, campo magnético…).

Publicado originalmente en el diario El Correo.