Fenómenos paranormales

Los orígenes del espiritismo, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos ayer en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de los orígenes del espiritismo y de Anne Germain, en la segunda de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

El espiritismo nació como una broma infantil del 1 de abril

El herrero John Fox, su esposa Margaret y sus dos hijas pequeñas, Kate y Maggie, de 11 y 14 años, se mudaron a Hydesville, un pueblo próximo a Rochester (Nueva York, Estados Unidos), a mediados de diciembre 1847. Tres meses después, se empezaron a escuchar extraños golpes en la habitación donde dormían todos, la pareja buscó su origen por la casa y no encontró nada.

“El 30 de marzo nos molestaron toda la noche. Los ruidos se oían en toda la casa. Mi marido salió del cuarto y se puso al otro lado de la puertas mientras que yo me quedaba dentro, y los golpes se produjeron en la puerta que había entre nosotros. Oímos pasos en la despensa y bajando las escaleras. No podíamos descansar y llegué a la conclusión de que la casa estaba encantada por algún espíritu infeliz e inquieto. Había oído hablar muchas veces de esas cosas, pero nunca había visto nada parecido”, escribió días después la mujer en una declaración.

Al día siguiente, 31 de marzo, decidieron acostarse pronto con la intención de ignorar los ruidos y descansar. John Fox no estaba todavía en el cuarto cuando comenzaron los golpes. Las pequeñas, según su madre, “trataban de hacer ruidos similares con los dedos”. “Mi hija menor, Kate, dijo mientras daba palmadas: «Señor Splitfoot [nombre coloquial dado al Diablo], haz lo que haga». El sonido inmediatamente le respondió con el mismo número de golpes. Cuando se detuvo, el sonido cesó por un corto espacio de tiempo y, entonces, Margaretta dijo dando palmadas: «Ahora, como hago yo. Cuenta uno, dos, tres, cuatro». Y los golpes volvieron a sonar como antes. [A Maggie] Le daba miedo repetirlo. Kate dijo entonces en su simplicidad infantil: «¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day (el Día de los Inocentes anglosajón, que se celebra el 1 de abril) y alguien intenta tomarnos el pelo»”.

Los espíritus, puestos a prueba

Maggie, Kate y Leah, las hermanas Fox.Margaret Fox no creyó a su hija de 11 años y se le ocurrió un modo de “poner una prueba” el origen de los golpes. “Le pregunté al ruido las edades de mis hijos, sucesivamente. Al instante, me dio cada una de las edades de mis hijos correctamente, haciendo una pausa entre cada uno de ellos el tiempo suficiente para individualizar hasta el séptimo, cuando hizo una pausa más larga y luego dio tres más golpes contundentes correspondientes a la edad del pequeño que murió, mi hijo menor”. Y Margaret preguntó: “¿Es un ser humano el que responde a mis preguntas tan correctamente?” Al no recibir ninguna respuesta, lanzó la siguiente pregunta: “¿Eres un espíritu? Si lo eres, da dos golpes”. Y se escucharon dos golpes.

Así nació el espiritismo. Poco después, los Fox idearon un sencillo sistema de comunicación: tres golpes significaban ; uno, no. Y, más tarde, uno de los hijos mayores, David, ideó un método que permitía a los espíritus construir frases: recitaba el alfabeto y pedía que se señalara con un golpe la letra apropiada. Fue así como desde el Más Allá indicaron a las pequeñas Kate y Maggie que debían dedicarse a la mediumnidad. Lo hicieron, ganaron muchísimo dinero y crearon escuela. Todos los médiums, desde el más humilde hasta John Edward y Anne Germain, se aprovechan del dolor ajeno y del miedo a la muerte para timar a incautos, tal como hacían las hermanas Fox, la fundadoras del espiritismo, ya en el siglo XIX.

Desde el principio hubo quien sospechó que todo era un engaño y, al final, así lo reconoció Maggie en la Academia de Música de Nueva York el 21 de octubre de 1888. “Estoy aquí esta noche, como una de las fundadoras del espiritismo, para denunciarlo como un fraude de principio a fin, como la más enfermiza de las supersticiones y la blasfemia más malvada que ha conocido el mundo”, dijo en un repleto auditorio antes de hacer una demostración pública de sus trucos, el primero de los cuales era hacer crujir los huesos de los dedos de los pies. “Queríamos aterrorizar a nuestra querida madre, que era una mujer muy buena y muy impresionable”, añadió. Kate lo había advertido. “¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day y alguien intenta tomarnos el pelo”, había dicho a su madre la noche que nació el espiritismo. La mujer no le creyó y una broma infantil dio lugar a uno de los grandes negocios del engaño, el de la comunicación con los muertos.

La mancha milagrosa de Joe Montana

Las andanzas de un seguidor de los San Francisco 49ers tras mancharse la camiseta de su equipo con tomate mientras come patatas fritas viendo la tele protagonizaron uno de los mejores anuncios de la pasada final de la Super Bowl, jugada el 4 de febrero. En un minuto, el fanático identifica en el lamparón al quarterback Joe Montana, los medios difunden la noticia y medio mundo acaba peregrinando a la casa hasta que su esposa lava la camiseta a propósito porque es seguidora del equipo rival, los Baltimore Ravens, que en el mundo real acabaron ganando el partido. Es un anuncio del detergente Tide, para el cual “ninguna mancha es sagrada”.

Mientras tanto, en España, la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda inauguraban seis días después un museo para mayor gloria de uno de los grandes timos de la parapsicología mundial, el de las caras de Bélmez, que empezaron en 1971 siendo manchas de grasa como la del anuncio de Tide. El presidente de la Diputación de Jaén, el socialista Francisco Reyes, dijo en la apertura del centro que las caras de Bélmez son “el mayor fenómeno paranormal del siglo XX”. Sí, equiparable a la visión de Joe Montana en una mancha de tomate. La del museo de Bélmez sería una historia divertida si Reyes y el alcalde de la localidad, el también socialista Pedro Justicia, no hubieran gastado 850.000 euros de dinero público -parte procedente de la UE- en ese insulto a la inteligencia.

Bélmez de la Moraleda es ya nuestro Montanaland, un motivo más de vergüenza nacional y una prueba más de la mala gestión del dinero de todos.

Las caras de Bélmez ya tienen museo: dinero de la UE para fomentar la incultura y la superstición

El alcalde socialista de Bélmez de la Moraleda, Pedro Justicia, y el presidente de la Diputación de Jaén, el también socialista Francisco Reyes, han inaugurado hoy un centro de interpretación de las caras de Bélmez, el fraude más cutre de la historia de la parapsicología española. “No podemos separar la historia de este municipio de este suceso que ha atraído a esta tierra a una gran cantidad de interesados y curiosos que, además, siguen llegando cuarenta años después”, ha dicho Reyes e informa la institución que preside. Como si el vínculo de la localidad jienense al fraude de las caras de cemento fuera algo de lo que enorgullecerse.

'La Pava'.El enigma de las caras de Bélmez nació cuando una vecina de la localidad, María Gómez Cámara, creyó ver un rostro en una mancha de grasa en el suelo de su cocina el 23 de agosto de 1971. Poco días después, la casa era ya un centro de peregrinación al que la gente iba a ver una cara, conocida como La Pava. Y la familia de Gómez Cámara rentabilizó de inmediato el fenómeno: empezó a cobrar la voluntad por la entrada a la cocina y 10 pesetas por cada foto del enigmático rostro. En enero siguiente, llegó Antonio Casado, del diario Pueblo, y tras él muchos otros periodistas, parapsicólogos y todo tipo de chiflados que convirtieron el pueblo un circo paranormal.

Para febrero de 1972, Juan Pereira, el marido de María Gómez Cámara, y un fotógrafo local ya habían vendido 10.000 imágenes de La Pava, según datos publicados por el diario El Alcázar y recogidos por Manuel Martín Serrano en su libro Sociología del milagro. Las caras de Bélmez (1972). Un mes después, la revista Lecturas cifraba los ingresos de la familia en más de 250.000 pesetas. Súmese a eso el dinero que dejaban los visitantes en los comercios locales y se entenderá por qué este fenómeno fue una bendición para un pueblo de unos 2.200 habitantes.

La mancha de grasa inicial fue una pareidolia: María Gómez Cámara creyó ver en el cemento una cara como podemos verla en una mesa de mármol o en las nubes. Luego, se le sumaron con el tiempo otras manchas retocadas o directamente pintadas para seguir con el negocio. Pura picaresca. Muchos años después de que el fenómeno cayera en el olvido como el fraude que era, Iker Jiménez y Lorenzo Fernández lo resucitaron en septiembre de 1997 en la revista Enigmas (Año III, Nº 6), dirigida por Fernando Jiménez del Oso. “Las caras de Bélmez son auténticas”, sentenciaban.

“Misterio ridículo”

“Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo). Sin Emilio Romero, ahora no estaríamos hablando de este asunto”, declaraba hace unos años Ramos Perera, en la época presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, a Javier Cavanilles y Franciso Máñez,  autores de Los caras de Bélmez (Ediciones Redactors i Editors). Demuestran en ese libro que, “en el fondo, de lo que estamos hablando en Bélmez es de un intento de aprovechar unas manchas en el suelo para hacer caja”. “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco”, me decía Cavanilles en 2007. “Es una típica trola de colegio”, remachaba Máñez.

A ese burdo misterio del Tardofranquismo y la España más analfabeta, la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda le han levantado un museo con más de medio millón de euros de fondos europeos. Una vergüenza. Como decía Juan Antonio Aguilera, bioquímico y compañero del Círculo Escéptico, hace dos años en una carta publicada en el diario Ideal, que las instalaciones ocupen en lugar donde en su día hubo una escuela “tiene enjundia simbólica: se sustituye la honesta promoción del conocimiento por la funesta difusión del embrutecimiento”.

Según la Diputación jienense, en el centro se “guía al visitante mediante diferentes soportes audiovisuales y gráficos a través de los acontecimientos históricos que han ido rodeando este fenómeno paranormal desde su aparición en los años 70 hasta la actualidad, mostrando documentación sobre su repercusión mediática a lo largo de los años, las publicaciones dedicadas a este hecho, así como una referencia a las diferentes teorías e hipótesis elaboradas sobre esta cuestión”. No encuentro palabras para describir lo que siento al ver el orgullo, patente en la foto, con el que los políticos citados y otras autoridades han inaugurado hoy el museo dedicado a glorificar el fraude de las caras de Bélmez. ¿Estamos en 1971 o en 2013?

Francisco Reyes, Pedro Justicia y otras autoridades, durante la inauguración del centro de interpretación de las caras de Bélmez. Foto: Diputación de Jaén

Uri Geller, el ‘skin’ Antonio Salas y la ingenuidad de Rodrigo Cortés

Rodrigo Cortés, director de 'Luces rojas'. Foto: Efe.

“Me he encontrado con gente como, por ejemplo, Uri Geller, al que en algunos casos concretos le puedes encontrar el truco y que, sin embargo, cuando le ves doblar metales, compruebas que todas las explicaciones que dan los expertos en desenmascarar este tipo de fenómenos no son válidas”, dice Rodrigo Cortés en una entrevista en Cinemanía. No sé hasta dónde alcanzan los conocimientos de ilusionismo del director de Luces rojas, película que relata el enfrentamiento entre una cazacharlatanes (Sigourney Weaver) y un dotado (Robert De Niro), pero magos como James Randi hace décadas que pusieron a Geller en su sitio. Como escribía anteayer en El Correo, ni Geller ni sus colegas han demostrado nunca sus poderes extraordinarios ante ningún ilusionista: cuando tienen un prestidigitador delante, sus milagros se desvanecen. Entonces, ¿cómo se explica la exótica conclusión de Cortés?

La respuesta está en su guía en el mundillo paranormal,  un individuo que tiene en sus altares nada menos que a Juan José Benítez y Bruno Cardeñosa, y que desde hace años intenta hacerse pasar por escéptico: Manuel Carballal, a quien Cortés considera “uno de los periodistas más conocidos del mundo del misterio, con una vocación bastante escéptica y formación en ilusionismo”. Carballal, que ha firmado sus tres libros de más éxito como Antonio Salas –Diario de un skin (2003), El año que trafiqué con mujeres (2005) y El palestino (2010), es un traficante de misterios que siente debilidad por Geller, de quien dice  lo mismo que Cortés, que, a veces, emplea trucos y, a veces, no.

‘Escéptico de conveniencia’

Ese ufólogo gallego es un escéptico de conveniencia. Denuncia algunos fraudes palmarios y, al mismo tiempo, da por buenos otros no menos evidentes. Lo primero le reviste de un cierto halo de incrédulo ante los más ingenuos; lo segundo le permite seguir siendo un colaborador habitual de las principales revistas y programas esotéricos. Así, en 2009, presentaba en Enigmas una imagen tomada en Costa Rica como la mejor foto ovni de aquel año. Como descubrió poco después Juan Carlos Victorio, el platillo volante costarricense era, en realidad, una mariposa.

Carballal sostiene todavía que el capitan Thomas Mantell -considerado el primer mártir de la ufología– murió en la tarde del 7 de enero de 1948 cuando, a los mandos de su caza Mustang P-51, perseguía un platillo volante cerca de la base aérea de Godman, en Kentucky. La gente que vio el objeto desde tierra lo describió como “un helado de cucurucho con la parte superior de color rojo”. El capitán Mantell perdió la vida tras desvanecerse cuando intentaba alcanzar, con un avión sin equipo de oxígeno, un globo del programa Skyhook de estudio de los rayos cósmicos, secreto en los años 40. Es algo que se sabe desde hace décadas, a pesar de lo cual Carballal sigue vendiendo el suceso como un caso ovni. Al igual que hace con otros muchos avistamientos explicados en los que se han visto involucrados pilotos.

“Eso que muchos llaman escepticismo suele ser negacionismo. Escéptico para mí es el que duda. En ambos lados de la argumentación se suelen poner en lid dos formas de creencia. Unos y otros tienden a aceptar exclusivamente aquello que refuerza sus posiciones previas y a descartar todo lo que las discuta sin profundizar en absoluto. Creemos aquello que nos es más conveniente creer y a partir de las conclusiones elaboramos un sistema teórico que las sostiene”, decía Cortés a mi compañero Oskar Belategui hace unos días, en otro claro ejemplo de contaminación del pensamiento carballalesco. No conozco a ningún escéptico que no esté dispuesto a cambiar de opinión respecto a lo que sea si le presentan las pruebas pertinentes. A ninguno. El escepticismo científico no es una creencia, es un modo de enfrentarse a la realidad para que los engañabobos no te vendan truco de ilusionismo por poder paranormal, mariposa por nave extraterrestre.

El cineasta español está a un paso del escepticismo; pero es un gran salto el que le queda por dar. “El 99% de los casos (paranormales) a los que tuve acceso tenían origen natural, eran errores de interpretación o directamente fraudes. Pero queda ese 1% que se resiste a ser explicado”, cuenta en Cinemanía. Si Cortés se hubiera dejado asesorar por escépticos y científicos de verdad, su opinión sería otra. Porque ese residuo inexplicado no existe fuera de las revistas esotéricas, donde autores como Carballal convierten observaciones de bólidos, nubes y planetas en encuentros con misteriosas naves de otros mundos. Si no, hace tiempo que la ciencia habría dado cuenta de esos fenómenos. Como dice Cortés, cuya película estoy deseando ver porque me han hablado muy bien de ella, “el único modo de sacar un conejo de una chistera es habiéndolo metido antes”.