Extraterrestres

Si existen, los extraterrestres irán al Infierno, dice el fundamentalista cristiano Ken Ham

Cabecera del blog de Ken Ham.

Estamos perdiendo el tiempo buscando extraterrestres. No existen y, si existieran, estarían condenados al Infierno. Lo dice Ken Ham, presidente de Respuestas en el Génesis, el ministerio fundamentalista que gestiona el Museo de la Creación de Petersburg (Kentucky). Nacido en Australia como Kenneth Alfred Ham en 1951, es un creacionista de la Tierra joven: cree que el Universo tiene 6.000 años -tal como estableció el arzobispo irlandés James Ussher en el siglo XVII a partir de la Biblia-, fecha el Diluvio Universal hace unos 4.500 años, está convencido de que el Hombre convivió con los dinosaurios y pone en duda todos los sistemas científicos de datación, así como las bases de la biología. Al parecer, su dios pierde parte de su infinito tiempo sembrando el Cosmos de pruebas falsas que apunten a que el Universo es mucho más antiguo de lo que en realidad es.

Con estos antecedentes, que Ham diga tonterías es lo previsible. Aún así, lo que escribió el 20 de julio en su blog Around the world with Ken Ham es tan gracioso que no puedo resistirme a comentarlo. Aunque admite que la Biblia no se pronuncia sobre la existencia de plantas o animales fuera de la Tierra, él está convencido de que no existen. La razón es muy simple: “La Tierra fue creada para el ser humano”. Además, no puede haber seres inteligentes por ahí fuera porque “la Biblia deja claro que el pecado de Adán afecta a todo el Universo. Eso significa que los extraterrestres también resultarían afectados por el pecado de Adán, pero, como no serían descendientes de Adán, no habría salvación para ellos”. Vamos, que les esperarían las llamas del Infierno. “¡Jesús no fue el Klingon Dios o el Marciano Dios! Sólo los descendientes de Adán pueden salvarse”, sentencia.

“La Biblia, en contraste con la visión laica del mundo, enseña que la Tierra fue creada especialmente, que es única y el centro de la atención de Dios (Isaías 66, 1 y Salmos 115, 16). La vida no evolucionó, sino que fue creada especialmente por Dios, como claramente enseña el Génesis. Los cristianos no deberían esperar que la vida extraterrestre existiera”, dice en “We’ll find a new Earth within 20 years”, donde toma como pretexto de sus delirios la esperanza de los científicos de contar en los próximos años con tecnología que permita descubrir otras Tierras. “¡Los laicistas están desesperados por encontrar vida en el espacio exterior, ya que creen que proporcionaría evidencia de que la vida puede evolucionar en diferentes lugares y dadas las condiciones adecuadas! ¡La búsqueda de vida extraterrestre está realmente impulsada por la rebelión del hombre contra Dios, en un intento desesperado por demostrar la evolución!”, advierte un Ham tan confundido como siempre. Porque la teoría de la evolución por selección natural  no necesita de la vida extraterrestres, ya que está más que demostrada por el registro fósil, la genética y la experimentación humana.

Hace seis años, el director del Observatorio Astronómico del Vaticano, el jesuita argentino José Gabriel Funes, aseguró que Jesús murió en la cruz en el Gólgota para redimirnos no sólo a nosotros, sino también a los “hermanos extraterrestres”. Ahora, Ken Ham dice que nones. Las pruebas de ambos en apoyo de sus tesis son igual de consistentes. Sólo espero que, si hay alienígenas ahí fuera escuchando, no se enteren de este debate. Es como para exterminarnos.

Uno de cada cinco españoles cree que hay extraterrestres viviendo entre nosotros

Invasores del espacio. Infografía de Good y Column Five.

Uno de cada cinco españoles cree que hay seres extraterrestres viviendo entre nosotros, como en la telecomedia Cosas de marcianos. El dato no es nuevo. Procede de un sondeo de opinión de Ipsos de 2010, según el cual uno de cada cinco adultos (20%) encuestados en veintidós países, que suman el 75% del PIB mundial, creen que hay alienígenas caminando por las calles. El sondeo, en el que participaron 24.007 personas y con un margen de error de +/-3,1, revela que el mayor porcentaje de creyentes se daba en India (45%) y China (42%), y el menor en Bélgica (8%), Holanda (8%) y Suecia (8%). La proporción en España (21%) está un punto por encima de la media mundial. Además, las mujeres (17%), los mayores de 55 años (11%) y las personas con educación media o baja (19%) eran menos crédulas que los hombres (22%), los menores de 35 (25%) y los universitarios (22%).

¿Por qué traigo a colación un sondeo de opinión de hace cuatro años? Para publicar la infografía que encabeza estas líneas, que no conocía hasta hace unos días y es una colaboración del estudio de infografía Column Five y la revista Good.

Una fiesta secreta de ‘Expediente X’ en la Casa Blanca

Katharine Button, asesora política de Hillary Clinton, envió un corto mensaje de correo electrónico al personal del Ala Oeste de la Casa Blanca a las 15.50 horas del 8 de enero de 1999. Bajo el encabezado de Podesta 50th!!!, avisaba de que el salón de Cenas de Estado iba a acoger, aquella tarde, “una fiesta sorpresa por el 50 cumpleaños de John Podesta”, jefe de gabinete de Bill Clinton. 84 fotos y un vídeo de aquella celebración se guardan en la Biblioteca Presidencial William J. Clinton, en Little Rock (Arkansas). Nadie puede verlos. Es material secreto, confirmó Dana Simmons, la archivera, el 3 de noviembre de 2010 al ufólogo Grant Cameron, quien había pedido acceder él de acuerdo con la Ley de Libertad de Información (FOIA).

Texto del mensaje de correo de Katharine Button al personal del Ala Oeste avisando de la fiesta de cumpleaños de John Podesta.

Podesta, que en 2008 formó parte del equipo de transición de Barack Obama y ahora ha regresado a la Casa Blanca como asesor del presidente, fue entre 1998 y 2001 jefe de gabinete de Clinton, de quien antes había sido asistente, secretario de personal y asesor. Abogado de formación y profesor de derecho en la Universidad de Georgetown, se le considera el hombre que salvó el pellejo político al presidente en el caso Lewinsky y también -esto es menos conocido- el líder del grupo de fans de Expediente X en el Ala Oeste. “Algunas personas de la Casa Blanca tienen mesas de café llenas de baratijas de la Casa Blanca. Otros tienen lo que se conoce como mis paredes llenas de cándidas fotos de ellos y el presidente. En mi oficina de la Casa Blanca, tengo una mesita que he convertido en un santuario de Expediente X, con libros, revistas de cine, cederrones, y fotos de David Duchovny y Gillian Anderson”, reconocía el 6 de junio de 1998 en un discurso en la Universidad de Knox, el centro donde estudió.

John Podesta en el Despacho Oval, el último día de la segunda presidencia de Bill Clinton. Foto: Reuters.Nunca se perdía las aventuras televisivas de la pareja de agentes del FBI, que entre septiembre de 1993 y mayo de 2002 persiguieron alienígenas, monstruos, y todo tipo de conspiradores los domingos en Fox. “Cuando el espectáculo sobre extraterrestres empieza, me pego a la tele y trato de averiguar a qué agencia del Gobierno llamar para determinar si la historia de la serie es real o no”, declaró en su día a US News. Su pasión por Expediente X fue calificada de “fanática devoción” en The Washington Post por Lloyd Grove, quien destacaba que Podesta compartía con Fox Mulder -el personaje interpretado por Duchovny- “la inclinación por la obsesión y la paranoia”. “John puede ser totalmente maníaco y fóbico respecto a ciertos temas. Es sabido que ha cogido el teléfono para llamar a la Fuerza Aérea y preguntarles que están haciendo en el Área 51″, declaraba en 1998 al diario capitalialino Mike McCurry, secretario de  prensa de la Casa Blanca.

Un ufólogo en el Ala Oeste

Interesado por los ovnis, Podesta admite que el Gobierno estadounidense no guarda en el Área 51 nada relacionado con extraterrestres, pero se define como “un curioso escéptico” de la versión oficial. Así se presenta en el prólogo de Ufos: generals, pilots and Government officials go on the record (Ovnis: generales, pilotos y funcionarios del Gobierno hablan abiertamente. 2010), libro en el cual la periodista Leslie Kean vende como inexplicados avistamientos de ovnis resueltos hace décadas. “Es hora de que el Gobierno desclasifique los documentos que tengan más de 25 años y facilite a los científicos datos que les ayuden a determinar la naturaleza real del fenómeno”, dijo el nuevo asesor de Obama en 2002 en una rueda de prensa de la Coalición para la Libertad de Información. Tras esta neutra denominación, se oculta una asociación ufológica auspicida por él y que tiene como objetivo “el logro de la credibilidad científica, del Congreso y de los medios para el estudio de los fenómenos aéreos inexplicables mientras se trabaja por la publicación de la información oficial y las pruebas físicas”.

John Podesta. Foto: Centro para el Progreso de Estados Unidos.El abogado, que fundó y preside el laboratorio de ideas Centro para el Progreso de Estados Unidos (CAP),  cree que hay algo ahí fuera y es muy posible que, de su segundo paso por la Casa Blanca, deje como legado correos electrónicos pidiendo la desclasificación de documentación relacionada con el fenómeno ovni. Ya lo hizo en la era de Clinton. El material de esa época “sobre ovnis, Roswell (Nuevo México), platillos volantes, el Área 51 y el programa de televisión Expediente X en los archivos de John Podesta” abarca tres carpetas, “aproximadamente veintisiete páginas”, en la Biblioteca Presidencial William J. Clinton bajo el epígrafe 2006-0492-F. “John Podesta era un conocido fan de Expediente X“, dice la ficha, según la cual la documentación consiste en mensajes de correo electrónico, algunos de los cuales incluyen artículos sobre las aventuras de Mulder y Scully. Era tal el entusiasmo del jefe de gabinete por la serie que el presidente se involucró personalmente en la organización de una fiesta muy especial por su 50 cumpleaños.

El 8 de enero de 1999, el reparto de Expediente X cantó el Happy birthday to you en la Casa Blanca en un vídeo que David Duchovny, Gillian Anderson y compañía grabaron por petición de Bill Clinton para agasajar a John Podesta en la celebración de su 50º aniversario. Se cuenta, además, que el presidente y su esposa acudieron aquella tarde al salon de Cenas de Estado disfrazados de Fox Mulder y Dana Scully, aunque nadie ha podido ver las imágenes. Cameron sospecha que la única razón para el secretismo que rodea al material de aquella velada es que las fotos y la película que se grabó puedan afectar a la imagen del matrimonio Clinton. Otros han ido más allá en su interpretación de la vuelta de Podesta al Ala Oeste: la relacionan con el final del encubrimiento sobre las visitas extraterrestres y ven como un signo de esos nuevos tiempos que Obama se haya convertido en el primer presidente estadounidense que ha citado en un acto público el Área 51. Nunca admitirán que los platillos volantes son un mito y, por mucho material que se desclasifique sin que asome un hombrecillo verde entre toneladas de papel, siempre dirán que se oculta el que prueba que nos visitan seres de otros mundos. Quieren creer, como Mulder y Podesta.

Obama bromea sobre el Área 51 con Shirley MacLaine durante un acto en la Casa Blanca

“Cuando uno se convierte en presidente, una de las preguntas que le hace la gente es: ¿qué está pasando realmente en el Área 51? (Risas.) Cuando quise saberlo, llamé a Shirley MacLaine. (Risas.) Creo que me he convertido en el primer presidente que ha mencionado en público el Área 51. ¿Cómo es eso, Shirley? (Risas y aplausos.)”, dijo el domingo Barack Obama durante la entrega en la Casa Blanca de los premios del Centro Kennedy para las Artes Escénicas, la más alta distinción estadounidense para un artista vivo. Y es que MacLaine ha sido desde los años 80 una de las caras más populares del movimiento de la Nueva Era con sus estrafalarias afirmaciones sobre la reencarnación, los extraterrestres, el poder de los cristales, los viajes astrales y otras excentricidades. El guitarrista Carlos Santana, la soprano Martina Arroyo, el cantante  Billy Joel y el pianista Herbie Hancock fueron los otros cuatro premiados en Washington por sus carreras artísticas.

La prensa estadounidense ha destacado que Barack Obama se ha convertido -tal como él aventuró- en el primer presidente estadounidense que ha citado en un acto público el Área 51. És cierto, aunque no es el primero que ha hablado en público sobre la base secreta de Nevada. Sin citarla por su denominación popular, Bill Clinton ya admitió en 2005  en una entrevista concedida a la revista FinanceAsia que la base existía, si bien es cierto que no se refirió ella por su denominación popular. “Existía también otro sitio en Nevada donde la gente creía que habíamos enterrado un ovni y quizás un alienígena profundamente bajo tierra porque no queríamos permitir que nadie fuera allí. Ahora puedo decirlo porque el secreto se ha levantado y es de dominio público. Había mucha gente en mi propia Administración que estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero que lo de ese lugar de Nevada iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera”, dijo

Washington admitió la existencia del complejo militar del lago Groom conocido como el Área 51 en abril de 2000, cuando una compañía estadounidense publicó en Internet fotos de las instalaciones tomadas por satélite. “Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada”, dijo entonces Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea, como explicación a las imágenes con hangares, pistas de aterrizaje, carreteras y canchas deportivas en mitad del desierto. La decisión de construir la base se tomó en abril de 1955 y, desde entonces, ha sido el centro de operaciones de los aviones espía más avanzados. “Los vuelos del U-2 y del Oxcart fueron responsables de más de la mitad de todos los avistamientos de ovnis de finales de los años 50 y los años 60″, asegura un informe de la CIA redactado en 1992 que se desclasificó en agosto. La CIA utilizó durante décadas la creencia en los ovnis como tapadera para sus misiones de espionaje y a los ufólogos más conspiranoicos como tontos útiles.

La obsesión por los ovnis mató al piloto autraliano Frederick Valentich cuando perseguía uno en 1978

“Melbourne, esa extraña aeronave está suspendida otra vez sobre mí. Está suspendida; no es una aeronave”. Fueron las últimas palabras del piloto Frederick Valentich hacia las 19 horas del 21 de octubre de 1978, cuando volaba en su avioneta entre el aeropuerto de Moorabbin (Melbourne) y la isla del Rey, al sur de Australia. El controlador aéreo Steve Robey escuchó un sonido metálico y, después, nada. En los días siguientes, la Prensa australiana achacó la desaparición del joven, de 20 años, a los platillos volantes, con titulares del estilo de “Misterio ovni. Un avión se desvanece tras un fuerte sonido metálico“, y el caso de Valentich pasó a formar parte de los clásicos de la ufología. 35 años después, el exmilitar estadounidense James McGaha y el investigador Joe Nickell resuelven el enigma este mes en las páginas de The Skeptical Inquirer.

Portada de 'The Australian' sobre la desaparición de Frederick Valentich.

La desaparición de Frederick Valentich fue uno de los sucesos ovni más populares de finales de los 70, una época dorada para la ufología que, en España, alcanzó el máximo interés público con el caso Manises, en el cual un avión de línea hizo un aterrizaje de emergencia en Valencia porque le seguía un objeto no identificado, y el llamado ovni de Canarias, visto por decenas de miles de personas. Como otros muchos, me enteré del suceso australiano a través de la revista Mundo Desconocido, cuyo número 35 (mayo 1979) publicaba cinco páginas sobre el caso en su sección de ufología, rimbombantemente bautizada como El problema número uno de la ciencia moderna. En esencia, contaba que el joven había despegado con su avioneta Cessna 182L de Melbourne y había desaparecido sobre el estrecho de Bass tras la siguiente conversación, iniciada a las 19.06 horas del día de los hechos:

Frederick Valentich: ¿Hay algún tráfico conocido por debajo de los 5.000 pies?
Steve Robey (controlador): No hay ningún tráfico conocido.
V.: Parece que hay una gran aparato por debajo de los 5.000 pies.
R.: ¿Qué tipo de aparato?
V.: No puedo precisarlo. Tiene cuatro luces brillantes, que parecen luces de aterrizaje… La aeronave acaba de pasar a unos 1.000 pies sobre mí.
R.: Roger [en aviación, es el equivalenete a recibido]. ¿Y es una aeronave grande? Confírmelo.
V.: Desconocida, dada a la velocidad a la que se mueve. ¿Hay algún aparato de la Fuerza Aérea [Autraliana] por las proximidades?
R.: No hay ningún aparato conocido por las proximidades.
V.: Se está aproximando directo hacia mí desde el este. [2 segundos de silencio.] Me da la impresión de que está jugando a algún tipo de juego. Está volando sobre mí dos, tres veces, a una velocidad que no lo puedo identificar.
R.: Roger.  ¿Cuál es su nivel actual?
V.: Mi nivel es 4.500. Cuatro, cinco, cero, cero.
R.: Y confirma que no puede identificar el aparato.
V.: Afirmativo.
R.: Roger. Permanezca a la espera.
V.: No es una aeronave. Es… [2 segundos de silencio.]
R.: ¿Puede describir el aparato?
V.: Acaba de pasar. Tiene forma alargada. [3 segundos de silencio.] No puedo decir más. [3 segundos de silencio.] Ahora está delante de mí, Melbourne.
R.: ¿Y cómo de grande es el objeto?
V.: Está inmóvil. En este momento, estoy describiendo una órbita y él hace lo mismo encima de mí. Tiene una luz verde y parece metálico. Es todo brillante.  [5 segundos de silencio.] Ha desaparecido… ¿Saben qué tipo de aparato es? ¿Es militar?
R.: Confirme que el aparato se ha desvanecido.
V.: Repita.
R.: ¿Está el aparato todavía ahí?
V.: [2 segundos de silencio.] Ahora se acerca desde el sudoeste. Parece que el motor no responde. Marca veintitrés, veinticuatro y está fallando.
R.: Roger. ¿Qué piensa hacer?
V.: Mi intención es ir a la isla del Rey. Ah, Melbourne, esa extraña aeronave está suspendida otra vez sobre mí. [2 segundos de silencio.] Está suspendida; no es una aeronave.
[El micrófono sigue abierto y se escucha un golpe metálico después de 17 segundos de silencio. Se corta la transmisión.]

El ufólogo Jean Sider, autor del reportaje de Mundo Desconocido -titulado “Australia: último vuelo”-, reconocía que Valentich era aficionado a los ovnis y que, de hecho, según su padre, los había visto “en varias ocasiones”, pero descartaba que el objeto no identificado tuviera su origen en un estímulo convencional confundido por el joven. Además, Sider se oponía a la versión oficial según la cual la avioneta podía haber volado invertida y el ovni ser “reflejos de luces en el mar”. “El padre de Frederick Valentich declaró al reportero de The Sidney Sun que semejante hipótesis era imposible, dado que su vástago era un as en materia de acrobacia aérea y hubiera visto inmediatamente que su posición invertida le hacía tomar una cosa por otra”, advertía el ufólogo, quien añadía que ésa era también su opinión.

Un piloto inexperto e imprudente

Desde aquel reportaje de Mundo Desconocido, nunca me había vuelto a interesar por el caso. Desconfiaba de las versiones de los ufólogos, que llegaron a hablar de la abducción del piloto y la avioneta, y no había tampoco una hipótesis escéptica que lo resolviera, quizá porque faltaban datos esenciales en el relato original o porque no tenía solución fuera de la mente del joven Valentich. En el último número de The Skeptical Inquirer  (Vol. 37, Nº 6), McGaha y Nickell ponen el incidente en su contexto y resuelven el misterio. Resulta que Valentich era poco menos que un novato a los mandos de un avión. Había obtenido la licencia de piloto de avioneta un año antes, sólo acumulaba 150 horas de vuelo, no tenía permiso para volar de noche con condiciones meteorológicas adversas, había fracasado dos veces en su intento de entrar en la Real Fuerza Aérea Australiana y había suspendido tres veces la mayoría de las asignaturas en el curso para piloto de aerolíneas que seguía. Además, en sólo un año, había estado implicado en tres incidentes por adentrarse en espacio aéreo restringido y volar a ciegas entre nubes.

Página del informe oficial del caso de Frederick Valentich.“El joven piloto estaba obsesionado por los ovnis, viendo películas y acumulando artículos de prensa sobre el tema. A principios de aquel año, según su padre, Valentich había observado un ovni alejarse muy rápidamente”, escriben McGaha y Nickell, para quienes “su profunda creencia en los platillos volantes pudo contribuir a su muerte, y no del modo en el que algunos ufólogos se imaginan”. Para empezar, apuntan que Valentich dio dos versiones diferentes sobre su viaje a isla del Rey -que iba a recoger a unos amigos o a comprer cangrejos-, ambas probablemente falsas, ya que no informó al aeropuerto de destino de su posible llegada en ningún momento. Sospechan que, simplemente, salió a buscar ovnis. ¡Y los encontró! Al menos, eso creyó.

La investigación de McGaha y Nickell ha demostrado que las “luces de aterrizaje” del ovni, cuatro, coinciden en el cielo de aquella noche con cuatro puntos brillantes que, unidos, darían la impresión de un diamante: Venus, Marte, Mercurio y Antares. Las ganas de creer de Valentich hicieron el resto, incluida la luz verde que cita hacia el final y de la que no había hablado antes. El ovni no se movió en ningún momento; fue Valentich con su avioneta quien se movía respecto a los planetas y la estrella. Más atento al objeto no identificado que al instrumental, el inexperto piloto habría sufrido la ilusión del horizonte falso, que se da “cuando existe deficiente visibilidad. Una formación de nubes que semejan inclinación, horizonte oscuro, pocas luces en tierra y estrellas, pueden crear ilusiones, generando la percepción de que no se encuentra correctamente alineado con el horizonte”. Habría intentado nivelar su aparato respecto a un horizonte falso y habría empezado a descender en espiral, “primero lentamente y luego cada vez más rápido”. Inclinado, la luz verde del ovni que veía al final sobre su cabeza sería la de navegación de la punta del ala derecha de su avioneta.

“La desaparición fue, simplemente, un fatal accidente. Irónicamente, nunca hubiera ocurrido sin la fascinación por los ovnis que sentía el joven piloto. Si no fue realmente el motivo de aquel vuelo nocturno, como sospechamos, esa fascinación fue, sin embargo, clave para que terminara trágicamente”, concluyen McGaha y Nickell. Aunque nunca se recuperó el cuerpo del joven, restos de la avioneta, con números de serie parciales, se encontraron en aguas del estrecho de Bass cinco años después.