Extraterrestres

Cuando Steven Spielberg creía en los ovnis

Los científicos asisten al aterrizaje de la gran nave nodriza en la base secreta de la Torre del Diablo, en Wyoming, al final de 'Encuentros en la tercera fase'.

El ingeniero eléctrico sacó a su primogénito de la cama. Sin quitarle el pijama, lo metió en el coche. Quería que el niño, de once años, viera un cometa que pasaba cerca de la Tierra. Salieron de Phoenix (Arizona) y se adentraron en el desierto de Sonora. Media hora más tarde, estaban tumbados en la arena sobre una manta, rodeados de decenas de personas con la mirada clavada en el cielo. No vieron el cometa prometido, pero sí una espectacular lluvia de estrellas. El pequeño volvió a casa encantado. Se hizo con un telescopio, empezó a leer ciencia ficción, disfrutó con películas como Ultimátum a la Tierra (1951) y Planeta prohibido (1956), se sintió fascinado por el fenómeno de los platillos volantes y, veinte años después, localizó en el desierto de Sonora el inicio de su obra más largamente soñada.

Cuando Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) estrenó Encuentros en la tercera fase el 15 de noviembre de 1977, creía que el contacto con seres de otros mundos era inminente. “En los 70 estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados por extraterrestres”, reconocía en agosto de 2005. Encuentros es la versión comercial de una película, Firelight (Luz de fuego), que había rodado con sólo 16 años, un presupuesto de 500 dólares y amigos y familiares como actores. Su estrenó en marzo de 1964 en Phoenix se había saldado con un beneficio de un dólar y con el joven Spielberg empeñado en trasladar la cinta de 8 milímetros a la pantalla grande.

Spielberg, con 16 años, prepara el rodaje de un despegue para 'Firelight'. Foto: Archivo de Steven Spielberg.El éxito de Tiburón (1975) le ofreció la oportunidad de hacerlo cuando todavía no había cumplido 30 años. En un principio pensó en titular la película Watch the skies! (¡Vigilad los cielos!), por la frase final de El enigma de otro mundo (1951). Al final optó por Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo, literalmente). Como casi todo en el filme, el título tiene su origen en la subcultura ufológica, de la que el realizador se empapó en su adolescencia y juventud.

El astrónomo Joseph Allen Hynek, de la Universidad del Noroeste, había sido durante más de veinte años asesor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de platillos volantes cuando, a finales de los 60, se cayó del caballo de la incredulidad para convertirse en el padre de la ufología científica. En 1972 publicó The ufo experience (La experiencia ovni), libro en el que divide los avistamientos en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros del testigo. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo –se ve a los tripulantes–, que dan el título original a la película, mal traducido al español como Encuentros en la tercera fase.

Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.Ufólogos en la ONU

Nada más enterarse por la prensa del proyecto de Spielberg, Hynek le escribe para expresarle su malestar. “Aparentemente el título ha sido tomado de mi libro The ufo experience“, le dice en una carta el 8 de enero de 1976. Días después, el cineasta le explica que el título se lo ha sugerido un amigo tras leer el libro y que va a exigir a los miembros del equipo creativo de la película que lo lean. El ufólogo recibirá 10.000 dólares en concepto de derechos cinematográficos y otros 1.500 como asesor técnico. Además, saldrá en la película 8 segundos abriéndose paso, con su característica pipa, entre los asistentes al encuentro con los visitantes en la base de la Torre del Diablo (Wyoming) y conseguirá que Columbia pague 20.000 dólares por 2.000 suscripciones al boletín de su Centro para el Estudio de los Ovnis. Excepto los discos diurnos, que hubieran matado la sorpresa final, en la película se suceden los demás tipos de encuentros, basados en casos reales con la excepción de la abducción del niño y el apoteósico primer contacto.

Hynek no es el único ufólogo involucrado en Encuentros. Claude Lacombe, el personaje interpretado por François Truffaut que descubre el lenguaje musical de los visitantes, está inspirado en Jacques Vallée, ufólogo galo y colaborador del autor de The ufo experience. En julio de 1978, Hynek, Vallée y el también francés Claude Poher se reúnen en Nueva York con Kurt Waldheim, secretario general de la ONU, para informarle sobre los ovnis. En noviembre, Hynek pide ante la Asamblea General de la ONU que se cree una agencia multinacional para su estudio. En su opinión, detrás del fenómeno hay “alguna forma de inteligencia”.

Roy Neary, rodeado por los extraterrestres en 'Encuentros en la tercera fase'.Es lo que piensa gran parte de la opinión pública en los años 70, cuando los gobiernos todavía mantienen el secreto sobre sus investigaciones de visiones de ovnis. Ahora sabemos que en los archivos de la CIA, el FBI y el Ejército del Aire español no hay extraterrestres, sino en el mejor de los casos testigos impresionables que toman estímulos convencionales -planetas, estrellas, faros de coches…- por naves de otros mundos y pruebas militares convenientemente ocultas tras la cortina de humo extraterrestre. Como pasó en Canarias el 5 de marzo de 1979, cuando decenas de miles de personas presenciaron un espectáculo nocturno causado por el lanzamiento de un misil desde un submarino estadounidense, pero en los medios se habló de ovnis durante años.

El triángulo de las Bermudas

Steven Spielberg coge la idea de la investigación gubernamental y las abducciones, en aquella época algo marginal en la ufología, y las combina con otro misterio de moda, el de las desapariciones del triángulo de las Bermudas. Al principio de Encuentros, aparecen en el desierto de Sonora, intactos, cinco aviones torpederos desaparecidos durante un vuelo de entrenamiento cerca de Florida el 5 de diciembre de 1945. Al final del filme, los tripulantes de ese escuadrón, el Vuelo 19, bajan de la nave nodriza que aterriza en la Torre del Diablo sin que por ellos haya pasado el tiempo.

Hallazgo de los aviones del 'Vuelo 19' en el desierto de Sonora en 'Encuentros en la tercera fase'.

El misterio del triángulo de las Bermudas no existió fuera de los libros de Charles Berlitz, nieto del fundador de las academias de idiomas que se hizo millonario con el montaje. Él y otros autores de su escuela tergiversaron sucesos reales para rodear la región -un triángulo imaginario con vértices en Florida, Bermudas y Puerto Rico- de un aura de misterio, llegando a inventarse accidentes que nunca ocurrieron. En el caso del Vuelo 19, ocultaron a sus lectores que se trataba de una misión de adiestramiento en orientación sin instrumental y que una cadena de errores llevó a los pilotos a perderse hasta que se les acabó el combustible sobre el Atlántico.

Encuentros no es ciencia ficción; son hechos científicos”, dijo Spielberg al actor Bob Balaban en marzo de 1976 cuando le propuso participar en el filme. Hace años que no piensa así. Ya no cree que nos visiten seres de otros mundo por, entre otras razones, la falta de pruebas: en un mundo lleno de videocámaras, las imágenes de ovnis siguen siendo tan malas como las de los 50 y 60. Pero nada de eso quita mérito a Encuentros, la mejor película sobre el mito de las visitas extraterrestres, una obra maestra que costó 20 millones de dólares y recaudó 300.

¿Sabía qué…?

George Lucas, Steven Spielberg y François Truffaut, en Mobile, durante el rodaje de 'Encuentros en la tercera fase'.Spielberg ganó millones con… La guerra de las galaxias

George Lucas visitó en julio de 1976 el hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba el desembarco alienígena final. Estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un taquillazo, no como la que él estaba acabando. “Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase“, propuso a Steven Spielberg. Aceptó e hizo un gran negocio.

R2D2 viaja en la nave nodriza de la Torre del Diablo

R2D2 es una de las miniaturas escondidas en la inmensa nave que aterriza en la Torre del Diablo. Visible cuando el ovni pasa sobre la madre del niño abducido, es una broma del diseñador Ralph McQuarrie, creador también del universo visual de Star wars, incluidos Darth Vader, C-3PO y R2D2. La maqueta está en el Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, en Washington

300 combinaciones de 5 notas

Trescientas combinaciones de cinco notas presentó John Williams a Spielberg para el saludo musical de los alienígenas. Eligieron la ahora inconfundible re-mi-do-do-sol. En la jam session final, la nave nodriza se expresa a través de una tuba y un oboe; los humanos, mediante sintetizadores.

Los grises se impusieron al resto de los extraterrestres

El niño Cary Guffey y el extraterrestre de 'Encuentros en la tercera fase'.Aunque ya había en la historia de la ufología extraterrestres grises de ojos almendrados, Encuentros hace que este modelo desbanque al resto -desde gigantes rubios hasta enanos peludos- en la imaginería ovni. Carlo Rambaldi diseña el rostro del jefe de los alienígenas basándose en fotos de Cary Guffey, el niño abducido, para transmitir la amabilidad que buscaba Spielberg en los visitantes.

Night skies, la secuela que nunca existió

Encuentros sacó de la bancarrota a Columbia, que pidió a Spielberg una secuela. Les ofreció en principio Night skies (Cielos nocturnos), una terrorífica historia de una familia asediada por violentos extraterrestres en un pueblo de la América profunda. Basada en un caso ovni de 1955, en el que unos gañanes se liaron a tiros con unos alienígenas que en realidad eran búhos, al final Spielberg renunció a rodarla porque, después de En busca del arca perdida, quería algo más tranquilo. Así nació ET.

Por qué no hay que creer a Anonymous cuando dice que la NASA ha encontrado vida extraterrestre

“Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. La máxima la popularizó el astrofísico Carl Sagan en la serie de televisión Cosmos a principios de los años 80. Si la tuviéramos siempre presente, anunciantes, políticos, vendedores de lo que sea, inventores de bulos y otros individuos que se aprovechan de nuestra credulidad lo tendrían más complicado. Cuando alguien afirma algo increíble, hay que pedirle las pruebas, algo que parece que el colectivo Anonymous hace en su último vídeo de YouTube, en el que sostiene que “la NASA está a punto de anunciar el descubrimiento de vida extraterrestre inteligente”. ¿Es así?

La comunidad de ciberactivistas -conocida por sus ataques a webs de agencias gubernamentales, multinacionales, el Daesh y sitios pedófilos, entre otros- asegura que estamos “a las puertas” de un descubrimiento histórico. El enmascarado de rigor recuerda que “hace veinticinco años no sabíamos que había planetas fuera del Sistema Solar y hoy se ha confirmado ya la existencia de más de 3.400 que orbitan otras estrellas”. Y añade que, en nuestro vecindario, los últimos descubrimientos de la sonda Cassini y del telescopio espacial Hubble apuntan a que podría haber vida microbiana en los océanos subsuperficiales de Encélado, la luna de Saturno, y Europa, el satélite de Júpiter, respectivamente.

Fotograma del vídeo subido por Anonymous a YouTube.La descripción de los hallazgos de Encélado y Europa está sacada, como gran parte del discurso, de la declaración de Thomas Zurbuchen, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA, del 26 abril ante el Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Así, Anonymous cita a Zurbuchen cuando dijo, respecto al hallazgo de vida extraterrestre, que “estamos a las puertas de uno de los descubrimientos más trascendentales”, pero saca la frase de contexto. Zurbuchen se refería a que nunca ha habido más misiones con ese objetivo y adviertía de que aún no se han encontrado pruebas de vida fuera de la Tierra. Por eso, “a las puertas” no significa mañana, ni este año, ni en esta década o la siguiente, sino más cerca que nunca hasta ahora. Algo obvio.

Cuando hablan de vida extraterrestre, los ciberactivistas no tienen en mente vulgares microbios, sino a individuos como ET. “Hay muchos que dicen que el genero humano ya ha entrado en contacto con alienígenas, y no se refieren a microorganismos dentro de océanos extratetrestres, sino a civilizaciones avanzadas con naves espaciales”. Por eso, el enmascarado cita como autoridad a Brian OLeary (1940-2011), un exastronauta de la NASA que abrazó todo tipo de conspiranoias e ideas paranormales, incluida la de que hay alienígenas entre nosotros. El colectivo atribuye, además, al FBI afirmaciones que nunca ha hecho, como que “no sólo estamos siendo visitados por extraterrestres, sino también por seres de otras dimensiones”.

La pregunta ahora es: ¿qué ha llevado a Anonymous a hacer el ridículo de esta manera?

La invasión de los platillos volantes, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos los dos últimos lunes sobre la invasión de los platillos volantes, en la trigésima séptima y trigésima octava entregas de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar los programas completos aquí y aquí.

Platillos volantes: el nacimiento del mito

Portada del número 1 de la revista 'Fate', dedicada al alistamiento de Kenneth Arnold.“Todo empezó una soleada mañana del año 1947: exactamente el 24 de junio”, dice Antonio Ribera en su libro Treinta años de ovnis (1982). Con ligeras variaciones es lo que cuenta la mayoría de los ufólogos: que el caso de Kenneth Arnold, del que se cumplen 70 años, fue el causante de la fiebre de visitas extraterrestres que sufrimos en la segunda mitad del siglo XX y no sólo eso. “Al piloto civil norteamericano Kenneth Arnold le cabe la gloria bastante discutible de haber bautizado a las naves de los misteriosos señores del espacio. Fue Arnold, en efecto, quien creó el tan desdichado nombre de platillo volante“, escribe el mismo Ribera en El gran enigma de los platillos volantes (1966). A raíz de su avistamiento se multiplicaron las apariciones de objetos extraños, primero en los cielos de Estados Unidos y después en los del resto del mundo, y el bautizo del nuevo fenómeno se debió a esa observación, pero los extraterrestres tardarían años en llegar.

El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, vio desde su avioneta nueve objetos en formación y a gran velocidad en las inmediaciones del monte Rainer (estado de Washington). Cuando al final de la jornada aterrizó en el aeropuerto de Pendleton (Oregón) y se lo comentó a amigos pilotos, le apuntaron que “podrían ser misiles guiados o algo nuevo”. “De hecho, varios expilotos del Ejército me informaron de que antes de entrar en combate en el extranjero les habían advertido de que podrían ver objetos de forma y diseño similares a los descritos por mí y me aseguraron que no estaba soñando ni volviéndome loco”, escribió meses después en la revista Fate. Uno de esos exmilitares, Sonny Robinson, creía que había visto algún tipo de nave experimental de Estados Unidos o de una potencia extranjera.

… Sigue en “¡Paparruchas!”.

El primer platillo volante del cine no vino de otro mundo

EL platillo volante de 'Bruce Gentry, daredevil of the skies'.El primer platillo volante del cine no llegó de otro mundo, sino que era un arma de un villano. Apareció en Bruce Gentry, daredevil of the skies (Bruce Gentry, el temerario de los cielos), un serial de quince episodios que Columbia estrenó en los cines de Estados Unidos el 10 de febrero de 1949, año y medio después del avistamiento de Kenneth Arnold que desató la fiebre ovni. El héroe, interpretado por Tom Neal, era un aviador curtido en las tiras cómicas de los periódicos que se veía involucrado en espectaculares persecuciones de coches y repartía mamporros a diestro y siniestro; el malvado, El Grabador, un tipo llamado así porque transmitía sus órdenes mediante cintas grabadas. Su objetivo, como el de todo supervillano que se precie, conquistar el mundo.

En el primer episodio del serial, titulado “El disco misterioso”, el avión pilotado por el héroe está a punto de chocar con un platillo volante que poco después explota en el aire. La aeronave de Gentry sufre antes de la aparición del objeto fallos en el instrumental, el efecto electromagnético que tres décadas después volvería loca la furgoneta de Roy Neary (Richard Dreyfuss) en Encuentros en la tercera fase (1977) y del que ya se hablaba a finales de los 40. El platillo volante de El Grabador deja bastante que desear como efecto especial, pero es el primero del cine. Dos años y medio después, en septiembre de 1951, Klaatu, el protagonista de Ultimátum a la Tierra, aterrizará en Washington con su nave espacial de forma discoidal en una espectacular escena.

El origen terrestre de los platillos volantes de Bruce Gentry, daredevil of the skies encaja con lo que entonces creían los estadounidenses y temían sus gobernantes. No fue hasta 1950 cuando se extendió la idea de que podía tratarse de naves alienígenas gracias a Donald E. Keyhoe, comandante retirado de la Infantería de Marina que en The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), el primer libro sobre el fenómeno, asegura que la Tierra está siendo observada por seres de otros planetas “desde hace al menos dos siglos”, que esa vigilancia se intensificó tras “las explosiones de bombas atómicas de 1945”, y que el Gobierno estadounidense lo sabe y lo oculta a la población..

Les dejo con la primera aparición cinematográfica de un platillo volante.