Espiritismo

Descolocado en el Más Acá

Hace más de dos años, dediqué un comentario al médium John Edward y su Cruzando al Más Allá, programa que entonces emitía People+Arts en Digital +. Edward dice que se comunica con los muertos y hace de esa capacidad espectáculo televisivo. Es todo, obviamente, un engaño. Tras explicar aquí qué técnicas emplea este discípulo de las hermanas Fox para hacer creer a la gente que habla con los espíritus, fui tajante en mi juicio: “John Edward es un tipo cachas bajo cuyo aspecto bonachón se oculta un desaprensivo, un sinvergüenza que juega con uno de los sentimientos más nobles del ser humano: el cariño por sus muertos. Ver Cruzando el Más Allá exige, por eso, tener un estómago a prueba de bomba. Lo bueno es que desmontarlo con el mando a distancia puede abrir a mucha gente los ojos sobre los manejos de los estafadores del futuro y del Más Allá, usen bola de cristal, cartas de tarot, ouija o cualquier otro artilugio de feria”.

Desde que publiqué la anotación, no he dejado de recibir mensajes de personas angustiadas por la pérdida de seres queridos, que creen que Edward podría ayudarles a comunicarse con sus parientes muertos. Son gente que sufre y necesita consuelo, y a la que los traficantes de misterios han vendido la idea de que hay individuos capaces de dialogar con los espíritus. Es mentira. Cualquiera puede comprobar en el vídeo aquí colgado que Edward no acierta nada, pregunta, pregunta y pregunta hasta que alguien se da por aludido, bombardea con nombres y fechas hasta que parece que algo casa con algo, sonsaca información a sus víctimas ante la cámara sin que éstas se den cuenta… Es un engaño despiadado. Tan cruel como el de quienes prometen curar el cáncer, el sida o cualquier otro mal hoy por hoy invencible. Por eso, me dejan mal cuerpo los mensajes de correo de estas personas, angustiadas y falsamente esperanzadas por el espiritismo, que me piden que les ponga en contacto con Edward. Hay quienes sostienen que dedicar tiempo y esfuerzo a poner en evidencia a sujetos como este médium es indigno de un escéptico, que no merece la pena molestarse por algo tan obviamente fraudulento como los contactos con el Más Allá, que es una chorrada. Yo discrepo.

Un vidente echa las cartas en el Salón del Esoterismo de San Sebastián. Foto: Efe.Creo que se trata de un asunto de higiene pública, como lo es denunciar la feria del engaño que, agosto tras agosto desde hace ya catorce, acoge San Sebastián. Responde al nombre de Salón del Esoterismo y, aunque hincarle el diente sería bien fácil para cualquier periodista que quisiera hacerlo y de paso ofrecer información veraz a su público, lo que me encuentro estos días en muchos medios de comunicación vascos es propaganda: que si una bruja canaliza una energía que le sirve para hacer predicciones, que si un vidente tiene sueños premonitorios, que si otro vende amuletos que protegen contra todo… A ver, compañeros, ¿dónde están las pruebas de todas esas afirmaciones extraordinarias?, ¿por qué cuando entrevistáis a caraduras esotéricos, aparentemente, os lo creéis todo?, ¿por qué no pedís a las organizaciones de consumidores y a la propia Administración que deje de hacer la vista gorda ante el fraudulento comercio de las habilidades paranormales y los amuletos? Individuos como los reunidos estos días en el palacio de Miramar cobran a sus clientes por adivinarles el futuro y diagnosticarles enfermedades por el aura, ¿no es eso un engaño al consumidor?

Me dejan descolocado los ingenuos que depositan su fe en médiums, videntes y embaucadores como John Edward, pero entiendo que la desesperación puede llevarle a uno a dar la espalda a la razón, aunque espero que, si me veo en el trance, la cabeza no me abandone. Sin embargo, lo que me descoloca aún más y no entiendo es que haya periodistas que aparquen el escepticismo inherente al ejercicio la profesión ante el primer caradura que dice ver el futuro, curar con las manos, grabar voces de fantasmas, tener contactos con extraterrestres o cualquier otra estupidez. Entiéndanme, hablo de periodistas serios, no de los autodenominados del misterio: ésos son tan dignos de crédito como los brujos. O menos.

Aceptan como prueba judicial el ‘testimonio’ de un muerto desde el Más Allá

Una jueza brasileña, Jacqueline Hofler, aceptó la semana pasada el testimonio del espíritu de una víctima de homicidio como prueba de la defensa en un juicio con jurado celebrado en Viamao, en el estado de Rio Grande do Sul. La vista concluyó con la absolución de la acusada, a la que exculpaban dos mensajes desde el Más Allá dictados por el muerto al médium Jorge José Santa María, según un despacho de la agencia Efe publicado por Univisión. “No sé si las cartas realmente pesaron en la decisión de los jurados. No era una prueba aislada y no había sólo esa evidencia en favor de la acusada. Mi impresión es que esa prueba no fue fundamental para el resultado del juicio”, ha declarado la magistrada al diario O Globo. El abogado defensor, Lucio de Contantino, cree, sin embargo, que la psicografía tuvo “un valor fundamental en la decisión de los jurados”.

La acusada era Lara Marques Barcelos, de 63 años y supuesta amante del notario Ercy da Silva Cardoso, de 71 años. El letrado fue asesinado a tiros en su casa el 1 de julio de 2003 y el autor del crimen confesó que había sido la mujer la que le había encargado el asesinato. En el juicio contra Marques Barcelos, la defensa presentó como prueba dos cartas dictadas por la víctima desde el Más Allá en una sesión espiritista. “Lo que más me pesa en el corazón es ver a Iara acusada de esa forma por mentes astutas como las de mis verdugos. Por eso he estado triste y rezo diariamente en favor de nuestra amiga para que la verdad prevalezca”, decía el espíritu del notario en una de las comunicaciones. Lo increíble es que la jueza aceptó la prueba inventada por la defensa, la Fiscalía no hizo nada por evitarlo y el jurado -con cinco votos contra dos- absolvió a la acusada.

Da miedo pensar lo que puede ocurrirle a cualquiera que sea juzgado por un tribunal presidido por Jacqueline Hofler a nada que haya un abogado listillo de por medio. Y pánico que cunda el ejemplo entre otros magistrados.

Cajal y el espiritismo

Santiago Ramón y Cajal.“Continúa la moda inexplicable de la teosofía y del espiritismo. Pena da pensar que, en los absurdos de la moderna brujería, hayan caído hombres de ciencia como Crookes y Richet, y filósofos como Krause y W. James. Yo confieso, un poco avergonzado, mi irreductible escepticismo. Y me fundo, aparte ciertas razones serias (comprobación de las supercherías de los médiums e imposibilidad de demostrar la identidad de los aparecidos), en los siguientes frívolos motivos: en ninguna de las invocaciones de ultratumba publicadas en libros y revistas espiritistas he encontrado una suegra duende turbando la felicidad de su yerno, ni un espectro de poeta chirle infernando, con bromas pesadas, la vida de sus críticos”, dejó escrito Santiago Ramón y Cajal en su libro Charlas de café. Pensamientos, anécdotas y confidencias (1920).

Cuenta Antonio Calvo Roy, en Cajal. Triunfar a toda costa (1999), que el neurocientífico investigó los fenómenos hoy llamados paranormales con los mismos resultados que Harry Houdini. “Bastaba que yo asistiera a una sesión de adivinación, de sugestión mental, de doble vista, comunicación con los espíritus, posesión demoniaca, etc., para que, a la luz de la más sencilla crítica, se disiparan cual humo todas las propiedades maravillosas de los médiums o de las histéricas zahoríes. Lo admirable de aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes“, escribió en Historia de mi labor científica (1905). Es lo que pasa cuando uno se acerca al mundo del misterio a examinar las pruebas.

El científico aragonés, de cuyo Nobel se cumple este año el centenario, fue un adelantado a la hora de tratar de comprobar qué había de cierto y de falso en la comunicación con el Más Allá, y también al abordar desde el humor las creencias paranormales, con su lamento sobre la inexplicable inocuidad del espíritu de la suegra. Años después, Houdini se convirtió en el azote de los espiritistas. Tras la muerte de la madre del ilusionista, Jean Leckie, médium y segunda esposa de Arthur Conan Doyle -el padre de Sherlock Holmes y amigo de Houdini-, pretendió entrar en contacto con ella. El supuesto espíritu de la madre del mago se comunicó a través de Doyle en inglés, cuando siempre hablaba con su hijo en yiddish, no recordó que el día de la sesión era el de su cumpleaños y olvidó mencionar a su también difunto marido. Para Houdini, aquello demostró que la mediumnidad de Jean Leckie era una patraña.

A partir de ese momento, el famoso escapista se dedicó a la denuncia de los engañabobos que se lucraban poniendo a los ingenuos en contacto con sus familiares muertos. Escribió un libro, A magician among the spirits (1924), en el que cuenta sus experiencias con los médiums y otro, Miracle mongers and their methods (1920), en el que desvela los trucos de otros charlatanes. El broche final de su labor escéptica se lo llevó a la tumba. Acordó en secreto con su esposa, Bess, un código mediante el que se comunicaría con ella después de muerto, si es que tal cosa era posible. La viuda del mago asistió a numerosas sesiones de espiritismo durante diez años; en ninguna se manifestó el auténtico Houdini. El ilusionista fue el precursor de una corriente de pensamiento que tiene ahora su máximo exponente como organización en el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) -integrado por destacados intelecuales y varios premios Nobel- y como individuo en James Randi, el mago que desenmascaró a Uri Geller.

Elsie -una de las niñas protagonistas del fraude de Cottingley- y el gnomo, en septiembre de 1917. Arthur Conan Doyle, que era un crédulo irredento, representa el reverso de la moneda. Creía que Houdini tenía poderes paranormales y que los utilizaba en sus espectáculos, y firmó un libro, El misterio de las hadas (1922), en el que dio por auténticas las fotos de las hadas de Cottingley, hechas por dos niñas con imágenes recortadas de revistas, según confesó una de ellas en 1982. La obra es tan disparatada que una reciente edición española lleva una faja con la siguiente leyenda: “Un libro sorprendente, y por momentos francamente tronchante, por el autor de Sherlock Holmes”.

En España, lamentablemente, ningún científico ni pensador de prestigio ha cogido hasta ahora con decisión el testigo de de Santiago Ramón y Cajal en la lucha contra la superstición. Los hay, como Eudald Carbonell, codirector de las excavaciones de Atapuerca, que no dudan en criticar duramente la pseudociencia próxima a su especialidad -en el caso del investigador catalán, el creacionismo en todas sus variantes-; pero aún no existe en nuestro país un científico de renombre que plante cara a los vendedores de misterios en general, al estilo de Carl Sagan, Richard Dawkins y otros destacados miembros del CSICOP.

Uno de cada cinco españoles cree en los espíritus y ha consultado con videntes, curanderos o brujos

<El 20,2% de los españoles cree en los espíritus y un 18,5% ha consultado alguna vez con un vidente, curandero o brujo, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) basado en 2.487 entrevistas personales hechas a mayores de 18 años entre el 19 y el 25 de enero de 2003. El trabajo revela, además, que el 16,7% de la población cree en los curanderos y reduce la fe a horóscopos, videntes y brujas, con un 9,3%, un 9% y un 6,3%, respectivamente. “La creencia en estos fenómenos guarda una sorprendente relación con la edad, pues al descender ésta la creencia aumenta” explican los autores de La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. En casos como el de la brujería, podría estar por medio “una estima social negativa”, que sería menor entre los más jóvenes, ya que éstos creen más en la brujería que los mayores (un 10,6% de la población de 18 a 24 años tiene fe en las brujas, frente a un 3% de las personas de 55 a 64 años y sólo un 2,3% de los mayores de 65 años).

Los expertos no han encontrado una relación entre creencia y tamaño del municipio, ingresos e ideas políticas, aunque sí han constatado que las mujeres “son más creyentes en estos fenómenos; pero con escasa diferencia, sobre todo cuando se trata de curanderos y brujas”. Hay datos que, a primera vista, parecen chocantes. Aunque los universitarios son en general menos supersticiosos que la media, a más estudios no corresponde un mayor escepticismo. Los españoles que han llegado a cursar Secundaria, Formación Profesional y grados medios universitarios son casi siempre más crédulos que aquéllos sin estudios. Además, los licenciados universitarios creen más en las brujas (4,1%) que la gente que no ha pasado por la escuela (2,8%), y ambos colectivos tienen unos índices de creencia muy parecidos respecto a los videntes y los horóscopos. “Se da una ligera tendencia a disminuir (la creencia) al elevarse los estudios”, indican los autores, aunque los más creyentes son siempre los que han estudiado Formación Profesional, un cuarto de los cuales cree en los espiritus y una quinta parte en los curanderos.

Pérez-Agote; Alfonso; y Santiago García, José A. [2005]: La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. Edita el Centro de Investigaciones Sociológicas (Col. “Opiniones y Actitudes”, Nº 49). Madrid. 138 páginas.