Encuentros en la tercera fase

El terrorífico origen ufológico de ‘ET’, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del terrorífico origen ufológico de ET, en la undécima entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

El terrorífico origen ufológico de ‘ET’

Cuando a finales de los años 70 Columbia presionaba a Steven Spielberg para que hiciera una secuela de Encuentros en la tercera fase (1977), él tenía en mente un filme sobre un ataque alienígena en la América rural. Quería titularlo Watch the skies (Vigilad los cielos), por la sentencia de cierre de El enigma de otro mundo (1951), pero renunció a ello al ya estar la frase registrada.

“Yo no iba a dirigir ET. La película se iba a llamar Night skies (Cielos nocturnos) y estaba basada en una historia de la mitología ovni -el caso de Kelly-Hopkinsville– en la que una familia informó de que unos pequeños seres grises habían atacado su granja, montando vacas en el corral y tratando de entrar en la casa”, explicaba el cineasta hace un año en la revista Entertainment Weekly.

Es el suceso más aterrador de los clásicos de la ufología. Ocurrió el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, entre las poblaciones de Kelly y Hopkinsville, en Kentucky. Once personas -ocho adultos y tres niños- sufrieron el asedio de unas criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos. Eran como los gremlins malos de la película de Joe Dante de 1984; pero de un metro de altura. Y no eran grises -como recuerda Spielberg-, sino verdes, ni la emprendieron con el ganado.

Tres horas de asedio

Boceto de la apariencia de los intrusos hecho por Gary F. Hodson, de la 101ª División Aerotransportada, con base en Fuerte Campbell.Hacia las 19 horas de aquel día, Billy Ray Taylor, de 21 años, salió a beber agua de un pozo -el rancho no tenía agua corriente- y vio cruzar el cielo una luz que tomó por un platillo volante. Una hora después, empezaron a oírse ruidos en el exterior, los perros comenzaron a ladrar, y Taylor y Elmer Sutton, de 25 años, salieron armados a investigar. Vieron un hombrecillo entre los árboles, la emprendieron a tiros con él cuando se dirigía hacia ellos flotando y regresaron a la casa.

Todos los hombres cogieron entonces sus rifles y escopetas. Una criatura se asomó fugazmente a una ventana, y uno disparó, errando el tiro. El ataque se prolongó tres horas, durante las que los visitantes parecían correr por el techo y rascar la madera como queriendo entrar en la casa, y los campesinos disparaban a todo lo que se movía. A las 23 horas, escaparon en coches hasta la comisaría de Hopkinsville y, poco después, el rancho se llenó de policías que no encontraron prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de ningún intruso.

“En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, señalaba el astrónomo y ufólogo Joseph Allen Hynek en su libro The ufo experience (La experiencia ovni, 1972). Para este exasesor de los proyectos Signo, Imán, Rencor y Libro Azul -los estudios sobre ovnis de la Fuerza Aérea de Estados Unidos-, el caso de Kelly-Hopkinsville era “claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común”.

Misterio y explicaciones

Hynek era escéptico respecto a la conexión ufológica del suceso. Apuntaba que sólo uno de los testigos había visto el supuesto objeto volante no identificado y creía que la apariencia de los seres podía entroncar con “antiguas leyendas”, si bien no se atrevía a descartar que los ovnis y sus tripulantes estuvieran en el origen de la historia. El caso tampoco mereció especial atención para los responsables militares del Proyecto Libro Azul. Aunque en la ficha oficial puede leerse No identificado, eso se debe a que nunca se llego a investigar.

La ficha del caso de Kelly-Hopkinsville en los archivos del Proyecto Libro Azul.“Junto al archivador de Datos insuficientes había otro marcado como CP. Eso significaba chifladuras. A ese archivo iban a parar todos los informes de personas que habían hablado con los tripulantes de los platillos volantes, que habían inspeccionado platillos volantes que habían aterrizado en Estados Unidos, que habían viajado en platillos volantes o que eran miembros de la tripulación de platillos volantes. Según los estándares del Proyecto Libro Azul, ésos no eran buenos informes de ovnis”, escribe Edward J. Ruppelt, que dirigió el proyecto entre marzo de 1952 y febrero de 1953, en The report on unidentified flying objects (El informe sobre los objetos volantes no identificados, 1956). Además, el texto de una conferencia sobre el programa militar de investigación ovni, dada en fecha desconocida en la Escuela de la Inteligencia Técnica Aérea (ATI), incluye el caso de “los hombrecillos verdes de Hopkinsville” en una lista de sucesos sospechosos de ser fraudes, como puede comprobarse en los archivos del Proyecto Libro Azul.

Mucho menos exigente era Antonio Ribera, el padre de la ufología española. En su libro Encuentros con humanoides (1982), ve “un retrato exacto del humanoide de Kelly-Hopkinsville” en una representación del Diablo en un capitel del templo románico de Santa María de l’Estany y concluye que al artista medieval “posiblemente le sirvió de modelo un auténtico humanoide”. Ahí queda eso. Lo que sí es cierto es que, con el caso ovni de Kelly-Hopkinsville, el estereotipo del hombrecillo verde, propio hasta entonces de los cuentos de hadas y la ciencia ficción, se incorpora al mito ovni.

Recientemente, el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell han apuntado que los monstruos de Kelly-Hopkinsville -nadie vio más de dos a la vez- pudieron ser una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus). De hábitos nocturnos, esta ave puede alcanzar los 64 centímetros de altura, es muy agresiva cuando se siente amenazada, tiene dos penachos de plumas que parecen cuernos, grandes ojos amarillos… y habita en Kentucky. ¿Y el ovni? Nickell indica que, en aquella época, se vieron muchos bólidos en la región y que eso fue posiblemente el platillo volante de Billy Ray Taylor.

Adiós a ‘Night Skies’

ET, el extraterrestre cerado por Carlo Rambaldi.Spielberg tenía ya un borrador del guión de Night skies cuando rodaba En busca del arca perdida en Túnez en el verano de 1980. Sin embargo, entre peleas, persecuciones y explosiones, decidió volver “a la tranquilidad o, al menos, la espiritualidad de Encuentros“. Y abocetó con la guionista Melissa Mathison -entonces, novia de Harrison Ford- lo que acabaría siendo ET, un cuento de hadas en el que los malos son los adultos.

Es muy posible que el cineasta supiera del caso de Kelly-Hopkinsville leyendo The ufo experience mientras preparaba Encuentros. Hynek fue asesor de esa película, que debe su título a la clasificación de los avistamientos de platillos volantes que hace en ese libro. El astrónomo habla de observaciones lejanas y cercanas, y divide las últimas en encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la gran película de Spielberg sobre el tema ovni.

‘ET’, en la Casa Blanca

La conexión ufológica de ET culmina el 27 de junio de 1982, poco después de su proyección privada en la Casa Blanca, a la que asistió una treintena larga de personas, incluidos Ronald y Nancy Reagan, y el propio director. Se cuenta que la historia del explorador alienígena abandonado en la Tierra por sus compañeros conmovió al presidente y su esposa hasta el límite de que ésta lloraba durante las escenas finales. Pero lo más sorprendente fue la inquietante revelación que hizo el presidente al cineasta ante el resto de los invitados.

“Quiero agradecerle que haya traído ET a la Casa Blanca. Hemos disfrutado con su película. Hay gente en esta sala que sabe que todo lo que ha visto en esa pantalla es absolutamente cierto”. Esta última frase, que, con ligeras variaciones, se encuentra en multitud de webs, sería el reconocimiento implícito de que EE UU oculta al mundo que estamos siendo vistados por extraterrestres.

En junio del año pasado, el crítico de cine Quint (Eric Vespel) preguntó a Spielberg por ese episodio durante una entrevista. Y el cineasta confirmó la autenticidad del comentario presidencial, aunque con un importante matiz. “¡Y (el presidente) lo dijo sin sonreír! Sin embargo, lo dijo y todo el mundo se echó a reír. La sala entera se echó a reír porque él lo hizo como una broma, aunque no sonreía mientras lo decía”. Spielberg reconoce que, como es “un poco ufólogo”, le hubiera gustado que las palabras de Reagan fueran más que un chiste, pero… “Lamento decir que creo que simplemente estaba haciendo una broma”.

Ronald y Nacy Reagan hablan con Steven Spielberg en la Casa Blanca después de la proyección de 'ET', el 27 junio de 1982. Foto. Biblioteca Reagan.

La Vía Láctea sobre la Torre del Diablo

La Torre del Diablo, en Wyoming. Foto:  Wally Pacholka.

Una buena imagen astronómica es siempre impactante. Aquí tienen la Torre del Diablo (Wyoming), el escenario en Encuentros en la tercera fase del primer contacto con extraterrestres, con la Vía Láctea sobre ella. La montaña, de 386 metros de altura, protagoniza la Foto Astronómica del Día de hoy. Según el texto que acompaña a la imagen, aunque todavía se discute el origen geológico de esta formación, lo más probable es que sea “lava endurecida que, probablemente, nunca alcanzó la superficie para convertirse en un volcán. La roca más ligera que rodeaba el denso cuello volcánico se acabó erosionando, dejando a la vista la espectacular torre”. La imagen es de Wally Pacholka, astrónomo aficionado y autor de otras fotos espectaculares, como la de Marte deslumbrante sobre el Valle del Monumento, que pueden contemplarse en su web AstroPics.com.

‘Encuentros en la tercera fase’, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 5 de diciembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de los treinta años de Encuentros en la tercera fase, en la novena entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

Treinta años de ‘Encuentros en la tercera fase’

Anuncio del estreno de 'Encuentros en la tercera fase' publicado en 'El Correo' el 17 de marzo de 1978.

Vi Encuentros en la tercera fase (1977) en el desaparecido cine Astoria de Bilbao en abril de 1978, meses después de haber alucinado en la misma sala con La guerra de las galaxias (1977). Salí de la proyección, a la que fui con mi hermano, impresionado por la historia y el despliegue de efectos especiales. Es posible -no lo puedo asegurar- que esta cinta me acabara por lanzar en los brazos del fenómeno de los platillos volantes, que consideré un auténtico enigma durante la adolescencia. Después, he visto la película de Steven Spielberg varias veces, aunque de otro modo, quizá porque es una obra con una carga religiosa que la enriquece a quien la ve con fe.

“Para aquéllos que no pueden creer en la Segunda Venida, ni en las esperanzas mesiánicas del judaísmo ortodoxo, ¡están los ovnis! Si la Tierra está siendo visitada por extraterrestres, si el cielo (como señala un sahdu indú en Encuentros) está cantando para nosotros, seguramente los alienígenas deben ser amistosos o ya nos habríamos enterado de lo contrario. Esta posibilidad infantil es la que ha mantenido en el candelero a los platillos volantes durante treinta años. ¡Treinta años! Exactamente la edad del señor Spielberg”, escribió Martin Gardner en 1978 en The New York Review of Books. En ese texto, publicado en español en La ciencia: lo bueno, lo malo y lo falso (1981), el divulgador científico y escéptico fustiga sin piedad la novelizaciónde la película firmada por el cineasta y califica el credo ufológico de religión pop.

Coincido con Gardner en que el libro de Spielberg se le cae a uno de las manos -fui incapaz de leerlo en su día y eso que he leído cosas muy, muy malas- y en que estamos ante una película equiparable a esas epopeyas religiosas con las que ciertas cadenas de televisión castigan a la audiencia en Navidad y Semana Santa, época esta última en la que mi debilidad es La vida de Brian (1979). Sin embargo, Encuentros en la tercera fase me sigue gustando, al igual que, a pesar de las críticas de muchos amigos escépticos, me encanta Expediente X. Por eso, celebro que, con motivo del trigésimo aniversario de su estreno en Estados Unidos, haya salido a la venta un paquete con la versión original, la especial, el montaje de 1998 y tres documentales.

Ufólogos en la pantalla grande

'The ufo experience', de Joseph Allen Hynek.El hombre que está en el origen de Encuentros en la tecera fase murió en abril de 1986, a los 75 años. Se llamaba Joseph Allen Hynek y era astrónomo. Fue asesor de los proyectos Signo, Imán, Rencor y Libro Azul, nombres en clave de los estudios sobre ovnis de la Fuerza Aérea de Estados Unidos entre 1947 y 1969. Explicaba convencionalmente sucesos en los que los ufólogos veían extraterrestres. Poco después de que la Fuerza Aérea abandonara en 1969 las investigaciones sobre platillos volantes por considerar que éstos ni eran producto de una tecnología avanzada ni una amenaza para EE UU, se cayó del caballo y se convirtió a la fe alienígena.

Hynek publicó en 1972 The ufo experience (La experiencia ovni). En este libro, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, mientras que divide las segundas en encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película de ovnis más famosa.

Encuentros en la tercera fase -errónea traducción de Close encounters of the third kind– es un recorrido por la clasificación de Hynek, quien fue asesor técnico de la película. La acción arranca con las luces nocturnas, elude los discos diurnos -ver los ingenios alienígenas claramente hubiera minado la apoteosis final- y culmina con el descenso de los tripulantes de una gran nave en la Torre del Diablo, en Wyoming. Entre los asistentes a ese primer contacto, está Hynek, quien protagoniza 8 segundos de la cinta en los que se abre paso entre el gentío, con su barba de chivo, bata blanca y chupando una pipa. Pero hay otro ufólogo con mayor protagonismo en la trama.

Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, en los años 70.Interpretado por François Truffaut, el francés Claude Lacombe es quien descubre el lenguaje musical de los extraterrestres de Spielberg. El personaje está inspirado en Jacques Vallée, astrónomo y ufólogo galo que en 1969 se doctoró en Informática por la Universidad del Noroeste (Illinois), donde conoció a Hynek. Vallée es autor de Pasaporte a Magonia (1969), libro en el que propuso que “los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Ángeles, demonios, hadas, elfos y extraterrestres eran, para él, diferentes denominaciones para unos mismos entes de otra dimensión que han influido en la historia humana.

El prototipo de extraterrestre

El comienzo y parte del final de Encuentros en la tercera fase son guiños al misterio del triángulo de las Bermudas, fabricado por Charles Berlitz y otros autores con alergia a la verdad. Al principio, Lacombe identifica en el desierto mexicano de Sonora un escuadrón de aviones torpederos desaparecidos en aguas del Atlántico, frente a Florida, el 5 de diciembre de 1945, el llamado Vuelo 19. Los aparatos están intactos; sólo faltan las tripulaciones. Al final, los militares desaparecidos en 1945 descienden de la gran nave extraterrestre, y el ufólogo comprueba que no han envejecido. Lacombe y el electricista Roy Neary, interpretado por Richard Dreyfuss, viven sendas conversiones al credo alienígena: el primero, a través de la investigación de una sucesión de avistamientos; el segundo, por su obsesión tras un encuentro cercano del segundo tipo en el que un ovni vuelve loco el instrumental de su furgoneta.

Roy Neary, rodeado por los extraterrestres en 'Encuentros en la tercera fase'.Encuentros en la tercera fase fue para Spielberg una película especial. En aquella época, creía en las visitas alienígenas. Pero el tiempo no pasa en vano. “Ya no estoy tan seguro de la presencia de vida extraterrestre entre nosotros como veinte años atrás -admitía el cineasta hace dos años-. En los 70 yo estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados. Es lo que reflejé durante el rodaje de Encuentros en la tercera fase, y después con ET. Pero no me han convencido mucho las pruebas que se han aportado desde entonces. A diferencia de los años 60 y 70, ahora poseemos millones de videocámaras y, no obstante, no hemos conseguido mejores evidencias. Las imágenes de los ovnis de hace treinta años no han cambiado y siguen siendo de objetos que no requieren necesariamente una tecnología extraterrestre”.

La influencia de Encuentros en la tercera fase en la cultura popular es evidente. El prototipo actual de alienígena -flacucho, cabezón y gris- se impuso al resto gracias a esta película. “Spielberg triunfó tanto en la creación de la imagen canónica del ET postmoderno como en proporcionar una explicación a por qué no lo vemos: todo se debe a un encubrimiento gubernamental“, destaca el historiador del arte John F. Moffitt en su libro Picturing extraterrestrials. Alien images in modern mass culture (Dibujando extraterrestres. Imágenes alienígenas en la moderna cultura de masas). Desde el primer contacto de la Torre del Diablo, los extraterrestres son grises. Si no, no son creíbles.