Edzard Ernst

Carlos de Inglaterra contra Edzard Ernst, en Radio Vitoria

Alejandra Eguiluz y yo hablamos el lunes de la cómo Carlos de Inglaterra silenció a Edzard Ernst, científico crítico de las medicinas alternativas, en la decimotercera entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

Cómo silenció Carlos de Inglaterra a Edzard Ernst, el principal experto europeo en medicinas alternativas

“Fui interrogado, investigado, tratado como basura durante 13 meses y al final exonerado”. Así recuerda Edzard Ernst el calvario que vivió tras criticar en la prensa en 2005 un informe favorable a la inclusión de terapias alternativas en la Sanidad pública británica encargado por Carlos de Inglaterra. El científico, doctor en medicina, consideraba el estudio “vergonzosamente erróneo y peligroso”, se enfrentó al príncipe de Gales, un apasionado de todo lo alternativo y natural, y acabó sin trabajo. Ahora cuenta la historia en A scientist in Wonderland (Un científico en el País de las Maravillas), libro que acaba de salir a la venta.

Edzard Ernst, en San Sebastián en 2011. Foto: Elhuyar.Nacido en Alemania en 1948, hijo y nieto de médicos, Ernst completó su formación reglada con estudios de acupuntura, homeopatía y otras terapias alternativas, y dio sus primeros pasos profesionales en un hospital homeopático. “Una vez que acabé el doctorado, empecé a pensar como un científico y, entonces, mi fascinación por la homeopatía aumentó. Sabía que aquello no podía funcionar. Los principios básicos de la homeopatía dicen que lo similar cura lo similar y que, cuanto más diluida está una sustancia, más potente es. No tienen sentido”, me explicaba hace cuatro años. Comenzó a investigar y concluyó que la homeopatía sólo funciona por la fe del paciente en el terapeuta y lo que le receta, lo que se conoce como efecto placebo.

Su prestigio hizo que en 1993 le invitaran a poner en marcha la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter. Se convirtió en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo, y el heredero británico le pidió una copia de su discurso inaugural. “Esto es grande, pensé. Me emocionaba que alguien tan influyente como el príncipe Carlos estuviera interesado en mi trabajo. ¿Qué podía ser mejor que tener apoyo en las alturas?”, escribe en el capítulo que dedica al episodio, titulado “Off with his head!” (¡Que le corten la cabeza!).

Las obsesiones del príncipe

No tardó en descubrir lo confundido que estaba. Comprobó que, desde los años 80, el príncipe de Gales “había promocionado la medicina alternativa infatigablemente, mostrándose a menudo reacio o incapaz de distinguir entre el auténtico cuidado de la salud y la flagrante charlatanería, entre la medicina y el aceite de serpiente, o entre la verdad y algunas obsesiones de su propia cosecha”. Carlos de Inglaterra “parecía ser un firme defensor de la sinrazón y un formidable oponente a cualquier intento de trasladar la ciencia o el pensamiento crítico a la medicina alternativa”. El príncipe de Gales, destaca el científico, se ha llegado a mostrar orgulloso de ser “un enemigo de la Ilustración”.

En Exeter, Ernst, el principal experto europeo en terapias alternativas, sometió esas prácticas a los mismos filtros experimentales que las convencionales. Constató que la mayoría carece de efectividad, y que la homeopatía y la quiropráctica, además, son peligrosas porque animan a abandonar tratamientos que funcionan y causan graves lesiones, respectivamente. El establecimiento de su cátedra coincidió en el tiempo con el de la Fundación del Príncipe para la Salud Integral, creada por el heredero y que cerró en 2010 entre acusaciones de fraude y lavado de dinero. Al principio, hubo relación entre ambas instituciones, pero pronto se distanciaron por las críticas de Ernst a las terapias alternativas.

'A scientist in Wonderland', de Edzard Ernst.En 2005, la fundación de Carlos de Inglaterra publicó una guía que recomendaba acupuntura contra las adicciones, osteopatía contra el asma y cosas por el estilo. “Era un canto a la charlatanería pagado con dinero de los contribuyentes”, sentencia el científico, quien se opuso entonces públicamente por primera vez a los dictados del hijo de Isabel II. Las afirmaciones infundadas de esa guía “tienen el potencial de causar la muerte a muchos pacientes”, asegura en el libro. Ese mismo año, retiró su nombre de un informe, elaborado por el economista Christopher Smallwood para la fundación del heredero, que pedía la inclusión de la medicina alternativa en la sanidad pública. “Era un documento peligroso y vergonzosamente deficiente”.

En agosto, le pidió su opinión un periodista de The Times a quien alguien había filtrado el informe, y Ernst lo describió como basura. Semanas más tarde, el secretario personal del heredero escribió a la universidad, acusándole de haber filtrado el documento. “Lo que siguió fue el periodo más desagradable de mi vida profesional”. La investigación interna, con incontables interrogatorios y el escrutinio de todo su correo electrónico y físico, le minó. “Tuve que contratar un caro asesoramiento legal, mi calidad de vida saltó por la venta y hasta mi salud se deterioro”. Al final, tras 13 meses, Ernst fue declarado inocente, pero en los años que siguieron su departamento sufrió un brutal recorte de fondos que derivó en su desmantelamiento en 2011. Y él perdió el trabajo. El médico lo tiene claro: todo fue una maniobra del príncipe de Gales para quitarle del medio.

La autoridad de la cuna

Entre la exoneración y se despedida forzada de la Universidad de Exeter, el científico no se calló la boca cuando en marzo de 2010 se supo que Duchy Originals, una empresa de Carlos de Inglaterra, vendía productos como la tintura desintoxicante de alcachofa y diente de león, que dice que elimina toxinas del cuerpo, al módico precio de 10 libras por 50 mililitros (200 libras el litro). “Carlos está explotando a la gente en tiempos difíciles”, dijo entonces Ernst, y añadió que la firma del príncipe debería denominarse Dodgy Originals (Originales no fiables) porque, “bajo el estandarte de la atención médica holística e integral, promueve un arreglo rápido y un curanderismo descarado”.

Cuando en octubre de 2005 se publicó el informe Smallwood, Richard Horton, director de la revista científica The Lancet, advirtió en una carta a The Guardian de que contenía “disparates peligrosos”. Decía:

El resumen [del informe] incluye lo siguiente: “La mejor prueba de la homeopatía, en términos de  beneficios para la salud y reducción de costos, está asociada con su uso como una alternativa a la medicina convencional en relación con una serie de enfermedades de todos los días, especialmente el asma”.

Cerca de 1.400 personas mueren de asma cada año en Reino Unido. Es una enfermedad que amenaza la vida y que puede controlarse mediante el uso de medicamentos. La idea de que la homeopatía puede sustituir al tratamiento convencional, como el informe del príncipe sugiere, es absolutamente errónea. No existe una sola prueba fehaciente para apoyar esta afirmación increíblemente incorrecta. Se perderán vidas si se sigue esta práctica, al parecer respaldada por el presidente de Consejo Médico General.

En el capítulo de A scientist in Wonderland dedicado a su choque con Carlos de Inglaterra, Ernst lamenta que el heredero nunca haya querido debatir sus estrafalarias ideas con expertos: “En la mejor tradición de los viejos dogmáticos, el príncipe Carlos esquiva estudiadamente cualquier cosa que pueda exponer o amenazar sus erróneos puntos de vista”. Como él, hay otros científicos que han dejado claro que el hijo de Isabel II juega con la ventaja de cuna a la hora de promocionar sus peligrosas ideas. Así, recuerda el excatedrático de Exeter, cuando en 2004 el príncipe elogió en una conferencia una dieta que, según él, curaba el cáncer, el cirujano oncológico Michael Baum, experto en el tratamiento del cáncer de mama, replicó en el British Medical Journal con una carta abierta a Carlos de Inglaterra en la que, entre otras cosas, decía: “El poder de mi autoridad viene del conocimiento atesorado durante 40 años de estudio y 25 de investigación sobre el cáncer… Su poder y autoridad se deben a un accidente de nacimiento”. Al parecer, eso es suficiente, incluso en una democracia como la británica, para silenciar a científicos que le contradicen e incomodan.

Ernst, Edzard [2015]: A scientist in Wonderland. A memoir of searching for truth and finding trouble. Imprint Academic. Exeter. 173 páginas.

Los manejos de la industria homeopática y la venta de títulos universitarios, en Punto Radio Bizkaia

Rebeca Gimeno y yo hablamos el martes pasado en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de los sucios manejos de la industria homeopática, la venta de títulos universitarios y la enseñanza de ciencia y religión en la escuela, en la cuadragésima tercera entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Laboratorios homeopáticos alemanes compran a un periodista para que calumnie a un científico crítico

Edzard Ernst, en el palacio de Miramar, en San Sebastián. Foto: Fundación Elhuyar.Seis laboratorios homeopáticos alemanes han pagado decenas de miles de euros a un periodista por lanzar en Internet una campaña de descrédito contra Edzard Ernst, médico experto en terapias alternativas que considera que la homeopatía es un timo y critica su práctica sin concesiones. El escándalo ha salido a la luz en las páginas del diario Süddeutsche Zeitung, en un artículo titulado “Schmutzige methoden der sanften medizin” (Los trucos sucios de la medicina alternativa) de cuya existencia me he enterado esta mañana gracias al propio Ernst y cuyo contenido ha resumido Andy Lewis en The Quackometer. Los impulsores de la campaña son las firmas Deutsche Homöopathie-Union (DHU), Biologische Heilmittel Heel, Staufen Pharma, WALA Heilmittel, Weleda y Hevert, que se unieron para pagar 43.000 euros anuales al periodista Claus Fritzsche  para que escribiera en la Red artículos atacando a Ernst y los enlazara de tal modo que ganaran influencia en Google, que así podría llegar a ofrecer ese material injurioso en los primeros resultados de una búsqueda sobre el médico alemán.

Ernst, una especie de bestia negra para los homeópatas, puso en marcha en 1993 la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter, convirtiéndose en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo. Empezó su carrera profesional en Alemania en un hospital homeopático. “Había visto que los pacientes mejoraban con la homeopatía a pesar de que, como científico, sabía que aquello no podía funcionar. Los dos principios básicos de la homeopatía dicen que lo similar cura lo similar y que, cuanto más diluida está una sustancia, más potente es. No tienen sentido”, me contaba hace un año. Al someter esa práctica al método científico, comprobó que su éxito se basa en el efecto placebo. “La homeopatía funciona porque sus practicantes son muy empáticos, dedican tiempo a los pacientes, les intentan entender… Es como una minipsicoterapia”.

El escéptico alemán es muy activo en Internet y las redes sociales, y eso le ha convertido en el blanco de continuos ataques por la industria homeopática. Así, Lewis recuerda como Fritzsche llegó a sugerir, en un artículo publicado en una revista de los médicos homeópatas alemanes, que Ernst carece de las credenciales que dice tener. Que seis laboratorios homeopáticos alemanes hayan pagado decenas de miles de euros a un periodista sin escrúpulos para injuriar a un crítico hacia esa pseudomedicina no debería sorprender a nadie. Actitudes como la de Ernst, basadas en la ciencia y el espíritu crítico, ponen en peligro el negocio multimillonario de la venta de azúcar y agua a precio de oro. Claro que las malvadas son las farmacéuticas convencionales, no las bondadosas comercializadoras de remedios inútiles que nunca han demostrado curar nada y que destinan dinero a montar campañas injuriosas contra quienes denuncian ese fraude.

“Con la homeopatía, los farmacéuticos nos están timando”, dice el médico y divulgador Edzard Ernst

Edzard Ernst puso en marcha en 1993 la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter y se convirtió en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo. Es autor, junto con el periodista Simon Singh, de Trick or treatment? Alternative medicine on trial (¿Truco o tratamiento? Juicio a la medicina alternativa), un alegato contra las pseudoterapias. Esta tarde dará una conferencia en San Sebastián, invitado por la Fundación Elhuyar, que ha publicado el libro en euskera.

– Desde un punto de vista científico, ¿la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica son medicinas?

– La homeopatía no es medicina; no es plausible y no funciona. Con la acupuntura, es un poco más complicado, ya que parece que funciona en algunos casos, aunque no en la mayoría. Y las pruebas apuntan a que la quiropráctica es tan buena o mala a la hora de aliviar el dolor de espalda como un tratamiento médico, pero no sirve para otras cosas.

– ¿La quiropráctica es más efectiva que un masaje para combatir el dolor de espalda?

– No.

– ¿La acupuntura alivia el dolor más que el placebo?

– En algún caso, parece sí. Nosotros hemos diseñado una aguja placebo que no penetra en la piel, aunque simula que lo hace. Por lo que hemos visto, en el caso del dolor de rodilla, la acupuntura real funciona mejor que la acupuntura placebo.

“No podía funcionar y funcionaba”

Edzard Ernst, ayer en el palacio de Miramar, en San Sebastián. Foto: Fundación Elhuyar.– Usted practicó la homeopatía y ahora es uno de sus mayores críticos.

– Cuando acabé la carrera en Alemania, mi primer trabajo fue en un hospital homeopático. Estuve seis meses y aprendí cómo trabajan los homeópatas. Una vez que acabé el doctorado, empecé a pensar como un científico y, entonces, mi fascinación por la homeopatía aumentó.

– ¿Cómo así?

– Había visto que los pacientes mejoraban con la homeopatía a pesar de que, como científico, sabía que aquello no podía funcionar. Los dos principios básicos de la homeopatía dicen que lo similar cura lo similar y que, cuanto más diluida está una sustancia, más potente es. No tienen sentido.

– ¿Y qué hizo?

– Empecé a aplicar el método científico a la homeopatía, esperando que alguien diera con la respuesta porque ganaría no uno, sino dos premios Nobel -el de Química y el de Física-, tendrían que reescribirse los libros de texto… Pero la explicación nunca llegó.

– Aunque la homeopatía sigue funcionando a mucha gente.

– Funciona porque sus practicantes son muy empáticos, dedican tiempo a los pacientes, les intentan entender… Es como una minipsicoterapia.

– ¿Cómo puede haber médicos que crean en ella?

– Va a tu consulta un paciente y te cuenta que sufre dolores de cabeza desde hace años. Le das un remedio homeopático y, cuando regresa, te dice que no ha vuelto a tenerlos. Eso no te lleva a pensar que lo imposible es posible, pero has visto que la homeopatía funciona.

– Todo médico sabe que el placebo funciona y también que, cuanto más diluido está un preparado, menos potente es.

– Sí. Los médicos saben todo eso, pero son una especie muy poco crítica. Carecen de pensamiento crítico y no sólo en lo que se refiere a la homeopatía. Un buen clínico tiene, ante todo, que convencer al paciente. Si le da un fármaco, aplica el pensamiento crítico y le dice que no siempre funciona, que puede haber tal o cual problema, le está privando del posible efecto placebo.

Placebo y algo más

– Porque los medicamentos de verdad también se aprovechan del placebo, ¿no?

– Los homeópatas suelen argumentar que, si el placebo funciona, lo que ellos hacen tampoco está tan mal. No es verdad. Cuando te doy un remedio real, además del placebo, funciona el medicamento. Si sólo te doy placebo, te privo del poder curativo de la medicina.

– Si los productos homeopáticos son placebo, como el cura, cura, sana… de las madres a los niños, y los venden en farmacias, no están engañando.

– Nos están timando. Mantengo una lucha constante con los farmacéuticos, a quienes acuso de actuar como meros vendedores y no como profesionales sanitarios con ética. Como vivimos en una economía de libre mercado, pueden vender lo que quieran, pero deberían advertir a la gente de que los productos homeopáticos no tienen nada y no hacen nada.

– ¿Y no deberían hacer algo las autoridades?

– Deberían. En Reino Unido, participé en una investigación parlamentaria que concluyó pidiendo al Gobierno que se deje de pagar la homeopatía con dinero público. Pero el príncipe Carlos movió los hilos y, al final, el Gobierno decidió que había que seguir ofreciendo a los pacientes la posibilidad de elegir. Poder elegir es muy importante, pero, para hacerlo, tienes que estar bien informado: la homeopatía no tiene nada y no hace nada.

– Pero no es inocua. Puede llevar a la gente a abandonar tratamientos que funcionan.

– Sí. Simon y yo contamos en el libro el trágico caso de una homeópata a la que le salió una mancha en el brazo, se la trató sólo con homeopatía y murió. Era un melanoma maligno. Si a los propios homeópatas les pasa eso…