Curanderos

Una curandera, responsable de la expansión del ébola de Guinea a Sierra Leona

Una curandera es la responsable de que el ébola saltara en mayo de Guinea a Sierra Leona, según ha informado a AFP un médico sierraleonés. “Decía tener poderes para curar el ébola. Enfermos de Guinea cruzaron a Sierra Leona para ser tratados (por la mujer). Ella se infectó y murió. Durante su funeral, las mujeres de otros pueblos se infectaron”, ha contado Mohamed Vandi, un responsable médico del distrito de Kenema.

Las mujeres que lloraron a la herborista en la aldea de Sokoma -donde practicaba el curanderismo- se contagiaron del ébola por la costumbre de tocar el cadáver durante el funeral, transportaron el virus a sus pueblos y la enfermedad se extendió. El brote se convirtió en epidemia cuando el virus de la fiebre hemorrágica llegó, a mediados de junio, a la ciudad de Kenema, de 190.000 habitantes y la tercera más grande del país. Hasta ahora, el ébola ha matado en Sierra Leona a 365 personas, de un total de 848 infectados.

Todos ellos -y los que, desgraciadamente, se sumen- son víctimas de una curandera que prometía tener la solución para una enfermedad incurable, víctimas de la ignorancia y -vayan ustedes a saber- si no lo son también de la codicia.

Los curanderos, la homeopatía y la cineterapia: el periodismo irresponsable de ‘La Sexta Noticias’

La Sexta Noticias ha aprovechado hoy la celebración del Día Mundial de la Salud para fomentar unas prácticas, en el mejor de los casos, inútiles y, en el peor, peligrosas. “En la actualidad, la medicina tradicional se complementa con tratamientos alternativos. Plantas medicinales y prácticas heredadas de la medicina tradicional china están a la cabeza, pero hay otras más desconocidas”, ha dicho Cristina Villanueva en la presentación de un reportaje centrado en dos pseudoterapias: la manipulación ósea por curanderos y la cineterapia. De esta última, no había oído hablar hasta hoy, lo reconozco.

El reportaje ha sido delirante. Después de alabar el “profundo conocimiento de la anatomía” de Manuel Fernández, un curandero gallego cuyas “manos han sanado a cientos de personas”, y presentarle como “una de las muchas alternativas a la medicina convencional”, han consultado con un farmacéutico homeópata, José Luis Vázquez, que ha abogado por la complementariedad entre “la medicina convencional y la medicina natural”, y, por último, han defendido que ver determinadas películas puede arreglarnos la vida. “Casi setenta años después de su estreno, ¡Qué bello es vivir! todavía nos ayuda a superar la tristeza que provoca la crisis”, ha dicho el reportero. Como cierre, han cedido la palabra a Francesc Miralles, autor del libro Cineterapia. 35 películas para mejorar tu vida y, ¡agárrense!, “periodista especializado en psicología y espiritualidad”. “Hay (en algunas películas) toda una serie de mensajes y reflexiones sobre la existencia que aportan profundidad al espectador, de modo que sea su propio terapeuta”, ha sentenciado este paladín de la autoayuda.

La Sexta Noticias ha hecho un pésimo servicio a sus espectadores en el Día Mundial de la Salud al facilitar información falsa sobre las denominadas medicinas alternativas. Que haya gente que acuda a ellas no las valida, aunque Cristina Villanueva y su equipo crean lo contrario. La esperanza de vida en China empezó a crecer cuando llegó la medicina occidental y confiar la salud en las herboristerías puede salir muy caro porque hay un gran descontrol sobre esos comercios y sus productos pueden provocar graves efectos secundarios en combinación con la medicación que sí funciona. No niego que los curanderos puedan aliviar dolencias psicosomáticas y malestares generales por puro efecto placebo, pero ponerse en sus manos para una enfermedad real es correr un grave riesgo. La homeopatía es un timo y, recurrir a un practicante de esa pseudoterapia como fuente de autoridad, una estupidez. Y de la cineterapia, ¿qué quieren que les diga? Siempre hay listos dispuestos a inventarse remedios en los cuales los más ingenuos se dejen el dinero. Que uno se divierta viendo una película no significa que pueda con ello curarse de nada ni implica que vaya a dar un giro radical a su vida.

Ninguna de las mal llamadas terapias alternativas ha demostrado efectividad más allá del placebo. Por eso, siguen siendo alternativas. De un tiempo a esta parte, sus practicantes y adeptos prefieren, no obstante, hablar de medicinas complementarias. Así se cubren las espaldas y no las presentan como alternativa a la medicina que funciona, como algo incompatible. No venden la imposición de manos, que eso es el reiki, como una alternativa a la quimioterapia, sino como una práctica complementaria a ésta. Pero lo cierto es que estas pseudoterapias complementan a la medicina de verdad como la bendición de un barco a la ingeniería naval. A nadie con dos dedos de frente se le ocurriría en una botadura presentar al clérigo de turno como un ingeniero naval complementario. Entonces, ¿por qué hablamos de medicinas complementarias para referirnos a prácticas mágicas tan efectivas como el agua bendita? ¿Cuándo van a dejar los medios de jugar con la salud del público?

‘The Lancet’ pedía hace cien años una legislación contra los curanderos y los médicos alternativos

“La legislación contra los charlatanes está en el aire”, lamentaba el primer editorial de The Lancet de la segunda década del siglo XX, titulado “The promise of 1911”. En el texto, que glosaba los avances en la lucha contra la rabia, la difteria, la tuberculosis y otras enfermedades, se decía: “La profesión médica, gobernada y, hasta cierto punto, protegida por leyes médicas de considerable antigüedad, está a la espera de un día en que la Legislatura salvaguarde no tanto a la profesión como al público, hoy explotado sin obstáculos por cualquier codicioso charlatán o peligroso curandero precavido lo suficiente como para mantenerse al margen de las normas citadas”.

Editorial de 'The Lancet' de 1911 contra las pseudomedicinas.El editorial de la revista británica se hacía eco así el 7 de enero de 1911 de lo manifestado por un lector sobre la homeopatía en una carta publicada en el mismo número, se recuerda en el editorial del primer número de 2011. La carta al director estaba firmada por un tal C.O Hawthorne, un duro crítico que preguntaba, a un defensor de la homeopatía que había dicho que “las absurdas doctrinas de Hahnemann se abandonaron hace tiempo”, cuáles eran entonces los principios científicos de esa práctica. Y citaba a William Gairdner, que había sido presidente de la Asociación Médica Británica (BMA), consideraba la homeopatía una secta y había escrito que “es parte de la política de la homeopatía… pavonearse ante los médicos con la bandera de su dogma exclusivo y perpetuar el uso de sobrenombres asociados con cada tipo de amargura”.

Cien años después, homeópatas y otros charlatanes siguen campando a sus anchas en Occidente. Ni siquiera en Reino Unido, donde este año se han posicionado abiertamente en contra de la homeopatía el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes y la asamblea de la BMA. A pesar de eso, el Gobierno británico decidió en julio apostar por la homeopatía y mantenerla en el sistema público de salud, a pesar de que no funciona más allá del placebo, y dar la espalda a la ciencia. En nuestro país, el descontrol sobre esta pseudomedicina es tal que todos los productos homeopáticos de venta en las farmacias carecen de la autorización correspondiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), y las autoridades saniatrias hacen la vista gorda. Lamentablemente, las cosas han ido a peor desde el editorial de The Lancet de 1911 y, en Occidente, no sólo no se ha puesto coto a los curanderos y los charlatanes de la salud, sino que han crecido considerablemente gracias, en gran parte, a la complicidad de una clase médica que los acoge a veces hasta en la universidad.

La medicina tradicional amenaza a un centenar de especies de primates en África, América y Asia

Chimpancés pigmeos en un santuario situado a las afueras de Kinshasha, la capital de Congo. Foto: Reuters.

La medicina tradicional amenaza a 101 especies de primates, advierte un estudio publicado en el último número de Mammal Review. El biólogo Rômulo R.N. Alves, de la Universidad Estatal de Paraíba (Brasil), y sus colaboradores han determinado que las prácticas de curanderismo y magia en África, América y Asia afectan a 12 especies clasificadas en peligro crítico, a 23 en peligro -incluidos chimpancés, gorilas y orangutanes-, a 22 vulnerables, a 7 casi amenazadas y a 36 de preocupación menor, según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN). “Su extendida utilización en la medicina tradicional es una prueba de la importancia de entender esos usos en el contexto de la conservación de primates, así como de la necesidad de considerar los factores socioculturales al establecer los planes de gestión relativos a la utilización sostenible de estos mamíferos”, explican los autores del trabajo.

El estudio proporciona una visión global del problema e identifica los usos medicinales o mágicos de 101 especies de 398 estudiadas. Los investigadores apuntan cómo, aunque algunas veces se utiliza todo el cuerpo del animal para la práctica curanderil, lo habitual es que se empleen partes, desde la piel hasta el cerebro, pasando por las vísceras y la grasa. “Las partes duras (por ejemplo, los huesos y pieles) son generalmente secados al sol, rallados y reducidos a polvo para administrarse como té o durante las comidas. La carne, el cerebro, el aceite, la grasa y la sangre pueden ingerirse o utilizarse como un ungüento”. Y también se usan huesos, dientes y piel como amuletos, como pasa con los huesos de chimpancés en Sierra Leona, donde se cree que favorecen que los niños crezcan más fuertes. Las especies más versátiles desde el punto de vista medicinal son el mono araña (Ateles chamek), el capuchino de cabeza dura (Cebus apella), el cercopiteco mona (Cercopithecus mona), el mono Rhesus (Macaca mulatta) y el langur de gorra (Trachypithecus pileatus), de cada una de las cuales los autores han registrado más de seis usos diferentes. La tribu Adi de India come, por ejemplo, la carne de mono Rhesus para combatir epidemias de malaria, tifus y cólera.

No faltan -no lea el siguiente párrafo si es sensible- auténticas salvajadas que parecen sacadas de las peores pesadillas de Indiana Jones:

“En India, mucha gente cree que comer el cerebro de los monos M. assamensis y M. mulatta es un tratamiento contra el reumatismo. Se usa para ello una mesa especialmente equipada. La cabeza de un mono vivo se mete a través de un agujero hasta la parte superior de la mesa y una cadena atada a la parte inferior sostiene sus piernas. Se vierte entonces agua hirviendo sobre la cabeza y la cara del primate, causándole quemaduras extensas y despellejándolo. Un fuerte golpe con un martillo pequeño agrieta el cráneo, y el doctor derrama varios tubos de ungüento dentro del cráneo. El paciente, que está sentado a la misma mesa, mete una cuchara en el cráneo del mono y se come el cerebro, haciéndolo papilla y mezclándolo con las drogas medicinales.”

Al terrible impacto que las prácticas curanderiles y mágicas tienen en las poblaciones de primates, se suma la posible propagación de enfermedades que puedan afectar tanto a humanos como a animales. “Varias especies de monos han sido identificadas como refugio de enfermedades infecciosas transmisibles a humanos con consecuencias potencialmente graves”, recuerdan los autores. Como contrapartida, destacan que en algunos casos aislados las creencias supersticiosas juegan a favor de los primates, al ser algunos -como el gorila en Camerún- considerados sagrados por determinados grupos humanos. “El islam, el hinduismo y el budismo tienen restricciones o creencias que impiden a sus seguidores comer o matar primates”, explican los investigadores. Pero el árbol no puede ocultar el bosque: la matanza indiscriminada de primates en 51 países como consecuencia del pensamiento mágico y la tradición es un factor más contra el que luchar para evitar la extinción de nuestros parientes más cercanos.