CSICOP

La psicomagia de Alejandro Jodorowsky y la muerte de Paul Kurtz, en Punto Radio Bizkaia

Mauricio-José Schwarz, Patxi Herranz y yo hablamos el martes pasado en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de la psicomagia de Alejandro Jodorowsky y la muerte de Paul Kurtz, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

“La astrología es la religión más popular del mundo”, decía el filósofo Paul Kurtz

El filósofo Paul Kurtz, en la Domus de La Coruña, en septiembre de 1997. Foto: Xurxo Lobato.

Lideró el grupo de cazafantasmas más prestigioso del mundo. Paul Kurtz (1925-2012), profesor emérito de Filosofía de la Universidad del Estado de Nueva York en Buffalo, preside el Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales (CSICOP), una organización formada por científicos -entre ellos, varios premios Nobel- e intelectuales. Desde mediados de los años 70, el CSICOP saca a la luz pública los fraudes de la parapsicología, la astrología, la ufología y las medicinas alternativas, cosas en las que cada vez cree más gente, pero de cuya existencia, según Kurtz, no hay ninguna prueba.

– Usted mantiene que el auge de lo paranormal pone en peligro a la ciencia.

– La anticiencia socava los cimientos de la ciencia. En gran parte, porque la opinión pública no tiene clara la diferencia entre ciencia y pseudociencia.

– Tampoco la tenía hace 21 años, cuando nació el CSICOP.

– Lo fundé ante el crecimiento de lo paranormal, de creencias irracionales que la gente asumía sin más, sin ningún tipo de crítica.

– Y puso los cimientos de un movimiento organizado…

– … de científicos, profesores universitarios e intelectuales escépticos. Creí que había llegado la hora de que los científicos, que están normalmente centrados en su especialidad y no se preocupan de las creencias sociales, lo hicieran. Hasta que el CSICOP nació, nadie había investigado científicamente creencias como la astrología.

– Una de las pseudociencias más populares.

– La astrología es, probablemente, la religión más antigua y más popular del mundo. Desde China hasta América, pasando por India y Europa. ¿Quién puede criticar la astrología desde un punto de vista racional? El CSICOP reúne a científicos interesados en el análisis de lo paranormal y ha conseguido implicar en el examen de la astrología a psicólogos, astrónomos y estadísticos.

– ¿Cuáles han sido sus conclusiones?

– Después de más de veinte estudios en profundidad, no hay ninguna evidencia de que los astros influyan en el comportamiento humano tal como dicen los astrólogos.

– No será fácil convencer a científicos de renombre para que investiguen lo paranormal, algo que, en principio, no parece muy serio.

– A excepción de los trabajos que impulsamos nosotros, los astrónomos no se preocupan demasiado por el auge de la astrología. Y lo mismo puede decirse de la parapsicología y los psicólogos o de las medicinas alternativas v los médicos. Los científicos tienen que implicarse en poner freno al pensamiento irracional. No deben tener reparos en hablar de ovnis, astrología o cualquier otra creencia pseudocientífica.

– En sus inicios, ¿se deterioró su imagen de filósofo por encabezar un movimiento de este tipo?

– Hay filósofos que creen que el análisis de la pseudociencia no es un campo respetable. Pero el CSICOP ha contado siempre con el apoyo de pensadores importantes: Karl Popper, Willard V. Quine, Ernest Nagel…

-Y ha perdido en los últimos años a dos de sus más renombrados miembros: Isaac Asimov y Carl Sagan.

– Dos grandes divulgadores científicos.

– ¿Estaban realmente involucrados en la lucha contra la irracionalidad o sólo ponían el nombre?

– Eran muy activos. Participaban en nuestros congresos, escribían artículos críticos sobre lo paranormal y nos apoyaban en los medios de comunicación. Asimov me dijo en cierta ocasión en Nueva York que, cuando escribía ciencia ficción y recurría a poderes misteriosos, creía que nadie iba a tomarse en serio esa porquería.

– ¿Cree en algo Paul Kurtz? ¿O un escéptico no cree en nada?

– Tengo la mente abierta a todo. Me gusta investigarlo todo, buscar las causas; pero lo paranormal, como la misma palabra indica, está más allá de lo normal y exige pruebas extraordinarias.

Entrevista realizada en septiembre de 1997.

Adiós a Paul Kurtz, el padre del movimiento escéptico y del humanismo moderno

Paul Kurtz, en una imagen de 2002. Foto: CSI.“España ha cambiado mucho en los últimos años”, me decía el filósofo Paul Kurtz en junio de 2007. Estábamos en Amsterdam, donde había convocado a una docena de escépticos y racionalistas europeos para intercambiar impresiones durante dos días. Las sesiones de trabajo empezaban a primera hora de la mañana y se prolongaban hasta después de la cena. A pesar de su avanzada edad, era difícil seguir su ritmo. Ya no volverá pasar. El corazón de Paul Kurtz dejó de latir ayer a los 86 años. Racionalistas, ateos y humanistas estamos de luto por la pérdida de una figura irrepetible, el impulsor del moderno movimiento escéptico. Y quienes tuvimos la fortuna de conocerle y tratarle lloramos la muerte de una gran persona.

Menos conocido que algunos de sus grandes amigos y colegas en la lucha contra la superstición, Kurtz nació en Newark (New Jersey) en 1925. Fue uno de los miles de soldados estadounidenses que liberaron a Europa de Hitler, y la experiencia le marcó. Los campos de concentración nazis y la esclavización de trabajadores por la Unión Soviética le abrieron los ojos sobre el peligro de las ideologías políticas. Defensor de los derechos humanos a ultranza -incluidos los de los homosexuales cuando en España todavía ningún político hablaba de ello-, fue el gran impulsor del humanismo secular y de la crítica científica a la pseudociencia. Puso en contacto a gente que, de otro modo, nunca se hubiera conocido y propició la creación de una comunidad internacional de librepensadores en una época en la que no existía Internet.

El cemento que nos unió

Kurtz fundó en 1976 del Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Fenómenos Paranormales (CSICOP) -hoy, Comité para la Investigación Escéptica (CSI)– con sus amigos James Randi, Martin Gardner, Philip J. Klass, Carl Sagan e Isaac Asimov, entre otros. “Creí que había llegado la hora de que los científicos, que están normalmente centrados en su especialidad y no se preocupan de las creencias sociales, lo hicieran. Hasta que el CSICOP nació, nadie había investigado científicamente creencias como la astrología”, me contaba en una entrevista en 1997.

Posteriormente, Kurtz creó el Consejo para el Humanismo Secular (CSH) y el Centro para la Investigación (CfI). Las ideas humanistas, ateas y escépticas se diseminaban a través de las revistas The Skeptical Inquirer y Free Inquiry, y de los libros publicados por Prometheus Books. Durante más de tres décadas, fue el hombre a cuya llamada acudían todos los grandes del pensamiento crítico, desde Richard Dawkins hasta John Maddox. Era, como ha escrito Benjamin Radford, “el cemento que mantuvo unidos” a quienes se embarcaron en la aventura de combatir la anticiencia. Hace dos años, se desvinculó del entramado de organizaciones que había creado por discrepancias con la nueva dirección, pero siguió en la brecha. “Soy un humanista secular porque  no soy religioso. Saco mi inspiración no de la religión o la espiritualidad, sino de la ciencia, la ética, la filosofía y las artes”, había dicho en 2007 al recibir el premio a la labor de toda una vida de la Asociación Humanista Estadounidense.

Personalmente, tengo con Kurtz una deuda que nunca le podría haber pagado. Nuestra relación empezó por carta en septiembre de 1985 cuando yo era todavía un estudiante. Me había suscrito poco antes al boletín de los Escépticos del Área de la Bahía, en San Francisco, y él me escribió desde el otro extremo de Estados Unidos poniéndose a mi disposición para lo que necesitara porque sus colegas californianos le habían informado de mi existencia. Poco después, en noviembre de aquel año, empezó a mandarme The Skeptical Inquirer y me dijo que no me preocupase por pagar la suscripción. Y hace once años me invitó a participar en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world’s leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001).

Con el tiempo, nos encontramos varias veces en persona, casi siempre en coincidencia con algún congreso escéptico en el que Kurtz hacía gala de sus indiscutibles carisma y afabilidad.  Gracias a él, conocí a muchos amigos y aprendí, y sigo aprendiendo, cosas. Tenía una vitalidad extraordinaria: me acuerdo de un día en el que Barry Karr, Alejandro J. Borgo y yo no podíamos seguir su ritmo de caminata a la búsqueda de un restaurante por Abano Terme. Íbamos con la lengua fuera tras el casi octogenario filósofo, ya profesor emérito de la Universidad del Estado de Nueva York, quien aquella noche decidió abrir el CfI Argentina.

Humanista y ateo

Kurtz y yo estábamos de acuerdo en muchas cosas; pero discrepábamos en algunas. En los últimos años, creía que había que dejar a un lado la denuncia de lo paranormal, porque eso ya no interesaba a nadie, y centrarse en la promoción del humanismo. Yo siempre le replicaba que no, que hay que hacer ambas cosas. Después supe que compartían mi punto de vista colegas a los que admiro, como Joe Nickell y Radford, y que la postura del filósofo había desembocado en intensos debates en los órganos ejecutivos del CfI y el CSI

Creía en el ser humano y abominaba de cualquier tipo de discriminación. Hace cinco años, nos reunió a una docena de humanistas en un hotel en Amsterdam para establecer las líneas maestras de la estrategia del CfI. Él quería marcar una línea, pero quedó claro desde el principio que los retos eran distintos en cada país: los alemanes consideraban prioritario luchar contra la homeopatía, los polacos soportaban una asfixiante opresión de la Iglesia católica, los estadounidenses padecían a George W. Bush… En un descanso, nos fuimos a un rincón y le dije que en España debíamos seguir combatiendo la anticiencia y cómo, a diferencia de en EE UU, aquí el matrimonio homosexual era una realidad y se financiaba públicamente la investigación con embriones. Fue entonces cuando aquel hombre, que había combatido en Europa por la libertad, apoyado al incipiente movimiento escéptico español desde el principio y atendido siempre a  mis peticiones por correo o teléfono, me respondió: “España ha cambiado mucho en los últimos años”. Recuérdenlo cada vez que la actual coyuntura les deprima.

Paul Kurtz ha muerto, pero su legado pervive en su obra intelectual y en todas las organizaciones escépticas, en sus revistas, en sus congresos, en los blogs… Sin él, el  escepticismo científico, el ateísmo y el humanismo modernos no serían lo que son.

¡Gracias, Paul!

James Randi vuelve al CSI(COP)

El mago James Randi.El ilusionista James Randi vuelve al Comité para la Investigación Escéptica (CSI) -antiguo CSICOP-, entidad de la que fue fundador en 1976 y que abandonó a principios de los 90 cuando Uri Geller le asaba a demandas por decir que era sólo un prestidigitador disfrazado de dotado con poderes paranormales. Hombrecillo simpático y dicharachero, y uno de las grandes figuras del escepticismo científico, creó en 1996 la Fundación Educativa James Randi (JREF), una de las referencias mundiales sobre pensamiento crítico y que ofrece desde hace años un millón de dólares a quien demuestre tener poderes paranormales. He charlado con él en persona varias veces y esperaba volver a hacerlo en Nueva York en septiembre pasado durante la Conferencia del Noreste sobre Ciencia y Escepticismo (NECSS), a la que asistí junto a mi buen amigo Douglass Smith. Lamentablemente, no pudo ser. Randi lucha en la actualidad contra un cáncer y su participación se hizo a través de un vídeo en el cual nos demostraba a los 400 participantes su buen humor: prometía no recurrir a la homeopatía para vencer la enfermedad. El regreso de este gigante al CSI es una buena noticia, como lo son las otras incorporaciones.

El consejo ejecutivo de la entidad -entre cuyos fundadores estuvieron Isaac Asimov y Carl Sagan– ha nombrado otros quince miembros de la entidad, además de Randi: el médico Kimball Atwood IV; el filósofo Robert T. Carroll -creador de The Skeptic’s Dictionary-, la periodista científica K.C. Cole, el psicólogo Christopher C. French, el químico Luigi Garlaschelli, la psicóloga Maryanne Garry, el médico Harriet Hall, el astrofísico Stuart D. Jordan, el biólogo Kenneth R. Miller, el matemático Jan Willem Nienhuys, el neurólogo Steven Novella, el astrónomo Jay M. Pasachoff, el filósofo Massimo Pigliucci, y los astrónomos Philip Plait -el cerebro detrás de Bad Astronomy– y Seth Shostak. El CSI continúa así aglutinando a mentes de primera división comprometidas en la lucha contra el oscurantismo, como lo hacen también otras organizaciones como la propia JREF y la Sociedad Escéptica de Michael Shermer. He asistido a conferencias de muchos de los nuevos miembros del CSI y con algunos he tenido más estrecha relación. Por eso, aprovecho estas líneas para felicitar públicamente a Chris French y Jan Willem Nienhuys, y alegrarme de la magnífica salud del pensamiento crítico fuera de España, donde cuenta con apoyos activos de primera línea.

Soy asesor técnico del CSI

El Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) ha pasado a la historia a los treinta años de vida, informa Juan de Gennaro en Argentina Skeptics. Ahora, es el Comité para la Investigación Escéptica (CSI), según acordó su consejo ejecutivo el 23 de septiembre en Illinois. Y los objetivos se han ampliado oficialmente -formalmente, lo habían hecho hace tiempo- a “promover la ciencia y la investigación cientítifica, el pensamiento crítico, la educación científica y el uso de la razón en el examen de los asuntos importantes” y dedicarse a “la investigación de las afirmaciones controvertidas o extraordinarias”, en vez de limitarse sólo a las paranormales. “Nos vemos a nosotros mismos como defensores de la Ilustración”, escribe Paul Kurtz, presidente de la organización, en el artículo en el que explica el cambio de denominación y que la crítica de lo paranormal sigue siendo una faceta más de las labores de la entidad.

El viejo nombre tenía un problema, recuerda Kendrick Frazier, director de The Skeptical Inquirer, en el editorial del último número de la revista: “Siempre había que explicar que no éramos promotores de lo paranormal, sino investigadores científicos, evaluadores críticos”. El nuevo, además de acabar con esa confusión que muchos hemos sufrido, tiene otra ventaja. “En esta moderna era mediática, la brevedad es importante. Los periódicos y la mayoría de las revistas están obligados por estilo y uso a publicar el nombre completo de cualquier organización sobre la que escriben, y prefieren, obviamente, los nombres cortos”, explica Frazier. Es la razón que en su día di para que se eligiera un nombre corto para la entidad española que hoy se llama Círculo Escéptico (CE), que trabaja en estrecha colaboración con el CSI.

Supongo que, por romanticismo, seguiré llamando al CSICOP así durante algún tiempo; aunque más me vale acostumbrarme pronto porque en 2004 fui nombrado asesor de la entidad -somos menos de sesenta en todo el mundo- y viste mucho más ser asesor ténico y científico del CSI, aunque no sea del equipo de Virgil Grissom. ¡Ah!, claro Kurtz y compañía han pensado en la asociación con la famosa serie de televisión de los forenses y, como es lógico, lo consideran más una ventaja que un inconveniente. Por cierto, vean la selecta lista de miembros del CSI: dice mucho de su categoría como organización.