Contactados

Bettina Rodríguez Aguilera: la congresista abducida

Bettina Rodríguez Aguilera tenía 7 años cuando una noche que estaba en casa con sus padres abandonó la seguridad del hogar. “Telepáticamente (los extraterrestres) me dijeron que fuera para fuera”, recordaba cuatro décadas después en un programa de un canal de televisión hispano de Florida. Fuera, contaba en 2009, la esperaban tres seres “rubios y corpulentos”, dos mujeres y un hombre, con los que se metió en una “nave redonda”. Fue el primero de los “cinco o seis” encuentros en la tercera fase que ha vivido la empresaria, concejala de la ciudad de Doral y ahora candidata republicana a la Cámara de Representantes.

Nadie se acordó de las aventuras marcianas de Rodríguez Aguilera hasta que el lunes las sacó a la luz The Miami Herald. El diario había descubierto en YouTube dos vídeos de Arrebatados, un programa de entrevistas y debate de América TeVé, en los que la aspirante a congresista hablaba de sus experiencias con los extraterrestres. Los alienígenas con los que contactó a los 7 años, explica en los vídeos, llevaban “vestimentas de una pieza” y se parecían al Cristo de Corcovado. La nave tenía “asientos redondos y piedras de cuarzo” como mandos. No queda claro si la llevaron a dar una vuelta por esos mundos de Dios o solo disfrutó de una visita guiada por la nave. Pero sí que se encontró los visitantes varias veces durante los años siguientes y le revelaron algunos secretos.

Bettina Rodríguez Aguilera con Ivanka Trump en septiembre.Siempre telepáticamente, le contaron que en unas cuevas de la isla de Malta “hay 30.000 cráneos diferentes a los nuestros”; que “el centro de la energía del mundo está en África”; que “Dios es una energía universal”; y que el Castillo de Coral de Miami, una atracción turística construida en 1920 por un excéntrico, en realidad “es una pirámide de Egipto”. “Me explicaron las cosas que iban a pasar y que están pasando”, aseguraba Rodríguez Aguilera, que eludía dar más detalles a pesar del interés de la conductora del programa, la periodista María Laria.

Cuando The Miami Herald le preguntó el viernes sobre sus encuentros con alienígenas, la política republicana respondió con un comunicado en el que no aclaraba nada. Recordaba que mucha gente, asegura haber visto ovnis y que científicos como Stephen Hawking y el Vaticano creen que “probablemente no estamos solos” en el Cosmos. Y añadía: “Me uno a la mayoría de los estadounidenses que creen que debe haber vida inteligente en los miles de millones de planetas y galaxias que hay en el Universo”. ¿Adónde vas? Manzanas traigo. Porque una cosa es que haya vida extraterrestre y otra que humanoides rubios te abduzcan repetidamente. El martes, Bettina Rodríguez Aguilera, cuyo yerno Yarrod Ager es vicejefe del gabinete del vicepresidente Mike Pence, acusaba en Facebook a The Miami Herald de destacar “de manera negativa una experiencia que tuve cuando era una niña de 7 años”.

Ummo, historia novelada de una obsesión

'Ummo. Historia de una obsesión', de Luis R. González oculto bajo el pseudónimo de Reinaldo Manso.Los ummitas son los extraterrestres más españoles. Nacieron en 1966 cuando Fernando Sesma, un contactado que había fundado en 1954 la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio BURU y dirigía una tertulia ufológica en Madrid, empezó a recibir cartas de unos supuestos alienígenas que habían llegado a la Tierra en 1950 procedentes de la estrella Wolf 424. Su mundo se llamaba Ummo y ellos físicamente eran casi idénticos a nosotros, gracias a lo cual pasaban desapercibidos en la Tierra.

Los visitantes bombardearon durante años a un reducido grupo de ufólogos españoles con farragosos informes en los que hablaban de ciencia, historia, religión y las peculiaridades de su sociedad de origen. Y hasta se fotografió sobre Madrid uno de sus platillos volantes con la hache barrada del sello de Ummo en la panza. Buena parte de la ufología nacional consideró la historia un fraude desde el principio; pero no toda. Ni siquiera después de que en 1993 José Luis Jordán Peña, uno de los participantes en la tertulia de Sesma, confesó en la revista La Alternativa Racional ser el autor del montaje. Algunos ufólogos nunca dudaron, a pesar de que los ummitas les habían animado siempre en sus comunicaciones a no creerles.

Aunque él lo negara y faltaran pruebas incriminatorias, que Jordán Peña estaba detrás de los informes de Ummo era sabido en determinados círculos ufológicos desde los años 70. Pero ¿por qué reivindicó en 1993 la autoría del engaño en una revista escéptica? Para mí fue una incógnita hasta que leí a un conocido vendedor de misterios según el cual un colega, al que se refería como Serrucho, había grabado escondido en un armario un vídeo con presuntas revelaciones sexuales de Jordán Peña. ¿Había amenazado el tal Serrucho a Jordán Peña con hacer público el vídeo si no le daba la exclusiva del montaje de Ummo y la víctima había optado por confesar el fraude para dar en la narices al ufólogo chantajista? Es lo que sospeché durante años. No fui el único. Un día lo comenté con un amigo con quien nunca había hablado antes del asunto. Él había llegado por su cuenta a la misma conclusión. Y también llegó independientemente a ella el escéptico Luis R. González, según puede leerse en Ummo. Historia de una obsesión (2015), novela que firma como Reinaldo Manso, pseudónimo correspondiente a sus segundos nombre y apellido.

Una novela ufológica

Conozco a González desde 1980, poco después de dar mis primeros pasos en el mundillo ovni español. A pesar de separarnos la Península Ibérica -él vive en Málaga y yo en Bilbao- y de habernos visto sólo media docena de veces, le considero un viejo amigo y siempre he admirado su meticulosidad y conocimiento del mito de los platillos volantes. Tras su libro Las abducciones ¡vaya timo (2008), esperaba que se animara a escribir otro, pero no que fuera una novela. “Creo que sobre Ummo se ha escrito casi todo (yo mismo he hecho algunas contribuciones críticas significativas), pero faltaba aprovechar las facilidades de la ficción para hacer una aproximación original al asunto. Me consta que varios interesados han intentado dicha aproximación, pero siempre desde un estilo más costumbrista, más ajustado a aquellos años 60. Como apenas viví aquella época como infante, decidí adoptar una perspectiva más actual”, me ha explicado.

Postal ummita recibida por el autor.La vida del protagonista de Ummo. Historia de una obsesión da un vuelco cuando se cruzan con él los extraterrestres del imaginario mundo. A partir de ese momento, se sumerge en un universo de servicios secretos, conspiraciones y ufólogos. Lo más divertido para mí ha sido ir adivinando qué personajes y hechos  reales se esconden detrás de los de la ficción, en la que aparecen desde Antonio Ribera, el padre de la ufología española, hasta el Serrucho antes citado, rebautizado para la ocasión como Lucas Tapia, pasando, lógicamente, por el autor más prolífico del panorama nacional, un individuo cuya credibilidad está a la altura de la de Charles Berlitz.

“Lo que siempre me ha fascinado del fenómeno ovni (y demás paranormalidades, o incluso en la vida normal) es la capacidad del ser humano para engañar y autoengañarse. No se trataba pues de descalificar a los seguidores de Ummo como crédulos, sino de intentar entenderlos y tratarlos con respeto. Un elemento clave, hace años, fue la oportunidad de acompañar a mi amigo Alejandro Agostinelli en sus visitas y entrevistas a muchos miembros del grupo, incluyendo Jordán Peña y Rafael Farriols. Nada más verosímil que las propias palabras de los implicados. Buena parte de las conversaciones descritas en la novela están tomadas de dichos encuentros”, asegura. Eso le da, a mi juicio, un indudable interés ufológico a esta historia que me leí de un tirón.

Sólo hay una cosa que me ha molestado de Ummo. Historia de una obsesión: que González no me contemplara como potencial víctima de la broma que organizó con motivo de la publicación del libro. Antes del lanzamiento de la obra, envió desde Londres postales ummitas, con un sello personalizado para la ocasión, a los ufólogos José Juan Montejo, Ignacio Darnaude Rojas-Marcos y Giancarlo D’Alessandro, y al escéptico argentino Alejandro Agostinelli. En la dirigida a Darnaude Rojas-Marcos, un ummita que respondía al nombre de DEI-99 decía:

El platillo volante de San José de Valderas.Ummoaeleweeanni
Idioma: español
Núm. de copias: 7

Greetings, carbon-based biped!

Señor,

Mi padre DEI-98, ya fallecido, me recomendó visitar las prestigiosas universidades de esta nación. Aprovecho para decirles algo trascendental: hemos vuelto.

Tras algunos cambios en Ummo y su política, ahora que las condiciones isodinámicas han permitido volver a su astro solidificado, tenemos autorización para actuar de forma distinta.

Permanezcan atentos.

DEI-99

González explicaba poco después a Agostinelli que su intención al mandar las postales era ofrecer a los destinatarios “algo con que entretenerse unas semanas” y que despertase su interés hacia la novela. Por su bien, una vez que leí el libro, se redimió de haberme dejado fuera del selecto grupo y me mandó la postal que reproduzco aquí.

Reinaldo Manso [2015]: Ummo. Historia de una obsesión. Megustaescribir. Pallejà. 435 páginas.

El origen del póster de “I want to believe”

dana-scully-poster-expediente-xDesde que en 1994 vi el póster de “I want to believe” cuando Dana Scully entra por primera vez en la oficina de Fox Mulder en el episodio piloto de Expediente X, supe de dónde habían sacado la imagen. No es que yo sea muy listo; es que ese platillo volante resulta inconfundible para cualquiera mínimamente versado en el mito ovni. Se trata de una de las supuestas naves extraterrestres inmortalizadas por el suizo Billy Meier, un tipo que asegura estar en contacto con visitantes de las Pléyades. En realidad, los platillos  de Meier son maquetas, pero es tal la credulidad de algunos ufólogos que durante años han argumentado que no podían serlo porque el bueno de Billy es manco. Como si que a uno le faltara un brazo fuera garantía de sinceridad.

Aquel póster de “I want to believe” del episodio piloto fue una primera versión, sustituida en temporadas posteriores por otras, aunque todas del mismo estilo y con la misma leyenda. Vayan ustedes a saber dónde se encuentra el original, si es que no acabó en la basura. Porque, en julio de 2008, cuando Chris Carter donó al Museo Nacional de Historia Estadounidense de la Institución Smithsoniana material relacionado con Expediente X, el póster que entregó no era ése. “Éste viene de la colección de Gillian Anderson. Todos los demás pósteres originales han sido robados o, presumo, destruidos”, dijo entonces el creador de la serie. En el cartel que tenía a su lado, no sólo el ovni es diferente, sino que además la vegetación asciende por el margen izquierdo. Aquel día, el productor televisivo explicó por qué nunca se ha comercializado el original.

poster-i-want-to-believe-chris-carter“El original nació cuando dije: «Conseguid una foto de una nave espacial y poned, al estilo de Ed Ruscha: “I want to believe”». Me encanta Ed Ruscha. Me encanta el modo en que pone el texto en sus pinturas. (Llegué a decirle: «Me inspiré en ti».) Cuando vi el cartel [terminado], reconocí la fotografía porque formaba parte de una serie de fotografías tomadas en Europa por un tipo llamado Billy Meier. Dije: «¿Tenemos la autorización para usar la fotografía?». Y me respondieron: «Oh, sí». Pasaron diez años y, de repente, recibí una llamada del departamento legal de Fox: «¡Nos han presentado una demanda por usar la foto!». Hubo una demanda y no existía la autorización necesaria para el uso de esa foto”.

ovni-billy-meier-expediente-xLa imagen fue tomada por Billy Meier en marzo de 1975 en Schmidruti (Suiza) y es propiedad de la Comunidad Libre de Intereses en Ciencias Espirituales y de Frontera y Estudios Ufológicos (FIGU), organización dedicada a divulgar las enseñanzas que recibe el contactado de los visitantes. Como todos los que han seguido la estela del estadounidense George Adamski, Meier afirma que ha visitado otros mundos. En 1997, su entonces esposa -se acabaron separando- aseguró en una entrevista que las naves pleyadianas de su marido eran maquetas hechas a partir de lámparas, tapas de cubos de basuras y otros objetos caseros, y todo lo que decía el contactado, mentira. Un año después, Meier reconocía que una foto presentada por él como de Asket y Nera, dos mujeres del universo Dal, era en realidad de dos estadounidenses, y añadía que la confusión se debía a una maniobra contra él de los hombres de negro. Ahí queda eso.

George Adamski, los extraterrestres y la cara oculta de la Luna

George Adamski, uno de los mayores trapaceros que ha dado el mundo de los ovnis -y ha dado muchos entre visionarios y ufólogos-, alardeaba en los años 50 del siglo pasado de haber sido el primer humano que viajó a otros mundos. Lo había hecho a bordo de naves exraterrestres y en la cara oculta de la Luna había visto montañas, bosques, lagos, ciudades y animales. “Mientras miraba (la Luna), un pequeño animal cruzó la zona que observaba. Pude ver que tenía cuatro patas y piel, pero su velocidad me impidió identificarlo”, cuenta en su libro Inside the space ships (Dentro de las naves espaciales, 1955).

El platillo tapa de aspiradora de George Adamski.Adamski fue el primer contactado. En ufología se llama así a quienes dicen tener relaciones personales con seres de otros mundos. Tuvo su primer encuentro cara a cara con un tripulante de un platillo volante en el desierto de California el 20 de noviembre de 1952, cuando todavía se ganaba la vida como cocinero de un local de comida rápida en la carretera del observatorio de monte Palomar. Porque ésa era la cualificación del profesor George Adamski, como solía firmar sus cartas. El visitante era un venusiano alto, rubio y atractivo llamado Orthon, que hoy en día podría pasar por un componente de Locomía sin abanico. Después, Adamski conocería a marcianos y saturnianos con los que haría turismo por el Sistema Solar. Todos nuestros vecinos estaban preocupados porque usáramos la energía atómica con fines bélicos. Lo mismo que Klaatu, el visitante de Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise de 1951 que está en el origen de la moda de los extraterrestres salvadores.

Me acordé de Adamski y sus historias de marcianos hace unos días cuando vi las fotos de la Luna en tránsito sobre la Tierra tomadas por el Observatorio de Clima del Espacio Profundo (DSCOVR) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense desde 1,5 millones de kilómetros. En la iluminada cara oculta del terrestre, no se ve, lógicamente, ni rastro de lo que decía haber visto el contactado. Ya en 1959, cuando la sonda soviética Luna 3 sólo fotografió rocas, polvo y cráteres en ese hermisferio lunar, el primer amigo de los extraterrestres adujo que Moscú había retocado las imágenes para engañar a los estadounidenses.

Tránsito de la Luna sobre la Tierra a partir de fotos del satélite 'DSCOVR'. Montaje: NASA.

Con el paso del tiempo y el avance de la exploración espacial, las fantasías de Adamski, en las cuales -todo hay que decirlo- sólo llegó a creer el sector más chiflado de la ufología, se fueron yendo abajo. No había mundos habitables en nuestro vecindario ni nada artificial en la cara oculta de la Luna, como comprobaron los primeros humanos que la vieron directamente, los astronautas Frank Borman, James Lovell y William Anders a bordo del Apollo 8 en diciembre de 1968. El periodista Frank Edwards, por su parte, identificó el platillo volante en el que Adamski hizo su primer viaje a Venus. “Tras ocho años de pacientes investigaciones, llegué, finalmente, a la conclusión de que su nave espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora”, escribió en Platillos volantes.. aquí y ahora (1968).

Adamski vendió decenas de miles de libros y llegó a ser recibido en audiencia privada por la reina Juliana de Holanda en 1959; pero el tiempo le puso en su sitio, como a todos los contactados. Así, los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI) aseguraban a mediados de los años 70 a Juan José Benítez que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era “adecuada para el desenvolvimiento de la vida” y Calisto, Io, Europa y Ganímedes acogían colonias alienígenas. Benítez lo contó, con el rigor y escepticismo que siempre le han caracterizado, en su libro Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), donde también narró su primera visión de lo que para él era una nave extraterrestre. Como todo el mundo sabe, Marte, Venus, Calisto, Io, Europa y Ganímedes son mundos rebosantes de vida… en un Universo alternativo. Ah, Benítez vio su platillo volante en el desierto peruano sólo en compañía de los miembros del IPRI y, por supuesto, no hay ninguna foto de la nave a pesar del anuncio previo.