Cirujanos psíquicos

La Universidad del País Vasco acogerá un congreso de reiki, zahorismo y cirugía astral aplicados a la medicina

Si la razón no lo impide, la Universidad del País Vasco (UPV) acogerá, en el campus de Guipúzcoa en junio de 2015, el cuarto congreso de la Asociación de Médicos, Terapeutas y Sanadores (Amys), entidad que reúne a todo tipo de practicantes de pseudoterapias, desde curanderos hasta médicos, pasando por espiritistas y creyentes en la energía de las pirámides. “Somos energía que se transmite por química. Cuando una emoción transita de forma anómala en un paciente puede originar un bloqueo que si se enquista puede ser el origen de una enfermedad, una inflamación, un quiste o incluso una tumoración”, decía Francisco Barnosell, médico y presidente de la Amys, en “La Contra” de La Vanguardia en enero de 2013. Barnosell ha estado hace unos días en San Sebastián como miembro del comité organizador, y él y sus colegas han sido recibidos por el alcalde, Juan Karlos Izagirre, a quien han pedido que declare “de interés para la ciudad” un encuentro que, para mí, rivalizará en irracionalidad con el veraniego Salón del Esoterismo donostiarra, con el agravante de que se celebrará en la UPV. ¿Creen que exagero? Pues, juzguen ustedes a partir de algunas perlas que ha soltado en los últimos años este profesional de la sanidad:

-“Los médiums (y he encontrado de todo tipo: gente increíble, charlatanes y mangantes) tienen capacidad para acceder a los archivos akásicos, donde se supone que está toda la información de la humanidad” (La Vanguardia).

-“Como médico, para mí lo más incomprensible son las sanaciones a distancia: éramos unas quince personas meditando y enviando energía a otra en coma por un ictus cerebral y que estaba a 10.000 kilómetros. Salió del coma durante la sanación” (La Vanguardia).

-“No tendría que ser noticia que un agricultor [se refiere al ecoterrorista y pseudomédico Josep Pàmies] explique las bondades sanitarias de las plantas a los médicos. Es una lástima que todo lo que él sabe no se explique en las universidades de Medicina. Yo no lo llamaría un revolucionario, sino más bien un pionero de la medicina del futuro, donde tienen que tener cabida profesionales de distinta índole: arquitectos, geólogos, radioestésicos, ingenieros, terapeutas, bioenergéticos, etc.” (Asociación Vida Sana).

Entrevista a Francisco Barnosell publicada en 'El Diario Vasco'.Barnosell abraza todas y cada una de las pseudoterapias, y quiere meterlas en la sanidad. Cree en el zahorismo -lo llama geobiología-, el reiki, la astrología, la sanación con piedras -“que funciona muy bien con enfermedades psicosomáticas porque rescinde los bloqueos emocionales”-, la risoterapia, la codificación, la sanación dimensional, la sanación álmica, la cirugía astral, las constelaciones familiares, los chakras, la medicina cuántica, las sanaciones a distancia… Invéntese una terapia alternativa, y él se la tragará feliz. “Yo he contado 187 técnicas, aunque hay hasta 300, pero el resto son mezclas, y la mayoría no son demostrables. Se demuestran con resultados en pacientes, con su mejoría, pero no hay una prueba que lo corrobore”, dice en una entrevista publicada por El Diario Vasco con motivo de su visita a san Sebastián. Por supuesto, como otros miembros de su gremio, no duda en culpar al enfermo -a sus emociones, por ser más concreto- de cualquier mal: “Por ejemplo, un paciente con un problema en la espalda, en una vértebra. El tratamiento básico y clásico sería pedir una resonancia, una radiografía, un tratamiento de rehabilitación o una operación. Yo quizás pregunto más allá: ¿Y desde cuándo lo tiene? Hace un año. ¿Y qué le pasó hace un año?, y no me refiero a que cogiese un peso… ¿Se separó, hubo un crack en su familia, en su trabajo, para que yo pueda entender esa carga que lleva en esa espalda?”, explica en el roptativo guipuzcoano.

Cirujanos psíquicos

Hasta tal punto llegan los delirios de Barnosell que cree en la cirugía psíquica, práctica en la que un estafador simula operar sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Cualquier ilusionista es capaz de duplicar el efecto visual logrado por un cirujano psíquico. Basta con doblar los dedos por los nudillos bruscamente, al tiempo que se oculta la maniobra a los espectadores con la otra mano, como hacen los curanderos. Así parece que hemos penetrado en el cuerpo del paciente. La indispensable sangre procede bien de un falso pulgar -un dedal de plástico que cubre el dedo a modo de capuchón- bien de globos disimulados entre el algodón que el sanador pide constantemente a su asistente. El ayudante también facilita los trozos de carne de ave o de vacuno que se presentan como extirpados. Una vez consumado el engaño, la víctima se cree curada y hace un generoso donativo o paga una factura que puede ascender a cientos de euros. Barnosell asegura que él grabó como el cirujano psíquico filipino Álex Orbito le operó “con las manos de una hernia discal”. Y añade: “Introdujo las manos en mi cuerpo y sacó un coágulo rojizo. Lo increíble es que un tiempo después me operaron en España de otra vértebra (también lo filmé), y lo que me extrajo el traumatólogo era exactamente igual a lo que me había sacado el chamán. Todo está colgado en Internet“. Un médico hecho y derecho dando pábulo a un sinvergüenza como Orbito.

Como cuenta el periodista argentino Alejandro Agostinelli, “el 10 de octubre de 2002, durante una visita a Italia, él y su comité de recepción acabaron en la cárcel. Orbito y otros ocho miembros de la asociación Pirámide de Asia fueron acusados de “asociarse para delinquir con propósitos de fraude por prometer falsas curaciones” y “abuso de la profesión médica”. Durante un encuentro de tres días en un hotel de Padua, el maestro y sus amigos habían reunido la bonita suma de 50 mil euros tras intervenir a 170 pacientes. En la prevención de las actividades de Orbito habían trabajado intensamente miembros del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones sobre lo Paranormal (CICAP) y la producción del programa Striscia la notizia“. En 1984, el cómico estadounidense Andy Kaufman, a quien los médicos habían diagnosticado un cáncer inoperable, acudió a los cirujanos psíquicos filipinos, que le exprimieron económicamente durante seis semanas con los resultados conocidos: el showman murió poco después de regresar a Los Ángeles. Otra víctima de esos desaprensivos fue Peter Sellers. El actor tenía ya un largo historial de problemas cardiacos cuando su médico le recomendó someterse a un bypass urgentemente. Se negó y se puso en manos de un practicante de la cirugía psíquica. Murió poco después de un ataque al corazón, a los 54 años.

Orbito dio un curso de sanación energética en Barcelona en el primer congreso de la Amys en septiembre de 2013, y Pàmies y el geobiólogo Jean Jaques Breluzeau fueron dos de las estrellas del segundo encuentro, celebrado en julio pasado también en la capital catalana. Si nada cambia, la reunión de la Amys del próximo año tendrá lugar del 26 al 28 de junio en el Centro Ignacio María Barriola, en el campus de Guipúzcoa de la UPV. Así lo anuncian los organizadores. Barnosell aventura en El Diario Vasco que la mayor implantación de estas terapias en Cataluña se debe a que quizás allí sean “más avanzados”. “Incluso muchos hospitales públicos hace dos o tres años empezaron a hacer tratamientos energéticos tipo reiki o magnetismo, algo que jamás hubiese dicho que fuese posible”, dice. De verdad, que se queden ellos con esos avances; yo prefiero a los médicos antes que a los brujos. Y también me gustaría, pero eso no está en mi mano, que la universidad pública vasca no coqueteara con la pseudociencia y la charlatanería. Que el local se haya alquilado según las normas de la UPV, como es de suponer, demuestra que éstas son insuficientes a la hora de garantizar que los espacios académicos no se utilicen para la promoción de la superstición y la anticiencia.

Por cierto, ¿por qué Barnosell se operó de una vértebra en España cuando tan bien le va la cirugía psíquica de Orbito?

La acupuntura arruina la vida de una yudoca olímpica canadiense

La judoka olímpica canadiense Kim Ribble-OrrLa yudoca olímpica canadiense Kim Ribble-Orr se recuperaba en 2006 de un accidente de automóvil y preparaba el salto a las artes marciales mixtas, además del ingreso en la Policía, cuando fue a la consulta de su masajista, Scott Spurrell, porque padecía fuertes dolores de cabeza. Ni corto ni perezoso, el terapeuta, que había hecho un curso de medicina china durante varios fines de semana, le dijo que podía mitigar el dolor insertando una aguja de 5 centímetros en un músculo situado entre la clavícula y las costillas. Lo hizo y todo cambió para la deportista. “Ha arruinado mi vida”, declaraba hace unos días a National Post.

Ribble-Orr empezó a sentirse mal nada más abandonar la clínica. Volvió temiendo haber sufrido un neumotórax -la entrada de aire en el espacio entre los pulmones-, pero el terapeuta le dijo que era un espasmo muscular y la despachó a casa, añadiendo que, si los síntomas empeoraban, fuera al hospital. Al día siguiente, entraba en Urgencias con un colapso pulmonar y tuvo que permanecer ingresada quince días. Ahora, uno de sus pulmones funciona a sólo el 55%, y se agota subiendo unos cuantos escalones. Por supuesto, ha tenido que despedirse del deporte y de sus pretensiones de entrar en la Policía, además de que una enorme cicatriz le cruza el costado izquierdo hasta media espalda. El acupuntor que le perforó la pleura ha sido condenado por un tribunal de Ontario a sólo un año de suspensión profesional. ¡Qué barato sale destrozar la vida a alguien cuando eres un médico alternativo!

No es el de Ribble-Orr el primer caso de neumotórax ocasionado por un acupuntor. Ya en 2000, un estudio constató en Japón que un 9% de los neumotórax registrados en ese país tienen su origen en esta pseudomedicina, cuyos efectos secundarios más comunes son el síncope, el neumotórax, la hemorragia subaracnoidea, el taponamiento cardiaco e infecciones. Los riesgos de la acupuntura son conocidos y peligrosos, mientras que no hay constancia de que tenga beneficios más allá del placebo. Y lo mismo pasa con las otras mal llamadas terapias alternativas

En 1997, el actor Kevin Sorbo, entonces muy popular por interpretar a Hércules en una serie de televisión, sufrió un aneurisma y tres trombos por las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico de cabecera. Steve Jobs,  cofundador de Apple, retrasó en 2003 nueve meses una cirugía que podía haberle salvado la vida y confió durante ese tiempo la curación del cáncer de páncreas a métodos alternativos, de tal modo que cuando decidió operarse ya era demasiado tarde. La australiana Penelope Dingle murió de cáncer en 2005 después de confiar para la lucha contra la enfermedad en la homeopatía, en vez de en la cirugía y la quimioterapia, lo que desembocó en su fallecimiento en medio de un sufrimiento atroz. El actor Peter Sellers tenía ya un largo historial de problemas cardiacos cuando su médico le recomendó someterse a un bypass urgentemente. Se negó y se puso en manos de un practicante de la cirugía psíquica, un estafador sin escrúpulos que simuló curarle con una intervención sin sangre, anestesia ni incisión alguna. Murió a los 54 años, en julio de 1980, tras sufrir un ataque al corazón.

Éstos son sólo unos ejemplos de lo peligroso que es confiar en el curaderismo. El único beneficio de la mal llamada medicina alternativa es el económico para quien la practica, porque no está demostrado que ninguna de esas prácticas cure nada y sí, por el contrario, sus peligros. Es cierto que la medicina de verdad también tiene sus riesgos, pero éstos son mínimos en comparación con sus beneficios. Si vas al acupuntor, al homeópata, al iridólogo, al quiropráctico o a cualquier otro curandero, como poco pagarás por nada, aunque también puedes acabar como Kim Ribble-Orr, Kevin Sorbo, Steve Jobs, Penelope Dingle o Peter Sellers. Recuérdenlo: la medicina científica no lo cura todo, pero la alternativa no cura nada.

Un chamán trata a niños con cáncer de un hospital mexicano con el visto bueno de las autoridades

Los responsables sanitarios del estado mexicano de Colima han llevado a niños con cáncer ingresados en el Hospital Regional Universitario a la consulta de un chamán, me acaba de informar por correo electrónico el escéptico Juan Pérez. La idea partió, según cuenta el diario La Jornada, de Idalia González Pimentel, quien, además de presidenta en Colima del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), es esposa del gobernador del estado. Ella dice que lo hizo para que los pequeños experimentaran “no una curación, porque la curación del cáncer debe ser física, sino una sanación de las emociones, para ayudar a los niños a sobrellevar la secuelas de las quimioterapias”.

El escándalo saltó el martes cuando Dolores González Meza, representante sindical de los trabajadores de la salud, denunció que “un brujo” había atendido a los niños con autorización del secretario de Salud de Colima y que, “después de la sesión, varios padres de familia se opusieron a que sus hijos tomaran el siguiente tratamiento de quimioterapia, porque el chamán les dijo que ya no lo necesitaban”. Este extremo fue negado posteriormente por González Pimentel.

El curandero en cuestión era el autotitulado médico maya Arsenio España Dzul, un tipo que asegura curar prácticamente todo, desde el cáncer hasta la diabetes, mediante cirugía psíquica. Ésta es una peligrosa práctica fraudulenta que consiste en simular operaciones mediante trucos de prestidigitación, incluidos el derramamiento de sangre de pollo u otro animal y la extracción de falsos tumores que en realidad son trozos de carne. España Dzul no llegó a tanto con los pequeños que puso en sus manos la Administración mexicana: sometió el 18 de abril a “un proceso de energía” a 42 niños oncológicos que fueron llevados hasta su consulta por el SNDIF.

Da igual cómo intente justificar los hechos González Pimentel -dice que lo hizo “con buena intención y buena fe”-, el apoyo a un estafador como España Dzul por parte de las instituciones debería ser causa inmediata de dimisión o cese de todos los altos cargos públicos implicados. Me indigna que haya quienes se aprovechen de la desesperación -comprensible y humana- de quienes tienen familiares con graves enfermedades. Esos desaprensivos deberían ser perseguidos por la Justicia y, sin embargo, nos encontramos con cargos públicos que no sólo les protegen, sino que además les ayudan a aprovecharse de quienes son, por tristes circunstancias, más proclives a caer en sus garras. Perdónenme, pero ¡qué asco!

Operando sin bisturí

Filipinas es el Houston de una rama de la cirugía casi sin practicantes en el mundo desarrollado. Enfermos de Estados Unidos, Europa y Oceanía viajan al archipiélago asiático desde hace décadas con la esperanza de recuperar la salud gracias a intervenciones en las cuales no se emplean ni bisturí ni anestesia. Los cirujanos psíquicos, como se conoce a quienes las practican, tienen la habilidad de meter las manos en el cuerpo del paciente y extraerle un tumor o corregir una malformación sin más auxilio que el de algodón para empapar la sangre. Tras la operación, no quedará siquiera una minúscula cicatriz, aunque torrentes de sangre hayan manado del cuerpo del enfermo.

“La cuna donde nació y donde se sigue alimentando la cirugía psíquica es una iglesia sincrética, la Unión Espiritista Cristiana de Filipinas, fundada en 1905 por Juan Alvear en la región de Panganisán, siguiendo la doctrina espiritista de Allan Kardec”, explica el antropólogo español Ignacio Cabria. Eleuterio Terte, miembro de la confesión, empezó a realizar operaciones sin bisturí por mandato divino en los años 40 del siglo pasado. Con el tiempo, otros siguieron sus pasos. “Fue Tony Agpaoa quien popularizó la técnica de las operaciones tal como hoy se practican, con abundante despliegue de sangre y extracción de objetos, y el cierre de la herida con un simple masaje”, indica Cabria.

Milagros ante las cámaras

Más de 1,3 millones de españoles presenciaron un espectáculo de ese tipo el 12 de julio de 1993 en Telecinco. Sucedió en Otra Dimensión, programa que presentaba y dirigía Félix Gracia, fundador de la revista esotérica Más Allá. El invitado estrella de la noche era Stephen Turoff, un carpintero inglés que decía caer poseído por el espíritu de un médico alemán fallecido en 1912 y practicar en trance operaciones quirúrgicas sin bisturí, anestesia, cicatriz ni dolor. Después de explicar a Gracia sus habilidades, Turoff las demostró en el plató. Se transmutó en el doctor Kahn como Clark Kent en Superman, quitándose las gafas. Con el ceño fruncido, una visible cojera y hablando inglés con acento alemán, se puso a operar pacientes: una mujer con un glaucoma en un ojo recuperó gran parte de la visión, según la cadena, y otro hombre que había entrado al estudio con muletas salió sin ellas.

El cirujano psíquico trató durante el programa a 24 enfermos, incluida una niña con parálisis cerebral a cuyos padres consoló con que Dios les había bendecido con el mal de la pequeña y pidiéndoles que no miraran su cuerpo, sino su espíritu. “Esta noche la visitará un ángel”, dijo a la angustiada pareja tras bendecir a la niña. Los críticos de televisión lo tuvieron claro desde el principio, el doctor Kahn había hollado la cima de la telebasura, una cota que en aquel momento parecía insuperable y que años después sobrevuelan con holgura otros programas.

Telecinco explotó el filón y volvió a emitir el programa el sábado siguiente. Ante las críticas generalizadas, Gracia y su equipo alegaron en los medios que el Centro de Oftalmología Barraquer había certificado el aumento de la agudeza visual de la paciente con glaucoma después de la intervención del doctor Kahn: era del 80% en el ojo izquierdo y del 95% en el derecho, frente a los anteriores 10% y 30%, respectivamente. Los responsables de Otra Dimensión se olvidaron de contar que la enferma se había sometido a dos intervenciones quirúrgicas convencionales desde 1986, que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde entonces, que los informes médicos presentados como inmediatamente anteriores al show televisivo correspondían a un reconocimiento oftalmológico de 1988 y que, en octubre de 1992, su agudeza visual era ya del 60%.

Sangre y vísceras de pollo

Nada diferencia a Stephen Turoff, quien en 1993 tenía consultorio en Fuengirola (Málaga), de los cirujanos psíquicos filipinos. Todos actúan del mismo modo, se presenten como intermediarios divinos o de espíritus. La intervención típica se desarrolla con el paciente tumbado en una camilla. El curandero coloca una de sus manos en vertical sobre la zona a operar y mete bruscamente sus dedos dentro del cuerpo del enfermo. Empieza a brotar sangre y, después de hurgar un rato, el curandero saca trozos de carne que presenta como el tumor o lo que sea. Seguidamente, frota la zona y la descubre al público sin cicatriz alguna. ¿Milagro? No, truco.

Cualquier ilusionista es capaz de duplicar el efecto visual logrado por un cirujano psíquico. Basta con doblar los dedos por los nudillos bruscamente, al tiempo que se oculta la maniobra a los espectadores con la otra mano, como hacen los curanderos. Así parece que hemos penetrado en el cuerpo del paciente. La indispensable sangre procede bien de un falso pulgar -un dedal de plástico que cubre el dedo a modo de capuchón- bien de globos disimulados entre el algodón que el sanador pide constantemente a su asistente. El ayudante también facilita los trozos de carne de ave o de vacuno que se presentan como extirpados. Una vez consumado el engaño, la víctima se cree curada y hace un generoso donativo o paga una factura que puede ascender a cientos de euros. Y eso por algo en lo que no creen ni sus practicantes y que puede llevarte a la muerte por la vía rápida al abandonar el tratamiento médico convencional.

Al cirujano psíquico Tony Agpaoa, que falleció en 1982, “le quitaron el apéndice en San Francisco en un hospital”, recuerda en su libro Fraudes paranormales (1982) el ilusionista James Randi, quien añade que, cuando uno de sus hijos enfermó, el curandero no dudó en confiar su salud a médicos corrientes y molientes. Es lo que tenía que haber hecho Peter Sellers, haberse sometido a un bypass urgente cuando se lo recomendó su cardiólogo. Por desgracia, el genial comediante confió más en un cirujano psíquico filipino que simuló curarle la dolencia que poco después le mataría a los 54 años.


El libro

James Randi: psychic investigator (1991): El ilusionista y experto descubridor de fraudes desenmascara engaños como la astrología, el espiritismo y la cirugía psíquica.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Un cirujano psíquico en Telecinco

El traslado a formato digital de la videoteca me ha permitido recuperar algunas joyas, de las que hoy traigo aquí parte de uno de los episodios más vergonzosos de la televisión paranormal española. Ocurrió el 22 julio de 1993 en Otra Dimensión, programa que dirigía Félix Gracia en Telecinco. El protagonista fue un carpintero inglés, de nombre Stephen Turoff, que decía caer poseído por un médico alemán fallecido en 1912, el doctor Kahn, y practicar en trance operaciones de cirugía psíquica; es decir, sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Sobra decir que la cirugía psíquica es uno de esos repugnantes montajes para sacar dinero a gente desahuciada o víctima de enfermedades crónicas incurables. Pues bien, hace trece años, Gracia, fundador y entonces editor de la revista Más Allá, puso su programa de televisión al servicio del estafador de Turoff y el resultado fue lo que en aquella época -¡no sabían lo que vendría después y ahora sufrimos!- la crítica consideró la cota más alta de telebasura.

¿Qué fue lo que hizo el carpintero? Se transformó ante las cámaras den el médico fallecido, para lo cual, se quitó las gafas, frunció el ceño y se puso a cojear. A partir de ese momento, comenzó a curar pacientes en directo. El caso más llamativo fue el de una mujer, Isabel González Durán, que dijo haber recuperado la vista tras la intervención del charlatán y que la cadena de televisión vendió como un milagro, diciendo que la agudeza visual de la enferma había pasado del 10% anterior al programa al 80% posterior en el ojo izquierdo y del 30% al 95% en el derecho. Un detalle tonto, del que se olvidó el equipo de Otra Dimensión –incluido el hoy novelista Javier Sierra, que era uno de los guionistas-, es que la mujer había sido intervenida de un glaucoma en el hospital Gregorio Marañón en 1986 y que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde ese momento, tal como constaba en informes médicos que la cifraban ya en el 60% en octubre de 1992.

Los dos momentos más repulsivos del programa -que pueden ver aquí– tuvieron como víctimas a dos niños paralíticos cerebrales, cuya desgracia los responsables de Otra Dimensión y Turoff convirtieron en espectáculo. Vean, escuchen a la traductora y al propio Gracia, y comprueben hasta qué punto pueden llegar algunos desaprensivos. Curiosamente, los responsables de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), entidad que era en 1993 uno de los principales accionistas de Telecinco, no se pusieron en manos de Stephen Turoff para recuperar la vista. El carpintero cobraba hace trece años 4.000 pesetas por consulta -unos 24 euros- y en la hora que duró el espectáculo televisivo atendió a veinticuatro personas, con lo que es fácil suponer que lo suyo es un gran negocio. Sus víctimas son personas que se encuentran en situaciones límite o deseperadas a las que engaña y estafa, como hizo en 1993 con los padres de los dos niños paralíticos cerebrales a los que pasó consulta ante las cámaras de televisión.