Círculos de las cosechas

“La Tierra podrá participar en uno o dos siglos en la confederación cósmica”, dice Enrique de Vicente

Enrique de Vicente. Foto: Marcos Vega.“La Tierra podrá participar en uno o dos siglos en la confederación cósmica”, anunció Enrique de Vicente, director de la revista Año Cero, hace nueve días en Espacio en Blanco, el programa de Radio Nacional de España (RNE) dedicado a lo paranormal. Las casi dos horas de entrevista a este veterano vendedor de misterios resultan increíbles por la cantidad de alucinantes revelaciones que hace, una detrás de otra, sin dar tiempo al oyente a que recupere el aliento y con la complicidad de Miguel Blanco. Mi conclusión, tras escuchar la entrevista, es que De Vicente es incapaz de diferenciar ficción de realidad y cree que vivimos en un universo mezcla de los de Star wars, Star trek, Men in black, Stargate, El señor de los anillos, Ultimátum a la Tierra y lo que se tercie. Quizá sea la consecuencia inevitable de décadas de inmersión acrítica en el mundo alternativo de los platillos volantes y los poderes paranormales.

Supe de la entrevista a De Vicente en Espacio en Blanco gracias a un mensaje en Twitter del filósofo Eduardo Robredo Zugasti, autor de La Revolución Naturalista, en el que contaba que el director de Año Cero nos convertía en socios del club galáctico en un par de siglos. Di por hecho que no se trataba de una broma, le pregunté dónde había dicho nuestro protagonista tal bobada y Robredo Zugasti me contó que en la radio pública. Así que me fui a la web de RNE, me baje los audios de la entrevista -emitida el 18 de diciembre- y los escuché. Ahora puedo decir con conocimiento de causa que la llamativa afirmación que da título a esta anotación es sólo una tontería más en un discurso plagado de ellas. Les recomiendo que, aunque voy a hablar aquí de los mejores momentos, escuchen ustedes la entrevista para hacerse su propia idea de lo que financian con sus impuestos.

ADN de diseño extraterrestre

De Vicente mete en el mismo saco las declaraciones de la esposa del primer ministro japonés en las que dice que ha sido abducida, el auge de los avistamientos de ovnis y de la ufología en China, que el 20% de la población mundial creen que los extraterrestres están entre nosotros, el anuncio de Julian Assange acerca de información sobre ovnis en poder de Wikileaks, la desclasificación de documentación secreta acerca de casos de platillos volantes por varios Gobiernos, el caso Roswell… Se coge todo eso, se mezcla sin ningún criterio y ya tenemos macroconspiración. ¿Por qué sigue el mundo como si nada? “Porque el estado de hipnosis es completo y porque, además, asumimos nuestra propia estupidez”, dice De Vicente, quien sostiene que, “en toda la historia de la ciencia, no ha habido tanta revolución [sobre las pruebas de existencia de vida extraterrestre] como la que ha habido este año”. Menos mal que él mismo reconoce que en Internet hay “cantidad de pirados” diciendo tonterías, aunque añade que también hay muchos desinformadores sembrando la confusión y la duda.

Para el director de Año Cero, lo que podría anunciar Barack Obama no es que nos estén visitando naves alienígenas porque eso supondría una revolución, sino que “se han descubierto una serie de secuencias en el ADN que sugieren una programación original extraterrestre”. A John F. Kennedy se lo cargó el Gobierno estadounidense en la sombra, según De Vicente, y el caso Roswell es cierto “sin ninguna duda” porque él y Javier Sierra lo han “investigado muy a fondo”. Dice este ufólogo que, en los altos niveles de los grupos que en realidad gobiernan el mundo, hay alienígenas y “otros tipos de criaturas incomprensibles, ultradimensionales”. A él, no le cabe ninguna duda de que somos fruto de una sucesión de experimentos genéticos extraterrestres y cita en apoyo de esta idea a Richard Dawkins, quien “dice que la vida pudo llegar [a la Tierra] a bordo de una nave espacial”, como también sostiene Francis Crick.

Como casi siempre cuando se refiere a hechos reales, De Vicente cuenta sólo la parte de la realidad que le conviene, porque Dawkins nunca ha dicho lo que dice él que ha dicho. Lo que el biólogo dijo una vez, en respuesta a una pregunta lanzada por el creacionista Ben Stein, fue lo siguiente:

Ben Stein: ¿Cree usted en la posibilidad de que el diseño inteligente pueda llegar a ser la respuesta a algunas cuestiones de la genética o la evolución?

Richard Dawkins: Bueno, podría ocurrir del siguiente modo. Podría ser que en algún momento antes de ahora, en algún lugar del Universo, una civilización evolucionara, probablemente mediante mecanismos darwinistas, a un nivel tecnológico muy avanzado y diseñara una forma de vida que podía sembrar quizás en este planeta. Ésta es una posibilidad, una intrigante posibilidad. Y supongo que sería posible que usted pudiera encontrar pruebas de ella si buscara en la bioquímica, en la biología molecular, la firma de algún tipo de diseñador.

¿Qué entienden ustedes? Yo no entiendo que Dawkins respalde la idea de la panspermia dirigida, sino que dice que, si ese escenario de panspermia dirigida fuera real, deberían encontrarse en nuestro ADN pruebas de ello. Pero, claro, Enrique de Vicente siempre se queda sólo con la parte del discurso que le conviene, quitando condicionales y peros para presentar al campeón mundial del ateísmo como alguien convencido de que nos crearon en laboratorios alienígenas.

Puertas estelares

“El más antiguo monumento megalítico, Newgrange, es aparentemente como un platillo volante y, el 21 de diciembre, el Sol penetra por un túnel de 19 metros y va a impactar sobre una pared en la que hay una espiral. Y activa esa espiral. Eso es lo que, si Dios quiere, va a ocurrir este año. Se va a activar la espiral que activará la energía telúrica en Europa”, dice De Vicente. Según él, eso va a plasmarse en una apertura de las puertas del cielo que permitirá “que entre la luz en este mundo de oscuridad y de tinieblas que ha sido la cárcel que llamamos la Tierra”. Citando fuentes anónimas o abiertamente charlatanescas, como Michael Salla, uno de los impulsores de la exopolítica, aboga por un inminente anuncio de que hay vida inteligente extraterrestre, hay alienígenas en contacto con nosotros, y la mayoría de los visitantes son amistosos.

De Vicente sostiene que dos círculos del cereal aparecidos en Reino Unido contienen en clave una cuenta atrás para la apertura de puertas dimensionales de aquí a 2012. Cuando se enteró de eso, nuestro protagonista empezó a “enlazar cosas” y llegó a “conclusiones tremendas” después de realizar un “trabajo energético en Chartres”, donde conoció con un misterioso individuo que le dijo que se iban a activar “una serie de puertas a las estrellas”. “Y me dijo: «No sólo a las estrellas; a otras realidades»”. El momento sería cuando ocurrieran una serie de acontecimientos “en los lugares regidos por el rey Salomón y la reina de Saba”, Israel y Yemen, que, según De Vicente, han empezado a suceder. Y ya se ha activado el vórtice energético de Yemen. “La gran puerta de entrada” de la luz está en Irak, dominada por quienes controlan el Gobierno de Estados Unidos, y una puerta de acceso a Shamballa, “donde vive el Gobierno espiritual de la Humanidad”, está tomada por los talibanes, “que manejan magia negra sin saberlo”, según este ufólogo.

De Vicente atribuye la construcción de esas puertas estelares a dioses egipcios como Horus y Set, que, en realidad, fueron visitantes extraterrestres. ¿No les suena? En esta delirante historia alternativa sólo falta decir que los dioses egipcios eran en realidad los goa’uld de la franquicia de ciencia ficción Stargate, cuyo eje argumental son las puertas dejadas en la Tierra por extraterrestres que permiten viajar instantáneamente por la galaxia. En el caso que nos ocupa, “al otro lado de esos portales, hay seres tratando de ayudar a la Tierra”. “La apertura de esas puertas va a suponer que haces de luz empiecen a llegar a este planeta. Es el descenso del plano supramental sobre la Tierra”, explica De Vicente, que, para curarse en salud, dice que los cambios no serán repentinos, sino que se prolongarán en el tiempo. O, lo que es lo mismo, que seguirá reinterpretando la realidad a su gusto y predicando patrañas de este tipo hasta que tenga fuerzas.

Disfruten de la hora y media de una entrevista que no es, aunque lo parezca, una inocentada. (Iba a publicar esta anotación mañana, pero lo hago hoy para no que quede ninguna duda de eso.) Pero no la escuchen de un tirón ni, por favor, busquen lógica alguna en el discurso del director de Año Cero. Y tengan en cuenta que Enrique De Vicente y otros usan como altavoz para sus tonterías la radio pública, convertida en un aspersor de irracionalidad gracias a profesionales como Miguel Blanco.

La evolución de los círculos de las cosechas, en la revista ‘Nature’

Medusa gigante que apareció de la noche a la mañana el verano pasado en Oxfordshire.Richard Taylor, profesor de Física, Psicología y Arte de la Universidad de Oregon, ha resumido en la revista Nature la evolución de los círculos del cereal desde los primeros hechos por Douglas Bower y David Chorley a finales de los años 70 del siglo pasado, sencillos y consistentes como mucho en círculos conectados por rectas, hasta los últimos, representaciones enormemente complejas que alcanzan centenares de metros e incluyen centenares de elementos.

El autor parte, como no podía ser de otro modo, de la premisa de que esas formaciones son de origen humano porque, en contra de lo que sostienen todavía algunos expertos en lo paranormal, no hay dibujos de las cosechas de artistas y dibujos de origen desconocido, lo mismo que no hay brujos fraudulentos y brujos auténticos. Absolutamente todas las formaciones que aparecen de la noche a la mañana desde hace décadas en los campos de cereal, con preferencia en Reino Unido, son obra humana y sólo el deseo de creer o la desvergüenza llevan a algunos a rodearlos de un halo de misterio.

A los cereálogos -como se llaman los estudiosos de los círculos de las cosechas– les pasa como a los sindonólogos -los estudiosos de la sábana santa-: son incapaces de admitir que el objeto de su pasión es una obra de arte. Ni más ni menos. Tanto unos como otros buscan algo extraordinario donde sólo hay ingenio humano (el de otros; no el de ellos). Quien mejor ha contado la historia de las formaciones de las cosechas es Jim Schnabel, en Round in circles (Dando vueltas en círculos, 1994), obra por momentos tronchante que demuestra que la fe puede llevar a personas aparentemente sensatas a conclusiones delirantes.

Gatos y ratones

“La naturaleza encubierta del movimiento de los círculos del cereal alimenta un juego del gato y el ratón entre los artistas y los investigadores”, escribe Taylor en la sección de “Libros y Arte” de Nature. Cuenta Schnabel en su libro cómo, cuando los ceréalogos especulaban en los pubs sobre qué resultaría en el fenómeno sorprendente y definitivo de cara a su origen no natural, Bowen y Chorley -que solían frecuentar los mismos locales- tomaban nota y, en cuanto podían, hacían realidad los sueños de los expertos.

'The field guide', de Rob Irving y John Lundberg.Taylor recuerda en Nature cómo los inventores del fenómeno empezaron realizando simples círculos con la idea de que los ufólogos los consideraran obra de extraterrestres y, cuando el meteorólogo Terence Meaden especuló con la posibilidad de que fueran consecuencia de tornados, añadieron líneas rectas y rectángulos para frustrar al experto. Tras la confesión de los dos jubilados en 1991, una segunda generación de artistas invadió los campos británicos con diseños matemáticos cada vez más complejos. Según Taylor, la nueva ola de artistas también ha modernizado las técnicas: ahora usan diseños por ordenador, punteros láser, GPS y es posible que en algunos casos empleen dispositivos generadores de microondas para doblar los tallos de las plantas.

Bower y Chorley hacían sus dibujos con brújulas, cuerdas y tablones; sus discípulos, que han publicado hasta manuales sobre la práctica de este arte efímero, utilizan tecnología más avanzada. Pero, en el fondo, pocas cosas han cambiado en más de 30 años: a un lado, está el ingenio humano; al otro, la ingenuidad; y, en medio, un estilo de arte que en 2009 se plasmó en gigantescos y bellos trilobites, medusas, orugas… con patrones matemáticos en sus estructuras. El cambio más relevante ha sido el de los agricultores: al principio, les enfurecía que alguien machacara de noche sus cultivos; desde hace tiempo, el cobro por la realización o el acceso a las formaciones les reporta un dinero extra y están encantados con la actividad de estos artistas.

Taylor, Richard [2010]: “The crop circle evolves”. Nature, Vol. 465, Nº 7.299 (10 de junio), 693.

‘Círculos del cereal’ revelan la existencia de un gran complejo prehistórico cerca de Stonehenge

Círculos en las cosechas descubiertos en 2003, durante un rutinario vuelo de reconocimiento financiado por la agencia británica del patrimonio histórico, han permitido a los arqueólogos dar con un gran complejo prehistórico de 200 hectáreas cerca de Damerham, a 24 kilómetros de Stonehenge. Los restos más antiguos datarían de hace unos 6.000 años e incluyen una gran estructura circular de 57 metros de diámetro delimitada por una zanja de 5 metros de anchura. Los científicos del Proyecto Arqueológico de Damerham deducen, tras la exploración del subsuelo mediante técnicas no invasivas, que bajo tierra hay vestigios de estructuras de madera y dos enterramientos colectivos, el más grande los cuales alcanzaría los 70 metros de longitud, según la Sociedad Geográfica Nacional, entidad que colabora en los trabajos. Los círculos del cereal de Damerham no son, obviamente, obra de bromistas -como los que aparecen habitualmente en la campiña británica desde mediados de los años 70-, sino que se deben a los efectos de las estructuras subterráneas sobre el crecimiento de la vegetación.

Mensajes en los sembrados

‘No estamos solos’. Esta frase -escrita en inglés y con letras de doce metros- apareció una mañana de 1986 en un campo de trigo cerca de Winchester, en Reino Unido, y fue interpretada como un mensaje extraterrestre por los estudiosos de los dibujos que surgen cada verano en el campo inglés. El fenómeno había empezado años antes, con simples círculos de plantas aplastadas y el consiguiente enfado de los agricultores. Hoy quedan lejos aquellos toscos círculos, a los que con el tiempo sustituyeron los interconectados y, después, figuras geométricamente cada vez más intrincadas.

El 'círculo de pi'.Las formaciones han ganado en complejidad con los años: una de las últimas aparecidas en Reino Unido tiene 45 metros y codificado el número pi. Ya saben, el cociente entre el perímetro de la circunferencia y su diámetro, un número que tiene infinitos decimales (hasta ahora, se conocen 1,2 billones). El círculo de pi contiene en clave sus primeros nueve decimales -3,141592654-, seguidos de tres puntos suspensivos. Su descubrimiento conmocionó en junio a los cereálogos, como les gusta llamarse a los estudiosos del fenómeno. “Es una formación extraordinaria, un suceso seminal”, concluyó Lucy Pringle, autora de cuatro libros sobre los círculos. Según The Times, los matemáticos británicos no podían ocultar su perplejidad ante un pictograma que incluye la representación de un concepto matemático complejo.

Entre pintas

Los dibujos de los sembrados brotaron a finales de los años 70 y alcanzaron su auge en los 80, casi siempre circunscritos a las Islas Británicas. El fenómeno atrajo desde el principio a excéntricos personajes, entre los cuales pronto destacaron tres que se convirtieron en los expertos por antonomasia: los ingenieros Colin Andrews y Pat Delgado, y el meteorólogo Terence Meaden. En treinta años, éstos y otros cereálogos han ofrecido explicaciones para todos los gustos. Algunas apuntan al cielo -a los extraterrestres y a fenómenos meteorológicos extraños-; otras al suelo: hay quien dice que Gaia, la Tierra, quiere transmitirnos un mensaje mediante los pictogramas.

La cerealogía vivía su época dorada cuando en 1991 dos pensionistas ingleses acabaron con la fiesta. O, al menos, eso parecía entonces. Dave Chorley y Doug Bower eran pintores aficionados y se habían conocido en 1968, poco después de que el segundo se hubiera mudado desde Australia. A finales de los años 70, tras una tarde entre pintas, paseaban hablando de ovnis cuando Bower recordó que, en Australia, se había achacado en 1966 un círculo de hierba aplastada al aterrizaje de un platillo volante. “¿Qué crees que ocurriría si hiciéramos un círculo por aquí?”, preguntó a su compadre. “Que la gente pensaría que un platillo volante ha aterrizado”, respondió su amigo. Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra; pero, después de dos veranos de actividad y más de una docena de creaciones, estuvieron a punto de abandonar.

A pesar de que ponían todo su empeño, no conseguían que nadie se fijara en su trabajo. Todo cambió en agosto de 1980 cuando el diario The Wiltshire Times publicó la noticia del hallazgo de un círculo del cultivo –así lo llamó– en un campo de avena cerca de Westbury. Había nacido un fenómeno. Al principio, les bastaba con ponerse uno en el centro del futuro círculo a modo de poste, unido a su cómplice por una cuerda: la parte móvil del compás humano aplastaba el cereal pisando un tablón que colgaba de dos cuerdas que sujetaba con las manos. Al año siguiente, acaparaban ya titulares e iban aprendiendo a hacer formaciones cada vez más complicadas.

Mareando a los expertos

Las aventuras de la extraña pareja se prolongaban en los pubs donde se reunían los cereálogos y en las salidas al campo de los expertos. Así se enteraban de cuál podía ser, en opinión de los especialistas, el siguiente paso lógico en la evolución del fenómeno. Si éstos especulaban con la posibilidad de encontrar dos círculos conectados, Chorley y Bower satisfacían sus deseos: los creaban en cuanto podían. Como los nuevos dibujos respondían a lo que esperaba, Delgado acabó por convencerse de que detrás del fenómeno había una gran inteligencia (no humana, claro).

Después de torear a los expertos durante años, los jubilados confesaron sus fechorías en 1991. “La gran broma ha terminado. Dos espabilados nos han engañado”, dijo Delgado. Pero no había acabado. Los sesentones habían hecho escuela. Lo habían gritado al mundo escribiendo en un cultivo en 1986 su famoso ‘No estamos solos’, que no era un mensaje marciano, sino de Bower y Chorley hacia sus imitadores. A partir de ese momento, recuerda Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995), firmaron sus creaciones con dos D a las cuales algunos también atribuyeron significado alienígena.

Círculo publicitario de una marca de ron a las afueras de Madrid.Los dibujos siguen apareciendo todavía. En junio, lo hicieron en España en forma de extraño pictograma que era, en realidad, el logotipo de una marca de ron. Sus creadores fueron Rob Irving y John Lundberg, los Circlemakers (hacedores de círculos). Estos artistas británicos son los autores de un manual para fabricar círculos, se ganan la vida con la publicidad y se divierten haciendo dibujos a los que los cereálogos siguen buscando significados ocultos. El círculo de pi es una creación suya o de otros artistas. A no ser que, como ironiza el biólogo Ángel M. Felicísimo, de la Universidad de Extremadura, los extraterrestres usen el sistema decimal de numeración, el punto decimal como separador y nuestros puntos suspensivos, además de no estar muy avanzados: “Que conozcan el número pi con nueve decimales sitúa a nuestra misteriosa fuerza al nivel de conocimientos del siglo XV, cuando el matemático Al-Kashi lo calculó con dieciséis decimales”.


El libro

Round in circles (1993): El periodista Jim Schnabel -que antes que nada fue creador de círculos- cuenta la historia del fenómeno en un libro riguroso e hilarante.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

‘Magonia’ obliga a Bacardi a revelar el secreto de la campaña del ron Seven Tiki

Botella de la nueva marca de ron con el dibujo aparecido en los campos españoles.

“Tu blog ha sido el que nos ha obligado a reconocer que todo es una campaña de publicidad del ron Seven Tiki”, acaba de reconocer por teléfono un portavoz de Bacardi, respecto a los círculos del cereal que han aparecido en las últimas semanas en prados y campos de cultivo de Bilbao, Madrid, Málaga y Barcelona. Bacardi me acaba de enviar una nota de prensa en la que asume la autoría de los pictogramas, tal como adelanté ayer. Los responsables de la compañía no han querido revelar aún quién los ha confeccionado; pero estoy en condiciones de adelantar que los autores son británicos y que seguramente se trata de Rob Irving y John Lundberg, conocidos como los Circlemakers y que desde hace años se dedican a la realización de pictogramas en los campos de medio mundo con fines publicitarios.

Círculo publicitario de ron Seven Tiki a las afueras de Madrid.Bacardi se enteró ayer por mí de que Eduardo Martínez, un lector de Magonia, había resuelto el enigma que se ocultaba tras los círculos hechos en los alrededores de varias ciudades españolas. “Nos quedamos de piedra cuando vimos el cuenco en Magonia“. Es falso que, como han dicho algunos presuntos expertos en lo paranormal tras enterarse por este blog de la historia, Bacardi enviara hace días una nota a varios medios de comunicación explicando todo el asunto. “No, no lo hemos hecho. Era un secreto”, sentencia un portavoz de la compañía.