Chemtrails

¡La verdad sobre los ‘chemtrails’!

La verdad de los 'chemtrails'.

Un chemtrail es una estela que se forma en el cielo cuando el vapor de agua que sale del motor de un avión se congela y los cristalitos de hielo dan lugar a un haz blanco. Los científicos llaman a ese fenómeno estela de condensación y lo consideran algo inocuo. Pero no todo el mundo piensa así. Hay para quienes los chemtrails son una prueba de que nos fumigan para -elija lo que usted quiera- esterilizarnos, contagiarnos enfermedades, modificar nuestro ADN, alterar el clima, controlar nuestras mentes o cualquier otra cosa que se le pase por la cabeza a Enrique de Vicente en Cuarto milenio.

“Mucho me temo que nos han lanzado la gripe porcina”, decía Rafael Palacios el 27 de abril de 2009, días después de que se vieran muchas estelas de condensación en los cielos de Madrid y Valencia. Para Rafapal -como se le conoce en el mundillo ibérico de las conspiraciones-, la gripe A fue una “pandemia creada por los Iluminati”, Israel estuvo detrás de los ataques terroristas del 11-S, “las facultades antes tenidas por paranormales han sido validadas por los científicos más punteros que han estudiado a yoguis, lamas y psíquicos”, el Holocausto es un invento, hay lagartos extraterrestres entre nosotros, y los terroristas están dirigidos por los Gobiernos contra los que luchan y ETA nunca ha existido. No es un elemento aislado: existe gente que, cuando ve en el cielo estelas de condensación, llama a la Policía y hasta al Ejército para alertar de que “están fumigándonos como a cucarachas”.

Es posible que, en cuanto vean la imagen que encabeza estas líneas -de la que me he enterado gracias a Gaytheist-, Palacios y los suyos culpen de los chemtrails a brujas. Desde luego, es un documento a la altura de las pruebas más sólidas que ellos han presentado en apoyo de sus afirmaciones.

Llamada al 091: ¡ataque aéreo con ‘chemtrails’ sobre Madrid!

Madrid sufrió un ataque químico el sábado, y las autoridades pasan de ello. Es lo que piensan las protagonistas de este vídeo, que hace dos días llamaron al 091 y al Ejército del Aire alertando de “un ataque aéreo” con chemtrails sobre la capital en coincidencia con el Día de la Hispanidad. “Tenemos pruebas por un tubo”, le dice una mujer por teléfono al policía que está al otro extremo de la línea. Y añade que hay en el cielo “una cuadrícula de mil aviones atacando a la ciudadanía”, emitiendo “sustancias nocivas para la salud”. El agente aguanta hasta que ya no puede más y le dice a su interlocutora, irónicamente, que se cubra bien si oye un estruendo en algún momento. Convencida de que “están fumigándonos como a cucarachas”, la mujer concluye que por algo le habrá recomendado el policía que se ponga a cubierto y, acto seguido, llama al Ejército del Aire, para alertar del ataque.

Chemtrails es como los conspiranoicos llaman a lo que consideran una variante de los contrails, las estelas de condensación que se forman tras los aviones que vuelan a unos 10.000 metros cuando el vapor de agua que sale del motor se congela y los cristalitos de hielo dan lugar a un haz blanco. Gente como las protagonistas de estas dos llamadas cree que, a diferencia de los inocuos contrails, los chemtrails están formados por compuestos tóxicos con los que nos fumigan. Por supuesto, ellos, y nadie más que ellos, son capaces de diferenciar chemtrails de contrails. Hay un auténtica red internacional de majaras obsesionada con un plan mundial de fumigación de la población mediante chemtrails. ¿Pruebas? Las mismas que las de las máquinas de provocar terremotos, la comunicación con los muertos y las abducciones extraterrestres. Los obsesionados por los chemtrails nunca explican, por supuesto, a qué viene fumigar desde miles de metros, cuando para lograr efectos sobre la gente tendría que hacerse desde baja altura -como ocurre con el agua que se lanza para apagar incendios y la fumigación agrícola-, y qué sentido tiene hacerlo sobre mares y desiertos.

Esta grabación, de la que me he enterado gracias al periodista César de la Luz, parece una humorada; pero no lo es. La autora tiene otros vídeos por el estilo en YouTube. Así que tengan cuidado ahí fuera. Y no lo digo por los chemtrails.

El director del colegio mayor de Barcelona que iba a acoger un encuentro con ‘negacionistas’ del sida anula la reserva de los locales

El Colegio Mayor Sant Jordi de la Universidad de Barcelona no acogerá el Congreso de la verdad en el mundo de la salud que, en principio, iba a celebrarse en sus instalaciones el 25 de septiembre y en el cual iban a participar negacionistas del sida, seguidores de Geerd Ryke Hamer y creyentes en los chemtrails, entre otros conspiranoicos. El director del centro académico, Miquel Serra, ha anulado hace unas horas la reserva de locales hecha para ese encuentro, según ha adelantado en Ciutat de Tots Barcelona, el programa que dirige y presenta el periodista Oriol Clavell en Punto Radio Barcelona. Después de que mi colega me haya dado la buena noticia por Twitter, he constatado que el responsable del centro académico ha anunciado también su decisión en un comentario en este blog.

Serra ha explicado que el contenido final del encuentro, que presentará el conspiranoico Rafael Palacios, Rafapal, “no tiene nada que ver” con lo que incialmente le propusieron. “Además, la reserva venía de parte del Grupo Vía (empresa dedicada a organizar eventos) que ha realizado el alquiler de nuestro auditorio en otras ocasiones para conferencias sobre arquitectura hospitalaria, etcétera, absolutamente distintas en su contenido a ésta, sin que nunca hubiera ningún problema y, por lo tanto, no dudaba de los contenidos”, ha añadido el director del colegio mayor, quien se ha sentido “sumamente sorprendido, indignado y engañado” al conocer el auténtico programa del congreso. “He anulado automáticamente dicha reserva, ya que estoy absolutamente en contra de dicha programación y de la ideología que pueda haber detrás de este acto”, dice en el comentario cuya autoría he verificado por correo electrónico.

Hace tres días días me daba vergüenza la celebración del Congreso de la verdad en el mundo de la salud en un foro universitario. Hoy, su suspensión demuestra que siempre es posible evitar desmanes de este tipo cuando hay voluntad. Por eso, felicito desde aquí al director del Colegio Mayor Sant Jordi de Barcelona por haber actuado con celeridad y haber frenado el uso de esas instalaciones para la difusión de la irracionalidad, algo que en ocasiones anteriores no han hecho otras instituciones académicas que han acogido desde homenajes a vendedores de misterios hasta sesiones de espiritismo. De vez en cuando, denunciar públicamente el sinsentido da frutos.

Un colegio mayor de la Universidad de Barcelona acogerá un encuentro de ‘negacionistas’ del sida y otros ‘conspiranoicos’

Programa del Congreso de la Verdad en el Mundo de la Salud.Negacionistas del sida y otros conspiranoicos de la salud serán los ponentes del denominado Congreso de la Verdad en el Mundo de la Salud, que se celebrará el 25 de septiembre en el Colegio Mayor Sant Jordi de la Universidad de Barcelona e incluirá una Feria de alimentación y salud alternativa. La presentación de la jornada correrá a cargo de Rafael Palacios, Rafapal, el conspiranoico por excelencia: niega el Holocausto y cree que hay lagartos extraterrestres entre nosotros, que Israel estuvo detrás los ataques del 11-S, que los chemtrails forman parte de una operación que persigue provocar una epidemia e implantar la ley marcial en Estados Unidos, y que todos los grupos terroristas son creaciones de los Gobiernos contra los que aparentemente luchan

A Rafapal le acompañará Miguel Jara, colaborador de la revista Discovery DSalud, el Más Allá de la medicina, creyente también en la conspiración de los chemtrails, en la hipersensibilidad electromagnética y en que los científicos nos están ocultando los efectos nocivos de las radiaciones de los electrodomésticos y los móviles, que hablará de “Los peligros del negocio farmacéutico”. Alfredo Embid, acupuntor y coordinador de la Asociación de Medicinas Complementarias, será el portavoz de los negacionistas del sida, de quienes dicen que el VIH no es el causante de la enfermedad. Para él, se trata de un virus inofensivo y, en realidad, la causa del mal que llamamos sida es el abuso de medicamentos. Y de “La nueva medicina y el doctor Hamer” hablará el médico Fermín Moriano, discípulo del curandero alemán y para quien “la epilepsia es la fase de solución de un conflicto”; “el sida no lo produce un virus” porque “un virus no puede producir ninguna enfermedad mortal”; no hay ni un tumor cerebral maligno porque no son cáncer, sino fases de curación… Hay otros conferenciantes en esta asamblea de conspiranoicos e igual alguno es sensato, pero la presencia de los cuatro citados me hace dudarlo seriamente.

La entrada al Congreso de la verdad en el mundo de la salud cuesta 50 euros, y su celebración en un colegio mayor de la Universidad de Barcelona demuestra, una vez más, la ligereza con que algunas autoridades académicas ceden el uso de sus locales a cambio de cuatro euros. Que antivacunas, conspiranoicos del sida y discípulos de charlatanes como Geerd Ryke Hamer difundan sus disparates en un foro universitario es un insulto a la inteligencia. Si hubiera estudiado en la Universidad de Barcelona, me avergonzaría que el centro de enseñanza en el que hice la carrera acoja un acto en el que se da pábulo a peligrosos disparates anticientíficos como los citados. ¡Qué vergüenza!

‘Chemtrails’, reiki y ‘conspiranoias’: la irracionalidad, a sus anchas en las acampadas de los ‘indignados’

Cartel con sentencia 'conspiranoica' sobre las estelas de los aviones que ha permanecido varios días en la concentración de los 'indignados' de Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

“Nos intoxican con chemtrails“, leí el jueves en uno de los carteles pegados al suelo en la plaza del Arriaga, en Bilbao, por los indignados. Cerca, se pedía la prohibición de los transgénicos y, al levantar la vista, vi a un miembro de una secta que predica la Segunda Venida colocando una pancarta. Más tarde, me enteré, a través de Xabi Sáez de Ocáriz, de que en la asamblea había tomado la palabra un individuo que anunciaba que el verdadero cambio planetario iba a tener lugar el 21 de diciembre de 2012 -ya saben, el día del fin del mundo predicho por los mayas, según algunos- y acusaba a la prensa vasca de ser poco fiable por estar en manos del Club Bildelberg. En Madrid, supe después a través de Pablo del Olmo y de Julio Gómez, respectivamente, que, en la acampada de la Puerta del Sol, se está tratando en la enfermería a la gente con reiki y se ha montado una comisión de espiritualidad. Sabido era que los políticos iban a intentar pescar en las aguas revueltas, y los acampados manifestaron desde el principio su rechazo a ello, pero, al parecer, nadie esperaba que los delirios de la Nueva Era se instalasen entre los manifestantes.

Enfermería de los acampados de la Puerta del Sol donde se trata a la gente con reiki entre sábanas del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y del Hospital de la Princesa de Madrid. Foto: Pablo del Olmo.Falta cabeza en las concentraciones de los indignados. En todos los sentidos. La ausencia de liderazgo ha hecho que un movimiento nacido del hartazgo ciudadano por la degeneración del sistema democrático se haya convertido en un totum revolutum con aspiraciones lógicas -que se reforme la ley de financiación de los partidos políticos y total transparencia en la gestión pública- y delirios propios del idealismo más pueril y pseudorrevolucionario: nacionalización de la banca, que todo el mundo tenga garantizado un empleo haya estudiado o no lo que haya estudiado o no… Estoy de acuerdo con quienes creen que el sistema necesita una regeneración profunda y que los gestores de la cosa pública son culpables, en parte, de la situación en la que vivimos. Pero los ciudadanos de a pie también lo somos porque, durante años, hemos consentido a los políticos hacer lo que quisieran, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y mirando para otro lado como si no hubiera un mañana. El mañana es hoy y ha llegado la hora de despertar, como ha escrito Antonio Muñoz Molina.

Pero el despertar tenía que ser a la racionalidad y lo que, lamentablemente, se está colando en las acampadas es todo lo contrario, chifladuras como el reiki, las sectas, las conspiranoias y los movimientos anticientíficos que llevan décadas apadrinados por la izquierda más desnortada y hundida. Adiós, Movimiento 15-M, no contéis conmigo para hacer el caldo gordo a todo tipo de zumbados, para darles altavoces que no merecen. Hubo gente que, el jueves en Bilbao, aplaudió cuando, micrófono en mano, un participante en la asamblea recordó a “aquel señor del bigote que murió en 1978”. Sentí vergüenza y pena. El futuro no puede cimentarse sobre la ignorancia, y no vale decir que todas las opiniones son respetables, porque no lo son: el reiki es una estupidez y la conspiranoia sobre los chemtrails, otra. Y quien no sabe ni cuando murió Franco debería volver a la escuela.

Un seguidor de Maitreya prepara una pancarta antes de la asamblea de los 'indignados' del jueves en Bilbao. Foto: L.A. Gámez.

Que los congregados junto al teatro Arriaga en Bilbao se emocionen con discursos que abogan por dar la espalda a la razón es más de lo que puedo aguantar. “Os animo al proceso de descolonizarnos para vivir desde el compartir, que no competir. Una descolonización del poder y la razón para que puedan reemerger las sabidurías, para que esta semilla se convierta en la revolución de la conciencia, donde lo humano que somos, pueda reconectar con el espíritu salvaje que es la vida”, dijo uno de los participantes en la asamblea. Cuando alguien lamenta que “la razón occidental” se haya impuesto “como el saber único, deslegitimando cualquier otra perspectiva de la vida como algo venido del salvajismo, de la barbarie” y, según los organizadores, emociona al personal, lo tengo claro: esta fiesta no es la mía. La regeneración de la democracia no pasa por dejar el cerebro en casa, por renunciar a los principios de la Ilustración, por volver a las cavernas mentales. Al contrario. Abandonar la razón no es una opción. Bueno, si lo es; pero es la peor, la que nos ha llevado a donde estamos.