Cara de Marte

El cangrejo marciano está en su cabeza

Foto publicada en el grupo de Facebook 'Journay to the Surface of Mars' el sábado.El cangrejo marciano retratado por Curiosity que tanto intriga a algunos medios no es un montaje, pero está sólo en la cabeza de quienes lo vemos. Es lo que se conoce como una pareidolia, fenómeno psicológico que hace que nuestro cerebro detecte patrones donde no hay nada, ponga orden en el caos. Seguro que usted también ha visto alguna vez caras o siluetas animales en las nubes, los azulejos del cuarto de baño o la corteza de un árbol. ¿Están ahí? No, están en su cabeza. Marte tiene una larga tradición de pareidolias tan dignas de crédito como la del cangrejo o la de la Virgen del Sándwich gracias a la cual Diana Duyser, vecina de Hollywood (Florida), se embolsó en 2004 nada menos que 28.000 dólares con la venta de un emparedado de queso derretido porque en la tostada se adivinaba un rostro que ella identificaba con el de la madre de Jesús de Nazaret.

El 25 de julio de 1976, el orbitador de la Viking 1 fotografió una cara que miraba al cielo en la región marciana de Cydonia. La foto de la cara de Marte, en la que algunos creían ver también unas pirámides, fue durante un cuarto de siglo esgrimida por algunos ufólogos como la prueba de que la NASA ocultaba la existencia de vida inteligente en el planeta rojo. Los científicos decían, sin embargo, que se trataba de meros accidentes orográficos que nuestros cerebros tomaban por lo que no eran. La imagen que demostraba que el rostro no existió más que ne nuestra imaginación la consiguió en 2001 la Mars Global Surveyor, que dejó a Marte sin cara y sin pirámides. Menos populares entre los cazadores de alienígenas fueron en su día las imagenes que también tomó la Viking 1 en Marte de la rana Gustavo y de Smiley, aunque demostraban que los marcianos son verdes y tienen sentido del humor.

La imagen de 'Curiosity' donde algunos han visto un cangrejo en la base de la formación rocosa a la derecha.La imagen del cangrejo marciano de Curiosity no es reciente. Fue tomada por la MastCam del laboratorio móvil de la NASA el 5 de agosto de 2014 a las 15.25 horas. Lo que pasa es que los conspiranoicos de Journey to the Surface of Mars, un página de Facebook, la descubrieron la semana pasada y la publicaron en su web el sábado. Y el eco que tuvo en esa red social la llevó a ser considerada por algunos medios como algo noticiable y reciente, aunque lleva un año colgada de la web de la misión.

En las imágenes de los todoterrenos marcianos de la NASA, los ufólogos más chiflados, y en especial Richard Hoagland, han visto cosas raras por todos lados. El delirio llegó hace años a tal punto que ya en 2009 Doug Ellison, un apasionado de la exploración espacial, y los seguidores de su web identificaron en broma trece figuras enigmáticas en una sección de una panorámica del todoterreno Spirit de noviembre de 2007, incluidos un oso polar, una veloz tortuga, una calavera humana, un lobo, un pato, una esfinge y un bigfoot que, para mí, siempre será una sirenita. Aqui tienen el muestrario pareidólico de Ellison y sus amigos. Como lo vean en algunos medios…

Doug Ellison  y los seguidores de su web identificaron en broma trece figuras enigmáticas en una panorámica sacada por el todoterreno 'Spirit'. Foto. NASA.

Misterios marcianos, en Punto Radio Bizkaia

Rebeca Gimeno y yo hablamos el martes pasado en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de misterios marcianos, en la cuadragésima quinta entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Lecturas marcianas: ‘El enigmático Marte’, de Joaquín Lizondo

'El enigmático Marte’, de Joaquín Lizondo.“Los datos que han facilitado las Mariner plantean cien incógnitas por cada enigma que despejan”, escribía el físico Joaquín Lizondo en 1969. Su libro El enigmático Marte visitaba el planeta rojo a la luz de las observaciones de las sondas robot de la NASA. Una obra optimista, como tantas otras de la era Apollo, en la que el autor vaticinaba que el Marte misterioso “desaparecerá el día en que el hombre pose su pie sobre él”. Un hito, en su opinión, no muy lejano. “Los científicos aún dudan [habla de la posibilidad de vida en Marte], y es evidente que la prueba final sólo podrá ser dada por las futuras expediciones -¿1971? ¿1973?- que desciendan sobre el suelo del planeta”, auguraba en la frase que cierra la obra.

Lizondo divide su exposición en tres partes: en la primera, cuenta lo que la ciencia sabe del mundo vecino; en la segunda, deja que “la imaginación se desborde un poco”, con la ciencia ficción y las historias de los canales y las lunas marcianas; y la tercera se dedica a la vida extraterrestre. Se añade, al final, un capítulo con los resultados de los sobrevuelos de las sondas Mariner, que “han proporcionado una gran cantidad de sorpresas a los científicos, al tiempo que han despertado no pocas controversias entre ellos”. El volumen incluye, además, un cuento corto de Ray Bradbury titulado “Los desterrados”, que el autor estadounidense asegura que está en el germen de Fahrenheit 451.

El enigmático Marte es un libro de su tiempo. Por eso, el autor, aunque bastante escéptico, cree que “no se puede dudar” de que en el fondo de los valles marcianos haya vegetación ni es posible rechazar “desdeñosamente” la artificialidad de Fobos y Deimos; aunque niega tajantemente cualquier verosimilitud a la mitología platillista, tan en boga entonces, en un capítulo con referencias a la abducción del matrimonio Hill y al fraude de Ummo. “Cierto es que existen muchos testimonios, incluso colectivos, de los hechos que estamos analizando. Pero, o mucho nos equivocamos, o no pasan de ser simples alucinaciones que, por no tener, carecen incluso de originalidad”. Lizondo compara, así, a los tripulantes de los ovnis con los dioses y ninfas de la Antigüedad, las brujas y demonios medievales, y los espíritus y fantasmas de la Edad Moderna. Y advierte de que el hombre de la calle, que “no está acostumbrado a mirar al firmamento”, observa de vez en cuando en él fenómenos naturales que desconoce y, por eso, los “atribuye un origen erróneo”. “¿Cómo podemos creer en aquello de cuya realidad no se tiene la menor prueba?”, se pregunta.

Aunque rechaza la existencia de una civilización marciana contemporánea, cree que “Marte es, pese a quien pese, un mundo moribundo que pudo, en el pasado, haber sido asiento de una vida inteligente, pero que en la actualidad sólo es un mudo testigo de las posibles grandezas de esa supuesta civilización marciana”. ¿Cómo interpretó Lizondo en un principio la foto que en julio de 1976 tomó la Viking 1 de la región marciana de Cydonia en la que se veía una cara tallada en la roca y que luego se demostró una ilusión óptica? ¿Y las pirámides y otras ruinas que, a partir de ese momento, descubrieron en esa región todo tipo de iluminados y engañabobos? No lo sé.

Joaquín Lizondo: El enigmático Marte. Ediciones Telstar. Barcelona 1969. 289 páginas.

La falsa base secreta marciana: así la creó la informática y se tragaron el cuento algunos medios

El astronauta de sillón, como se califica a sí mismo, David Martines anunció hace diez días con un vídeo en YouTube que había encontrado “por accidente” gracias a Google Mars, la versión de Google Earth para el planeta rojo, una misteriosa estructura rectangular de origen artificial en Marte. “La llamo Estación Biológica Alfa porque asumo que algo vive, ha vivido o va a vivir en ella”, decía. La anomalía, localizada a 71 49′ 19,73″ N y 29 33′ 06.53″ O, tenía más de 200 metros de longitud y 50 de anchura, que parecía estar compuesta por módulos cilíndricos y que podía pertenecer a viajeros de otros mundos en camino a la Tierra o a la NASA. “Está claro que no es una roca”, sentenciaba.

La verdad sobre la estación biológica marciana.Con la velocidad propia de Internet y el nulo escepticismo habitual, algunos medios se hicieron eco el sábado del hallazgo de Martines, recordando cómo desde mediados de los años 70 se especula en círculos paranormales sobre la existencia de ruinas alienígenas en el planeta rojo. Prácticamente todo el mundo conoce la famosa cara de Marte, fotografiada por el orbitador de la Viking 1 en julio de 1976. Lo que no hicieron hace cuatro días algunos de mis colegas, no vaya a ser que fastidiara la historia, es recordar que imágenes de la región marciana de Cydonia captadas por la Mars Global Surveyor, en 1998 y 2001, y por el Mars Reconnaissance Orbiter, en 2007, demostraron que la esfinge tenía su origen en la baja resolución de la foto original. Y lo mismo pasa con las pirámides y otros edificios descubiertos en Marte: que están ahí porque nuestro cerebro los ha puesto ahí a partir de imágenes en las que no hay nada artificial.

La existencia de la Estación Biológica Alfa había sido explicada racionalmente cinco días antes de que ciertos medios españoles empezaran a decir bobadas. “Parece un artefacto producido por un rayo cósmico”, adelantó el 5 de junio Alfred McEwen, geólogo planetario de la Universidad de Arizona e investigador principal de la Cámara de Imágenes de Alta Resolución (HiRISE) de la Mars Global Surveyor. “En las fotos que se toman fuera de nuestra atmósfera, tal como sucede con las imágenes de los telescopios orbitales, es muy habitual este tipo de impactos de rayos cósmicos”, añadió el experto, quien lamentaba no saber cuál era la imagen original. Explicó, además, que los rayos cósmicos son partículas subatómicas de cuyo bombardeo nos protege la magnetosfera terrestre y, cuando uno impacta en el sensor de una cámara de un ingenio espacial, puede dejar una raya brillante en la foto resultante. Luego, el software de compresión digial que convierte la imagen en un archivo JEPG da a esa raya un aspecto pixelado y ya tenemos base alienígena.

Las pruebas

La explicación de McEwen no ha sido del agrado de los amantes del misterio. Así, el investigador paranormal Stephen Wagener, miembro de los Cazafantasmas del Centro de Nueva York, decía el 5 de junio que el objeto parecía algo raro, pero añadía que hay que tener en cuenta que ya Google Earth “es propenso a las anomalías aquí y allá, mostrando artefactos que realmente no existen”. Sin embargo, anteayer reiteraba que lo que se ve en la imagen “parece artificial” y se mostraba molesto porque McEwen dijera que se trata del efecto del impacto de un rayo cósmico en la cámara que tomó la imagen. “El científico no ofrece más pruebas que Martines”, sentenciaba.

No. El astronauta de sillón David Martines, y quienes le respaldan, son los que tendrían que demostrar que en Marte hay algo tan fuera de lugar como una estructura artificial. Lo que McEwen dijo, a partir de la foto de Google Earth, es que le parecía que se trataba de algo habitual: el impacto de un rayo cósmico en el sensor de una cámara. Y, además, hay pruebas concluyentes en ese sentido, en contra de lo que sostiene el mal informado Wagener. La foto original fue tomada por la Mars Express, según descubrió y publicó hace diez días -¡seis antes de que algunos medios españoles se tragaran el falso misterio!- un participante en un foro de abovetopsecret.com. Ese mismo comentario, que pueden leer pinchando en la imagen de la derecha, contiene una detallada e ilustrada explicación de cómo, a partir de la raya del rayo, la informática acabó generando la Estación Biológica Alfa.

No, no existen edificios en Marte. Quienes dicen lo contrario son chiflados y charlatanes, y, cuando un periodista les hace eco es porque no ha hecho su trabajo y se ha limitado al arte de copiar y pegar, adjetivar aquí y allá, y firmar. Y así nos va, claro.

El ‘Mars Reconnaissance Orbiter’ sólo ve una meseta donde dicen que está la cara de Marte

La cara de Marte, fotografiada por la 'Mars Reconnaissance Orbiter' en abril de 2007. Foto: NASA.

La cara de Marte fotografiada por la 'Viking 1' en 1976 y por la 'Mars Global Surveyor' en 2001. Fotos: NASA.Una fotografía de la región marciana de Cydonia tomada el 5 de abril de 2007 -y hecha pública el miércoles- por la cámara HiRISE de la Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA debería zanjar definitivamente el falso enigma de la cara de Marte, para aquéllos que aún tenían dudas sobre su naturaleza tras las imágenes captadas por la Mars Global Surveyor en 1998 y 2001. Tomada desde 300 kilómetros de altura, la nueva foto muestra con extraordinario detalle la meseta en la que, desde finales de los años 70, algunos han creído ver un rostro humano esculpido en la piedra y demuestra que ahí no hay nada. Con la cara y las pirámides de Cydonia ha pasado lo mismo que con los canales de Marte, que desaparecieron de la faz del mundo vecino en cuanto avanzó la tecnología lo sufiente, aunque entonces hubo que esperar casi un siglo a que la visita de la Mariner 4 en 1965 demostrara que las conducciones de agua no existían.

La imagen original de la cara de Marte, que ha ilustrado innumerables libros, revistas y programas de televisión dedicados a lo paranormal, fue tomada por el orbitador de la Viking 1 en julio de 1976. Numerosos autores pseudocientíficos la han considerado desde entonces una monumental escultura, un rostro humano a gran escala, mientras que prácticamente todos los científicos creyeron desde el principio que se trataba de una pareidolia, una jugarreta de nuestro cerebro al buscar patrones donde en realidad no los hay. Robert Bauval y Graham Hancock, herederos intelectuales de Erich von Däniken, propusieron en 1998 que las formaciones de Cydonia -donde ellos veían también unas pirámides- eran el equivalente marciano a las edificaciones de la meseta de Giza (Egipto). “Cuanto más detenidamente se examina, más evidente resulta que realmente podría tratarse de un conjunto de enormes monumentos en ruinas sobre la superficie de Marte”, escribieron entonces. ¿Qué dirán ahora?