Cáncer

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, alerta una gurú de la autoayuda en ‘La Vanguardia’

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, sentenciaba Maria Àngels Farreny ayer en La Vanguardia. Vivimos en una sociedad en la cual proliferan los gurús, y Farreny es uno de ellos. Experiodista, se gana la vida como entrenadora personal de respiración, meditación y liderazgo. Su negocio consiste en vender cursos, entre ellos uno de 70 horas en el que dice que enseña a respirar, titulado La ciencia del control del ritmo respiratorio/cardiaco y postural. Cuesta 650 euros, se publicita como “homologado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña” y lo imparten ella y la actriz Miriam Marcet, su socia en Natura Respira 3.0: Escuela Europea de Respiración. ¿Que usted ya sabe respirar?, ¿que lo hace inconscientemente? Es lo que se cree, pero no es verdad y no sabe lo que se está jugando.

“Con una buena respiración y una buena postura corporal, porque tienen que ir ambos ligados, puedes prevenirlo prácticamente todo. La mayoría de enfermedades vienen provocadas por una falta de oxígeno, y hay que recordar que el cuerpo humano está formado por un 85% de agua. Si coges agua, la estancas durante tres o cuatro días y no está oxigenada, ¿qué sucede? Se pudre. Respirar quiere decir vivir, lo repetiré las veces que haga falta”, dice Farreny en la entrevista que le hacen en el diario barcelonés. Vale, todos sabemos que, si no respiras, te mueres. Para ser conscientes de eso, no hace falta ningún gurú. Pero respirar bien no previene “prácticamente todo”, la mayoría de las enfermedades no están provocadas por una falta de oxígeno y comparar el cuerpo humano con un estanque de agua es de un charlatanesco que da miedo.

“Lo del estancamiento del agua podrida supera mis capacidades de comprensión -reconoce José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco-. En cualquier caso, habría que recordar a estos señores que lo que todos entendemos por agua oxigenada, el peróxido de hidrógeno, es un tóxico potentísimo. Y, si se refieren al oxígeno disuelto en el agua, la cantidad es muy pequeña e irrelevante en condiciones normales: respirando aire atmosférico y con el cuerpo a los 37º C de rigor. Porque el oxígeno no viaja en la sangre unido al agua del plasma sanguíneo, sino unido a la hemoglobina en el interior de los eritrocitos -o hematíes o glóbulos rojos-, y la hemoglobina, cuando la sangre abandona los pulmones, está saturada de oxígeno. En reposo, la cantidad de oxígeno en la sangre varía entre una saturación de casi el 100% cuando deja los pulmones a una saturación de alrededor del 75%-80% cuando vuelve a ellos (la famosa sangre sin oxígeno que nos venden los gurús). Aumentar en reposo la intensidad respiratoria no consigue aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre, porque ya está saturada. Todo esto, claro, en condiciones fisiológicas normales. En caso de enfermedad, los valores pueden variar mucho, pero por causa del mal”.

Nobel inventado

Parte de la entrevista a Maria Àngels Farreny publicada en 'La Vanguardia'.Farreny acaba de publicar con su socia el libro Dime cómo respiras y te diré cómo vives. Explican en él “cómo transformar una situación negativa en una situación positiva a partir de una buena praxis respiratoria y postural”. “Respirar conscientemente es vivir conscientemente. No habría tantos accidentes ni enfermedades, ni cosas raras; iríamos más felices por la vida, ofreciendo sonrisas a desconocidos”, asegura en La Vanguardia. E intenta convencer al periodista: “Te daré un dato: sólo utilizamos un 10% de nuestra capacidad pulmonar. ¡Un 10%!”. No siempre ha sido así, explica. “Si te fijas en la barriga de un bebé verás que sube y baja, esto quiere decir que hace las inspiraciones completas. A medida que nos vamos haciendo mayores, nos van bombardeando con el «esto no se dice», «esto no se hace» y «esto no se toca», y nos vamos conteniendo”.  ¿Hay que sumar el mito del 10% de la capacidad pulmonar al de que usamos sólo el 10% del cerebro?

“Curiosamente, es verdad en cierta manera -advierte el fisiólogo y miembro del Círculo Escéptico-. En cada ciclo respiratorio en reposo, se sustituye con la atmósfera aproximadamente el 10% de la capacidad pulmonar total (una tercera parte de ese 10%, a su vez, se queda en el espacio muerto anatómico, donde no se produce intercambio de gases con la sangre). La razón de esto es que permanezcan constantes las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los alveolos (en el gas alveolar), un factor fundamental para el mantenimiento de las concentraciones de estos gases en la sangre. Pero los pulmones están siempre llenos de gas (el caso contrario, se debe a un neumotórax, que es siempre patológico). Con las inspiraciones forzadas, seguidas de espiraciones forzadas, consigues intercambiar más cantidad de aire del interior de los pulmones, cosa que haces durante el ejercicio intenso porque las demandas de oxígeno aumentan. Si en reposo haces inspiraciones y espiraciones forzadas continuadas, vas a ver que muy pronto no puedes continuar, porque, si bien aumentas la concentración de oxígeno en el gas alveolar (algo irrelevante, como puedes deducir de lo dicho más arriba), reduces sustancialmente la concentración de dióxido de carbono y esto frena de inmediato la respiración forzada. Además, algunas personas, si hacen una serie larga de respiraciones forzadas, pueden sufrir un ataque epiléptico”. Ah, y los bebés no son diferentes a los adultos en lo que a la respiración se refiere.

En su afán por rodearse de un halo científico, la experiodista saca a relucir a un Nobel. “Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, están relacionadas con la falta de oxígeno. Otto Warburg, recibió dos premios Nobel en los años 30 por descubrir la relación que hay entre cáncer y oxígeno”. Ni lo uno ni lo otro. El fisiólogo alemán no ganó dos veces el Nobel, sino una, en 1931. Y no le premiaron por hallar “la relación que hay entre cáncer y oxígeno”, sino “por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria” . Es cierto que Warburg sostuvo hasta su muerte en 1970 que “la sustitución de la respiración de oxígeno [por parte de la célula] por la fermentación es la causa del cáncer”, pero ni le premiaron por plantearlo ni concuerda con lo que sabe la ciencia del siglo XXI. “Todo Nobel que se precie ha dicho más tonterías de las necesarias. Pero confundir la respiración celular -las reacciones bioquímicas en las mitocondrias de las que se obtiene energía con la unión final del oxígeno al hidrógeno para formar agua- con la ventilación pulmonar -nombre fisiológico de lo que vulgarmente se llama respiración- es un error de aficionado”, indica Pérez Cobo.

“¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”

“No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede”, declaraba Farreny hace un año a El Periódico. Autoayuda pura y dura que la experiodista ha conseguido que respalde la Generalitat, al homologar su curso. “Pretendemos que las sencillas y poderosas técnicas de La ciencia del control del ritmo respiratorio se incluyan en los planes de estudio, desde Primaria hasta Formación Profesional. Y la aportación final es la creación de un posgrado para una nueva profesión: entrenador personal de respiración y consciencia”. ¿Y quién formará a esos especialistas? Su organización, claro, previa superación, y pago, de su curso y después de estudiar otros dos años más a un precio que no se revela.

Farreny vio la luz hace años en un viaje a Poona (India), donde dice que se formó “en técnicas corporales como cráneo-sacral, tantra y respiración consciente”, a través de las cuales aprendió “a re-conocer su cuerpo y a tener conciencia de su respiración, reconectando, a partir de sus propias experiencias vitales y sensoriales, cuerpo, mente y espíritu”. Mística oriental para sacar los cuartos a los occidentales a quienes sobra el dinero. “No hay mejor manera de respirar de forma inadecuada que empeñarse en pensar en cómo respiras -advierte Pérez Cobo-. ¡Déjate llevar, que el cuerpo es muy sano! ¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”.

Elevar a titular la idea de que “no respirar bien nos puede provocar cáncer” es, además de dar pábulo a la anticiencia, trasladar a los enfermos oncológicos la culpa de su enfermedad, algo muy propio de ciertos practicantes de la medicina alternativa y una indecencia. “Si sufres un cáncer de pulmón, no se debe a que has respirado mal toda la vida”, concluye el científico y divulgador vasco.

‘Discovery DSalud’: una revista aterradora

Portada del número 162 de 'Discovery DSalud'.“La estúpida mutilación de Angelina Jolie”; “No es ya que la quimioterapia no cure, ¡es que promueve el cáncer!”; “El ayuno terapéutico es eficaz en numerosas patologías”; “Desidia de las autoridades ante el grave problema de las radiaciones electromagnéticas”; “La electroacupuntura permite operar ¡sin necesidad de anestesia!”; “¿Es el objetivo real de la vacuna antifertilidad reducir la población?”. Son los titulares de portada del número 162 (julio-agosto 2013) de Discovery DSalud, la revista dirigida por José Antonio Campoy, exdirector de Más Allá y autor del libro Entrevista a un extraterrestre: Geenom (1997), prologado por Fernando Sánchez Dragó y Fernando Jiménez del Oso, entre otros.

La etapa de Campoy al frente de Más Allá (de julio de 1993 a octubre de 1998) se caracterizó por incluir un consultorio del alienígena Geenom, que respondía a preguntas de los lectores, y alimentar el negacionismo respecto a que el VIH cause el sida. Decir que fue el periodo más delirante de la revista esotérica sería injusto con las chifladuras que se han publicado después en esas páginas; pero sí fue el socialmente más peligroso, ya que extender la falsedad de que no hay un virus detrás del sida es tanto como animar a la gente a que ignore las mínimas medidas de protección. Y, además, hasta vendió la idea de que la enfermedad tenía cura; al margen de la ciencia, claro.

En el número 56 (octubre de 1993) de Más Allá, Campoy publicó un amplio artículo, bajo el título de “Confesiones de Andreas Faber-Kaiser entre la vida y la muerte”, en el cual el exdirector de la revista Mundo Desconocido culpaba del sida a una conspiración. “Un mes después de iniciar las investigación (sobre el síndrome tóxico), o sea, en junio de 1987, tras donar sangre para la madre de una amiga mía, el análisis rutinario siguiente muestra la existencia en mi sangre de anticuerpos contra el VIH. Me sumo a la serie de investigadores médicos y hasta autoridades (por poner un ejemplo, Juan José Rosón) que murieron o quedaron afectados por repentinos cánceres y otras dolencias durante la investigación que hacían del síndrome tóxico”, escribía Faber-Kaiser. A ese texto se sumaba otro -titulado “André Malby, el hombre que salvó mi vida”- en el que el periodista se mostraba convencido de que el sanador espiritual había conseguido que superara la enfermedad. No fue así. Andreas Faber-Kaiser murió el 14 de marzo de 1994, víctima del sida.

El cáncer, un proceso de desintoxicación

Desde 1999, Discovery DSalud es el altavoz de los colectivos más paranoicos, extravagantes y peligrosos del sector sanitario español. No parece haber terapia loca, producto milagro o idea estrafalaria sin hueco en esta publicación. Así, en enero de 2008, Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria, alertaba en sus páginas de que “es muy posible que el cáncer no sea una enfermedad causada por un error genético, sino que se trate de un proceso biológico de desintoxicación”. Según esta homeópata, la curación del cáncer “puede lograrse si el paciente cambia completamente el chip de quién es, cuenta con apoyo psicológico, hace una alimentación natural, elimina todas las fuentes que contaminan su organismo, no vuelve a introducir ninguna toxina en su cuerpo y, finalmente, deja que el organismo funciones de forma natural”. Por supuesto, nada de cirugía, radioterapia, ni quimioterapia; que el cáncer crezca a su aire. Ya lo dicen en la portada del número de este verano, “en realidad, la quimioterapia ¡promueve el cáncer!”.

La revista está, por supuesto, al servicio de las organizaciones anticientíficas creadas en su órbita, como la World Association for Cancer Research (WACR). Esta entidad está presidida por Campoy, y su nombre en inglés le ha servido para vender gato por liebre a algunos periodistas. Hace cinco años, por ejemplo, la agencia Efe dio amplia difusión a la reclamación de la WACR de una moratoria de la vacuna de cáncer de cuello de útero (VPH). «La asociación, cuyo consejo científico preside Ramón Cacabelos, catedrático de Biotecnología y Genómica, emprenderá acciones judiciales para proteger a “cientos de miles de niñas a las que se pretende inocular una vacuna potencialmente peligrosa, cuya eficacia y seguridad clínica jamás se ha demostrado”», destacaba el despacho de agencia. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) se desmarcó inmediatamente de la WACR, de la que advirtió de que “no se encuentra entre los miembros de la Unión Internacional Contra el Cáncer”. Y añadía, en el mismo comunicado, que nunca había colaborado con la WACR “ni está de acuerdo con el planteamiento sobre vacunación contra virus del papiloma humano (VPH) que ha difundido a los medios de comunicación, y consideramos que este tipo de noticias no contribuye sino a crear confusión e intranquilidad en la sociedad”. La asociación liderada por Campoy también se encuentra, ¡cómo no!, en primera línea en la lucha contra las ondas de radiofrecuencia.

Discovery DSalud está llena de publicidad de complementos alimenticios, sistemas de “protección total contra los campos electromagnéticos”, aparatos milagrosos que trabajan la “energía vital y oxigenación”, productos adelgazantes, regeneradores de los “patrones de información y energía articular”, cursos de pseudoterapias y otros timos. Y, en sus editoriales, el director sostiene cosas como que hay genes implicados en el desarrollo del cáncer “que se ignoran de forma desinteresada” y que “Angelina Jolie no ha sido sino la tonta útil que se ha usado para poner en marcha el enésimo negocio de una gente insaciable”. Ya lo dijo Rosa Regás hace un par de meses: la doble mastectomía de Angelina Jolie forma parte de una conspiración mundial de la industria del cáncer.

No sé a ustedes, pero a mí Discovery DSalud me parece una revista aterradora y muy, muy peligrosa. De venta en quioscos.

“La Contra” de ‘La Vanguardia’ promociona la peligrosa idea de que hay dietas que curan el cáncer

“Me despedí de la vida… y me curé con la dieta anticáncer”, decía el lunes Odile Fernández en “La Contra” de La Vanguardia. Tiene 34 años, es médico de familia del Sistema Andaluz de Salud y sufrió un cáncer de ovarios que, al parecer, ha superado. Me alegro. Cada vez más gente sobrevive al cáncer, como recordaba en febrero de 2011 el bioquímico Sergio Pérez Acebrón en “Estamos curando el cáncer (de verdad)”. Este investigador español, que trabaja en el Centro Alemán de Investigación del Cáncer (DKFZ), explicaba hace dos años que la causa del “notable incremento en la supervivencia al cáncer en las últimas décadas es múltiple”, pero la conclusión única: la ciencia está curándolo. La ciencia. Sin embargo, el mensaje que transmite el titular de la entrevista de Víctor-M. Amela a Odile Fernández no es ése, sino que la mujer ha superado la enfermedad gracias a un simple cambio de dieta. ¿En serio? Analicemos lo que nos cuenta la interesada.

Fernández tuvo un cáncer de ovarios. “¡Me extirparon un tumor de once centímetros de diámetro! Y parecía solventado. Pero no…”, le dice a Amela. Y añade que, poco después, le diagnosticaron “metástasis en vagina, pulmón y huesos. Era noviembre de 2010 y tenía sólo un 5% de posibilidades de vivir más de cinco años”. Pensó en lo peor, aunque no tiró la toalla. “Empecé quimioterapia… y algo más” , dice.  Y aquí es cuando comienza a vender su moto. El algo más que, según ella, le curó fue el cambio de hábitos dietéticos que recoge en su libro Mis recetas anticáncer y sobre el cual imparte talleres. “Sentí gran alegría… ¡y en dos meses el cáncer ya no estaba!: mi actitud y mi dieta activaron los recursos de mi organismo”. A partir de ese momento, el discurso de la mujer se centra en qué alimentos son anticancerígenos (frutas, verduras, ciertas especias…) y cuáles cancerígenos (carnes rojas, salchichas, embutidos, bollería industrial, fritos).

El discurso de Fernández es falaz. En 2010 los médicos le dijeron que tenía un 5% de probabilidades de vivir más de cinco años. Aunque todavía no ha pasado ese lustro, como ella asegura que la enfermedad ha desaparecido por completo, cabe suponer que podría estar entre el 5% de supervivientes. Si es así, ¿esa curación se habrá debido a la dieta? Ella misma reconoce que siguió quimioterapia, así que lo lógico es achacar a ésta su victoria sobre el cáncer. El plazo que da para la desaparición de la enfermedad es, a juicio de expertos,  sorprendentemente corto y es más que probable que la quimioterapia fuera acompañada de otros tratamientos que quizá la necesidad de resumir le haya llevado a no citar. Que Fernández crea que ha sido la dieta la que le ha curado tiene tanto fundamento como que, si hubiera seguido el tratamiento indicado y a la vez rezado -supongo que no lo ha hecho porque se declara agnóstica-, atribuyera su sanación a Dios.

Nutrición y prevención

Entrevista a Odile Fernández en 'La Vanguardia'.¿Puede una dieta curar el cáncer? “No hay ninguna dieta anticáncer”, sentenciaba en Abc a principios de año Andrés García Palomo, jefe de Oncología del Hospital de León. Y añadía que “la dieta tiene que respetar los criterios que siempre hemos establecido como una alimentación saludable. Es decir, tiene que haber una cantidad diaria de hidratos de carbono, muy pocas grasas y una cantidad mediana de proteínas”. Comer bien y tener otros hábitos saludables -como hacer ejercicio, no fumar y beber con moderación- es la mejor prevención demostrada contra el cáncer. Los expertos calculan que la mala alimentación está en el origen del 35% de los casos de la enfermedad. Pero, ¡ojo!, que una dieta equilibrada haga que se reduzcan las probabilidades de padecer el mal no significa que, una vez detectado, una alimentación determinada vaya a revertir el proceso. No hay ninguna dieta que cure el cáncer. Además, cuando alguien está en tratamiento, es fundamental que, para que éste tenga éxito, siga las indicaciones nutricionales de su oncólogo, no las del primer libro que encuentre por ahí, incluidos los de Fernández.

“La cirugía, la quimioterapia y la radiación pueden tener un impacto negativo directo (o mecánico) o indirecto (o metabólico) en el estado de nutrición. El éxito del tratamiento del cáncer estará determinado por la capacidad del paciente para tolerar el tratamiento, el cual, a su vez, estará afectado por el estado de nutrición anterior al tratamiento. El clínico a cargo del tratamiento debe evaluar el estado de nutrición de referencia y conocer los posibles efectos de los diferentes tratamientos. Los pacientes que reciben tratamientos agresivos contra el cáncer generalmente necesitan la gestión agresiva de la nutrición”, indican en la web el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Cualquier enfermo de cáncer que crea que por comer ciertos alimentos se va a curar puede acabar poniendo su vida en serio peligro y cualquiera que no siga las indicaciones nutricionales de su oncólogo, sufrir complicaciones durante el tratamiento.

Fernández ya ha salido en “La Contra” de La Vanguardia, el mejor trampolín para la charlatanería en la gran prensa española, y participó en septiembre del año pasado en el XIII Congreso Ciencia y Espíritu, celebrado en Sevilla y donde se habló, entre otras cosas, de psicoastrología y relaciones, el proceso de la ascensión a la quinta dimensión y las experiencias cercanas a la muerte. Puede que gane dinero con sus libros sobre dietas mágicas contra el cáncer, y hasta es posible que se haga famosa, pero hace un flaco favor a la medicina y a los enfermos de cáncer. Según Amela, su blog Mis Recetas Anticáncer ha estado encabezado por la frase: “Cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona. Cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria”.  Una doble falacia que puede llevar a algunos a pensar que basta con comer sano para curarse de la enfermedad.

En esa peligrosa estupidez, en vez de en entrar en el quirófano, depositó su fe Steve Jobs cuando le diagnosticaron un cáncer de páncreas operable. “Intentó tratarse con dietas. Fue a espiritistas. Probó con la macrobiótica y no se operó”, recordaba hace dos años Walter Isaacson, biógrafo del cofundador de Apple. El resultado lo conocemos todos: para cuando decidió ponerse en manos de los cirujanos, era ya demasiado tarde. Si todo sale como ella dice -¡ojalá!-, a Fernández le habrá curado la medicina, no seguir una dieta supuestamente anticancerígena. Vender su supervivencia como consecuencia feliz de una alimentación sana es un acto, como poco, irresponsable. Si hubiera abandonado el tratamiento médico, ni toda la verdura y fruta del mundo le habría servido para nada. Y ella, como médico, lo tiene que saber: uno puede contraer un cáncer por alimentarse mal; pero, por mucho que uno se alimente como es debido, nunca lo superará sólo así.

El Defensor del Pueblo vasco cuestiona la inocuidad de la Wi-Fi y alimenta la histeria electromagnética

Un informe del Ararteko contra de la obligatoridad de que los ordenadores de las escuelas vascas se conecten a Internet por Wi-Fi, y no puedan hacerlo por cable, va a alimentar la histeria electromagnética en Euskadi. Eskola 2.0 es una iniciativa del Gobierno vasco, puesta en marcha durante el mandato de Patxi López, que pretende introducir las tecnologías de la información en las aulas mediante el uso de portátiles y redes WiFi. Algunos colectivos antiantenas, apoyados por los sindicatos como ELA, LAB y ESK, se movilizaron contra el proyecto desde el principio por tecnofobia, y ahora Iñigo Lamarca, el Defensor del Pueblo vasco, les da en parte la razón, haciendo caso omiso a la realidad científica.

Considera el Ararteko, en un informe del 4 de abril, que “los riesgos por los efectos para la salud humana de la exposición a largo plazo, incluso a bajos niveles de exposición, de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, entre las que incluye las redes inalámbricas, es un debate social y científico que continúa abierto en la actualidad”. Ante eso, recomienda al Departamento de Educación que se reduzcan los niveles de emisiones en los centros escolares que utilicen Wi-Fi y se permita, como alternativa, el cableado de las aulas. El problema es que, como en otras ocasiones en las que alguien sostiene algo parecido, Lamarca es incapaz de presentar una sola prueba que apoye sus afirmaciones.

El debate social sobre los riesgos para la salud de las ondas de radiofrecuencia puede estar abierto; pero eso no significa nada de por sí. También hay gente que cuestiona la teoría de la evolución, y eso no la invalida. Es más, no la invalidaría ni que la cuestionara todo el mundo. Por mucha gente que dudara de la Ley de la Gravedad, ésta tampoco dejaría de ser real y quien saltara desde un quinto piso seguiría haciéndose papilla contra el asfalto. Aunque todos nos volviéramos de repente geocentristas, la Tierra no sería el centro del Universo. Y, por mucho que los negacionistas del sida griten, la causa de esa patología es el VIH. Cuando hablamos de hechos, no importan las opiniones y creencias.

Una sola fuente científica y de dudoso valor

Iñigo Lamarca. Foto: Rafa Gutierrez.Ignoro, por otra parte, a qué fuentes científicas ha recurrido el Ararteko para documentarse de cara a la elaboración de su informe. En las quince páginas que lo componen, cita varias resoluciones de diversos organismos políticos y ¡una sola entidad científica! “Otra referencia que sirve para ilustrar la importancia del debate es el criterio de la International Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que ha clasificado los campos magnéticos de radiofrecuencias (móviles, WI-FI, etc.), como posibles cancerígenos para humanos (Grupo 2B)”, escribe Lamarca tras destacar que, “como ejemplo significativo [de la preocupación de los científicos] podemos mencionar las previsiones recogidas en la Agenda de investigación de la OMS para los campos electromagnéticos de 2010. Este documento mantiene la necesidad de continuar investigando los efectos sobre la salud en especial para niños y niñas expuestos a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, entre las que incluye las redes inalámbricas”.

¿Ha leído Lamarca el artículo científico en el que basaron su dictamen los sabios de la IARC? Se titula “Carciogenicity of radiofrequency electromagnetic fields” (Carcinogenicidad de los campos electromagnéticos generados por radiofrecuencias), se publicó en julio de 2011 en la revista The Lancet Oncology y los autores no presentan ninguna prueba que avale la inclusión de las ondas de radiofrecuencia. Nada raro. Ya la nota de prensa que había sacado un mes antes la IARC apuntaba en ese sentido.  Los científicos consultados venían a decir que el uso del móvil “podría suponer algún riesgo” de contraer glioma (tumor maligno cerebral) y neuroma acústico (tumor benigno del oído), y que las pruebas eran “lo suficientemente sólidas” como para incluir el uso de teléfonos celulares en el grupo 2B de la clasificación de carcinógenos de la OMS, pero ellos mismos reconocían que esas pruebas eran extremadamente frágiles:

“Las pruebas fueron revisadas críticamente y en general evaluadas como limitadas entre los usuarios de teléfonos celulares para el glioma y el neuroma acústico, e inadecuadas para llegar a conclusiones para otros tipos de cánceres. La pruebas de las exposiciones ocupacionales y ambientales antes mencionadas se consideraron igualmente inadecuadas. El Grupo de Trabajo no cuantificó el riesgo; sin embargo, un estudio del uso pasado de teléfono celular (hasta el año 2004), mostró un 40% más de riesgo para los gliomas entre los grandes usuarios de la categoría más alta (promedio reportado: 30 minutos diarios durante un período de 10 años).”

Las cursivas no son mías, sino del documento original. A pie de página, se explican dos términos clave (las negritas tampoco son mías):

Pruebas limitadas de carcinogenicidad: se ha observado una asociación positiva entre la exposición al agente y el cáncer, para la cual el Grupo de Trabajo considera creíble una interpretación causal, aunque no puede descartar con seguridad razonable el azar, el sesgo o la confusión.

Pruebas inadecuadas de carcinogenicidad: los estudios disponibles son de insuficiente calidad, consistencia o potencia estadística como para permitir llegar a una conclusión respecto a la presencia o ausencia de una asociación causal entre la exposición y el cáncer, o no hay datos disponibles sobre el cáncer en los seres humanos.”

Y, con esas pruebas limitadas e inadecuadas, se incluyeron las ondas de radiofrecuencia en el grupo de carcinogenicidad 2B de la OMS, como bien recuerda el Ararteko, a quien se le olvida destacar que en ese grupo también está el café. Por cierto, numerosos investigadores y sociedades científicas apuntaron en su día que la decisión de la IARC carecía de fundamento científico, algo de lo que Lamarca tampoco parece haberse enterado. En España, el secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, coincidieron en que lo que decían los autores del informe de la IARC no estaba demostrado.

El consenso científico sigue siendo, a día de hoy, que no hay ninguna prueba de que las ondas de radiofrecuencia resulten nocivas para la salud. No sólo no hay ningún estudio que confirme tal posibilidad, sino que desde junio de 2011 se han publicado varios que la descartan. Por citar sólo uno, en julio de 2011 -sólo un mes después del artículo de The Lancet Oncology-, los autores de un estudio cuyas conclusiones se publicaron en el Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo, concluían que los niños y adolescentes que usan el teléfono móvil habitualmente no corren un mayor riesgo de sufrir un cáncer cerebral que los que no lo hacen.

Se mire por dónde se mire, el dictamen del Ararteko sobre las redes Wi-Fi en las escuelas es un despropósito basado en informes de organismos políticos y no en pruebas científicas. ¿Por qué Lamarca no ha recurrido a científicos expertos para informarse debidamente del estado de la cuestión? Cierto es que el defensor del Pueblo Vasco no dice, en ningún momento, que las emisiones de radiofrecuencia sean un peligro, pero su inquietante falta de argumentos sólidos alimenta la histeria electromagnética. “Hay que partir del hecho que las redes Wi-Fi generan campos electromagnéticos de radiofrecuencia en unos niveles bajos en los que no ha quedado acreditado que puedan afectar a la salud de las personas”, asegura. Sin embargo, opta por no mojarse y justificar su equidistancia con que no hay consenso científico -¡falso!- y el debate social está ahí. Sí, señor Lamarca, como el debate creacionismo-evolucionismo.

Ah, ¿sabe que negacionistas del sida apoyan al lobby antiantenas en su intento de meter en los colegios españoles el miedo a la Wi-Fi?

La ‘conspiranoia’ del cáncer provocado de Hugo Chávez: ¿y si se lo causaron los extraterrestres?

Lo confieso: no me sorprendió que el vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejara caer ayer que el cáncer que ha matado a Hugo Chávez fue provocado por Estados Unidos. Ya lo dijo el fallecido hace un año: “¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y nadie lo sepa hasta ahora, y se descubra esto dentro de cincuenta años o no sé cuánto? No lo sé. Sólo dejo la reflexión”. Y seguidamente citó a otros cuatro dirigentes latinoamericanos que habían padecido la enfermedad: Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner.

“Nosotros no tenemos ninguna duda. Llegará el momento indicado de la Historia en que se podrá conformar una comisión científica” que revelará “que el comandante Chávez fue atacado con esta enfermedad. Los enemigos históricos de esta patria buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante”, dijo ayer Maduro en la televisión, horas antes de anunciar la muerte del presidente venezolano. Nada mejor que desviar la atención hacia un enemigo exterior para tener al pueblo unido en el momento de la desaparición del líder. Es un clásico del populismo y del nacionalismo.

La acusación de Chávez y Maduro contra EE UU es conspiranoia en estado puro. Lo era en diciembre de 2011, cuando el fallecido la dejó caer por primera vez, y lo sigue siendo ahora. En nada se diferencia de estupideces como achacar a un pacto de los haitianos con el Diablo el terremoto que asoló el país caribeño en enero de 2010, tal como hizo el telepredicador Pat Robertson, o atribuir a ETA los atentados del 11M, como hizo recientemente Esteban González Pons, vicesecretario general de Estudios y Programas del PP. Hay tantas pruebas del origen capitalista del cáncer de Chávez como de que se lo hayan provocado los extraterrestres, los pitufos o practicantes de vudú.

Ya hace un año que, por si alguien tuviera alguna duda, el biólogo Andrés Rodríguez Seijo demostró que la teoría cancerígena de Chávez era un sinsentido. Los cánceres que habían padecido los líderes latinoamericanos invocados por el militar eran los propios de su edad y alguno tenía, además, antecedentes familiares. Rodríguez Seijo recordaba casos de políticos españoles aquejados de la enfermedad en los últimos años: Esperanza Aguirre, José Montilla, Iñaki Azkuna Josep Antoni Duran i Lleida, María San Gil, Uxue Barkos, Ana de Palacio y Loyola de Palacio. Y se preguntaba irónicamente: “¿Significa [esto] que la CIA está elaborando un complot en España para afectar con cáncer a diferentes dirigentes políticos o es simplemente una suma de factores de edad (mayores de 50), genética (caso de Palacio, similar al de Lula), factores ambientales y/o aumento probabilidades de padecer un cáncer?”.

“Es imposible”

El vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro. Foto: Efe.Hoy, los oncólogos consultados por los medios de comunicación han coincidido en señalar lo disparato de lo apuntado por Madero y Chávez. “Es imposible que se pueda inocular un cáncer, ya sea por la vía oral (mezclado en una bebida o comida) o por una inyección en la vena, en la grasa o el músculo. Inyectadas, el sistema de defensa del receptor mataría (rechazaría) inmediatamente a las células cancerosas trasplantadas de igual modo que se rechaza un órgano que es incompatible. Ingeridas por la boca, las células cancerosas serian digeridas inmediatamente por los jugos gástricos e intestinales”, ha escrito Elmer Huerta, presidente de la Sociedad del Cáncer de Estados Unidos, en su blog del diario peruano El Comercio.

“Es totalmente imposible. Existen algunos virus que pueden producirlo, pero el cáncer no se trasmite por ninguna vía. La persona que lo padece tiene una alteración en su genes que ha provocado una trasformación maligna de las células”, ha explicado Javier Espinosa, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en declaraciones a Europa Press. Respecto a la posiblidad de envenenar a alguien para que desarrolle la enfermedad, Huerta ha recordado que, “para que una sustancia química cause cáncer, se sabe que es necesario un larguísimo tiempo de exposición al elemento químico, y aquí estamos hablando de dosis constantes y prolongadas durante muchos años. La idea de que una sola dosis del veneno pueda causar cáncer no tiene entonces fundamento científico”. Además, en declaraciones a Radio Universidad Nacional del Litoral,  el oncólogo argentino Luis Romero Acuña, para quien la teoría de la conspiración “es un desvarío”, ha señalado que “tampoco se pueden comparar las enfermedades de Lugo, Lula, Dilma y Chávez. Recordemos que Chávez tuvo un tumor muy raro en la pelvis. Ningún oncólogo serio puede pensar en esto”.

La conspiranoia cancerígena chavista no es una anécdota menor, como no lo son las del 11-S y el 11-M. Chávez y Maduro no han culpado a los diabólicos Estados Unidos del cáncer del primero porque sí, sino como parte de su estrategia de manipulación de la opinión pública. En palabras de Huerta -que suscribo-, el vicepresidente venezolano “ha plantado en la mente de la gente una idea que, por descabellada que sea, se quedará para siempre en el pensamiento de millones de personas, quienes creerán, hasta el fin de sus días, que el imperio o quien quiera que sea, le causó el cáncer al señor Chávez. Cuando la gente es fanática, no hay nadie que le pueda sacar de la cabeza una idea, y el señor Maduro ya la plantó para siempre…”. Ha demostrado con su conspiranoia populista ser digno sucesor del fallecido Hugo Chávez.