Cáncer

La OMC pide a TVE que impida a Mariló Montero hacer “afirmaciones banales” sobre asuntos de salud

Mariló Montero, con un limón en su programa.

La Organización Médica Colegial (OMC) ha pedido a TVE, en una carta abierta, que conmine a Mariló Montero a “que se abstenga en lo sucesivo de hacer afirmaciones banales en asuntos relacionados con la salud”, después de las dos intervenciones -el 21 de enero y el 6 de febrero- en las que defendió que el olor del limón previene el cáncer. La OMC recuerda que esa afirmación carece de base científica y considera lo que hizo la presentadora una frivolidad impropia de la televisión pública, “que lo único que provoca es inquietud y sufrimiento a las personas que padecen este tipo de enfermedad”. El programa La mañana, de La 1, hace habitualmente publicidad de todo tipo de pseudoterapias. No es la primera vez que Mariló Montero juega con la salud. En octubre de 2012, Montero puso en cuestión trasplantes de órganos porque el posible donante era un asesino y podía pasar su alma a los receptores.

Mi más sincera felicitación a la OMC por dejar las cosas claras en el comunicado que reproduzco seguidamente:

Ante la situación provocada por las declaraciones de la presentadora de La mañana de La 1 de TVE, Mariló Montero, quien el pasado día 21 de enero aseguró que el olor del limón previene el cáncer, la Organización Médica Colegial (OMC) quiere expresar su más enérgica queja por semejante afirmación sin base científica firme, que lo único que provoca es inquietud y sufrimiento a las personas que padecen este tipo de enfermedad.

Consideramos que no se puede frivolizar sobre un tema tan sensible como el cáncer y menos en la televisión pública que debe ser rigurosa en temas de salud y debe contar con opiniones fundamentadas por expertos sobre el tema en cuestión.

La reafirmación de la presentadora, realizada el pasado día 6 de febrero, sobre la hipótesis de que el olor del limón previene el cáncer, basándose en un estudio según el cual un componente del limón podría inhibir el crecimiento de células cancerosas en cultivos de laboratorio, pero del que no se han realizado pruebas en animales ni, por supuesto, ensayos clínicos, no hace más que empeorar la situación para muchas personas angustiadas y deja en evidencia, una vez más, la frivolidad de su afirmación.

Por ello, rogamos que la TVE deje claro a los espectadores que, hoy por hoy, no existen evidencia científica de que el olor del limón prevenga el cáncer. Y conmine a la presentadora para que se abstenga en lo sucesivo de hacer afirmaciones banales en asuntos relacionados con la salud.

TVE, tenemos un problema: Mariló Montero se reafirma en que oler un limón previene el cáncer

TVE tiene un problema. Se llama Mariló Montero. Su programa La mañana, de La 1, se ha convertido en un difusor del curanderismo más peligroso. La última bobada de la periodista navarra fue asegurar, el 21 de enero, que el olor del limón previene el cáncer. “Tenemos aquí un limón. Lo tienen en casa. Coja el limón, o la naranja, acerquéselo a la nariz, lo puede olor y, si aprieta un poquito, sale el olor y se puede llenar toda la casa. El aroma de limón puede prevenir el cáncer. Veremos si también puede prevenir el cáncer los aceites esenciales, si tienen los mismos efectos anticancerígenos que la pieza de fruta”, dijo al tiempo que olía un limón..

Hoy, Montero se ha reafirmado en su disparate, como no podía ser de otro modo porque ella siempre tiene razón. Se ha jactado de ser una prescriptora y, tras acusar a sus críticos de no saber escuchar y manipular lo que dice, se ha referido a una página web, Medical Press, donde se afirma que “el aroma de los citrus inhibe el cáncer de hígado” y ha leído el siguiente párrafo de esa información:

Como componente principal de los aceites esenciales, los terpenos pueden inhibir el crecimiento de diferentes células cancerosas. Los investigadores de la Ruhr-Universität Bochum encabezados por el Prof. Dr. Hanns Hatt han analizado este proceso en detalle en las células de cáncer de hígado. Ellos arrojan luz sobre los mecanismos moleculares que dieron lugar a las células cancerosas dejan de crecer, a raíz de la aplicación de citronelal, y probaron que la OR1A2 (receptor olfativo) es la molécula crucial para ese propósito. En el futuro, el receptor olfativo podría servir como diana para el diagnóstico de cáncer de hígado y su terapia. Los investigadores informan sobre sus hallazgos en la revista Archives of Bioquímica y Biofísica (sic).

“Muchísimas gracias por la repercusión que nos dan porque, si un objetivo tiene un comunicador, es que lo que diga llegue a buen puerto”, ha concluido la presentadora de La mañana.

¡Bravo! ¡Bravo! De que un componente del limón pueda inhibir el crecimiento de células cancerosas en cultivos de laboratorio -como dice la nota de prensa original-, ella concluye que oler un limón previene el cáncer. ¡Paren las rotativas! ¡Olvídense de repetir el experimento! ¡No hagan pruebas en modelos animales! ¡Para qué perder el tiempo con ensayos clínicos! La doctora Montero ha hablado: todos a oler limones si no queremos padecer cáncer.

Homeopatía contra el resfriado

Días antes del despropósito limonero cancerígeno de Montero, Gualberto Díaz, homeópata y director medico de Laboratorios Boiron, y Pilar León, farmacéutica de cabecera del programa, promocionaron en La mañana la homeopatía contra los catarros y la gripe. Díaz dijo que los productos homeopáticos “tienen utilidad real” frente a esas infecciones no sólo para mitigarlas, sino también para eludirlas, y recomendó que, si uno coge un catarro o una gripe, todos los niños y personas mayores de la casa tomen remedios homeopáticos para “prevenir el contagio”.

El sábado pasado, el Defensor del Espectador de TVE se hizo eco de una queja al respecto y se vio en pantalla el siguiente diálogo:

Javier Prieto: El motivo de mi queja es el tratamiento del tema de la homeopatía en el programa de las mañanas de La 1. Se ofrecía pues casi como una solución milagrosa para determinadas enfermedades cuando gran parte de la comunidad médica y científica tiene una opinión opuesta. Se echaba en falta un tratamiento más riguroso, creo que una televisión pública tiene que ser muy rigurosa contar con opiniones en contra fundamentadas y serias por parte de gente que conociera bien el tema.

Pilar León: TVE lo que hace es recoger todo lo que hay en la calle y hablar de lo que está ahí. Se están vendiendo los productos homeopáticos, que son medicamentos. Las farmacias no nos podemos negar a vender un medicamento homeopático ante una receta bien prescrita. Las industrias farmacéuticas cumplen a rajatabla todos los requisitos, igual que cualquier otra industria. Sabemos que hay un debate abierto, porque sabemos que ahí lo hay. Si el día de mañana nos dicen que no sirven para nada y que no podemos usarlos, las farmacias somos las primeras que dejaremos de venderlos.

No, no hay ningún debate abierto en torno a la homeopatía. La Asociación Médica Británica ha dicho que  “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; un informe sobre las mal llamadas terapias alternativas elaborado por un grupo de expertos para el Ministerio de Sanidad español también considera que la homeopatía “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta”; Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón (SCJ), sostiene que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”; la prestigiosa revista científica The Lancet lamentaba hace ya años que, “cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad”… Entiendo que León, como farmacéutica, defienda el lucrativo negocio de vender azúcar a precio de otro, pero no que TVE se pliegue a sus intereses.

Trasplantes de alma

En La mañana caben todas las estupideces inventadas y por inventar en el mercado del curanderismo. Todas merecen crédito a Montero, cuya ignorancia es únicamente equiparable a su descaro. Sólo alguien profundamente ignorante puede, en el siglo XXI, poner en cuestión un trasplante de órganos porque el donante haya sido un asesino. Es lo que hizo la prentadora de La mañana en su editorial de cierre del programa el 22 de octubre de 2012. Dijo:

Esta mañana decidí hablarles en el cierre de El Salobral. Ya saben: el sábado murieron en esta pedanía de Albacete una niña de 13 años y un hombre de 40; y ayer se mató él, el presunto autor de esas muertes.

Bueno, pues, esta mañana una noticia decía que los órganos de este hombre iban a ser donados. Y me planteé hablarles de eso; pero, sinceramente, tenía muchísimas dudas y quería solamente transmitirles una sucesión de preguntas.

La principal: ¿está bien donar órganos de alguien que ha matado a otras personas, aunque antes de convertirse en un asesino se dijera de él que era un buen hombre? ¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón… de otro que ha quitado vidas? ¿Pasa algo por llevar el órgano, dentro de ti, de una persona que ha matado a otros?

Yo, la verdad que esta mañana no sabía responderme y todavía hace una hora pensaba qué decirles en este cierre. Y, entonces, de repente, la Organización Nacional de Trasplantes, pues, me ha evitado tener que responderme. Ellos tienen por norma no confirmar ni desmentir que alguien ha donado, pero, sin embargo, esta vez lo han hecho. Hemos sabido que desmienten rotundamente que los órganos del presunto asesino de El Salobral vayan a ser donados. No han dicho por qué no aceptan esta donación. Sólo nos han confirmado que esta decisión se tomó antes de conocer los datos de la autopsia.

Pues, ¿qué quieren que les diga?, yo no puedo negar que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie. Sinceramente. Y he sentido, además, la tranquilidad de no tener que responderme a esas dudas, que eran permanentes, constantes. Y de no tener que responderme que no, que yo no querría esos órganos. No está científicamente comprobado, pero nunca se sabe si ese alma está trasplantada también en ese órgano.

¡Salud y suerte!

Al día siguiente y ante el revuelo que se montó por la estupidez de que la personalidad de un criminal pueda poseer a quien trasplanten sus órganos, Montero puntualizó: “Hice una pregunta de si el órgano tiene alma porque, precisamente en La Vanguardia, una trasplantada de corazón contaba que sentía el espíritu del hombre que le cedió su corazón”. Que base sus opiniones en lo que se dicen los entrevistados en la última página del diario barcelonés, una sección en la que la superchería campa a sus anchas, lo dice todo. La actriz Charlotte Valandrey, la trasplantada que cita la periodista, reconocía en XL Semanal que su experiencia no es concluyente: “Yo encontré la explicación a los recuerdos que no eran míos en la teoría de memoria celular, pero tampoco rechazo la idea de que, cuando uno vive una cirugía tan importante, sea normal que cambie, que se convierta en alguien diferente”. Y, en un programa de la principal televisión pública española seguido por millones de personas, una presentadora frívola no tuvo ningún reparo en hacerse eco de la memez de que el alma -un invento religioso- puede trasplantarse y sembró así dudas sobre la donación de órganos, que salva todos los años miles de vidas en España.

Montero estará contenta. Se va a seguir hablando de ella y de sus burradas. Pero TVE tiene un grave problema: los contenidos pseudocientíficos de La mañana convierten al programa en un auténtico servicio público, el del fondo a la derecha.

Canadá antepone a la curación de una niña indígena con cáncer su derecho tribal a terapias alternativas, y muere

Makayla Sault.Makayla Sault tenía 10 años cuando, en enero de 2014, le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda. Los médicos del Hospital Infantil McMaster, de Hamilton (Canadá), dijeron que tenía un 75% de probabilidades de sobrevivir si seguía el tratamiento. En mayo, después de doce semanas de quimioterapia con los consiguientes efectos secundarios y el cáncer en retroceso, la niña pidió a sus padres abandonar la terapia en favor de la medicina alternativa e indígena. Contó que en el hospital se le había aparecido Jesús -sus padres son pastores- y le había dicho que ya estaba curada: “Le pregunté: «¿Puedes curarme?» Y me dijo: «Ya estás curada»”. La familia se acogió entonces al derecho de los indígenas canadienses a recurrir a la denominada medicina tradicional -una de esas ridículas y peligrosas exenciones legales hacia grupos minoritarios-, las autoridades no hicieron nada, y la niña murió el 19 de enero.

Tras el fallecimiento de la pequeña, los padres emitieron un comunicado en el que no achacan la pérdida al cáncer ni a la inutilidad de los tratamientos alternativos a los sometieron a su hija, sino a la medicina:

Después de una lucha valiente de casi un año desde el diagnóstico, nuestra hija Makayla Sault sufrió el domingo por la mañana un infarto cerebral del que no se recuperó.

Rodeada por el amor y el apoyo de su familia, su comunidad y su nación, el lunes 19 de enero a las 13.50 horas, en su duodécimo año, Makayla completó su trayectoria vital. Está ahora segura en los brazos de Jesús.

Makayla estaba en su camino hacia el bienestar, luchando valientemente hacia el bienestar holístico después de los duros efectos secundarios que doce semanas de quimioterapia infligieron a su cuerpo.

La quimioterapia hizo un daño irreversible a su corazón y los órganos principales. Ésta fue la causa del accidente cerebrovascular.

Seguimos apoyando la elección de Makayla de dejar la quimioterapia. En este momento, solicitamos privacidad de los medios de comunicación mientras lloramos esta trágica pérdida.

Los padres de Makayla Sault eluden toda responsabilidad y acusan a la medicina de matar a su hija. Ya lo dijo la niña en un vídeo publicado en mayo del año pasado: “La quimioterapia me está matando y no voy a seguir sometiéndome a ella”. Es algo que también sostienen en España partidarios de las mal llamadas terapias alternativas como los responsables de la revista Discovery DSalud, quiene dicen que “millones de personas de personas mueren cada año a causa del cáncer porque ¡la quimioterapia y la radioterapia no funcionan!”. Mentira.

Nadie hizo nada

La familia Sault confió el futuro de Makayla a una mezcla de dieta crudívora, inyecciones de vitamina C y otras prácticas inútiles contra el cáncer, que le dispensaron en el Instituto de Salud Hipócrates de Florida. Los médicos -los de verdad- que habían atendido a la niña pusieron el caso en conocimiento de una organización para protección de la infancia, con la seguridad de que la recaída y la muerte serían inevistables de suspenderse el tratamiento. Los supuestos protectores de la infancia decidieron que ni Makayla necesitaba quien velara por ella ni había que obligarla a retomar la quimioterapia. Los indígenas canadienses se pusieron del lado de la familia en el rechazo a la medicina. Las autoridades miraron para otro lado; no era cuestión de herir la imbecilidad disfrazada de sensibilidad cultural tan bien resumida en la siguiente declaración de Sonya Sault, madre de la niña: “El sistema judicial canadiense no tiene autoridad para determinar si nuestras leyes y nuestras prácticas, que son anteriores a la existencia de Canadá, son válidas o no”. (También la ablación de clítoris y muchas otras salvajadas son anteriores a la fundación de Canadá, y eso no las hace ni respetables ni tolerables.) Y Makayla murió.

Ya no hay vuelta atrás para una pobre niña que no sabía lo que hacía, que tuvo la desgracia de pertenecer a una familia y una comunidad donde una estupidez disfrazada de cultura pone en peligro la vida de los menores y a la que no protegieron unas autoridades democráticas, acomplejadas por las salvajadas de sus antepasados, incapaces de salir en defensa de los pequeños víctimas de supersticiones. Ahora mismo, ya hay otra niña indígena canadiense de 11 años con leucemia que también ha elegido las terapias alternativas en vez de la quimioterapia por razones tribales, opción en la que le ha respaldado un juez. Morirá. Terrible.

Por cierto, las exenciones sociales y legales por motivos religiosos, étnicos o culturales también se cobran víctimas en España: ahí tienen a los menores maltratados por exorcistas católicos sin que la Justicia haga nada. Vestir sotana y portar un crucifijo también convierten la Ley en papel mojado.

Cuatro vende la barbaridad de que el cáncer puede curarse con una dieta

Cuatro vende la barbaridadde que el cáncer puede curarse con una dieta.Terrible. No encuentro otra palabra para describir la promoción que ayer hizo el programa En la caja, de Cuatro, de la idea de que el cáncer puede curarse con una dieta. El fragmento de 5 minutos del programa que trata del asunto -que pueden ver al final de estas líneas- lleva en la web de la cadena los siguientes titulo y subtítulo: “Odile superó un cáncer con múltiples metástasis gracias a su dieta. El 40% del cáncer se da en países desarrollados”.

El conductor de En la caja, Juanra Bonet, es al principio cauto y hasta escéptico sobre la milagrera idea de que el cuerpo puede curarse a sí mismo, defendida por una crudivegana. “Si yo produzco mi enfermedad, ¿por qué no me voy a poder sanar a mí mismo?”, se pregunta la mujer. El presentador considera ese discurso “precioso”, pero “un cuento infantil”. La misma mujer añade: “Yo no creo en la quimioterapia. Si me enfermara, yo no me haría por ningún motivo quimioterapia”. En ese momento, tenía que haber intervenido en el programa un oncólogo y dejar las cosas claras. Sin embargo, la crítica se limita al conductor diciendo que ése es “el camino de los milagros” y, cuando la mujer dice que, si de ella dependiera el tratamiento contra el cáncer de otra persona -un hijo, por ejemplo-, nunca recurriría a la quimioterapia, Bonet tranquiliza su conciencia apostillando que, “afortunadamente, estamos ante algo muy hipotético”. ¿De verdad lo cree?

El presentador pasa de escéptico a creyente después de hablar con Odile Fernández, una médica que ha superado un cáncer de ovarios y ha escrito Mis recetas anticáncer, un libro en el que dice que se curó por la dieta que siguió. En 2010 los médicos le dijeron que tenía un 5% de probabilidades de vivir más de cinco años. Aunque todavía no ha pasado ese tiempo, asegura que la enfermedad ha desaparecido por completo, así que cabe suponer que podría estar entre el 5% de supervivientes. Hizo todo lo que le recomendó el oncólogo -cirugía y quimioterapia- y añadió a la receta una dieta especial. Como parece haberse curado, concluye que su sanación se debe a la dieta que ahora comercializa en forma de libro. “Odile era un argumento andante. En ese momento, es cuando ya empiezo a tomar nota bastante en serio”, dice un ya crédulo Bonet tras entrevistarla. La propia paciente reconoce que se operó y se sometió a quimioterapia, así que lo lógico sería achacar al tratamiento médico su victoria sobre el cáncer. Atribuírselo a una dieta milagrosa es como felicitar al clérigo que bendice un barco, y no a los ingenieros, porque la nave no se hunda.

Comer bien y tener otros hábitos saludables -como hacer ejercicio, no fumar y beber con moderación- es la mejor prevención demostrada contra el cáncer. Los expertos calculan que la mala alimentación está en el origen del 35% de los casos de la enfermedad. Pero, ¡ojo!, que una dieta equilibrada haga que se reduzcan las probabilidades de padecer el mal no significa que, una vez detectado, una alimentación determinada vaya a revertir el proceso. “No hay ninguna dieta anticáncer”, sentenciaba Andrés García Palomo, jefe de Oncología del Hospital de León, a principios del año pasado en el diario Abc. Ninguna.

No sólo es falso el titular del vídeo de Cuatro -“Odile superó un cáncer con múltiples metástasis gracias a su dieta”-, sino que, además, el subtítulo es engañoso: “El 40% del cáncer se da en países desarrollados”. La idea que transmite esta última frase es que antes la vida era más sana -lo que sostiene la protagonista del vídeo- y, por eso, hay menos cáncer en los países más pobres. ¿Pero es verdad? No. Es cierto que se detectan anualmente más nuevos casos de cáncer en el mundo rico que en el pobre, pero supongo que se debe a que en muchos de los países menos desarrollados la mayor parte de la población no tiene a su alcance una buena asistencia médica porque, por otro lado, más del 60% de las muertes por cáncer se producen en países pobres. Hablando en plata: en el mundo más pobre se detectan menos cánceres, pero muere más gente de cáncer. “En el mundo, el 60% de las muertes por cáncer ocurre en los países pobres, y se calcula que, en 2025, esto aumentará a 75%… ¡Será una plaga terrible!”, advertía hace un mes el oncólogo peruano Elmer Huerta.

La Organización Médica Colegial denuncia ante Sanidad un anuncio de tratamientos milagrosos contra el cáncer

Anuncio del libro 'Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo', de José Antonio Campoy y Antonio Muro, publicado en la revista 'Discovery DSalud'.La Organización Médica Colegial (OMC) ha denunciado ante el Ministerio de Sanida un anuncio sobre el cáncer publicado por la revista Discovery DSalud según el cual “millones de personas de personas mueren cada año a causa del cáncer porque ¡la quimioterapia y la radioterapia no funcionan!”, mientras “hay terapias mucho más eficaces que se ocultan”. Así se publicita en esa revista desde hace años la obra en dos tomos Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo, en la cual los periodistas José Antonio Campoy y Antonio Muro exponen “los tratamientos más eficaces del mundo” contra esa enfermedad y facilitan “nombres, direcciones, teléfonos de contacto y webs” de sus practicantes.

Campoy, exdirector de la revista Más Allá y defensor de que el VIH no es la causa del sida, y Muro sostienen que “hoy día es indefendible que la radioterapia y la quimioterapia sean los tratamientos de referencia” contra el cáncer. “No sólo no curan el cáncer, sino que pueden provocarlo y extenderlo”, dicen. En su opinión, “lo más sangrante es que se está ocultando que existen tratamientos alternativos que han demostrado su eficacia”, de los cuales ellos dan a conoce en su libro “los más importantes”. ¿Cuáles? Sin ánimo de ser exhaustivo, en la tercera edición de la obra -entonces era un único volumen- proponían:

-la nueva medicina germánica de Ryke Gerd Hamer, “según la cual la inmensa mayoría de los cánceres tiene su origen en un fuerte shock traumático inesperado que pilla a uno a contrapie y se vive en soledad”;

-la anatheóresis, o regresión hipnótica al estado fetal y a la infancia, de Joaquín Grau, para quien “la mayor parte de las enfermedades, si no todas”, se deben a “hechos emocionalmente dolorosos que todos, en mayor o menor medida, sufrimos durante nuestra gestación en el seno materno, durante el nacimiento y a lo largo de los primeros años de infancia, y cuya energía retenemos y embalsamos”;

-una dieta especial creada por el español Francisco Martín Acrís, que “tiene la virtud de desintoxicar nuestro organismo, mejorar su metabolismo, incrementar las defensas del sistema inmune y, consecuentemente, permitir que nuestro propio cuerpo encuentre la solución al cáncer… y a cualquier otra patología que podamos padecer”;

-“la depuración del hígado y el riñón” a base de Calcarea carbonica, Licopodium y otros preparados homeopáticos;

-la vitamina C a altas dosis, el Bio-Bac…

Entre los factores de riesgo para el cáncer, Campoy y Muro destacan las radiaciones electromagnéticas. Para ellos, “son potencialmente  peligrosas tanto las naturales como las artificiales, las ionizantes como las no ionizantes”. Admiten que hay muchos factores de riesgo cancerígeno, pero afirman que “en la gran mayoría de los casos detrás del comienzo de la enfermedad se encuentra un factor ignorado por la oncología oficial: el factor psicoemocional. Tras el 80% u 85% de los cánceres podemos encontrar casos acaecidos durante la gestación o la infancia”, o siendo ya adultos. “Obviamente, cuando el cáncer lo provoca un shock traumático, centrar el tratamiento terapéutico exclusivamente en el ámbito físico es un gigantesco error. La biología es importante, pero no lo es menos la biología del alma”. Mariló Montero llorará de alegría.

La queja de la OMC

Portada del número 162 de 'Discovery DSalud'.El 12 de septiembre, Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la OMC, informó al Ministerio de Sanidad de la existencia del anuncio, publicado en el número 174 (septiembre 2014) de Discovery DSalud, “por si pudiera constituir algún tipo de ilícito, tanto penal (delito contra la salud pública), como administrativo (publicidad ilícita y sin autorización) y, en su caso y sin perjuicio de formalizarla este organismo, se eleve la oportuna denuncia ante la Fiscalía General del Estado u organismo que se considere competente, y se reitere la misma ante los órganos competentes de la Administración sanitaria de la comunidad autónoma que corresponda, a los efectos de tomar las medidas que procedan”. La OMC considera que “dicha publicidad, además, podría ser catalogada como engañosa, según el régimen jurídico de la publicidad sanitaria”, y se basa para ello en que:

-la Ley General de Sanidad de 1986 ordena “que las Administraciones públicas, en el ámbito de sus competencias, realicen «un control de la publicidad y propaganda comerciales para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que puede constituir un perjuicio para la misma» (artículo 27). Asimismo, recuerda que prevé la inspección y control de la promoción y publicidad de los centros y establecimientos sanitarios (artículo 30.1), la autorización previa de la publicidad de los medicamentos y productos sanitarios (artículo 102), y que encomienda «a la Administración sanitaria del Estado valorar la seguridad, eficacia y eficiencia de las tecnologías relevantes para la salud y la asistencia sanitaria» (artículo 110)”;

-la Ley General de Publicidad de 1988 permite regular la publicidad de los productos, bienes, actividades y servicios susceptibles de generar riesgos para la salud o seguridad de las personas y concretamente “la forma y condiciones de difusión de los mensajes publicitarios” (artículo 8);

-el Decreto 1907/1996 sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, que en su artículo 1 dispone que las Autoridades sanitarias y demás órganos competentes “controlarán la publicidad y promoción comercial de los productos, materiales, sustancias, energías o métodos que se anuncian o presentan como útiles para el diagnóstico, prevención o tratamiento de enfermedades o desarrollos fisiológicos, adelgazamiento, modificación del estado físico o psicológico, restauración, corrección o modificación de funciones orgánicas u otras pretendidas finalidades sanitarias, para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que pueda constituir un perjuicio para la misma”; y que

-el artículo 4 del Decreto 1904/1996 establece que “queda prohibida cualquier clase de publicidad o promoción directa o indirecta, masiva o individualizada, de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria” si éstos se destinan “a la prevención, tratamiento o curación de enfermedades transmisibles, cáncer y otras enfermedades tumorales, insomnio, diabetes y otras enfermedades del metabolismo”, si pretenden “una utilidad terapéutica para una o más enfermedades, sin ajustarse a los requisitos y exigencias previstos en la Ley del Medicamento y disposiciones que la desarrollan”, si proporcionan “seguridades de alivio o curación cierta”, si aportan “testimonios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo”, y si, en general, se atribuyen “efectos preventivos o terapéuticos específicos que no estén respaldados por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas y expresamente reconocidas por la Administración sanitaria del Estado”.

No soy abogado, pero, a mi juicio, no es sólo el libro de Campoy y Muro incurre en esos supuestos de publicidad ilícita o prohibida. También la revista Discovery DSalud, que dirige el primero, lo hace sistemáticamente desde su nacimiento, tanto en su contenido informativo como en el publicitario. Desde 1999, esa publicación es el altavoz de los colectivos más paranoicos, extravagantes y peligrosos del sector sanitario español. No hay terapia loca, producto milagro e idea estrafalaria sin hueco en Discovery DSalud.

Así, en enero de 2008, Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria, alertaba en sus páginas de que “es muy posible que el cáncer no sea una enfermedad causada por un error genético, sino que se trate de un proceso biológico de desintoxicación” y, pode eso, su curación “puede lograrse si el paciente cambia completamente el chip de quién es, cuenta con apoyo psicológico, hace una alimentación natural, elimina todas las fuentes que contaminan su organismo, no vuelve a introducir ninguna toxina en su cuerpo y, finalmente, deja que el organismo funciones de forma natural”. ¿Se imaginan los efectos que pueden tener estas patrañas en un enfermo desesperado? No duden de que habrá pacientes que hayan abandonado los tratamientos de efectividad científicamente demostrada para seguir los consejos milagreros de Campoy, Muro y compañía.

Discovery DSalud está llena de publicidad de complementos alimenticios, sistemas de “protección total contra los campos electromagnéticos”, aparatos milagrosos que trabajan la “energía vital y oxigenación”, productos adelgazantes, regeneradores de los “patrones de información y energía articular”, cursos de pseudoterapias y otros timos. En sus editoriales, el director de la revista sostiene cosas como que hay genes implicados en el desarrollo del cáncer “que se ignoran de forma desinteresada” y, con motivo de la doble mastectomía de Angelina Jolie, dijo que la actriz “no ha sido sino la tonta útil que se ha usado para poner en marcha el enésimo negocio de una gente insaciable”.

Habrá que esperar a lo que dictamine el Ministerio de Sanidad, si es que hace algo. Y es que la historia no es nueva. Según me ha contado el médico Adrian Hugo Llorente Aginagalde, representante de la plataforma Con la Salud no se Juega, “el anuncio de Discovery DSalud llevaba meses siendo denunciando en las redes sociales por distintos profesionales sanitarios. El primero, si no me equivoco, fue el nutricionista Àlex Pérez Caballero, sin que las autoridades se interesaran por ello, aunque al Ministerio se le había preguntado si no iba a tomar medidas”. Ante la pasividad del Gobierno, Llorente Aginagalde y sus colegas dieron un paso adelante. “Trasladamos la queja a Serafín Romero, secretario general de la OMC, entidad que nos representa, en última instancia vela por el cumplimiento del código deontológico entre los profesionales de la medicina y tiene entre sus fines fundacionales colaborar con los poderes públicos para la consecución del derecho a la protección de la salud de los ciudadanos. Romero nos informó de que remitiría el anuncio a los servicios jurídicos y hace unos pocos días supimos que habían decidido hacer llegar la denuncia al Ministerio de Sanidad, Igualdad y Políticas Sociales para que se investigara, ante lo cual sólo podemos felicitar a la OMC por la decisión tomada”. Si Sanidad no hace nada, la OMC seguirá adelante y pondrá los hechos en conocimiento de la Fiscalía, según me han confirmado fuentes de la organización colegial.

El consultorio del extraterrestre Geenom que José Antonio Campoy llevaba en 'Más Allá'.

Denuncia “esperpéntica”

Campoy, por su parte, ha enviado a la ministra Ana Mato una carta de réplica, publicada en Facebook, en la que califica la queja de la OMC de “esperpéntica”. Habla de esperpento el autor del libro Entrevista a un extraterrestre: Geenom (1997), que recoge sus presuntas conversaciones con un alienígena. Geenom -como pueden ver en el consultorio que aquí reproduzco, que se publicaba mensualmente en la revista Más Allá-, era partidario de la urinoterapia y consideraba que la mayoría de las enfermedades tienen un origen emocional.

En opinión de Campoy, la denuncia se debe a que “a los actuales responsables la Organización Médica Colegial no les ha gustado nada que en el anuncio se diga que «millones de personas mueren cada año a causa del cáncer porque la quimioterapia y la radioterapia no funcionan». Sin embargo ninguna de las normas legales citadas es de aplicación en el caso que nos ocupa. Un libro no es ni un fármaco, ni una especialidad farmacéutica, ni un alimento, ni un producto dietético o fitoterápico, ni un suplemento ortomolecular, ni un dispositivo médico o sanitario, ni un protocolo de tratamiento. Y encima los autores somos periodistas y no profesionales sanitarios a los que poder llevar a sus comités de ética a fin de echarles de la profesión si disienten de las verdades oficiales y no acatan obedientemente lo que se les ordena. Periodistas que lo que hacen es recoger en dos tomos -y en numerosos artículos posteriores a éstos- lo que cada vez más médicos, farmacéuticos, biólogos, bioquímicos y otros muchos especialistas en salud de muy diferentes disciplinas afirman: que el actual paradigma oncológico está obsoleto y los tratamientos y productos utilizados en cáncer no funcionan. Es decir, el libro refleja la opinión de expertos perfectamente identificados cuyos trabajos y artículos se citan. Luego la frase que aparece en el anuncio denunciado -que, por cierto, aparece en la revista casi todos los meses desde 2006, es decir, desde hace 8 años- es el resumen implícito de lo que muchos de ellos afirman”.

Tiene razón el exdirector de Más Allá en que un libro no es un fármaco ni nada parecido, pero el suyo es una guía repleta de peligrosas falsedades que pueden llevar a enfermos de cáncer a sufrir un calvario añadido a la propia enfermedad. Desde mi punto de vista, la obra  Cáncer. Qué es, qué lo causa y cómo tratarlo promociona “productos, materiales, sustancias, energías o métodos” que pretenden curar esa patología y nunca han sido probados científicamente, y ofrece una lista de nombres, teléfonos y direcciones de los que presenta en la contraportada como “los tratamientos más eficaces del mundo contra la enfermedad”. Dice Campoy en su carta que lo que la OMC “intenta es un vergonzoso atentado contra la libertad de expresión, la libertad de información y la libertad de prensa, impropio de un Estado de Derecho”. No es así: la OMC trata de defender a los enfermos frente a los vendedores de milagros como él.