Astronautas en la antigüedad

La verdadera guerra de las galaxias se libró en el Sistema Solar, según el ufólogo Josep Guijarro

Portada del número 305-306 de la revista 'Karma 7'.La verdadera guerra de las galaxias se libró en el Sistema Solar “hace miles de años” y provocó “-según un creciente número de investigadores- que una raza extraterrestre se estableciera en la Tierra, educara a los primitivos humanos y erigiera espectaculares monumentos”, escribía el ufólogo español Josep Guijarro en un editorial de la revista Karma.7 (Nº 305-306) en el verano de 1999. Unas páginas más adelante firmaba un reportaje en el que decía que “puede que las aventuras de Luke Skywalker, Darth vader y Obi-Wan Kenobi no estén tan alejadas de la realidad como el público pueda pensar”, y anunciaba que iba a presentar las pruebas de una “devastadora guerra galáctica” real ocurrida en nuestro vecindario cósmico. Agárrense a sus asientos y abróchense los cinturones de racionalidad.

Guijarro, quien años después presentaría la teoría de la evolución como un invento masónico, contaba en 1999 que quien le puso sobre la pista de la verdadera guerra de las galaxias fue Erich von Däniken. En su libro El oro de los dioses (1974), el hostelero suizo “sugería que en una época desconocida y, también, en una lejana galaxia, unos seres muy parecidos a los humanos habrían librado una gran batalla”, recordaba el ufólogo y entonces director de Karma.7. Según le había comentado Von Däniken durante una visita a Madrid, las pruebas estaban en el Apocalipsis, un libro de historia, como todo el mundo sabe. Guijarro buscó en otros textos religiosos relatos que pudieran hacer alusión a ese conflicto espacial y, por supuesto, los encontró. Por si eso fuera poco, el actual productor de la serie ¿Extraterrestres? de Canal de Historia citaba en su reportaje como fuentes dignas de crédito a William Scott Elliot, teósofo y autor del libro The story of Atlantis (1896), el ufólogo Antonio Ribera y los astroarqueólogos -individuos que ven pruebas de visitas alienígenas en cualquier objeto antiguo que no entienden- Peter Kolosimo, Peter Krasa, Andres Faber-Kaiser y Alan F. Alford, autor del libro Los dioses del nuevo milenio (1996), en el que parecía estar basado en gran medida el texto.

Von Däniken, en quien Guijarro tiene la misma fe que un niño pequeño en su padre, aseguraba que los derrotados en la guerra galáctica dieron el esquinazo a los vencedores refugiándose en un planeta hostil. ¿Adivinan cuál? La Tierra, por supuesto. Las pruebas estarían en los libros de los autores citados, el “creciente número de investigadores” del editorial. Ya ven lo devaluada que está la categoría de investigador en Paranormalandia. Los refugiados cósmicos habrían quedado retratados con sus escafandras en las pinturas rupestres de Tassili y, según el escritor suizo, “en previsión de que sus enemigos les persiguieran, situaron falsas instalaciones y emisoras en otro planeta, el quinto del Sistema Solar. Este lugar fue destruido y sus restos son el actual Cinturón de Asteroides. Los científicos se llevan las manos a la cabeza”, admite Guijarro. Él no. Él creía que la similitud de las construcciones marcianas descubiertas por Vincent DiPietro y Richard Hoagland en los años 70 posiblemente demostraría que “fueron los marcianos [sitúa a los refugiados espaciales en el planeta rojo y no en el quinto planeta dänikeniano] quienes colonizaron la Tierra hace millones de años sembrando la vida en ella”. Es todo tan ridículo como los desbarres de DiPietro y Hoagland, que son como niños que ven animales en las nubes, aunque en versión marciana. Pero lo mejor, la prueba definitiva de la guerra galáctica para Guijarro, estaba por llegar.

El enigma de los dzopa

Uno de los presuntos discos de los dzopa, con marciano incluido.“Parece meridianamente claro que una raza exterior visitó la Tierra en tiempos pretéritos”, sentenciaba el ufólogo antes de explicarnos que “uno de los relatos más curiosos en este sentido es el del etnólogo británico Karyl Robin-Evans, quien en un notable informe publicado en el Journal of Comparative Etchnology dio a conocer” el caso de los  “dzopa -hoy exterminados-, que declaraban con vehemencia que habían venido de las estrellas” y “custodiaban una serie de extraños objetos en fiorma de disco y sabían muchas artes extrañas”. Los dzopa vivían, explicaba, en las alturas del Tíbet. Robin-Evans, recordaba el ufólogo catalán, describía un “Festival de las Cabezas, que conmemora la supuesta llegada del pueblo desde lo alto de firmamento”. El etnólogo se acabó casando con una de lasindígenas, individuos que no superaban los 1,2 metros y tenían “ojos rasgados, fina boca y piel extremadamente pálida”.

Lo más importante, no obstante, eran los “misteriosos discos de piedra [de los dzopa], muy semejantes a los referidos por el investigador Peter Krassa”, decía Guijarro, quien advertía de que “han desaparecido y sólo se conservan las fotografías” que de ellos tomaron unos científicos en la Universidad de Pekín. “Todo hace pensar que estos discos pudieran ser una enciclopedia de los dioses”, concluía el ufólogo, para quien un antiguo relato contado por la pareja indígena de Robin-Evans era “una minuciosa descripción de una explosión nuclear y su posterior nube radiactiva”.

¿Un montón de pruebas concluyentes? Por supuesto, pero no de las visitas alienígenas en la Antigüedad ni de un conflicto al estilo de La guerra de las galaxias, sino de la ineptitud investigadora del autor.

Que la historia de los dzopa es un fraude se sabe desde décadas antes de los desvaríos galácticos de Guijarro en Karma.7. Ya en 1971, Gordon Creighton, director de la Flying Saucer Review, experto en lenguajes orientales y nada dado al escepticismo, llamó la atención sobre el hecho de que los dzopa -a los que sería más correcto referirse como drok-pa- son un pueblo alto y robusto, y no unos enanos descendientes de alienígenas, y están vivitos y coleando. Cuando en 1978 se publicó el libro Sungods in exile, escrito por un tal David Agamon -pseudónimo de David Gamon- a partir de notas de Robin-Evans, nadie conocía a este etnólogo de la Universidad de Oxford ni la revista en la que había publicado su investigación. Lógico, porque Karyl Robin-Evans nunca ha existido, como tampoco ha existido el Journal of Comparative Etchnology, tal como reconoció Gamon en 1988 en la revista Fortean Times, donde explicó que se había inventado toda la historia para aprovecharse del exito de los libros de Von Däniken.

Siguiendo la estela de Gamon, Guijarro intentó aprovechar en 1990 en Karma.7 el tirón del estreno de La amenaza fantasma y el resultado es una historia digna de publicaciones como El Mundo Today, Noticias del Mundo y The Onion. Lo que pasa es que Karma.7 –como ahora Más Allá, Enigmas y Año Cero– intentaba hacer pasar sus ficciones como periodismo hasta en casos tan extremos como éste. ¿De locos? Sí, pero nada sorprendente en el mal llamado periodismo del misterio.

El astronauta de Fergana

Así presenta Erich von Däniken al astronauta de Fergana en 'El mensaje de los dioses' (1975).“Tanto el astronauta dibujado en las rocas de Tassili como la escena cósmica que aparece en una pintura rupestre de Fergana, en Rusia, han sido psicológicamente interpretadas como representaciones de la naturaleza. ¿Qué reconocen aquí quienes han visto a nuestros primeros astronautas y han sido testigos de los primeros viajes a la Luna?”, preguntaba Erich von Däniken en su libro El mensaje de los dioses (1975). El escritor suizo ya nos había explicado en El oro de los dioses (1974) que en la pintura rupestre de Fergana, descubierta por “el doctor Viacheslav Saizev” en una cueva de Uzbekistán, cerca de la frontera con China, “puede verse un ser que lleva algo parecido a un caso de astronauta” y “aparatos para la respiración”. Vamos, que estamos ante la prueba de visitas extraterrestres en la Antigüedad.

El astronauta de Fergana en el diario 'Qué!', en junio pasado.A mediados de junio, el diario Qué! publicaba una galería, titulada “Aterradoras imágenes de ovnis en obras de arte antiguas”, que reproducía algunas imágenes pictóricas que ciertos ufólogos identifican con lo que hoy denominamos objetos volantes no identificados. Una de ellas era la del astronauta de Fergana. Se decía de ella que había sido descubierta por “Vicheslav Saisev en China y se estima que puede datar de hace 2.000 años”. El autor añadía que el artista “o tenía mucha imaginación o había sido testigo de algún fenómeno alienígena. De otra forma no puede explicarse que en el dibujo aparezca un ovni en la parte superior, que parece estar a punto de aterrizar, y lo que podría ser un extraterrestre, justo en el centro de la imagen, con la cabeza grande y redonda y con antenas. Pensar que esta obra fue hecha hace 2.000 años resulta bastante aterrador”. Ciertamente, la imagen da que que pensar: ¿cómo es posible que desde que la descubrió el experto ruso citado -con nombres ligaramentes diferentes- nos hayan ocultado esta prueba de la visita de extraterrestres?

El ufólogo francés Didier Leroux decía hace quince años en la revista Lumières Dans la Nuit (Nº 355) que los vehícúlos y personajes de la imagen del astronauta de Fergana eran “dignos de Star wars“. Admitía que, si la representación era auténtica, difícilmente podría ponerse en duda ya la visita de alienígenas en la Antigüedad, y seguidamente descubría el engaño. Resulta que nadie conocía la presunta escena rupestre hasta 1967, cuando fue reproducida a doble página en el número 1 de Spoutnik, la edición francesa de la revista que era el equivalente soviético a la Selecciones del Reader’s Digest estadounidense. Era la imagen con la que arrancaba el artículo “Des visiteurs du Cosmos”, firmado por el licenciado en filosofía -que no doctor- Viatcheslaw Zaitsev, quien defendía que la Tierra había recibido en la Antigüedad visitas extraterrestres, una idea muy anterior a Von Däniken con la que ya jugaba hace más de un siglo el escritor estadounidense Charles Fort. El pie de foto de Spoutnik decía: “El dibujo representa a un cosmonauta descubierto en las rocas cerca de la ciudad de Fergana (República Soviética de Uzbekistán)”.

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Fe de errores sobre la ilustración del astronauta de Fergana.La presunta escena rupestre lo tenía todo: un astronauta en primer término mirando al espectador y con un disco en una mano, otro más alejado y con otro disco, un platillo volante ascendiendo al cielo, al menos cuatro cuerpos celestes, tres montañas… y autor, un tal A. Brousnlov como podía leerse en la parte inferior del suelo de damero. ¿Conocen alguna muestra de antiguo arte rupestre con firma? El misterio duró poco. En el número siguiente de Spoutnik un texto en un recuadro advertía de que el pie de foto era erróneo:  “Pedimos disculpas a nuestros lectores por un error de diseño en la página 107 del número anterior. El texto situado arriba a la derecha del dibujo que ilustra el artículo no corresponde a esa ilustración. De hecho, es la leyenda para los dibujos de las páginas 110-111”. La figura aludida sí es propia del arte rupestre, aunque mucho menos espectacular que el dibujo con los dos humanoides y el platillo volante

¿De dónde sacó Erich von Däniken la imagen que incluyó en sus libros? Se trata de una tosca versión, ampliada por abajo, de la original de Spoutnik que el escritor suizo presenta como una pintura rupestre, pero que no incluye la firma de A. Brousnlov. Según cuenta Jason Colavito, Von Däniken declaró a la revista Playboy en 1974: “Primero [Zaitsev] publicó un artículo diciendo que [el dibujo] era antiguo. Después contó lo mismo al equipo de la película [Recuerdos del futuro] y sólo ahora dice que no es antiguo. Cuando ellos [los rusos y los chinos] te dicen algo, nunca puedes estar seguro de lo que realmente significa. A veces tienen razones para decir una cosa en privado y otra en público”. Zaitsev no decía en Spoutnik lo que sostiene Von Däniken en una justificación que suena a falsa de principio a fin. El misterio del astronauta de Fergana se resolvió en la fe de errores del número 2 de la revista, pero todavía colea entre quienes ven marcianos por todos lados.

Las pirámides se construyeron para almacenar grano, dice un candidato republicano a la Casa Blanca

Ben carson. Foto: Gage Skidmore.Ben Carson, neurocirujano jubilado y candidato republicano a la Casa Blanca, cree que las pirámides de Egipto las construyó el patriarca bíblico José, hijo de Jacob, como almacenes de grano. Lo dijo en 1998 en una conferencia en una conferencia en la Universidad Andrews, adscrita a los Adventistas del Séptimo Día, y se ha reafirmado ahora en eso y en que algunos arqueólogos sostienen que las pirámides se levantaron con la ayuda de extraterrestres.

La charla de Carson en la Universidad Andrews ha vuelto a ser actualidad después de que BuzzFeed rescató el miércoles el vídeo de la conferencia. “Mi teoría es que José construyó las pirámides para almacenar grano”, decía en 1998 el entonces médico en activo. José fue uno de los doce hijos de Jacob, según el Génesis, y un personaje legendario, según los historiadores. Carson añadió en su intervención  que “varios científicos han dicho: «Bueno, ya sabes que vinieron extraterrestres con en un conocimiento especial y así se hicieron». Pero no es necesario ningún extraterretre cuando Dios está contigo”. Tras la publicación del viejo vídeo, Carson se reafirmó en sus disparates en la CBS. “Todavía lo creo. Sí”, dijo.

¿Qué sentido tiene una construcción maciza para almacenar algo? Ninguno. ¿Qué pruebas históricas hay de que las pirámides las construyera José? Ninguna. ¿Qué pruebas hay de la existencia de José y de esclavos judios en Egipto? Ninguna. Lo que los arqueólogos saben, y hay que subrayar el saben, es que las pirámides se diseñaron como tumbas y que las levantaron los antiguos egipcios. No hay ningún historiador ni arqueólogo que sostenga que se hicieran con la ayuda de seres de otros mundos. Eso es lo que dicen vendedores de misterios como Erich von Däniken, Juan José Benítez y Giorgio Tsoukalos, por citar tres autoridades en piramidiotologia.

‘La Contra’, con los ‘piramidiotas’

Entrevista en 'La Vanguardia' al 'piramidiota' Miquel Pérez-Sánchez.Casi en coincidencia con la recuperación de las disparatadas ideas del candidato republicano adventista, La Contra de La Vanguardia volvió a hacer publicidad el sábado –por segunda vez en tres años– a Miguel Pérez-Sánchez, un arquitecto barcelonés que dice que la Gran Pirámide estuvo coronada por una esfera, que se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal, que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo” y que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol, entre otars muchas tonterías. El egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), considera que la tesis de Pérez-Sánchez “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”. “No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, coincide la también egiptóloga Mara Castillo Mallén.

El arquitecto catalán ha reunido su colección de absurdos, equiparables a los de Carson, en su obra La Gran Pirámide, clau secreta del passat, por la que, presentada como tesis, obtuvo en 2012 un doctorado cum laude por la Universidad de Politécnica de Cataluña (UPC). La web en la que Pérez-Sánchez vende en español y troceada en diez volúmenes su tesis está subvencionada por el Ministerio de Cultura. En abril, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ateneo de esa ciudad apadrinaron la presentación de la obra en la capital de España y, en mayo, el pseudohistoriador hizo lo propio en Sevilla en la Casa de la Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ¿Caben mayores insultos a la ciencia, a la cultura?

Charles Fort, el primer ufólogo

“El mayor de los misterios: ¿por qué no se muestran ellos a nosotros, abiertamente? Quizá se mantengan apartados por razones morales; pero, ¿no habrá entre ellos algunos degenerados? O por razones físicas: desde el momento en que evaluamos esta posibilidad, creemos de buen grado que el acercamiento de nuestro mundo por otro mundo sería catastrófico. Pero, con todo, debemos interesarles, sea el grado que sea. Los microbios y los gérmenes nos interesan, algunos incluso nos apasionan”, escribió Charles Fort (1874-1932) en El libro de los condenados (1919). Ellos eran los extraterrestres que el escritor estadounidense creía que visitaban la Tierra desde hacía milenios. Decía:

Pienso que pertenecemos a algo. Que antiguamente la Tierra era una especie de no man’s land que otros mundos han explorado, colonizado y disputado entre ellos.

Actualmente, alguien posee la Tierra, y ha alejado de ella a todos los colonos. Nadie se nos ha aparecido viniendo del más allá, tan abiertamente como un Cristóbal Colón desembarcando en San salvador o Hudson remontando el río que lleva su nombre. Pero, en cuanto a las visitas subrepticias hechas al planeta, muy recientemente aún, en cuanto a los viajeros emisarios llegados quizá de otro mundo y cuidando mucho de evitarnos, tenemos pruebas convincentes.

Charles Fort.Fort estaba convencido de que algunos objetos y luces que se veían en los cielos de finales del siglo XIX y principios del XX eran ingenios de otros mundos, y mantenía que los arqueólogos se habían topado con artefactos que nuestros antepasados no pudieron fabricar. Así, acerca de “un instrumento de hierro (encontrado) dentro de un bloque de carbón” a dos metros bajo tierra en Escocia, que tenía “un aire moderno”, especulaba con que pudo “ser abandonado por algún visitante extraterrestre”. Sobre una lente de cristal descubierta en Nínive, con que, “a millones de kilómetros en el espacio, alguien despliega un telescopio y la lente se desprende”, y cae a la Tierra. Intuía que Stonehenge es obra de gigantes, “ocasionales visitantes del planeta”. “La noción de los visitantes extraterrestres en China, durante lo que nosotros llamamos el periodo histórico, no será más que moderadamente absurda cuando la abordemos”, aseguraba. Y añadía:

Admito que varios de estos otros mundos puedan poseer condiciones de vida análogas a las del nuestro, pero creo que algunos son tan diferentes que sus emisarios no podrían vivir entre nosotros sin medios artificiales de adaptación. ¿Cómo podrían respirar nuestro aire atenuado los visitantes venidos de una atmósfera gelatinosa?

Quizá con máscaras. Como aquéllas que se han encontrado en los antiguos depósitos. Algunas eran de piedra, y son atribuidas a un atavío ceremonial de las poblaciones salvajes. Pero la máscara encontrada en el Condado de Sullivan, Missouri…

… ¡Era de hierro y plata!

Dice cosas que descubrirán, décadas después, Jacques Bergier, Louis Pauwels, Erich von Däniken, Peter Kolosimo, Andrew Tomas, Brad Steiger, Zecharia Sitchin, David Icke, Antonio Ribera, Robert K. Temple

‘Minialienígenas’

Fort es el primer ufólogo, mucho antes de que se vean los primeros platillos volantes en Estados Unidos, y también el primer defensor de los astronautas en la Antigüedad. Su discurso es siempre farragoso y, muchas veces, delirante. Como cuando habla de unos diminutos  alienígenas, los elveranos, y de su contrapartida gigante, los monstratorianos. Los elveranos, escribe, “han venido en hordas densas, como una nube de langostas, en expediciones de caza -a la caza de ratones, sin duda, o de las abejas-, hordas minúsculas horrorizadas ante cualquiera que se tragara más de una habichuela a la vez, temiendo por cualquiera que  engullera más de una gota de rocío a la vez”. Resulta imposible tomarse en serio afirmaciones como ésa, y otras. Pero así era Charles Fort. En algunos momentos, parece un Philip K. Dick de lo paranormal.

El ufólogo gallego Óscar Rey Brea propuso en 1954 que las épocas de mayor número de observaciones de platillos volantes se correspondían con las de mayor proximidad entre el planeta rojo y la Tierra, las llamadas oposiciones, que se dan cada veintiséis meses. Pero, ya en septiembre de 1926, en la sección de cartas de The New York Times, Fort auguraba que habría una oleada de avistamientos de aeronaves en unas semanas, en coincidencia con la siguiente oposición marciana, y se preguntaba por qué los marcianos no aterrizaban en Central Park y desfilaban por Broadway entre confeti. “Puedo pensar en varias razones, y una de ellas es que durante mucho tiempo los marcianos han estado en comunicación con la Tierra y han, de un modo oculto, controlado, y hasta explotado, a sus habitantes. No se han descubierto a sí mismos excepto para patrullar abiertamente el cielo”.

El libro de los condenados se convirtió en el evangelio de los posteriores escritores sobre lo paranormal”, dice Jim Steinmeyer en Charles Fort. The man who invented the supernatural (Charles Fort. El hombre que inventó lo sobrenatural. 2008). Tiene razón. Al autor estadounidense deben su nombre los fenómenos forteanos, que comprenden los platillos volantes, los fenómenos paranormales, los artefactos arqueológicos extraños, las desapariciones misteriosas, las lluvias y muertes masivas de animales, los rayos en bola… Periodista autodidacta, Fort dedicó buena parte de su vida a la recopilación de sucesos rechazados por la ciencia, un millar de los cuales reunió en El libro de los condenados y el resto en sus libros New lands (Nuevos mundos. 1923), Lo! (1931) y Wild talents (Talentos salvajes. 1932). De vivir hoy, sería un habitual de los congresos y programas de radio y televisión conspiranoicos, una especie de Enrique de Vicente. “La ciencia de hoy es la superstición de mañana; la ciencia de mañana, la superstición de hoy”, decía. Otro mantra del denominado periodismo del misterio un siglo después.

Boceto de la placa metálica que se instalará en la fachada de la casa londinense de Charles Fort.¿A qué viene recordar ahora a Charles Fort? A que la Asociación Marchmont, del barrio londinense de Bloomsbury, colocará una placa conmemorativa en el número 39 de Marchmont Street, donde vivió entre 1921 y 1928. La organización vecinal ya ha empezado a recaudar fondos para el homenaje, presupuestado en 1.200 libras (1.375 euros), y tiene un diseño de placa, abierto a posibles “pequeños cambios” sugeridos por los responsables de la revista Fortean Times, fundada en 1973 por Bob Rickard para continuar el trabajo de Fort. El texto dice: “Charles Fort. 1874-1932. Fundador estadounidense del forteanismo, el estudio de los fenómenos anómalos. Vivió aquí entre 1921 y 1928”.

Las placas azules de la Asociación Marchmont comenzaron a instalarse en octubre de 2009 y rinden homenaje a los personajes ilustres que han vivido en la zona del centro de Londres delimitada por Euston Road, Guilford Street, Woburn Place y Gray’s Inn Road. Fortean Times es una revista mensual a la que estoy suscrito desde mediados de los años 90, que aúna las más divertidas locuras con el esceptismo y está magníficamente editada. Nada que ver con lo que se publica por estos lares.

‘Prometheus’, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de Prometheus, la película de Ridley Scott, en la cuadragésima sexta entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.