Astrobiología

‘¿Esta vivo Marte?’: una jornada sobre astrobiología y el planeta rojo, el 25 de noviembre en Bilbao

Cartel anunciador de la jornada '¿Está vivo Marte?', que se celebrará en Bilbao el 25 de noviembre.El astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el ingeniero aeronáutico Javier Gómez-Elvira y el microbiólogo Ricardo Amils hablarán, el 25 de noviembre en Bilbao, sobre la búsqueda de vida en el planeta rojo, en el marco de la jornada ¿Está vivo Marte?, que se celebrará en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta (c/ Bidebarrieta, 4). “Si en algún sitio del Sistema Solar ha habido una esperanza para la vida, es en Marte. Es el planeta mejor explorado y, hasta la fecha, no tenemos ninguna prueba de que haya restos fósiles de vida ni vida actual”, indica Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias y del Máster en Ciencia y Tecnología Espacial de la Universidad del País Vasco (UPV).

El acto empezará a las 19 horas. Tras la presentación, Sánchez Lavega, catedrático de física aplicada en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao, aproximará a los asistentes hasta el planeta rojo con una intervención titulada “Un mundo de incógnitas”. A las 19.15 horas, tomará la palabra Gómez-Elvira, director del Centro de Astrobiología (CAB), quien disertará sobre “La exploración de Curiosity“. Y, a las 20 horas, Amils, catedrático de microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, hablará sobre “La búsqueda de vida”. El encuentro acabará con una mesa redonda que comenzará a las 20.35 horas.

¿Está vivo Marte? es un acto organizado por el Aula Espazio GelaBidebarrieta Kulturgunea y el diario El Correo, en colaboración con la Diputación de Vizcaya, la UPV y el Círculo Escéptico. La entrada es libre hasta completar el aforo.

¿Microbios alienígenas en la atmósfera terrestre? Más bien no

La supuesta diatomea extraterrestre. Foto: 'Journal of Cosmology'.Si Más Allá o Cuarto Milenio anunciaran mañana el hallazgo de pruebas de que nos visitan extraterrestres -lo han hecho en incontables ocasiones-, creo que ningún medio de comunicación caería en la trampa. A fin de cuentas, tanto la revista de MC Ediciones como el programa de Cuatro están entre los más evidentes difusores de patrañas de la España del siglo XXI. Pues, bien, es muy posible que en las próximas horas nos encontremos en medios serios con titulares del estilo de “Alien life found living in Earth atmosphere, claims scientist” (Vida extraterrestre encontrada en la atmósfera de la Tierra, dice un científico) y “The truth is out there: British scientist claim to have found proof of alíen life”, (La verdad está ahí fuera: un científico británico dice haber encontrado pruebas de vida extraterrestre) procedentes de The Daily Telegraphy y The Independent, respectivamente, y basados en una información más que cuestionable.

Un equipo de científicos británicos liderado por Milton Wainwright, del Departamento de Biología Molecular y Biotecnologia de la Universidad de Sheefield, ha contado en un artículo publicado en el Journal of Cosmology que un globo diseñado por ellos ascendió hasta 27 kilómetros durante la última lluvia de las Perseidas y capturó un fragmento de diatomea -un alga unicelular microscópica- y otras “raras entidades biológicas” que podrían haber llegado a la Tierra desde el espacio. “La mayoría de la gente asumirá que estas partículas biológicas deben haber simplemente ascendido hasta la estratosfera desde la Tierra, pero en general se acepta que una partícula del tamaño declarado no puede elevarse desde la Tierra hasta una altura de, por ejemplo, a 27 kilómetros. La única excepción conocida es por una violenta erupción volcánica, pero no se ha registrado ninguna durante los tres años que hemos estado recogiendo muestras”, ha indicado Wainwright.

En opinión del investigador, “en ausencia de un mecanismo por el cual partículas grandes como éstas puedan ser transportadas hasta la estratosfera, sólo podemos concluir que las entidades biológicas originadas desde el espacio. Nuestra conclusión es, entonces, que la vida está continuamente llegando a la Tierra desde el espacio, que  la vida no se limita a este planeta y que es casi seguro que no se originó aquí”. Wainwright y sus colaboradores aseguran que tomaron todas las precauciones precisas para evitar una posible contaminación y aventuran a que el fragmento de diatomea ha podido llegar a nuestro planeta “en el entorno acuoso de un cometa”, y que habrá que reescribir los libros de texto. ¿Estamos ante el notición del siglo? ¿Hay microbios alienígenas flotando por ahí arriba? ¿Podemos estar en la antesala de un episodio del estilo de La amenaza de Andrómeda? Permítanme que lo dude.

Como advierte Phil Plait, para empezar, da la impresión de que los autores no han facilitado la muestra de diatomea para su estudio a ningún experto, algo que haría hasta un aficionado antes de aventurarse a hablar de vida alienígena. Además, dan por hecho que no hay más mecanismos que los citados por ellos para que un microorganismo así acabe en la estratosfera y concluyen que, una vez allí, aguantaría poco tiempo. Plait sostiene que el artículo que citan en apoyo de la corta permanencia de microorganismos grandes en la estratosfera no es concluyente. “Asume que la atmósfera es estable e inmóvil; no menciona específicamente ninguna otro fuerza que actúe sobre una partícula más que la gravedad y la flotabilidad. Sin embargo, el viento y las turbulencias en la estratosfera posiblemente podrían mantener un objeto pequeño en el aire durante bastante tiempo. No estoy diciendo que lo haga, pero no hay ninguna indicación en el artículo que citan que elimine tal posibilidad”.

Marvin el Marciano.Hay dos detalles claves para sospechar del notición sin ser un experto en nada: el artículo se ha publicado en la web Journal of Cosmology, y uno de los cinco autores es el astrobiólogo Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Buckingham y durante décadas asociado al fallecido Fred Hoyle. El sitio que ha publicado el artículo no goza precisamente de credibilidad entre la comunidad científica, sino todo lo contrario. Basta con consultar la Wikipedia para comprobar que su rigor se ha cuestionado en repetidas ocasiones por lo estrafalario de algunos de sus artículos. Así, el biólogo P.Z. Myers ha dicho que  Journal of Cosmology “no es una revista científica de verdad”, sino una web de un grupo de “obsesionados con la idea de Hoyle y Wickramasinghe de que la vida se originó en el espacio exterior y simplemente llovió sobre la Tierra”.

Curiosamente, no he visto hasta ahora que ningún medio haya incidido en el cuestionable rigor de la publicación ni en la presencia entre los autores de Wickramasinghe, quien, junto con Hoyle, propuso en su día que la epidemia de gripe de 1918 fue causada por organismos extraterrestres, al igual que ciertos brotes de polio y la enfermedad de las vacas locas. En 2003, mandó una carta a la revista The Lancet en la que decía que el virus del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) era posiblemente de origen extraterrestre y, en 1981, fue el único científico que apoyo al creacionismo en el famoso juicio de Arkansas. Wickramasinghe es uno de los editores de Journal of Cosmology  y ya ha anunciado anteriormente en ese sitio el hallazgo en meteoritos de pruebas a favor de la panspermia que se han disuelto después de obtener los titulares periodísticos de (escaso) rigor. Como algunos de los que usted leerá y escuchará en las próximas horas.

El mensaje de la ‘Pioneer 10’ y el hallazgo en la luz lunar de pruebas de vida en la Tierra, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 6 de marzo en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del mensaje para extraterrestres lanzado en la Pioneer 10 y del descubrimiento en la luz de la Luna de pruebas de vida en la Tierra, en la vigesimatercera entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Descubren en la luz que refleja la Luna pruebas de que en la Tierra hay vida

La Luna refleja la luz solar reflejada por la Tierra. Ilustración: ESO-L. Calçada.

No es una perogrullada. Un equipo dirigido por el astrónomo Michael Sterzik, del Observatorio Europeo Austral (ESO), ha detectado en la luz que refleja la Luna pruebas de la existencia de vida en la Tierra, usando el Telescopio Muy Grande (VLT). El avance, del que los autores dan cuenta hoy en la revista Nature, abre la puerta a que en un futuro esa técnica pueda emplearse para la búsqueda de vida en otros mundos que giran alrededor de otras estrellas.

“Utilizamos un truco llamado observación del brillo de la Tierra para mirar nuestro mundo como si fuera un exoplaneta. El Sol ilumina la Tierra y esa luz se refleja de nuevo sobre la superficie de la Luna. La superficie lunar actúa como un enorme espejo y refleja la luz de la Tierra de vuelta hacia nosotros, y eso es lo que hemos observado con el VLT”, explica Sterzik. En el análisis de esa luz terrestre reflejada en el satélite, él y sus colegas han encontrado biomarcadores, combinaciones de gases que se deben a la existencia de vida. Lo que constituye un biomarcador es la presencia simultánea de gases como el oxígeno, el ozono, el metano y el dióxido de carbono en cantidades que sólo son compatibles con la vida. Si súbitamente desapareciera la vida y no se siguiesen creando esos gases, éstos reaccionarían y se recombinarían. Algunos desaparecerían rápidamente, y los biomarcadores característicos con ellos, indican los investigadores.

Las huellas de la vida son difíciles de encontrar por métodos convencionales, y estos astrónomos han recurrido para conseguirlo a una técnica llamada espectropolarimetría, que ve lo brillante que es la luz y observa también su polarización. “La luz de un exoplaneta distante es difícil de ver debido al brillo de la estrella anfitriona, con lo cual es muy difícil analizarla: casi tan complicado como intentar estudiar un grano de polvo junto una potente bombilla. Pero la luz reflejada por un planeta se polariza, mientras que la de la estrella no. Por lo tanto, las técnicas polarimétricas nos ayudan a capturar la débil luz reflejada de un exoplaneta procedente de su deslumbrante estrella”, dice Stefano Bagnulo, del observatorio irlandés de Armagh y otro de los autores del trabajo.

Reto tecnológico

A partir del color y la polarización de la luz de la Tierra que devuelve la Luna, los astrónomos dedujeron, entre otras cosas, que parte de la superficie de nuestro planeta está cubierta por vegetación y parte por océanos. “Encontrar vida fuera del Sistema Solar depende de dos cosas: en primer lugar, de que esa vida exista y, en segundo, de que contemos con el capacidad técnica para detectarla. Este trabajo es un paso adelante en el camino para alcanzar esas capacidades”, dice Enric Palle, del Instituto de Astrofísica de Canarias y otro de los investigadores.

El futuro Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT), que será realidad en unos diez años, captará 23 veces más luz que el VLT y será capaz de ver planetas rocosos que tengan agua líquida y atmósferas aptas para la vida, recuerda Cristoph U. Keller, del observatorio Leiden, en un comentario en Nature. Ni aún así, indica este astrónomo, podrá obtener datos de otros mundos como los obtenidos por Sterzik y su equipo, “no porque el telescopio sea pequeño, sino porque la atmósfera terrestre dificulta que puede verse un pequeño planeta muy cercano a una estrella muy brillante. Para obtener esas medidas, se necesita un telescopio espacial sofisticado como el observatorio New Worlds“. “La espectropolarimetría puede, en última instancia, decirnos si la vida vegetal más simple -basada en procesos de fotosíntesis- ha emergido en algún otro lugar al Universo. Pero, por supuesto, no estamos buscando pequeños seres verdes ni evidencias de vida inteligente”, advierte Sterzik.

“Medir la polarización de la luz en el espectro proveniente de un planeta extrasolar es, hoy en día, imposible, ya que, con los telescopios disponibles, ni siquiera es posible separar la luz que viene del planeta y de su estrella. Es más factible pensar que en un futuro, si se desarrollan baterias de telescopios en el espacio volando en formación, sea posible mediante técnicas interferométricas -combinando la luz de cada telescopio adecuadamente- cancelar la luz de la estrella y, entonces, ver los planetas y obtener sus espectros. Si ahí se detectan, por ejemplo, oxígeno molecular y metano, compuestos que pueden estar asociados a los seres vivos, tendremos una buena pista para la búsqueda de vida en esos mundos. Medir la polarización de la luz reflejada por el planeta sería el siguiente paso en ese caso”, explica Agustín Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco y del Aula EspaZio Gela de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao.

La Luna, sobre el complejo europeo de telescopios de cerro Paranal, en Chile. Foto: ESO-B. Tafreshi-TWAN.

Iker Jiménez dice que en ciencia la verdad depende de mafias y modas, y “es peligroso” llevar la contraria

Iker Jiménez cerró la edición del pasado domingo de Cuarto milenio con un discurso en el que acusó a los científicos de actuar como mafias y según las modas a la hora de aceptar unos hechos y rechazar otros. El misteriólogo de Cuatro reaccionó así ante la negativa de varios biólogos españoles a aparecer en su programa para hablar de la lluvia roja caída en Kerala en 2001. Entre julio y septiembre de aquel año, se sucedieron en ese Estado indio precipitaciones de una lluvia teñida de rojo por unos corpúsculos cuya naturaleza ha acabado convirtiéndolos en objeto de deseo de los traficantes de misterios.

El informe oficial hecho por el Centro para los Estudios de las Ciencias de la Tierra (CESS) y el Jardín Botánico Tropical e Instituto de Investigación (TBGRI) de Kerala concluyó en noviembre de 2001 que esas partículas eran esporas de un alga del género Trentepohlia. El resumen de la publicación dice:

“Se llevó a cabo un detallado estudio de muestras de agua de lluvia roja obtenidas en Changanacherry, donde se originó el primer informe. Se descubrió que el agua contenía partículas en suspensión, que se asentaron después de varias horas. Ese material se separó y analizó químicamente para determinar su composición. En el examen microscópico, se veían pequeñas partículas circulares que se asemejaban a esporas. La muestra fue trasladada al laboratorio de microbiología del Jardín Botánico Tropical e Instituto de Investigación (TBGRI). Las esporas crecían bien en un medio de cultivo de algas. El alga se identificó como una especie del género Trentepohlia. La región de Changanacherry donde se informó de la lluvia roja es de vegetación densa con líquenes en los árboles, las rocas y los postes de luz.”

Naturalmente, una explicación tan banal no puede ser del gusto de Jiménez y los suyos, que el domingo contrapusieron a ella la posibilidad de que estuviéramos ante formas de vida alienígenas llegadas a bordo de un meteoro que explotó en la atmósfera poco antes de la primera lluvia roja. Es la hipótesis que plantearon los físicos Godfrey Louis y Santhosh Kumar en un artículo titulado “Cometary panspermia explains the red rain of Kerala” (Panespermia cometaria explica la lluvia roja de Kerala), publicado en 2003 en arXiv. Más recientemente, Louis y Kumar han colgado en el mismo repositorio otro trabajo, “Growth and replication of red rain cells at 121º C and their red fluorescente” (Crecimiento y replicación de las células de la lluvia roja a 121º C y su fluorescencia roja), en el que sostienen que han conseguido que los microbios alienígenas se reproduzcan.

Verdad científica impuesta

Con estos mimbres debidamente doblados -minimizada la importancia de informe oficial y magnificada la de los artículos, publicados al margen del sistema de revisión por pares-, Jiménez quiso invitar a varios biólogos a su programa para que hablaran de la posibilidad de que la lluvia roja de Kerala fuese una prueba de panspermia, teoría según la cual la vida se difunde por el Cosmos montada en meteoritos y cometas. Y los expertos con los que contactó -según él, de primera línea- se negaron a seguirle el juego. Así que, en su sermón final del programa, atacó a esos investigadores y a la ciencia en general, diciendo que “da la sensación de que en la ciencia también hay sus mafias” y de “que la ciencia tiene sus modas”, y lamentando que la comunidad científica no quiera creer a Louis y su equipo. “¿Cuántas personas que han descubierto cosas se encuentran simplemente gritando en el desierto sin que sus colegas hagan caso porque es hasta peligroso intentar ponerse a favor de una historia tan compleja? Por tanto, a ustedes y a mí, ¿qué información científica nos llega, la verdad o la verdad que algunos imponen con sus propios códigos?”, se preguntó el periodista esotérico.

Claro que la ciencia tiene sus códigos y herramientas. Una de ellas es el arbitraje o revisión por pares, que persigue garantizar que no se publique cualquier cosa por el mero hecho de que el firmante sea un renombrado experto. Consiste en que especialistas en la materia de la que trata un artículo lo revisan a la búsqueda de fallos antes de que se dé a conocer. Es algo que, curiosamente, no ha pasado con los dos artículos de Louis y Kumar de arXiv porque en ese repositorio no hay arbitraje. Y, si esos revolucionarios trabajos han aparecido ahí y no en revistas de gran impacto -y, por tanto, con sistemas de revisión durísimos-, cabe suponer que es porque han sido rechazados en ellas o porque sus autores sabían que no iban a superar los requisitos de rigor de las publicaciones punteras en las que se dan a conocer los grandes avances científicos.

No hay ninguna conspiración; sólo falta de pruebas. No es cuestión de creer o no creer. Si hubiera pruebas de una lluvia de células extraterrestres en Kerala -¿qué pasó para que durante dos meses sólo llovieran allí y no fueran dispersadas por el viento a otros países?-, se habría publicado la noticia a bombo y platillo en Science o Nature. Pero todas las pruebas apuntan a que se trató de algas, por mucho que en Cuarto milenio desprecien tal posibilidad en aras del falso misterio al que tan proclives son Jiménez y su equipo.