Astrobiología

“Cada vez estamos más solos en el Universo”, dice el astrofísico Agustín Sánchez Lavega

“La búsqueda de la vida condiciona mucho la exploración del Sistema Solar”, suele decir Agustín Sánchez Lavega. El planetólogo vasco es experto en las atmósferas de otros mundos, que le han llevado en dos ocasiones hasta la portada de la revista Nature, algo al alcance de muy pocos. De la nada, ha creado en la Universidad del País Vasco un grupo de estudiosos de las ciencias planetarias que se codea con los mejores, a pesar de contar con recursos muy limitados. En esta entrevista, Sánchez Lavega habla acerca de la vida extraterrestre, lo que sabemos y, sobre todo, lo que ignoramos.

– ¿Cree que existe vida extraterrestre en el Sistema Solar?

– Si en algún sitio del Sistema Solar ha habido una esperanza para la vida, fue en Marte. Es el planeta mejor explorado y, hasta la fecha, no tenemos ninguna prueba de que haya restos fósiles de vida. Quizás ha podido haber alguna oportunidad para la vida en otros mundos del Sistema Solar, pero tampoco tenemos pruebas.

– ¿Pero cabe la posibilidad de que la haya en ese océano que hay bajo el hielo de Europa, la luna de Júpiter?

– Lo veo muy complicado. Parece que la vida es algo muy frágil, aunque, cuando prende, se expande y evoluciona rápidamente. Sin embargo, mi impresión en este momento es que no hay vida en el Sistema Solar fuera de la Tierra. Pero yo siempre digo una cosa: tenemos que ser extremadamente abiertos a cualquier posibilidad de vida porque no sabemos cómo podemos identificarla.

La última sorpresa

Agustin Sánchez Lavega, en el observatorio de la Escuela de Ingenieros de Bilbao. Foto: José Félix Rojas.– Sólo la conocemos de un tipo.

– Ése es el problema. Debemos tener la mente abierta. Hasta hace poco, el interés astrobiológico -de búsqueda de vida- se centraba en Marte, Europa y Titán. Nunca se pensaba que una luna pequeñita, un mundo helado que está a -200ºC, pudiera acoger vida. Pues, bien, la Cassini ha descubierto que Encelado tiene probablemente un océano bajo el hielo, como Europa. Y esto nadie se lo esperaba porque Encelado es un satélite de Saturno de sólo 500 kilómetros de diámetro.

– Más pequeño que la Luna.

– Sí. Nadie había pensado que Encelado podía tener una fuente de calor interno que funda el hielo y dé lugar a una océano de agua. Con la Cassini, hemos descubierto que es así, que hay géiseres. Quizás otras misiones futuras encuentren otros mundos helados que puedan también tener esos océanos subsuperficiales. Los tres ingredientes fundamentales para la vida tal como la conocemos son una fuente de energía, agua líquida y una fuente de carbono para los enlaces orgánicos. El agua líquida y la energía, esta vez interna, ya las tenemos ahora en un mundo más. ¿Qué nos enseña esto? Que debemos tener la mente abierta.

– ¿Hasta que punto?

– Hasta hace poco, se pensaba que la fuente de energía tenía que ser la radiación de una estrella. Ahora, sabemos que puede ser interna: geotérmica, por decaimiento radiactivo de ciertos elementos, por efectos de marea debidos a los tirones gravitatorios de planetas o satélites… Hasta los años 80, no creíamos que podían existir esas fuentes de energía internas en un mundo como Encelado. Tampoco pensábamos que podía haber en la Tierra vida que se desarrollase en condiciones extremas. A esas cosas me refiero cuando hablo de mente abierta.

– ¿La mejor manera de saber dónde hay que buscar vida fuera de la Tierra es hacerlo en los entornos más hostiles de nuestro planeta?

– No. Nos aporta información porque esos ambientes semejan las condiciones extremas que se dan en otros mundos, aunque, evidentemente, ninguno tiene las condiciones de la Tierra. Marte es un planeta mucho más frío y seco, por cuya superficie fluyó agua muy ácida en el pasado. Por eso estudiamos las bacterias de Río Tinto, en Huelva, y las que viven a altísimas temperaturas en los fondos marinos, en las dorsales oceánicas. Ya no podemos pensar que la vida se debe desarrollar entre -20ºC y 40ºC, en un rango de presiones como el que se da en la superficie terrestre…

– ¿Y en Venus?

– No. La única opción que hay para la vida en Venus se encuentra por encima de las nubes de ácido sulfúrico. Más abajo, las temperaturas son altísimas -en la superficie, se funde el plomo- y eso ya no puede soportarlo ningún ser vivo. Por encima de las nubes, hay presiones como las terrestres y gotitas de agua en suspensión. Por eso hay gente que cree que podría darse algún tipo de microorganismos. Es altamente improbable, pero no podemos rechazar esa posibilidad. Hay que buscar.

– Existe un centenar de mundos en el Sistema Solar, entre planetas y satélites. Son muchos sitios en los que buscar.

– Y el número crece, crece y crece, porque, desde un planeta gigante como Júpiter -con sus 70.000 kilómetros de radio- hasta el último meteorito, hay miles y miles de objetos. El Cinturón de Asteroides tiene gran cantidad de cuerpos por encima de los 200 kilómetros de diámetro. Y los cometas también puede ser reservorios de moléculas lo suficientemente avanzadas como para ser progenitoras de la vida.

Recreación de un robot submarino en el océano subsuperficial de Europa, la más grande de las lunas de Júpiter. Foto: NASA.

Cometas, asteroides y vida

– ¿Es posible que la vida sea de origen extraterrestre, que llegara a la Tierra en un cometa?

– No lo creo; me parece muy complicado que fuera así. Pero sí es cierto que la aportación de materia orgánica de los cometas pudo desempeñar un papel muy importante en el desarrollo de la vida en la Tierra. Sabemos que hay materia orgánica, formas de moléculas de carbono, en los cometas y también nubes en el medio interestelar. Yo, de todas maneras, soy más bien de la hipótesis de que todo se generó aquí, en la Tierra, aunque no tengo argumentos para descartar la posible aportación de los cometas.

– De lo que no cabe duda es de que asteroides y cometas son una amenaza para la vida terrestre.

– Sí, así es. Cuando un sistema planetario se forma, quedan un montón de residuos alrededor de los cuerpos mayores, que los bombardean. Lo mismo que pueden ser importantes a la hora de aportar materia orgánica y agua -gran parte de la de la Tierra probablemente llegó en asteroides-, sabemos que también están detrás de grandes extinciones como la de los dinosaurios de hace 65 millones de años. Hay impactos tan grandes que algunos satélites se han formado a raíz de ellos. Tritón, la luna de Neptuno, pudo nacer a partir del impacto con otro cuerpo. Y la Luna también es producto de un choque de ese tipo.

– ¿Es hija de la Tierra?

– Hija de la Tierra y del Sistema Solar. Es la mezcla de lo que quedó tras chocar contra la Tierra un cuerpo quizá tan grande como Marte. Parte de la Tierra y parte de ese cuerpo salieron disparados y formaron la Luna. Hoy en día, sabemos, además, que la Luna ha favorecido enormemente la evolución de la vida.

– ¿Cómo?

– La Luna actúa como un ancla para la Tierra. Si no estuviera ahí, el eje de rotación de nuestro planeta, estaría dando tumbos. Se sabe que al de Marte le pasa eso porque no tiene un gran satélite que lo ancle. Marte ha tenido grandes cambios climáticos por los vaivenes de su eje de rotación. En la Tierra, hablamos de las glaciaciones como de algo extremo, pero no son nada comparadas con lo que habría pasado si no hubiera existido la Luna: el eje de rotación habría estado dando tumbos continuamente por los tirones gravitatorios del Sol y de los planetas gigantes. La evolución hacia formas complejas de vida quizá no hubiese sido tan fácil y hubiese habido muchas extinciones masivas a consecuencia de bruscos cambios de temperatura.
Inteligencia extraterrestre.

Criadero de estrellas en la Gran Nube de Magallanes. Foto: NASA-ESA.– Se calcula que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay 100.000 millones de estrellas y que existen 100.000 millones de galaxias como la nuestra. Esa inmensidad es el argumento principal de quienes defienden que no estamos solos como seres inteligentes. ¿Qué piensa usted?

– Sí, los números son apabullantes; pero una cosa es que la vida surja en un mundo y otra que evolucione hasta la inteligencia. Hay muchos factores que intervienen en el proceso y, si bien antes se creía que ese gran número de estrellas y galaxias ya era por sí solo un argumento a favor de la pluralidad de mundos habitados, ahora se piensa que las condiciones para que la vida aparezca pueden no darse tan fácilmente.

– Deme algún ejemplo.

– Las estrellas de masa superior a la del Sol viven muy poco, apenas 100 millones de años, y no da tiempo para nada. Y las más pequeñitas viven más 10.000 millones de años y, por tanto, puede haber numerosas oportunidades para la vida. Sin embargo, desarrollan frecuentes tormentas magnéticas que barren las atmósferas de los planetas que giran a su alrededor. Así que como estrellas sólo nos sirven las que son del tipo del Sol, que son las más numerosas. Luego, hay que ver dónde está cada estrella en la galaxia, si tiene algún planeta a la distancia adecuada… Mira lo que pasa en el Sistema Solar: nos acercamos un poco al Sol y hay un mundo calcinado, Venus; nos alejamos y estamos en un mundo helado y seco, Marte; sólo la Tierra está en la zona de habitabilidad, donde el agua puede existir en estado líquido.

– Pero están todas esas lunas de las que hemos hablado antes.

– Ése es el contrapunto. Son mundos que no se encuentran dentro de la zona de habitabilidad de la estrella, pero que tienen agua líquida porque están en la zona de habitabilidad de un planeta gigante. ¡Eso es algo muy importante que antes no se contemplaba! Ahora bien, si hablamos de vida inteligente, es otra cosa.

– La vida en la Tierra tiene más de 3.000 millones de años y sólo en los últimos 6 millones de años ha surgido la inteligencia.

– Sí, pero tampoco podemos tomarlo como un patrón. ¿Qué hubiese pasado si no hubiera habido una extinción masiva hace 250 millones de años? ¿Y si un asteroide no hubiera acabado con los dinosaurios hace 65 millones de años? Hay muchas preguntas que nos podemos hacer. Es muy difícil hablar de la posible evolución de la vida en otros mundos cuando sólo conocemos un ejemplo.

– ¿La mejor prueba de que no hay nadie cerca es la ausencia de señales de radio inteligentes?

– Evidentemente. Pero es que los otros mundos están tan lejos… Una señal a la estrella más próxima, Alfa Centauro, tarda más de cuatro años en llegar. Viajar entre las estrellas como en Star trek no está ahora a nuestro alcance, lo que no quiere decir que no lo vaya a estar en el futuro. Todavía no tenemos capacidad ni para hacer viajes tripulados por el Sistema Solar. Pensar que en nuestras cercanías de la galaxia -a un radio de unos 30 años luz- puede haber vida inteligente es ser muy optimista. Yo creo que estamos bastante solos en el Universo, y cada vez más porque el Universo está en expansión y nos estamos alejando aceleradamente de otras galaxias y estrellas.

Nota: Esta entrevista fue publicada en 2006 en El Correo. Tanto el protagonista como yo creemos que su contenido sigue vigente, y la publico ahora aquí  porque ya no está accesible en la web periódico.

Los extraterrestres están muertos

El radiotelescopio australiano de CSIRO Parkes, dedicado a la búsqueda de vida extraterrestre. Foto: Wayne England.

No hemos contactado con los extraterrestres porque están muertos, dice el astrobiólogo Adittya Chopra, de la Universidad Nacional Australiana. En un artículo publicado en la revista Astrobiology, él y su colega Charley Lineweaver proponen una deprimente hipótesis -que la extinción es el destino de la vida primtiva- para explicar la aparente paradoja de que vivamos en un universo repleto de planetas habitables y, sin embargo, no nos hayamos topado con otras civilizaciones ni hayamos interceptado sus mensajes de radio. “La explicación más común es una baja probabilidad de aparición de la vida (un cuello de botella de origen), en teoría, debido a las complejidades de la receta molecular”, recuerdan.

Frente a eso, ellos proponen lo que llaman el cuello de botella de Gaia: “Si la vida emerge en un planeta, en raras ocasiones evoluciona lo suficientemente rápido como para regular los gases de efecto invernadero y el albedo, y mantener las temperaturas de superficiales compatibles con el agua líquida y la habitabilidad. El cuello de botella de Gaia sugiere que (1) la extinción es el destino por defecto de la mayoría de la vida que ha surgido en las superficies de los planetas rocosos húmedos del Universo y (2) los planetas rocosos tienen que estar habitados para seguir siendo habitables. En el modelo del cuello de botella de Gaia, el mantenimiento de la habitabilidad planetaria es una propiedad más asociada con una inusualmente rápida evolución de la regulación biológica de los compuestos volátiles de la superficie que con la luminosidad y la distancia a la estrella anfitriona”.

Los autores creen que la fragilidad de la vida primitiva hace que “raramente” evolucione con la rapidez necesaria como para arraigar. “Para producir un planeta habitable, las formas de vida necesitan regular los gases de efecto invernadero, como el vapor de agua y el dióxido de carbono, para mantener las temperaturas superficiales estables”, apunta Chopra. Dice que hace 4.000 millones de años tanto la Tierra como Marte y Venus pudieron ser mundos habitables, pero que sólo 1.000 millones de años después el segundo era un infierno y el tercero, un mundo helador. Su colega afirma que, si hubo vida microbiana en esos dos planetas, falló a la hora de estabilizar un entorno cambiante. “La vida terrestre posiblemente fue clave a la hora de estabilizar el clima del planeta”, añade.

Ese cuello de botella de Gaia apunta, según los investigadores, a un extinción casi generalizada de la vida extraterrestre. “Una intrigante predicción del modelo del cuello de botella de Gaia es que la gran mayoría de los fósiles en el Universo serán de vida microbiana extinta, no de especies multicelulares como dinosaurios o humanoides que necesitan miles de millones de años para evolucionar”, dice Lineweaver.

Es una roca, responde la NASA a una demanda por ocultar la existencia de un organismo vivo en Marte

Una roca es una roca. Es lo que ha venido a responder la NASA a la demanda judicial interpuesta la semana pasada por Rhawn Joseph contra ella por ocultar pruebas de vida en Marte. Partidario de la panspermia y autor de un libro, Astrobiology: the origins of life and the death of darwinism (2011), en el que sostiene que “la evolución de la vida estaba genéticamente predeterminada y precodificada”, el demandante, que de formación es neuropsicólogo, ha hecho todas sus contribuciones astrobiológicas en la página web del Journal of Cosmology, que se presenta como una revista seria, pero es una especie de Más Allá de científicos chiflados. Se trata del mismo sitio en el cual, en septiembre, un grupo de investigadores británicos publicó el descubrimiento de microbios alienígenas en la atmósfera terrestre, un hallazgo del que nunca más se ha sabido, ni se sabrá.

La piedra con forma de donut, visible en la foto de la derecha, no aparecía doce días antes en imágenes del lugar. Fotos: NASA.Joseph demandó a la NASA en un tribunal californiano el lunes de la semana pasada porque, en su opinión, la piedra que fotografió Opportunity al borde del cráter Endeavour el 8 de enero, y que no estaba allí el 26 de diciembre, es un ser vivo. Steve Squyres, científico jefe de la misión, y su equipo manejan dos posibles hipótesis para la roca misteriosa: que saliera por los aires hasta el lugar por el impacto de un meteorito o que una de las ruedas del todoterreno la pisara y saliera despedida. El demandante considera que “la explicación de la NASA es extravagante, absurda, ignorante y poco más que pensamiento mágico. Una roca o un meteoro no crece en tamaño. Una roca es incapaz de moverse por su propia voluntad”.

Según el astrobiólogo aficionado, lo que se ve en la foto tomada el 8 de enero es un ser vivo. Asegura  que “reconoció de inmediato la estructura en forma de cuenco” como algo parecido a un hongo, “un organismo compuesto que consiste en colonias de líquenes y cianobacterias, y que en la Tierra se conoce como Apothecium“. Y reclama a la agencia que lo fotografíe al detalle. “La negativa a sacar fotos cercanas desde varios ángulos, la negativa a tomar imágenes microsópicas de la muestra, la negativa a hacer públicas fotos en alta resolución, es algo inexplicable, imprudentemente negligente y extraño. Cualquier adulto inteligente, adolescente , niño, chimpancé, mono, perro e incluso roedor con un mínimo de curiosidad se acercaría, investigaría y examinaría de cerca una estructura en forma de cuenco que aparece a pocos metros delante de él cuando doce días antes no estaba ahí. Pero no la NASA y su equipo del todoterreno, que se han negado a tomar hasta un primer plano “.

Isla Pináculo, del tamaño de un puño y la apariencia de un donut relleno, intriga a los científicos, además de por su origen, por su composición. “Es muy rica en azufre y en magnesio, y tiene el doble de manganeso que cualquier otra piedra que hayamos analizado en Marte. No sabemos lo que todo esto significa. Estamos completamente confundidos, y todo el mundo en el equipo está discutiendo y peleando sobre ello. ¡Estamos pasándolo de maravilla!”, dijo Squyres hace dos semanas. De lo que no tienen dudas los investigadores es de que es una piedra, como ha dejado claro Bob Jacobs, portavoz de la NASA, en una breve declaración hecha a la revista Popular Science:

“Se trata de un asunto legal en curso y estamos limitados en lo que podemos discutir sobre él. Sin embargo, la NASA ha estado compartiendo públicamente la investigación en curso sobre la roca llamada Isla Pináculo desde que publicó las imágenes del todoterreno de exploración de Marte Opportunity a principios de este mes [se refiere a enero]. La roca, que la NASA está estudiando para entender mejor su composición química, fue también objeto de amplia discusión durante una conferencia de prensa en televisión de la NASA el 22 de enero. Como hacemos con todas nuestras misiones de investigación científica, la NASA continuará discutiendo los nuevos datos respecto a la roca, y otras imágenes e información según vaya disponiendo de nuevos datos”.

La piedra es una piedra. Excepto para Rhawn Joseph y, posiblemente, Enrique de Vicente.

‘¿Esta vivo Marte?': una jornada sobre astrobiología y el planeta rojo, el 25 de noviembre en Bilbao

Cartel anunciador de la jornada '¿Está vivo Marte?', que se celebrará en Bilbao el 25 de noviembre.El astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el ingeniero aeronáutico Javier Gómez-Elvira y el microbiólogo Ricardo Amils hablarán, el 25 de noviembre en Bilbao, sobre la búsqueda de vida en el planeta rojo, en el marco de la jornada ¿Está vivo Marte?, que se celebrará en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta (c/ Bidebarrieta, 4). “Si en algún sitio del Sistema Solar ha habido una esperanza para la vida, es en Marte. Es el planeta mejor explorado y, hasta la fecha, no tenemos ninguna prueba de que haya restos fósiles de vida ni vida actual”, indica Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias y del Máster en Ciencia y Tecnología Espacial de la Universidad del País Vasco (UPV).

El acto empezará a las 19 horas. Tras la presentación, Sánchez Lavega, catedrático de física aplicada en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao, aproximará a los asistentes hasta el planeta rojo con una intervención titulada “Un mundo de incógnitas”. A las 19.15 horas, tomará la palabra Gómez-Elvira, director del Centro de Astrobiología (CAB), quien disertará sobre “La exploración de Curiosity“. Y, a las 20 horas, Amils, catedrático de microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, hablará sobre “La búsqueda de vida”. El encuentro acabará con una mesa redonda que comenzará a las 20.35 horas.

¿Está vivo Marte? es un acto organizado por el Aula Espazio GelaBidebarrieta Kulturgunea y el diario El Correo, en colaboración con la Diputación de Vizcaya, la UPV y el Círculo Escéptico. La entrada es libre hasta completar el aforo.

¿Microbios alienígenas en la atmósfera terrestre? Más bien no

La supuesta diatomea extraterrestre. Foto: 'Journal of Cosmology'.Si Más Allá o Cuarto Milenio anunciaran mañana el hallazgo de pruebas de que nos visitan extraterrestres -lo han hecho en incontables ocasiones-, creo que ningún medio de comunicación caería en la trampa. A fin de cuentas, tanto la revista de MC Ediciones como el programa de Cuatro están entre los más evidentes difusores de patrañas de la España del siglo XXI. Pues, bien, es muy posible que en las próximas horas nos encontremos en medios serios con titulares del estilo de “Alien life found living in Earth atmosphere, claims scientist” (Vida extraterrestre encontrada en la atmósfera de la Tierra, dice un científico) y “The truth is out there: British scientist claim to have found proof of alíen life”, (La verdad está ahí fuera: un científico británico dice haber encontrado pruebas de vida extraterrestre) procedentes de The Daily Telegraphy y The Independent, respectivamente, y basados en una información más que cuestionable.

Un equipo de científicos británicos liderado por Milton Wainwright, del Departamento de Biología Molecular y Biotecnologia de la Universidad de Sheefield, ha contado en un artículo publicado en el Journal of Cosmology que un globo diseñado por ellos ascendió hasta 27 kilómetros durante la última lluvia de las Perseidas y capturó un fragmento de diatomea -un alga unicelular microscópica- y otras “raras entidades biológicas” que podrían haber llegado a la Tierra desde el espacio. “La mayoría de la gente asumirá que estas partículas biológicas deben haber simplemente ascendido hasta la estratosfera desde la Tierra, pero en general se acepta que una partícula del tamaño declarado no puede elevarse desde la Tierra hasta una altura de, por ejemplo, a 27 kilómetros. La única excepción conocida es por una violenta erupción volcánica, pero no se ha registrado ninguna durante los tres años que hemos estado recogiendo muestras”, ha indicado Wainwright.

En opinión del investigador, “en ausencia de un mecanismo por el cual partículas grandes como éstas puedan ser transportadas hasta la estratosfera, sólo podemos concluir que las entidades biológicas originadas desde el espacio. Nuestra conclusión es, entonces, que la vida está continuamente llegando a la Tierra desde el espacio, que  la vida no se limita a este planeta y que es casi seguro que no se originó aquí”. Wainwright y sus colaboradores aseguran que tomaron todas las precauciones precisas para evitar una posible contaminación y aventuran a que el fragmento de diatomea ha podido llegar a nuestro planeta “en el entorno acuoso de un cometa”, y que habrá que reescribir los libros de texto. ¿Estamos ante el notición del siglo? ¿Hay microbios alienígenas flotando por ahí arriba? ¿Podemos estar en la antesala de un episodio del estilo de La amenaza de Andrómeda? Permítanme que lo dude.

Como advierte Phil Plait, para empezar, da la impresión de que los autores no han facilitado la muestra de diatomea para su estudio a ningún experto, algo que haría hasta un aficionado antes de aventurarse a hablar de vida alienígena. Además, dan por hecho que no hay más mecanismos que los citados por ellos para que un microorganismo así acabe en la estratosfera y concluyen que, una vez allí, aguantaría poco tiempo. Plait sostiene que el artículo que citan en apoyo de la corta permanencia de microorganismos grandes en la estratosfera no es concluyente. “Asume que la atmósfera es estable e inmóvil; no menciona específicamente ninguna otro fuerza que actúe sobre una partícula más que la gravedad y la flotabilidad. Sin embargo, el viento y las turbulencias en la estratosfera posiblemente podrían mantener un objeto pequeño en el aire durante bastante tiempo. No estoy diciendo que lo haga, pero no hay ninguna indicación en el artículo que citan que elimine tal posibilidad”.

Marvin el Marciano.Hay dos detalles claves para sospechar del notición sin ser un experto en nada: el artículo se ha publicado en la web Journal of Cosmology, y uno de los cinco autores es el astrobiólogo Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Buckingham y durante décadas asociado al fallecido Fred Hoyle. El sitio que ha publicado el artículo no goza precisamente de credibilidad entre la comunidad científica, sino todo lo contrario. Basta con consultar la Wikipedia para comprobar que su rigor se ha cuestionado en repetidas ocasiones por lo estrafalario de algunos de sus artículos. Así, el biólogo P.Z. Myers ha dicho que  Journal of Cosmology “no es una revista científica de verdad”, sino una web de un grupo de “obsesionados con la idea de Hoyle y Wickramasinghe de que la vida se originó en el espacio exterior y simplemente llovió sobre la Tierra”.

Curiosamente, no he visto hasta ahora que ningún medio haya incidido en el cuestionable rigor de la publicación ni en la presencia entre los autores de Wickramasinghe, quien, junto con Hoyle, propuso en su día que la epidemia de gripe de 1918 fue causada por organismos extraterrestres, al igual que ciertos brotes de polio y la enfermedad de las vacas locas. En 2003, mandó una carta a la revista The Lancet en la que decía que el virus del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) era posiblemente de origen extraterrestre y, en 1981, fue el único científico que apoyo al creacionismo en el famoso juicio de Arkansas. Wickramasinghe es uno de los editores de Journal of Cosmology  y ya ha anunciado anteriormente en ese sitio el hallazgo en meteoritos de pruebas a favor de la panspermia que se han disuelto después de obtener los titulares periodísticos de (escaso) rigor. Como algunos de los que usted leerá y escuchará en las próximas horas.