Área 51

El Indiana más paranormal

Irina Spalko intenta leer la mente de Indiana Jones.

La última aventura de Indiana Jones arranca donde acabó la búsqueda del Arca perdida, en un almacén lleno de cajas. Estamos en 1957 en Nevada, en la base secreta conocida como Área 51. Según la subcultura ufológica, Estados Unidos esconde en esas instalaciones los restos de los alienígenas que en julio de 1947 se estrellaron con su nave en Roswell, Nuevo México. Hacerse con uno de los cuerpos es el objetivo de la agente soviética Irina Spalko, quien a las puertas del hangar -en cuyo interior está pintado un revelador 51, por si hubiera dudas- intenta leer la mente al héroe, que se ríe de sus facultades sobrenaturales.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que se estrena hoy, trasplanta al universo del arqueólogo del látigo la fantasía en la que viven quienes creen en las visitas extraterrestres y los poderes paranormales. No sólo el Arca de la Alianza -que volvemos a ver fugazmente dentro una caja medio rota en el Área 51- es un arma de destrucción masiva, sino que, además, seres de otros mundos enseñaron a nuestros antepasados desde la agricultura hasta la construcción de pirámides, la telepatía existe y en Roswell cayó un platillo volante.

Cráneos de cristal

Indiana Jones, en el hangar del Área 51.La acción gira alrededor de un cráneo de cuarzo. Queda claro desde las primeras escenas que no es el descubierto en Belice en 1924 por el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges. Esa calavera se presenta en la literatura esotérica como un objeto mágico de origen maya, aunque en realidad fue tallada en Alemania en el siglo XIX. Aun así, inspiró a George Lucas y Jeff Nathanson a la hora de idear una trama a la altura de Indiana Jones y, por eso, Mitchell-Hedges es citado varias veces por el arqueólogo preferido de medio mundo, quien reconoce que su famosa reliquia le obsesionaba ya en la universidad.

El cráneo de cristal cinematográfico es otra cosa: es parte del esqueleto de un extraterrestre, como los de Roswell, y habría sido encontrado por Francisco de Orellana en la mítica ciudad de El Dorado. Según Spalko, “potencia los poderes mentales”. Claro que la agente soviética no parece muy en sus cabales. “Es la científica favorita de Stalin. Científica… si consideras ciencia la parapsicología”, cuentan a Indy. “Nos encontramos en plena guerra fría, con la amenaza de una guerra nuclear y la Amenaza Roja. A la hora de escoger a los malos para esta aventura, no quedaba duda de que debían ser los rusos”, ha explicado Steven Spielberg.

La incredulidad sobre la parapsicología es hoy en día compartida por las grandes potencias, pero hubo un tiempo en el que pensaban lo contrario en los pasillos de la Casa Blanca y el Kremlin. Desde los años 50 y durante décadas, Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron dinero en experimentos parapsicológicos. Soñaban, entre otras cosas, con la posibilidad de la mente de viajar hasta posiciones enemigas y ver lo que allí pasaba, lo que se denomina espionaje psíquico. La malvada Irina Spalko cree que el cráneo de cristal es el arma definitiva, una fuente de saber y de poder.

Indy sospecha que el cráneo está en la tumba de Orellana y, en su búsqueda de los restos del conquistador español, sobrevolará las figuras de Nazca, uno de los enclaves mágicos para los fanáticos de lo oculto. El doctor Jones no presenta los geoglifos del altiplano peruano como pistas de aterrizaje para naves de otros mundos, como hizo el suizo Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), aunque sí apunta a un posible origen alienígena. “Sólo los dioses pueden ver las líneas de Nazca”, dice. No séra la última vez que aparezcan en escena los dioses-astronautas, los extraterrestres que según algunos influyeron en todas las grandes culturas del pasado y que resultan omnipresentes en la película del año.

Una escena de 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal'.Spielberg y Lucas mezclan en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal elementos de la moderna conspiranoia con otros propios de la pseudohistoria y, como El Dorado, de la leyenda sin más. Y modifican el único elemento real del cóctel -el Área 51 como base secreta- para hacer casar la Historia con la ficción. Las instalaciones militares de Nevada entraron en servicio en 1950, y desde entonces han sido el lugar en el que Estados Unidos ha probado sus ingenios miltares más avanzados. Sin embargo, el cofre de los Diez Mandamientos está allí desde 1936 -cuando transcurre la acción de En busca del Arca perdida– y, once años después, van a parar a ella los restos de Roswell, del “fiasco de las Fuerzas Aéreas del 47”, como lo llama el arqueólogo antes de descubrir la verdad. Porque Indy formó parte del equipo que examinó los restos de Roswell. Pero ésa es otra historia…

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Indiana Jones y el platillo estrellado en Roswell

Fotograma del 'trailer' de 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal'.“Roswell, New Mexico. 1947”. Tres palabras y una fecha en lo que parece una caja de metal han llamado mi atención del recién estrenado primer trailer de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. ¿Con qué nos sorprenderán Steven Spielberg y George Lucas el 22 de mayo? ¿Habrá alguna referencia directa en la película al mito del platillo estrellado en Roswell en el verano de 1947? Hubiera apostado al principio por una conexión calavera de cristalAtlántida, pero ya no lo tengo tan claro. Parece que el caso de Roswell tiene las de ganar, aunque también puede que estemos un simple guiño como el del club Obi Wan del inicio de la segunda entrega y el cajón de Roswell sea sólo uno más de los muchos guardados en el mismo gran hangar -¿del Área 51?- que el Arca de la Alianza.

Platillos volantes contra el cambio climático

Sabemos que casi siempre no nos gobiernan los mejores. El único consuelo que queda es que el fenómeno es algo generalizado y que, hasta en un país tan civilizado como Canadá, cuecen habas. Resulta que Paul Hellyer, de 83 años y ex ministro canadiense de Defensa y de Transportes en los años 60, cree que la lucha contra el cambio climático tiene una fácil solución: recurrir a tecnología extraterrestre. “Necesitamos persuadir a los Gobiernos para que desclasifiquen lo que saben. Algunos sospechamos que saben bastante, y que ese conocimiento sería suficiente como para salvar nuestro planeta si se aplica lo suficientemente rápido”, declaró el miércoles al diario Ottawa Citizen, algo de lo que me he enterado gracias a Mariano Villarreal, responsable de El Portal de la Literatura Fantástica y la Ciencia Ficción.

Lo de Hellyer no son delirios de alguien que ha perdido la cabeza por la edad. Cuando era ministro, el 3 de junio de 1967, inauguró oficialmente un ovnipuerto en St. Paul, Alberta. Como si hiciera falta algo más después de ese excéntrico episodio, en septiembre de 2005 promulgó públicamente su fe en los ovnis y, dos meses más tarde, acusó a George W. Bush de maquinar una guerra intergaláctica. Ahora, Hellyer se descuelga con la tontería de que la solución al cambio climático pasa por los restos de platillos volantes como el accidentado en Roswell, según él, escondidos en el Área 51 y otros complejos secretos.

“Me gustaría ver qué tecnología extraterrestre podría haber para eliminar la quema de combustibles fósiles dentro de una generación… Ésa podría ser una forma de salvar nuestro planeta”, ha dicho. Él tiene claro que los alienígenas disponen de revolucionarias fuentes de energía para visitarnos desde otros mundos; aunque no ha mostrado ni una prueba. Es lo de siempre. Lo mismo que ocurrió durante la guerra fría, cuando los adoradores de los extraterrestres depositaron en ellos la confianza de que impidieran mágicamente el estallido del conflicto final. Hellyer también pretende que los dioses nos solucionen el problema de turno, cuando lo mejor que podemos hacer es arreglar las cosas por nosotros mismos. ¿Han visto alguna vez que algún dios o extraterrestre haya hecho algo bueno por el ser humano, haya evitado alguna guerra o catástrofe, haya salvado alguna vida milagrosamente? Yo no.

Un chiflado de los ovnis vende polonio 210 en Internet

Bob Lazar, de chiflado de los ovnis a vendedor de sustancias radiactivas.El polonio 210, la sustancia radiactiva que provocó la muerte del ex espía ruso Alexander Litvinenko, es fácil de conseguir. Puede comprarse una pequeña cantidad por sólo 69 dólares en la web de United Nuclear, empresa creada por Bob Lazar, personaje que se hizo famoso hace veinte años en el mundillo ufológico porque decía haber trabajado en el Área 51 (Nevada) con naves de otros mundos accidentadas. Me he enterado de la noticia gracias a un mensaje de James E. Oberg, ex ingeniero de la NASA, miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y uno de los más agudos críticos de la ufología. Según una información publicada en DefenseTech, el polonio 210 se usa en la industria para eliminar la electricidad estática de maquinaria. Aunque emite radiación alfa, que no puede traspasar la piel, si se ingiere, puede llegar a causar la muerte. Dada la pequeña cantidad de cada envío, United Nuclear puede vender polonio 210 y otras sustancias radiactivas en Estados Unidos sin una licencia especial.

Bill Clinton habla del ovni estrellado en Roswell y de los alienígenas del Área 51

“Lo de Roswell fue una ilusión. No creo que ocurriera”, afirma Bill Clinton en una entrevista concedida a la revista FinanceAsia, de la que me ha informado James E. Oberg, ex ingeniero de la NASA y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP). Recuerda el predecesor de George W. Bush en la Casa Blanca que durante su segundo mandato se celebró el cincuentenario del supuesto accidente de un platillo volante en Roswell (Nuevo México) en 1947, cómo gente de todo el mundo viajaba hasta la localidad y cómo había en Estados Unidos un segundo foco de atracción del turismo platillista, la famosa Área 51. “Existía también otro sitio en Nevada donde la gente creía que habíamos enterrado un ovni y quizás un alienígena profundamente bajo tierra porque no queríamos permitir que nadie fuera allí. Ahora puedo decirlo porque el secreto se ha levantado y es de dominio público. Había mucha gente en mi propia Administración que estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero que lo de ese lugar de Nevada iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera”.

Imagen de satélite del Área 51, en Nevada, tomada en 2003.Pistas de aterrizaje, hangares, una piscina, carreteras, un campo de béisbol… Eso es lo que hay en la base del lago seco de Groom, en Nevada, conocida entre los fanáticos de los ovnis como el Área 51 o la Tierra de los Sueños. Se sabe desde hace años. Cualquiera puede comprobarlo en la web de la Federación de Científicos Americanos (FAS), donde hay imágenes de satélite de la región tomadas en 1968 por el Servicio Geológico de Estados Unidos. Sin embargo, tuvieron que salir a la luz, en abril de 2000, cinco instantáneas de un satélite para que el rentable mito ufológico se fuera abajo. Las imágenes, de una resolución de dos metros, fueron captadas en marzo de 1998 por un satélite ruso para Aerial Images. Esta firma participa, junto con Microsoft, Kodak, Digital Equipment, Autometric y la agencia Sovinformsputnik, en la realización de un mapa de la superficie terrestre. La sorpresa se produjo cuando Aerial Images puso cinco fotos del Área 51 en su web, donde podían verse gratis, aunque haya que pagar para descargarlas.

La ruptura del secreto alrededor de la famosa instalación militar copó las portadas de los principales medios de comunicación norteamericanos y los internautas se lanzaron en masa a ver cómo es la Tierra de los Sueños. Su gozo debió de ser efímero: lo que muestran las fotos no es nada de otro mundo. Pero, aún así, el servidor que las alojaba decuplicó su tráfico habitual -llegó hasta los 8 millones de páginas vistas por jornada-, y esto, unido a la acción de un hacker, hizo prácticamente imposible, hasta pasados unos días, conectar con esa web, extremo que los conspiranoicos de siempre atribuyeron a maniobras del Gobierno estadounidense. Ahora, quien desee puede contemplar, en la página de la Federación de Científicos Americanos, las imágenes de 1968, las de 1998 y unas encargadas por la propia FAS. Estas últimas tienen mayor resolución -un metro- que las de Aerial Images, pero tampoco se ve en ellas nada espectacular.

El mito del Área 51, al que tanta rentabilidad saca la ufología comercial, tiene su origen en el muro de silencio que Washington levantó alrededor la base del lago Groom desde que empezó a funcionar en 1950. La razón es obvia: en el lugar, la primera potencia del planeta ha probado sus más sofisticados aviones: desde el U-2 hasta el B-2, pasando por el SR-71 y el F117-A. El secreto llegó a tal punto que la Administración norteamericana ni siquiera reconocía la existencia de las instalaciones hasta principios de 2000. Ahora, admite que existen, pero da pocos detalles más. “Reconocemos tener ahí un centro de operaciones, pero el trabajo es materia clasificada”, puntualizaba hace cinco años Gloria Cales, portavoz de las Fuerzas Aéreas, cuando millones de personas ya habíamos visto las nuevas imágenes del complejo secreto.

A preguntas de la periodista la revista FinanceAsia sobre la posibilidad de que él también haya sido víctima de un gigantesco encubrimiento, Bill Clinton responde que intentó comprobar si existen documentos secretos sobre el caso Roswell que revelaran cosas y que le habían sido ocultados. “Si existen, me los ocultaron también a mí”, sentencia antes de ironizar con que haya burócratas “escondiendo esos oscuros secretos hasta a los presidentes electos”. “Si es así, me engañaron con éxito y me avergüenza reconocer ante usted que intenté encontrar esos documentos”, dice entre risas. Y, antes de dar el asunto por zanjado, hace un alegato sobre la necesidad de “continuar explorando los límites de nuestra existencia, en la Tierra y en el espacio”, porque quedan muchas cosas interesantes por descubrir que los más jóvenes verán desveladas a lo largo de sus vidas. El ex presidente Clinton apuesta por la ciencia, como ya hizo en sus dos estancias en la Casa Blanca, y destaca que la secuenciación del genoma humano va cambiar nuestra vida en las próximas décadas, prolongándola y curando enfermedades hoy mortales. “Y muchas de las cosas que ocurran -buenas y malas- serán más extrañas que cualquier cosa escrita por la ciencia ficción”, sentencia.