Área 51

Más de la mitad de los ovnis vistos en EE UU en los años 50 y 60 fueron aviones espía, según la CIA

“Los vuelos del U-2 y del Oxcart fueron responsables de más de la mitad de todos los avistamientos de ovnis de finales de los años 50 y los años 60″, se asegura en un informe de la CIA redactado en 1992 que acaba de desclasificarse. En el estudio, titulado The Central Intelligence Agency and overhead reconnaissance (La Agencia Central de Inteligencia y el reconocimiento aéreo), el Gobierno de Estados Unidos habla por primera vez abiertamente de cómo y por qué se creó el Área 51, la base militar secreta del lago seco Groom (Nevada) desde donde han despegado sus más avanzados aviones espía desde 1955.

Mapa de la CIA del lago Groom, con la primera referencia al Área 51.El nuevo informe desclasificado no es el primer reconocimiento oficial de las operaciones de la base del lago Groom. Washington ya admitió la existencia del complejo militar de Nevada en abril de 2000, cuando una compañía estadounidense publicó en Internet fotos de las instalaciones tomadas por satélite. En las imágenes se veían hangares, pistas de aterrizaje, carreteras y canchas deportivas; el corazón de un complejo militar de unos 155 kilómetros cuadrados. “Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada”, dijo entonces Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea. “Mucha gente de mi Administración estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero creía que lo de ese lugar de Nevada [el Área 51] iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de Defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera”, explicaba Bill Clinton en 2005 a la revista FinanceAsia.

Así narran ahora los historiadores militares Gregory W. Pedlow y Donald E. Welzenbach cómo se decidió la creación y ubicación de esas instalaciones, cuando se puso en marcha el proyecto del U-2:

“Al tiempo que se avanzaba en el fuselaje [del U-2] en California, en los motores en Connecticut y en el sistema de cámara en Boston, altos oficiales de los Proyectos de Desarrollo volaban a California y Nevada para buscar un lugar donde probar el avión de una manera segura y secreta. El 12 de abril 1955, Richard Bissell y el coronel Osmund Ritland (el oficial jefe de la Fuerza Aérea del proyecto) sobrevolaron Nevada con Kelly Johnson [ingeniero aeronáutico de Lockheed y padre del U-2] en un pequeño avión Beechcraft pilotado por Tony LeVier, jefe de pilotos de pruebas de la  Lockheed. Vieron lo que parecía ser una pista de aterrizaje en un salar conocido como el lago Groom, cerca de la esquina noreste del Campo de Pruebas de Nevada de la Comisión de Energía Atómica (AEC). Después de discutir sobre el aterrizaje en la antigua pista de aterrizaje, LeVier bajó hacia el lecho del lago y los cuatro examinaron la pista. La instalación había sido utilizada durante la Segunda Guerra Mundial como campo de tiro por pilotos del Cuerpo Aéreo de Ejército. Desde el aire, la pista parecía asfaltada, pero en una inspección más cercana resultó que había sido hecha de tierra compactada que se había convertido en polvo hasta los tobillos después de más de una década de inactividad. Si LeVier hubiera intentado aterrizar en la pista, el avión probablemente se hubiera estrellado de morro al hundirse sus ruedas en la tierra suelta, matando o hiriendo a todas las figuras clave del proyecto U-2.

Bissell y sus colegas estuvieron de acuerdo en que el lago Groom sería el lugar ideal para probar el U-2 y entrenar a sus pilotos. Cuando volvió a Washington, Bissell descubrió que el lago Groom no era parte del campo de pruebas de la AEC. Después de consultar con Dulles [John Foster Dulles, el secretario de Estado], Bissell y Miller [Herbert Miller, segundo de Bissell en el proyecto U-2] pidieron a la Comisión de Energía Atómica que añadiera el lago Groom a sus propiedades en Nevada. El presidente de la AEC, Lewis Strauss, accedió de inmediato, y el presidente Eisenhower también aprobó la incorporación de esa tira de desierto, conocida por su designación en el mapa como el Área 51, al Campo de Pruebas de Nevada. La zona del Área 51 se muestra en los mapas actuales no clasificados como una pequeña área rectangular junto a la esquina noreste del mucho más grande Campo de Pruebas de Nevada. Para hacer que las nuevas instalaciones en medio de la nada sonaran más atractivas a sus trabajadores, Kelly Johnson las llamó Rancho Paraíso, nombre que fue pronto abreviado a Rancho.

Aunque el lecho del lago seco podría haber servido como pista de aterrizaje, los jefes del proyecto decidieron que se necesitaba una pista pavimentada para que los vuelos de prueba también pudieran tener lugar cuando el agua de lluvia bajaba desde las montañas cercanas y llenaba el lago (en esos momentos, la base tenía otro nombre no oficial, Watertown Strip). En julio de 1955, la base estaba lista y comenzó a llegar el personal de la Agencia, la Fuerza Aérea y la Lockheed.”

Un U-2, en vuelo. Foto: Fuerza Aérea de Estados Unidos.

El 24 de junio de 1947, el avistamiento por Kenneth Arnold de nueve objetos con forma de bumerán, que “volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”, sobre las montañas Cascade había inaugurado la era de los platillos volantes. A principios de los años 50, los misteriosos objetos que surcaban los cielos estadounidenses empezaron a ser considerados por muchos naves de otros mundos y, una vez que el primer U-2 despegó del Área 51 el 4 de agosto de 1955, las visiones se multiplicaron. Así lo explican los autores de The Central Intelligence Agency and overhead reconnaissance:

“Las pruebas de alta altitud del U-2 pronto dieron lugar a un inesperado efecto colateral: un enorme aumento en los informes de objetos volantes no identificados (ovnis). A mediados de la década de 1950, la mayoría de aviones comerciales volaban a altitudes de entre 10.000 y 20.000 pies y las aeronaves militares, como el B-47 y el B-57, operaban por debajo de los 40.000 pies. En consecuencia, una vez que el U-2 comenzó a volar a altitudes superiores a los 60.000 pies, los controladores de tráfico aéreo empezaron a recibir un número creciente de informes de ovnis.

Dichos informes eran más frecuentes en las primeras horas de la tarde procedentes de pilotos de aviones que viajaban de Este a Oeste. Cuando el Sol caía por debajo del horizonte de un avión de pasajeros que volaba a 20.000 pies, el avión quedaba en la oscuridad. Pero, si un U-2 estaba cerca de la aeronave, su horizonte desde una altitud de 60.000 piezas estaba considerablemente más lejos y, tan alto en el cielo, que sus alas plateadas reflejarían los rayos del Sol y le parecerían a un piloto de aerolínea, 40.000 pies más abajo, objetos ardientes. Hasta a plena luz del día, los fuselajes plateados de los U-2 podían captar la luz del Sol y causar reflejos o destellos visibles desde bajas altitudes y hasta desde tierra. En aquellos años, nadie creía posible un vuelo tripulado por encima de los 60.000 pies, luego nadie esperaba ver objetos tan altos en el cielo.

Los pilotos de líneas aéreas no sólo informaron de sus avistamientos a los controladores de tráfico aéreo, sino que, además, ellos y los observadores terrestres escribieron cartas a la unidad de la Fuerza Aérea en el Comando de Desarrollo Aéreo de Wright, en Dayton, encargada de investigar estos fenómenos [las visiones de ovnis]. Esto, a su vez, condujo a la operación Libro Azul de la Fuerza Aérea. Con base en Wright-Patterson, la operación recogía todos los informes de avistamientos de ovnis. Los investigadores de la Fuerza Aérea intentaban explicar esos avistamientos vinculándolos a causas naturales. Los investigadores de Libro Azul recibían regularmente llamadas de personal de la Agencia en Washington para comparar los informes de ovnis con los registros de vuelo del U-2. Esto permitió a los investigadores descartar la mayoría de los informes de ovnis, aunque no podían revelar a los autores de las cartas la verdadera causa de los avistamientos de ovnis. Los vuelos del U-2 y del Oxcart fueron responsables de más de la mitad de todos los avistamientos de ovnis de finales de los años 50 y los años 60.”

Imagen de satélite del Área 51, en Nevada, tomada en 2003.En el informe de Pedlow y Welzenbach, de más de 400 páginas, no hay más referencias a ovnis y ninguna a platillos volantes estrellados ni cuerpos de alienígenas cabezones. Ya en 1997, un estudio titulado CIA’s role in the study of ufos, 1947-90 (El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990), obra del historiador Gerald K. Haines, apuntó que en los años 50 y 60 “cerca de la mitad” de los avistamientos de ovnis en EE UU correspondieron a vuelos de aviones espía. El nuevo informe confirma eso y, en líneas generales lo que los escépticos llevamos diciendo décadas: que los militares estadounidenses, y de otros países, han utilizado la creencia en los ovnis como tapadera de pruebas de armas secretas, en este caso, aviones espía. La CIA prefería que el público creyera en visitantes extraterrestres a destapar la existencia de sus más sofisticadas herramientas y, durante décadas, muchos ufólogos han colaborado, sin saberlo, en ese encubrimiento al intentar convencer a la gente de que en el Área 51 se guardan restos de naves y seres de otros mundos.

El proyecto 1794 y el arresto de un equipo de la BBC en el Área 51, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del proyecto 1794 y del arresto de un equipo de la BBC en el Área 51 por hacer el imbécil, en la tercera entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Un equipo de una serie de la BBC, arrestado a punta de pistola en el Área 51 por hacer el imbécil

Si entras en una base militar sin permiso, sabes a lo que te expones. Como poco, si estás en un país civilizado y ha sido una travesura, a pasar un mal rato. Es lo que ocurrió hace unos meses cuando un equipo de la BBC, ignorando todos los carteles de aviso, se metió a hurtadillas en el Área 51 durante la grabación de la serie Conspiracy road trip (Viaje por la carretera de la conspiración). El incidente, que acabó con los instrusos arrestados a punta de pistola y tumbados de cara al suelo durante tres horas, ocurrió el 14 de mayo, pero se hizo público el jueves y no casualmente: la BBC 3 estrena el documental el lunes.

Conspiracy Road Trip es una serie de tres episodios conducida por el comediante irlandés Andrew Maxwell. En cada entrega,  hace un viaje por carretera con individuos con creencias estrafalarias a los que, según la cadena, intenta sacar de su error. Así, el primer episodio estuvo protagonizado por cuatro sujetos para quienes los atentados de Londres del 7 julio de 2005 fueron un montaje del Gobierno británico para justificar su apoyo a la guerra de Irak; el segundo tuvo como invitados a cinco creacionistas; y el tercero, a cinco apasionados por los ovnis que aseguran haber vivido encuentros con extraterrestres.

El caso de Roswell

Fue durante la grabación de este último episodio cuando los doce miembros del equipo entraron en el Área 51 a las bravas. La base secreta del lago Groom, en Nevada, ha sido el lugar en el que Estados Unidos ha desarrollado sus aeronaves más avanzadas durante el último medio siglo. De ahí, los esfuerzos de Washington por mantener en secreto la propia existencia de las instalaciones, que no reconoció hasta después de que la publicación, en abril de 2000 en Internet, de imágenes de la base tomadas por satélite. Pero, para los ufólogos más disparatados, es algo más: se trata del lugar en el que se guardarían los restos del platillo volante estrellado en Roswell y de sus tripulantes, y donde se estudiarían con fines militares.

Es lo que sostiene el ufólogo británico Darren Perks, uno de los acompañantes de Maxwell en el episodio dedicado a los ovnis de Conspiracy Road Trip y quien ha contado a The Daily Mail lo sucedido en Nevada. “Fuimos al Área 51, primero, porque está relacionada con el fenómeno ovni y, segundo, para hacer una observación nocturna del cielo por si podíamos ver algo raro”. Se trasladaron en autobús hasta la entrada del norte de la base, conocida como Rachel Back Gate, y, después de grabar durante media hora por el exterior, acordaron entrar en el complejo.

“Decidimos cruzar de las barreras y meternos en la zona restringida más allá de las casetas de vigilancia y, básicamente, en el Área 51. No pasó nada…”, ha explicado el ufólogo. Ya dentro de terreno prohibido, grabaron otra media hora durante la cual incluso hicieron “un baile estúpido” sin que nadie les saliera al paso. Uno de ellos se asomó a la ventana de una caseta, y vio a los guardas comiendo y siguiendo un partido de baloncesto por la tele. Poco después, otro llamó a la puerta y, entonces, se desató el infierno. Los militares salieron con sus armas, les requisaron el equipo de grabación, los móviles y sus identificciones, y les obligaron a tumbarse boca abajo. Estuvieron así tres horas, hasta que llegó el sheriff del condado de Lincoln. Al final, les multaron a cada uno con 600 dólares y les ordenaron no revelar nada de lo que habían visto en el Área 51. “No vimos nada, excepto un poco de asfalto”, ha ironizado Perks en The Sun.

No descarten que el ufólogo británico fantasee a partir de ahora sobre esas tres horas que estuvo tirado en el suelo por bobo y, en un futuro, escriba un libro con asombrosas revelaciones. Cosas más raras se han visto en el mundillo de los ovnis.

AMC encarga una serie sobre el Área 51 a la productora de ‘The walking dead’

Portada del libro 'Area 51', de Annie Jacobsen.AMC ha encargado una serie sobre el Área 51 a Gale Anne Hurd, productora de The walking dead, y a Todd Kessler, guionista de Los Soprano y Daños y perjuicios. La trama se basará en el libro Area 51. An uncensored history of America’s top secret military base (Área 51. Una historia sin censurar de la base militar más secreta de Estados Unidos), de Annie Jacobsen, periodista de Los Angeles Times. “Esto significa menos extraterrestres y más CIA”, adelantó el jueves Linda Stasi en el New York Post. Aunque no implica que la serie vaya a ser realista, por mucho que Joel Stillerman, jefe de programación de AMC, haya asegurado que estará pegada al suelo.

“Gale nos trajo el libro y nos encantó el modo en que presenta una historia oral del lugar”, ha indicado Stillerman. Su autora ha tenido acceso en los últimos años a antiguos trabajadores del Área 51, un lugar que considera “el santo grial para los teóricos de la conspiración, con ufólogos que postulan que el Pentágono ha practicado la ingeniería inversa a partir de restos de platillos volantes y que tiene extraterrestres mantiene almacenados en congeladores”. Jacobsen no cree en marcianos ni en naves alienígenas accidentadas en el desierto, sino en proyectos militares ultrasecretos. Sin embargo, desbarra cuando se trata del caso de Roswell.

Si Gale y Kessler eluden a los extraterrestres, es muy posible que no hagan lo mismo con los rojos y los nazis. La acción de Área 51 se situaría en los años 50 y 60 del siglo pasado, y Jacobsen ofrece en su libro el pretexto ideal. Asegura que, según una de sus fuentes, lo que se estrelló en Roswell fue una aeronave soviética tripulada por “aviadores de tamaño infantil”. “Eran conejillos de indias humanos. Demasiado pequeños para ser pilotos, parecían niños. Medían menos de metro y medio. Físicamente, los cuerpos de los aviadores parecían rompecabezas anatómicos. Estaban grotescamente deformados, pero todos siguiendo el mismo patrón. Tenían la cabeza extraordinariamente grande y ojos anormalmente grandes”, escribe.

Jacobsen sostiene que eran el fruto de experimentos con humanos hechos por Josef Mengele para Stalin, que quería aterrorizar a los estadounidenses con el desembarco de unos marcianos de pega, y que, si EE UU guardó silencio, fue porque estaba haciendo las mismas salvajadas con “niños discapacitados y prisioneros”. La periodista no ofrece ni una prueba -más allá de un testimonio anónimo- de que su teoría del caso de Roswell merezca mayor crédito que la de cualquier ufólogo. Que en Nuevo México se estrellaran extraterrestres en julio de 1947 es tan creíble como que lo hiciera un aeronave experimental soviética tripulada por niños modificados genéticamente para hacerse ñpasar por extraterrestres. O como que un comando soviético se mueva a sus anchas por EE UU en 1957 y entre sin mayores problemas en las ultrasecretas intalaciones del lago seco de Groom que conocemos como el Área 51, como pasa en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

De verdad, no hace falta que la AMC venda su futuro proyecto de ficción y conspiraciones como basado en hechos reales; basta con que sea divertido. Y eso que creo que la historia real, sin marcianos ni experimentos genéticos soviéticos, del Área 51 y de los EE UU de aquella época podía dar para una magnífica serie de televisión.

Las ruinas mayas de EE UU, la bola que cayó del cielo en Namibia y un ‘burdel alienígena’, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 10 de enero en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de las ruinas mayas de Estados Unidos, la bola metálica que cayó del cielo en Namibia, la sábana santa en la Universidad de Valencia y el burdel alienígena del Área 51, en la decimoquinta entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.