Antenas de telefonía

Los móviles alargan la vida de las ratas, según un estudio

Una rata de la cepa Sprague-Dawley. Foto: Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier.Los teléfonos móviles alargan la vida de las ratas que se exponen a sus radiaciones nueve horas diarias desde que son embriones con respecto a las que no sufren esa exposición, según los resultados preliminares de un estudio colgado en la web bioRXIv. Las conclusiones del trabajo, enmarcado en el Programa Nacional de Toxicología -dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos-, también tienen otra posible lectura, que los móviles causan cáncer, como han apuntado en sus titulares medios como The New York Times, La Vanguardia y otros. Esos titulares alarmistas tienen tanto fundamento como el que encabeza estas líneas; espero que perdonen la broma.

Los autores de la investigación, financiada con 25 millones de dólares por el Gobierno estadounidense, expusieron a ondas de telefonía a 2.000 ratas durante dos años a razón de nueve horas diarias desde que estaban en el útero materno. Al final, entre el 2% y el 3% de las ratas macho desarrollaron gliomas malignos -un tumor cerebral- y del 5% al 7% de las que se sometieron a niveles más altos de radiación sufrieron schwannomas en el corazón, un tipo de tumor que afecta a los nervios. Ni los individuos del grupo de control ni las hembras expuestas a radiación desarrollaron patologías, algo esto último para que los autores no tienen explicación.

Puntos flacos

Lo que ciertas informaciones periodísticas han pasado por alto por alto es que los animales del experimento eran ratas de la cepa Sprague-Dawley, que, indica Beth Mole en Ars Technica, “tienen de promedio una probabilidad de un 1% a un 2% de desarrollar cualquiera de esos dos tipos de cáncer”, aunque en algunos estudios ese porcentaje se ha elevado en el grupo de control hasta más del 6%. Extrañamente, en el trabajo en cuestion ningún individuo del grupo de control desarrollo ningún cáncer. Sospechoso, ¿no?

Además, las ratas expuestas a las ondas de telefonía vivieron más que las del grupo de control. Lo que es otra rareza y otro punto flaco del estudio. “Es potencialmente un gran problema, ya que los tipos de cáncer que se encontraron en las ratas expuestas tienden a desarrollarse más tarde en la vida de las ratas. Por lo tanto, si las ratas control hubieran vivido sólo un poco más tal vez se habrían desarrollado uno de los tipos de cáncer. Y sólo una rata de control con cáncer haría que la relación (de la exposición a las ondas) con el cáncer en las ratas macho no fuera estadísticamente significativa”, advierte Mole.

“No puedo aceptar las conclusiones de los autores”, dice Michael S. Lauer, director adjunto de investigaciones en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), y uno de los revisores del estudio, basándose en esos puntos flacos. Cree que el estudio no es lo suficientemente consistente y que “los pocos positivos podría deberse a falsos positivos”, lo mismo que sostiene, en declaraciones a Ars Technica, Christopher Schmid, bioestadístico y fundador del Centro para la Medicina Basada en la Evidencia en la Salud Pública de la Universidad Brown.

Así que pueden estar tranquilos: sigue sin haber pruebas de que las ondas de telefonía móvil provoquen algún tipo de cáncer en ratas. Como tampoco las hay de que las ratas vivan más si se las expone a esas emisiones. Recuerden que, después de miles de estudios, no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen ninguna dolencia. Ése es el consenso científico, que se basa no en acuerdos subjetivos, como el político, sino en la evidencia teórica y experimental acumulada. Tengan presente siempre que hay estudios científicos y estudios científicos, y hasta las revistas más serias cometen errores. Y que un estudio poco sólido puede llevar a conclusiones disparatadas.

La alergia a la wifi, en Radio Vitoria

Alejandra Eguiluz y yo hablamos el lunes de la alergia a la wifi, en la novena entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

El suicidio de Jenny Fry, una niña ‘alérgica a la wifi’, y el sensacionalismo periodístico

Así han titulado la noticia sobr el suicidio de Jenny Fry 'The Daily Mail' y Telecinco.Un suicidio es siempre un hecho terrible y más si lo protagoniza un menor. Pero algunos medios parecen no tener bastante con eso y no dudan en ocasiones en echar más leña al fuego sensacionalista. Es lo que ha hecho The Daily Mail en el caso de Jenny Fry, un niña de 15 años que se ahorcó en un bosque cercano a su casa de Oxfordshire (Reino Unido) en junio después de “desarrollar una reacción alérgica a la wifi de su escuela”, según el diario. Telecinco ha titulado en su web: “Una joven de 15 años se suicida por su alergia a las ondas del wifi de su instituto”. ¿Fuentes? El tabloide británico, que a su vez tenía como única fuente a los padres de la escolar.

Una de las lacras del periodismo actual es que muchas veces toma las declaraciones de afectados o expertos en cualquier cosa como si fueran palabra de Dios. Se coge a alguien que sostiene algo impactante, se le hace una entrevista y se presenta como una realidad científicamente demostrada. Puede decir que cura con las manos, que saca demonios de la gente, que detecta agua con la mente, que modifica tu personalidad modificando tu caligrafía, que vio extraterrestres en Roswell… Da igual, siempre hay un medio dispuesto a darle cancha en la lucha por la audiencia. Larry King entrevistó, 21 de enero de 1993 en su programa de la CNN, a David Reynard, un viudo convencido de que la radiación de un móvil había sido la causante del tumor cerebral que había matado a su esposa, y se desató la histeria antiondas que todavía hoy sufrimos. Más recientemente, el 21 de mayo de 2007 la BBC emitió Wi-Fi: a warning signal (Wifi: una señal de alarma), un documental sensacionalista que vinculaba las emisiones de las redes inalámbricas con una presunta dolencia denominada hipersensibilidad electromagnética. Fue este documental de la prestigiosa televisión pública británica el que dio el impulso definitivo a la ideas de que la wifi puede resultar peligrosa y de que hay personas sensibles a las ondas de radiofrecuencia. Días después, la BBC reconoció que “no hay pruebas sobre los efectos de la exposición a largo plazo a las conexiones wifi”, pero el mal ya estaba hecho.

Enfermedad inexistente

La información del caso de Jenny Fry proporcionada por The Daily Mail y otros medios es, además de sensacionalista, irresponsable. Una muestra del periodismo que ha hecho que la sociedad desconfíe cada vez más de los medios. Dicen que, según su madre, la chica padecía de hipersensibilidad electromagnética y que por eso se quitó la vida. Pero es que la hipersensibilidad electromagnética no existe. Ya en 2005 la Organización Mundial de la Salud advertía de que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…) con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

Nada ha cambiado desde entonces, aunque haya quienes se lucren diagnósticando la supuesta enfermedad y vendiendo a los llamados electrosensibles remedios milagrosos. Piénselo: tambén hay quien se cree poseído por el Diablo y quien practica exorcismos, pero eso no prueba ni que exista el Demonio ni que posea a personas. The Daily Mail incluye en su información una breve nota advirtiendo de que la hipersensibilidad electromagnética no está reconocida como  enfermedad y que la OMS dice que no existe, pero añade: “Sin embargo, varios renombrados médicos han hecho campaña para que eso cambiar. En Suecia, la electrohipersensibilidad se considera una discapacidad”. ¿Dónde están las pruebas científicas que apoyen tales pretensiones? Se lo digo yo: no existen.

Los enfermos -como la pobre Jenny Fry- sí existen. Son personas que creen que las ondas de radiofrecuencia afectan a su organismo, que sufren de verdad, personas que necesitan de tratamiento psicológico o psiquiátrico y que, por desgracia, frecuentemente suelen acabar en las garras de desaprensivos que se lucran convenciéndoles de que la hipersensiblidad electromagnética es una patología tan real como el sida. El último culpable de la muerte de Jenny Fry es quien la convenció de que sufría alergia a las ondas. Los medios que alimentan esa idea publicando la noticia acríticamente están haciendo periodismo basura y arriesgándose a provocar más casos similares, a que otras personas con problemas mentales no vayan al psiquiatra o al psicólogo, y sean víctimas de los charlatanes sin escrúpulos que dianostican enfermedades que no existen, como la alergia a las ondas.

EH Bildu frena la wifi en Plentzia para “proteger” a la población, ¿cerrará bares, asadores y cafeterías?

Los hijos del personaje interpretado por Mel Gibson se protegen de los alienígenas con cascos de papel de aluminio, en 'Señales', la película de M. Night Shyamalan.El Ayuntamiento de Plentzia ha rechazado una subvención de 3.000 euros de la Diputación de Vizcaya para instalar redes wifi en las proximidades de la Casa Consistorial, en la playa y en el puerto porque la ciudadanía “no ha elegido someterse a la exposición de campos electromagnéticos, que, según declaraciones de organismos internacionales, pueden presentar un riesgo para la salud”. Cuenta Virginia Urieta en El Correo que la ayuda había sido pedida por el anterior equipo de gobierno, pero el actual, de EH Bildu, ha renunciado a ella basándose en pronunciamientos de la Organización Mundial de la Salud y el Parlamento Europeo a favor de “proteger” a niños, enfermos y personas mayores de los efectos de los campos electromagnéticos artificiales.

Me encanta la referencia a los campos electromagnéticos artificiales y espero que, por coherencia, EH Bildu corte inmediatamente la electricidad en el municipio, prohíba el uso de teléfonos móviles y apantalle la localidad para impedir el paso de ondas de radio y televisión. Se van a tener que gastar mucho dinero, pero así estarán velando por la salud de los vecinos desde su punto de vista, aunque a cambio harán un ridículo mundial. Ardo en deseos de ver la reacción de los vecinos cuando, para su bien -según el Ayuntamiento- nadie pueda ver un partido del Athletic por la tele.

Tanta preocupación por la salud de los ciudadanos sería de admirar si tuviera alguna base científica, pero es que no la tiene. Ignorancia o populismo -o una combinación de ambas- están en el origen de la decisión del Ayuntamiento de Plentzia, como lo estuvieron en la del de Vitoria cuando acordó, a finales de septiembre, señalizar y delimitar la wifi en los edificios municipales porque “representa una amenaza o un daño para la salud humana”. Repito lo que dije entonces: miles de estudios y experimentos no han encontrado ninguna prueba de efectos perniciosos para la salud en las ondas de radiofrecuencia, no se conoce ningún mecanismo por el que pudieran resultar peligrosas, y los epidemiólogos no han detectado ningún aumento en los males que se achacan a este tipo de emisiones, a pesar del espectacular incremento registrado en el uso de móviles y redes inalámbricas en los últimos años.

Lo que dice la ciencia

Asegura el Ayuntamiento de Plentzia que basa su postura en lo acordado por el Parlamento Europeo y la OMS. Lo siento, pero el Parlamento Europeo no es una institución científica, sino política, como la corporaciones vitoriana y la plentziarra. Si sus integrantes acuerdan algo, no significa nada desde un punto de vista científico. Mañana podrían decidir que el hombre convivió con los dinosaurios o que Adán era vasco, pero eso no cambiaría la historia no haría a unos homínidos contemporáneos de los lagartos terribles y tampoco demostraría que Adán existió. Lo de la OMS es, ciertamente, harina de otro costa.

La OMS reconocía en 2005, en una nota informativa sobre emisiones de radiofrecuencia y salud, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

No creo que el alcalde de Plentzia, David Crestelo, se refiera a ese pronunciamiento de la OMS de hace diez años ni a otros posteriores en la misma línea, sino al de mayo de 2011 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, que incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos”. ¿Preocupante? Para nada. El grupo 2B de carcinogenicidad de la clasificación de la IARC, en el que están las ondas de radiofrecuencia (móviles, wifi…), es el tercero en peligrosidad, por debajo del 1 y del 2A. El grupo 2B incluye agentes o mezclas “posiblemente carcinógenos para el ser humano”, sustancias sobre las que “existen pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos y pruebas insuficientes de carcinogenicidad en experimentación animal”. El café está en este grupo, por ejemplo.

Chuletón. Foto: Javier Lastras.El grupo 2A de la IARC -que conlleva mayor riesgo- comprende los agentes “probablemente carcinógenos”. Se trata de aquéllos sobre los que “existen pruebas limitadas de la carcinogenicidad en humanos y pruebas suficientes de la carcinogenicidad en experimentación animal”. Incluye los gases de los motores de combustión, las lámparas bronceadoras y, desde hace unas semanas, la carne roja. Y el grupo 1 se refiere a sustancias que son carcinógenos demostrados, es decir, sobre las que existen “pruebas suficientes de carcinogenicidad en humano”. Ahí están el tabaco, tomar el sol, las bebidas alcohólicas y, desde finales de octubre, las carnes procesadas (embutidos, salchichas, jamones…).

Si David Crestelo y su equipo quieren proteger de verdad a sus vecinos, deben empezar por prohibir la venta y el consumo de alcohol y tabaco, cerrar la playa a quienes quieran tomar baños de sol, clausurar los asadores… Ridículo, ¿verdad? Pues todas esas actividades o sustancias relacionadas son, según la OMS y la ciencia, peores para la salud que las ondas de wifi, cuya peligrosidad nadie ha demostrado hasta el momento. Si hace algo de lo anteriormente indicado, es muy posible que EH Bildu se descalabre en Plentzia en las próximas elecciones, pero por lo menos habrán sido coherentes.

Hay cosas que todo político debería saber respecto a este tema, sobre todo para no hacer el ridículo.