Anne Germain

¿Dónde están los 99.000 millones de espíritus?

Dicen, quienes calculan estas cosas, que han caminado sobre la Tierra más de 100.000 millones de individuos de nuestra especie desde que Homo sapiens apareció en África hace unos 200.000 años. Carl Haub, investigador de la Oficina de Referencia de la Población (PRB) -entidad privada dedicada a los estudios demográficos-, da como buena la cifra de 106.000 millones, lo que implica que la inmensa mayoría de los humanos ya no existen.

Foto de Henri Robin y un espectro tomada por Eugène Thiébault en 1863.Hay quien cree que esos muertos están en otro mundo, en el Más Allá, y quien afirma, como Anne Germain y John Edward, que es capaz de hablar con ellos. Los médiums son individuos sin escrúpulos, estafadores que se aprovechan del dolor ajeno para vender a quien sufre falsos mensajes de sus difuntos. Utilizan trucos, como la lectura fría, para contarle a cada uno lo que quiere oír, lo que le gustaría que le dijera un ser querido de haber una vida después de la vida. Sólo entran en contacto con muertos que dicen obviedades. “Mamá, te quiere mucho”, “Tu hijo te echa en falta y te perdona”, dice el médium de turno al pobre ingenuo que se sienta ante él en la consulta o en el plató de televisión, y acaba llorando a moco tendido.

En el superpoblado y rebosante de obviedades Más Allá, reina un silencio mortal cuando se trata de cosas realmente importantes. ¿Se imaginan lo que serían 99.000 millones de mentes comunicándose con el Más Acá? ¿El caos, cuando no la locura, que se apoderaría del médium? ¿Los enigmas que podrían resolverse gracias a la incontinencia verbal, por ejemplo, de las víctimas de Jack el Destripador, de quienes leyeron las obras perdidas en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, de Lee Harvey Oswald…? ¿Saben por qué todavía persisten multitud de enigmas a pesar de que la comunicación con los muertos se remonta a hace siglo y medio? Porque el espiritismo es un fraude inventado por dos niñas.

Millones de cristianos celebrarán mañana el Día de Difuntos y se acordarán de sus familiares muertos. Yo no lo hago a fecha fija y, cuando recuerdo a mis seres queridos desaparecidos, intento revivir los momentos felices que compartimos y, si se da el caso, brindar en su memoria. Es mucho más sano que que le saque a uno el dinero un timador. De todos modos, tengo la mente abierta y estoy dispuesto a convertirme al espiritismo si la médium de Telecinco o cualquiera de sus muchos colegas me cuenta algo que sólo sabíamos uno de mis seres queridos ya muertos y yo. No soy vidente, pero creo que eso no va a pasar.

Santiago Segura reivindica a Houdini tras participar en una fraudulenta sesión de espiritismo de Anne Germain

Santiago Segura es un cachondo y, por eso, no dudó en asistir hace unos días al show de la médium inglesa de Telecinco. Lo hizo previo pago, según El Confidencial Digital, como todos los famosos que acuden a Más Allá de la Vida, programa en el que Anne Germain recurre a burdos trucos para simular ponerse en contacto con los muertos. Seguramente, lo que no se esperaban en la cadena amiga es que un invitado les saliese rana. Hay dos tipos de individuos que se derriten ante la médium inglesa: los ingenuos, carentes del mínimo sentido crítico, y los vendidos, dispuestos a decir que sus poderes son prodigiosos cheque mediante. Pero Segura ha roto los moldes y, a pesar de haber cobrado, ha dicho lo que piensa, que Anne Germain se limita a soltar generalidades.

“¿Qué hay de cierto en lo que cuentan de que la médium de Telecinco no acertó nada, dijo generalidades y te decepcionó?”, pregunté al actor en Twitter hace once días nada más enterarme de la historia. “Me identifico con Harry Houdini. Quiero creer, pero no me creo nada”, respondió. Y añadió: “Y es que, Luis Alfonso, somos muchos los escépticos, pero dispuestos a ser sorprendidos, convencidos o sacados de nuestro error; pero en ningún momento a ser manipulados, sugestionados o tomados por tontos. La puerta está abierta”. ¿Cabe respuesta más escéptica? Personalmente, estoy dispuesto a que Anne Germain intente ponerse en comunicación con alguno de mis parientes fallecidos y rectificaré en todo cuanto pienso de ella y de sus colegas si ofrece pruebas concluyentes de que hace lo que dice que hace. Si, ya sé, juego con ventaja, pero, si no me ofreciera a algo así, algunos dirían que tengo la mente cerrada. La tengo abierta: si la médium de Telecinco me cuenta algo que sólo sabíamos uno de mis seres queridos ya desaparecidos y yo, me convierto al espiritismo. Sólo pido una prueba concluyente. ¿Es demasiado?

En su extraordinario libro La ciencia y sus demonios, Carl Sagan recuerda con dolor la muerte de sus padres. “Todavía los echo terriblemente de menos. Sé que siempre será así. Anhelo creer que su esencia, sus personalidades, lo que tanto amé de ellos, existe -real y verdaderamente- en alguna otra parte. No pediría mucho, sólo cinco o diez minutos al año, por ejemplo, para hablarles de sus nietos, para ponerlos al día de las últimas novedades, para recordarles que los quiero”. A él -como a Segura, como a mí, como a todos los que tenemos una edad y ya hemos perdido seres queridos-, nos encantaría creer, pero… Como Sagan, “no me río de la mujer que visita la tumba de su marido y habla con él de vez en cuando, quizá en el aniversario de su muerte. No es difícil de entender. Y, si tengo dificultades con el estado ontológico de la persona con quien habla, no importa. No se trata de eso. Se trata de que los humanos se comportan como humanos”. Pero, también como Sagan, sé que el espiritismo es un timo desde sus orígenes, que los médiums de la tele recurren a trucos y sólo cuentan a sus clientes generalidades o cosas de su vida que han averiguado por medios nada sobrenaturales. Por eso, estoy del lado de las víctimas de unos personajes despreciables que sacan tajada de algo tan humano como el dolor por la pérdida de los seres queridos.

Me quedé con las ganas de seguir hablando el otro día con el padre de Torrente sobre su experiencia en Más Allá de la Vida, pero el actor ha declinado después responder a más preguntas mías. Lo que sé es que ni su referencia a Harry Houdini es gratuita ni su escepticismo, una pose. Por si lo dudan, aquí les dejo una selección de intervenciones del actor en un debate sobre la existencia de los extraterrestres emitido por ETB en abril de 1994 en el que compartimos bando. Segura pide pruebas, que es lo que tenemos que hacer siempre los escépticos, y tiene una frase que me encanta dirigida a un contactado: “Yo te respeto, pero no te creo”. En aquel programa, tuvimos enfrente a Urtzi Ihitza, quien sostiene que viene de Marte y defiende que los vascos “vinimos de Orión y nos convertimos en pastores”, “estuvimos de paso por la Atlántida” y el euskera es una de las 72 lenguas surgidas de la confusión tras la caída de la Torre de Babel.

‘Más Allá de la Vida’: los trucos de los médiums de la tele para simular que se comunican con los muertos

Un médium es un timador que saca dinero a ingenuos haciéndoles creer que es capaz de comunicarse con sus parientes muertos. Existen desde que en 1848 Kate y Maggie Fox -de 11 y 14 años, respectivamente- inventaron la versión moderna del espiritismo en Hydesville, un pueblo del Estado de Nueva York. Las niñas estaban bromeando -era la noche del April Fools Day-, su madre se tragó la broma y una hermana mayor la convirtió en negocio. Poco después, abrieron consulta y recaudaban en cada sesión de espiritismo entre 100 y 180 dólares, el equivalente a entre 2.370 y 4.266 dólares actuales cada noche. Maggie confesó el fraude en 1888; pero nada podía ya parar la bola espiritista, con miles de timadores haciendo negocio -a mediados de la década de 1850, había más de 40.000 médiums sólo en Estados Unidos- y una masa creciente de devotos que llegaba en el país a los 8 millones a finales del siglo XIX. Con el programa Más Allá de la Vida, Telecinco recogerá mañana el testigo de la mayor de las hermanas Fox.

Más Allá de la Vida explota una fórmula vieja en Estados Unidos, la del médium que contacta con los espíritus bajo los focos de la televisión. La protagonista es una dotada británica, Anne Germain, de la escuela de John Edward y James Van Praagh, de quienes ya he hablado aquí con anterioridad. Estos sujetos escenifican sesiones de espiritismo ante auditorios compuestos por decenas de creyentes, personas impresionables que van a un plató porque esperan contactar con algún pariente muerto. El médium se pasea por el escenario y se dirige de vez en cuando a un miembro del público que, invariablemente, acaba creyendo en los poderes del timador y, muchas veces, llorando de emoción. Los trucos son tan burdos, el fraude es tan evidente, que hasta han sido revelados recientemente en una serie de ficción, Leverage, durante un episodio, The future job (El trabajo del futuro), que se centra en el desenmascaramiento de un médium. (No digo falso médium porque no hay ninguno auténtico: sólo hay timadores -en esta categoría entran los más famosos- o personas con problemas psiquiátricos que creen que pueden hablar con los muertos y hasta verlos.) En un momento del episodio, uno de los protagonistas está hundido porque un médium ha adivinado una tragedia que vivió en la infancia -el atropello mortal de un hermano pequeño cuando andaba en bicicleta- y cree, erróneamente, que eso demuestra que no es un charlatán. Sus compañeros le explican que no, que es muy fácil hacer creer a alguien en lo increíble si no está en guardia.

Así engañan a la gente

El médium televisivo parte de la ventaja de que el público que va a sus programas es creyente: todos están allí porque quieren comunicarse con un ser querido fallecido. El presunto dotado, la Anne Germain de turno, dispone de varios trucos para convencer a sus víctimas de que realmente hace lo que dice que hace. El primero es recopilar previamente información de sus interlocutores para devolvérsela como si se la contaran desde el Más Allá. Es algo relativamente fácil en el caso de los famosos, que en la primera entrega de Más Allá de la Vida son el humorista Jorge Cadaval, el escritor Antonio Gala y Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco elevada a los altares catódicos en la desmemoriada España del siglo XXI. En el caso de los ciudadanos de a pie, el médium televisivo recurre a espías entre el público que antes de la grabación del programa recogen información de los asistentes -escuchando sus conversaciones o pidiéndosela directamente- y luego se la transmiten por un auricular.

Esos sistemas de obtención de información se completan con la facilitada directamente por la víctima al charlatán, que éste le devuelve como si se la hubieran transmitido los espíritus. A través de preguntas y comentarios, guiándose por las respuestas conscientes e inconscientes del sujeto, el médium presenta como una revelación desde el Más Allá aquello que, en realidad, sus clientes han contado sin ser totalmente conscientes de ello. Como pueden comprobar en el vídeo de arriba, Edward pregunta y repregunta, dice una cosa y la contraria, no sabe si está hablando con el padre o la tía segunda del interlocutor hasta que éste no se lo confirma… Y, por supuesto, dice obviedades, lo que todo el mundo que va a su consulta o programa quiere oír: que sus difuntos velan por él, que están a su alrededor permanentemente, que saben que les recuerda y les quiere, que quieren sea feliz… Cuando pongo éste y otros vídeos de médiums en mis charlas, siempre hay alguien entre el público -sean escolares o jubilados- que descubre al resto alguno de los trucos del presunto dotados.

Anne Germain aprovecha la parte más vulnerable del ser humano, la que desea que nuestros seres queridos que han muerto sigan existiendo de algún modo, para engañar a sus víctimas y sacarles el dinero. Ahora, en España, con la complicidad de Telecinco. La cadena amiga programó en la madrugada del domingo, en La Noria, una caricatura de debate sobre el asunto como promoción de Más Allá de la Vida. Fue un esperpento porque, entre los participantes, sólo había un escéptico, a pesar de que se vendía desde el punto de vista escenográfico que había tres. No voy a hablar de los participantes que creen en el Más Allá y hasta en el Ratoncito Pérez -uno de ellos debería estar bajo tratamiento psiquiátrico-; pero sí de los que supuestamente defendía el pensamiento crítico. Al lado de la razón, estaban: Fernando L. Frías, Rosa Llopis y José Miguel Gaona, psiquiatra. Ni Llopis ni Gaona demostraron estar a la altura de las circunstancias, lo que era de esperar en ambos. Ella, porque es de profesión polemista -sea eso lo que sea- y, al margen de alguna obviedad, no aportó nada al debate; él porque, aunque es psiquiatra, es colaborador de Iker Jiménez en sus espacios de radio y televisión. De hecho, Gaona es el individuo que se fue a grabar psicofonías a Dachau para la factoría Jiménez-Porter y que vendió en abril en Cuarto Milenio que había captado un lamento en la cámara de gas del campo de exterminio, mientras que ayer dijo en La Noria que su experimento no obtuvo ningún resultado.

En la guerra por las audiencias, no entiendo que ninguna cadena de televisión haya preparado un programa de denuncia sobre el timo de los médiums para sacar los colores a la competencia. Aunque, claro, me imagino que, con la cobertura cañí de la visita de Michelle Obama y el seguimiento rosa al portero de la selección de fútbol y su novia, los equipos de investigación de los canales de televisión españoles no habrán tenido tiempo para tonterías.