Analfabetismo científico

La primera década del tercer milenio no acaba el 31 de diciembre

Las más importantes agencias de noticias -AFP, AP y Reuters- están mandando a sus clientes las fotos de la década como si el 31 de diciembre acabara la primera del tercer milenio. Me avisó de ello un compañero hace semanas; pero no creía que ningún medio serio -sí, ya sé, soy un ingenuo- estuviera dirigido por gente que no supiera ni contar hasta diez. Sin embargo, así es. A través de Chiquiworld -el blog de Chiqui de la Fuente-, me he enterado de que The Big Picture está publicando las fotos de la década, en lo que no es sino un patinazo del magnífico fotoblog de The Boston Globe. Porque la primera década del siglo XXI no terminará hasta que acabe 2010; el primer siglo de este milenio, hasta que termine 2100, y el milenio, hasta que finalice 3000.

Y es que el año 0 no existe: al 1 antes de Cristo (aC), le sigue el 1 después de Cristo. La culpa es de Dionisio El Exiguo, un monje y matemático que en el siglo VI fijó el año del nacimiento de Jesús en 753 después de la fundación de Roma y llamó a ese año el 1 Anno Domini (Año del Señor), sin dejar un año 0 entre él y el -1 Anno Domini. (En realidad, Jesús nació varios años antes, pero eso no tiene ninguna trascendencia para el asunto que nos ocupa.) Al no haber año 0, la primera década de la Era Cristiana fue la de 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10; la segunda comenzó en 11; la tercera, en 21; el segundo siglo, en 101; el segundo milenio, en 1001… ¿Consecuencia? El siglo XXI, y por tanto el tercer milenio, comenzó el 1 de enero de 2001 y desde entonces -basta saber contar con los dedos- sólo han pasado nueve años. ¿Conclusión? Todo aquél que sostenga que la década termina el próximo 31 de diciembre, mande o publique fotos de la década o reportajes con las noticias de la década, es que no sabe siquiera contar hasta diez.

Más de la mitad de los canarios y casi la mitad de los asturianos creen que el Sol gira alrededor de la Tierra

Más de un tercio de los españoles (34,2%) viven en un universo precopernicano en el que el Sol gira alrededor de la Tierra, según la Encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España 2006, encargada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) y hecha a partir de más de 7.000 entrevistas. El dato, incluido en el informe oficial, lo recordó ayer Flora de Pablo, profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid, en el I Seminario de Comunicación Científica organizado por la Fundación Biofísica Bizkaia en Bilbao. La publicación de la encuesta no va más allá, pero en Magonia sí podemos hacerlo porque tenemos más información que la que la Fecyt ha hecho pública. Si que el 34% de nuestros paisanos tenga una visión geocéntrica del Cosmos le parece a usted inquietante, más le parecerá lo que ocurre en Canarias, donde los precopernicanos son el 59,4% de la población, y en Asturias, donde llegan al 48,9%. En el otro extremo, sólo un 17,5% de los murcianos tiene una visión errónea de nuestro lugar en el Cosmos.

¿A qué viene contarles esto hoy? A que estos días se está celebrando en España la Semana de la Ciencia. A muchos nos preocupa -quiero creer que con razón- que la gente ignore los principios básicos de la Teoría de la Evolución y lo revolucionario que sería encontrar en Marte vida microbiana, por ejemplo. Pero la situación es mucho más grave. Gran parte de nuestros paisanos desconoce algo tan básico como que la Tierra gira alrededor del Sol. ¿Cómo van a poder decidir entonces con conocimiento de causa sobre asuntos más complejos, como la experimentación con embriones y el cultivo de transgénicos? La realidad es que uno de cada cinco universitarios españoles cree que el Sol gira alrededor de la Tierra, que toda la radiactividad es producida por el hombre y que los primeros humanos convivieron con los dinosaurios; y casi uno de cada dos (41,4%), que los antibióticos curan enfermedades causadas por virus. Las comunidades autónomas más antievolucionistas son Extremadura (20,9% de rechazo), País Valenciano (18,9%), Castilla León (17,7%) y Cataluña (17,3%). Me gustaría pensar que en un futuro próximo la situación mejorará, pero lo dudo en un país donde casi un tercio del alumnado no acaba la Educación Secundaria Obligatoria. Les dejo los datos por si quieren reflexionar sobre ellos:

Datos de la 'Encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España 2006'.

Datos de la 'Encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España 2006'.

Sirenas, ‘visión remota’ y energía nuclear, en Punto Radio Bilbao

Javier San Martín y yo hablamos el 24 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre el día que la prensa español descubrió sirenas en el Tormes, la visión remota puesta a prueba en Twitter y los españoles y la energía nuclear, en la trigésima tercera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Un tercio de los españoles cree que toda la radiactividad es de origen artificial

Uno de cada tres españoles (36,5%) cree que “toda la radiactividad es producida artificialmente por el hombre”, según la Encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España (2006), encargada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt). Los ciudadanos que demuestran una mayor ignorancia a este respecto somos los vascos: la mitad (49,6%) está convencida de que la única fuente de emisiones radiactivas es la actividad humana. No sé cuál es la razón del hecho diferencial nuclear vasco, pero es posible que tenga su origen en parte en la campaña emprendida en su día contra la puesta en marcha de la central de Lemoiz. En la Europa de los Veinticinco, el porcentaje de ciudadanos que considera que toda la radiactividad es artifical se reduce al 26%, mientras que un 59% sostiene que esa afirmación es falsa, frente al 39,7% español.

Los resultados de la encuesta española, en la cual participaron más de 7.000 personas, demuestran que la mayoría de la gente -no sabe o no contesta casi una cuarta parte- carece de los conocimientos necesarios para opinar con fundamento sobre el uso pacífico de la energía nuclear. El estudio, cuyos datos detallados no se han publicado ni están disponibles en la web de la Fecyt y se publican al pie, revela, por ejemplo, que un alto porcentaje de los universitarios (22,9%) ignora que, además de los rayos cósmicos, hay materiales en nuestro planeta que producen radiactividad de forma natural. De hecho, se calcula que el 88% de la radiación que recibimos procede de fuentes naturales y, del resto, la mayoría (95%) tiene origen médico.

¿Cuántos de los 59 parlamentarios vascos que el viernes votaron a favor del cierre de Garoña y de los 14 que lo hicieron en contra saben que estamos expuestos constantemente a radiactividad natural? No osaré extrapolar de los resultados de la encuesta que la mitad o un tercio, pero me gustaría saberlo. Como me gustaría saber si el presidente del Gobierno sabe de lo que habla cuando propugna el cierre de nuestras centrales nucleares, supongo de que a condición de que Francia no clausure las suyas para que podamos seguir comprándoles excedentes de electricidad de origen atómico que garanticen que no nos quedemos, literalmente, a dos velas. Por cierto, si el átomo se escapa de alguna de las 59 centrales francesas, los Pirineos no nos van a servir para nada.

Átomo contra coche

“Nos parece legítimo, y en el fondo tranquilizador, que los ciudadanos se inquieten por la relativa nocividad de las fuentes de energía de las que se alimenta su civilización, incluyendo la energía nuclear. pero lo que no resulta tranquilizador es ver cómo dirigentes más o menos bienintencionados explotan su ignorancia y sus miedos para conducirlos a tomar decisiones quizá catastróficas para el planeta. Sus motivaciones no son en general indignas, no reciben un salario de las potencias económicas relacionadas con otras fuentes de energía, pero nunca dudan en explotar la ignorancia como un potente incentivo político”, sentencian los físicos Henri Broch y Georges Charpak, premio Nobel de 1992, en su libro Conviértase en brujo, conviértase en sabio. Yo no estoy seguro de si algunos de nuestros políticos explotan la ignorancia o son ellos unos ignorantes, sobre todo cuando se trata de asuntos científicos.

Tampoco soy quien para decir si en España hay que abrir más centrales o no. Lo que sí sé es que no hay una actividad humana sin riesgos y que, si queremos frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y seguir manteniendo nuestro actual nivel de vida, parece que, de momento, no hay otra senda que la nuclear, a no ser que nos pongamos a soplar como locos en los parques eólicos. ¿Que la energía nuclear no es la panacea? Por supuesto. Pero no mata al año más de un millón de personas, provoca heridas a decenas de millones y pérdidas de 100 billones -con be de bujía- de dólares sólo en los países desarrollados. Ése es el coste humano y económico anual del automóvil, según la Fundación la Federación Internacional del Automóvil (FIA), y no veo a nuestros políticos cerrando fábricas de coches. Al contrario, en estos tiempos de crisis, tratan por todos los medios de reactivar un mercado cuyo producto, otra vez según la FIA, será en 2015 el principal causante de muerte y discapacidad en los niños de entre 5 y 14 años de los países desarrollados.

¿Se imaginan que la energía nuclear provocase anualmente una décima parte de las pérdidas humanas y económicas que causa el automóvil? Sin llegar a esas terribles cifras de la carretera con las que parece que nos hemos acostumbrado a convivir, el escape de Chernobil, el accidente nuclear más grave de la historia, causó entre 50.000 y 100.000 muertos y otros 900.000 afectados en diversos grados, según un informe de la Organización Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Atómica (IPPNW). Asumamos como ciertas esas cifras de la IPPNW que otros expertos consideran exageradas, serían terribles, pero menos de una décima parte de la gente que morirá o sufrirá lesiones en la carretera sólo este año.

El conocimiento de los españoles sobre la radiactividad, según la 'Encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España (2006)'.