Abusos sexuales infantiles

Implantan falsos recuerdos en ratones

Investigadores del Centro RIKEN-MIT de Genética de Circuitos Neurales de Estados Unidos han conseguido implantar memorias falsas en ratones y que se activen en los animales las mismas regiones cerebrales que reaccionan ante recuerdos de amenazas reales, publica hoy la revista Science. “En cierto sentido, el animal parece haber sentido el recuerdo falso como si fuera real“, ha dicho Xi Liu, uno de los firmantes del artículo. Los autores del trabajo creen que servirá para avanzar en el conocimiento de cómo y por qué se forman las memorias falsas en los humanos.

Al igual que los replicantes de Blade runner (1982) recordaban una infancia que nunca vivieron, nosotros recordamos a veces cosas que no han sucedido. De hecho, nunca revivimos el pasado tal como fue porque nuestro cerebro no funciona como una grabadora de audio, vídeo y otras sensaciones. Nuestros recuerdos se almacenan en conjuntos de neuronas que pueden compararse con las piezas de un juego de construcción, explican los investigadores. Cuando recordamos algo, añaden, reconstruimos el pasado a partir de esos bloques de datos, pero el mero hecho de acceder a un recuerdo lo modifica y distorsiona. Por eso, los testimonios no son en sí una fuente fiable. “Casi tres cuartas partes de las primeras 250 personas exoneradas por pruebas de ADN en EE UU fueron víctimas de testimonios defectuosos de testigos presenciales”, señalan los autores.

El nuevo estudio proporciona el primer modelo animal para estudiar los falsos y auténticos recuerdos a escala de celular. Susumu Tonegawa y su equipo han implantado en ratones modificados genéticamente recuerdos falsos mediante la manipulación de conjuntos de neuronas del hipocampo, la parte del cerebro clave en la creación y almacenamiento de memorias. Tonegawa ganó el Nobel de Medicina en 1987 por el “descubrimiento de los principios genéticos para la generación de la diversidad de anticuerpos” y ahora dirige el Centro RIKEN-MIT de Genética de Circuitos Neurales en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Así fue el experimento para cerar falsos recuerdos en ratones. Imagen: Collective Next.

Los neurocientíficos pusieron los animales en un entorno seguro -la caja A, azul en el gráfico-, identificaron las células del recuerdo de ese entorno -los círculos blancos- y las programaron para que respondieran a pulsos de luz. Al día siguiente, trasladaron a los ratones a otra caja -la B, o roja en el gráfico- y activaron mediante luz esas células del hipocampo para que los animales rememoraran la caja A. Entonces, mientras los ratones recordaban la caja A, les daban pequeñas descargas eléctricas en las patas. Cuando, el tercer día, devolvían a los animales a la caja A -la azul, la segura-, sentían miedo a pesar de que nunca habían sufrido ningún daño en ella. Además, después de colocar al animal en otro entorno diferente, los investigadores descubrieron que, al iluminar las células del hipocampo asociadas artificialmente con el miedo, podían reactivar el falso recuerdo a voluntad.

“Los seres humanos somos animales altamente imaginativos. Al igual que nuestros ratones, un suceso desagradable o agradable podría asociarse con una experiencia pasada que uno tiene en mente en ese momento, con lo que se forma un recuerdo falso -ha indicado Tonegawa-. La memoria no es una copia de papel carbón, sino una reconstrucción del mundo que hemos experimentado. Nuestra esperanza es que, al proponer una explicación neural de cómo se pueden generar falsos recuerdos, se utilice este tipo de conocimiento para informar, por ejemplo, a un tribunal acerca de lo poco fiables que pueden ser los testimonio de testigos”, ha añadido el científico. Por si cupiera alguna duda, los autores destacan en su artículo que, “en los humanos, las distorsiones e ilusiones de la memoria ocurren frecuentemente”.

Las ‘Guerras de la Memoria’

“El mayor de los escándalos de la psiquiatría norteamericana del siglo XX es la creciente manía de miles de terapeutas ineptos, consejeros familiares y trabajadores sociales de provocar falsos recuerdos de abusos sexuales infantiles”, sentenciaba en 1994 el divulgador científico Martin Gardner. En los años 80 y 90, decenas de familias se rompieron en EE UU y Canadá después de que algunos de sus miembros revivieran bajo hipnosis episodios de abusos infantiles que habrían reprimido. Sin más prueba que esos recuerdos, algunos padres y educadores acabaron en la cárcel después de haber admitido su culpa tras  intensos interrogatorios policiales.

Y estallaron las Guerras de la Memoria. En ellas, un grupo de psicólogos cognitivos liderado por Elizabeth Loftus, entonces en la Universidad de Washington, se enfrentó a quienes sostenían que los recuerdos recuperados correspondían a hechos reales. Loftus defendía que no, que la memoria es muy maleable y que esos terribles recuerdos habían sido implantados por los propios terapeutas. Además, los psicólogos saben desde hace décadas que, sometida a presión, una persona es capaz de confesar un crimen que no ha cometido. Si usted no lo cree, vea el tercer episodio de Los Experimentos de Derren Brown, en el cual el mentalista convence a un inocente de que ha cometido un asesinato y piense que podría darse el caso de que usted fuera ese inocente.

Loftus y sus colegas han demostrado en reiteradas ocasiones que la memoria es fácil de manipular. Han convencido a adultos de que de niños se perdieron en una gran superficie, cuando eso nunca ocurrió, de que vieron a Bugs Bunny en un parque de atracciones de la Warner y de que una manifestación pacífica fue en realidad muy violenta, además de haber descubierto que verse en una escena lleva a muchas personas a pensar que la han vivido. Hasta Loftus fue víctima involuntaria de las jugarretas de la memoria. El día de su 44 cumpleaños, un tío le recordó cómo, a los 14 años, ella había encontrado a su madre ahogada en una piscina. La psicóloga no se acordaba de nada; pero en los días siguientes revivió el suceso hasta la angustia. Creía haberlo reprimido. No fue así. Su tío se había confundido. Ella no había encontrado a su madre muerta, pero un simple comentario le había hecho recordar algo que no había pasado.

“La información errónea puede invadir nuestra memoria cuando hablamos con otros, somos interrogados o leemos o vemos en los medios información sobre algo que hemos experimentado”, indica Loftus. Por eso hay gente que está convencida de haber sido secuestrada por extraterrestres o haber vivido en el Antiguo Egipto. Esos falsos recuerdos, más fáciles de implantar bajo hipnosis por ser ese un estado en el que uno es muy sugestionable, suelen corresponderse con las expectativas del terapeuta de turno. Si el hipnotizador es ufólogo, el recuerdo reprimido del paciente se corresponderá con la captura por  extraterrestres; si es un creyente en vidas pasadas, el cliente puede ser un héroe de la Revolución Francesa o de la Reconquista; y, si es un fundamentalista religioso, habrá asistido a algún terrible ritual satánico oficiado por conciudadanos de los que nunca hubiera sospechado algo así. Lo terrible es que, cuando estamos convencidos de haber vivido algo que en realidad no hemos vivido, no hay forma de que nos demos cuenta de nuestro error sin ayuda. Y, aún con ella, nos costará.

Richard Dawkins quiere llevar al Papa ante la Justicia “por crímenes contra la Humanidad”

Richard Dawkins.El biólogo y ateo militante Richard Dawkins quiere llevar al papa Benedicto XVI ante la Justicia cuando visite Reino Unido en septiembre, acusado de “crímenes contra la Humanidad” por encubrir los casos de abusos sexuales ocurridos en la Iglesia católica, según informa The Times. Dawkins y Christopher Hitchens, autor de Dios no existe y Dios no es bueno, han consultado a abogados especialistas en derechos humanos que les han confirmado que podrían explotar la misma vía usada por Baltasar Garzón contra Pinochet en 1998 para sentar en el banquillo al Papa. Creen, además, que Benedicto XVI no podría invocar inmunidad diplomática porque no es un jefe de un Estado reconocido como tal por la ONU.

“Es un hombre cuya reacción instintiva cuando pillan a uno de sus curas con los pantalones en los tobillos es encubrir el escándalo y maldecir a las víctimas con el silencio”, ha dicho Dawkins. Hitchens, por su parte, ha indicado que Benedicto XVI “no está por encima o fuera de la Ley. La ocultación institucionalizada de la violación de menores es un delito conforme a la Ley y demanda no ceremonias privadas de arrepentimiento o pagos por parte de la iglesia, sino justicia y castigo”. Uno de los abogados de Dawkins y Hitchens ha indicado que es posible que el Papa acabe ante la Justicia y ha dicho que, desde su punto de vista, “el Vaticano no es un Estado según la ley internacional. No ha sido reconocido por la ONU, no tiene fronteras controladas por la Policía y sus relaciones diplomáticas no lo son en sentido estricto”.

El tiempo dirá si el caso sale adelante. Personalmente, creo que, si otra institución o entidad se hubiera visto envuelta en tantos casos de abusos de menores como la Iglesia católica, no se le habría dejado lavar sus trapos sucios de puertas adentro y la Justicia internacional habría actuado hace mucho tiempo. Porque, como dice Hitchens, no basta con que la Iglesia pida perdón públicamente por los delitos cometidos por algunos de sus miembros, éstos tienen que enfrentarse a la Justicia ordinaria, al igual que quienes les han encubierto. Si la causa contra el Papa no prospera ante la Justicia británica, Dawkins y Hitchens no descartan llevarla hasta el Tribunal Penal Internacional.

Víctimas del diván

El día de su 44 cumpleaños, un tío recordó a Elizabeth Loftus uno de los episodios más dramáticos de su vida: cómo a los 14 años encontró a su madre ahogada en una piscina. Ella no se acordaba de nada, pero los detalles afloraron durante los días siguientes hasta angustiarla. Loftus es psicóloga. Sabe cómo funciona la memoria: es una de las mayores expertas mundiales en la materia. Sus investigaciones han revelado que recordar algo no significa que haya sucedido, que la memoria puede manipularse hasta extremos increíbles, como ocurre en Blade runner (1982) y Desafío total (1990).

Hay quienes, entre nosotros, están convencidos de haber tenido vidas anteriores, haber sido secuestrados por extraterrestres y haber participado en rituales satánicos. ¿Qué pasa cuando no hay más prueba de un hecho traumático que el recuerdo sacado del olvido por un terapeuta? ¿Tener memoria de algo demuestra que pasó? No. Y creer lo contrario puede tener dramáticas consecuencias. “El mayor de los escándalos de la psiquiatría norteamericana del siglo XX es la creciente manía de miles de terapeutas ineptos, consejeros familiares y trabajadores sociales de provocar falsos recuerdos de abusos sexuales infantiles”, sentenciaba en 1994 el divulgador científico Martin Gardner.

Tragedias olvidadas

Cientos de familias se rompieron en Estados Unidos y Canadá, en los años 80 y 90, tras convencer terapeutas y psiquiatras a muchos pacientes de que de niños habían sufrido abusos y reprimido los recuerdos, a modo de autoprotección. No existían más pruebas que los testimonios de unas víctimas que habían empezado a revivir sus dramas bajo hipnosis, los efectos del suero de la verdad y otras cuestionables técnicas de sugestión. Hubo casos que llegaron a los tribunales y se zanjaron con largas condenas de cárcel para unos padres o educadores hasta entonces modélicos. Se convirtieron en villanos de la noche a la mañana y, aunque al principio negaron las acusaciones, al final muchos acabaron por admitir la culpa.

Científicos como Loftus han probado, sin embargo, que la recuperación de recuerdos perdidos es poco fiable, que recreamos el pasado cada vez que lo revivimos, añadiendo nuevos detalles. “Los participantes (en un experimento) vieron un accidente de automóvil en un cruce con una señal de stop. Después, se sugirió a la mitad de ellos que se trataba de un ceda el paso. Cuando más tarde les preguntamos qué señal de tráfico había en la intersección, aquéllos que habían sido sugestionados tendieron a decir que un ceda el paso. Los que no recibieron información falsa fueron mucho más precisos en su recuerdo de la señal”, explica la psicóloga.

Stephen Lindsay, de la Universidad de Victoria (Canadá), probó hace seis años que verse en una escena lleva a muchas personas a pensar que la han vivido. En un experimento, se enseñaron a veinte individuos fotos de su niñez procedentes del álbum familiar y una manipulada digitalmente con el protagonista montado en un globo aerostático, algo que nunca había pasado. Al ver la foto trucada, la mitad de los sujetos recordó la vivencia inventada. A finales del año pasado, un grupo de psicólogos liderado por Loftus demostró que fotos de sucesos históricos retocadas pueden alterar nuestro recuerdo de esos hechos: sólo con incluir un encapuchado y un antidisturbios en una imagen de una manifestación pacífica de la que tuvimos noticia en su día, se convierte en nuestra memoria en una protesta violenta y con heridos.

A gusto del hipnólogo

A diferencia de las abducciones, los abusos sexuales en la infancia son reales. El debate científico se centra en si bastan las rememoraciones obtenidas mediante hipnosis y otras técnicas de sugestión para condenar a alguien, como ha pasado en EE UU. ¿Por qué? Porque, como demuestran las pruebas de laboratorio, los recuerdos pueden tergiversarse. “La información errónea puede invadir nuestra memoria cuando hablamos con otros, somos interrogados o leemos o vemos en los medios información sobre algo que hemos experimentado”, indica Loftus. Así se explica que haya quien recuerde, en la consulta del terapeuta, haber sido víctima de abusos y sufrido abortos a pesar de que un examen médico demuestra que es virgen, y que inocentes acaben confesando crímenes que nunca cometieron.

El suceso protagonista de los recuerdos del paciente depende de las inclinaciones del hipnólogo: los ufólogos tienden a descubrir abducciones; los parapsicólogos, experiencias de vidas pasadas; los clérigos, rituales satánicos; algunos psiquiatras y terapeutas, abusos sexuales infantiles… Es lo que cada uno de ellos busca y hacia lo que dirige sus tendenciosas preguntas. “La hipnosis es una mala herramienta para averiguar la verdad porque es un estado en el que uno es especialmente sugestionable y puede dar lugar a confusiones y a la creación de falsos recuerdos”, asegura Susan Clancy, psicóloga de la Universidad de Harvard y autora del libro Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens (Abducidos. Cómo llega la gente a creer que ha sido secuestrada por alienígenas. 2005).

Tras su 44 cumpleaños, Elizabeth Loftus recordó traumáticamente el hallazgo, cuando era una niña, de su madre muerta. Rememoró el descubrimiento del cuerpo flotando boca abajo en la piscina, el coche patrulla con sus luces, la camilla con el cadáver cubierto por una sábana blanca… Hasta que días después su hermano la sacó del error: su tío se había confundido; ella no había encontrado a su madre muerta. Un comentario inocente de un pariente había bastado para convencer a la psicóloga estudiosa de la memoria de que había vivido una experiencia que en realidad nunca vivió. “La idea más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no es necesariamente la verdad”, advierte Loftus.


El libro

The myth of repressed memory: false memories and allegations of sexual abuse (1996): Una aproximación rigurosa al escándalo de la manipulación de la memoria y sus repercusiones.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Abducidos

Imagine que una mañana se despierta y, cuando va a levantarse de la cama, no puede moverse. De repente, en el umbral de la puerta, aparece recortada una figura humana. Intenta decir algo; pero tampoco puede articular palabra. El hombre se aproxima a su cama, lentamente. Usted oye sus pasos y, según se acerca, distingue un cuchillo en una de sus manos. Se angustia. Su compañero de habitación duerme profundamente, ajeno a todo. El individuo llega hasta su lado y levanta el cuchillo, como si fuera a apuñalarle. Sigue sin poder moverse; ni gritar. El cuchillo se precipita hacia su pecho y, cuando siente su punzada, el visitante se esfuma, de su boca sale un gemido y por fin puede moverse. Está empapado en sudor; aunque hasta ese momento no se ha dado cuenta. Todo ha sido producto de su imaginación.

Viñeta de 'Los hombres tigre de Marte', cómic de Buck Rogers de 1930 en el que se narra una abducción.Una cuarta parte de la población sufre en su vida un episodio de parálisis del sueño, si bien uno tan completo como el descrito -con alucinación visual, sonora y táctil- sólo lo experimentan cinco de cada cien personas. Lo aterrador de la vivencia lleva a muchos afectados a buscar una explicación y entonces, en algunos casos, irrumpen los alienígenas. “La creencia en las abducciones es un subproducto de nuestro intento de explicar cosas extrañas que nos pasan. Dado que la mayoría quiere entender sus sentimientos, que muy pocos pensamos como científicos en nuestra vida diaria y que el secuestro extraterrestre es un argumento culturalmente disponible, a menudo me pregunto por qué no hay más gente que crea haber sido abducida”, dice Susan Clancy, psicóloga de la Universidad de Harvard. Una de esas “cosas extrañas” es la parálisis del sueño, que se da al dormirse o al despertarse y se caracteriza por alucinaciones muy realistas.

Las pruebas sobre los secuestros extraterrestres están, a juicio de esta investigadora, en el cerebro de las víctimas. No en forma de implantes puestos ahí por seres de otros mundos; sino como tendencias y recuerdos que pueden servir para desentrañar la verdad sobre las abducciones. Clancy empezó a estudiar el fenómeno hace seis años. Quería saber qué lleva a gente normal y corriente -el abducido chalado es una minoría, un estereotipo que tiene poco que ver con la realidad- a pensar que ha vivido experiencias extraordinarias con alienígenas. Para ello, ha hablado con cientos de creyentes en los platillos volantes, desde los que dicen tener bebés con ADN humano y extraterrestre hasta quienes sólo han visto luces en el cielo. “La única forma de entender por qué la gente cree cosas extraordinarias es preguntándoselo“, afirma en Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens (Abducidos. Cómo llega la gente a creer que ha sido secuestrada por alienígenas), un libro que acaba de publicar Harvard University Press.

La hipnosis y la verdad

Viñeta de 'Los hombres tigre de Marte', cómic de Buck Rogers de 1930 en el que se narra una abducción.La abducción típica afecta a una persona que, después de ver un objeto en el cielo, es trasladada al interior de una nave extraterrestre. Los alienígenas son seres de piel verde o gris, enclenques, con una cabeza de gran tamaño, ojos almendrados de color negro, sin nariz y con una pequeña boca. Paralizada sobre una camilla, la víctima es sometida a un reconocimiento médico que puede incluir la introducción de instrumentos por el ombligo, la nariz, la boca y el ano; y en otras ocasiones puede ser obligada a mantener relaciones sexuales con uno de los visitantes. Cuando la liberan, no recuerda nada, aunque tiene la sensación de haber vivido una experiencia extraña que, por lo general, aflorará después de someterse a hipnosis.

Clancy sostiene que los recuerdos de los relatos de secuestros extraterrestres son “el resultado de una mezcla de predisposición a la fantasía, distorsión de la memoria, tradiciones culturales, alucinaciones durante el sueño y analfabetismo científico, alimentada e instigada por las insinuaciones y el refuerzo de la hipnoterapia”. Por lo general, los abducidos que ha estudiado -unos cincuenta- sólo se diferencian del resto de la gente en que son más propensos a la fantasía, condición en la que encaja el 4% de la población. En España, más de 1,7 millones de personas. “Muy pocos de ellos creen que han sido abducidos -indica la autora respecto a sus compatriotas más fantasiosos-. Pero es probable que crean en otras cosas raras como los fantasmas, las vidas pasadas, las personalidades múltiples”.

Viñeta de 'Los hombres tigre de Marte', cómic de Buck Rogers de 1930 en el que se narra una abducción.Cuando una de esas personas se enfrenta a un episodio de parálisis del sueño, la búsqueda de explicación le puede llevar a creer que ha sido secuestrada por extraterrestres. Para ello, se necesita de un sistema de creencias que predisponga al sujeto a interpretar lo ocurrido dentro del marco de los encuentros con seres de otros mundos. Desde hace décadas, vivimos en Occidente culturalmente rodeados de alienígenas. Hasta quien no ha tenido nunca el menor interés por el tema, se ha expuesto a un relato de abducción. Clancy pidió una vez a sus estudiantes nicaragüenses, licenciados universitarios, que retrataran un extraterrestre. “Dibujaron un esquelético gris macrocéfalo con grandes ojos y me dijeron lo que esos alienígenas hacían: te secuestran para experimentar contigo y hacer que tengas bebés“.

Hay personas que, en el proceso de búsqueda de una explicación para su parálisis del sueño, recuerdan por su cuenta una abducción; pero la mayoría lo hace después de sesiones de hipnosis. “Las investigaciones hechas durante cuatro décadas han demostrado que la hipnosis es una mala vía para refrescar la memoria. No sólo generalmente no ayuda a recuperar recuerdos de hechos reales, sino que también te hace susceptible a crear falsas memorias, memorias de cosas que no han ocurrido, cosas que te han sugerido o que simplemente te has imaginado”. Sugieren los falsos recuerdos los hipnólogos con sus preguntas y comentarios, que dan origen a historias de abducción, de participación en rituales satánicos, de abusos sexuales… Todo depende del interés del hipnólogo y de la predisposición del sujeto.

Viñeta de 'Los hombres tigre de Marte', cómic de Buck Rogers de 1930 en el que se narra una abducción.Clancy fue en una ocasión hipnotizada por un novato y, a pesar de no ser propensa a fantasear, se inventó un episodio de su infancia que luego comprobó que nunca había pasado. A la psicóloga Elizabeth Loftus, famosa por sus estudios sobre la falsa memoria, un familiar le recordó un día cómo con 14 años había encontrado a su madre ahogada en la piscina de casa. La investigadora pasó tres días horribles, recreando la tragedia. Y se acordó de muchos detalles hasta que un hermano le dijo que la historia no había ocurrido así, que ella no había descubierto el cuerpo de su madre en el agua.

Para los cientos de personas que han recuperado mediante hipnosis la vivencia de un secuestro alienígena, los hechos sucedieron. No importa que nunca hayan estado dentro de un platillo volante ni puedan aportar prueba alguna. Se lo dice su cerebro. Cuando recuerdan la experiencia, sus reacciones fisiológicas son similares a las de los veteranos de guerra y las víctimas de raptos, según han constatado en el laboratorio Susan Clancy y Richard McNally, psicólogo de la Universidad de Harvard. ¿Cómo puede convencerse a alguien de que algo no ha sucedido si lo recuerda de una forma tan traumática?


Secuestrados por los sueños

Betty y Barney Hill, en los años 60.La primera abducción conocida -la del matrimonio formado por Betty y Barney Hill- ocurrió en Estados Unidos en 1961, aunque nada se supo de ella hasta que el periodista John G. Fuller la contó en su libro El viaje interrumpido cinco años después. Acogidos al principio con escepticismo, este tipo de relatos se hizo poco a poco hueco en la mentalidad estadounidense. Así, en 1997, la mitad de los participantes en una encuesta de CNN/Time estaba convencida de que habitantes de otros planetas visitan la Tierra para secuestrar a seres humanos. “Dentro de diez años, creer que los extraterrestres están entre nosotros será quizá tan común como creer en Dios”, augura Susan Clancy.

El caso Hill estableció el guión general de las abducciones. La pareja volvía en coche de vacaciones en la noche del 19 de septiembre de 1961 cuando descubrió una luz en el cielo que les perseguía, se pararon en la cuneta para observarla y al final se desviaron por carreteras secundarias para intentar despistarla. Llegaron a su casa de Portsmouth dos horas después de lo previsto. Betty empezó a leer libros de ovnis y a tener a pesadillas. Acudieron a la consulta del psiquiatra Benjamin Simon y, bajo hipnosis, relataron una historia de abducción. Habían sido sometidos a examen médico en un platillo volante y después liberados, con la memoria convenientemente borrada.

El relato de los Hill, que fueron hipnotizados por separado , tiene muchas inconsistencias. Los visitantes de Betty hablaban en inglés; los de Barney carecían de boca. En el caso de la mujer, sabían manejar la cremallera del vestido; en el del hombre, ignoraban lo que era una dentadura postiza. El psiquiatra que trató al matrimonio concluyó que la historia había sido creada por Betty, a la que interesaban los ovnis ya antes del encuentro y que había contado sus pesadillas con extraterrestres a Barney hasta que éste acabó incorporándolas a sus recuerdos. Los Hill nunca mintieron; pero jamás se encontraron con alienígenas, salvo en los sueños de Betty. Todos los elementos de la historia procedían de la cultura popular, incluso los extraterrestres de ojos envolventes, que, diez días antes de aparecer en una de las sesiones de hipnosis, habían protagonizado un episodio de la serie de televisión The outer limits.

¿Pero qué fue la luz que vieron en el cielo? El estudioso del mito ovni y astrónomo aficionado Robert Sheaffer, autor del libro Veredicto ovni (1980), cree que Júpiter. ¿Por qué? Porque los Hill recordaban haber visto el objeto por primera vez encima de una estrella que estaba cerca de la Luna. Pero aquella noche había dos luces brillantes junto al satélite: Saturno -la estrella– y Júpiter. Así que, de haber habido un ovni, tenían que haber visto la Luna y tres puntos brillantes junto a ella; no dos.


Orígenes en la cultura popular

¿Cuántas personas estan convencidas de haber sido víctimas de una abducción? Millones de personas creen los secuestros extraterrestres y seguramente hay miles convencidas de haber vivido una abducción. Según una encuesta hecha por la Organización Roper en 1991, 3,7 millones de estadounidenses entrarían dentro de la categoría de posibles abducidos. Los autores del estudio no preguntaron directamente a los 5.947 participantes si habían sido secuestrados por alienígenas -argumentaban que son muchas las víctimas que no lo recuerdan-, sino que les pidieron que indicaran si habían sufrido una serie de posibles experiencias, incluida la parálisis del sueño. A partir de esos síntomas, dedujeron que un 2% de los estadounidenses podría haberse encontrado con extraterrestres. El problema es que ninguno de los indicadores es objetivo y que no hay ni una prueba que respalde la realidad de esas vivencias.

¿Cuál es el origen de estas historias? Todos los estudios serios apuntan a que las abducciones son un fenómeno de origen cultural. Hubo tiempos en los que el ser humano mantuvo encuentros con demonios, ángeles, dioses y hadas; pero en el siglo XX esos entes cedieron el sitio a los visitantes de otros mundos. Todos estos encuentros con lo sobrenatural tienen en común que la víctima ha de creer antes en la realidad de esos entes; si no es así, no se encuentra con esos seres.

¿De dónde sacan los abducidos sus recuerdos? ¿Por qué todos los relatos se parecen tanto tengan lugar en Estados Unidos o en Sudáfrica? Porque las historias de abducción forman parte de nuestra tradición. El guión básico de un secuestro alienígena es conocido en Occidente desde hace décadas y ha sido difundido masivamente por el cómic, la televisión y el cine.

Viñeta de 'Los hombres tigre de Marte', cómic de Buck Rogers de 1930 en el que se narra una abducción.¿De cuándo data la primera abducción en nuestra cultura? El estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer ha encontrado la primera referencia a una abducción en un cómic de Buck Rogers publicado en EE UU en 1930, tres décadas antes del caso Hill. El episodio de la historieta Los hombres tigre de Marte sigue el esquema de la abducción clásica: captura e introducción en la nave; examen médico; conversación con un tripulante y luego con el líder; teofanía mientras el secuestrado ve la Tierra desde el espacio; y regreso a casa.

¿Cuándo llegan los secuestros alienígenas a la pantalla? La primera abducción apareció en el cine en 1953, en Invaders from Mars: unos extraterrestres grandes, verdes y cabezones secuestran gente para implantar en sus cuellos mecanismos de control. En Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens, Susan Clancy destaca que en esta película se ve a los visitantes introducir una aguja por el ombligo de una mujer, un lugar común en las historias de secuestros. Un año después, en Killers from space, un abducido presenta una cicatriz y no recuerda el secuestro. El cine pone en imágenes durante los 50 lo que después la ufología convertirá en realidad.

¿De dónde salen los ojos negros y almendrados de los extraterrestres? Martin Kottmeyer descubrió en 1994 que lo único que parecía original del caso Hill, los grandes ojos almendrados de los alienígenas descritos por Barney, tampoco lo es. El hombre recordó esa peculiaridad de sus raptores el 22 de febrero de 1964. Diez días antes, se había emitido en EE UU El escudo Bellero, un episodio de la serie The outer limits en el que los ojos de los alienígenas de ficción son como los del caso Hill.


Entrevista a Susan Clancy
“Las abducciones no pasan en el mundo real”

La psicóloga Susan Clancy, autora de 'Abucted'. Foto: Universidad de Harvard.Susan Clancy se ha convertido en blanco de los ataques de los creyentes en los extraterrestres. Los abducidos odian a esta psicóloga de Harvard porque sus estudios apuntan a que los encuentros con alienígenas no ocurren en la realidad. Profesora del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae) en Nicaragua, la autora de Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens atiende la llamada de este periódico en Managua.

-¿Qué son las abducciones?

-Las abducciones no suceden en el mundo real. Son las interpretaciones que algunas personas hacen de experiencias y síntomas extraños que sufren.

-Como la parálisis del sueño.

-Exactamente.

-Usted la ha sufrido, ¿no?

-Sí. Sufrí mi primer episodio de parálisis del sueño hace unos cinco años y, aunque conocía el fenómeno, me abrumaron los sentimientos que acompañan una vivencia de ese tipo.

-Pero tenía la ventaja de saber qué le había pasado.

-Era una gran ventaja, sí. Lo interesante es que, aún así, fue algo tan sobrecogedor que durante un momento pensé que igual era verdad lo que me contaban los abducidos.

-¿Qué sintió?

-Estaba flotando y girando en el aire. Al principio, tenía muchísimo miedo; luego, empecé a sentir mucho calor. Entonces, se acabó.

-¿Le ha pasado más veces?

-Dos más. Lo achaco a que tengo tres hijos pequeños -uno de tres años y medio, otro de un año y medio, y un recién nacido- y no duermo muy bien.

-¿Ha visto en esos episodios alguna entidad extraña?

-No. He tenido siempre la misma sensación de flotar, de calor… y de espiritualidad.

-Hay quien ve extraterrestres.

-La parálisis del sueño es para mucha gente el primer paso en una historia de abducción. El segundo consiste en intentar explicar qué es lo que a uno le ha ocurrido.

-Unas veces, la gente recuerda la abducción sin ayuda externa; otras, gracias a terapeutas y a la hipnosis.

-Sí.

-¿Qué piensa del uso de la hipnosis para sacar a la luz abducciones?

-Me parece terrible. La hipnosis es una mala herramienta para averiguar la verdad porque es un estado en el que uno es especialmente sugestionable y puede dar lugar a confusiones y a la creación de falsos recuerdos. En las historias de abducción, se junta todo eso.

-Sin embargo, popularmente se ve la hipnosis como una especie de máquina de la verdad.

-No lo es.

-¿Son los secuestros extraterrestres un fenómeno cultural?

-Sin duda. La mayoría de la gente ignora lo que es la parálisis del sueño; pero mucha sabe lo que es una abducción. La abducción típica aparece ya en un cómic de Buck Rogers de 1930 y después en películas de los años 50. Pero los grandes ojos negros de los extraterrestres no lo hacen hasta un episodio de la serie The outer limits (en España, Rumbo a lo desconocido) emitido en 1964, días antes de que los recordaran los Hill.

-Más recientemente, los hemos visto en películas como Encuentros en la tercera fase y series como Expediente X y Abducidos.

-Sí. En Nicaragua, hay sólo tres canales de televisión y uno está emitiendo ahora Expediente X.

-¿Habrá dentro de poco abducciones en Nicaragua?

-Sí, eso creo.

-Dice en su libro que ser abducido es una vivencia trascendente.

-Aunque en un principio la gente se siente aterrorizada y no entiende por qué le ha pasado, luego es feliz de que le haya ocurrido. Siente algo trascendental.

Publicado originalmente en el diario El Correo.